CINE, TEATRO Y ESPECTÁCULOS 

Minority Report (Sentencia Previa)

    En 1876, el mismo año en que asumía la Cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Turín, el gran investigador antropólogo César Lombroso dio a la imprenta su El hombre delincuente. Profundamente influido por las ideas de Carlos Darwin, cuyo El origen de las especies (1859) había leído con avidez, Lombroso planteaba la aventurada idea de que el crimen, en tanto conducta contraria a la civilización humana, conlleva un atavismo, una involución biológica, un regreso en el camino del desarrollo de la especie, y ese retroceso, seguramente, es susceptible de ser observado asimismo en aspectos biotipológicos, externos, sobre todo en la cabeza y, especialmente, en el rostro (la parte más idiosincrásica de la humanidad). Siguiendo a Augusto Comte, que en su Curso de filosofía positiva (1830-1842) predicaba que el verdadero científico debía limitarse a la observación, descripción y clasificación de los fenómenos (en lo que se mostraba, a su vez, discípulo del escocés David Hume), Lombroso se dedicó a anotar (y dibujar) las características anatómicas de criminales, en procura de huellas de involución hacia los primates.

   En realidad, la premisa que aparece implícita en estas elucubraciones del criminalista italiano, es la de que, una vez que estuviéramos en poder de un conocimiento suficiente sobre la relación entre características biotipológicas y delincuencia, podríamos actuar preventivamente, "reprimiendo" al futuro transgresor innato, antes de que cometa su acto ilícito. Con lo que se ahorraría mucho sufrimiento y daño social, pues se evitarían los crímenes antes de que sucedieran. Si supiéramos que todos los hombres que presentan determinada forma de nariz o de orejas, sufren de una tendencia irrefrenable, digamos, a perpetrar homicidios, y detectásemos a un fulano con esas particulares señas, ¿qué sentido tendría esperar que matase a alguien? ¿Por qué no encerrarlo desde ahora, ponerlo a buen resguardo, para que no perjudique a la comunidad?

   No me caben dudas de que estos argumentos, tan al uso de los positivistas de la segunda mitad del siglo XIX, siempre preocupados con la prevención comunitaria, influyeron sobre ese caldo espeso ideológico con base de darwinismo social a ultranza, que fue el nazismo. Si bien no contamos con fuentes que expliciten claramente el fundamento filosófico-político del Holocausto ni de la detención masiva de los judíos y los gitanos en campos de concentración, trabajo y exterminio, no es aventurado presumir que las ideas de Lombroso estuvieran allí al fondo, siquiera como una "forma de pensar" el problema, como una cosmovisión criminológica. Lo que resulta harto paradójico, porque don César era judío, y activo luchador contra el antisemitismo (ver su El antisemitismo y la ciencia moderna, 1894). Igualmente, él no llegó a opinar sobre las ideas de Hitler, porque falleció en 1909.

   Esta espinosa e interesantísima cuestión de las ventajas y desventajas de una "sentencia previa", es el tema de Minority report (literalmente, "reporte minoritario", lo que nosotros llamaríamos "voto minoritario en disidencia" de un tribunal colegiado), la última película de Spielberg, recientemente estrenada. Basada en un cuento de Phillip Dick, esta obra notable (sólo un poco demasiado larga, es recomendable verla en un cine con butacas cómodas) apunta justamente al meollo del debate: la problemática entre libertad y determinismo. Desgraciadamente, la escuela estadounidense es demasiado fuerte en Spielberg, y la tendencia al happy ending y al triunfo de los "valores americanos" se impone aun en un genio como él. Tal vez hubiese sido preferible una trama más abierta, una resolución menos contundente, que dejase al espectador con más dudas, con más incógnitas. Minority report hace pensar, pero dentro del cine. Inclusive, los otros grandes asuntos que roza (la dignidad humana, las formas de castigo penal, la impunidad de los que custodian, etc.) allí se quedan, en el esbozo, casi inadvertidos por el público en general.

   Los efectos especiales, que últimamente parecen ser la cosa más buscada en las salas de cine, son ciertamente asombrosos. Pero Spielberg es de demasiada talla como para basar una producción así en los efectos especiales. Él sabe que una película, para trascender, requiere de un tema profundo y de un argumento bien armado. Este film tiene ambas cosas, y además excelentes actuaciones (Tom Cruise está en su salsa, y Max von Sydow, a los 73 años, sigue siendo el actorazo de siempre).

   César Lombroso hubiera disfrutado mucho de esta película. Ahora el acceso a la cuestión no es por el lado de la biología, sino de otras cosas que también le interesaron, aunque en sus últimos tiempos, cuando escribió Los fenómenos de hipnotismo y espiritismo (1909). Y no hubiera, seguramente, coincidido el antropólogo italiano con la conclusión del film. Hitler, tampoco.

Ricardo D. Rabinovich-Berkman