Estimado
Profesor Rabinovich:
Después de leer con agrado los artículos de Persona me gustaría hacer una breve
acotación a modo de humilde opinión sobre la dominadora de pueblos o mejor
dicho de una de las herramientas de dominación: "La deuda externa".
Habría
que arrancar desde algún tiempo atrás. No mucho por cierto, y situarse en el
contexto mundial y en los procesos revolucionarios que empezaban a gestarse
para ser más exactos en Latinoamérica. Digo Latinoamérica para limitar este
análisis respecto de nuestro continente aunque bien sabemos que recibimos en
este sentido, la influencia de procesos
anteriores y paralelos de movimientos de todo el mundo. Hoy si los miráramos con
una visión simplista podríamos explicarlos a modo de dicotomía como por ejemplo
Capitalismo si-capitalismo no, bloque comunista-bloque capitalista, patria
si-colonia no, liberación-dependencia, etc, etc, etc. En nuestra patria grande
a todos estos movimientos prefiero llamarlos (sin desatender ideologías en
juego) búsqueda de nuestra propia identidad. Creo que todavía andamos en esa
búsqueda y en la de hallar el rumbo definitivo que nos permita transitar por un
camino de paz y prosperidad que tanto nos merecemos. Por ahora andamos sin
brújula y sin horizonte producto de nuestras propias contradicciones. Estamos
seguros, o por lo menos yo estoy seguro como lo deben estar otros muchos de que
esta política, este rumbo no nos conviene, que esta relación de dependencia, de
sometimiento, etc, etc, con el fondo monetario no solo no es la conveniente
sino que es una de las causas fundamentales de todos nuestros males, pero por
otra parte conciente o inconscientemente estamos esperando la "ayuda"
traducida en dólares de este organismo y después vemos, y después seguiremos
declamando, teorizando y oponiéndonos. Llevemos esta reflexión al terreno
político. Desde la oposición primero y luego desde el gobierno, al momento de
decidir, inexorablemente vuelve a cumplirse el ciclo de esclarecimiento de las
causas de nuestros males a raíz de la asfixiante deuda, que deberíamos decirle
no a....... y también..... por que...........y bla, bla, bla para ganar y resignarse
o resignarnos ¿o entregarnos?.
Quizás
estas contradicciones, sean el producto de temores, comodidad (dolorosa
comodidad) el "verso" famoso "verso" (Y de esto gente clara
como los Calcagno saben algo) de la muerte de las ideologías, verso refutable
por cierto, etc., etc., y muchos otros factores y todo tiene que ver. ¿Pero quién
está dispuesto a dar el primer paso? ¿En qué momento nos pondremos todos de un
lado, en el punto de partida, en la línea de largada? Por ahora parece no haber
una firme decisión. Por ahora parece un momento lejano en la práctica. Tal vez
el miedo a perderlo todo sin darnos cuenta que muchos
millones de hermanos han perdido mucho mas que todo, han perdido la dignidad,
el futuro que es mucho más que dinero estamos hablando de la vida, de nuestra
propia vida y la de generaciones venideras que condenamos de antemano. ¿Hay
algo más importante que eso? No creo.
Quizás esas contradicciones son las
que nos lleven hoy a pensar la deuda externa en otro sentido que no es el mismo
que el que dio nacimiento. Así planteamos la inmoralidad de la deuda externa,
la ilegitimidad de la deuda, la enormidad de los intereses, y los intereses de
los intereses, etc., etc., y desde el punto de vista jurídico hablamos
hasta de la ilegalidad de la
deuda, esto es cierto, por otra parte como dijo un gran maestro el
"derecho es lucha". Pero cierto es también que la deuda externa opera
en nuestro continente, tierra pródiga bendita por Dios, como instrumento de dominación y sometimiento. Estamos hablando de un proceso con una carga ideológica
pesada.
Retomando
con lo expuesto al principio fueron necesarios distintos tipos de dominación
por parte de los países históricamente concentradores de capital, para obtener
fácilmente nuestras riquezas (algunos llaman saqueo a esto) y mano de obra barata. Siempre se necesito de dictaduras militares,
contrarrevoluciones o gobiernos títeres en toda Latinoamérica, que nos fueron
iniciando a algunos en esto de la deuda externa (no nos olvidemos que nuestro
país no tenía deuda externa "independencia económica" y la que otros
países tenían con nosotros las cambiamos por ferrocarriles y otras chucherías)
7000 millones de dólares, pesos mas, pesos menos al final del
"isabelismo" hasta llegar a nuestros días con una deuda que nos tiene atados de pies y manos y parados en un banquito
con una soga al cuello. Por supuesto podemos decidir que hacer.Por eso cuando
hablamos de deuda externa no hablamos de una simple operación
crediticia o financiera que se nos fue de las manos. Estamos hablando de otra cosa.
Por
otra parte dicen los que saben del tema que las deudas llegan a un punto en que
son impagables e incobrables. ¿Qué es lo que se está haciendo entonces? Subsidiando
corrupción o mejor dicho corruptamente y a sabiendas se está
subsidiando drenaje, sometimiento y dominación para disponer a antojadizamente
y a discreción de estas tierras y su riqueza a costa de su gente.
¿Qué
significa en dinero la deuda?. Para nosotros mucho. Para nuestros acreedores
nada. Casi el doble del monto adeudado se utilizan en proyectos militares como
por ejemplo el reemplazo de aviones caza. ¿Cuánto vale un misil? Lo arrojan a
diestra y siniestra sobre gente indefensa en nombre de la búsqueda de la paz
("la paz es el camino", no el fin).
Para
terminar, el panorama se ve muy difícil por el momento y seguramente por mucho
tiempo mas por lo menos para los economistas empeñados en cerrar los números
para pagar más y más deuda. Lo cierto es que mucho se dijo y se dice acerca de
la deuda externa. Ahora viene la otra parte, la más difícil, la de decidir, la
parte en que tenemos que ver qué hacemos.
Marcelo Carlos Castro, estudiante de Derecho.