CAPÍTULO III
DATOS Y CENSOS: BALANCE DE LAS TEORÍAS
"El objetivismo histórico es parecido a la
estadística, que es tan formidable medio propagandístico porque deja hablar
al lenguaje de los hechos y aparenta así una objetividad que en realidad
depende de la legitimidad del planteamiento".
HANS GEORGE GADAMER, Verdad y método, p.371.
I. EL IMAGINARIO TEÓRICO Y LA REALIDAD CENSAL
Las
teorías descriptas hasta aquí, no son todas, pero son las que dejaron su
impronta en el pensamiento argentino, anterior a la década de los años
cincuenta. De ahí que sea necesario, primero preguntarse, antes de comenzar a
analizar las ideas argentinas, cuál era la legitimidad de su planteamiento,
como dice Gadamer. Legitimidad de las conclusiones y exposición de las ideas
que, evidentemente se obtiene en demografía, a partir del grado de
conocimiento y utilización de los datos censales y registros de los hechos
vitales por países, continentes o mundiales.
Con ese objetivo, este capítulo se centrará
preferentemente en la exposición de cuadros sobre los datos de la población
mundial, por continentes, distinguiendo la fecha en que fueron conocidos, en
forma breve, con la idea de que sirvan, además de analizar el grado de
fundamentación que tenían las teorías, para cotejarlos con los datos de la
población argentina que se utilizaban hasta 1950.
Se titula el "imaginario" teórico-demográfico
entendiendo a la imaginación en sus dos acepciones, tanto como la facultad de
representar las imágenes de las cosas reales, como el juicio o discurso sobre
una cosa que no hay en realidad o no tiene fundamento y, por lo tanto, está sólo
en la imaginación1. Pero
conscientes de que "la sociedad imaginaria penetra a tal punto a la
sociedad real que en cierta forma la irrealiza", como dice Raymond Ledrut,
porque muchas veces somos lo que creemos ser y sin caer en determinismos, en
este proceso de teorías y políticas demográficas y la realidad poblacional
en sí, hay muchas veces un proceso simbiótico o dicho con las palabras de
Ledrut "la sociedad imaginaria constituye el corazón de la sociedad
real, (por momentos) la hace funcionar y la hace cambiar, la equilibra y la
desequilibra"2 o, al
menos es el corazón de muchas políticas demográficas.
La forma de abordar este punto será, entonces, a
partir de la definición de ciencia utilizada en dichas teorías que, estaban
inmersas en el paradigma científico del racionalismo gnoseológico. Teorías,
que para permanecer vigentes, deben ser confrontadas con los hechos y
explicarlos. De ahí, que será necesario analizar el grado de conocimiento de
los hechos vitales y de los recuentos poblacionales que manejaban, qué
extensión territorial tenían para realizar sus proyecciones a nivel mundial
y en Argentina, porque como se entiende haber destacado, todas las teorías
tenían pretensiones de leyes universales, que se darían en todo tiempo y
lugar.
Por último, la gran mayoría de tablas y gráficos
expuestos en el apéndice de este Capítulo hacen la proyección al año 2000,
porque desde los años 50 se vienen dando cifras de cómo sería la población
mundial en el tercer milenio, por continentes. Claro está que en la
Conferencia Internacional de Población y Desarrollo, celebrada en El Cairo
(1994), las proyecciones llegan al año 2125. Cabe preguntarse, si los pronósticos
hechos hasta ahora, y ante la presencia concreta del año 2002, se cumplieron
o no. Si no se cumplieron, en qué medida difirieron. La medida es importante,
porque las proyecciones se pueden equivocar en algunos miles de personas, pero
a nuestro juicio caerían estrepitosamente si se equivocan en millones de
personas por continente, ya sea en más o en menos, tal como diría Popper.
A. Los datos poblacionales mundiales anteriores a
1900
"No hay demografía sin cifras ni estadísticas".
LOUIS HENRY, p. 9.
Las teorías analizadas en el capítulo anterior, no superan la década
de los años 1940. Cabe entonces preguntarse qué tipo de datos demográficos
y estadísticos utilizaron para su elaboración. Hay que distinguir las teorías
anteriores al siglo XX de las que se elaboraron en este siglo hasta la década
mencionada.
Según los especialistas en historia demográfica3,
sólo algunos países de Europa comienzan sus registros oficiales sobre los
hechos vitales avanzado el siglo XIX. Antes de ese siglo, la información
sobre los registros de bautismo, matrimonio y defunciones, se recogía en las
parroquias. Claro que este sistema regía solamente en aquellos países
inscriptos en el cristianismo. Del resto del mundo, se hacen referencias de
censos habidos en Egipto, en China, en el Imperio Romano, antes de la era
cristiana, o el famoso censo que determinó que Jesucristo naciera en Belén.
Se hace mención, ya en la era cristiana de censos realizados en Italia,
Portugal, Alemania, España, pero no se mencionan los datos4.
No se explica qué tipo de registros utilizaban, ni si había registros de los
hechos vitales. Como se puede deducir, los datos utilizados por los
"aritméticos políticos", incluso por los que le siguieron, eran
poco precisos.
Respecto de los censos, los primeros que registran
una cierta regularidad y no son esporádicos como los mencionados, son los de
EE.UU., Inglaterra y Francia de fines del siglo XVIII o comienzos del XIX. No
obstante, tanto desde esos siglos hasta hoy se habla del escaso crecimiento de
la población anterior, desde el siglo I, como del exponencial aumento de la
población desde 1900, aunque algunos para determinados países temen por su
escaso crecimiento. Y desde 1900 se manejan cifras mundiales por continentes a
partir de 1650, aportadas por Willcox y transcriptas desde Carr Saunders en
adelante, por todos los que se ocupan de la demografía.
Otra cuestión importante de señalar es que, aún
para el continente europeo, computar la población por país en un lapso de
trescientos años, es difícil porque han cambiado sus fronteras. Entonces,
unos se referirán a la Francia de la Revolución (1789), otros a la del
Tratado de Versalles. Europa hasta 1933 incluye Rusia europea. Desde 1940
incluye la URSS asiática. En 1993, la parte europea de Turquía está
comprendida en Asia. Unos se referirán a la Europa con Rusia, otros con la
URSS, o Asia con la URSS, y Europa sin ella. Y después de la caída del muro
de Berlín, van a tener que investigar cómo eran las poblaciones de Ucrania,
o Rusia u otras de las naciones que integraban la URSS con anterioridad, si se
pretende hacer proyecciones o análisis en el tiempo pasado.
Dos ejemplos demostrarán la falacia de las teorías
y, sobre todo de las proyecciones y leyes tales como que la población crece a
un ritmo x y que en x años se duplicará o se triplicará o disminuirá:
Francia y el Reino Unido. Los dos países que están más involucrados en esas
proyecciones, a partir de los datos suministrados por Malthus. Es verdad que
Malthus ya ha sido suficientemente rebatido en este sentido, pero es
importante cotejarlo con las proyecciones dadas por los organismos
internacionales a partir de 1950, para constatar que en realidad parten de
esquemas teóricos parecidos, y que los intereses no son estrictamente demográficos,
sino políticos.
Si la población francesa se hubiera duplicado cada
25 años como fue la idea de Malthus en un principio, entre 1850 y 1875
Francia hubiera tenido una población que ni siquiera hoy tiene. Si se hubiera
duplicado cada 46 años, como dice más tarde, en 1900 ya hubiera alcanzado lo
que tuvo recién en 1950 (ver Cuadro I).
En Gran Bretaña, según Malthus5,
su población se duplica entre 1801 y 1811 en 51 años, y después del censo
de 1821 dice que es en 46 años. Han transcurrido casi doscientos años desde
esa predicción de Malthus; hoy la población tendría que ser, suponiendo una
duplicación cada cincuenta años, mayor a los 175 millones y sólo tiene un
poco más de 57 millones (ver Cuadro II).
Si se analizan los datos a nivel mundial que se
manejaron y manejan desde 1900 y sus proyecciones al 2000 (ver Cuadros III, IV
y V), se podrá comprobar que, en mayor o menor medida, las teorías demográficas
que tenían por objetivo buscar esa ley abarcadora de todo el globo y de todos
los tiempos, parten de esos datos inseguros que da Willcox, utilizando la
imaginación tanto hacia el pasado como hacia el futuro. Como diría Gadamer
la comprensión histórica es nuestra pretensión de ver el pasado tal cual es
y no "según nuestros patrones y prejuicios contemporáneos"6.
B.
Datos mundiales desde 1900
"Lo que confunde a las personas no son los
hechos sino las opiniones sobre los hechos".
EPICTETO
Si
no hay demografía sin cifras, como dice Henry, entonces todas las teorías y
proyecciones de población elaboradas antes de 1900, incluso hasta 1950, sin
datos censales y vitales fidedignos, ¿qué tipo de disciplina es?.
Evidentemente no es demografía, tal vez es demopolítica, como se dijo en el
primer capítulo, o política internacional o geopolítica. Después de esas
fechas, aún con un conocimiento mayor de los hechos demográficos, pero
tampoco perfecto, se transforma como diría Epicteto, en
"opiniones", no en deducciones o inducciones, debidamente
comprobables. O será que el imaginario teórico influyó en la sociedad real,
de modo tal que la transformó según lo que se suponía debía ser.
La gran mayoría de los demógrafos contemporáneos
del nivel de Alfred Sauvy, Kingsley Davis, Roland Pressat, el citado Henry,
Pierre George y en especial los que se dedican a la historia demográfica,
como Borrie, Holingsworth y Wrigley7
están contestes en que hasta 1950 los datos poblacionales, a nivel mundial,
que se manejan son poco fiables, no obstante es raro aquél que no parta de
las "estimaciones", "suposiciones", o
"conjeturas" sobre la población por continentes realizada por
Willcox, Carr Saunders o Durand que comienzan desde 1650 y concluya como lo
hace Pressat: "la historia demográfica del planeta, muy confusa en sus
primeros momentos y caracterizada por grandes oscilaciones, se muestra a la
larga como la historia de un crecimiento cada vez más rápido, hasta el punto
de cobrar en nuestros días un aspecto dramático, pues el mantenimiento del
índice de expansión actual (duplicación en 40 años permite prever que para
principios de los años 2.100 se llegue al límite de esos 50 mil millones de
individuos (casi 400 habitantes por Km2) que los más optimistas
asignan a las posiblidades del poblamiento terrestre"8.
Es decir, pese a las críticas que despiertan los
datos del pasado, en mayor o menor medida todos, incluso Sauvy y Davis9
que se muestran más cautelosos, dirán que nunca la población del planeta
creció tanto como después de 1900 o después de 1950 y que de seguir así el
mundo va a colapsar, o que la ciencia va a descubrir algo para alimentar a una
cantidad que puede ir de los 50 mil millones de Pressat, hasta los 8.000, o
cualquier otra cifra según el pesimismo u optimismo con que se analice el
problema. Claro que en 1995, a sólo cinco años del 2000 y de acuerdo con
estimaciones, no a precisiones, la población mundial era supuestamente de
5.716 millones (ver Cuadro III y IV).
Esto lleva a preguntarse si no se sabe a ciencia
cierta la población del pasado, cómo se puede decir "nunca antes como
ahora". Más bien es como dice Hollingsworth: "la historia de cómo
el hombre ha enfrentado, sorteado o pasado por alto el problema del espacio
limitado, así como la presión numérica contiene lecciones para el presente
y el futuro. No es una historia alentadora. Las grandes migraciones de Asia a
Europa entre los siglos III y VI, así como del XII al XV, muy probablemente
fueron causadas por la presión de la población, más que por la ambición de
los conquistadores"10
A lo que agregaría, otras migraciones: las europeas hacia América y
Australia. Del Asia a Europa e, invirtiendo la corriente del siglo XIX, de América
Latina a Europa. Todas tienen lecturas semejantes a las migraciones asiáticas
de la Edad Media.
Por lo tanto, estimo que el problema de los datos, de
las estimaciones o proyecciones hacia el pasado o hacia el futuro, no es un
problema abordado cuantitativamente, como supuestamente corresponde a la
demografía, por más análisis sofisticados con estadísticas complejas que
se realicen, sino es un problema geopolítico, fundado, como diría Prigogine,
en el paradígma científico de la física tradicional que predecía el futuro
y retrodecía el pasado11.
Con ironía y agudeza Sauvy reflexiona así:
"Los malthusianos hacen pensar que un hombre encontrándose en un barco
que se hunde... dice a sus compañeros: "hay un hombre que sobra entre
nosotros -es decir, "entre vosotros"-. El náufrago más débil se
siente fatalmente condenado"12.
Claro que sólo habla de hombres. Se cuida muy bien de referirse a países o
continentes. Parafraseando a este autor, se podría decir que Europa, Norte América
y el Consejo de Seguridad de la O.N.U., le dicen al resto de los continentes:
"En el planeta sobra población, la vuestra, hay que limitarla".
Este juicio no pretende solamente seguir con la ironía de Sauvy, sino que es
evidente si se analiza el Cuadro V, más allá de que las cifras absolutas
puedan ser discutibles, los números relativos que manejan los demógrafos,
sociólogos u organismos internacionales, en ese cuadro mencionado, a partir
de 1950 les demuestran que la importancia relativa de Europa y Norte América
está descendiendo y que por el contrario las poblaciones de África y América
Latina están adquiriendo cada vez mayor peso relativo en el planeta.
Si se analizan los anuarios demográficos de la
oficina de estadística de la ONU, cuyo primer volumen es de 1948, en sus
introducciones explicativas del contenido de cada volumen, se plantea la forma
de hacer las estimaciones que en síntesis son dos: el uso de la lógica y los
datos. Supuestamente, un organismo integrado por naciones, que a medida que
pasan los años son más numerosas, debería tener datos poblacionales a nivel
mundial, cada vez más perfectos, de modo tal que la lógica fuera cediendo
paso a los hechos demostrables, concretos y no sólo a suposiciones o
estimaciones utilizando operaciones complejas. Sin embargo, hacia 1967 la ONU
todavía se está planteando la forma de hacer estimaciones seguras aclarando
que "las menos seguras se indican en las tablas en caracteres itálicos".
Analizando la tabla 1, hay 184 países o regiones, cuyas estimaciones son
"menos seguras"13.
Entonces ¿cómo interpretarlos?, en qué medida hay
certeza en sus proyecciones y miedos de sobrepoblación o subpoblación.
Incluso en el anuario de 1993, si bien 233 países y zonas enviaron sus datos
censales oficiales, incluso algunos realizados con asistencia de la ONU, todavía
muchos son recuentos parciales, ya sea porque toman solamente la población
sedentaria, o la nómade, o recuentos en función de encuestas14.
1. América Latina en las proyecciones de su población
Corresponde detener la atención en América Latina,
por ser nuestro continente, pero que junto a África, son los dos continentes
que mayores zozobras producen en la actualidad.
En 1963, la ONU hace tres pronósticos: en baja,
media y alta (ver Cuadro IV). Es decir, suponiendo que se mantenga el
crecimiento que ellos estiman, en función de las tasas de reproducción, en el año 2000 A.L. tendría 532, ó 638, ó 686
millones de habitantes, en el peor de los casos, para los que desean
mantenerla estática. Y hacia 1969, Borrie, "basado en la suposición de
niveles de fecundidad constantes"15,
dibuja un esquema, similar al hongo atómico de Hiroshima, para hacer entender
el exponencial aumento de la población mundial, en especial de América
Latina que en ese año tenía, supuestamente, 275 millones y que en el 2000
ascendería a 756. Si se observa bien la columna correspondiente en el Cuadro
IV, se ve que a medida que avanzan los años en que se hacen las estimaciones
y las proyecciones al 2000, las cifras disminuyen. Y en 1995, los datos, no
las proyecciones indicarían una población de 482 millones para A.L.
O bien la lógica fundada en ecuaciones estadísticas
complejas falló, o tendrán que revisar las formas y métodos en que se
realizan los registros vitales y censales, porque evidentemente no hay 700
millones de latinoamericanos, hay solamente menos de 500 millones. ¿Una
proyección o teoría puede equivocarse en más de 200 millones?. Nuestra hipótesis
es que puede haber errores de técnicas estadísticas, pero no hay errores políticos
o geopolíticos. Está hecho con designios concretos y determinados, no diría
"legitimidad" de planteamiento como dice Gadamer en el epígrafe,
pero sí un planteamiento interesado en demostrar que ni A. L., ni África,
pueden seguir creciendo en la forma que lo hacen, porque geopolíticamente no
es conveniente y, por consiguiente hay que difundir en esos continentes una
gran propaganda anticoncepcional.
Esta idea no se inscribe o no pretende inscribirse
dentro de un síndrome paranoico de persecución racista o ideológica, propia
de los movimientos antiimperialistas, anticolonialistas de la década de los años
70. Porque se puede demostrar con las "opiniones" dadas por los
estudiosos de esos países y continentes.
En 1949 decía K. Davis: "No solo se
teme que los asiáticos obtengan el dominio mundial por un incremento de
la población y por la adquisición tecnológica, sino también que exijan el
derecho a emigrar a regiones ahora ocupadas por los occidentales"16.
El Informe
Kissinger, denominado también Implicaciones
del Crecimiento de la Población Mundial para la seguridad de los Estados
Unidos y sus intereses de Ultramar- Memorandum sobre Seguridad Nacional Nro.
200, elaborado durante la presidencia de Gerald Ford, al finalizar la
primera Conferencia Mundial sobre Población en Bucarest en 1974, destaca
"la preocupación de que las tasas de crecimiento de la raza humana en
los países en desarrollo puedan desequilibrar la balanza del poder en
perjuicio de los países industrializados del hemisferio norte y en beneficio
de las emergentes naciones del sur". Por lo tanto, sugiere
"intervenir en asuntos de población en el extranjero, particularmente en
los países en desarrollo... (como medio de incentivar "un compromiso
mundial político y popular para estabilizar la población (y) usar esos
aportes (la ayuda económica) para fines de control de población que elevar
la producción a través de inversiones directas en riego, proyectos de energía
e industrias"17.
Desde Europa, el Dr. Karl-Heinz Meier-Braun profesor
en las Universidades de Tubinga y Stuttgart, escribe en la revista alemana
"Scala": "En virtud de los problemas descritos, no puede
sorprender que siga aumentando la migración Sur-Norte hacia las islas de
bienestar". La descripción a que se refiere no es otra que las 100
millones de personas que según la O.I.T. viven fuera de sus países, situados
en África y América Latina y emigran a Europa Occidental y a los Estados
Unidos, cuyo envejecimiento de la población y falta de mano de obra de
servicios, no la calificada, es cada vez más acusado.
Ante eso cita la preocupación manifestada por los
jefes de Estado de las más importantes naciones industriales, el denominado
"Grupo de los 7", en la Conferencia de Londres y lo expuesto por el
Club de Roma, en 1991. Decían: "ninguna medida logrará detener
eficazmente el movimiento de inmigración". Por ello el autor agrega:
"Esto puede conducir a una marcada agudización del racismo en los países
receptores y contribuir a que, a través de las elecciones, los radicales de
derecha lleguen al poder".
El autor explica que un grupo de trabajo de Bonn
"exige mejores informaciones
acerca de las razones que obligan a huir de un país determinado. Para
combatir la pobreza, el grupo exige
el establecimiento de estructuras democráticas y (cita) "un cambio
estructural de las condiciones marco dentro de los países en desarrollo y
entre los países en desarrollo y los industriales"18.
Esas opiniones, las palabras exigir y temer que se han resaltado, son
suficientemente claras para explicar que detrás de las proyecciones, fundadas
en datos sobre los hechos vitales, mantenidos en forma constante a través de
los años, hay otros intereses que no connotan una descripción de los hechos
demográficos, sino los temores geopolíticos de un desequilibrio poblacional
entre los continentes que se transforme, en el mejor de los casos, en una
suplantación de las poblaciones europeas y norteamericanas, por las
provenientes de otros continentes (ver Cuadros V y VI).
No cabe duda que Europa y EE.UU. tienen miedo. Lo
prueban dos ensayos recientes de Alain Minc. Luego de referirse al
envejecimiento de las poblaciones europeas, al descenso de la natalidad, a la
imposibilidad de que estos niños, en edad activa, ni un Estado quebrado,
mantengan de acá a veinte años a sus padres y a aquellos ancianos que hoy,
de jóvenes, no tienen hijos, hablará del "patinazo demográfico",
"el miedo al extranjero" y (cómo) "las sociedades europeas
ceden a las viejas angustias xenófobas" ante los inmigrantes magrebíes,
asiáticos, africanos, del Sur, como las llama o del Este europeo cuando
rebasen las fronteras alemanas que hoy acoge a rusos, polacos, húngaros, etc.19.
Sin esa sinceridad, pero encuadrado en conceptos e
ideologías iguales, la O.N.U. propuso en el documento presentado en la
Conferencia de Población realizada en El Cairo en 1994: "En los próximos
20 años, la comunidad internacional también tendrá que prestar atención a
los problemas especiales de los países con muy baja fecundidad y poblaciones
senescentes. Entre ellos figuran los países en desarrollo que han
experimentado una rápida reducción de sus tasas de natalidad y de mortalidad
y que, como resultado, en un futuro próximo tendrán que dar cabida a grandes
cantidades de personas de edad aunque frecuentemente sus recursos nacionales
para ello son limitados"20
(ver Cuadro VI).
II. LOS DATOS POBLACIONALES DE LA ARGENTINA
"Las estadísticas reflejan, más que la
realidad, el ideal de cada país o las aspiraciones de sus habitantes".
ANGEL ROSENBLAT, La
población indígena en América, p.20.
A. Los primeros tiempos
La Argentina no escapa a las
consideraciones generales sobre el manejo de los datos censales y de los
hechos vitales que se mencionaran brevemente en el punto anterior. En
especial, las estimaciones sobre la población total o por regiones,
anteriores al primer censo y el desconocimiento de los hechos vitales antes de
1900, incluso el imperfecto registro de esos hechos después de esa fecha.
La pregunta de cuántos habitantes había en América
o en el territorio actualmente argentino, en el momento del descubrimiento y
colonización, no se puede responder con certeza. Willcox estimará para toda
América, en 1650, unos 8 millones de habitantes, sin indicar si se refiere a
los indígenas o a los conquistadores (ver Cuadro III). Rosenblat dirá que al momento del descubrimiento habría
13.385.000 indígenas. Distinguiendo: 6.600.000 para América del Norte, México,
América Central y Antillas, y 6.785.000 en América del Sur (ver Cuadro VII).
De los cuales la mayoría viviría en México y Perú. En el territorio
argentino sólo unos 300.00021.
Claro que este autor no descuida que los datos que le sirvieron de base a sus
estimaciones, están llenos de fantasías, "cifras imaginarias e hipotéticas"
dadas por "los apóstoles de la leyenda negra, los apologistas de un
glorioso pasado indígena, los detractores y los defensores del conquistador
español o del anglosajón"22.
A medida que avanzaba la conquista y se afianzaba la colonización, se
hicieron recuentos parciales, incluso censos más amplios como el ordenado por
Carlos III en 1776, ante la erección del Virreynato del Río de la Plata23.
Después de la Revolución de 1810, en la primera década,
hubo otros recuentos parciales, pero como bien apunta Comadrán Ruiz, es
"prácticamente imposible dar cifras exactas al respecto, y debemos
recurrir a... noticias de viajeros, padrones incompletos, informes
dispersos... para extraer de ellos algunas conclusiones o, mejor aún,
deducciones más o menos aproximadas"24.
Sobre esas noticias y estimaciones dan cuenta Diego
G. de la Fuente, Francisco Latzina y Gabriel Carrasco, en las introducciones a
los dos primeros censos nacionales de 1869 y 1895, incluyendo sus propias
estimaciones (ver Cuadro VIII).
Interesa destacar aquí, fundamentalmente, los datos,
estimaciones y registros que utilizaron los autores objeto de este trabajo. Más
que ello, los datos existentes en la Argentina entre 1930 y 1950, aunque
algunos no los utilizaran. Sin embargo, para una mejor interpretación de las
proyecciones que hacen, será conveniente indicar los cómputos censales
habidos con anterioridad y posterioridad a las fechas indicadas, como así
también los hechos vitales, en la magnitud que ellos lo consideran.
En la Argentina, con anterioridad al primer censo
nacional, hubo intentos desde 1811, por conocer la dimensión de la población
de su territorio, a los fines, fundamentalmente, políticos, inmersos en el
nuevo concepto de Estado que comenzaba a formarse, centrado en la idea de la
representación de la soberanía del pueblo. Cada nuevo reglamento o
convocatoria a una asamblea general, o congreso en que se invitaba a las
distintas partes que componían las Provincias Unidas del Río de la Plata,
como bien lo detalla Maeder25,
surgía la pregunta de cuántos representantes debían enviar cada una de esas
provincias. Sin embargo, hasta después de la organización constitucional de
1853, salvo recuentos parciales en algunas provincias26,
no hubo un censo que cubriera todo el territorio nacional.
B. Censos nacionales
En el período que se considera
tampoco hubo una regularidad perfecta en la realización de los censos
nacionales, ni dejaron de tener defectos por omisión o por superposición. El
primer censo nacional de 1869, limitó la muestra censal a las provincias. No
computa la población de la región Patagónica ni de la del Chaco. Es
explicable, en tanto la Argentina no ejercía la supremacía de su soberanía
en ninguna de las dos regiones, hasta después de lo que se llamó la
conquista del desierto (1880) que, en realidad, no estaba desierta sino
poblada por indígenas, pero ellos en este primer censo no están computados
debidamente. Hay una simple estimación de la población en Chaco, Misiones,
Pampa y Patagonia que en su conjunto representaba 93.291 habitantes, sin
ninguna otra especificación, ni siquiera sumados a la población total del país27.
El segundo censo se realizó en 1895, pero tampoco es
preciso respecto de la cantidad de indígenas. Habían pasado quince años
desde la conquista del desierto, ya se había sancionado la ley 2875 de 1891,
por la cual se autorizó la concesión y reparto de las tierras conquistadas
al indígena28. Pero,
como dice Gabriel Carrasco: "Cuando la Comisión Directiva del Censo
Nacional de 1895 discutió los programas para esa operación, se trató
detenidamente el punto relativo a investigar la composición étnica de la
población del país, acordándose no hacerla, primero, porque, dado el corto
número existente, absoluto y relativo, de negros, mulatos e indios
civilizados, la investigación
carecía
de importancia; y segundo, teniendo en cuenta que, salvo los negros de raza
pura imposibilitados de substraerse a la clasificación, los mulatos e indios
en gran parte hubieran sido censados como blancos, suministrando cifras
inexactas e inferiores a la realidad"29.
En el Capítulo IX se trata especialmente este tema.
Acá se anticipa que hubo preocupación por conocer el número de indígenas
después de la Ley 12.636 que constituyó el Consejo Agrario Nacional, cuyo
artículo 150 ordenaba la realización de censos de indígenas y el
establecimiento de Registros de Indígenas. Según esta disposición se hizo
un relevamiento a cargo de la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios en
1941. Con las salvedades que se harán en el capítulo mencionado se
contabilizaron 130.000 indígenas30.
El tercer censo se realizó en 1914 y el cuarto en
1947, con mejores datos que los dos primeros, pero con las omisiones dichas en
el párrafo anterior.
Los autores para analizar en forma estática a la
población argentina y plantear sus ideas demográficas, contaron, en su gran
mayoría, con los tres primeros censos generales.Hubo otros, pero no de
población, sino por sectores económicos, tanto en la nación como en algunas
provincias. Tales los censos industriales y comerciales de 1908,1914, 1915,
1935 y sus respectivos anuarios desde 1937 a 1943 y de 1949 a 1950. Censos
agropecuarios (1908 y 1937), o de cultivos agrícolas determinados como de viñedos
en 1936, de yerba mate en 1933-34, de algodón en 1935-36, de caña de azúcar
en 1945, de olivos en 1953. Censos ganaderos (1922, 1930, 1942). Fueron raros
los sectores económicos que no fueran relevados, entre otros se pueden
mencionar los de bancos, de bienes del Estado, carcelarios, hipotecarios, etc.
En el periodo posterior al cuarto censo, los recuentos poblacionales adquieren
una mayor constancia en su periodicidad. Se realizaron en 1960, 1970, 1980 y
1991 (ver Cuadros IX, X y XI).
Se levantaron otros censos de población, pero
parciales y en tiempos diferidos. En los Territorios Nacionales en 1905, 1912
y 1920. Otro realizado en 1934 en el territorio nacional del Chaco, en 1935 y
1942 en la gobernación de La Pampa, en ese entonces no provincializada, el de
1934 en la Capital Federal y muy pocos registros en algunas provincias como la
de Buenos Aires en 1938, la de Mendoza en 1942 y en la provincia de Catamarca
en 194331. Los censos
sobre desocupación después de la crisis de 1930, el Censo Escolar de 1943
muy utilizados por los autores. En cambio, el registro de indígenas de 1941,
fue prácticamente desconocido.
C.
Registros vitales
En el siglo XIX la dinámica de la
población, nacimientos, muertes, casamientos, sólo se registraban en los
libros parroquiales, igual que en Europa y ninguno de los autores los investigó.
En el siglo XX, el movimiento de los hechos vitales fue llevado por dos
organismos: el Departamento Nacional de Higiene, dependiente del Ministerio
del Interior y la Dirección General de Estadísticas de la Nación,
dependiente del Ministerio de Hacienda. Hacia 1950, con la reformulación de
los ministerios dispuesta por la Constitución de 1949, se denominó Dirección
Nacional del Servicio Estadístico Nacional, dependiente del Ministerio de
Asuntos Técnicos.
El Departamento Nacional de Higiene bajo la dirección
del Dr. José Penna, fundó en 1911 la Sección Demografía y Geografía Médica
y publicó sus anuarios desde ese año a 1916, sin interrupción con un
minucioso detalle de la natalidad, mortalidad, nupcialidad y morbilidad de
todas las provincias y territorios nacionales del país, con sus divisiones
administrativas más pequeñas. En los años 1917 a 1919 da a luz dos
publicaciones con especial referencia a la epidemia de gripe que padeció el
país en esos años. Entre 1934 y 1936 reanuda la publicación de los anuarios
conservando, en parte, la sistematización de los datos de sus primeros
anuarios (ver Cuadro XII y XIII).
La Dirección General de Estadísticas de la Nación
inicia las publicaciones referidas al movimiento de la población, en 1926 con
un resumen desde 1910 a 1925. Lo suspende hasta 1936. Desde esa fecha hasta
1943, publicó anualmente el registro de los hechos vitales. Vuelve a
interrumpirlo hasta 1956, año en el que publicó un resumen estadístico
completo desde 1944 y una información resumida desde 1914 (ver Cuadros XIV,
XV y XVI).
Cabe preguntarse qué grado de precisión y amplitud
tenían los informes suministrados por ambos organismos. Los mismos anuarios
explican los inconvenientes para recabar los datos de los hechos vitales en
todos los rincones del país y el método que tenían para recoger la
información. El Consejo Nacional de Higiene, se lamentaba en 1935, al cumplir
25 años desde su creación, que sólo hubieran podido publicar nueve anuarios
y que no incluyeran, en el resumen entre 1918 y 1930, a los territorios
nacionales, porque desde 1918 venían reclamando las planillas de registro,
sin resultado alguno. Reitera así lo expuesto en el Anuario de 1919: "La
falta de organización del servicio demográfico en los territorios, atrasa
tanto la demografía del país, que basta decir que aún se está luchando por
terminar de recibir los datos del año 1918 y los de unas pocas oficinas de
1917".
"...Todo lo que pierde un trabajo que tiene que
presentarse trunco, más cuando se trata de nuestra República, resulta
demasiado evidente, para que sea necesario insistir más, en la conveniencia
de tener un corresponsal en cada división territorial del país y un servicio
demográfico completo, que permita en cualquier momento conocer en un todo, el
estado sanitario de nuestro territorio, ya que este se deduce de las
alternativas que tiene la mortalidad, única base de estudio sanitario, desde
que la morbilidad es únicamente conocida en los Hospitales. Es de esperar,
pues, que se restablezcan de un momento a otro, los corresponsales de las
gobernaciones tal como existían en los primeros años de creada esta Sección"32.
Con la Dirección de Estadísticas ocurría más o
menos lo mismo, por la simple razón que los datos vitales los obtenía del
Departamento de Higiene. Así lo expresa el Informe Nro. 20, que es un resumen
del movimiento de la población entre 1910 y 1925. "En punto a los
Territorios Nacionales se ignora su movimiento vegetativo desde el año 1917,
pues el Departamento Nacional de Higiene, que efectuaba esta tarea, debió
suspenderla por no haber recibido las planillas de anotaciones. (Por ello
agrega:) Para llenar este claro hemos partido de la suposición que el
movimiento vegetativo de los Territorios, desde 1917, experimentó las mismas
variaciones relativas que el de las provincias"33.
El cambio de institución tuvo sus efectos en cuanto
a la metodología y sistematización de los datos. La Dirección de Estadísticas
no es tan minuciosa y en los años en que coinciden ambas publicaciones, los
datos, dados por ésta última, son inferiores a los del Consejo Nacional de
Higiene. Además es diferente en la forma de recoger los datos. La Dirección
se basa en la información de los registros civiles, pero una descripción del
diario La Prensa que el mismo informe transcribe, demuestra lo relativo de
estos registros. Se refiere a Catamarca y dice: "Ni en la oficina central
existen las anotaciones y estadísticas indispensables para una investigación
sobre tan importante faz de la cuestión social de Catamarca. En la campaña,
las funciones del juez de paz, son ad-honorem, y las oficinas carecen hasta de
los libros de registro, de modo que cuando les denuncian el nacimiento o
muerte de una persona lo anotan en papeles sueltos que corren la suerte del
viento que los sopla, cuando no es el vendaval político que despide al
funcionario, quien se queda por lo general con el cajón de anotaciones, sin
asentarlas en los libros. Este simple hecho muestra con toda ironía la forma
rudimentaria y dañina en que se procede en esas oficinas"34.
Como se puede deducir, entre que los Territorios
Nacionales no envían las planillas, siendo que representaban una porción
significativa del espacio argentino, y que los datos enviados por las
provincias eran inseguros, estos anuarios muestran algo de la realidad
poblacional argentina, pero no con certeza. Con el agravante que todos los análisis
poblacionales posteriores a 1950, se basan en estos datos para hacer las
comparaciones históricas. A esta crítica es a la que se anticipa Vázquez
Presedo luego de hacer un cuestionamiento de los datos históricos:
"Cuando los datos son buenos y abundantes se pueden sacar conclusiones
dignas de fe con procedimientos estadísticos muy elementales. Es,
precisamente, en el caso de información incompleta y deficiente cuando debe
apelarse a métodos avanzados que hagan un uso tan eficiente como sea posible
de la escasa información disponible"35.
Pero es conveniente insistir: ¿pueden los métodos avanzados inferir con más
seguridad los datos que no posee?, ¿no se está en presencia de la imaginación
que sólo está en el pensamiento y no en la realidad? Uno puede suponer,
conjeturar sobre la magnitud de los fenómenos poblacionales a través de análisis
estadísticos sofisticados, pero hacer una planificación o proyecciones,
pensando que existe seguridad con esos métodos es peligroso y pasa lo que
ocurrió con las proyecciones de la O.N.U. en los años 60 para el 2000, que
crean latinoamericanos que, en realidad, nunca existieron. O no advierten la
existencia de otros pueblos.
Los autores en una proporción considerable, lamentan
la falta de datos fidedignos, por ello dice Bendicente: "Para el estudio
de la trayectoria de la economía argentina, se carece de datos ciertos ...
tenemos estadísticas respecto al movimiento migratorio y desde 1863 existen
series de precios ...; con fecha más reciente se inicia la ininterrumpida
publicación de las cifras del comercio exterior... Empero, respecto a la
población estamos cada día peor, pues las series que se calculan en base a
los censos nacionales son menos atendibles a medida que nos alejamos de la
fecha correspondiente al último censo.... El conocimiento serio, científico,
de nuestra vida económica no puede lograrse si no se dispone de datos
aceptables que hayan resistido a la crítica más severa"36.
Además de esos datos oficiales, algunos de los
autores, por su profesión de médicos, o biómetras como se denominaban, hacían
encuestas propias en los hospitales en que trabajaban, que si bien son
parciales y significan sólo muestras del ámbito en que lo realizan, son más
fidedignas que los datos oficiales.
D. Registros de las migraciones externas
El registro de la inmigración, a diferencia de los
registros vitales, comenzó en forma relativamente temprana aunque tampoco con
absoluta precisión, al menos de todo el fenómeno migratorio.
La preocupación por atraer al país el importante
flujo migratorio que dejaba Europa se manifestó desde los inicios de la vida
independiente, como se verá en el capítulo siguiente. Aquí, es necesario señalar,
que el comienzo del flujo mayor de inmigrantes se produjo hacia fines de la década
de 1840, pero no su registro minucioso37.
Éste comienza a partir de 1857. En el año anterior se había formado la
Asociación Filantrópica de la Inmigración, "auxiliada y bajo la
protección del Superior Gobierno del Estado de Buenos Aires", dado que
la Provincia de Buenos Aires estaba segregada del resto de la Confederación
Argentina. Esta institución es la que comienza el registro.
Desde 1869 a 1873, ya integrado con Buenos Aires, el
Gobierno Nacional estableció la Comisión Central de Inmigración que actuó
hasta la constitución del Departamento Nacional de Inmigración, creado por
la ley 817 del año 1876, dependiente del Ministerio del Interior.
Los comisarios generales de inmigración, Samuel
Navarro y sobre todo Juan A. Alsina, que comienza sus funciones en 1890,
elevan al Ministerio del Interior memorias38
minuciosas sobre los inmigrantes europeos llegados de ultramar, en buques,
"pagando pasajes de segunda y tercera clase", según establecía el
art. 12 de la ley 817. Detallan la nacionalidad, el idioma, las costumbres, la
religión, las profesiones y oficios, cuáles eran las condiciones del
transporte marítimo, del alojamiento al llegar a Buenos Aires, los
inmigrantes "internados" hacia las provincias.
Es decir, es una información completísima de esa
inmigración. Pero no se hacía el recuento de los inmigrantes que pagaran
pasajes en primera clase, ni los que vinieran vía terrestre, ya sean los
europeos que arribaban vía Uruguay o Chile, o los provenientes de países limítrofes.
Alejandro Bunge se lamentaba por la falta de
registros de todos los europeos "El movimiento de pasajeros -decía-
tanto de "cámara", (primera) como de "proa" (segunda),
entre el Uruguay y la Argentina ha llegado en algunos años a 200.000. Esta
cifra no sólo desfigura los resultados del movimiento de
"inmigrantes", cuando se suma a los procedentes de ultramar, sino
que ha dado lugar a errores muy grandes. En muchos casos ha resultado, según
hemos podido comprobar, que los pasajeros anotados al salir del Uruguay como
de "cámara", vuelvan al país como de "proa". De esto
resulta que al computar solamente los de proa, en uno y otro caso, el saldo
migratorio a favor del país resultaba abultado, a nuestro favor, en muchos
miles al año"39.
Nada decía sobre la falta de registros de los
migrantes de países limítrofes. Este es un tema, según se verá en el capítulo
correspondiente, que no está pensado hasta mediados de la década de los años
1940. Como se observa en los cuadros anexos a dicho capítulo, el cómputo de
esta inmigración se hace fundamentalmente en los censos y en el Informe
Demográfico de 1944 a 1954.
En los capítulos siguientes se destacará el grado
de conocimiento del movimiento de la población que cada autor tenía. Por el
momento, sólo consignamos los datos que todos podían utilizar, con el objeto
de investigar el grado de correlación que existía entre las ideas y los
hechos realmente registrados, como la opinión que les merecían los datos
oficiales, además de las ya transcriptas, a otros de los autores
considerados.