CAPÍTULO IV
ANTECEDENTES ARGENTINOS:
IDEAS Y POLÍTICA POBLACIONAL ANTERIORES A 1930
La Argentina se ha caracterizado, desde que nace
como Estado, por concebir a su población como escasa, tanto cuantitativa como
cualitativamente. Para comprender el grado de continuidad o reformulación de
las ideas y la política demográfica argentina que se desarrollará en la segunda
parte, se verán brevemente, las ideas y política demográfica que antecedió a
1930. A tal fin, se sintetizarán trabajos propios anteriores1 y de otros autores que han
analizado el núcleo de la política poblacional argentina en el siglo XIX y
principio del XX, cual fue la inmigración.
Tanto las ideas como la política seguidas hasta
1930, son parciales y no abarcan la totalidad del fenómeno poblacional. Es así,
porque una política demográfica integral, debería incidir cuantitativa y
cualitativamente sobre todos los fenómenos poblacionales producidos dentro del
territorio del Estado, tal como lo expresan los teóricos pero, desde el siglo
XIX, la idea de acrecentar la población argentina y, consecuentemente, la
política adoptada, fue la de atraer la inmigración europea que masivamente
dejaba ese continente y, por ende, se circunscribió a uno solo de los elementos
que producen el crecimiento.
El otro factor del crecimiento poblacional no fue
advertido y, a lo sumo, se lo podría considerar con Sauvy que compuso la
política "inconsciente" de población. Son todas aquellas ideas, o
legislación general que sin estar explícitamente reconocida su incidencia en el
crecimiento de la población, la afectan. Tales las disposiciones sobre
salubridad, asistencia, higiene, arrendamientos, colonización, industrias,
viviendas, etc. Evidentemente es imposible abordarla en su totalidad, porque
significa prácticamente toda la política argentina desde el siglo pasado. Pero,
se señalarán, aquellas ideas inscriptas en el darwinismo social que
antecedieron a los autores objeto de este trabajo y que, de una u otra forma,
les sirvieron también de fuentes.
I. LA INMIGRACIÓN: IDEAS Y POLÍTICA CONCIENTE
PARA
POBLAR LA
ARGENTINA
EN EL SIGLO XIX
Desde los primeros años de vida, rotos de hecho los
lazos políticos que nos unían con España, se pensó en traer inmigrantes
agricultores para poblar el país que se consideraba subpoblado y, sobre todo,
mal poblado. El 4 de septiembre es el día del inmigrante. Todos los años, las
principales colectividades, festejan el arribo de ellos o de sus ancestros a la
Argentina. Este hecho demuestra la continuidad y reafirmación anual de la política
inmigratoria del siglo pasado. Porque el 4 de septiembre de 1812, el Primer
Triunvirato, dio el famoso decreto de inspiración rivadaviana que en sus
fundamentos decía: "Siendo la población el principio de la industria y el
fundamento de la felicidad de los Estados, y conviniendo promoverla en estos
países por todos los medios posibles..., decreta en su artículo 1 ro. Ofrecer su inmediata protección a los
individuos de todas las naciones..., asegurándoles el pleno goce de los
derechos del hombre en sociedad, con tal que no perturben la tranquilidad
pública, y respeten las leyes del país"2.
Desde ese decreto, pasando por la idea
proinmigratoria más difundida, que es la de la generación de 1837, hasta la
Constitución Nacional de 1853 y la ley 817 de Inmigración y Colonización, la
inmigración es concebida con un objetivo: el progreso del país. Pervive, por
lo tanto, la idea mercantilista de que a mayor población mayor grandeza de un
Estado. Pero, a su vez, se enlaza con las ideas iluministas que desembocaron en
el Estado liberal, porque implicaba, además del aumento de la población, el de
mejorar su "calidad", o, como anhelaba Rivadavia, "destruir las
degradantes habitudes españolas y la fatal graduación de castas, y de crear
una población homogénea, industriosa y moral, única base sólida de la Igualdad,
de la Libertad, y consiguientemente de la Prosperidad de una nación"3. Con esa idea, fueron dejando
numerosas disposiciones legales4
para lograrlo.
Tanto las ideas como el diseño de esta política, no
partieron de datos estadísticos que avalaran su pensamiento, sino en
estimaciones, como se vio en el capítulo anterior, como la de Parish que
consideraba para 1853 una población de 800.000 habitantes. El primer censo
nacional, como ya se dijo, fue posterior, en 18695 y los hechos vitales comenzaron
a registrarse a principios del siglo XX. Sin desconocer que el Registro Civil
se institucionalizó desde 1884, pero, a los fines demográficos y de política
demográfica, sobre todo, el registro de los hechos vitales comenzó en el siglo
XX. Por ello, dice Nascimbene, el pensamiento demográfico anterior a 1852 es
"asistemático", "generalizador", en el que el "uso de
estadísticas no es muy frecuente". Y que recién desde la década de 1860 y
en especial de 1870, seis años antes de la sanción de la ley, surgen los
"especialistas", los que utilizan "planteos y desarrollos más
sistemáticos, así como estadísticas más fehacientes, estructuradas sobre
categorías adecuadas", hasta alcanzar "singular madurez"6.
No obstante, es importante detenerse en el
pensamiento de los principales autores de ese diseño político, porque perdura
en gran parte en el período que interesa.
A. Las ideas sobre la inmigración a mediados del
siglo XIX
1. Cantidad de la población
Sarmiento en 1841 y Alberdi en 1852 tenían una idea
aproximada de la cantidad y composición de la población. Sarmiento decía que
había 160.000 habitantes en la ciudad de Córdoba y 1.500 en la ciudad de La
Rioja7. Alberdi, por su
parte, se preguntaba:"¿Qué nombre daréis, qué nombre merece un país
compuesto de doscientas mil leguas de territorio y de una población de
ochocientos mil habitantes? Un desierto (...). Pues bien, ese país es la
República Argentina..."8.
La cantidad de la población está en relación con las
estimaciones realizadas por W.Parish y Martín de Moussy (ver Cuadro VIII). Es
verdad que no tenían una precisión exacta, pero la idea del desierto, nace de
un hecho concreto, porque los circundaba, lo veían a diario. Distinta es su
idea de la composición y estructura de la población.
2. Composición y estructura de la población de base
"El demógrafo, -dice Wrong- no sólo se interesa
por las cifras absolutas de individuos (...) sino también por las
características de los mismos (...). (Éstas) son seleccionadas principalmente
por dos razones: primero, por su significación estrictamente demográfica (...),
y segundo por su importancia sociológica o económica intrínseca"9.
La segunda de las características, mencionadas por
Wrong, es el quid del pensamiento de
la generación de 1837, porque hacían especial hincapié en los diferentes grupos
étnicos que existían en el país, asignándoles determinadas ocupaciones,
educación, religión y los sometían a criterios de valoración que los lleva a
ubicarlos en una escala que va de lo inferior a lo superior, de lo negativo a
lo positivo para la concreción de los objetivos poblacionales propuestos.
"El pueblo que habita estas extensas comarcas
-decía Sarmiento- se compone de dos razas diversas, que, mezclándose, forman
medios tintes imperceptibles; españoles e indígenas. (A los que distribuye
así): En las campañas de Córdoba y San Luis predomina la raza española pura
(...). En Santiago del Estero el grueso de la población campesina habla aún el
"quichua", que revela su origen indio. En Corrientes los campesinos
usan un dialecto español muy gracioso... Buenos Aires se reconoce el soldado
andaluz, en la ciudad predominan los apellidos extranjeros. La raza negra, casi
extinguida ya, excepto en Buenos Aires, ha dejado sus zambos y mulatos (...)
eslabón que liga al hombre civilizado con el palurdo, raza inclinada a la
civilización, dotada de talento y de los más bellos instintos de
progreso...".
"Las razas americanas viven en la ociosidad y
se muestran incapaces, (...) para dedicarse a un trabajo duro (...). Esto
sugirió la idea de introducir negros en América, que tan fatales resultados ha
producido. Pero no se ha mostrado mejor dotada de acción la raza
española..."10.
Alberdi, en forma similar, separaba "el
indígena, es decir, el salvaje", del "europeo, es decir, nosotros los
que hemos nacido en América y hablamos español; los que creemos en Jesucristo y
no en Pillan". Es interesante consignar, porque esto se reiterará en el
siglo siguiente, aunque en forma más subliminal, que el nacer en América no tenía
un significado diferente, del nacer en Europa. Alberdi, al menos, se siente
europeo y no americano. Es una posición similar a la de Benjamín Franklin, que
hablaba de los ingleses y de su Filadelfia como si fueran una misma cosa.
Por otro lado, distinguía la población del litoral,
de la del interior, en esta forma: "El primero es fruto de la acción
civilizadora de Europa de este siglo que se ejerce por el comercio y por la
inmigración en los pueblos de la costa. El otro, es obra de la Europa del siglo
XVI, de la Europa del tiempo de la conquista, que se conserva intacto como en
un recipiente, en los pueblos interiores de nuestro continente..."11.
En fin, ni el español, componente del criollo, ni el
indígena, ni el negro, ni por supuesto, el mestizo, el "gaucho"12, eran aptos para lograr los
objetivos nacionales básicos, por eso se piensa en la inmigración, porque el
crecimiento vegetativo no conseguiría sino aumentar más de lo mismo. Por ello
concluía Alberdi: "Combinad de todos modos su población actual no haréis
otra cosa que combinar antiguos colonos españoles debilitados por la
servidumbre colonial, no incapaces de heroísmo y de victorias, llegada la
ocasión, pero sí de la paciencia viril de la vigilancia inalterable del hombre,
de libertad... Con tres millones, de cristianos y católicos, no realizaréis la
república. No la realizaría tampoco con cuatro millones de españoles
peninsulares, porque el español puro es incapaz de realizarla allá o acá"13. O, como dice Imbelloni,
consideraban al español como raza de mente atrofiada14, sobre la cual no se podría
construir una nación industrializada, progresista, a la cual había que
asociarle la "teoría correctiva" de las migraciones, en tanto la
raza "fuerte" y anglosajona era necesaria para inyectar su sangre
a los latinos "flojos"15.
3. Inmigración civilizada y seleccionada para el
progreso político y económico
Bien dice Halperín Donghi, que "a lo largo del
todo el siglo XIX la inmigración fue considerada -en la Argentina más que en el
resto de América española- un elemento esencial en la creación de una sociedad
y una comunidad política modernas"16.
En efecto, lo pensaba Rivadavia, como se vio, y lo
reafirmaban Sarmiento y Alberdi y con ellos, Avellaneda, al presentar el
proyecto de ley de inmigración y colonización, cuyas palabras sintetizaban el
pensamiento de la dirigencia argentina a fines del siglo XIX. "Están todos
felizmente convencidos en la república, de que su prosperidad y porvenir
dependen de dar una solución al problema de la inmigración europea, y es por
esto que él preocupa tanto a los hombres de la nación misma como a sus poderes
públicos"17.
Esa modernización no se lograba con cualquier
inmigración sino con la inmigración europea. "Poblar es civilizar -pensaba
Alberdi en 1873- cuando se puebla con gente civilizada, es decir con pobladores
de la Europa civilizada. Por eso he dicho en la Constitución que el gobierno
debe fomentar la inmigración europea...". "Pero poblar no es
civilizar, sino embrutecer, cuando se puebla con chinos y con indios del Asia y
con negros del Africa"18.
Cuando Alberdi o Sarmiento hablaban de inmigración
europea lo último que pensaban era en el español o en el italiano, que fueron
los pueblos que llegaron en masa a nuestro país. En el español no, porque era
"incapaz de realizar la libertad", decía Alberdi. Porque,
consideraba Sarmiento, "se había embrutecido por su odio
irreflexivo" a todas las cosas que denominaba extranjeras19. En el italiano tampoco porque
todavía no lo veían como posible inmigrante.
Los modelos que serían trasplantados por sus
pobladores eran los de Inglaterra y Francia. De Inglaterra creían que vendría
el parlamentarismo, la libertad, los hábitos de industria. De Francia, la
cultura, su literatura. "La libertad -según Alberdi- es una máquina que,
como el vapor, requiere para su manejo maquinistas ingleses de origen. Sin la
cooperación de esa raza es imposible
aclimatar la libertad y el progreso material en ninguna parte". (Y
agregaba) es necesario fomentar en nuestro suelo la población anglosajona. Ella
está identificada con el vapor, el comercio y la libertad, y nos será imposible
radicar estas cosas sin la cooperación activa de esa raza de progreso y de
civilización"20. El
hombre americano había que ponerlo en "pie" francés o inglés, igual
que a las viñas. Había que "injertarlo" como a las plantas, en esos
pueblos civilizados21.
No se debe descuidar que, Sarmiento, después de su
viaje a Europa en 1845 cambió su fe en Europa por EE.UU. considerando que,
incluso allí, lo europeo llegaba a ser bárbaro22.
Alberdi, en 1871 advirtiendo las migraciones de la
Europa mediterránea, decía: "Sud América debe hacerse poblar de
preferencia por la Europa del Norte, si aspira a ser libre y rica. Debe buscar
su educación y desarrollo liberal en el trato saludable y fecundo de la Europa
del frío. La Europa del Sud no necesita ser llamada; vendrá sin que la busquen
mediante la corriente ya formada por la acción de los siglos; y si no debe
jamás excluirla por sistema, tampoco debe buscarla por alicientes sistemáticos"23. Pero, después de la Guerra
Franco-Prusiana, advirtió que en los países de su preferencia, coexistían la
civilización y la barbarie. Por ello compara los pueblos de Londres y París,
con el Chaco y la Patagonia, por cuanto coexistían la civilización con la
barbarie24.
No perdieron totalmente la esperanza en una Europa
civilizadora, pero a través de una inmigración fomentada, no espontánea.
Incluso, así como le negó en un principio al "gaucho" toda capacidad
de perfeccionamiento, le concedía a los "peores inmigrantes de Europa
(...) la posibilidad de transformarse, de mejorar por el solo hecho de pasar al
Nuevo Mundo"25.
4. Las ideas y los datos de emigración
No se debe perder de vista que las preferencias
hacia los países anglosajones, generalizados como europeos, y luego la
advertencia de que en Europa podía haber pueblos incivilizados, es producto de
una realidad. En la primera etapa, entre 1846 (año de los primeros registros de
los migrantes europeos) hasta 1889, predominaban las corrientes anglosajonas,
germanas y francesas (ver las figuras al final del capítulo). No tenían la
importancia numérica que tendrán a partir de la década del 80 o a comienzos
del siglo XX. Pero de una media anual de emigrantes europeos de 251.000 o
330.000 personas que emigraban de toda Europa en los quinquenios 1846-50 y
1851-55, respectivamente, los pobladores provenientes de las Islas Británicas
(ingleses, irlandeses y escoceses) representaban el 78 y 67 % del total, le
seguían en importancia los alemanes (15 y 23 %) y finalmente los franceses (4 y
3%).
A partir de 1880 a 1914, comenzó a adquirir
importancia gradual la corriente italiana, representando porcentajes entre el
20 y 30 % de la emigración total, cifra que compartía con los anglosajones y,
después de la primera guerra con los españoles"26. Sin descuidar que esos
porcentajes importaban flujos migratorios muy superiores, de 600.000 a un
millón y medio de emigración media anual.
Esto se explica porque el proceso de
industrialización, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, se
trasladó primero a los países del norte europeo y luego a todo el continente27. Asimismo, explica por qué se
prefería la "vieja inmigración". Era la que emigraba en el momento
que se diseña la política migratoria en Argentina.
B. La Constitución y la población
"Pero
¿Cuál es la Constitución que mejor conviene al desierto? La que sirve para
hacerlo desaparecer... Luego éste debe ser el fin político, y no puede ser
otro... Así, en América gobernar es poblar".
J.B.ALBERDI, Bases..., p.178.
1. La inmigración y la Constitución
La Constitución de 1853 y en la ley 817 de 1876,
decantan todo ese proceso doctrinario. La llamada Generación de 1837, fue la
fuente inmediata de ella, pero, a su vez, receptó todo ese movimiento proinmigratorio
que hubo desde 1812.
Primeramente, se debe apuntar que la política
argentina propulsora de la recepción del flujo migratorio que salía de Europa,
se la llamó de "puertas abiertas", comparándola con la seguida por
los Estados Unidos después de 1882. En realidad, tanto la Constitución como la
ley 817, la restringían a los europeos. De esa forma se incorporaron a nuestro
país un número elevado de españoles e italianos que no eran los más deseados de
los europeos. Ni la Constitución, ni la ley, lograron plasmar el verdadero
pensamiento sobre la inmigración que era atraer y fomentar la inmigración
anglosajona, germana y nórdica, pero no los europeos del sur que venían solos
sin que los llamaran. Por más que en la realidad fue protegida y fomentada la
inmigración latina que procedía de los países que habían aumentado sus flujos
migratorios.
El Preámbulo de la Constitución Nacional declara que
asegura los “beneficios de la libertad, para nosotros, nuestra posteridad y todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo
argentino”. Una interpretación formalista y literal, como lo que hace Joaquín
V. González, dirá que fue “un anhelo vivísimo de todos los hombres que
influyeron en la Constitución, el de hacer del territorio de la República un
hogar para todos los hombres de cualquier raza, ideas y costumbres
civilizadas"28, en
forma similar la analiza José Manuel Estrada29.
Interpretar la C.N. en esta forma, es apartarla del
pensamiento que se viene analizando. De modo tal, que la C.N. tendría una posición
antirracista, en tanto el término todos
abarca un universo, sin distinción de nacionalidad, procedencia continental,
sexo, situación laboral, etc., con la simple manifestación del deseo de habitar
en la Argentina, no se le podría prohibir instalarse en el país. Pero como dice
Carrió: "No es cierto que las reglas son siempre aplicables de la manera
"todo o nada". Tampoco es cierto que las reglas permiten, al menos en
teoría, enumerar de antemano todas sus excepciones". En ese sentido el
Preámbulo es una declaración de principios y el mismo autor advierte que
"los principios que no satisfacen los requisitos de la regla de
reconocimiento quedan fuera del derecho"30.
Por otro lado, los constitucionalistas están
contestes que el Preámbulo es el que "imprime el concepto ideológico a la
Constitución" (Ramella). En él, "se anticipan las bases ideológicas o las creencias políticas
que sirven de pilares a su articulado" (Romero)31. En ese sentido, para el caso
de la apertura de la constitución a las migraciones, parafraseando a Carrió,
el vocablo todos del Preámbulo, es
sólo un principio que estaría fuera del derecho por no satisfacer los
requisitos de la regla. La regla es el art. 25 de la C.N., que fomenta la
inmigración
europea y que, con más precisión debería interpretarse así: "todos los
europeos, blancos, anglosajones, cultos y civilizados que quieran habitar el
suelo argentino".
La ley 817, que reglamentó el artículo 25, fue más
precisa y conceptualizó al inmigrante así: "repútase inmigrante, para los
efectos de esta ley, a todo extranjero...que llegase a la república para
establecerse en ella, en buques a vapor o a vela" (art.12).
Ambos instrumentos legales receptaron bien las ideas
vistas en tanto solamente se debía atraer los migrantes del continente europeo
y no del Africa o Asia. Pero lo que no captaron de ese pensamiento fue la idea
de selección de los mismos europeos, para que solamente arribaran los que se
suponían civilizados.
2. Los indios
y la Constitución
Las ideas sobre
los indígenas que tenían los autores vistos, también se expresaron en la
constitución y luego en los censos. No se desarrollará todo ese proceso.
Abelardo Levaggi tiene importantes trabajos al respecto32 y sobre la base de ellos
advertimos:
Por un lado se observa que, desprendiéndose del
pasado colonial, desde 1810 se adoptó la idea de nación de la Revolución
Francesa. Una sola nación. En ella todos eran iguales ante la ley, "la
Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento"
(art.16). "De donde se infiere -dice González Calderón- que no puede haber
en el país una raza inferior a la predominante en él"33. Además, todos los nacidos en
suelo argentino, son argentinos. Tal como se interpretó el art. 67,
inc.11., y la ley N ro. 346 (1860) de nacionalidad y ciudadanía que lo
reglamentó.
Por lo tanto no hay indígenas, ni mestizos, hay argentinos34. Sobre esa base, la Argentina
no reconocía la existencia de minorías en foros internacionales35. Lo cual explica que los indios
no hayan sido tampoco censados como una categoría diferente de la de
argentinos nativos.
Por otro lado, asumiendo ese pasado y sobre todo
la existencia concreta de las comunidades indígenas, regulaba la
Constitución: el Congreso deberá "proveer a la seguridad de las
fronteras, conservar el trato pacífico con los indios, y promover la
conversión de
ellos al catolicismo" (art.67, inc.15). El artículo tenía tres
cuestiones: las fronteras, el indio y la conversión al catolicismo, que poco o
nada tienen que ver con la idea de nación vista en el anterior párrafo.
a) En el término frontera se advierte un carácter
histórico en tanto se mantenía la idea de la Corona española de una frontera
interior36, distinta de la
exterior con las características definidas por el Derecho Internacional
clásico, porque alegando tener la soberanía territorial reconocía que no tenía
la supremacía territorial, es decir la jurisdicción real y efectiva de la
Nación Argentina en los territorios allende la frontera, límite a partir del
cual la posesión y dominio territorial la tenían los indios, con los que se
firmaban tratados reconociéndoles que eran una nación distinta37.
b) El vocablo indio en el contexto de una
Constitución que cuando se atiene a los cánones del constitucionalismo
liberal,
se refiere al pueblo, los ciudadanos, los habitantes para fijar sus
derechos y deberes, por el solo hecho de mencionarlos está reconociendo su
existencia y, por ende, que son diferentes, por eso no los llama habitantes, o
ciudadanos, por lo tanto, implícitamente, no están encuadrados en la igualdad
abstracta y genérica del art. 16. En consecuencia, la misma Constitución
le dio un estatus jurídico distinto, al menos a los denominados “indios
independientes",
los consideraba naciones con las cuales se pactaba o se guerreaba.
"Cuando los constituyentes de 1853 tuvieron que legislar sobre las
relaciones con los indios no hicieron sino ratificar la posición tradicional
contractualista de "conservar el trato pacífico con los indios".
Esa fue la traducción hispanoamericana de la cláusula norteamericana
"reglamentar el comercio...con las tribus indígenas"38.
Después de la conquista del desierto, mediante la
cual, la Nación Argentina logró ejercer, además de la soberanía, la supremacía
sobre los territorios que hasta ese entonces habían sido del dominio indígena,
la condición del indio en esos territorios debía allanarse a la idea de una
sola nación, de igualdad abstracta39;
sin embargo, las diferencias reales y culturales chocaban contra esa
abstracción, de ahí que en la práctica jurídica se contemplaron esas
desigualdades. "Sin renunciar al principio, -dice Levaggi- se continuaron
aplicando, con las adaptaciones del caso, las disposiciones que calificaban a
los indios de incapaces relativos de hecho"40.
Desde el punto de vista jurídico, son dos principios
diferentes, el colonial asentado en el particularismo y las diferencias
reales, y el liberal, que presume la igualdad, contenidos en las cláusulas
analizadas41. Principios
que siguen disputándose su vigencia hasta hoy, por más que se haya reformado
la Constitución en 1994, por ello sigue desconcertando a muchos autores
que están atenidos al "mito de la constitución" como lo denomina
César E. Romero42.
c) Si se acepta la abstracción de una igualdad
jurídica, inmediatamente se tiene que aceptar la eliminación jurídica del que
es diferente. Si se acepta la homogeneidad racial, lingüística, cultural,
nacional, en consecuencia se acepta que todo lo que sea heterogéneo hay que
eliminarlo en forma incruenta: aculturándolos, civilizándolos, en la
cultura o civilización que se considera la correcta, en la Argentina mediante
la conversión al catolicismo, como decía la Constitución. O en forma cruenta:
mediante la guerra y el exterminio, como fue la conquista del mal llamado
desierto llevada a cabo por Julio A. Roca.
Respecto de la primera forma, Agustín de Vedia decía
que "fronteras e indios eran términos inseparables que correspondían a
un mismo problema. La Constitución ha querido fijar, a ese respecto, reglas
de conducta, que pueden traducir una noble aspiración humanitaria (...) El
trato pacífico con los indios, su conversión al catolicismo; tales son las
reglas...". Y González Calderón agrega que esa cláusula da
"preferencia a la religión católica como instrumento para civilizar a los
indios"43.
Parafraseando a de Vedia, se puede decir que
convertir y civilizar a los indios es un mismo problema con denominaciones
diferentes y también con creencias diferentes, pero convergentes, como
explícitamente lo expresa González Calderón. Cuando Lavaysse propuso la
conversión de los indios, lo hizo en calidad de sacerdote, "invocando la
caridad evangélica". Lo mismo cuando apoyó la libertad de cultos porque
era "un precepto de la caridad evangélica en que está contenida la
hospitalidad que debemos a nuestros prójimos (y que él)...como sacerdote les
predicaría el evangelio y la verdad de su religión...". Es decir, como a
los indios, les predicaría a los inmigrantes de otros credos la verdadera
religión.
La segunda forma la explicó Seguí cuando se
preguntaba el "modo como se pensaba conservar ese trato pacífico y los
esfuerzos que habían de hacerse para atraerlos y civilizarlos, porque si estos
(la evangelización) habían sido ineficaces, él votaría su exterminio sin
comprometer sus sentimientos de caridad"44,
evidentemente no es la conversión lo que le interesa, sino la aculturación
dentro de una civilización que considera única y si ésta no funciona, la
eliminación por guerra.
Cualquiera de las dos formas que se adoptara
significaba el exterminio. En el primer caso de la cultura indígena que
involucraba
costumbres, valores distintos de los occidentales45. En el segundo caso la
eliminación física. "Si la "civilización" podía imponerse,
-dice Levaggi- o si era lícito eliminar a quienes se resistían a ser despojados
de su territorio, son cuestiones que no se plantearon entonces porque estaban
resueltas de antemano en sentido afirmativo. La moral social, el derecho y el
pensamiento científico de esa época avalaban semejante premisa...".
Más adelante plantea las filiaciones ideológicas de
ambas posturas, como se manifestaron pocos años después: "Se asistía en
esos años (en la década de 1870) a una lucha entre dos ideas y dos
sentimientos opuestos, originados en sendas concepciones antropológicas acerca del indio:
la antropología optimista de raíz hispánica, acuñada en el siglo XVI, sobre la
que reposaba la obra misional desarrollada desde entonces, aunque no exenta
de excepciones; y la antropología pesimista, negadora de la unidad del género
humano, debida al positivismo en su intento de aplicación a la especie humana
de la teoría evolucionista biológica de Darwin46.
Pervivía, por un lado la idea de Fray Bartolomé de
las Casas, que ante la originaria situación, al enfrentarse dos culturas
totalmente diferentes, dijo: "...todas las naciones del mundo son
hombres y de cada uno de ellos es una no más la definición; todos tienen
entendimiento y voluntad (...) todos los hombres del mundo, por bárbaros y
brutales que sean, como de necesidad, si hombres son, consigan uso de razón y
tengan capacidad de las cosas pertenecientes de instrucción y doctrina"47. O, como decía el senador
nacional por Córdoba, Mariano Fragueiro, un año después de sancionada la C.N.:
"El exterminio de los salvajes por medio de la guerra, ni es justo ni es
útil. (...) Los indígenas son hombres y debemos concederles, cuando menos, los
derechos que acordamos a los africanos libres (...) Todo cuanto hay que exigir
a los indios, es el reconocimiento de las autoridades y el respeto de las
poblaciones fronterizas. Sólo el tiempo y el trato pacífico los hará olvidar su
barbarie y gentilismo (...) Uniendo a estos arbitrios (la entrega en propiedad
de los terrenos que ocupaban, con protección y preferencia estatal, etc.) otros
semejantes, y sobre todo la doctrina y práctica del Evangelio..."48. Claro que, le entregaba a los
indígenas del Chaco tierras que consideraba fiscales, pero ya las poseían los
indios, puesto que estas palabras fueron dichas antes de la conquista del
desierto.
Y, por otro lado, comenzó con fuerza creciente la
interpretación del darwinismo social, cuyo ideario se expondrá más adelante49.
II. IDEAS Y POLÍTICA POBLACIONAL POSTERIOR, HASTA
1930
A. La idea de los "especialistas"
El pensamiento demográfico especializado, al decir
de Nascimbene, tuvo gran significación en el período 1870-1894, frente a los
"generalistas", como Alberdi, Sarmiento, Echeverría y, como tales,
menciona a Guillermo Rawson (médico y demógrafo), Francisco Latzina
(estadístico y demógrafo), Carlos Calvo (jurista), B. Mitre, Félix Martín y
Herrera, en los que el tema de la inmigración era central.
Siguiendo con esta idea, se consideró como
"especialistas", en primer término, a los directores y comentaristas
de los tres primeros censos: Diego de la Fuente, Alberto Martínez, Francisco
Latzina, Gabriel Carrasco. En segundo lugar, a los administradores del
Departamento General de Inmigración que elevaron sus Memorias al Ministro del
Interior, como Samuel Navarro o, que además, escribieron obras fundadas en
dichas memorias como Juan A. Alsina.
El
calificativo de especialistas es correcto por cuanto: a) se habían instruido en
el manejo estadístico, tanto porque conocían los censos europeos o
estadounidenses, a los que citaban para comparar, como por su conocimiento de
las teorías que, en el Capítulo II, se denominaron geométricas-estadísticas, en
especial se inspiraban en Quetelet50
y porque, aprendieron las técnicas estadísticas para conocer los indicadores de
fertilidad a los que ellos mismos corregían para adaptarlo al caso argentino
o, para buscar mayor precisión, o adecuarlas a los objetivos propuestos51. b) Tenían experiencia o
mejoraron su experiencia al realizar muestras censales anteriores, como el
caso de Carreño y Latzina, o posteriores como el de la Fuente52. c) Conocían las estimaciones
y censos parciales habidos en el territorio argentino a los que no sólo citaban
en las introducciones, sino que le aplicaban sus conocimientos estadísticos
para obtener los ritmos de crecimientos entre ellos y compararlos a los hechos
históricos que, a su juicio, habían detenido el ritmo de crecimiento, como las
guerras por la independencia, externa y civil, hasta el derrocamiento de
Rosas. A partir de allí el crecimiento había comenzado, en forma tal, que la
población se había duplicado entre los dos primeros censos.
Las primeras páginas de las introducciones de los
tres primeros censos nacionales son prueba de ello. Así ponderaban la
importancia
de los censos y estadísticas para el buen gobierno. "Las cifras
estadísticas -aseveraba de la Fuente en 1869- descubren, al que sabe interpretarlas,
condiciones orgánicas, físicas y morales, sociales y políticas penetradas de
revelaciones para el gobierno de los pueblos"53.
El director del primer censo mandado levantar durante
la presidencia de Sarmiento, con su comentario, nos advierte que junto al
calificativo de especialistas que se viene desarrollando, se debe agregar el de
realistas. A diferencia de los doctrinarios ya vistos, estos autores
procesaban datos reales de población argentina y de la inmigración ya recibida.
No obstante, que el relevamiento en sí pueda tener omisiones o fallas en su
conexión (de la Fuente) a problemas morales, sociales o políticos, que un
análisis más profundo tal vez no demuestre esas correlaciones. Pero, sus
interpretaciones de los censos y registros de inmigrantes eran
fundamentalmente descriptivos y por ende, realistas, sin tantos adjetivos
calificativos para la población argentina ni para las corrientes migratorias.
En definitiva, la imaginación iba cediendo paso a
los datos censales, entonces, cabe preguntarse si la interpretación que hacían
de los datos corrige o avala la posición de los que diseñaron la política
poblacional argentina.
1. El
objetivo demográfico de poblar el país lo veían que se estaba logrando a partir
de la puesta en práctica de las ideas de Alberdi y Sarmiento. "...Después
de la caída de Rosas, aparece un fuerte aumento en la ley de crecimiento
llegando casi a duplicarse", explicaba de la Fuente en 1869. Por dos
razones: por el regreso de los "millares de argentinos" que ese
gobierno había obligado a exilarse y por "una inmigración creciente,
desconocida en períodos anteriores"54.
En el Segundo Censo, Carreño expresa:"Este
crecimiento (128 %) es uno de los más fuertes que presenta la historia
demográfica
del mundo". Pero advertía que había crecimientos diferenciales según las
zonas y las provincias. El alto crecimiento de las provincias del Este o
litoral (197%) -Santa Fe, Capital Federal, Buenos Aires, Entre Ríos-, lo
atribuyó a las "condiciones físicas y topográficas" y a la
inmigración. Tucumán que le seguía en importancia, lo condicionó al gran
impulso de la industria azucarera, porque, evidentemente la incidencia de la
inmigración sobre su población era mínima (en 1869 fue de 0,3 %; en 1895 de
4,9 %). Es decir, observaba una realidad. El crecimiento se lograba con la
inmigración, pero también con fuertes promociones de alguna actividad
económica. Dejó planteado el asunto y la pregunta sobre lo que ocurriría en el
futuro. "Las diferencias entre el crecimiento relativo de las tres últimas
regiones, no es todavía bastante marcada para que pueda colegirse si
permanecerá con igual intensidad en el futuro. Es posible que causas
accidentales promuevan una corriente inmigratoria más fuerte hacia alguna de
ellas resultando que se altere la actual proporción de sus progresos"55.
La tendencia la receptó Latzina en el Tercer Censo.
Primero, expuso las fórmulas geométrica y aritmética para proyectar la
población en el futuro y el tiempo que tardaría en duplicarse. Prefirió adoptar
la aritmética que suponía una duplicación en mayor número de años,
"concordante con las ideas que acabo de exponer, enseña Quételet: 1ro. que la población tiene la tendencia de aumentar en progresión
geométrica; 2do. que la resistencia a la suma de impedimentos que se oponen al
crecimiento de la población, crece como el cuadrado de la rapidez con que
aquella tiende a aumentar. Lo mismo, aunque en términos diferentes, enseña
Malthus, el Darwin de la sociología". Aunque no eran idénticas las
teorías, esto prueba que las famosas leyes vistas en el Capítulo II, estaban
presentes en la mente de Latzina. Pero aplicó la de Quetelet, no la de Malthus,
para hacer sus proyecciones. Así estimó, a diferencia de los 100 millones de
Sarmiento, que en 1940 habría 16 millones de habitantes, y en 1973, 64
millones.
En segundo lugar, relacionó esas teorías a lo que
los datos socio-económicos le mostraban, y reflexiona: "Esto nos cuenta la
inducción estadística, pero a mí se me figura que esta última cifra no la
alcanzaremos en el transcurso de un siglo, por las condiciones especiales del
país, cuyas industrias básicas son y serán probablemente siempre la ganadería
y la agricultura extensivas. Estas industrias no necesitan tanta gente"56. Estrictamente, no se equivocó
en el cálculo, ni en la proyección, porque esto es lo que hará mantener la
preocupación por la población hasta nuestros días, aunque no fueran esas las
razones del bajo crecimiento poblacional argentino.
2. El pensamiento de Alberdi y Sarmiento de que la
población de base, es decir, argentina: criolla, mestiza, mulata, indígena era
incapaz de alcanzar el progreso y la libertad y que con las migraciones del
Norte y Centro de Europa se "mejoraba", tiene una pequeña
inflexión. En unos, como Alsina, porque valorizaban la población nativa y en
los otros, ante la evidencia de que el 97 % de los inmigrantes eran
fundamentalmente italianos y españoles o como dice Carreño, "de raza
latina" y sólo el 2,5 % eran anglosajones, eslavos, escandinavos.
Respecto de
la población nativa se debe advertir que en 1869, no se había producido la
conquista de la Patagonia y el Chaco, zonas en las que habitaban los indígenas,
por ende, no fueron censados y se calculó, como se vio en el Capítulo III, que
habían unos 93.000 indígenas. En 1895, ya realizada la conquista, tampoco los
censaron, pero calcularon que habían quedado 30.000 solamente. Ambas cifras no
tienen ningún atisbo de verosimilitud. El problema de esos cálculos está en la
descalificación y disminución previa a todo recuento. Los indios, en la
imaginación de los que dirigieron el Censo, no existían o era insignificante
su número, ya sea porque estaban "completamente sometidos a la
civilización", o porque con el "impropio nombre de chinos, constituyen los últimos restos
de una raza próxima a desaparecer" o porque "hubieran sido censados
como blancos, suministrando cifras inexactas e inferiores a la realidad"57.
Carreño, revalorizaba la fusión de
"razas", fundado en D´Obrigny y citándolo enfatiza: la mezcla entre
guaraníes y españoles "produce hombres... que tienen hermosos rasgos
fisonómicos". Lo mismo cuando se refería a la "mezcla de negros con
las mujeres indígenas... produce hombres superiores por sus rasgos a las dos
razas originarias"58.
La conclusión era que con esas mezclas se formaba una raza nueva. Por ello, no
era relevante hacer indagaciones raciales, como en los EE.UU., por cuanto los
negros e indígenas prácticamente no existían, por sus mezclas, o habían muerto
en la guerra por la independencia, o porque se habían resguardado en lugares
inaccesibles59.
El Censo de 1914 con criterios similares calculaba
38.425 indios (18.425 indios censados, viviendo en tribus y 20.000 no
civilizados,
estimación de los nómadas). Alberto B. Martínez decía "es cierto que,
felizmente para el grado de civilización que hemos alcanzado, ya no existen en
la República las tribus alzadas que en otro tiempo substraían una parte del
territorio nacional a la población y al trabajo". En verdad para 1914, ya
no existían tribus alzadas porque habían sido sometidas y los que se libraron,
transmitían su temor a que les ocurriera lo mismo a través de los informes de
los comisarios encargados de hacer el relevamiento censal en Formosa, Chaco y
Patagonia. Uno de esos comisarios, Ulpiano Cáceres escribía: "el
indígena de esta región y de otras del territorio, rehuye contactos con
"cristianos", porque casi siempre teme y odia, profundamente,
"al milico", es decir, a todo lo que lleve uniforme ... y desconfía,
con gran suspicacia del particular, o civil, por los sacrificios y
explotaciones a que, unos y otros lo han sometido". Y más adelante
agregaba: "La parte que ofrecía mayores dificultades para practicar el
censo, fue ... por su ignorancia y recelo a todo lo que fuera suministrar
datos respecto a su persona e hijos, por creer que se trataba de despojarlos de
ellos, o porque creían que se iba a arrear con todos ellos..."60. Ese temor demuestra que la
idea del exterminio de una u otra forma, como pensaba Segui, era la que había
prevalecido.
El pensamiento de los doctrinarios no se modificó
mayormente o en lo que respecta a los indígenas o a los negros. Pero sí en lo
referido a los "caucásicos", o "raza blanca" nacidos en
Argentina, incluso los mestizos. Los comentaristas de los censos directamente
no la calificaron de ninguna forma. Juan A. Alsina, sí. Pasados los años, con
un conocimiento más perfecto, no estático, sino dinámico de las migraciones,
como fueron las obras y memorias que produjo, la inflexión fue mayor.
Refiriéndose
al progreso económico vinculado a la población nativa, estimaba: "Los
ciudadanos nativos, con su genio, su educación, tradiciones, carácter
nacional, riqueza propia e industrias peculiares, propiedad de la tierra,
instituciones liberales, y con todo, en una palabra, lo que constituye y da
alma a esta nación, son el fundamento poderoso con el cual actúa, como factor
auxiliar, el extranjero habitante, para seguir la marcha ascendente, nunca
interrumpida de nuestra grandeza política, social y económica"61. Es decir, les concedía a los
nativos de origen español lo que Alberdi les negaba.
En cuanto a las caracterizaciones de las corrientes
migratorias, el cambio entre las descripciones de los censistas y el pensamiento
anterior es mayor. Para Carreño, como las dos terceras partes de los
inmigrantes
eran varones que se casaban con mujeres argentinas y el 97 % eran de lenguas
latinas, en los hijos se mejoraban ambos. Inspirado en Darwin y Spencer
explicaba: "grande es la influencia étnica del elemento extranjero en la
República Argentina, y que se ha formado y continúa formándose en ella una
nueva raza, inteligente y vigorosa, como que con arreglo a la leyes de la
selección natural los productos de la refundición son superiores a cada uno
de los seres que le dieron vida. El hecho averiguado respecto a las especies
animales superiores, de que sus productos mejoran por el cruzamiento de las
razas, se ha producido también aplicando a la especie humana, en todas partes
donde se ha podido hacer observaciones".
Páginas después puede observarse que persistía en él
la idea de superioridad de los anglosajones y nórdicos, "La raza latina
-decía- forma, pues, la inmensa mayoría de la población, con el 975 por mil
sobre su total; pero las germánicas, anglosajonas, escandinavas con el 25
restante, contribuyen al mejoramiento de ella, dando origen a una nueva, por
la fusión de sus diversos elementos"62.
En este caso no se mejoran ambos, sino sólo los latinos.
3.
Vinculado con lo anterior, mantenían el objetivo de poblar con inmigrantes y
veían que se estaba logrando en Capital Federal, Buenos Aires, Santa Fe, Entre
Ríos, Corrientes que absorbieron el 91% (1869), el 87,8% (1895) y el 80,4%
(1914), de la población extranjera censada en toda la Argentina. Es decir, en
cinco de las catorce provincias existentes en aquel entonces a las que, en
1914, habría que agregar Córdoba y Mendoza, por la importancia que adquirió
entre 1895 y 1914 la inmigración. Pero si en Carreño estaba todavía la duda de
cómo sería el crecimiento inmigratorio en las otras provincias, en Latzina ya
no. "Hasta aquí -observaba en 1914- los rápidos crecimientos de la
población se debían a dos fuentes, al proceso vegetativo y al migratorio, pero
este último, saldo de la inmigración sobre la emigración, aflojará en lo
sucesivo, a causa de la escasez de tierra arable, disponible para ser adquirida
por los inmigrantes"63.
Por lo tanto, si desde el punto de vista social se
pretendió transformar la población de base, es evidente que en esos focos, de
gran atracción, se logró64,
pero no en las demás provincias. Pero, también piensan que el poblamiento con
inmigrantes tenía un límite.
4. En cuanto a la idea de trasladar junto con los
inmigrantes la idea de libertad, del parlamentarismo, en fin, las instituciones
políticas, Alsina le concedía en parte al pensamiento anterior, que en el
tiempo de la Constitución de 1853, la inmigración era de ingleses, franceses,
españoles, portugueses, italianos, alemanes, suizos y belgas, "naciones
que daban el ejemplo de los adelantos políticos, filosóficos, científicos,
artísticos, industriales, comerciales y agrícolas". Y, ante la prédica
periodística de limitar la entrada a inmigrantes de ciertos países, debido a
los atentados y asesinatos producidos por los anarquistas a principio del
siglo, se opuso, primero, porque consideraba que era difícil establecer la
forma de esa selección dado que el súbdito descarriado de un país no importaba
necesariamente que todos los de ese país fueran así. Tampoco pensaba que se
debían rechazar las razones políticas, ni tampoco la religión por la libertad
de cultos. Segundo, los inmigrantes aportaban malas y buenas cualidades,
"las malas cualidades, ideas utópicas, odios sociales y doctrinas
peligrosas,
que agitan a la sociedad humana, son tan sólo el triste lote de una pequeñísima
parte de esos habitantes"65.
Pero más le preocupaba a él y a todos que "esa
considerable cantidad de adultos no participa en la vida política, se limita a
pagar los impuestos, como todos los habitantes de la República, y apenas toma
parte del gobierno municipal en algunas ciudades. No le comprende ninguna de
las cargas públicas de los argentinos. No solicitan la ciudadanía. Aprovechan
como simples habitantes de la Nación de los beneficios de los artículos 14, 16,
17, 18, 19 y 20 de la Constitución". Si bien ponderaba el principio del jus solis que hacía ciudadanos a los
hijos de extranjeros nacidos en territorio argentino, entendía que los gobernantes
debían exigirles, a los extranjeros, la naturalización, para una mejor
asimilación66. Navarro decía lo mismo en
1886, a los extranjeros "no les conviene ser ciudadanos, dadas las
ventajas que deducen sin ese requisito"67.
La ínfima proporción de inmigrantes que se habían
naturalizado y obtenido la carta de ciudadanía, despertó la preocupación
tanto de las fuerzas políticas conservadoras como del Partido Socialista.
Francisco Dura expuso la inquietud de Pellegrini, de Estrada y de él mismo, cuando
analizó las leyes de expulsión de extranjeros y la falta de incentivos que
tenían para ciudadanizarse y participar en las contiendas partidistas68. No menos importante fue la
preocupación de los socialistas que veían que sin ese trámite de nacionalización,
perdían afiliados, simpatizantes y dirigentes. Tal lo va a señalar Enrique
Dickman como se verá más adelante.
5. La idea de poblar el desierto tiene en los
comentaristas dos enfoques: uno, desde la radicación en el espacio rural o
urbano de la población en general y, en especial, de los inmigrantes. El otro,
es el análisis de las ocupaciones de los extranjeros fundamentalmente. Y
ambos, vinculados al tema de la tenencia de la tierra.
a.
Respecto de la urbanización de los asentamientos, comienza a ponerse en
evidencia en el Segundo Censo. "La población urbana -decía Carreño- ha
crecido más rápidamente que la rural, siendo del 48 % sobre el total, mientras
que en 1869 era del 34,6%". Explica la dificultad de definir con precisión
qué se consideraba rural y qué ciudad o pueblo, considerando pueblos a los
que más de cien habitantes. No obstante ello, está advirtiendo el proceso de
urbanización. Lo atribuyó a la tendencia universal "al engrandecimiento
de las ciudades con detrimento de las campañas", a las facilidades de
comunicación, al vapor, a la electricidad, "al fomento de las industrias
que encuentra en los pueblos facilidades de todo género". Y observaba que
en el litoral era aún más marcado que en el resto del país69.
Latzina, en cambio, como veía que la tendencia se
mantenía y en forma más acusada en 1914, (58% sobre el total), le dio otra
interpretación. Analizaba el crecimiento de la Capital Federal (4,8 % en razón
geométrica) y pronosticaba: "es un muy mal signo, máxime cuando se sabe
por los censos que existe una fuerte corriente de migración desde las campañas
y provincias hacia la ciudad de Buenos Aires. La población de ésta aumenta a
expensas de la rural. El censo de 1895 acusa una notable despoblación de la
campaña (...). Esto es una consecuencia fatal del sistema de latifundios de
propiedad individual que impera en el país...". Latifundio que a su
juicio, era consecuencia de una pésima política de tierras ganadas a los
indígenas: "en vez de reservar estas tierras para radicar en ellas la
inmigración, que entonces no había donde meterla, se distribuyeron en grandes
áreas entre unas cuantas personas gratas a los depositarios de los poderes
públicos, sea gratuitamente, o sea a precios irrisorios, como quien dice regaladas"70.
Alsina hizo un extenso análisis de la política de
tierras en 1903. No fue muy crítico, como Latzina hacia la dirigencia política,
culpó de la escasa adquisición de tierras por parte de los inmigrantes, a la
falta de capitales. Dedicó todo un capítulo, el III, al tema de las tierras
públicas y la forma en que se distribuyeron. Algunas, bajo la ley general de
tierra Nro. 4167 de 1902, y la ley del hogar de 1884. Mencionaba la venta de
tierras en Chubut, sur de Bahía Blanca, de las colonias agrícolas de las
provincias
de Corrientes, Santa Fe, Entre Ríos y Córdoba y de otras provincias como
Buenos Aires, Mendoza, San Luis, Salta y Santiago del Estero. Estas últimas,
aclaraba que no se pusieron al alcance del inmigrante. Y concluía: "Es
una utopía querer poblar en breve tiempo las desiertas gobernaciones y las
despobladas provincias del interior sobre la base de la venta de la tierra. La
población de ellas será obra del tiempo y será realizada, como antes lo hemos
dicho, por la expansión de la población del litoral".
"La tierra está ofrecida en condiciones
excepcionales. Pero no hay capital realizado para aplicar a su compra"71.
b. Asociado al tema de la propiedad de la tierra
vinculaban el de la ocupación. Latzina deseaba un crecimiento sano de la población,
entiende que: "El porvenir de un país, considerado como entidad política
y económica, depende principalmente de un sano crecimiento de la población.
(...) Un país destinado por la naturaleza de su suelo y clima a hacer de la
agricultura su principal fuente de recursos, como lo es la Argentina, no haya
un número desproporcionado de personas que deseen ocuparse en las
manufacturas, en las artes mecánicas y liberales, en el comercio, en las
ciencias y letras, etc.". En definitiva, mostraba el desfasaje entre los
objetivos y la política de tierras72.
En el primero y segundo censos no se afligían
mayormente por las ocupaciones o profesiones a los que se dedicaban los
inmigrantes. Carreño hizo dos observaciones interesantes. La primera, que
predominaban los argentinos sin profesiones definidas, respecto del
extranjero. Y la segunda, referida al trabajo de la mujer en los quehaceres de
su casa. Se destaca esto porque en el período que interesa se tendrá una visión
diferente. Decía Carreño: "es ya una ley demostrada por la economía
política que no sólo el trabajo directamente remunerado constituye un valor,
sino que lo tienen también todo lo que contribuye al bienestar del hombre y a
mejorar las condiciones de su existencia, cual es el que se hace en el
desempeño de las tareas del hogar, se resolvió considerar sin profesión a las
mujeres que no habían manifestado especialmente tener una, aunque casi todas,
con sus trabajos domésticos, cooperan a la producción"73.
Alsina conocedor de los datos sobre las ocupaciones
y la radicación de los inmigrantes, dedicó todas sus obras a este problema. Con
dureza lo expuso en 1903 y en forma más suave en 1910. Recién comenzaba el
siglo XX y envió un informe titulado "Exceso de entrada de comerciantes,
jornaleros". En él, como en la obra de 1903 dio cuenta al ministro de los
numerosos inmigrantes que, sin tener acceso a la tierra, ni con profesiones que
sirvieran a alguna industria, se dedicaban a pequeños comercios, o eran
vendedores ambulantes, o intermediarios, convirtiendo a "las ciudades en
amenas vidrieras de exposición, en loterías, precarias casas de compra-venta,
la nube de corredores, vendedores ambulantes que encarecen la vida, y mil
otras inseguras y falsas posiciones para subsistir en perpetua pobreza y
descontento...". "El país reclama al inmigrante laborioso y
emprendedor, pero no puede asegurar colocación de una cantidad indefinida de
personas de cualidades insignificantes.(...) Si hubieran llegado a nuestras
playas tan sólo personas capaces de posesionarse de la tierra se hubiera
llegado a la proporción de 80 a 88 por mil y no del 10 por mil que se dedican a
la agricultura"74.
En definitiva, los que manejaban los datos, no veían
que se estaba logrando el objetivo de poblar el desierto con agricultores
propietarios. Años después, 1923, lo reiterará el presidente Alvear,
"necesitamos población, pero no para nuestras grandes ciudades que están
pletóricas, sino para nuestros campos. Necesitamos agricultores prácticos y no
braceros, sin profesión..."75.
Este es un asunto que se insiste siempre que se
trate la inmigración. Se dijo que la distribución de la población y la
colonización, era un aspecto interesante, tratado por los autores fuentes, pero
que no se desarrollaría en este trabajo. No obstante, cabe señalar, que el
alejamiento del extranjero de la propiedad de la tierra y su estatus de
arrendatario o mediero, fue tratado extensamente en el período que antecede a
1930, por Antonio Fernández, en su tesis doctoral defendida en la Facultad de
Derecho en 191776; por
Miguel Ángel Cárcano77 en el
mismo año; por Enrique Dickman, esbozado en su proyecto de ley de ese año y
ampliado en su obra de 194678.
Los tres autores, como en años más recientes lo
señalarán Gori y Margulis79,
insistían en la mala distribución de tierras en propiedad y la conversión de la
gran masa de inmigrantes en arrendatarios o medieros. Los que tampoco lograban
esto se arraigaban en las ciudades engrosando el sector terciario en
"actividades no productivas", generando "una expansión sin
desarrollo" y una expansión del litoral en detrimento del interior, como
expresan Beyhaut y otros autores80
Esto provocó la escasez de viviendas, la elevada oferta de trabajo, los bajos
salarios, la frustración ante el ascenso social muchas veces no logrado, la
presencia de nuevas ideologías, importadas junto con el inmigrante. En fin,
todo ello provocó malestar, evidentemente coyuntural y propio de todo país de
inmigración81, pero no
dejaba de preocupar las consecuencias que se tradujeron en numerosas
huelgas, desde fines del siglo XIX, determinando la posterior sanción de las
leyes de residencia 4144 y 7019, que permitían al Poder Ejecutivo expulsar a
los extranjeros.
Finalmente, el tema del crecimiento vegetativo, ya
se dijo, no era observado con preocupación por los especialistas, no lo
mencionaban en su discurso, como ocurría en Francia, ni que el aporte
inmigratorio,
como decía Walker, hubiera causado el descenso de la natalidad. Los comentarios
de Carreño, Martínez o Latzina, demuestran que no era éste el problema que los
afligía, por el contrario se ufanaban del alto crecimiento, más allá que para
el futuro, según especulaba Latzina, la inmigración declinaría.
B. Entre el Centenario y la primer postguerra
En el punto anterior, sólo se han pretendido señalar
las bases en que se asentaron las preocupaciones de los "especialistas"
ante la inmigración masiva arribada a fines y principios del siglo XX. Pero,
también surgen, en el tiempo que circunda los festejos del Centenario,
nuevamente los generalistas. Son éstos los que cuestionaron la inmigración en
general o determinada inmigración. "La primera década de este siglo, -dice
Zimmermann- la inmigración masiva no dejaba de sugerir profundas dudas en
torno al concepto de identidad nacional, fue el marco de una oleada de
sentimientos nacionalistas que se expresaron en la educación, la literatura y la política,
y que se aceleraría en los años siguientes. El socialismo no estuvo exento de
esta influencia, como quedó demostrado en los conflictos internos que
culminarían
con la separación del partido de Manuel Ugarte y Alfredo Palacios"82.
En efecto, esos sentimientos nacionalistas, esa idea
de identidad nacional en peligro, involucró a toda la dirigencia política e
intelectual. No siempre la historiografía de este período destaca, como lo
hace el autor citado, la penetración de dichos sentimientos en un amplio
espectro político e ideológico de la época. Lo hace, en parte, Botana en el
análisis de El orden conservador, cuando sostiene que hacia el Centenario se
advierten "signos o advertencias" de los publicistas ante una
situación confusa, producto de un mundo contradictorio, previas citas de
Rivarola y de P.Torello83.
Elena Piñeiro también, en tanto se funda en Zimmermann, aunque luego insista
solamente en Ricardo Rojas y Manuel Gálvez, como precursores del nacionalismo
argentino84. Halperin
Donghi, por su parte, más que de sentimientos nacionalistas, se refiere a la
xenofobia "como un argumento apologético en defensa de un orden en torno
del cual el consenso se hace cada vez menos seguro". Tampoco engloba a
toda la dirigencia política. Hace distinciones entre un rechazo al inmigrante
y la xenofobia agresiva. En el caso del socialista Juan B. Justo o del
positivista
José Ramos Mejía, no serían xenófobos porque supuestamente querían los
asimilables. Mientras que a Ricardo Rojas y a Manuel Gálvez, los encolumna en
el nacionalismo xenófobo y agresivo85.
En realidad, pueden ser distintas las filiaciones
ideológicas o políticas, pero son convergentes a la hora de analizar la
inmigración, la identidad nacional y la educación para lograr la asimilación.
Ramos
Mejía, dice sobre los inmigrantes: "la primera generación del inmigrante,
la más genuina hija de su medio que comienza a ser, aunque con cierta vaguedad,
la depositaria del sentimiento futuro de la nacionalidad, en su concepción
moderna naturalmente". Sin que ello signifique, como dice Halperín
Donghi, que no siga percibiendo la superioridad cultural y moral de los niños
formados "en la modesta penumbra del hogar de abolengo"86.
Agustín Alvarez, en una filiación ideológica
similar, expresa respecto de la educación: "La república americana ha
comprendido -dice Renán- que la educación intelectual y moral va por tres
cuartos y más aún, en la formación del hombre y que trabajar en la instrucción
y en la educación de los ciudadanos, es crear valores a la patria"87. Carlos Pellegrini, inscripto
en ese orden conservador de Botana, se refiere a la necesidad de adoptar una
educación fundada en principios morales, porque "la nacionalidad y el
amor a la patria no son más que una ampliación del amor a la familia y al
hogar"88. Ricardo
Rojas, precursor del nacionalismo, propone una enseñanza moral que "despierte
en su espíritu el sentimiento del individualismo religioso... [y] afirme
la conciencia de la nacionalidad"89.
Por supuesto que la moral puede ser laica o
religiosa, según las filiaciones de los autores, pero estas transcripciones
son significativas por sus similitudes y prueban la conmoción producida por la
inmigración masiva arribada. Por otro lado, se destaca la idea de educar
moralmente a los argentinos y a los extranjeros para fortalecer a la Patria,
porque ésta es una preocupación que persistirá en el período que interesa.
Junto a la idea sobre la necesidad de educar
moralmente a la población, con el fin de asimilarla, está la idea del
mejoramiento de la calidad, desde la perspectiva del darwinismo social.
1.
El
darwinismo social a principios de siglo
Desde que se piensa en la población argentina se
hace hincapié en su calidad. La primera solución, como se vio, era
transplantando pedazos vivos de la Europa civilizada. Hacia la década de 1870,
comienza el reinado intelectual de Spencer y perdura hasta muy avanzado el
siglo XX. Si Sarmiento decía que con Spencer se entendía, porque andaban por
el mismo camino90, no menos
transitado estaba ese camino, por los especialistas que lo citan, los
higienistas, juristas, médicos, intelectuales en general. Junto a Spencer,
están Darwin, Malthus, Le Bon, Lombroso, Ferri, Sergi, Colanjanni, en un
trasvasamiento de fronteras disciplinarias que van desde la demografía, la
sociología, la criminología, la medicina, el derecho, en las que el tema de la
"raza" y la "eugenesia" es central. Autoridades con las
que intentan interpretar ese aluvión europeo que, por momentos, los
desconcertaba, ante las situaciones conflictivas producidas en la primera
década del siglo.
No nos detendremos en el pensamiento de los
argentinos que absorbieron esas ideas, genéricamente denominadas del darwinismo
social, el positivismo. En primer lugar, ya tiene sus análisis en el período
anterior a 1930, desde la perspectiva social91,
o desde las figuras principales, como Ingenieros, Agustín Alvarez, José María
Ramos Mejía, Carlos Octavio Bunge, entre otros92.
En segundo lugar, porque en la segunda parte, se destacará específicamente
este aspecto. Aquí, cabe aclarar que autores que se tratarán allá como Alfredo
Palacios, Gregorio Araoz Alfaro, Alejandro Bunge93, tienen su actuación en esta
época y se inscriben en estas ideas, porque como bien dice Zimmermann, el
enfoque eugenésico y el de raza "cosechó adeptos en todo el espectro
ideológico"94. Pero sí
interesa hacer referencia a algunas ideas que servirán de precedentes a las
ideas del período que interesa.
Haciendo una síntesis del período y de los autores
más representativos, dice Plácido A. Horas: "en estos años (fines y
principios de los siglos XIX y XX) el positivismo argentino comienza a dar
frutos más delicados. Encuentra su sostén en un determinismo legalista, pero
acepta una peculiar psicología sin espíritu y una sociología pragmática, que
partiendo de la observación de los hechos, iba a construir con esa empiria una
cartilla moral y una posibilidad de predicción de los sucesos, para evitarlos o
derivarlos hacia el estado de mayor conveniencia. En forma clara aparecía aquí
el lema comteano de "ver para saber, saber para obrar y obrar para prever".
"Ya era un sistema exclusivo y poderoso. Se
pensaba en tono positivista. Ramos Mejía reproduce los criterios spencerianos
en su Historia del federalismo argentino; Agustín Alvarez sostiene un moralismo
laico en sus trabajos; Carlos Octavio Bunge caracteriza la psicología colectiva
del continente. Se funda la Facultad de Filosofía y Letras, bajo la advocación
del maestro del evolucionismo. Aunque sin clausurar la casa a otras
preocupaciones
ideológicas, privan todas las formas positivistas..."95.
En efecto, Ingenieros, el biografiado por Horas,
nacido en 1877, hijo de un emigrante italiano, socialista, recibido de médico,
había absorbido ese clima intelectual. Por ello, en Sociología Argentina,
expresará su concepto de raza en esta forma: "hablamos de raza para
señalar una sociedad homogénea cuyas costumbres e ideales permiten
diferenciarla de otras que coexisten con ella en el tiempo y la limitan en el
espacio". Y cuando prologa el libro de Sarmiento, sobre las razas,
incorpora
la influencia del medio considerando que "La formación de la nacionalidad
argentina -y de todos los países americanos, primitivamente poblados por una
raza inferior- es, en su origen, un simple episodio de la lucha de razas y de
la adaptación de éstos a las condiciones geográficas de la naturaleza física.
En la historia de la humanidad podría figurar en el capítulo que estudiara la
expansión de la raza blanca y la progresiva preponderancia de su
civilización"96.
Más contundente es cuando defiende la ley 4144 de
Residencia, y "objete las disposiciones tuitivas del indio", en esta
forma: "El indio a que la ley se refiere no se asimilaba a la civilización
blanca: no resiste nuestras enfermedades, no asimila nuestra cultura...la lucha
por la vida lo extermina. La cuestión de razas es absurda cuando se plantea
entre pueblos que son ramas diversas de la misma raza blanca, pero es
fundamental
frente a ciertas razas de color, absolutamente inferiores e inadaptables. Su
protección sólo es admisible para asegurarles una extinción dulce; a menos que
responda a inclinaciones filantrópicas semejantes a las que inspiran a las
sociedades protectoras de animales. Este criterio, puramente científico, no
concuerda con el de algunos sociólogos sentimentales"97.
Para Agustín Alvarez, la raza, más que el medio, es
determinante, apoyado en Sergi dice: "si la llamada raza no es nada, los
italianos en América deberían resultar tan poderosos como los escandinavos y
los alemanes del norte y las repúblicas del Sud de América deberían tener desarrollo
civil y riquezas como aquella colosal de los EE.UU. del norte. Pero, (agrega
Alvarez) los italianos, polacos, irlandeses, se conducirán en norte América
como tales italianos,... mientras dura el entendimiento italiano,...con que
han desembarcado"98.
José María Ramos Mejia, era médico psiquiatra,
maestro de Ingenieros, "embebido -dice Villaverde- en las ideas de Darwin,
Spencer, Haeckel, Taine, Macaulay, Ferré, Le Bon... y adscripto a las leyes de
la selección de la especie humana..."99.
Ese clima ideológico persiste incluso ante el
decaimiento de las corrientes migratorias, como se verá a continuación en el
análisis de una encuesta de 1919 sobre el tema. En la década de 1930, esos
mismos principios se aplicarán a la población nativa, no sólo a los
extranjeros.
2.
La
encuesta a la dirigencia argentina sobre inmigración
Como consecuencia de la Primera Guerra Mundial
prácticamente se suprimió la inmigración (ver Figura 2). A propósito de esa
situación, el Museo Social Argentino, organizó una encuesta, respondida por
un significativo número de personas que integraban los cuadros dirigentes del
país en los ámbitos político, social, cultural y económico100. No se hará el análisis
completo de esta encuesta por haberla tratado ya101 pero sí, interesa compendiar
las conclusiones de ese trabajo, como el de Diego Armus que también la estudia.
La encuesta dispuesta por el Museo Social, intenta
conocer la opinión de la clase dirigente argentina, sobre el problema
migratorio mundial y nacional. Y, por lo mismo, está dirigida a generalistas y
no a especialistas. Lo hace, a través de siete preguntas102, que se pueden circunscribir
a tres aspectos: a) Por un lado, le interesa al Museo, saber qué opinan los
encuestados sobre la situación emigratoria europea después de la guerra. Si
estimaban que se reanudarían los grandes flujos migratorios anteriores a la
guerra o no. b) Inquiere sobre la situación argentina y su capacidad receptora
de inmigrantes, tanto en cantidad, como en calidad. c) Como compendio de las
otras dos, pregunta sobre la política a implementar para llevar a cabo el
objetivo de aumentar la población a través de la inmigración.
Evidentemente hay matices diferenciales en cada una
de las respuestas. No obstante, en el trabajo mencionado, se las ha concentrado
en tres grupos, para cada uno de los temas.
a) Respecto de las migraciones al finalizar la
guerra, están los que piensan (Ruiz Moreno, Moreno Quintana, Unsain, entre
otros) que habría una gran emigración europea, volviendo a los flujos
anteriores, como consecuencia del deseo de dejar atrás las tremendas secuelas
de la guerra, la devastación económico-financiera y de orden moral que le
seguiría en la postguerra. Es decir, el factor esencial de la disminución de la
inmigración, era la guerra. Desaparecida ésta, todo volvería a la normalidad.
Otros, (Alejandro Bunge, Emilio Frers, Juan José
Díaz Arana) por el contrario, piensan que disminuiría el flujo de extranjeros,
a causa de las medidas restrictivas a la emigración que adoptarían los países
europeos, asociada a la adopción de mejores condiciones sociales en general y,
sobre todo, pensando que los factores de atracción de la Argentina, no eran
suficientes para lograr volver a las corrientes anteriores. Tienen el
convencimiento,
al igual que Franklin y Walker, vistos en el Capítulo II, que los factores de
atracción, es decir la situación de los países de inmigración, son decisivos
para explicar las corrientes, más que los factores de expulsión. Por ejemplo,
Díaz Arana, director de seminarios en la Facultad de Derecho, según se verá en
la segunda parte, decía: "Forzoso es convenir que el país no ofrece por
el momento mayores alicientes a las clases trabajadoras extranjeras. El
lento crecimiento de la agricultura en los últimos años, el malestar agrario,
la suspensión de obras públicas, ... no son factores que atraigan a los
trabajadores de otros países por mala que sea la situación en que estos se
encuentran"103.
En realidad, las figuras expuestas, muestran un
sincronismo tal entre las curvas de inmigración total recibida por la
Argentina y la emigración total salida de Europa, por una parte, entre la
inmigración neta en el país y la inmigración neta en los EE.UU., por otra, que
cuesta creer que la situación argentina haya ejercido una influencia especial
sobre esa masa humana que se movilizaba entre Europa y América. Tal vez podría
llegar a decirse como hace Gini, en el afán de conciliar la teoría americana
con la europea, que existe un "equilibrio social" entre ambos
continentes104. Más aún, se podría decir que
existe un equilibrio entre las dos Américas como se comprueba en las Figuras 2
y 3.
Esta posición equilibrada es la que postulan Enrique
Lynch Arribálzaga, Tomás Amadeo, Enrique Ruiz Guiñazú, dado que combinan los
factores de expulsión como los primeros, con las factores de atracción de los
segundos. Parafraseándolo a Wrong, se puede decir que asocian "las
penurias económicas en el país de origen con la atracción de una oportunidad
económica en el país de destino"105.
b) Esta segunda cuestión, interesa más a los fines
de esta tesis, porque señala un antecedente importante, para la postura sobre
inmigración después de 1930, que se ha caracterizado como europeizante y
racista, porque siguiendo los postulados esenciales de las ideas de la
generación de 1837, la reformulan, en especial, en los puntos, en que esas
ideas, no fueron debidamente contenidos en la legislación posterior.
El objetivo de poblar el país sigue tal como lo
planteaban en el siglo XIX. Lo demuestra la misma Encuesta del Museo que
aparece cuando declinan los flujos migratorios europeos. Se mantiene la idea
mercantilista de que a mayor población mayor grandeza. Perdura la idea de ley
universal para analizar los problemas poblacionales. "Es ley -dice Antonio
Fernández- que allí donde la población crece, crece también la riqueza y el
bienestar general (...) Los que siguen la teoría de Malthus, como Juan Stuart
Mill y otros, llegan a la conclusión de que, siendo limitados los recursos de
la naturaleza, un aumento ilimitado de la población trae consigo primero
miseria y luego la muerte (...) Felizmente, ni los hechos ni las opiniones de
otros economistas no menos afamados (Henry George), confirman esas
doctrinas"106.
Pero, si ese objetivo sigue en pie, es precisamente,
porque no lo ven realizado. "Alberdi sintetizó (...) "gobernar es
poblar" -dice uno de los encuestados- y hoy como en el tiempo de Alberdi,
el problema está sin solucionar y apenas planteado"107.
Desde el punto de vista demográfico: reconocen que
hubo aumento de población gracias a esa política, pero algunos estiman que no
en la medida adecuada (Fernández) o que no estuvo bien distribuida (Cárcano) y
para otros llegó, por momentos, a ser excesiva (Lestard, Díaz Arana)108.
Desde el punto de vista étnico, en las frases que se
exponen se verá la permanencia del darwinismo. Para unos, se había logrado
"robustecer la raza" (A.Fernández); "mejorar el ganado
criollo" (Gschwind); para otros, no había venido más que "la resaca
de aquellas viejas y corrompidas sociedades latinas, cuya malsana influencia
se trasunta hoy en nuestros propios vicios y defectos" (Carlos
Fernández); sin embargo, con "inmigrantes de malas condiciones en
general, sin capital ni oficios, ni cultura, ni moral, hemos engrandecido la
República" (Máspero Castro)109.
En estos años, se esgrimió también la "teoría
del equilibrio", dice Imbelloni, porque a diferencia del siglo XIX, se
prefería la inmigración española para neutralizar el predominio italiano.
Incluso dentro de este país estaban los deseables del norte de Italia y los
indeseables del sur de Italia. "Entrada la segunda década del siglo XX
-dice Armus- la imagen más difundida de los italianos parecía no poder tomar
distancia del estigma de la pobreza. Ello distaba de ser una arbitrariedad ya
que la inmigración italiana tardía, la que venía del Mezzogiorno, era una
pauperizada mano de obra rural. (...) Las opiniones de la defensa social
destilaban los dos términos de una sugestiva tensión: o bien se trataba de un
grupo nacional portador de las ventajas raciales de los blancos o bien no eran
más que otra franja integrada al condenado espacio de las razas inferiores y,
por lo tanto, diluida con los ´indeseables´(...) se sugiere de la mano del
racismo más abierto lo ´impropio´de la emigración judía y también de la
medioriental, se recrea la imagen de los europeos del norte como ejemplo de
asimilación y garantías de progreso"110.
Después de 1930, todos ellos serán preferibles a los eslavos, polacos, yugoslavos,
balcánicos, como se verá.
En efecto, de las respuestas enviadas, dos prefieren
las "razas" latinas solamente. Diez, las aceptan junto con los
anglosajones y tres, mantiene la idea alberdiana de atraer a los nórdicos,
germanos y anglosajones solamente. Por ejemplo I.Ruiz Moreno dice: "sin
desconocer las grandes condiciones de la raza latina, (...) considero
especialmente deseables atraer anglosajones, escandinavos, finlandeses,
holandeses, belgas, suizos, alemanes, austro-húngaros, y las provincias
francesas y españolas vascongadas... En nuestro país necesitamos más espíritu
práctico y disciplina, y dadas las características psicológicas de esas
naciones, pienso que el aporte de fuertes contingentes de esas nacionalidades,
significará la incorporación ..., de apreciables elementos que actuaran con
eficacia sobre nuestra modalidad...". O, como decía, Otamendi
"Superioridad de la civilización europea sobre otras grandes razas
humanas. Por los hábitos democráticos, de asociación, de empresa..., la que
proviene de Suiza, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Suecia y Noruega"111.
Son traslúcidos los objetivos sociales, culturales y
políticos que los inspiraba. Ese tipo de nacionalidades, igual que en el siglo
XIX, serviría para aculturarnos, para modificar la idiosincrasia del pueblo
argentino, en una palabra, "mejorarnos". Es verdad, que un grupo,
aunque pequeño, señalará como objetivo la homogeneidad y prefiere los pueblos
de lengua latina, igual a los ya incorporados a la Argentina (Pellet Lastra, Moreno
Quintana). Pero en todos, sobresale una fuerte connotación racista. Se habla de
"razas civilizadas", "superiores". Solo tres, Emilio
Frers, J.J. Díaz Arana y Lynch Arribálzaga, no tienen prejuicios raciales, dan
cabida a "todas las razas, todos los colores, todos los tipos de
civilización" (Lynch A.). Incluso Frers y él, son los que aclaran y no
confunden los términos: raza y nación112.
En cuanto al orden económico, se hacen todas las
advertencias que se vieron, referidas a la concentración urbana, a la falta de
arraigo a la tierra, la excesiva oferta de trabajo, etc.. Se insiste en la
Argentina agrícola-pastoril, la gran mayoría de los encuestados prefieren los
agricultores en detrimento de los obreros industriales. Un 10 % de las
respuestas
pretenderá el cambio de estructura productiva introduciendo obreros
industriales113.
El pensamiento argentino sobre la inmigración en la
década de los años 20 y desde principios del siglo, no concordó con el
movimiento migratorio registrado, como lo demuestra la preferencia por
nacionalidades
que nunca habían llegado en número significativo y que tampoco llegó después
de la guerra. Tampoco, se advirtieron los profundos cambios que había producido
la guerra y por lo tanto,los objetivos reseñados no podían llegar a cumplirse
en estas tres primeras décadas del siglo XX. Pero, sí sirvió de fuente
doctrinaria, aunque difusa, de los proyectos de ley presentados en ese tiempo,
con el objeto de modificar la ley 817, por entender que ésta no había establecido
suficientes medidas de control, ni selección de los extranjeros convenientes
para el país y, en gran parte, se proyectará al período anterior y posterior
a la Segunda Guerra, como se verá en la tercera parte.