1.      El elitismo spenceriano

Los determinismos fundados en prejuicios biológicos-sociales sobre las clases sociales es de entre todas las categorías que se analizan las premisas, la que más demuestra el elitismo con visos spencerianos en el que están influidas las ideas. Porque, en cuanto a naciones se refiere, si bien hay una gran dosis de racismo y por ende de darwinismo social -sobre todo cuando se refieren despectivamente a las poblaciones de Asia y África, y una sobreestimación de las cualidades de la población europea y blanca- sus preferencias por Europa y EE.UU. tienen un fuerte acento cultural mas que biológico, como se desprende de la palabra civilizados. Mientras que en el caso de las clases sociales el acento está más en lo biológico que en lo cultural, convencidos de que las cualidades culturales, positivas o negativas, se transmitían por herencia, como decía Galton. Lo que los lleva, por lógica consecuencia a tener un concepto subjetivo de clase social que nada o poco tiene que ver con la idea de estratificación social, sustentada en indicadores de una mayor objetividad aunque no total, y no en argumentos biológicos34.

            Sobresale nuevamente Alejandro E. Bunge en esta posición. Para él, los genes transmitían la superioridad de las personas, desconfiando de lo ambiental.

"La civilización superior contemporánea se produjo poco menos que de un salto, -dice- al conjuro maravilloso de una serie de hechos favorables y coincidentes en el terreno de la ciencia, de la técnica y del desarrollo de las facultades espirituales. ... Esta civilización no descansa en su propio instrumental maravilloso,...descansa en su contenido, en el hombre mismo,... en la influencia de sus hombres superiores".

"Pero, también casi de pronto, los hombres mejor dotados, más absorbidos por las responsabilidades, y los que de cerca les siguen atraídos por los éxitos materiales y por los halagos de una vida sin privaciones, empiezan a tener menos hijos. Empiezan a ralear alarmantemente las filas en los grupos más elevados, con más probabilidades de transmitir, por razones biológicas y también quizás de ambiente, las condiciones superiores".

"Simultáneamente la bacteriología, la medicina, la higiene, esgrimen armas maravillosas para salvar las vidas, y como resultado sobrevive mayor número proporcional de débiles y de tarados física y mentalmente. Pero precisamente entre ellos, como también entre los desvalidos, es donde se refugia la continuidad de la especie. Y son ellos los que continúan procreando y transmitiendo en buena parte los defectos y las taras". Y citando a Carrel dice: "No tienen ni sentido moral, ni estético, ni religioso...".

Luego se funda en la carta del Papa Pio XI, (11-11-1939) dirigida a los Jefes de la Iglesia de EE.UU., que tal como en Casti Connubii se referirá a "la indiferencia para con los pobres, afán de riquezas mal habidas, divorcio, enfriamiento del mutuo afecto de los padres y los hijos, anticoncepcionismo con debilitamiento de la raza", pero Bunge concluye que era "evidente que se dirige a las clases superiores".

Lo que es evidente es que Bunge confunde las ideas de Spencer con las del Papa y la doctrina social de la Iglesia y los preceptos morales dirigidos a las personas y a los dirigentes, con el darwinismo social. Porque mientras Pio XI se está refiriendo a que los gobernantes deben "remediar la penuria de las familias menesterosas" y que el capitalista debe dar "un reparto equitativo de los bienes y el justo salario"35, Bunge entiende que, con esos remedios, se protegían a los peor dotados como se desprende del párrafo anterior. Más aún, descalifica genéricamente a aquéllos que propician la puesta en marcha de una política social, en esta forma: "en este hemisferio occidental hombres superiores con métodos demagógicos se lanzan en la empresa de exacerbar a los sectores sociales peor dotados y les señalan con su índice a la élite como usurpadora"36. Queda la duda de cuándo un hombre superior es demagógico o no. Cuando el Papa dice que se deben redistribuir las riquezas y que la propiedad tiene un carácter social, ¿no está señalando con el índice a la elite, como dice Bunge, o al capitalista como dice el Papa?. Claro que sí, pero Bunge lo interpreta tras el velo del darwinismo social de Spencer, al que cita expresamente, y por eso no advierte que su idea sobre la demagogia puede alcanzarle al Papa, aunque no fuera su intención37.

Su hijo Max se adscribe a un spencereanismo más ortodoxo todavía, porque el padre no identifica con precisión cuáles son las clases inferiores, los tarados física y mentalmente. Lo dice genéricamente y evidentemente son los pobres. Pero Max Bunge aclara sin ambages: "En la selección natural, sucumbe con frecuencia el incapaz de avanzar... En nuestra sociedad actual no existe esa selección natural del predominio de los mejores. La selección artificial es a la inversa. Aumenta el número de los inferiores mientras disminuye el de los superiores... ¿cómo negar la enorme diferencia que hoy existe entre una tarado inferior y un sabio, entre un jornalero inhábil y un organizador de empresa?"38. Detrás de esa pregunta están todos sus prejuicios sociales, no compara un jornalero inhábil con otro hábil, sino contrapone al empresario que supone hábil con el jornalero que considera inhábil. Es decir, detrás de esas idealizaciones está el economicismo que determina que el tener más bienes los hace superiores, inteligentes y hábiles.

En definitiva, ninguno de los dos Bunge va a auspiciar la sanción de una legislación social. En esto fueron coherentes porque de hacerlo, según sus ideas, hubieran protegido a los que ellos denostaban, los más débiles económicamente, sin influir en el crecimiento de los que suponían eran mejores. Sí insistirán en la propagación de los principios morales y religiosos para alentar la fecundidad de los matrimonios "superiores".

Varios autores evidencian su darwinismo social al referirse a la selección a la inversa o al menos al hablar de selección. Aunque también se observa una gran influencia de Ortega y Gasset que sobre la selección pensaba en forma similar39. Se vio ya que lo decían Llorens y Correa Avila, los eugenistas negativos del Congreso de Población de 1940, lo expresan casi con los mismos términos de A. Bunge. Belaunde también se basa en Alexis Carrel, al que considera un "eminente biólogo"40, para referirse a las enfermedades degenerativas que siempre están circunscriptas a algunas clases sociales no a todas41. No obstante ello, el darwinismo social de estos autores, a diferencia de los Bunge, está suavizado o bien, por un lamarkismo que hará hincapié en la modificación de la herencia reformando los factores ambientales, o por la doctrina social de la Iglesia que se centra en la justicia social, o de ambas posiciones al mismo tiempo, dependiendo de la ideología que sustentan. Por eso, todos ellos y más los que se mencionan a continuación, será mejor incluirlos en el punto siguiente, en tanto, en general, propondrán mejorar la calidad de la transmisión hereditaria, a través de la implementación de una política social.

 

2. Elitismo eugénico

 

"No se trata para nosotros de saber si resistiremos a un sucesor mejor dotado, surgido del juego natural de la evolución orgánica, sino de saber si nosotros mismos, por nuestros propios medios, podremos y querremos extraer de nosotros a un ser que nos supere".

JEAN ROSTAND, Peut-on modifier l´homme? 42.

 

Al denominar elitismo eugénico, se quiere significar que es otra forma de privilegiar y sobreestimar a determinados sectores. El economicismo y los prejuicios sociales, evidentemente subyacen en esta posición pero están velados por consideraciones de higiene y salud de la población. Se podría decir que más que Spencer está Galton. De todas maneras siempre dentro del darwinismo social. Algunos ubicados en la eugenesia negativa de Galton, y otros en la positiva, pero todos para lograr una transmisión hereditaria de calidad que evite el decaimiento de la raza blanca43. Están pensando más en la morbimortalidad que en la natalidad y ésta sólo a los fines de la herencia de patologías que suponen transmisibles directamente. Es decir, la élite la conforman los sanos o los supuestamente sanos.

 

a) La eugenesia negativa

El "célebre" Galton, lo hace retroceder a Bernaldo de Quirós, un eugenista jurídico, a La República de Platón, y fundarse en leyes de la Alemania nazi. Por eso como si fuera el griego critica la falta de límites legales para contraer matrimonio:

“...leyes del tipo del Código Civil que permiten las uniones sexuales -de derecho natural- no fueron acondicionadas por una saludable y oportuna educación sexual, eugénica, pedagógica y moral conveniente a la sociedad y porque las leyes que sancionaron los matrimonios -de Derecho Civil y administrativo-, han sido, en gran parte, absurdas, de una libertad liberticida, amorales y están en crisis con lo que debe ser la verdadera personalidad del hombre, como producto hereditario promulgado por el Derecho Civil, después de haberlo sancionado la ley biológica y social por una selección normativa consuetudinaria".

Este autor es uno de los que sobreestima los factores morales del descenso del ritmo vegetativo. Acá queda aclarada su idea de lo que es o no moral para él y para muchos de los autores, como así también su idea de personalidad humana, que debía ser determinada por la autoridad y por ende, sin poder actuar con libertad. Porque, moral era coartar la libertad para casarse a los enfermos de lepra, sífilis, los alcoholistas crónicos, los mendigos asilados, como establecía una ley de Ohio, o lo que es peor "los que hayan perdido valor genético para la Nación, los caducos (castrados, esterilizados, etc.)" como dice en cita de una ley alemana de 193844. Por momentos se muestra algo más cauteloso, sobre todo después de citar a Alexis Carrel -demostrando la influencia que tuvo este autor entre los considerados aquí- para quien era más importante la calidad que la cantidad, y concluye: "frente, pues, al profundo interrogante de cantidad o calidad, debemos buscar un prudente término medio..."45. Un término medio, que en realidad, de acuerdo con la legislación que propone, no es más, como decía Rugiu46, que desear una población uniformada para lograr los objetivos poblacionistas de calidad, juntamente con un Estado poderoso, similar al que existía en Alemania en esos años.

Junto a él están los eugenistas negativos del Congreso de Población realizado en 1940, como se destacó en el capítulo anterior, los que con argumentos similares propusieron ampliar a las mujeres el certificado prenupcial obligatorio, (en ese entonces era sólo para los varones), impedir los matrimonios de enfermos crónicos, contagiosos que tuvieran taras hereditarias, en esos años era sólo para las enfermedades venéreas (ley 12.331, de 1936) y reformar, ampliando, las disposiciones del Código Civil referidas a los impedimentos para contraer matrimonio o anularlo con posterioridad a su celebración47.

Desde Platón, pasando por Hitler, las leyes de esterilización de los EE.UU.48, hasta la ingeniería genética con sus secuelas incluida la clonación, con fundamentos filosóficos o supuestamente científicos, el hombre ha intentado destruir, eliminar o impedir que nazcan personas, no inferiores, sino fundamentalmente distintas, o que piensan que serán distintos de ellos y por lo tanto inferiores, económicamente, en salud o en cualquier otro aspecto. Ninguno traía a colación que de una madre tuberculosa y de un padre alcohólico y sifilítico había nacido Beethoven49. Se podría preguntar si hubieran dejado casarse a los padres o al mismo premio Nobel de física, Stephen H. Hawking, conociendo su rara enfermedad. Tampoco se cuestionaban, como hace Rostand en el epígrafe, si estaban dispuestos a seguir los fundamentos científicos al punto tal que sólo se procrearan in-vitro personas "superiores", incluso superiores a ellos, como lo había novelado un autor contemporáneo, en los años ´30, como Huxley.

Ni siquiera se cuestionan la cientificidad de los conocimientos biológicos que habían inspirado la eugenesia, como lo hace un autor español, Vallejo Nájera, contemporáneo de ellos, que por supuesto no es citado en esos años. Este autor, sin los conocimientos biológicos de Rostand, sólo con una idea general de Mendel, Fisher y Galton, tiene una postura muy crítica de la "teoría de la degeneración", que es a la que alude la idea de la eugenesia, a la que considera anticientífica, "porque supone que la herencia puede crear caracteres nuevos, -dice- cosa imposible, pues nadie puede legar a sus sucesores aquello que no posee". Tiene interesantes consideraciones sobre la imposibilidad de esos tiempos, de hacer prácticas experimentales para conocer cuál es la trasmisión hereditaria. Más aún, apunta lo que le faltó a Bernaldo de Quirós y a los que pensaban como él, que todas esas leyes y acción del Estado en pro de la eugenesia "afectan a la libertad y dignidad humanas, pues hemos visto -dice Vallejo Nájera- que el edificio científico de la herencia patológica comienza todavía a trazarse en sus cimientos"50.

Este autor, como en la Argentina, Franceschi y los autores católicos, se funda en la posición cristiana sobre la eugenesia que conduce al rechazo de toda medida estatal coartando la libertad de contraer matrimonio. Se destaca esto porque, como se dijo en el capítulo V, los agrupamientos de los autores en este tema, son diferentes de los nucleamientos y caracterizaciones realizadas por la historiografía argentina cuando adjetivan al grupo católico, cuya posición sobre eugenesia se desarrolla seguidamente.

 

b) La eugenesia positiva

 

Alfredo Palacios estaba bien perfilado en la eugenesia positiva, como la define Messner51. La calidad de la población, como se ha visto en varias transcripciones de su proyecto, se lograba a través de una legislación social de modo de disminuir la morbimortalidad. Incluso él, sí ponía en tela de juicio la cientificidad de la postura anterior.

"Algunos eugenistas -decía- han hablado del peligro para la raza al comprobar este hecho, pues consideran que los menos aptos se reproducen con mayor fuerza que los más capaces". Inmediatamente con cita de Prebisch agrega: la "biometría no puede decirnos aún, en forma concluyente, si los individuos biológicamente mejor dotados, son más escasos así que se baja en la escala social"52. Estas palabras demuestran que ambos autores, se preocuparon por intentar constatar las aseveraciones de Spencer y que eran concientes de la falibilidad de la biología, sobre todo en esos años.

El marco ideológico doctrinario de Palacios, si bien está genéricamente encuadrado en el positivismo, no es estrictamente spenceriano, primero porque no lo cita, y después porque sus fuentes en este tema son Nitti y Dumont con su idea de la capilaridad social acorde con su filiación política. Ambas filiaciones, la ideológica y la política, lo inspiraron en 1934 a proyectar la que fuera después ley 12.341, creando la Dirección de Maternidad e Infancia, y en 1939, la ley de salario familiar para los empleados y obreros estatales y privados. Es interesante destacar el art. 3 de la primera ley que dice: "tendrá por finalidad propender al perfeccionamiento de las generaciones futuras". Es nítido el objetivo: propender al "valor genético", como se dirá también en el Congreso de Población de 1940. En esta proposición está claro que no lo inspira la justicia social, la dignificación de la mujer-madre, como persona, sino como reproductora de generaciones sanas y fuertes. Se volverá sobre este aspecto en el punto siguiente.

En forma similar a Palacios, se expidieron los eugenistas positivos del Congreso mencionado, que en el despacho correspondiente expresan: El Congreso "considera indispensable, en defensa eugénica del binomio madre-hijo y de la fortaleza de las nuevas generaciones, la creación de centros maternales e infantiles en todo el territorio"53.

Germinal Rodríguez, como médico higienista, preocupado por la salud de la población, combinó Spencer con Galton. Al primero lo vincula acertadamente, con la negación del asistencialismo y la caridad, porque "se oponen a la ley del darwinismo social" y lo deja como fuente de su pensamiento en lo referente a la inmigración. Sin demostrar una filiación total con éste, por cuanto como Palacios se cuestiona "las pruebas psicológicas hechas para querer diferenciar los grupos étnicos no se muestran muy convincentes", adhiere a Spencer para detectar el "valor socio-económico" de la inmigración de determinados grupos étnicos. Vuelve a demostrar, como los otros autores, su economicismo al alegar: "Pero si la calidad humana no puede ser medida a través de medios directos, puede en cambio ser apreciada a través de medios indirectos cuales son la correlación existente entre la inteligencia y el desenvolvimiento económico. Si a los fines de una política interna, el hablar de la calidad de la población derivándola a un concepto racial es tocar un tema poco agradable para su estudio objetivo en estos momentos (1940), en cambio se impone plantearlo a los fines de la futura política inmigratoria...".

La ideologización del análisis es tal en G.Rodríguez, que aunque la calidad no pueda ser medida y es un tema "poco agradable", debe estar presente a la hora de establecer una política poblacional en la Argentina. No obstante, "el sentido central que inspira este trabajo -dice- es pensar que ante todo debemos orientarnos en el sentido de iniciar con todo esfuerzo una obra encaminada a evitar muertes inútiles o la invalidez temprana determinada por enfermedades hoy prevenibles"54. En efecto, todo su trabajo es un intento de demostrar la elevación del índice de mortalidad, por enfermedades absolutamente curables, incluso en esos años y que la calidad de la población se obtenía con mejores medios asistenciales.

El grupo de autores católicos, asistentes al Congreso, adhirieron a las propuestas de eugenesia positiva, aunque el marco ideológico de ellos se complementa con una interpretación más correcta que la de A.Bunge, de la Encíclica Casti Connubii55. Lo mismo que en la revista Criterio, Mons. Franceschi, Rómulo Amadeo, al rechazar el proyecto de ley de divorcio vincular de 1932, Juan Cafferata, Francisco Valsecchi y Cornelio Gutiérrez Ruzo, rechazan la eugenesia negativa para aceptar la positiva56. Todos ellos se alinearon, además, detrás de las expresiones de Norberto S. Repetto que dijo en el Congreso, ante las propuestas de Díaz de Guijarro: "estoy esperando el momento para votar en contra del despacho general. Es una materia delicada. Sobre ella hay detalles aterradores"57. En efecto, advertían lo que estaba pasando en Alemania, que con los mismos fines eugenésicos se había impuesto la esterilización obligatoria de los judíos, de los gitanos, de los homosexuales, sin ningún fundamento biológico, como tampoco lo tenían los eugenistas negativos.

Este grupo hace una simbiosis entre el spencerianismo, Dumont y el magisterio de la Iglesia. Barahona y Cafferata, por ejemplo, dos católicos comprometidos, no utilizan adjetivos peyorativos, como clases inferiores, pero tampoco disminuye la creencia en la transmisión hereditaria de condiciones de superioridad, en este caso relacionada a la capacidad intelectual no a la económica. Como Dumont combina mejor con la posición católica de ambos y la especialidad en biología de Barahona, lo citan como autoridad para aseverar: "la totalidad de los grandes ingenios de la humanidad, conductores de pueblos, artistas superiores, hombres de ciencia, santos, han pertenecido a familias numerosas"58. Se cambia el sujeto de la superioridad, ya no son los que tienen solamente más recursos económicos, porque ésta variable no está desechada, pero sí combinada a su pertenencia a una familia numerosa.

Por más que Barahona intente a través de su especialidad, la biología, desmentir los prejuicios sociales, económicos que se desprenden de la concepción galtoniana y darwiniana sobre la herencia y por más que insista en que la ley de la herencia es amplia y que los caracteres no se heredan como tales, cae como los otros en lo mismo, porque tampoco se puede decir que por ser de familias numerosas aparecen los genios, es tan determinista eso como la posición contraria sostenida hoy por Weeks59 y difiere poco de la idea de Bunge referida a la alta fecundidad de la élite argentina60.

En la misma forma Berengua, Mossetto, Mortone, o Carlos J. Rodríguez citan a Nitti, e intentan demostrar que "a cada aumento numérico del género humano, implica sin duda alguna, un aumento de civilización y riqueza"61.

A diferencia de los anteriores, este grupo de autores van a proponer la sanción de una legislación social protectora de las familias juntamente con la formación de principios morales. En esta postura convergen tres vertientes ideológicas, el neoliberalismo, el catolicismo social y el estatismo social62, pero sin los extremos de la postura anterior.

 

3. Elitismo patriarcal

 

"...No se puede dejar de observar cómo en el campo más estrictamente familiar una amplia y difundida tradición social y cultural ha querido reservar a la mujer solamente la tarea de esposa y madre, sin abrirla adecuadamente a las funciones públicas, reservadas en general al hombre".

S.S.JUAN PABLO II, Familiaris Consortio.

 

Este es el más atávico de todos los elitismos y como tal inmerso en creencias religiosas, científicas, sociológicas muy arraigadas, pero es otra forma de determinismo, en este caso sexual. Es conveniente volver a las conceptualizaciones de elite y de persona, más que en los otros temas, porque parecería, dado lo ancestral de las creencias sobre los sexos, que no correspondería apuntar el elitismo en las relaciones familiares, ni referirse a los determinismos sexuales, como otra de las formas de descalificación como personas a uno de los sexos.

Así, respecto del elitismo, se podría pensar que no corresponde calificar al varón, sobre todo al universo de varones, como elite, dada la magnitud del grupo y las diferencias existentes en esa totalidad que significan aproximadamente el 50% de todas las poblaciones. Sin embargo, no es errado hablar de elitismo patriarcal, dadas las siguientes razones.

Corresponde denominarlo así, habida cuenta que es un grupo solamente dentro de la sociedad, tal vez no minoritario, pero tampoco mayoritario, significa solamente el 50 % según sea el índice de masculinidad que tenga una sociedad63. Porque es el que desde la antigüedad se ha atribuido la autoridad, los méritos y las capacidades, para imponerse al otro 50 % de la sociedad. Porque aunque esta elite masculina, no sea uniforme entre sí en su riqueza, sangre, habilidades, etc., sí responde a las caracterizaciones dadas, por cuanto se atribuía respecto de la mujer, cualquiera sea la ubicación social que tenga, la superioridad, la autoridad dentro de la sociedad familiar especialmente, y fuera de ella. Transmitiendo de generación en generación esa concepción social y cultural, como observa el Papa en el epígrafe.                    

Por esa razón era importante hacer estas aclaraciones previas al análisis de la posición de los autores respecto de la familia, de la mujer y el varón. Primero, porque hoy es un tema conflictivo con relaciones hacia otros aspectos del comportamiento humano que nada tienen que ver con la dignidad de la persona64. Segundo, porque, tal como expresa S.S. Juan Pablo II, no hay autor, ni fuentes en las que se inspiran, que no esté inmerso en esa tradición social y cultural por la cual las mujeres, como en la Grecia antigua, debían permanecer en el gineceo, al sólo fin de tener hijos y muchos, criarlos, educarlos, y hacer todos los quehaceres domésticos, porque creían que la naturaleza, la religión, el derecho, la biología, así lo había determinado.

 

a) Creencias que sostienen el elitismo patriarcal

 

"Es vano oponerse a la ley esencial y no meramente histórica, transitoria o empírica que hace del varón un ser substancialmente público y de la mujer un temperamento privado".

ORTEGA Y GASSET.

Las creencias sobre la naturaleza, caracteres y función de la mujer y el varón en la familia y en la sociedad se fundan en argumentos religiosos, biológicos, sociales, jurídicos, como el epígrafe lo demuestra. Se parte del concepto, o preconcepto, sin pruebas de ninguna naturaleza, que Dios así lo había determinado al comienzo de la humanidad, junto a ello, se consideraba que la mujer era biológicamente menos inteligente, más afectiva, lo que determinaba que no era apta para el trabajo fuera del hogar, ni para disponer de su propio peculio y esa supuesta naturaleza biológica debía ser normada en leyes positivas. Como que son creencias culturales, los autores raramente se remiten a fuentes específicas para demostrar sus aseveraciones, a lo sumo mencionan algún autor para dar más énfasis a su discurso simplemente. Pero aún sin referencias específicas en la base de sus argumentaciones está su interpretación de la Biblia, la Encíclica Casti Connubii de Pio XI, desde el ángulo religioso. Los códigos Civil (1869 y 1926) y Penal argentinos, la Constitución de 1949, desde lo jurídico y desde lo biológico o seudobiológico, Marañón y Alexis Carrel.

1) Así la Biblia era interpretada por los católicos, como Casiello, en el sentido de que "la mujer, alejándose del hogar, se aparta del cumplimiento de la natural, alta y sagrada misión, señalada por Dios: ser esposa y madre, salvo que lo haga llamada por vocación a un orden de vida superior"65. Cafferata, más preciso, dirá que uno de los factores de la denatalidad es por el "desprecio del deber impuesto al hombre por el Creador, que le ordenó crecer, multiplicarse y llenar la tierra", refiriéndose a ambos sexos66. Esta lectura del Génesis, sobre todo la de Casiello, es de una interpretación bastante libre, diría Pio XII y no tenía en consideración que es un libro histórico y como tal, dice Alberione "cuando abramos la Biblia, lo hemos de hacer con una mentalidad semita de antiguos orientales y no con la nuestra tan diversa en el tiempo y en el espacio"67. En realidad, lo único que se demuestra con la cita del Génesis es lo antiguo de esa cultura parternalista y que en oriente y occidente se manifestaba en forma similar.

Reafirmaban esta interpretación con la Encíclica Casti Connubii de S.S. Pio XI, citada, además de los mencionados, por Araoz Alfaro [1], Gino Arias [47], Coghlan [85], Belaunde [49], Franceschi [98], Bernaldo de Quirós [4]. En esa carta, a diferencia de Juan Pablo II, decía Pio XI: "Todos los que empañan el brillo de la fidelidad y castidad conyugal, como maestros que son del error, echan por tierra también fácilmente la obediencia confiada y honesta que ha de tener la mujer a su esposo; y muchos de ellos se atreven todavía a decir, con mayor audacia que es una indignidad la servidumbre de un cónyuge para con el otro; que son iguales los derechos de ambos cónyuges; defendiendo presuntuosísimamente que, por violarse estos derechos, a causa de la sujeción de un cónyuge al otro, se ha conseguido o se debe llegar a conseguir cierta emancipación de la mujer".

Luego se explaya en los tipos de emancipación: social, económica y fisiológica para finalmente considerar "la verdadera libertad de la mujer", concediendo que "la igualdad de derechos, que tanto se amplifica y exagera, debe, sin duda alguna, admitirse en cuanto atañe a la persona y dignidad humanas y en las cosas que se derivan del pacto nupcial y van anejas al matrimonio; porque en este campo ambos cónyuges gozan de los mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones; en lo demás ha de reinar cierta desigualdad y moderación...".

Más aún, a raíz de las transformaciones de los usos y costumbres, piensa que "deben mudarse algún tanto las condiciones sociales y económicas de la mujer casada, toca a la autoridad pública acomodar los derechos civiles de la mujer a las necesidades y exigencias de estos tiempos, teniendo siempre en cuenta lo que reclaman la natural y diversa índole del sexo femenino, la pureza de las costumbres y bien común de la familia; y esto contando siempre con que quede a salvo el orden esencial de la sociedad doméstica, el cual ha sido establecido por autoridad más excelsa que la humana...".

En síntesis, no a la emancipación femenina en el orden fisiológico que entiende como la substracción de las "cargas conyugales y maternales propias de una esposa". No a la emancipación económica, por la cual la mujer administre sus bienes o los bienes conyugales, "haciendo caso omiso del marido o de sus hijos". No a la emancipación social porque apartan a la mujer de los cuidados de su familia para dedicarse a ocupaciones y negocios. Pero sí derechos que hagan al pacto nupcial y sí derechos civiles. Pero ¿cuáles son?. No lo aclara68.

En realidad, Pio XI está atacando al feminismo, que se interpretaba y todavía se interpreta como un movimiento surgido hacia el siglo pasado que auspiciaba la emancipación de la mujer, "reivindicando la igualdad de derechos con respecto al hombre... que centra sus ataques contra el predominio masculino en la política y en el trabajo"69.

2) La posición del Papa es similar a lo regulado por el Código Civil y Penal argentino respecto de la mujer casada. En el orden civil, hasta 1926, era incapaz de hecho relativa y estaba bajo la representación necesaria de su marido70.

Respecto de los derechos que el Papa considera debían ser reconocidos a la mujer por los gobiernos, no es errado interpretar por las consideraciones que hace Pio XI, que no iban más allá de lo que se incorporó en el Código Civil en la reforma de 1926 (ley Nro. 11.357) que mejora un tanto la situación jurídica de la mujer casada por cuanto le permite "ejercer la profesión y administrar libremente su producido", pero supone que daba mandato al marido para administrar los bienes propios de la mujer, lo que implicaba mantener cierta incapacidad71, o como dicen Bossert y Zannoni: "la capacidad era la regla y la incapacidad, la excepción (...) aunque mantuvo en favor del marido, una suerte de mandato tácito, determinado por ley, para administrar los bienes dotales de la mujer, en tanto ella no lo revocara"72.

Para aclarar esto último, conviene mencionar las modificaciones introducidas en Constitución Nacional de 1949, aunque sólo rigió hasta 1956, derogada por el gobierno de facto de Pedro E. Aramburu. El art. 37,II, De la familia tiene un proemio que la considera como una sociedad natural anterior al Estado y el inc.1 estatuye: "El Estado protege el matrimonio, garantiza la igualdad jurídica de los cónyuges y la patria potestad". Esto suscitó controversias entre los juristas. Por un lado, se cuestionaron los principios doctrinarios que asumieron los convencionales al defender la norma que reconoce los derechos de la familia. Tras ello se plantean las funciones del Estado y la relación de la familia con él. Por otro, como en todas las cláusulas de tipo social, se preguntaban por el grado de operatividad y el efecto que la cláusula del inc.1 tuviera sobre la constitucionalidad de las leyes que normaban el matrimonio, vigentes en ese entonces.

Los convencionales de 1949 defendieron la preexistencia y prevalencia de la familia sobre el Estado, inspirados en la doctrina de la Iglesia sobre la familia y junto a ello en la concepción subsidiaria del Estado. "La familia no encuentra amparo en la Constitución vigente -fundamentaba el convencional Sampay- porque la concepción liberal del Estado considera a la Nación como una suma de individuos aislados... y el modo más natural... de reaccionar en lo social contra los desórdenes del individualismo,... el primer requisito... es la promoción de la familia". Y el convencional Mende, agregaba: "la concepción peronista del Estado, de la sociedad y del hombre, es condición básica que permite reconocer en la familia el núcleo primario y fundamental de la sociedad...". Reafirmando la posición católica expresa: "No podemos menos que decir que una familia cristianamente constituida es aquella que se funda en el matrimonio indisoluble"73.

            Juan Casiello74, constitucionalista, hermano de Francisco, Pedro J. Frías75, Pablo A. Ramella lo interpretaron en la misma forma. "La declaración preliminar de los derechos de la familia -dice Frías- ha operado una recepción del derecho natural católico al respecto".

Díaz de Guijarro, especialista en derecho de familia desecha esa interpretación por dos razones: Una, porque consideraba que "la jerarquía social de la familia no implica la aceptacion constitucional de un sistema dogmático,... no es un concepto privativo de ninguna escuela filosófica ni de ningún credo religioso". La otra porque entendía que "la misma realidad argentina lo demuestra, la familia, desde la emancipación política, contó con adecuado reconocimiento de su entidad"76.

            Evidentemente, las concepciones filosóficas y doctrinarias son muy diferentes. En esto no hay acuerdo posible. Difieren en la concepción del Estado. Ya se vio qué pensaba Díaz de Guijarro respecto del papel eugénico del Estado sobre la familia para defender la raza. Es lógico, inspirado en el tratadista de familia italiano Cicu77, considera la familia como "compuesta por un grupo de personas ligadas por vínculos jurídicos emergentes de la relación intersexual y de la filiación". A los fines de su tratado de familia, no dice que tiene prelación sobre el Estado, sí que es un vínculo biológico, natural, que funciona como presupuesto básico del vínculo jurídico y que "la organización normativa de la familia tiende a producir la coincidencia de los vínculos biológicos y jurídicos, esto es, encuadrar el fenómeno humano dentro del fenómeno legal"78.

Tampoco hubo acuerdo entre los Casiello y Díaz de Guijarro respecto de la constitucionalidad o no, después de sancionada la Constitución de 1949, de las leyes 2.393, 11.359 y 12.331, en especial estas dos últimas porque prohibían el matrimonio entre leprosos o con personas afectadas por enfermedades venéreas en el período de contagio. Cuestión que rechazaban los primeros, por cuanto se oponían a sus convicciones religiosas y aceptaba el segundo, incluso las había promovido y pensaba que la jurisprudencia debía interpretarla a la luz de la nueva constitución, hasta que se reglamentara el artículo constitucional.

Pero si en los fundamentos religiosos y filosóficos, o en los impedimentos para contraer matrimonio, o la constitucionalidad de las leyes, no se ponían de acuerdo, no ocurría lo mismo cuando de la igualdad jurídica de ambos cónyuges se trataba.

Los convencionales del 49 y los doctrinarios justicialistas que la interpretaron, coincidían con Juan Casiello, que siendo una "conquista de nuestra civilización cristiana... -éste debe ser el alcance a otorgarse al enunciado constitucional- sin olvidar el concepto de ordenamiento jerárquico ...en todo organismo, no puede dejar de regir también en la familia. Y este concepto reclama lógicamente que sea el marido primus inter pares. En caso de conflicto de pareceres, la unidad de la familia, la serenidad y el orden en el hogar, exigen, por razones obvias, que sea el marido a quien se le reconozca la autoridad directiva y decisoria"79.

Díaz de Guijarro llegaba a la misma conclusión con otros fundamentos. Así decía: "cuando se garantiza la igualdad jurídica de los cónyuges, pese a ser el concepto más preciso...le falta el contenido concreto que tienen... otras constituciones. (Ponía de ejemplo a la de Cuba) Y si se pretendiera, so pretexto de que vulnera la igualdad jurídica de los cónyuges, negar el poder marital para fijar la residencia (art.53, ley matr.civ.), o la administración por el marido de los bienes de la sociedad conyugal (art.1276) ...o la primacía paterna en la patria potestad (art.264, reformado por la ley 10.903), se produciría una situación caótica, porque faltarían normas para regir los correspondientes problemas". Y más adelante, dice que "repudia"el hecho de "celebrar contrato de sociedad entre ambos cónyuges", porque entendía que sin subordinarlo a la constitución se podía resolver y que en todo caso, se hubiera necesitado una revisión legislativa80.

En definitiva, podrían estar en desacuerdo por sus marcos ontológicos diferentes, pero al momento de definir la potestad marital coincidían todos, más allá de la igualdad reconocida en la Constitución.

3) La idea de que Dios y la naturaleza determinan que la mujer tenga como única función la maternidad y que esté subordinada al marido, cuando fuera casada, tiene como fuentes, además de las mencionadas ut-supra, a Marañón y A.Carrel en la Argentina. Médicos ambos, que intentan combinar sus conocimientos biológicos con la Biblia, porque "durante décadas, los anatomistas han rastreado la estructura cerebral de unos y otras -más, como dice Jorge Alcalde- sin llegar más que a conclusiones ambiguas y peligrosas"81.

Marañón, aunque aclare que ha pretendido huir del peligro de "pretender acoger a la inmunidad de la ciencia puntos de vista que, aunque orientados en un sentido biológico, son, no hay que decirlo, enteramente personales y discutibles". Páginas después, al apuntar las notas que caracterizan a ambos sexos, dirá de los caracteres funcionales secundarios de ambos sexos: "En cuanto a lo psíquico, la especial constitución de su sistema nervioso y endócrino que la hace infinitamente apta para los estímulos sensitivos y emocionales tan propios de la maternidad, la hace, en cambio, poco dispuesta -en el promedio de los casos- para la labor mental abstracta y creadora. En el hombre ocurre punto por punto lo contrario. Está dotado por naturaleza para trabajar físicamente y para resistir con tenacidad la fatiga corporal. Y su estructura endócrina y nerviosa le hace menos sensible a los asedios afectivos y más apto para la creación mental"82. He aquí una falacia ad verecundia de las que Marañón pretendía huir. Por ello, más adelante, le parece una "sentencia desconcertante", cuando Jesús le dice a María, respecto del trabajo doméstico de su hermana Marta: "María, tu escogiste la buena parte", es decir la del pensar abstracto y espiritual, aunque a Marañón le cueste creer83.

Hoy algunos piensan igual84. Pareciera que el raciocinio, facultad esencial del ser humano, que lo distingue de otras especies, estuviera contrapuesto a la afectividad. No se discute que hay diferencias, por algo son dos sexos, lo que se cuestiona es que se tome la facultad esencial del ser humano: el raciocinio, para excluir a la mujer de funciones que realiza el varón porque supuestamente es más racional. Esto explica por qué al varón se le denomina hombre y a la mujer sólo mujer, aunque también conforme la especie humana. Pero con las argumentaciones de un Marañón, un Arnaudo y tantos otros, centrando preferentemente a la mujer en lo afectivo y al varón en lo racional, es lógico deducir que si el ser humano es un ser racional, la mujer no es ser humano o es cuasi humana, según esas argumentaciones.

En función del concepto de persona que se adoptó, indudablemente la mujer en general y la casada en especial, estaba totalmente disminuida en su racionalidad y su trascendencia. En su racionalidad, porque evidentemente no se la juzga capaz de disponer de su propia persona, bienes, formación, sin la autorización del marido. En su trascendencia, porque si no es capaz para lo menos, cómo podría religarse con Dios, siendo considerada una incapaz, no responsable sino a través del marido. Pero, eran los usos y costumbres de la época que determinaban que desde distintas ideologías todos compartieran esta posición.

 

 

 

b) La mujer excluida de la sociedad laboral por mandato divino y por su

    naturaleza biológica, según los autores

 

Bajo ese marco doctrinario y jurídico y más que ello cultural y social, se expresan los autores considerados.

Con el título "La vuelta de la mujer al hogar"85, Francisco Casiello desconoce todo derecho de la mujer a pretender trabajar fuera de su casa, porque "la mujer ha desplazado al hombre desde la fábrica hasta la cátedra, produciendo un serio desplazamiento del hombre con todas sus graves e innegables consecuencias, en el orden hogareño y en el orden económico y social". Con cita del conde de Mun agrega "desde el momento que se hace obrera deja de ser mujer". "Fuera de la casa -dice-, impelida inicialmente por la necesidad, ...la mujer va tomando errada conciencia de su valor económico, gustando de cierta libertad...".

Con esa misma estructura de pensamiento, Coghlan y Belaunde ven el trabajo de la mujer fuera de la casa como la causa de la disminución de la natalidad, y aclaran la mujer ha "invadido cada vez más el trabajo asalariado y profesional, el deporte y aún las funciones públicas"86. Franceschi considera que las mujeres trabajan, después de casadas, para tener una vida más regalada y no por necesidad87.

Palacios, dirigente de un partido que fue pionero en proponer el voto femenino, dice demostrando una total inconsecuencia con ese postulado y la ideología marxista en general88: "Yo abrigo la persuasión de que algún día, la mujer no irá al taller, a la fábrica, a la oficina, concretándose a su noble labor de madre que sugiere ideales a sus hijos, dentro del hogar, manteniendo permanentemente el fuego sagrado de ese santuario, realizando así una actividad socialmente útil y conquistando, lo he dicho antes de ahora, la igualdad ante la fuerza y la belleza con relación a las mujeres de otras clases". Este pensamiento lo dice en las fundamentaciones de su proyecto estableciendo un sobresalario o sobresueldo familiar, para fomentar la natalidad y explicando el art. 10 por el cual "La administración pública -nación, provincia o municipio-, dará preferencia en la provisión de cargos a sueldo o salario, en igualdad de condiciones, de idoneidad, a los padres de familias numerosas y especialmente a aquellos cuyas esposas sean empleadas y obreras, siempre que éstas dejen su trabajo y se dediquen por entero al hogar"89. Exclusión que no establecía el proyecto de Casiello.

¿Palacios protege a la mujer obrera como interpreta Alicia Moreau de Justo?90. Según el artículo transcripto, no la protege, sino la excluye de la población económicamente activa. Solamente compensa esa pérdida del trabajo con un ínfimo salario familiar que, el empleador, debía pagar a la esposa del trabajador, no al marido, "para su inversión o administración", según expresa el art. 3ro. de otro proyecto anexo al anterior, formando la "Caja de fomento de la natalidad"91. Además, como se dijo en el punto anterior, Palacios ve a la mujer exclusivamente por su valor genético y reproductor de seres humanos sanos y fuertes. Por lo tanto, se debía proteger a la madre, pero no a la madre obrera, porque ésta casi, como decía el conde citado por Casiello, dejaba de ser mujer92.

Otros autores a su vez legisladores, ya sean católicos, liberales o socialistas tienen posturas similares respecto de la mujer, con algunas diferencias de matices y alguna pequeña excepción como se verá seguidamente.

 

c) El varón excluido de la sociedad familiar por costumbres ancestrales

 

Un tanto diferente es la posición de Cafferata. Como legislador, conservador y católico, se distingue del católico Casiello como del socialista Palacios.

En su extensa obra que denomina "En defensa de la familia", no dice que el descenso de la natalidad es consecuencia del trabajo de la mujer fuera del hogar, ni que ésta debía ceder su puesto de trabajo en favor del varón. Por el contrario, es autor de la ley Nro. 12.110 de 1934, por la que se establece la licencia por maternidad a las empleadas y obreras del Estado y de la ley Nro. 11.338, prohibiendo el trabajo nocturno en las panaderías. Es decir, protege a la madre trabajadora, "en las semanas anteriores y posteriores del alumbramiento para que goce del debido reposo y esté libre de las inquietudes que le causa la posible pérdida del trabajo o empleo y la disminución o supresión del sueldo o salario".

La diferencia entre Cafferata y los otros autores mencionados es su concepción sobre la familia. Es el único que expone una idea integral de la familia, con todos sus componentes: padre, madre e hijos. No como los demás, para quienes estrictamente la familia se integra entre la madre y los hijos. Así entiende la familia: "La raíz del mal, el factor por excelencia de la denatalidad hay que buscarlo en el fondo de la conciencia; en el afán de vivir la vida, con un concepto inferior materialista. Los hijos son una carga. Amamantarlos, educarlos, constituye un esfuerzo, que las madres no quieren afrontar y que los padres rehúsan porque aumenta el presupuesto de gastos"93.

En esas palabras, hay un substractum parecido al de los otros autores, pero pese a las similitudes que se pueden apreciar, porque todos hablan de la familia y de su protección, Cafferata, es el único que no responsabiliza a la madre solamente, sino que involucra también a los padres. Esto es importante porque de tanto considerar que las madres tienen como única función el cuidado del hogar, de los hijos, que si desciende la natalidad es porque la mujer quiere una vida fácil, o porque trabaja, los padres quedan excluidos culturalmente, de las responsabilidades y funciones que también les compete respecto de la magnitud de la familia y su educación. Limitándolos solamente a la manutención del hogar, se ha formado una cultura por la cual los padres se desligan de la familia, o directamente tienen hijos sin constituir familia, desvinculándose de la madre y del hijo, porque toda una cultura le está señalando, por más que aparenta escandalizarse por la ilegitimidad, que esa no es su responsabilidad, ni su función, es sólo de la madre. Esto se vincula a la ilegitimidad. Bunge [11], Llorens y Correa Avila [29], Gino Germani fundado en Bunge94 y otros más, consideran que es una lacra social, que si era explicable en las zonas rurales alejadas de los registros civiles, y por lo tanto eran uniones estables que conformaban una familia natural; era "desconcertante" su aumento a través de los años, habiendo aumentado el urbanismo y las tasas de nupcialidad. A ninguno se le ocurrió asociarlo por supuesto, como se hace aquí, a ese comportamiento atávico en el que se lo desliga al varón y se la obliga exclusivamente a la mujer a cuidar y proteger afectivamente a su familia. De ese modo, los hijos ilegítimos, como los legítimos eran y son alimentados, cuidados y educados por sus madres solamente, por más que el varón realice aportes financieros a su manutención, aunque no siempre.

 

 

 

d) Comprobación estadística de la escasa incidencia de la mujer en la

     población económicamente activa

 

"Las mujeres trabajan el 67 por ciento de las horas laborales, pero perciben sólo el 10 por ciento de los beneficios y son propietarias del 1 por ciento de los bienes".

JORGE ALCALDE, Mujeres sexo más fuerte, 1997.

 

Fuentes, leyes, autores católicos, liberales, socialistas todos están inmersos en una cultura ancestral que privilegia al varón sobre la mujer en el ámbito laboral. Preguntar por qué, casi se interpretaría como una ingenuidad, dado el arraigo de esta mentalidad en el hombre: varón y mujer. Y cuando algo está tan internalizado en la persona, no se cuestiona, se lo acepta sin averiguar si hay razones valederas que lo justifiquen. Las interpretaciones religiosas: son palabra santa que no se deben contradecir. Los argumentos jurídicos y científicos (biológicos, psicológicos, sociológicos), también sagrados para una mentalidad positivista, es de ignorantes cuestionarlos y ¿quién se atrevería a contradecir a los científicos?. Nadie, ni a nadie se le podía ocurrir hacerlo, por el peso de esas costumbres socio-culturales que cerraban el raciocinio a los varones, no solamente a las mujeres.

Sin embargo, corresponde indagar por qué hay una eclosión de argumentos contrarios al trabajo de la mujer, ¿realmente había desplazado al varón? Para contestar esta pregunta, lo mejor es recurrir a los datos (ver Cuadros XXII y XXIII) y para ello ha parecido importante referirlo a los censos nacionales y al trabajo de Gino Germani sobre todo. Germani es el único que al menos se pregunta sobre la veracidad o no de ese acerto, ante datos censales que lo desmentían. Así dice:

"Desde 1895 la proporción de amas de casa (es decir, población considerada inactiva) ha ido en constante aumento: de 25,7% de la población (varones y mujeres) mayor de 14 años, ha pasado al 34,5 en 1947. Este hecho, que parece desmentir la idea de un creciente abandono de las tareas domésticas por parte de las mujeres (en favor de una intervención en las actividades económicas generales) debe ser interpretado no sólo dentro del contexto de un examen de la evolución del trabajo femenino en general, sino también teniendo en cuenta los cambios operados en el trabajo doméstico, como actividad remunerada".


Por ello, indaga a continuación sobre la categoría "quehaceres domésticos", denominación que, como apunta, "se hallan clasificadas todas las personas de sexo femenino que no intervienen activamente en la producción o no poseen recursos propios. Tal es el criterio que tuvo que adoptarse -a falta de otros elementos- al interpretar las cifras del segundo y tercer censo (las del primer censo son inutilizables a este respecto)".

El criterio que describe Germani, a diferencia de Carreño, como se vio en el Capítulo IV, no es otro que el no considerar trabajo productivo al trabajo de la mujer en el hogar y sólo se considera "económicamente activo" si es remunerado. Germani interpreta que los cambios socio-económicos habían determinado que las mujeres trabajaran en su propio hogar, sin remuneración y no en otro con remuneración. Pero como la idea de él, es demostrar que el trabajo femenino que se considera económicamente activo había aumentado más allá de lo que demostraban las cifras censales y que tenían errores de criterio en la denominación de las ocupaciones, construye un cuadro (ver el Cuadro XXIII b), en el que sólo suma las mujeres que trabajan en la industria, el comercio y los servicios, excluyendo las que lo hacen en el servicio doméstico, confección y actividades agropecuarias.


Después de esto vale preguntarse qué se entendía y entiende por la palabra "trabajo". Según Vázquez Vialard es "la acción del hombre desplegada para dominar la naturaleza y con ello obtener una reducción del racionamiento a que lo somete aquella"95. Según Podetti, es "una actividad humana intencional dirigida hacia la obtención de los medios necesarios para la subsistencia"96. Pero es evidente que en un pensamiento economicista como el que estructuraba las ideas de los censistas y de los autores considerados, los quehaceres domésticos, la costura y las actividades agrícolas, aunque respondan teóricamente a esas dos definiciones, no eran trabajo, por más que "el trabajo dirigido al mercado es sólo una parte muy pequeña del volumen total del trabajo aplicado por las mujeres -diariamente, semanalmente, anualmente y a lo largo de sus vidas- a la modificación del mundo que las rodea", como aclara Durán97.

No obstante esta reflexión y la preocupación de Germani en el sentido de que no quedara suficientemente demostrado que en 1947 no había descendido sino aumentado la proporción de mujeres económicamente activas, es evidente, los mismos datos del autor lo advierten, que era escasísima la incidencia de la mujer en lo que se consideraba población económicamente activa (ver Cuadro XXIII b)), incluso hoy es pequeña98. Según el Censo Nacional de 1947, solamente el 22,6% de la población activa eran mujeres (ver Cuadro XXIII c)) y, supuestamente era menor este porcentaje que en los dos censos anteriores. Entonces, ¿por qué se decía que la mujer había desplazado al varón?. En primer término, se debe insistir que los datos censales, como ya se ha señalado anteriormente, no es la fuente del pensamiento demográfico argentino, sino los preconceptos, las ideologías y, en este caso, la costumbre de pensar que la mujer no debía hacer nada más que los quehaceres domésticos en su casa que de acuerdo con esos criterios no era trabajo.

En segundo lugar, se debe reiterar que la fuente subjetiva a la que hace referencia con el término costumbre, parafraseándolo a Leclercq, no es otra que la fundada en la creencia en la superioridad del varón sobre la mujer, razón por la cual procura subordinarla, tal como lo demuestra la preposición "de", que es una partícula de enlace que denota pertenencia o subordinación. Partícula que debe llevar obligatoriamente la mujer entre su apellido y el del marido. Distinto sería que se utilizara la conjunción "y" que denota coordinación, entre dos partes iguales99.


En efecto, en el caso que se aborda aquí, la subordinación de la mujer hacia el varón, es exaltada con bellas palabras, no cabe duda, al hacer referencia a la gran afectividad y los sublimes valores de la maternidad. Valores, se debe aclarar, que no hay dudas que deben enaltecerse, pero en las formas expresadas por los autores considerados, en el fondo, significan una forma más sutil de dominación y subordinación de un sexo al otro. Y de ocultar los miedos que producía el supuesto gran aumento del trabajo femenino, por lo que significaba la insubordinación de la mujer respecto del marido; por cuanto podía llegar a demostrar que la mujer tenía tanta o más capacidad que el varón en ocupaciones que antes eran privativas de ellos, derrumbando los argumentos esgrimidos sobre su racionalidad y aptitudes; miedo a la libertad de la mujer y de compartir la toma de decisiones que manejaban exclusivamente los varones. Sin llegar a comprender que con esas argumentaciones, se disminuían ellos mismos, los varones, en una de las facultades esenciales del ser humano que es la afectividad y la paternidad que junto a la razón, distingue al hombre de otros seres.

 

III. LA PROPUESTA: EDUCACIÓN MORAL PARA LA ÉLITE Y/O JUSTICIA

      SOCIAL PARA LOS POBRES

 

Sobre esas ideas fundadas en las teorías psico-biológicas, conductuales y esencialmente economicistas, elaboraron sus propuestas para, según decían, solucionar el problema de decaimiento racial y poblacional. Las medidas y acciones formuladas para lograrlo han sido brevemente señaladas en este capítulo porque hay una gran simbiosis entre lo que los autores suponían eran factores del descenso del ritmo de crecimiento vegetativo y la acción gubernamental o privada para revertirlo. Se señaló, en parte, el grado de coherencia que evidenciaban entre uno y otro aspecto. Por lo tanto, en este punto interesa agrupar esos comentarios en un esquema que servirá de conclusión a este capítulo e insistir en la débil correspondencia entre los factores y soluciones para el crecimiento vegetativo.

Se dijo que, a la hora de determinar qué factores habían producido el descenso de la natalidad, muchos pensaban en la multiplicidad de los mismos, pero al momento de hacer el balance, sobreestimaban alguno, y de ellos sobresalían los económicos y los morales.

Esta aclaración es necesaria por cuanto en un planteo lógico, a determinados factores productores del descenso del crecimiento vegetativo, deben corresponder determinadas soluciones o medidas para revertirlo o para morigerarlo y alcanzar el objetivo poblacionista que los inspiraba.

Este es el problema de no sencilla solución, ni para la teoría que los inspiraba, ni para los demógrafos actuales. Si bien hay consenso teórico y político respecto de las medidas necesarias a adoptarse para disminuir la mortalidad y la morbilidad100, el consenso desaparece al pretender aumentar la natalidad y la nupcialidad101.

 

A. Una política educativa formadora de valores morales y de la

     conciencia nacional

 

"Desgraciadamente que, en los hombres de nuestro tiempo, aun cristianos, las pasiones políticas quizás priven sobre las preocupaciones morales. Las reglas morales, que les parecen depender de la moral a secas cuando creen que ellas les dan la razón, se cambian en "moralismo" desplazado cuando tienen el sentimiento de que ellas los perjudican".

JOSEPH FOLLIET, El moralismo, Lyon, 1957102.

 

Los factores morales y consecuentemente la propuesta educativa para cambiar las conciencias, las acciones, las conductas maritales o humanas en general, requiere intentar aclarar qué se entendía por moral, a qué vertiente de pensamiento o doctrina filosófica respondían cuando se refieren a la moral, porque evidentemente todos hablan del decaimiento moral o del factor moral, sea el factor más importante o no. Uno solo, Pagano, es el que descree de las enseñanzas ético-normativas de orden moral para modificar la conducta humana y preferirá referirse a los cambios culturales.

En la postura de Pagano se pueden apreciar los distintos vértices que tenía esta problemática. Luego de mencionar el descenso de la fecundidad en numerosos países y preguntarse cómo era posible que se destruyera una cultura por no atenerse a los principios éticos, agrega "Se impone como consecuencia una deducción: o esas enseñanzas normativas de orden moral y de consentimiento universal, no son válidas o bien, el material humano es impropio para sujetarse a esas reglas de conducta. Y lo que se ha dicho de las normas de origen religioso puede extenderse sin inconvenientes a las reglas éticas de bases racionales fijadas por numerosos pensadores. Como respuesta satisfactoria puede suponerse que los elementos que condicionan la vida del hombre, lo someten muchas veces a tales tensiones que su armadura moral no puede resistir y sobrevive el derrumbe del edificio cultural tan penosamente levantado"103.

Esas palabras advierten: primero, la equiparación entre ética y moral. Segundo, la coexistencia de distintas formas de valorar la conducta humana: la religiosa y la racional. Tercero, la simbiosis entre lo denominado moral y las teorías sociológicas anteriores a la Segunda Guerra Mundial, referidas a lo cultural.

 1. En el primer caso, el cardenal Karol Wojtila, profesor de teología moral y ética social, hoy Juan Pablo II, distingue bien entre moral y ética: "Si el estudio expone los hechos de la vida moral sólo de un modo descriptivo, con la aplicación del método experimental inductivo, tenemos entonces la ciencia de la moral. Esta ciencia estudia las normas morales existentes; por tanto establece qué cosa, en un ambiente o época determinados, es o ha sido aceptada como buena o mala. La ciencia de la moral no define en qué consiste lo bueno o lo malo. Esta tarea pertenece a la ética, la cual estudia la vida moral no de un modo descriptivo, sino normativo. A ésta le compete definir, por tanto, las normas, es decir emite juicio sobre aquello que es bueno o malo, y proporciona el fundamento de estos juicios, es decir, demuestra por qué es así"104.

Ninguno de los autores considerados aquí se plantea esta cuestión. Ellos se refieren siempre a los hechos morales dando por supuesto que sus lectores entienden a qué principios éticos están referidos y que esa ética contribuye a formar la acción moral. Por ello es necesario analizar los otros dos puntos para llegar a una aproximación de qué entendían por moral.


2. El grupo católico (Casiello [77], Gino Arias [47], Belaunde [49], A.y M. Bunge [11 y 74], Coghlan [50], Correa Avila y Llorens [29], Franceschi [97], Cafferata [12], Valverde [142]), deja traslucir los principios éticos que conducen a la formación de conductas morales; todos se inspiran en la religión católica. Como una muletilla, como un slogan, apelan a la "enseñanza religiosa en las escuelas", urbanas y rurales (Arias, Casiello, Correa Avila, Llorens); que inculque un "concepto integralmente cristiano de la vida" (Belaunde y Coghlan); que reforme las conciencias, más que las leyes, con una enseñanza espiritual antes que sexual (Franceschi); con sanos principios acordes con Dios y con la Iglesia (A.y M. Bunge), que enseñe a la mujer la noción del deber y sacrificio que debe a su familia y a su Patria dedicándose a los quehaceres domésticos y a procrear y cuidar hijos.

Sobre esa base contrarrestar la campaña antinatalista o malthusiana de los medios de comunicación, con un mensaje pronatalista, antipornografía y antiaborto, además de una legislación que prohibiera la divulgación de un discurso que las fomentara. Como también la indisolubilidad del matrimonio. Todas ellas propuestas de educación para fortalecer los sentimientos familiares.

 Otro grupo (Bernaldo de Quirós [4], Guillot [25], Mortone [30], Palacios [120], Quinodoz [123], C.J. Rodríguez [124], las conclusiones a las que arriban en el Congreso de Población [7]), se refiere a la necesidad de inculcar una moral patriótica, rígida, que evite la "miseria moral que abate a la civilización occidental" (Quinodoz), a través de una campaña pronatalista que, como diría Landry, "enseñe una moral demográfica", fundada en la religión para aquellos que tuvieran una fe o en el patriotismo para los que no la tuvieran, de modo de obligarlos a actuar conforme con los principios de su confesionalidad o con los intereses de la Patria105. El núcleo de la educación estaría centrado en la moral, dada en las escuelas públicas y en los medios de comunicación, de modo de fortalecer los sentimientos familiares. Dignificando a la mujer, evitando que las madres trabajasen fuera del hogar, que los padres abandonasen a la familia.

No es nítida la diferenciación entre ambos grupos de autores. Tampoco se puede decir que dentro de este segundo grupo, no haya católicos inspirados también por los principios éticos dados por el magisterio de la Iglesia, pero no lo dicen explícitamente como los otros que expresamente se remiten o a las encíclicas papales, o al Código Social de Malinas de 1924 o al Código de Moral Política de 1937, ambos del cardenal Mercier. Ni se puede asegurar que el grupo católico no esté inspirado también en principios éticos racionalistas fundados en Kant. Esto lo explica muy bien Folliet: "el siglo pasado y el comienzo del actual sufrieron, bajo la influencia del puritanismo burgués, una indigestión de moral -y la peor de todas las morales, la moral "laica" sentimentalista y humanitaria, aislada de las fuentes cristianas, la moral abstracta y falsamente universalista nacida del kantismo-, la moral kantiana que, como decía Péguy, tiene las manos puras porque no tiene manos. Este "moralismo", pues lo era, y de los más discutibles, había terminado por invadir, en ciertos casos, el pensamiento cristiano hasta el punto de reducir la vida religiosa a una pura moral -lo que fue una de las tentaciones más profundas de todos los liberalismos religiosos"106.

En efecto, es una moral que ya venía induciéndose desde fines del siglo pasado, en un Pellegrini, en un Agustín Álvarez, o en un Ricardo Rojas107, y sigue vigente en algunos108. Se entremezclaban distintos principios éticos: los sobrenaturales y los racionalistas, en los que se combinaban las conductas morales para bien de la persona y de su salvación eterna, con las acciones morales con sentido social, en tanto protección de la familia para bien de la patria, de la nación.

3) En definitiva, los autores, hacen una simbiosis entre cultura, civilización y moral. Para que no se pierda la civilización había que incentivar la enseñanza moral, para que los mejor dotados -léase civilizados, interprétese de mayores recursos, más cultos- aumenten su fecundidad y la nupcialidad, había que inculcarles principios éticos racionalistas o religiosos, para que actúen conforme a ellos, tal como se desprende de las transcripciones realizadas de las obras de Bunge, Pagano, Quinodoz, Llorens, Belaunde, Cafferata, etc.

Era la doctrina social en boga antes de la Segunda Guerra Mundial que desarrollan Landry, como se vio y sobre todo Nitti109, tan citados por los autores argentinos. Como dice Freedman: "las ideas dominantes antes de la segunda guerra mundial se relacionaban todas con la transformación de las funciones de la familia y los hijos en la sociedad industrial-urbana. Las distintas teorías pueden resumirse como sigue: La urbanización industrial iba unida a una compleja división del trabajo en todas las esferas de la vida; junto con el alto índice de movilidad social y física, esto provocó inevitablemente un aumento de la secularización y el racionalismo, el decrecimiento de la influencia de las fuerzas tradicionales, como la fe religiosa, y la crisis de la familia tradicional y de otros grupos primarios ... la familia perdería sus funciones en beneficio de otras instituciones ... los hijos dejarían de ser elementos productivos de una economía basada en la familia..."110.

Esa era la creencia. El Congreso de Población es un compendio de todas esas influencias cuando se considera "los nuevos conceptos, hábitos, vanidades, flaquezas, miserias e injusticias sociales", fomentados por "el egoísmo, la propaganda anticoncepcionalista", expresan los despachos; por el "materialismo" dice Cafferata; por la ignorancia, dice Bard111. Estrictamente, con esos calificativos engloban dentro del factor moral al deseo de ascenso, de progreso individual, entendido como egoísmo para con la sociedad, en tanto que limita a las familias en su función procreadora. Con el convencimiento de que una propaganda moralizante, una educación religiosa, contrarrestaría todo un cambio cultural, propio del pasaje de la sociedad agrícola a la industrial.

Por lógica consecuencia y, según los argumentos que los mismos autores utilizaban, esa campaña educativa iba dirigida a los de baja fecundidad que supuestamente pertenecían a las clases más cultas, más civilizadas, de mayores recursos, es decir, la élite y si para Bunge112, ésta estaba conformada nada más que por cien familias muy prolíficas, entonces estaba destinada a las clases medias, las que estaban en plena movilidad y ascenso social y entendían que por ello eran poco fecundas.

Esta es la razón por la cual se caracterizan a las ideas demográficas argentinas como elitistas. Pero también se quiere significar, la escasa fundamentación y reglas de correspondencia que guardaban las ideas argentinas sobre su población. Cómo las idealizaciones les hacía perder de vista la realidad poblacional argentina, cuyo descenso del ritmo de crecimiento, dada su magnitud, no estaba sectorizado socialmente. Y era un dilema que no sabían resolver, al legitimar un modelo, caracterizado como "civilizado", culto, que estaba intrínsecamente unido a la denatalidad, y a su vez desligitimarlo con pautas culturales que ese modelo había desplazado. Es a lo que apunta Ernesto Nelson, que por ello fue muy criticado por G.Arias y Valverde, al decir: "Hay que hacerse a la idea de que la baja natalidad es consubstancial con la cultura y la dignidad del hogar"113.

 

B. Una política familiar con justicia social

 

En este punto vuelven a presentarse las contradicciones y la inconsistencia lógica entre lo que pretendían alcanzar, los factores que suponían habían hecho descender el crecimiento vegetativo y las medidas propuestas.

Lo es porque, si se hace hincapié en los factores económicos tendrán que proponer acciones tendientes a disminuir la incidencia de esos factores. Ahora bien, el factor económico que ocasionaría el problema del descenso del crecimiento vegetativo: ¿era la riqueza o la pobreza?. Si se decía y se dice que a mayor riqueza menor fecundidad y viceversa. ¿Cuáles son las medidas económicas adecuadas para lograr que aumente la fecundidad de los de calidad?, ¿disminuir la riqueza? o ¿enriquecer a los pobres?

 Las respuestas a estos interrogantes, si bien es cierto están expuestos con cierta ironía, no lo es tanto si se analiza el mensaje subliminal que van dejando las frases que anteceden a la propuesta de una legislación social que se han desarrollado en este capítulo, y a la necesidad de que hubiera justicia social. Mensaje vinculado a los objetivos de progreso, a los fines poblacionistas propuestos, en cantidad y calidad. Pero que entraba en contradicción con el modelo cultural que quieren imitar, por cuanto como bien dice hoy (1997) el profesor italiano Alessandro Baratta: "Los niños han sido excluidos del pacto social de la modernidad. La democracia política no es posible sin una democracia social"114 y, como se vio, no son proclives a una democracia social.

Lógicamente hay matices diferenciales entre los autores, cuya sistematización no es sencilla, como tampoco lo eran las hechas anteriormente, dado que hay un substractum ideológico, filosófico común a todos que los envuelve de modo tal que es difícil distinguir las variables doctrinarias, religiosas en que abrevan sus ideas. Hay un discurso similar, de moda se podría decir, en el que convergen diferentes vertientes disciplinarias, políticas, sociológicas, económicas, centrado en la idea de familia como núcleo básico sobre el que había que incidir para lograr el objetivo poblacionista, que a su vez involucra los fines económicos y sociales del Estado.

Tras esa idea se alinean los autores provenientes de distintos campos disciplinarios y políticos. Esto mismo es lo que apunta Bunge ante la Comisión bicameral en 1939, llamado a opinar sobre varios proyectos de ley referidos a la familia numerosa y a la vivienda popular: "Coinciden en su fondo y con muy escasas y salvables diferencias en su forma, los dirigentes de la administración y los legisladores, los agrarios, los industriales y los comerciantes, los católicos y los socialistas, los radicales y los conservadores"115.

Aquéllos enmarcados en las disciplinas jurídicas, captan, en parte, toda una rama del derecho, denominada del constitucionalismo social o la legislación que la promueve o se deriva de ella según los países, tales el derecho laboral, previsional, en fin lo que hace a una política social. Posición del derecho surgida fundamentalmente en Europa, pero cristalizada primero en la Constitución de Querétaro (1917) y luego en el constitucionalismo europeo, en forma incipiente en el período de entreguerras mundiales y con seguridad después de la Segunda Guerra Mundial116.

En la Argentina, en el orden provincial varias constituciones como la de Mendoza (1916), San Juan (1927), Tucumán (1909)contienen cláusulas sociales. Pero la que recibió el impacto más grande de estas ideas fue la Constitución Nacional de 1949 (arts. 37-I-8 y 37-II) referido a la protección de "la familia como núcleo primario y fundamental de la sociedad", con cláusulas protectoras a las madres y a los niños117. Poco tiempo rigió. En 1957, derogada por bando militar, apoyado por gran parte de la clase dirigente tradicional, se reforma la Constitución (art. 14 bis) que concentra las cláusulas contenidas en el 49 en la frase: "la protección integral de la familia". No obstante, en la comparación de ambas normativas, se ha dicho que la de 1949, era mucho más comprensiva pues se refería a los aspectos jurídicos, económicos, sociales, morales y religiosos, mientras que la del 57 "se ha incluido en un contexto que pareciera de tipo económico solamente" -dice Ramella- aunque agrega: "No es posible suponer que los convencionales de 1957 hayan considerado a la familia como un ente puramente económico"118. Sin embargo, habida cuenta de que uno de los convencionales en ese año fue Alfredo Palacios, que tenía bien perfilado el problema económico de la población y como otros autores subsumían todo al economicismo, no es errado esa interpretación119.

Consecuentemente, está la nueva teoría del Estado que dará las fundamentaciones, como se vio en el capítulo anterior, al Estado social de bienestar. Desde fines del siglo XIX y con toda seguridad en el período de entreguerras120, se venían proponiendo esas mismas reformulaciones, producto del análisis de consecuencias no deseadas del modelo aplicado en forma ortodoxa. O, como diría Givetz al referirse a las transformaciones del Estado en ese mismo período, es porque "llegan al convencimiento de que el bienestar del individuo, por encima de las medidas que puedan adoptarse, ...es demasiado importante para confiarlo a la costumbre o mecanismos informales e interpretaciones privadas y de que, por consiguiente es competencia del gobierno"121. Pero, que no significaron reformular la base ideológica substancial: la creencia en el racionalismo, el economicismo, como factor esencial mediante el cual se lograría encontrar las soluciones adecuadas.

Por ello, de justicia social, en forma explícita hablan Gino Arias, Belaunde, Carlos J. Rodríguez.

De la necesidad de sancionar una legislación social, en forma genérica, sin especificar qué tipo de leyes se debían sancionar se refieren J.C.Rodríguez, Quinodoz, Inchausti. Casiello, Araoz Alfaro, Belaúnde, Coghlan, Correa Avila, Llorens, Franceschi, Palacios, Cafferata, Guillot, Guaresti, Mortone, González Galé, Germinal Rodríguez, Valverde, Dabba, darán propuestas concretas de legislación social. Tales: salario familiar, préstamos oficiales a las parejas que van a contraer matrimonio, facilidades a las madres multíparas para obtener créditos; premios a las parejas multíparas, eximición o reducción de impuestos a las familias numerosas; gravámenes progresivos a los solteros de ambos sexos e impuestos a los matrimonios sin hijos, etc. No obstante, se pueden distinguir posiciones diferenciales. Están aquéllos que descreen totalmente en la eficacia de una política poblacional asentada en remedios económicos, como los subsidios familiares y por lo tanto no hacen o son mínimas las propuestas en ese sentido (los Bunge, por ejemplo122). Otros se preguntan, al menos, si serán solución al problema poblacional argentino y, ante la duda, proponen medidas socio-económicas que hacen a una política social (González Galé, Bernaldo de Quirós, Cafferata: "si la ley no llega a lo íntimo de la conciencia -dice- contribuirá a hacer más llevadera la carga de los padres de familia"123. Hay otros que no se preguntan mayormente sobre la eficacia o están convencidos de que conduce a la solución y aconsejan la sanción de una amplia legislación social, impositiva, asistencial.

En esta última posición están los médicos: Araoz Alfaro, Germinal Rodríguez, el mismo Cafferata, mirando el problema desde lo biológico sobre todo, propondrán además la construcción de hospitales, dispensarios e institutos protectores de la salud.Esta propuesta de política social lleva implícita un concepto de desigualdad social y de equiparación de diferencias, distinta de la idea de desigualdad de recursos, de bienestar económico provocada por las deficiencias sociales, regionales y por diferentes aptitudes como se ha observado desde el punto de vista socio-económico124. Engloba los desequilibrios o deficiencias de "necesidades" como dice Landry125, y se refiere a la desigualdad de situaciones familiares, sin distinción de jerarquías económicas. Concretamente, la redistribución no sólo va dirigida de los más poderosos por su bienestar económico a los más humildes, sino de los sanos a los enfermos, de los solteros a los casados, de los matrimonios sin hijos hacia quienes los tienen y de las familias pequeñas a las prolíficas.

¿Qué papel juega la pobreza en esta concepción?. Bien dice Podetti "el concepto de pobreza depende de lo que se entienda por necesidades mínimas" y esta propuesta de legislación social con fines poblacionistas, al cambiar el enfoque desde el cual es observada la problemática, la pobreza tiene un valor relativo.

Es relativo, porque como bien dice el mismo autor, la locución "política social" y lo social, tiene una multiplicidad de sentidos. Asi puede significar un concepto filosófico, un producto, un proceso, con alcances positivos en tanto comprende los casos concretos y la totalidad compleja; que contiene un principio de generalidad y de abstracción y que su nota más característica es que "se puede tomar en sentido colectivo como distributivo". Que a medida que avanza en el tiempo involucra la estructura social y el desarrollo social, la estratificación y movilidad, como la "participación cada vez más amplia en la comunidad nacional, considerados como requisitos todos para el desarrollo económico o factores concomitantes de él"126. Sobre esas bases, se puede decir que, la política social propuesta no pretende una equiparación mayor entre las clases sociales, no es tuitiva de los intereses proletarios estrictamente, sino que se desea alentar, con beneficios económicos la formación de nuevas familias, la fecundidad dentro del matrimonio, mejorar la calidad de vida tras la implementación de una política asistencial y tras ello, mejorar la calidad de la población.

Finalmente, no es errado cuestionarse, partiendo de la base que los autores están adscriptos fundamentalmente a la teoría de la transición demográfica y al darwinismo social, si al mejorar económicamente a las familias más humildes no se pretendía también hacer descender la alta tasa de natalidad en dichos sectores y propender a elevar la de los sectores mejor dotados, según sus argumentos. Al menos, surge la duda del grado de altruismo y de caridad que conllevan esas propuestas y el mayor grado de acercamiento a ideas desarrollistas, protectora no de los más débiles, sino de un sector social con preeminencia que veía peligrar su situación ante el "decaimiento racial" como decían.

Así como, las teorías económicas de Keynes fueron interpretadas como las ideas de un "liberal apasionado y creyente convencido en el valor de la iniciativa y en la empresa privada. [Y] creía que sus doctrinas podían servir de salvaguardia de la empresa privada si la intervención del Estado, proporcionaba la estructura adecuada"127. Del mismo modo, la propuesta de legislación social, de los autores considerados, se puede interpretar como una forma de mantener el statu quo de las élites sociales tradicionales. Y esto explicaría mejor la actitud de rechazo que tuvieron las clases dirigentes tradicionales, representadas en la Corte Suprema de Justicia, al concretarse legislativamente, en algunas provincias128, la mayoría de las ideas plasmadas por ellos a nivel cuasi teórico.       

Una muestra más de esta ambigüedad y contraposiciones se ve en Mortone cuando dice: "Por ello debe tenderse a la educación de las masas pues mientras en algunas clases ricas, las condiciones de vida llevan a la infecundidad por el sedentarismo, nerviosidad, mutabilidad de las pasiones que entrañan la degeneración y el adulterio y lo que es más, el desconocimiento de la maternidad, hay otras, las que no poseen nada, las que ni siquiera tienen la esperanza de elevar en algo su condición, y sin embargo subconscientes, proliferan largamente"129.