CAPÍTULO VI

LA IDEA POBLACIONISTA Y DE ÓPTIMO

 

 

I. ALCANCE Y LÍMITES DE LA IDEA

 

Los autores del período que se aborda, siguen, como en el siglo XIX, pensando que la Argentina necesitaba más y mejor población. Se diferencian del pensamiento decimonónico y de las dos primeras décadas del presente siglo, porque si bien también consideran que ese objetivo se cumplía con la inmigración, su idea se va a centrar preferentemente en cómo mejorar el crecimiento vegetativo, en calidad y en cantidad, presionados por las fuentes teóricas europeas y por los datos del movimiento vital argentino que les evidencia el descenso del crecimiento vegetativo.

Dado que su intención, en última instancia, es dar las bases para una política demográfica, aunque ésta se haya limitado a dar las ideas y no siempre lograron su concreción, corresponde decir que tienen claro las dos grandes formas que adopta una política demográfica: la poblacionista y la antipoblacionista, la conciente y la inconsciente, según las definen Sauvy, Landry, fuentes del pensamiento de los autores. En ese sentido entienden que dichas políticas pueden tender a aumentar o no su población o a mejorar su calidad en función de determinados fines, vinculados a los objetivos del Estado en el orden económico, del bienestar, respecto de la idea de poderío o de grandeza1. El título de este capítulo expresa la posición en la cual se adscribe la mayoría, la poblacionista, salvo rarísimas excepciones, y que dicha política debía ser conciente, es decir, explicitarse, no influir genérica e inconcientemente sobre la población como, salvo la inmigración, había sido en la Argentina hasta ese entonces. El que debe hacerla conciente, explícita, es el Estado.

La idea de la acción del Estado sobre la población, tiene sus grandes matices, como se anticipó en el capítulo anterior, pero la constante es que todos están repensando las funciones del Estado. El grado de amplitud de esas funciones no depende de la posición política partidista, sino más bien del marco teórico e ideológico de los autores dado por la mayor o menor adscripción al darwinismo social, a Spencer o a Galton. Pero ninguno está pensando en un Estado prescindente de las cuestiones sociopoblacionales. Como mínimo, le otorgarán al Estado la facultad de influir, a través de la educación, sobre los valores morales para acrecentar el crecimiento vegetativo, lo máximo, es concederle el poder de impedir el matrimonio por razones eugénicas.

Detrás de esa concepción, están los límites de la idea poblacionista. El pensamiento, cuantitativamente hablando y desde una visión general, corresponde caracterizarlo como poblacionista, en tanto considera a la Argentina subpoblada y desea que se acreciente su población. Pero el tema de la calidad, acota la idea. No todos pretenden un aumento indiferenciado de la población, se pretende que aumenten los considerados mejor dotados, los superiores, tanto desde el punto de vista social como del "racial". Esos límites a la idea poblacionista, serán tratados en los capítulos correspondientes al crecimiento vegetativo y al inmigratorio, en éste solamente se lo deja planteado.

Este capítulo, circunscripto a destacar las ideas poblacionistas, se centrará fundamentalmente en la noción de población óptima y como tal vinculada a la idea que tienen sobre la acción y fines del Estado respecto de la población. Por ello, se hará hincapié en el grado de conocimiento que tienen sobre la teoría del óptimo en sí, de la composición numérica de la población argentina y cuál era su idea de la vinculación Estado-población. 

 

II. LA TEORÍA DEL ÓPTIMO EN LA ARGENTINA     

 

"A principios de siglo, cuando se dio expresión sistemática al concepto de población óptima, los autores consideraron que se había encontrado la solución definitiva para el problema de la población, al menos en teoría, y que la única dificultad consistía en aplicarla en la práctica. Este criterio quedó pronto desmentido, ante todo por ser contrario a los hechos".

ALFRED SAUVY, Teorías de la población2.

 

Son pocos los autores que comentan la teoría del óptimo tal como se vio en el segundo capítulo. Lo hacen González Galé y Gino Arias. Raúl Prebisch también, pero escapa al período considerado. Marcelo Pagano, sin referirse a la teoría en sí, suministra todo el marco filosófico doctrinario en la que se inspira.

 

A. Como problema económico de las naciones según González Galé

 

González Galé, el principal expositor de esta idea, escribe en 1945 "El problema de la población" [22]. Es un compendio de las distintas teorías sobre la población en el mundo, y un trabajo comprensivo de sus dos anteriores escritas en 1940 [24] y 1944 [23].

El problema central de su obra de 1945, es la teoría del óptimo, aunque sea tratado específicamente en el último capítulo. Lo es porque en la introducción divide en dos las raíces del pensamiento demográfico: los que provienen de la economía de los que provienen de la biología. Este pensamiento es importante en tanto señala su filiación disciplinaria, que es la economía. Por ello, al tratar la teoría del óptimo se adhiere al planteo económico de Fairchild en tanto relaciona la población a un nivel o standard de vida determinado y no al óptimo cualitativo que, con buen criterio, lo hace depender de los planteos biológicos.

Las ideas de González Galé referidas al óptimo tienen dos aspectos: uno internacional y otro nacional.    En el primer aspecto, plantea como hipótesis la posibilidad de que el mundo fuera una unidad y en ese sentido considera la posibilidad de la sobrepoblación o subpoblación a nivel mundial. Desecha esta hipótesis y por lo tanto la teoría del óptimo a nivel internacional, como inaplicable, por cuanto entiende que "mientras los sentimientos humanos no sufran una honda transformación, que no se vislumbra (no puede) llegarse a considerar el mundo como una unidad, donde los que tropiecen con dificultades para vivir en una región puedan trasladarse libremente y sin trabas, a otra cualquiera; donde la palabra hombre signifique hermano; donde no se


carezca de pan en un rincón mientras se pudre el trigo en otro"3. Esto último en directa referencia a las cosechas de trigo de Argentina, Canadá, Estados Unidos, Australia que no se podían ubicar, mientras, como dice, treinta millones de hombres carecían de pan.

 La idea de González Galé se enmarca en la época de auge del Estado-nación, encuadrado en nacionalismos fuertemente arraigados y muy lejos de la idea de globalización actual. Es indudable, que la globalización, ha despertado también marcados nacionalismos4, pero a diferencia de aquellos tiempos, no con un criterio tan aislacionista, sino con un criterio por un lado destructor del Estado-nación y por otro, más integrador a un orden mundial. Sobre todo, se está despertando el convencimiento de que más allá de los propios intereses nacionales, más allá de los deseos aislacionistas que puedan existir, las naciones se encuentran ante el dilema de comunicaciones, relaciones económicas, poblacionales internacionales que las avasallan por sobre sus intereses y sus fronteras. Un ejemplo lo dan y lo dieron en el pasado las corrientes migratorias entre continentes que ponen y pusieron en evidencia que, más allá de las naciones, se consideró el mundo como una unidad que podía acoger a hombres de otras pertenencias nacionales.

González Galé no advierte, lógicamente, esta problemática actual, ni pensó que las corrientes migratorias europeas del siglo XIX,  hacia la Argentina y otras partes del mundo, concibieron el mundo como unidad, lo cual explica el volumen de los flujos migratorios que modificaron las estructuras poblacionales de Argentina, EE.UU., Canadá, Australia, etc. Pero como él rechaza considerar la teoría del óptimo a nivel mundial, al momento de describir las teorías de Fairchild y de Gini, no hace una crítica a fondo de la teoría, ni advierte su aplicación concreta, ni la posibilidad de llegar a aplicarse en unidades menores, como las naciones, ni las implicancias políticas y económicas de esta teoría.

Esa es la razón, por la cual dice: "eliminada la hipótesis de que la tierra sea una unidad, cabe ya considerar que ‑en un lugar determinado de ella‑ sea un peligro la oligantropía: la insuficiencia de hombres. En nuestro país, sin ir más lejos. Y aquí nos sale al paso un concepto moderno, que presenta gran interés: el de la población óptima: óptima en este caso, se refiere no a la calidad, sino a la cantidad. En realidad fuera mejor decir:

densidad óptima"5. Es decir, adhiere a la teoría, y especialmente a la expuesta por Fairchild, en tanto considera que es aplicable el concepto de subpoblación o infrapoblaciòn o como él dice una situación de oligantropía a la Argentina.

Del párrafo transcripto se desprende que se adscribe a la teoría de Fairchild, esbozándole una velada crítica. Dicha observación, no es de su propio pensamiento y constatando que no se aplica a la Argentina u a otro país, como hace Sauvy, sino remitiéndose a la posición de los italianos. Así dice: "se objeta que, si bien puede discernirse fácilmente cuándo hay defecto y cuándo hay exceso de población, no por ello es lícito deducir que, entre una y otra posición, hay necesariamente un punto, (...) correspondiente a la población que se ha llamado óptima".

"Se pretende ‑agrega‑ que todo el aparato científico que viste esa teoría no tiene más objeto que el de consolidar la posición actual de los pueblos del globo, con evidente ventaja para los anglosajones ‑inventores de la teoría‑ y cuya fuerza expansiva se ha agotado antes que la de otros pueblos más jóvenes o menos gastados"6.

Es muy velada la crítica, y en realidad él no la comparte, por cuanto su intención es analizar la posición de los italianos, en especial del que considera la cabeza de esta idea que es Corrado Gini y la de los alemanes. Por ello hace una acerva crítica a Gini, diciéndole que detrás de un análisis aparentemente científico hay connotaciones políticas. "Las preocupaciones de índole particular y política que ‑vestidas con el severo ropaje de la ciencia‑ aparecen en el libro de Gini, se hallan más crudamente expresadas en un libro de pequeño volumen, pero altamente sugestivo, titulado "Regresso delle nascite: morte dei popoli", del escritor bávaro Ricardo Korherr"7.

Entiende que la posición de ambos es ante el peligro de la disminución de "la raza blanca", incluso cita a Mussolini como un antimalthusiano, propulsor de una población numerosa, pero condena a estas ideas porque considera que no tiene "visos de seriedad" sino que "responde a un bien organizado sistema de propaganda... para desatar en el momento oportuno, una guerra que parezca impuesta por las circunstancias"8.


No obstante su crítica a los italianos y alemanes, producto evidentemente del momento en que escribe su obra, al filo de la terminación de la Segunda Guerra Mundial y, por lo tanto, sus ideas están presionadas por esta circunstancia, él en obras anteriores tiene un pensamiento similar, aunque insista en la crítica a Gini. Así en 1939 decía: "no queremos grandes ejércitos ‑esperamos no necesitarlos‑. Pero nos hacen falta brazos para valorizar las inmensas riquezas que guarda el suelo argentino".

Y agrega: "no es admisible (que la baja natalidad argentina), se atribuya a causas biológicas ‑de acuerdo a las teorías de Gini‑ Causas externas y temporarias son las que actúan"9. En 1944 insiste en la teoría del óptimo sin citarlo a Fairchild, pero vuelve a describir su teoría y a aceptarla diciendo: "Son teorías, claro está, nada más que teorías. Pero lógicamente formuladas y que, sin una norma fija de conducta, marcan rumbos bien orientados, trazan límites que no es prudente traspasar, sirven de brújula en medio de la ruta"10. Ruta, que evidentemente, él desea que conduzca al crecimiento poblacional de la argentina.

            Se advierte en las ideas de González Galé, contradicciones, por cuanto adhiere a una teoría, considerándola científica, sin advertir que está dentro de un marco ontológico, político y económico, que tiende en definitiva al control de la natalidad, a impedir la inmigración, a frenar en síntesis el crecimiento de la población, aspectos opuestos a su propio pensamiento que es el de aumentar la cantidad y calidad de la población argentina. Por otro lado, cuestiona las teorías italianas y alemanas, a las que considera no científicas, influidas por ideologías políticas, sin comprender que es más coincidente con sus ideas que la anglosajona. Esta incoherencia entre lo que se supone teórico, la realidad poblacional argentina que se analiza y las ideas argentinas, se reitera en otros autores. 

Raúl Prebisch hace la crítica a la teoría anglosajona que le faltó hacer a González Galé. Pero también considera que los problemas de orden económico presionan sobre la población. Su mayor objetividad respecto de esta teoría se debe a que no estaba presionado por la coyuntura internacional, por cuanto lo escribe en 1926. Por ello puede hacerles una crítica metodológica y epistemológica. Divide las teorías demográficas en dos: las experimentales que son verdaderas "si concuerdan satisfactoriamente con la realidad" las otras que "alejándose de los fenómenos concretos, obtienen su aprobación si están de acuerdo con nuestros prejuicios ... Este último carácter reviste la famosa teoría de Malthus... (y concluye): "se cae en una verdadera logomaquia cuando en las ciencias sociales se busca afanosamente las "causas" de ciertos hechos que forman parte de un complejo de fenómenos ligados entre sí por relaciones de interdependencia"11.

Con ese criterio analiza la teoría del óptimo en Wolfe y de Harold Cox ubicándolos a ambos dentro del neomalthusianismo y lo define así: "son los que predican la restricción artificial de la natalidad, para evitar la superpoblación relativa, o sea el exceso de habitantes, no con respecto a la extensión del país o sus riquezas potenciales, sino a la producción y las condiciones de existencia actuales. Según estos ideólogos la superpoblación amenazaría con deteriorar el tenor de vida"12.           

No obstante, todo ese análisis crítico, aclara que deja su posición objetiva para referirse a la población argentina, por ende, está diciendo que aplicará todos sus juicios de valor. Así lo evidencia cuando compara la Capital Federal con el resto del territorio nacional. En éste "no existe aún esa cohesión civilizadora que resulta de una mayor densidad de la población, de un contacto más estrecho entre los hombres"13.

Concretamente pese a la critica que hace a Malthus, en un principio, termina adhiriéndose a él cuando dice: "el obstáculo es de naturaleza económica. Lo que nos demuestra que en el fondo, el pastor Malthus tuvo razón, pese a todas las inexactitudes y deficiencias de su mentada teoría"14.

El concepto de civilización que utiliza Prebisch, aunque él no lo explique, es similar y coetáneo al de Gordon V.Childe, en tanto se equipara lo urbano, la ciudad, a lo civilizado15. O si se prefiere es similar al aforismo de Sarmiento "civilización o barbarie". Es una adjetivación cuestionable. El término "civilizadora" que califica, según Prebisch, a la Capital Federal, en definitiva responde más a las ideas neomalthusianas, que la "barbarie" en el resto del país. Si por tales ideas se entiende la tendencia a disminuir los índices de natalidad juntamente con un mayor aumento de los indicadores económicos de bienestar, y sobre todo como una necesidad que así se proceda. No se entiende el concepto de civilización, como dice Octavio Paz como "un sistema de valores, un mundo con formas y códigos de conducta, principios y costumbres, reglas y excepciones"16, pero que no son ni mejores ni peores, son diferentes según la sociedad de que se trate. Por ahora se deja señalada esta contradicción, o mejor dicho este estereotipo que se reitera en otros autores.

 

B. El óptimo como teoría pseudocientífica, malthusiana e inmoral según  Gino Arias 

"Hoy también la teoría de Malthus tiene partidarios, sobre todo en los Estados Unidos. Se llama la doctrina del "optimum de población", o sea del mejor reparto de la población, siempre según el concepto de Malthus"17.

Concretamente se refiere a la teoría expuesta por Fairchild. La describe y concluye que es arbitraria. Lo interesante de su crítica es que le observa su falta de precisión como teoría científica, al no considerar el "óptimo" a nivel individual, nacional e internacional. Respecto de su análisis a nivel nacional, le apunta que deja en penumbras "los aspectos políticos sociales del problema", y que éstos responden al interés de cada nación. Y en el caso del interés individual, expresa que "con respecto al porvenir, se vuelve interés de la especie ... mientras, según Fairchild, el "optimum de población sería rigurosamente individual y simplemente utilitario"18.

Su esquema de análisis crítico hacia la teoría anglosajona y a sus representantes en la Argentina está fundado como dice "en las límpidas enseñanzas de la Iglesia Católica". Esa es la razón por la cual sus ideas guardan una coherencia mayor. Las ideas de Gino Arias no se conflictúan entre sí como en los casos ya analizados. Por mantenerse en el pensamiento social de la Iglesia, utilizado como sistema de análisis, le es sencillo apuntarle a la teoría anglosajona del óptimo las incoherencias que tiene. Por ejemplo, al reseñar a Ernesto Nelson quien dice: "Hay que hacerse a la idea de que la baja natalidad es consustancial con la cultura y la dignidad del hogar"19 le advierte que mejor sería luchar por la justicia social. Y al hacer propuestas para la Argentina insiste en un crecimiento vegetativo, más que en el inmigratorio, en tanto éste sin un simultáneo crecimiento vegetativo, puede convertirse en peligro, porque no se respetarían las conductas políticas, sociales, morales y económicas ante un reemplazo de la población de base. Asimismo guarda coherencia en las fuentes y citas que expone para avalar su posición: en el extranjero se remite al Código Social de Malinas, a Adolfo Landry, a Bernard Lavergne y en la Argentina a Alberto Rougés, a Alejandro Bunge y a Monseñor Franceschi.

 

C. Como principio universal para asegurar la libertad del hombre, según

     Marcelo Pagano

 

El planteo del óptimo en Pagano no está influido estrictamente por los teóricos de ese concepto, pero sí está expresado en forma implícita, al fundar su pensamiento en profusas fuentes de la psicología, la sociología, la historia, la filosofía política, que sirvieron de basamento a las teorías del óptimo.

Su unidad de análisis es la tierra, no la Argentina. "El hombre ‑dice‑ debe ajustar sus exigencias a los limitados recursos del planeta... La población en aumento en todo el mundo no puede dejar de afectar por sus consecuencias a todas las naciones que por los adelantos modernos se ven ligadas de mil maneras; es de interés universal disminuir


una tensión demográfica que está provocando explosiones bélicas cada vez más violentas y extensas"20.

            Los aspectos económicos de su idea de óptimo están centrados en Charles Guide en el sentido que no marchan en forma paralela el aumento de la riqueza social con el aumento de población, entendiendo que en cada región debe haber un óptimo en el cual conviene mantenerse.

En el aspecto biológico demográfico se funda en Gini, para quien existe una degeneración de la facultad generativa del hombre, especialmente en los pueblos endógamos. No hace un estudio profundo de Gini, ni observa en esa idea la necesidad de permitir las migraciones como forma de evitar esa degeneración. Pero, lo interesante de la posición de Pagano es que la estructura de su pensamiento está inspirada por la idea de ciclos en el género humano, en las civilizaciones, en las culturas. 

Eso se prueba en su recurrencia al pensamiento que proveniente de diferentes disciplinas, tiene la característica de ser cíclico, es decir son teorías cíclicas tanto relacionadas a la demografía, a la historia, y a la filosofía. Por esa razón cita a Pitirim A.Sorokin "la crisis de nuestra era"; a "los ciclos históricos de Vico y análogas ideas de Oswald Spengler" en su "Decadencia de Occidente" y a Gini en su Teoría cíclica de las poblaciones; a Hegel en tanto se refiere a la recurrencia de la tesis, la antítesis y la síntesis. Por ello, en el tema que nos ocupa insiste en la idea de que "las discusiones del problema demográfico, en la parte fundamental que es la reproducción incontrolada, choca contra una tendencia natural a no analizarlo y llegar a sus últimas conclusiones. Y más extraño aún es que el hombre moderno proclame un futuro de felicidad, condicionado por adelantos técnicos cada vez mayores, y no haga lo necesario para facilitar el camino a ese mundo feliz"21.

            Y concluye, "... no es posible concebir una sociedad libertaria en un mundo sobrepoblado. Este no puede conceder el espacio individual necesario para asegurar la libertad. Pero si por el juego de los conceptos hegelianos renace la idea anarquista como reacción extrema al estatismo invasor, se puede suponer que esto obedezca al inconsciente colectivo (como le define Jung) y haya motivos para esperar el nacimiento de una tendencia a dominar, reducir y hasta destruir la voluntad de expansión colectiva"22.

            Es verdad que todo este pensamiento no se refiere a la Argentina, pero ideas de tipo pesimistas como las de Pagano, uno de los pocos, antipoblacionistas, ha impreso una huella profunda en las ideas demográficas argentinas, a pesar de las manifestaciones poblacionistas y optimistas que observamos en Gino Arias y en otros como se verá. Además, es similar a los planteos actuales de la ONU y en especial a la posición de los países representados en forma permanente en el Consejo de Seguridad.

 

III. LA POBLACIÓN CUANTITATIVAMENTE ÓPTIMA PARA LA

      ARGENTINA

 

A.     La idea de óptimo para progresar o para crecer

El título de este punto se extrajo del artículo de Carlos Alberto Erro, "juventud sin crecimiento, Argentina progresa pero no crece"23. Estas palabras compendian las ideas que subyacen en la mayoría de la dirigencia intelectual y política argentina de esos años. Contiene sí y yuxtaponiéndolos el concepto de calidad y de cantidad de población, no en forma comprobada ni comprobable, pero sí como una "sensación", tal como diría Gini.  

En esa línea, la sensación de óptimo para la Argentina, es que está subpoblada. Tras esa premisa de pensamiento hay diferentes vertientes, pero en este subtítulo, se analizará, lo que se puede encuadrar dentro de un pensamiento mercantilista, más o menos puro. Las otras, dado que ponen fuertemente el acento en lo cualitativo, y conjugan el mercantilismo con preocupaciones eugénicas y de "raza", se ha preferido tratarlas aparte.

            No es sencillo de sistematizar si se quiere dar precisión a este pensamiento, agrupar a varios autores, pero es útil para tener una idea globalizadora de este concepto en la Argentina. Por otra parte, ninguna de ellas hace referencia a las teorías del óptimo, aunque estas teorías se advierten en las ideas demográficas argentinas.

 

B.     El renacimiento del mercantilismo en la Argentina

 

Se dice que hay un renacimiento de las ideas mercantilistas en la Argentina, por varias razones: Primero, porque para hablar de esa "sensación" de óptimo, se remiten a autores mercatilistas como Süssmilch y Pietro Verri24. Segundo, porque hay un pensamiento católico detrás que se emparenta al mercantilismo, precisamente con Süsmilch, como dice Gonnard25. Tercero, porque en la Argentina está comenzando a perfilarse una economía de tipo Keynesiana, que tiene sus filiaciones con esa doctrina26.

            Los autores que contestan una encuesta organizada por la R.E.A., como Alejandro Bunge [66], [68], Mons. Gustavo Franceschi [98], Eduardo Crespo [92] y [94], Juan José Guaresti(h) [106], Germinal Rodríguez [37], Carlos María Quinodoz [123], Carlos J. Rodríguez [124] y [125], conservan casi intacta la idea de que la grandeza de un Estado se mide por el número de sus pobladores.

Por ejemplo, Eduardo Crespo sostiene: "(Es) asunto vital, ya que no hay nación que pueda ser considerada en el primer plano en el orden mundial si no posee una gran población capaz de producir y consumir... (A mayor población) la consecuencia lógica será mayor producción y mayor consumo y, por ende, un acrecentamiento de la riqueza

 nacional..."27.

No se expresan en términos de densidad óptima, pero indudablemente detrás de esta idea, está el concepto de extensión geográfica y número de habitantes. Se sobrentiende que en esa extensión hay una riqueza incalculable y perenne, que lo único que necesita es la mano del hombre, y cuantos más, mejor. Marcelo Ramón Lascano los ubicaría dentro de la "mitología optimista"28.

            En este grupo de autores la calidad está presente pero no como dato fundamental, porque casi todos parten de la base que la calidad de la población es buena. Carlos Juan Rodríguez, hace un interesante análisis desde la teoría del Estado, la economía política, pero bajo el paradigma de que "el destino inequívoco, e imperioso de la Argentina, en América y en el mundo civilizado, es ser uno de las más poderosas y cultas naciones. Y tan cierto es, que a su raza latina selecta, de gran argentino, sólo le falta el número para culminar su misión de cultura y de paz"29. En realidad, las posiciones se diferencian por lo que piensan de la población de base y de la futura. Los que sobreestiman la "calidad" de la población de base, tiene un concepto de óptimo cuantitativo, los que no piensan así, se ubicarán en el óptimo cualitativo.

Carlos Alberto Erro distingue bien ambos aspectos ubicándolos dentro de la idea de Nación, Estado y la economía política. Los define así: "Progresar quiere decir avanzar técnicamente, en los aspectos de velocidad y el "confort" ascender jurídicamente, entendiendo este vocablo como protección contra el despojo arbitrario por parte del Estado. Implica siempre,... un tránsito de lo peor o más atrasado a lo mejor o más adelantado. Es un concepto cualitativo. (...) Crecer, en cambio significa aumentar en estatura o tamaño, si se trata de una persona, y en población o territorio, en la hipótesis de una nación. Equivale a pasar de lo menor o más pequeño a lo mayor o más grande. Es un concepto cuantitativo". Y concluye: "Nuestra población aumenta hoy con alarmante lentitud si se tienen en cuenta las posibilidades del medio. (...) La Argentina


necesita aumentar grandemente su población para realizar su destino (...), traicionaría los dones que potencialmente encierra en la hipótesis de que no lo lograra"30.          

En sentido similar se expresan otros autores que no contestaron la encuesta. Por ejemplo Llorens, Correa Avila [29], Mortone [30], Valverde [142]. Al menos son los que explícitamente lo dicen, pero no se debe descuidar los que subliminalmente lo expresan, refiriéndose a una problemática puntual del problema poblacional y no a ésta en su conjunto.

 

 

IV. LA POBLACIÓN CUALITATIVAMENTE ÓPTIMA

 

La idea de cualidad y calidad de la población argentina, tiene distintos enfoques. Aquéllos que consideran que con un mejor nivel socio-económico, logrado con mejores salarios se alcanza una mejor salud y por ende un mejora substancial de la calidad y cantidad de la población. Otros, que precisamente, cuestionan ese planteo, fundados en la observación de la fecundidad diferencial de las clases sociales y de los países considerados industriales o agrícolas, y concluyen que a mayor nivel de ingresos, menor tasa de fecundidad y menor crecimiento vegetativo.

 

A. Un mercantilismo malthusiano

 

Los términos pueden parecer contradictorios, dado que uno insistirá en la necesidad de una gran población como elemento esencial para el desarrollo, fundamentalmente económico de su Nación, y el otro, por el contrario, insiste en mantenerla reducida para lograr lo mismo. Pero se lo titula así, porque se entiende que en la Argentina predomina precisamente esos elementos antitéticos, sobre todo en este grupo.

Ante la pregunta si conviene o no el aumento de población en la Argentina, dicen sí..., pero condicionada a la calidad, a la legislación social, a la introducción de inmigración "blanca", a la mejora de las condiciones de salud.      

Alfredo Palacios, por ejemplo, dice: "Es desatentado, en mi concepto, procurar el aumento de población, cuando la que existe sufre hambre, o es presa de las plagas del pauperismo. Pero tampoco es posible pensar en un estancamiento que mantenga al país deshabitado (...) Es, por eso, angustiosa, para nosotros, la necesidad que existe de elevar el nivel de vida de nuestra gente humilde, sobre todo en las provincias del interior, donde, como he demostrado en el Senado, la raza degenera y se agota en los horrores de la miseria y el desamparo"31.

Gregorio Araoz Alfaro, en forma similar y fundado en Süssmilch y Verri, concluye que en la relación población y economía se debe hablar de "población óptima en calidad y cantidad" (...). El interés del país ‑ agrega‑ es procurar una densidad de población adecuada al sitio, a los recursos económicos, a las posibilidades de trabajo, al clima, distinto en la provincia de Buenos Aires que en Catamarca o La Rioja..."32.

            En forma similar se expresan Carlos María Quinodoz [123], Enrique Dickmann [30], Bernardino Horne [107], Luzzetti Estevarena [110]. Para este grupo, primero está el desarrollo económico y social y después el aumento de la población. Por ello tiene atisbos malthusianos, dado que, estrictamente, una gran población sin todos los recaudos mencionados, frenaría el desarrollo y también el progreso de la Argentina. Esto lo expresa con toda claridad Alfredo Palacios refiriéndose, en velada crítica, al aforismo de Alberdi, "gobernar ‑dice‑ no consiste en amontonar la población, sino que el buen gobierno,... tiene como consecuencia, aunque no se lo proponga, el aumento de la población, pues éste es un resultado del bienestar y la confianza"33.

Como Palacios, pero desde otra posición política, dice en 1940, el Ministro de Agricultura de la Nación, Daniel Amadeo y Videla: "...profesar el lema de gobernar es poblar, equivale a diferir la solución de muchos de los problemas colectivos más importantes, hasta que la incorporación de nuevos núcleos humanos (...) los resuelva con su presencia (...) Esa remisión al futuro ha hecho que miráramos sin premura graves cuestiones sociales, convencidos de que cuando tuviéramos más población se resolverían solas. A esa postura se debe que concediéramos mínima atención al bajísimo estandar de vida, a la desnutrición del país; a ello obedece también nuestra indiferencia ante la suerte del aborigen y del campesino criollo".

"...Ahora comprendemos que el estadista tiene que resolver los problemas de su tiempo y de la sociedad en que actúa, tal como es, y que no lo redime de inepcia o incomprensión, la posibilidad de que en la sociedad transformada del futuro, los escollos del presente encuentren el antídoto que los neutralice"34.

El matiz entre los que hablan preferentemente del número, y los que lo asocian a la calidad, es pequeño. Se podría decir que para el grupo anterior, el desarrollo y progreso de la nación se obtendría con una población cuantitativamente superior, "amontonándola" para repetir la palabra de Palacios. Para estos últimos autores, también eran necesaria una mayor cantidad de población, pero mejorada en su calidad a través de una política social, según se desprende de los párrafos transcriptos, para otros como se verá más adelante, más que una política social, abarcadora del conjunto, convendría un política educadora de corte elitista.

 

B. Un análisis crítico

 

"Cuando A. Coste nos dice que los nacimientos dependen del número y de la precocidad de los matrimonios, así como de la fecundidad de éstos, formula una observación demográfica indiscutible. Pero cuando añade que el número de matrimonios y su fecundidad dependen de la impresión que tienen las poblaciones de la facilidad o la dificultad de la vida, formula una ley económica mucho menos evidente"

RENE GONNARD, Historia de las doctrinas de la población, p.332.

 


Estrictamente correspondería llamarlo malthusiano, en tanto cuestiona el afán poblacionista, sin límites o con límites socio-económicos como los vistos ut-supra. No obstante, se prefirió ese adjetivo más neutro, porque tampoco es exactamente malthusiano, sino es un planteo fundado más en la realidad que en esquemas teóricos y abstractos.

El que mejor expone esta idea es Ludovico Ivanisevich, porque a la vez que critica la premisa del pensamiento mercantilista, a mayor población mayor grandeza, critica a los poblacionistas malthusianos que no advierten que a mayor progreso y desarrollo económico se produce la disminución de las tasas de crecimiento. Como ingeniero sanitario, se fundamenta en análisis estadísticos como curvas de población y servicios sanitarios en la Argentina, y en el extranjero. Sobre la base de ello, concluye: "Ningún país es rico o pobre por el mero hecho de tener muchos o pocos habitantes. Es la industriosidad y la suma de ideales lo que constituye la fuerza de una nación. Por otra parte, está comprobado que la fortuna y el bienestar de los pueblos civilizados disminuyen la prolificidad. Entonces, lo que hemos llamado saturación se produce poco a poco, no precisamente por falta de medios de subsistencia, sino por el aumento de las exigencias individuales"35.

Ivanisevich no es el único que observa la relación entre índices de fecundidad e indicadores económicos. Palacios también hace ese planteo dentro de la exposición que se ha transcripto. Mortone lo dice, en términos similares: "la fecundidad ha decrecido en razón inversa de los progresos de las riquezas y bienestar de las poblaciones..."36. Esa relación "tiene la fijeza de una ley", dicen Belaunde y Coghlan37, "las provincias más pobres son las que dan más hijos a la patria", dice Bunge. Pero Ivanisevich, a diferencia de éstos, más que en los factores económicos, lo está enfocando desde los culturales, cuando se refiere a las exigencias individuales.

Esas expresiones involucran los factores que producen el crecimiento poblacional que serán tratados en el capítulo siguiente. Por ahora, cabe destacar estas ideas en tanto están incorporando otras variables en el análisis: económicas y culturales de las sociedades inmersas en el sistema individualista, industrializado de la modernidad. Como dice Yelpo "...en la sociedad preindustrial un número grande de hijos constituía una importante ventaja económica; ese elevado número de hijos deja de ser una ventaja económica potencial cuando se producen los aumentos sucesivos del ingreso familiar, y cuando la familia ve disminuida su capacidad de autosuficiencia económica, como consecuencia de la mayor división del trabajo estimulada por la revolución industrial"38. Otro de los cuestionadores de la idea poblacionista, pero sin la precisión analítica de Ivanisevich, es Martín Gil, cuya especialidad es la meteorología y por lo tanto alejado de la problemática poblacional. Tiene un pensamiento similar, aunque más encuadrado en el neomalthusianismo y en la irreversibilidad del proceso:

            "Felizmente ‑dice‑, y disculpen los aumentistas, esa progresión creciente de la populación mundial ha comenzado desde hace tiempo a 'rallentar', como diría un músico".

            "...¿Qué significa este afán de los pueblos todos de aumentar más y más sus poblaciones y el terror pánico que experimentan al darse cuenta de su lentitud?".

            "...Creemos acaso que la superficie de nuestro planeta es ilimitada y que no llegaría un momento de saturación humana, y por lo tanto, de una catástrofe total".

Este es el planteo fundamental. Dentro de ese cambio cultural hay quiénes se adscriben a él como algo inevitable, y quienes tratan de revertirlo. En ambos casos, para aumentar la población y/o mejorarla en su calidad.