TREINTA Y TRES MESES DE DOLARIZACIÓN EN EL ECUADOR
por Luis Maldonado Lince
Una vez que han transcurrido casi tres años
desde que se impuso ilegal y antitécnicamente la
dolarización a los ecuatorianos, es necesario realizar una evaluación sobre lo
ocurrido y definir sobre la
conveniencia o no de continuar con el esquema monetario y cambiario
vigente. Al margen del
discurso oficial lleno de autoelogios con respecto a su política económica,
interesa que el país como un todo realice un análisis serio acerca de los costos y beneficios que ha traído dicho esquema. Hay
sobradas razones para profundizar la oposición al modelo de dolarización, pues
este sólo ha beneficiado a un pequeño grupo de personas mientras que una
inmensa mayoría de compatriotas ha
ingresado a las filas de la pobreza y a la exclusión
vía emigración de nuestro territorio hacia otras latitudes.
A través de las opiniones que indistintamente cada uno
de los miembros del Foro Ecuador Alternativo-
al cual me honro en
pertenecer- ha emitido cotidianamente, se
ha demostrado que la actual situación del país está signada por un profundo
desequilibrio en prácticamente todos los sectores de la vida económica y
social. La producción total del país,
expresada por el Producto Interno Bruto, no ha aumentado ni un solo dólar desde
el año 1997; tenemos la tasa de inflación en moneda dura más alta del
mundo y de Latinoamérica; un saldo de deuda externa como proporción del PIB
mayor que el de Argentina; las tasas de interés que cobra la banca a los
inversionistas, en términos reales, son de las más altas de
Pero el estancamiento de la producción, la alta
inflación, la pérdida continua de competitividad y el desmesurado desempleo de
nuestra población, no son los únicos indicadores de los profundos
desequilibrios aludidos. Los
mayores peligros provienen del sector externo de la economía, sector esencial
para el futuro de países autodenominados emergentes como el Ecuador.
La brecha de la cuenta corriente de la balanza de pagos
ecuatoriana, se dirige a ser la peor de la última década, la misma que
habría sido mucho más grave de no ser por los ingresos de divisas que envían
los desempleados que viven en el exterior.
En dicho déficit contribuye sustancialmente el saldo negativo de la
balanza comercial privada –no petrolera -, debido al brutal crecimiento de las
importaciones de bienes de consumo a la par que las exportaciones
privadas decaen permanentemente. No
deja de ser paradójico que, mientras ninguno de los grandes bancos o empresas
ha contribuido a la capitalización
de sus instituciones a través de la repatriación de sus ahorros en el
exterior, es la gente más pobre del país la que continúa soportando el peso
del financiamiento
de la economía nacional. Es sobre
sus lomos que se sostiene la actual situación, con extrema fragilidad.
En tales circunstancias, los sectores más acomodados de
Mientras que los sectores
importadores y financieros privados, que no representan sino a un puñado
de personas privilegiadas, han sido los únicos beneficiarios de la dolarización,
prácticamente todo el resto de sectores de la producción han sido
perjudicados. Con el avance del desempleo y la pobreza, virtualmente ha
desaparecido la clase media del país, mientras que los sectores pobres han sido
convertidos en miserables.
Me sorprende que
desde hace algún tiempo se han callado la inmensa mayoría de las voces que
antes defendían ardientemente la
dolarización, mientras que los que la cuestionan, todavía tímidamente, crecen
cada día. Varios ex presidentes de la república, algunos analistas
económicos no vinculados, destacados dirigentes de los sectores laborales y
campesinos; e incluso algunos representantes de importantes sectores de la
producción como la Federación de Exportadores, las Cámaras de Industria y las
de la Pesquería han presentado recientemente serios cuestionamientos al esquema
monetario cambiario vigente, y algunos se han atrevido incluso a afirmar la
necesidad de revisarlo.
Pero aún más importante que lo anterior es la
constatación de que un porcentaje
mayoritario de la población ecuatoriana, de todas las regiones del país,
expresa cada vez con mayor vigor su disconformidad con los resultados de la
dolarización. Luego de que en los
años 1998-1999 los ecuatorianos
perdieran las 4/5 partes del poder adquisitivo del
Ante las opiniones ciertamente equivocadas de que para
evitar mayores desequilibrios en la economía ecuatoriana se hace necesario
nuevamente contraer la demanda agregada siguiendo las directrices del Fondo
Monetario Internacional, propósito que necesariamente pasa por mayores ajustes
que afectan a la población, el país debería demandar a sus gobernantes que no
lo lleven a seguir la experiencia argentina, país que fue alumno distinguido en
esta materia, pero que, precisamente, por haberlo sido, hoy atraviesa por la
crisis de pobreza más grande de su historia.
Es que cuando un país no adopta oportunamente las medidas para erradicar
la causa del mal, que allá como acá han sido las medidas extremas de fijación
del tipo de cambio (super-fijo, en el caso de la dolarización),
no
cambiarse urgentemente el esquema vigente, podría en corto tiempo producirse el
colapso de todo el aparato productivo, afectando aún más (¡ ¡ ) el desempleo
de los ecuatorianos. Mientras más tiempo demore su salida, mayores serán los
costos para nuestra población, como le ocurrió al país austral que demoró
inexplicablemente su salida de la convertibilidad.
Ante las opiniones interesadas de aquellos agoreros que
amenazan con una salida de capitales al momento de producirse la transición a
un nuevo modelo monetario – cambiario que
promueva la producción y el empleo y, por tanto, permita una verdadera
reactivación de la producción, es necesario entender que el cambio de esquema
no pasa por la incautación de las
divisas ni de las personas ni de las empresas.
No hay en la actualidad en el mundo país alguno que no tenga alguna
proporción importante de dólares como parte de la masa monetaria.
Pero también es verdad que tampoco existe país alguno que libremente
haya abandonado su política de asignación de recursos sustentado en una moneda
propia. Lo que importa precisamente es
instaurar un modelo autónomo que permita el ahorro de divisas para financiar el
desarrollo del país, y no como ocurre ahora que el esquema basado
exclusivamente en el dólar ha instaurado un modelo consumista de grandes
proporciones
La política oficial se encuentra absurdamente empeñada
en financiar los déficit provocados por el consumo superfluo utilizando
intensamente el petróleo del subsuelo, que es un capital
formado durante siglos y que pertenece a esta y a las futuras generaciones.
No es admisible que salvar la dolarización se haya convertido en el único
objetivo de la política económica del gobierno.
¡Lo que importa, es salvar la salud
de los ecuatorianos, antes que la vida del dólar norteamericano!.
Quito, 26 de septiembre del 2002