1.
El
elitismo spenceriano
Los determinismos fundados en prejuicios
biológicos-sociales
sobre las clases sociales es de entre todas las categorías que se analizan las
premisas, la que más demuestra el elitismo con visos spencerianos en el que
están influidas las ideas. Porque, en cuanto a naciones se refiere, si bien hay
una gran dosis de racismo y por ende de darwinismo social -sobre todo cuando se
refieren despectivamente a las poblaciones de Asia y África, y una
sobreestimación de las cualidades de la población europea y blanca- sus preferencias por Europa y
EE.UU. tienen un fuerte acento cultural mas que biológico, como se desprende de
la palabra civilizados. Mientras
que en el caso de las clases sociales el acento está más en lo biológico que
en lo cultural, convencidos de que las cualidades culturales, positivas o
negativas, se transmitían por herencia, como decía Galton. Lo que los lleva,
por lógica consecuencia a tener un concepto subjetivo de clase social que nada
o poco tiene que ver con la idea de estratificación social, sustentada en
indicadores de una mayor objetividad aunque no total, y no en argumentos
biológicos34.
Sobresale
nuevamente Alejandro E. Bunge en esta posición. Para él, los genes
transmitían la superioridad de las personas, desconfiando de lo ambiental.
"La civilización superior contemporánea se
produjo poco menos que de un salto, -dice- al conjuro maravilloso de una serie
de hechos favorables y coincidentes en el terreno de la ciencia, de la técnica
y del desarrollo de las facultades espirituales. ... Esta civilización no
descansa en su propio instrumental maravilloso,...descansa en su contenido,
en el hombre mismo,... en la influencia de sus
hombres superiores".
"Pero, también casi de pronto, los hombres
mejor dotados, más absorbidos por las responsabilidades, y los que de cerca les
siguen atraídos por los éxitos materiales y por los halagos de una vida sin
privaciones, empiezan a tener menos hijos. Empiezan a ralear alarmantemente las
filas en los grupos más elevados, con más probabilidades de transmitir, por
razones biológicas y también quizás de ambiente, las condiciones
superiores".
"Simultáneamente la bacteriología, la medicina,
la higiene, esgrimen armas maravillosas para salvar las vidas, y como resultado
sobrevive mayor número proporcional de débiles y de tarados física y
mentalmente. Pero precisamente entre ellos, como también entre los desvalidos,
es donde se refugia la continuidad de la especie. Y son ellos los que continúan
procreando y transmitiendo en buena parte los defectos y las taras". Y
citando a Carrel dice: "No tienen ni sentido moral, ni estético, ni
religioso...".
Luego se funda en la carta del Papa Pio XI,
(11-11-1939) dirigida a los Jefes de la Iglesia de EE.UU., que tal como en
Casti Connubii se referirá a "la indiferencia para con los pobres, afán
de riquezas mal habidas, divorcio, enfriamiento del mutuo afecto de los padres
y los hijos, anticoncepcionismo con debilitamiento de la raza", pero
Bunge concluye que era "evidente que se dirige a las clases
superiores".
Lo que es evidente es que Bunge confunde las ideas
de Spencer con las del Papa y la doctrina social de la Iglesia y los preceptos
morales dirigidos a las personas y a los dirigentes, con el darwinismo
social. Porque mientras Pio XI se está refiriendo a que los gobernantes deben
"remediar la penuria de las familias menesterosas" y que el
capitalista debe dar "un reparto equitativo de los bienes y el justo
salario"35, Bunge
entiende que, con esos remedios, se protegían a los peor dotados como se
desprende
del párrafo anterior. Más aún, descalifica genéricamente a aquéllos que
propician la puesta en marcha de una política social, en esta forma: "en
este hemisferio occidental hombres superiores con métodos demagógicos se
lanzan en la empresa de exacerbar a los sectores sociales peor dotados y les
señalan con su índice a la élite como usurpadora"36. Queda la duda de cuándo un
hombre superior es demagógico o no. Cuando el Papa dice que se deben
redistribuir
las riquezas y que la propiedad tiene un carácter social, ¿no está señalando
con el índice a la elite, como dice Bunge, o al capitalista como dice el
Papa?. Claro que sí, pero Bunge lo interpreta tras el velo del darwinismo
social de Spencer, al que cita expresamente, y por eso no advierte que su idea
sobre la demagogia puede alcanzarle al Papa, aunque no fuera su intención37.
Su hijo Max se adscribe a un spencereanismo más
ortodoxo todavía, porque el padre no identifica con precisión cuáles son las
clases inferiores, los tarados física y mentalmente. Lo dice genéricamente y
evidentemente son los pobres. Pero Max Bunge aclara sin ambages: "En la
selección natural, sucumbe con frecuencia el incapaz de avanzar... En nuestra
sociedad actual no existe esa selección natural del predominio de los mejores.
La selección artificial es a la inversa. Aumenta el número de los inferiores
mientras disminuye el de los superiores... ¿cómo negar la enorme diferencia
que hoy existe entre una tarado inferior y un sabio, entre un jornalero
inhábil y un organizador de empresa?"38.
Detrás de esa pregunta están todos sus prejuicios sociales, no compara un
jornalero inhábil con otro hábil, sino contrapone al empresario que supone
hábil con el jornalero que considera inhábil. Es decir, detrás de esas
idealizaciones está el economicismo que determina que el tener más bienes los
hace superiores, inteligentes y hábiles.
En definitiva, ninguno de los dos Bunge va a
auspiciar
la sanción de una legislación social. En esto fueron coherentes porque de
hacerlo, según sus ideas, hubieran protegido a los que ellos denostaban, los
más débiles económicamente, sin influir en el crecimiento de los que suponían
eran mejores. Sí insistirán en la propagación de los principios morales y
religiosos para alentar la fecundidad de los matrimonios
"superiores".
Varios autores evidencian su darwinismo social al
referirse a la selección a la inversa o al menos al hablar de selección.
Aunque también se observa una gran influencia de Ortega y Gasset que sobre la
selección pensaba en forma similar39.
Se vio ya que lo decían Llorens y Correa Avila, los eugenistas negativos del
Congreso de Población de 1940, lo expresan casi con los mismos términos de A.
Bunge. Belaunde también se basa en Alexis Carrel, al que considera un
"eminente biólogo"40,
para referirse a las enfermedades degenerativas que siempre están
circunscriptas a algunas clases sociales no a todas41. No obstante ello, el darwinismo
social de estos autores, a diferencia de los Bunge, está suavizado o bien, por
un lamarkismo que hará hincapié en la modificación de la herencia reformando
los factores ambientales, o por la doctrina social de la Iglesia que se
centra en la justicia social, o de ambas posiciones al mismo tiempo, dependiendo
de la ideología que sustentan. Por eso, todos ellos y más los que se
mencionan a continuación, será mejor incluirlos en el punto siguiente, en
tanto, en general, propondrán mejorar la calidad de la transmisión
hereditaria,
a través de la implementación de una política social.
2. Elitismo eugénico
"No se
trata para nosotros de saber si resistiremos a un sucesor mejor dotado, surgido
del juego natural de la evolución orgánica, sino de saber si nosotros mismos,
por nuestros propios medios, podremos y querremos extraer de nosotros a un ser
que nos supere".
JEAN ROSTAND, Peut-on modifier l´homme? 42.
Al denominar elitismo eugénico, se quiere
significar que es otra forma de privilegiar y sobreestimar a determinados
sectores. El economicismo y los prejuicios sociales, evidentemente subyacen
en esta posición pero están velados por consideraciones de higiene y salud de
la población. Se podría decir que más que Spencer está Galton. De todas maneras
siempre dentro del darwinismo social. Algunos ubicados en la eugenesia
negativa de Galton, y otros en la positiva, pero todos para lograr una
transmisión hereditaria de calidad que evite el decaimiento
de la raza blanca43.
Están pensando más en la morbimortalidad que en la natalidad y ésta sólo a
los fines de la herencia de patologías que suponen transmisibles directamente.
Es decir, la élite la conforman los sanos o los supuestamente sanos.
a) La eugenesia negativa
El "célebre" Galton, lo hace retroceder a
Bernaldo de Quirós, un eugenista jurídico, a La República de Platón, y fundarse en leyes de la Alemania nazi.
Por eso como si fuera el griego critica la falta de límites legales para
contraer matrimonio:
“...leyes del tipo del Código Civil que permiten las
uniones sexuales -de derecho natural- no fueron acondicionadas por una
saludable y oportuna educación sexual, eugénica, pedagógica y moral
conveniente a la sociedad y porque las leyes que sancionaron los matrimonios
-de Derecho Civil y administrativo-, han sido, en gran parte, absurdas, de una
libertad liberticida, amorales y están en crisis con lo que debe ser la
verdadera personalidad del hombre, como producto hereditario promulgado por
el Derecho Civil, después de haberlo sancionado la ley biológica y social por
una selección normativa consuetudinaria".
Este autor es uno de los que sobreestima los factores
morales del descenso del ritmo vegetativo. Acá queda aclarada su idea de lo que
es o no moral para él y para muchos de los autores, como así también su idea
de personalidad humana, que debía ser determinada por la autoridad y por ende,
sin poder actuar con libertad. Porque, moral era coartar la libertad para
casarse a los enfermos de lepra, sífilis, los alcoholistas crónicos, los
mendigos asilados, como establecía una ley de Ohio, o lo que es peor "los
que hayan perdido valor genético para la Nación, los caducos (castrados,
esterilizados, etc.)" como dice en cita de una ley alemana de 193844. Por momentos se muestra algo
más cauteloso, sobre todo después de citar a Alexis Carrel -demostrando la
influencia que tuvo este autor entre los considerados aquí- para quien era más
importante la calidad que la cantidad, y concluye: "frente, pues, al
profundo interrogante de cantidad o calidad, debemos buscar un prudente
término medio..."45.
Un término medio, que en realidad, de acuerdo con la legislación que propone,
no es más, como decía Rugiu46,
que desear una población uniformada para lograr los objetivos poblacionistas
de calidad, juntamente con un Estado poderoso, similar al que existía en
Alemania en esos años.
Junto a él están los eugenistas negativos del
Congreso
de Población realizado en 1940, como se destacó en el capítulo anterior, los
que con argumentos similares propusieron ampliar a las mujeres el certificado
prenupcial obligatorio, (en ese entonces era sólo para los varones), impedir
los matrimonios de enfermos crónicos, contagiosos que tuvieran taras
hereditarias,
en esos años era sólo para las enfermedades venéreas (ley 12.331, de 1936) y
reformar, ampliando, las disposiciones del Código Civil referidas a los
impedimentos
para contraer matrimonio o anularlo con posterioridad a su celebración47.
Desde Platón, pasando por Hitler, las leyes de
esterilización de los EE.UU.48,
hasta la ingeniería genética con sus secuelas incluida la clonación, con
fundamentos filosóficos o supuestamente científicos, el hombre ha intentado
destruir, eliminar o impedir que nazcan personas, no inferiores, sino
fundamentalmente distintas, o que piensan que serán distintos de ellos y por
lo tanto inferiores, económicamente, en salud o en cualquier otro aspecto.
Ninguno traía a colación que de una madre tuberculosa y de un padre
alcohólico
y sifilítico había nacido Beethoven49.
Se podría preguntar si hubieran dejado casarse a los padres o al mismo premio
Nobel de física, Stephen H. Hawking, conociendo su rara enfermedad. Tampoco
se cuestionaban, como hace Rostand en el epígrafe, si estaban dispuestos a
seguir los fundamentos científicos al punto tal que sólo se procrearan in-vitro personas "superiores", incluso superiores a ellos, como lo
había novelado un autor contemporáneo, en los años ´30, como Huxley.
Ni siquiera se cuestionan la cientificidad de los
conocimientos biológicos que habían inspirado la eugenesia, como lo hace un
autor español, Vallejo Nájera, contemporáneo de ellos, que por supuesto no es
citado en esos años. Este autor, sin los conocimientos biológicos de Rostand,
sólo con una idea general de Mendel, Fisher y Galton, tiene una postura muy
crítica de la "teoría de la degeneración", que es a la que alude la
idea de la eugenesia, a la que considera anticientífica, "porque supone
que la herencia puede crear caracteres nuevos, -dice- cosa imposible, pues
nadie puede legar a sus sucesores aquello que no posee". Tiene interesantes
consideraciones sobre la imposibilidad de esos tiempos, de hacer prácticas
experimentales para conocer cuál es la trasmisión hereditaria. Más aún,
apunta lo que le faltó a Bernaldo de Quirós y a los que pensaban como él, que
todas esas leyes y acción del Estado en pro de la eugenesia "afectan a la
libertad y dignidad humanas, pues hemos visto -dice Vallejo Nájera- que el
edificio científico de la herencia patológica comienza todavía a trazarse en
sus cimientos"50.
Este autor, como en la Argentina, Franceschi y los
autores católicos, se funda en la posición cristiana sobre la eugenesia que
conduce al rechazo de toda medida estatal coartando la libertad de contraer
matrimonio. Se destaca esto porque, como se dijo en el capítulo V, los
agrupamientos de los autores en este tema, son diferentes de los nucleamientos
y caracterizaciones realizadas por la historiografía argentina cuando
adjetivan al grupo católico, cuya posición sobre eugenesia se desarrolla
seguidamente.
b) La eugenesia positiva
Alfredo Palacios estaba bien perfilado en la
eugenesia positiva, como la define Messner51. La calidad de la
población, como se ha visto en varias transcripciones de su proyecto, se
lograba a través de una legislación social de modo de disminuir la
morbimortalidad.
Incluso él, sí ponía en tela de juicio la cientificidad de la postura
anterior.
"Algunos eugenistas -decía- han hablado del
peligro para la raza al comprobar este hecho, pues consideran que los menos
aptos se reproducen con mayor fuerza que los más capaces". Inmediatamente
con cita de Prebisch agrega: la "biometría no puede decirnos aún, en
forma concluyente, si los individuos biológicamente mejor dotados, son más
escasos así que se baja en la escala social"52. Estas palabras demuestran que
ambos autores, se preocuparon por intentar constatar las aseveraciones de
Spencer y que eran concientes de la falibilidad de la biología, sobre todo en
esos años.
El marco ideológico doctrinario de Palacios, si bien
está genéricamente encuadrado en el positivismo, no es estrictamente
spenceriano, primero porque no lo cita, y después porque sus fuentes en este
tema son Nitti y Dumont con su idea de la capilaridad social acorde con su
filiación política. Ambas filiaciones, la ideológica y la política, lo
inspiraron en 1934 a proyectar la que fuera después ley 12.341, creando la
Dirección de Maternidad e Infancia, y en 1939, la ley de salario familiar para
los empleados y obreros estatales y privados. Es interesante destacar el art. 3
de la primera ley que dice: "tendrá por finalidad propender al
perfeccionamiento de las generaciones futuras". Es nítido el objetivo:
propender al "valor genético", como se dirá también en el Congreso de
Población de 1940. En esta proposición está claro que no lo inspira la justicia
social, la dignificación de la mujer-madre, como persona, sino como
reproductora
de generaciones sanas y fuertes. Se volverá sobre este aspecto en el punto
siguiente.
En forma similar a Palacios, se expidieron los
eugenistas positivos del Congreso mencionado, que en el despacho correspondiente
expresan: El Congreso "considera indispensable, en defensa eugénica del
binomio madre-hijo y de la fortaleza de las nuevas generaciones, la creación de
centros maternales e infantiles en todo el territorio"53.
Germinal Rodríguez, como médico higienista,
preocupado por la salud de la población, combinó Spencer con Galton. Al
primero lo vincula acertadamente, con la negación del asistencialismo y la
caridad, porque "se oponen a la ley del darwinismo social" y lo deja
como fuente de su pensamiento en lo referente a la inmigración. Sin demostrar
una filiación total con éste, por cuanto como Palacios se cuestiona "las
pruebas psicológicas hechas para querer diferenciar los grupos étnicos no se
muestran muy convincentes", adhiere a Spencer para detectar el "valor
socio-económico" de la inmigración de determinados grupos étnicos.
Vuelve a demostrar, como los otros autores, su economicismo al alegar:
"Pero si la calidad humana no puede ser medida a través de medios
directos, puede en cambio ser apreciada a través de medios indirectos cuales
son la correlación existente entre la inteligencia y el desenvolvimiento
económico. Si a los fines de una política interna, el hablar de la calidad de
la población derivándola a un concepto racial es tocar un tema poco agradable
para su estudio objetivo en estos momentos (1940), en cambio se impone
plantearlo a los fines de la futura política inmigratoria...".
La ideologización del análisis es tal en
G.Rodríguez, que aunque la calidad no pueda ser medida y es un tema "poco
agradable", debe estar presente a la hora de establecer una política
poblacional en la Argentina. No obstante, "el sentido central que inspira
este trabajo -dice- es pensar que ante todo debemos orientarnos en el sentido
de iniciar con todo esfuerzo una obra encaminada a evitar muertes inútiles o la
invalidez temprana determinada por enfermedades hoy prevenibles"54. En efecto, todo su trabajo es
un intento de demostrar la elevación del índice de mortalidad, por
enfermedades absolutamente curables, incluso en esos años y que la calidad de
la población se obtenía con mejores medios asistenciales.
El grupo de autores católicos, asistentes al
Congreso, adhirieron a las propuestas de eugenesia positiva, aunque el marco ideológico
de ellos se complementa con una interpretación más correcta que la de
A.Bunge, de la Encíclica Casti Connubii55. Lo mismo que en la revista Criterio, Mons. Franceschi, Rómulo
Amadeo, al rechazar el proyecto de ley de divorcio vincular de 1932, Juan
Cafferata, Francisco Valsecchi y Cornelio Gutiérrez Ruzo, rechazan la
eugenesia negativa para aceptar la positiva56.
Todos ellos se alinearon, además, detrás de las expresiones de Norberto S.
Repetto que dijo en el Congreso, ante las propuestas de Díaz de Guijarro:
"estoy esperando el momento para votar en contra del despacho general. Es
una materia delicada. Sobre ella hay detalles aterradores"57. En efecto, advertían lo que
estaba pasando en Alemania, que con los mismos fines eugenésicos se había
impuesto
la esterilización obligatoria de los judíos, de los gitanos, de los
homosexuales, sin ningún fundamento biológico, como tampoco lo tenían los
eugenistas negativos.
Este grupo hace una simbiosis entre el spencerianismo,
Dumont y el magisterio de la Iglesia. Barahona y Cafferata, por ejemplo, dos
católicos comprometidos, no utilizan adjetivos peyorativos, como clases
inferiores, pero tampoco disminuye la creencia en la transmisión hereditaria
de condiciones de superioridad, en este caso relacionada a la capacidad
intelectual no a la económica. Como Dumont combina mejor con la posición
católica de ambos y la especialidad en biología de Barahona, lo citan como
autoridad para aseverar: "la totalidad de los grandes ingenios de la
humanidad, conductores de pueblos, artistas superiores, hombres de ciencia,
santos, han pertenecido a familias numerosas"58. Se cambia el sujeto de la
superioridad,
ya no son los que tienen solamente más recursos económicos, porque ésta
variable no está desechada, pero sí combinada a su pertenencia a una familia
numerosa.
Por más que Barahona intente a través de su
especialidad,
la biología, desmentir los prejuicios sociales, económicos que se desprenden
de la concepción galtoniana y darwiniana sobre la herencia y por más que
insista en que la ley de la herencia es amplia y que los caracteres no se
heredan como tales, cae como los otros en lo mismo, porque tampoco se puede
decir que por ser de familias numerosas aparecen los genios, es tan determinista
eso como la posición contraria sostenida hoy por Weeks59 y difiere poco de la idea de
Bunge referida a la alta fecundidad de la élite argentina60.
En la misma forma Berengua, Mossetto, Mortone, o
Carlos J. Rodríguez citan a Nitti, e intentan demostrar que "a cada
aumento numérico del género humano, implica sin duda alguna, un aumento de
civilización y riqueza"61.
A diferencia de los anteriores, este grupo de autores
van a proponer la sanción de una legislación social protectora de las familias
juntamente con la formación de principios morales. En esta postura convergen
tres vertientes ideológicas, el neoliberalismo, el catolicismo social y el
estatismo social62, pero
sin los extremos de la postura anterior.
3. Elitismo patriarcal
"...No se
puede dejar de observar cómo en el campo más estrictamente familiar una amplia
y difundida tradición social y cultural ha querido reservar a la mujer
solamente la tarea de esposa y madre, sin abrirla adecuadamente a las funciones
públicas, reservadas en general al hombre".
S.S.JUAN PABLO
II, Familiaris Consortio.
Este es el más atávico de todos los elitismos y como
tal inmerso en creencias religiosas, científicas, sociológicas muy arraigadas,
pero es otra forma de determinismo, en este caso sexual. Es conveniente volver
a las conceptualizaciones de elite y de persona, más que en los otros temas,
porque parecería, dado lo ancestral de las creencias sobre los sexos, que no
correspondería apuntar el elitismo en las relaciones familiares, ni
referirse a los determinismos sexuales, como otra de las formas de
descalificación
como personas a uno de los sexos.
Así, respecto del elitismo, se podría pensar que no
corresponde calificar al varón, sobre todo al universo de varones, como
elite, dada la magnitud del grupo y las diferencias existentes en esa
totalidad que significan aproximadamente el 50% de todas las poblaciones.
Sin embargo, no es errado hablar de elitismo patriarcal, dadas las siguientes
razones.
Corresponde denominarlo así, habida cuenta que es un
grupo solamente dentro de la sociedad, tal vez no minoritario, pero tampoco
mayoritario, significa solamente el 50 % según sea el índice de masculinidad
que tenga una sociedad63.
Porque es el que desde la antigüedad se ha atribuido la autoridad, los
méritos y las capacidades, para imponerse al otro 50 % de la sociedad. Porque
aunque esta elite masculina, no sea uniforme entre sí en su riqueza, sangre,
habilidades, etc., sí responde a las caracterizaciones dadas, por cuanto se
atribuía respecto de la mujer, cualquiera sea la ubicación social que tenga, la
superioridad, la autoridad dentro de la sociedad familiar especialmente, y
fuera de ella. Transmitiendo de generación en generación esa concepción social
y cultural, como observa el Papa en el epígrafe.
Por esa razón era importante hacer estas
aclaraciones previas al análisis de la posición de los autores respecto de la
familia, de la mujer y el varón. Primero, porque hoy es un tema conflictivo
con relaciones hacia otros aspectos del comportamiento humano que nada tienen
que ver con la dignidad de la persona64.
Segundo, porque, tal como expresa S.S. Juan Pablo II, no hay autor, ni fuentes
en las que se inspiran, que no esté inmerso en esa tradición social y cultural
por la cual las mujeres, como en la Grecia antigua, debían permanecer en el
gineceo, al sólo fin de tener hijos y muchos, criarlos, educarlos, y hacer
todos los quehaceres domésticos, porque creían que la naturaleza, la religión,
el derecho, la biología, así lo había determinado.
a) Creencias que sostienen el elitismo patriarcal
"Es vano
oponerse a la ley esencial y no meramente histórica, transitoria o empírica
que hace del varón un ser substancialmente público y de la mujer un
temperamento privado".
ORTEGA Y
GASSET.
Las creencias sobre la naturaleza, caracteres y
función de la mujer y el varón en la familia y en la sociedad se fundan en
argumentos religiosos, biológicos, sociales, jurídicos, como el epígrafe lo
demuestra. Se parte del concepto, o preconcepto, sin pruebas de ninguna
naturaleza, que Dios así lo había determinado al comienzo de la humanidad,
junto a ello, se consideraba que la mujer era biológicamente menos inteligente,
más afectiva, lo que determinaba que no era apta para el trabajo fuera del
hogar, ni para disponer de su propio peculio y esa supuesta naturaleza
biológica debía ser normada en leyes positivas. Como que son creencias
culturales,
los autores raramente se remiten a fuentes específicas para demostrar sus
aseveraciones, a lo sumo mencionan algún autor para dar más énfasis a su
discurso simplemente. Pero aún sin referencias específicas en la base de sus
argumentaciones está su interpretación de la Biblia, la Encíclica Casti
Connubii de Pio XI, desde el ángulo religioso. Los códigos Civil (1869 y 1926)
y Penal argentinos, la Constitución de 1949, desde lo jurídico y desde lo
biológico o seudobiológico, Marañón y Alexis Carrel.
1) Así la Biblia era interpretada por los católicos,
como Casiello, en el sentido de que "la mujer, alejándose del hogar, se
aparta del cumplimiento de la natural, alta y sagrada misión, señalada por
Dios: ser esposa y madre, salvo que lo haga llamada por vocación a un orden de
vida superior"65.
Cafferata, más preciso, dirá que uno de los factores de la denatalidad es por
el "desprecio del deber impuesto al hombre por el Creador, que le ordenó
crecer, multiplicarse y llenar la tierra", refiriéndose a ambos sexos66. Esta lectura del Génesis,
sobre todo la de Casiello, es de una interpretación bastante libre, diría Pio
XII y no tenía en consideración que es un libro histórico y como tal, dice
Alberione "cuando abramos la Biblia, lo hemos de hacer con una mentalidad
semita de antiguos orientales y no con la nuestra tan diversa en el tiempo y
en el espacio"67. En
realidad, lo único que se demuestra con la cita del Génesis es lo antiguo de
esa cultura parternalista y que en oriente y occidente se manifestaba en forma
similar.
Reafirmaban esta interpretación con la Encíclica
Casti Connubii de S.S. Pio XI, citada, además de los mencionados, por Araoz
Alfaro [1], Gino Arias [47], Coghlan [85], Belaunde [49], Franceschi [98],
Bernaldo de Quirós [4]. En esa carta, a diferencia de Juan Pablo II, decía Pio
XI: "Todos los que empañan el brillo de la fidelidad y castidad conyugal,
como maestros que son del error, echan por tierra también fácilmente la
obediencia confiada y honesta que ha de tener la mujer a su esposo; y muchos de
ellos se atreven todavía a decir, con mayor audacia que es una indignidad la
servidumbre de un cónyuge para con el otro; que son iguales los derechos de
ambos cónyuges; defendiendo presuntuosísimamente que, por violarse estos
derechos, a causa de la sujeción de un cónyuge al otro, se ha conseguido o se
debe llegar a conseguir cierta emancipación
de la mujer".
Luego se explaya en los tipos de emancipación:
social, económica y fisiológica para finalmente considerar "la verdadera
libertad de la mujer", concediendo que "la igualdad de derechos, que
tanto se amplifica y exagera, debe, sin duda alguna, admitirse en cuanto atañe
a la persona y dignidad humanas y en las cosas que se derivan del pacto nupcial
y van anejas al matrimonio; porque en este campo ambos cónyuges gozan de los
mismos derechos y están sujetos a las mismas obligaciones; en lo demás ha de
reinar cierta desigualdad y moderación...".
Más aún, a raíz de las transformaciones de los usos
y costumbres, piensa que "deben mudarse algún tanto las condiciones
sociales y económicas de la mujer casada, toca a la autoridad pública acomodar
los derechos civiles de la mujer a las necesidades y exigencias de estos
tiempos, teniendo siempre en cuenta lo que reclaman la natural y diversa
índole del sexo femenino, la pureza de las costumbres y bien común de la
familia; y esto contando siempre con que quede a salvo el orden esencial de la
sociedad doméstica, el cual ha sido establecido por autoridad más excelsa que
la humana...".
En síntesis, no a la emancipación femenina en el
orden fisiológico que entiende como la substracción de las "cargas
conyugales y maternales propias de una esposa". No a la emancipación
económica, por la cual la mujer administre sus bienes o los bienes conyugales,
"haciendo caso omiso del marido o de sus hijos". No a la emancipación
social porque apartan a la mujer de los cuidados de su familia para dedicarse
a ocupaciones y negocios. Pero sí derechos que hagan al pacto nupcial y sí
derechos civiles. Pero ¿cuáles son?. No lo aclara68.
En realidad, Pio XI está atacando al feminismo, que
se interpretaba y todavía se interpreta como un movimiento surgido hacia el
siglo pasado que auspiciaba la emancipación de la mujer, "reivindicando la
igualdad de derechos con respecto al hombre... que centra sus ataques contra
el predominio masculino en la política y en el trabajo"69.
2) La posición del Papa es similar a lo regulado por
el Código Civil y Penal argentino respecto de la mujer casada. En el orden
civil, hasta 1926, era incapaz de hecho relativa y estaba bajo la
representación
necesaria de su marido70.
Respecto de los derechos que el Papa considera
debían ser reconocidos a la mujer por los gobiernos, no es errado interpretar
por las consideraciones que hace Pio XI, que no iban más allá de lo que se
incorporó en el Código Civil en la reforma de 1926 (ley Nro. 11.357) que mejora
un tanto la situación jurídica de la mujer casada por cuanto le permite
"ejercer la profesión y administrar libremente su producido", pero
supone que daba mandato al marido para administrar los bienes propios de la
mujer, lo que implicaba mantener cierta incapacidad71, o como dicen Bossert y
Zannoni: "la capacidad era la regla y la incapacidad, la excepción (...)
aunque mantuvo en favor del marido, una suerte de mandato tácito, determinado
por ley, para administrar los bienes dotales de la mujer, en tanto ella no lo
revocara"72.
Para aclarar esto último, conviene mencionar las
modificaciones introducidas en Constitución Nacional de 1949, aunque sólo
rigió hasta 1956, derogada por el gobierno de facto de Pedro E. Aramburu. El
art. 37,II, De la familia tiene un
proemio que la considera como una sociedad natural anterior al Estado y el
inc.1 estatuye: "El Estado protege el matrimonio, garantiza la igualdad
jurídica de los cónyuges y la patria potestad". Esto suscitó
controversias
entre los juristas. Por un lado, se cuestionaron los principios doctrinarios
que asumieron los convencionales al defender la norma que reconoce los
derechos de la familia. Tras ello se plantean las funciones del Estado y la
relación de la familia con él. Por otro, como en todas las cláusulas de tipo
social, se preguntaban por el grado de operatividad y el efecto que la
cláusula del inc.1 tuviera sobre la constitucionalidad de las leyes que normaban
el matrimonio, vigentes en ese entonces.
Los convencionales de 1949 defendieron la
preexistencia y prevalencia de la familia sobre el Estado, inspirados en la
doctrina de la Iglesia sobre la familia y junto a ello en la concepción
subsidiaria del Estado. "La familia no encuentra amparo en la Constitución
vigente -fundamentaba el convencional Sampay- porque la concepción liberal del
Estado considera a la Nación como una suma de individuos aislados... y el modo
más natural... de reaccionar en lo social contra los desórdenes del
individualismo,...
el primer requisito... es la promoción de la familia". Y el convencional
Mende, agregaba: "la concepción peronista del Estado, de la sociedad y
del hombre, es condición básica que permite reconocer en la familia el núcleo
primario y fundamental de la sociedad...". Reafirmando la posición
católica expresa: "No podemos menos que decir que una familia
cristianamente
constituida es aquella que se funda en el matrimonio indisoluble"73.
Juan
Casiello74, constitucionalista,
hermano de Francisco, Pedro J. Frías75,
Pablo A. Ramella lo interpretaron en la misma forma. "La declaración
preliminar de los derechos de la familia -dice Frías- ha operado una recepción
del derecho natural católico al respecto".
Díaz de Guijarro, especialista en derecho de familia
desecha esa interpretación por dos razones: Una, porque consideraba que
"la jerarquía social de la familia no implica la aceptacion constitucional
de un sistema dogmático,... no es un concepto privativo de ninguna escuela
filosófica ni de ningún credo religioso". La otra porque entendía que
"la misma realidad argentina lo demuestra, la familia, desde la
emancipación
política, contó con adecuado reconocimiento de su entidad"76.
Evidentemente,
las concepciones filosóficas y doctrinarias son muy diferentes. En esto no hay
acuerdo posible. Difieren en la concepción del Estado. Ya se vio qué pensaba
Díaz de Guijarro respecto del papel eugénico del Estado sobre la familia para
defender la raza. Es lógico, inspirado
en el tratadista de familia italiano Cicu77,
considera la familia como "compuesta por un grupo de personas ligadas por
vínculos jurídicos emergentes de la relación intersexual y de la filiación".
A los fines de su tratado de familia, no dice que tiene prelación sobre el
Estado, sí que es un vínculo biológico, natural, que funciona como presupuesto
básico del vínculo jurídico y que "la organización normativa de la familia
tiende a producir la coincidencia de los vínculos biológicos y jurídicos,
esto es, encuadrar el fenómeno humano dentro del fenómeno legal"78.
Tampoco hubo acuerdo entre los Casiello y Díaz de
Guijarro respecto de la constitucionalidad o no, después de sancionada la
Constitución de 1949, de las leyes 2.393, 11.359 y 12.331, en especial estas
dos últimas porque prohibían el matrimonio entre leprosos o con personas
afectadas por enfermedades venéreas en el período de contagio. Cuestión que
rechazaban los primeros, por cuanto se oponían a sus convicciones religiosas y
aceptaba el segundo, incluso las había promovido y pensaba que la
jurisprudencia
debía interpretarla a la luz de la nueva constitución, hasta que se
reglamentara el artículo constitucional.
Pero si en los fundamentos religiosos y filosóficos,
o en los impedimentos para contraer matrimonio, o la constitucionalidad de
las leyes, no se ponían de acuerdo, no ocurría lo mismo cuando de la igualdad
jurídica de ambos cónyuges se trataba.
Los convencionales del 49 y los doctrinarios
justicialistas que la interpretaron, coincidían con Juan Casiello, que siendo
una "conquista de nuestra civilización cristiana... -éste debe ser el
alcance a otorgarse al enunciado constitucional- sin olvidar el concepto de
ordenamiento jerárquico ...en todo organismo, no puede dejar de regir también
en la familia. Y este concepto reclama lógicamente que sea el marido primus inter pares. En caso de
conflicto de pareceres, la unidad de la familia, la serenidad y el orden en el
hogar, exigen, por razones obvias, que sea el marido a quien se le reconozca la
autoridad directiva y decisoria"79.
Díaz de Guijarro llegaba a la misma conclusión con
otros fundamentos. Así decía: "cuando se garantiza la igualdad jurídica de los cónyuges, pese a ser el concepto más
preciso...le
falta el contenido concreto que tienen... otras constituciones. (Ponía de
ejemplo a la de Cuba) Y si se pretendiera, so pretexto de que vulnera la igualdad jurídica de los cónyuges, negar
el poder marital para fijar la residencia (art.53, ley matr.civ.), o la
administración por el marido de los bienes de la sociedad conyugal (art.1276)
...o la primacía paterna en la patria potestad (art.264, reformado por la ley
10.903), se produciría una situación caótica, porque faltarían normas para
regir los correspondientes problemas". Y más adelante, dice que
"repudia"el hecho de "celebrar contrato de sociedad entre ambos
cónyuges", porque entendía que sin subordinarlo a la constitución se
podía resolver y que en todo caso, se hubiera necesitado una revisión
legislativa80.
En definitiva, podrían estar en desacuerdo por sus
marcos ontológicos diferentes, pero al momento de definir la potestad marital
coincidían todos, más allá de la igualdad reconocida en la Constitución.
3) La idea de que Dios y la naturaleza determinan
que la mujer tenga como única función la maternidad y que esté subordinada al
marido, cuando fuera casada, tiene como fuentes, además de las mencionadas ut-supra, a Marañón y
A.Carrel en la Argentina. Médicos ambos, que intentan combinar sus
conocimientos biológicos con la Biblia, porque "durante décadas, los
anatomistas han rastreado la estructura cerebral de unos y
otras -más, como dice Jorge Alcalde- sin llegar más que a conclusiones
ambiguas y peligrosas"81.
Marañón, aunque aclare que ha pretendido huir del
peligro de "pretender acoger a la inmunidad de la ciencia puntos de vista
que, aunque orientados en un sentido biológico, son, no hay que decirlo,
enteramente personales y discutibles". Páginas después, al apuntar
las notas que caracterizan a ambos sexos, dirá de los caracteres funcionales
secundarios de ambos sexos: "En cuanto a lo psíquico, la especial
constitución de su sistema nervioso y endócrino que la hace infinitamente
apta para los estímulos sensitivos y emocionales tan propios de la maternidad,
la hace, en cambio, poco dispuesta -en el promedio de los casos- para la labor
mental abstracta y creadora. En el hombre ocurre punto por punto lo contrario.
Está dotado por naturaleza para trabajar físicamente y para resistir con
tenacidad la fatiga corporal. Y su estructura endócrina y nerviosa le hace
menos sensible a los asedios afectivos y más apto para la creación mental"82. He aquí una falacia ad
verecundia
de las que Marañón pretendía huir. Por ello, más adelante, le parece una
"sentencia desconcertante", cuando Jesús le dice a María, respecto
del trabajo doméstico de su hermana Marta: "María, tu escogiste la buena
parte", es decir la del pensar abstracto y espiritual, aunque a Marañón le
cueste creer83.
Hoy algunos piensan igual84. Pareciera que el raciocinio,
facultad esencial del ser humano, que lo distingue de otras especies,
estuviera contrapuesto a la afectividad. No se discute que hay diferencias,
por algo son dos sexos, lo que se cuestiona es que se tome la facultad esencial
del ser humano: el raciocinio, para excluir a la mujer de funciones que realiza
el varón porque supuestamente es más racional. Esto explica por qué al varón se
le denomina hombre y a la mujer sólo mujer, aunque también conforme la especie
humana. Pero con las argumentaciones de un Marañón, un Arnaudo y tantos otros,
centrando preferentemente a la mujer en lo afectivo y al varón en lo racional,
es lógico deducir que si el ser humano es un ser racional, la mujer no es ser
humano o es cuasi humana, según esas argumentaciones.
En función del concepto de persona que se adoptó,
indudablemente la mujer en general y la casada en especial, estaba totalmente
disminuida en su racionalidad y su trascendencia. En su racionalidad,
porque evidentemente no se la juzga capaz de disponer de su propia persona,
bienes, formación, sin la autorización del marido. En su trascendencia, porque
si no es capaz para lo menos, cómo podría religarse con Dios, siendo
considerada una incapaz, no responsable sino a través del marido. Pero, eran
los usos y costumbres de la época que determinaban que desde distintas
ideologías todos compartieran esta posición.
b) La mujer excluida de la sociedad laboral por
mandato divino y por su
naturaleza
biológica, según los
autores
Bajo ese marco doctrinario y jurídico y más que ello
cultural y social, se expresan los autores considerados.
Con el título "La vuelta de la mujer al
hogar"85, Francisco
Casiello
desconoce todo derecho de la mujer a pretender trabajar fuera de su casa,
porque "la mujer ha desplazado al hombre desde la fábrica hasta la
cátedra, produciendo un serio desplazamiento del hombre con todas sus graves e
innegables consecuencias, en el orden hogareño y en el orden económico y
social". Con cita del conde de Mun agrega "desde el momento que se
hace obrera deja de ser mujer". "Fuera de la casa -dice-, impelida
inicialmente por la necesidad, ...la mujer va tomando errada conciencia de su
valor económico, gustando de cierta libertad...".
Con esa misma estructura de pensamiento, Coghlan y
Belaunde ven el trabajo de la mujer fuera de la casa como la causa de la
disminución de la natalidad, y aclaran la mujer ha "invadido cada vez más
el trabajo asalariado y profesional, el deporte y aún las funciones públicas"86. Franceschi considera que las
mujeres trabajan, después de casadas, para tener una vida más regalada y no por
necesidad87.
Palacios, dirigente de un partido que fue pionero en
proponer el voto femenino, dice demostrando una total inconsecuencia con ese
postulado y la ideología marxista en general88:
"Yo abrigo la persuasión de que algún día, la mujer no irá al taller, a
la fábrica, a la oficina, concretándose a su noble labor de madre que sugiere
ideales a sus hijos, dentro del hogar, manteniendo permanentemente el fuego
sagrado de ese santuario, realizando así una actividad socialmente útil y
conquistando, lo he dicho antes de ahora, la igualdad ante la fuerza y la
belleza con relación a las mujeres de otras clases". Este pensamiento lo dice
en las fundamentaciones de su proyecto estableciendo un sobresalario o
sobresueldo familiar, para fomentar la natalidad y explicando el art. 10 por el
cual "La administración pública -nación, provincia o municipio-, dará
preferencia en la provisión de cargos a sueldo o salario, en igualdad de
condiciones, de idoneidad, a los padres de familias numerosas y especialmente a
aquellos cuyas esposas sean empleadas y obreras, siempre que éstas dejen su
trabajo y se dediquen por entero al hogar"89. Exclusión que no establecía
el proyecto de Casiello.
¿Palacios protege a la mujer obrera como interpreta
Alicia Moreau de Justo?90.
Según el artículo transcripto, no la protege, sino la excluye de la población
económicamente activa. Solamente compensa esa pérdida del trabajo con un ínfimo
salario familiar que, el empleador, debía pagar a la esposa del trabajador, no
al marido, "para su inversión o administración", según expresa el
art. 3ro. de otro proyecto anexo al anterior, formando la "Caja de fomento
de la natalidad"91.
Además, como se dijo en el punto anterior, Palacios ve a la mujer
exclusivamente
por su valor genético y reproductor de seres humanos sanos y fuertes. Por lo
tanto, se debía proteger a la madre, pero no a la madre obrera, porque ésta
casi, como decía el conde citado por Casiello, dejaba de ser mujer92.
Otros autores a su vez legisladores, ya sean
católicos, liberales o socialistas tienen posturas similares respecto de la
mujer, con algunas diferencias de matices y alguna pequeña excepción como se
verá seguidamente.
c) El varón excluido de la sociedad familiar por
costumbres ancestrales
Un tanto diferente es la posición de Cafferata. Como
legislador, conservador y católico, se distingue del católico Casiello como
del socialista Palacios.
En su extensa obra que denomina "En defensa de
la familia", no dice que el descenso de la natalidad es consecuencia
del trabajo de la mujer fuera del hogar, ni que ésta debía ceder su puesto de
trabajo en favor del varón. Por el contrario, es autor de la ley Nro. 12.110
de 1934, por la que se establece la licencia por maternidad a las empleadas y
obreras del Estado y de la ley Nro. 11.338, prohibiendo el trabajo nocturno en
las panaderías. Es decir, protege a la madre trabajadora, "en las semanas
anteriores y posteriores del alumbramiento para que goce del debido reposo y
esté libre de las inquietudes que le causa la posible pérdida del trabajo o
empleo y la disminución o supresión del sueldo o salario".
La diferencia entre Cafferata y los otros autores
mencionados es su concepción sobre la familia. Es el único que expone una
idea integral de la familia, con todos sus componentes: padre, madre e hijos.
No como los demás, para quienes estrictamente la familia se integra entre la
madre y los hijos. Así entiende la familia: "La raíz del mal, el factor
por excelencia de la denatalidad hay que buscarlo en el fondo de la conciencia;
en el afán de vivir la vida, con un concepto inferior materialista. Los hijos
son una carga. Amamantarlos, educarlos, constituye un esfuerzo, que las madres
no quieren afrontar y que los padres rehúsan porque aumenta el presupuesto de
gastos"93.
En esas palabras, hay un substractum parecido al de los otros autores, pero pese a las
similitudes que se pueden apreciar, porque todos hablan de la familia y de su
protección, Cafferata, es el único que no responsabiliza a la madre solamente,
sino que involucra también a los padres. Esto es importante porque de tanto
considerar que las madres tienen como única función el cuidado del hogar, de
los hijos, que si desciende la natalidad es porque la mujer quiere una vida
fácil, o porque trabaja, los padres quedan excluidos culturalmente, de las
responsabilidades y funciones que también les compete respecto de la magnitud
de la familia y su educación. Limitándolos solamente a la manutención del
hogar, se ha formado una cultura por la cual los padres se desligan de la
familia, o directamente tienen hijos sin constituir familia, desvinculándose
de la madre y del hijo, porque toda una cultura le está señalando, por más
que aparenta escandalizarse por la ilegitimidad, que esa no es su
responsabilidad,
ni su función, es sólo de la madre. Esto se vincula a la ilegitimidad.
Bunge [11], Llorens y Correa Avila [29], Gino Germani fundado en Bunge94 y otros más, consideran que es
una lacra social, que si era explicable en las zonas rurales alejadas de los
registros civiles, y por lo tanto eran uniones estables que conformaban una
familia natural; era "desconcertante" su aumento a través de los
años, habiendo aumentado el urbanismo y las tasas de nupcialidad. A ninguno se
le ocurrió asociarlo por supuesto, como se hace aquí, a ese comportamiento
atávico en el que se lo desliga al varón y se la obliga exclusivamente a la
mujer a cuidar y proteger afectivamente a su familia. De ese modo, los hijos
ilegítimos, como los legítimos eran y son alimentados, cuidados y educados
por sus madres solamente, por más que el varón realice aportes financieros a
su manutención, aunque no siempre.
d) Comprobación estadística de la escasa incidencia
de la mujer en la
población económicamente activa
"Las
mujeres trabajan el 67 por ciento de las horas laborales, pero perciben sólo el
10 por ciento de los beneficios y son propietarias del 1 por ciento de los
bienes".
JORGE ALCALDE, Mujeres sexo más fuerte, 1997.
Fuentes, leyes, autores católicos, liberales,
socialistas
todos están inmersos en una cultura ancestral que privilegia al varón sobre
la mujer en el ámbito laboral. Preguntar por qué, casi se interpretaría como
una ingenuidad, dado el arraigo de esta mentalidad en el hombre: varón y
mujer. Y cuando algo está tan internalizado en la persona, no se cuestiona, se
lo acepta sin averiguar si hay razones valederas que lo justifiquen. Las
interpretaciones religiosas: son palabra santa que no se deben contradecir.
Los argumentos jurídicos y científicos (biológicos, psicológicos,
sociológicos),
también sagrados para una mentalidad positivista, es de ignorantes
cuestionarlos y ¿quién se atrevería a contradecir a los científicos?. Nadie,
ni a nadie se le podía ocurrir hacerlo, por el peso de esas costumbres
socio-culturales que cerraban el raciocinio a los varones, no solamente a las
mujeres.
Sin embargo, corresponde indagar por qué hay una
eclosión de argumentos contrarios al trabajo de la mujer, ¿realmente había
desplazado al varón? Para contestar esta pregunta, lo mejor es recurrir a los
datos (ver Cuadros XXII y XXIII) y para ello ha parecido importante referirlo a
los censos nacionales y al trabajo de Gino Germani sobre todo. Germani es el
único que al menos se pregunta sobre la veracidad o no de ese acerto, ante
datos censales que lo desmentían. Así dice:
"Desde 1895 la proporción de amas de casa (es
decir, población considerada inactiva) ha ido en constante aumento: de 25,7%
de la población (varones y mujeres) mayor de 14 años, ha pasado al 34,5 en
1947. Este hecho, que parece desmentir la idea de un creciente abandono de las
tareas domésticas por parte de las mujeres (en favor de una intervención en
las actividades económicas generales) debe ser interpretado no sólo dentro del
contexto de un examen de la evolución del trabajo femenino en general, sino
también teniendo en cuenta los cambios operados en el trabajo doméstico, como
actividad remunerada".
Por ello, indaga a continuación sobre la categoría
"quehaceres domésticos", denominación que, como apunta, "se
hallan clasificadas todas las personas de sexo femenino que no intervienen
activamente en la producción o no poseen recursos propios. Tal es el criterio
que tuvo que adoptarse -a falta de otros elementos- al interpretar las cifras
del segundo y tercer censo (las del primer censo son inutilizables a este
respecto)".
El criterio que describe Germani, a diferencia de
Carreño, como se vio en el Capítulo IV, no es otro que el no considerar trabajo
productivo al trabajo de la mujer en el hogar y sólo se considera
"económicamente activo" si es remunerado. Germani interpreta que
los cambios socio-económicos habían determinado que las mujeres trabajaran en
su propio hogar, sin remuneración y no en otro con remuneración. Pero como la
idea de él, es demostrar que el trabajo femenino que se considera
económicamente
activo había aumentado más allá de lo que demostraban las cifras censales y que
tenían errores de criterio en la denominación de las ocupaciones, construye un
cuadro (ver el Cuadro XXIII b), en el que sólo suma las mujeres que trabajan
en la industria, el comercio y los servicios, excluyendo las que lo hacen en
el servicio doméstico, confección y actividades agropecuarias.
Después de esto vale preguntarse qué se entendía y
entiende por la palabra "trabajo". Según Vázquez Vialard es "la
acción del hombre desplegada para dominar la naturaleza y con ello obtener una
reducción del racionamiento a que lo somete aquella"95. Según Podetti, es "una
actividad humana intencional dirigida hacia la obtención de los medios
necesarios
para la subsistencia"96.
Pero es evidente que en un pensamiento economicista como el que estructuraba
las ideas de los censistas y de los autores considerados, los quehaceres
domésticos, la costura y las actividades agrícolas, aunque respondan
teóricamente
a esas dos definiciones, no eran trabajo, por más que "el trabajo
dirigido al mercado es sólo una parte muy pequeña del volumen total del trabajo
aplicado por las mujeres -diariamente, semanalmente, anualmente y a lo largo
de sus vidas- a la modificación del mundo que las rodea", como aclara
Durán97.
No obstante esta reflexión y la preocupación de
Germani en el sentido de que no quedara suficientemente demostrado que en 1947
no había descendido sino aumentado la proporción de mujeres económicamente
activas, es evidente, los mismos datos del autor lo advierten, que era
escasísima
la incidencia de la mujer en lo que se consideraba población económicamente
activa (ver Cuadro XXIII b)), incluso hoy es pequeña98. Según el Censo Nacional de
1947, solamente el 22,6% de la población activa eran mujeres (ver Cuadro
XXIII c)) y, supuestamente era menor este porcentaje que en los dos censos
anteriores. Entonces, ¿por qué se decía que la mujer había desplazado al
varón?. En primer término, se debe insistir que los datos censales, como ya se
ha señalado anteriormente, no es la fuente del pensamiento demográfico
argentino, sino los preconceptos, las ideologías y, en este caso, la costumbre
de pensar que la mujer no debía hacer nada más que los quehaceres domésticos
en su casa que de acuerdo con esos criterios no era trabajo.
En segundo lugar, se debe reiterar que la fuente
subjetiva a la que hace referencia con el término costumbre, parafraseándolo
a Leclercq, no es otra que la fundada en la creencia en la superioridad del
varón sobre la mujer, razón por la cual procura subordinarla, tal como lo
demuestra la preposición "de", que es una partícula de enlace que
denota pertenencia o subordinación. Partícula que debe llevar obligatoriamente
la mujer entre su apellido y el del marido. Distinto sería que se utilizara
la conjunción "y" que
denota coordinación, entre dos partes iguales99.
En efecto, en el caso que se aborda aquí, la
subordinación
de la mujer hacia el varón, es exaltada con bellas palabras, no cabe duda, al
hacer referencia a la gran afectividad y los sublimes valores de la maternidad.
Valores, se debe aclarar, que no hay dudas que deben enaltecerse, pero en las
formas expresadas por los autores considerados, en el fondo, significan una
forma más sutil de dominación y subordinación de un sexo al otro. Y de
ocultar los miedos que producía el supuesto gran aumento del trabajo femenino,
por lo que significaba la insubordinación de la mujer respecto del marido; por
cuanto podía llegar a demostrar que la mujer tenía tanta o más capacidad que
el varón en ocupaciones que antes eran privativas de ellos, derrumbando los
argumentos esgrimidos sobre su racionalidad y aptitudes; miedo a la libertad
de la mujer y de compartir la toma de decisiones que manejaban exclusivamente
los varones. Sin llegar a comprender que con esas argumentaciones, se
disminuían
ellos mismos, los varones, en una de las facultades esenciales del ser humano
que es la afectividad y la paternidad que junto a la razón, distingue al
hombre de otros seres.
III. LA PROPUESTA: EDUCACIÓN MORAL PARA LA ÉLITE Y/O
JUSTICIA
SOCIAL
PARA LOS POBRES
Sobre esas ideas fundadas en las teorías psico-biológicas, conductuales y esencialmente
economicistas, elaboraron sus propuestas para, según decían, solucionar el problema de
decaimiento racial
y poblacional. Las medidas y acciones formuladas para lograrlo han sido
brevemente señaladas en este capítulo porque hay una gran simbiosis entre lo
que los autores suponían eran factores del descenso del ritmo de crecimiento
vegetativo y la acción gubernamental o privada para revertirlo. Se señaló, en
parte, el grado de coherencia que evidenciaban entre uno y otro aspecto. Por
lo tanto, en este punto interesa agrupar esos comentarios en un esquema que
servirá de conclusión a este capítulo e insistir en la débil correspondencia
entre los factores y soluciones para el crecimiento vegetativo.
Se dijo que, a la hora de determinar qué factores
habían producido el descenso de la natalidad, muchos pensaban en la multiplicidad
de los mismos, pero al momento de hacer el balance, sobreestimaban alguno, y de
ellos sobresalían los económicos y los morales.
Esta aclaración es necesaria por cuanto en un
planteo
lógico, a determinados factores productores del descenso del crecimiento
vegetativo, deben corresponder determinadas soluciones o medidas para
revertirlo o para morigerarlo y alcanzar el objetivo poblacionista que los
inspiraba.
Este es el problema de no sencilla solución, ni
para la teoría que los inspiraba, ni para los demógrafos actuales. Si bien hay
consenso teórico y político respecto de las medidas necesarias a adoptarse
para disminuir la mortalidad y la morbilidad100,
el consenso desaparece al pretender aumentar la natalidad y la nupcialidad101.
conciencia nacional
"Desgraciadamente
que, en los hombres de nuestro tiempo, aun cristianos, las pasiones políticas
quizás priven sobre las preocupaciones morales. Las reglas morales, que les
parecen depender de la moral a secas cuando creen que ellas les dan la razón,
se cambian en "moralismo" desplazado cuando tienen el sentimiento de
que ellas los perjudican".
JOSEPH FOLLIET,
El moralismo, Lyon, 1957102.
Los factores morales y consecuentemente la propuesta
educativa para cambiar las conciencias, las acciones, las conductas maritales o
humanas en general, requiere intentar aclarar qué se entendía por moral, a qué
vertiente de pensamiento o doctrina filosófica respondían cuando se refieren a
la moral, porque evidentemente todos hablan del decaimiento moral o del factor
moral, sea el factor más importante o no. Uno solo, Pagano, es el que descree
de las enseñanzas ético-normativas de orden moral para modificar la conducta
humana y preferirá referirse a los cambios culturales.
En la postura de Pagano se pueden apreciar los
distintos
vértices que tenía esta problemática. Luego de mencionar el descenso de la
fecundidad en numerosos países y preguntarse cómo era posible que se
destruyera una cultura por no atenerse a los principios éticos, agrega "Se
impone como consecuencia una deducción: o esas enseñanzas normativas de orden
moral y de consentimiento universal, no son válidas o bien, el material humano
es impropio para sujetarse a esas reglas de conducta. Y lo que se ha dicho de
las normas de origen religioso puede extenderse sin inconvenientes a las
reglas éticas de bases racionales fijadas por numerosos pensadores. Como
respuesta
satisfactoria puede suponerse que los elementos que condicionan la vida del
hombre, lo someten muchas veces a tales tensiones que su armadura moral no
puede resistir y sobrevive el derrumbe del edificio cultural tan penosamente
levantado"103.
Esas palabras advierten: primero, la equiparación
entre ética y moral. Segundo, la coexistencia de distintas formas de valorar la
conducta humana: la religiosa y la racional. Tercero, la simbiosis entre
lo denominado moral y las teorías sociológicas anteriores a la Segunda
Guerra Mundial, referidas a lo cultural.
1. En el primer
caso, el cardenal Karol Wojtila, profesor de teología moral y ética social, hoy
Juan Pablo II, distingue bien entre moral y ética: "Si el estudio expone
los hechos de la vida moral sólo de un modo descriptivo, con la aplicación del
método experimental inductivo, tenemos entonces la ciencia de la moral. Esta
ciencia estudia las normas morales existentes; por tanto establece qué cosa, en
un ambiente o época determinados, es o ha sido aceptada como buena o mala. La
ciencia de la moral no define en qué consiste lo bueno o lo malo. Esta tarea
pertenece a la ética, la cual estudia la vida moral no de un modo descriptivo,
sino normativo. A ésta le compete definir, por tanto, las normas, es decir
emite juicio sobre aquello que es bueno o malo, y proporciona el fundamento
de estos juicios, es decir, demuestra por qué es así"104.
Ninguno de los autores considerados aquí se plantea
esta cuestión. Ellos se refieren siempre a los hechos morales dando por
supuesto que sus lectores entienden a qué principios éticos están referidos y
que esa ética contribuye a formar la acción moral. Por ello es necesario
analizar los otros dos puntos para llegar a una aproximación de qué entendían
por moral.
2. El grupo católico (Casiello [77], Gino Arias
[47], Belaunde [49], A.y M. Bunge [11 y 74], Coghlan [50], Correa Avila y
Llorens [29], Franceschi [97], Cafferata [12], Valverde [142]), deja traslucir
los principios éticos que conducen a la formación de conductas morales; todos
se inspiran en la religión católica. Como una muletilla, como un slogan, apelan
a la "enseñanza religiosa en las escuelas", urbanas y rurales (Arias,
Casiello, Correa Avila, Llorens); que inculque un "concepto integralmente
cristiano de la vida" (Belaunde y Coghlan); que reforme las conciencias,
más que las leyes, con una enseñanza espiritual antes que sexual (Franceschi);
con sanos principios acordes con Dios y con la Iglesia (A.y M. Bunge), que
enseñe a la mujer la noción del deber y sacrificio que debe a su familia y a
su Patria dedicándose a los quehaceres domésticos y a procrear y cuidar hijos.
Sobre esa base contrarrestar la campaña
antinatalista
o malthusiana de los medios de comunicación, con un mensaje pronatalista,
antipornografía y antiaborto, además de una legislación que prohibiera la divulgación
de un discurso que las fomentara. Como también la indisolubilidad del
matrimonio. Todas ellas propuestas de educación para fortalecer los
sentimientos familiares.
Otro grupo
(Bernaldo de Quirós [4], Guillot [25], Mortone [30], Palacios [120], Quinodoz
[123], C.J. Rodríguez [124], las conclusiones a las que arriban en el
Congreso de Población [7]), se refiere a la necesidad de inculcar una moral
patriótica, rígida, que evite la "miseria moral que abate a la
civilización
occidental" (Quinodoz), a través de una campaña pronatalista que, como
diría Landry, "enseñe una moral demográfica", fundada en la religión
para aquellos que tuvieran una fe o en el patriotismo para los que no la
tuvieran, de modo de obligarlos a actuar conforme con los principios de su
confesionalidad o con los intereses de la Patria105. El núcleo de la educación
estaría centrado en la moral, dada en las escuelas públicas y en los medios de
comunicación, de modo de fortalecer los sentimientos familiares. Dignificando
a la mujer, evitando que las madres trabajasen fuera del hogar, que los padres
abandonasen a la familia.
No es nítida la diferenciación entre ambos grupos de
autores. Tampoco se puede decir que dentro de este segundo grupo, no haya
católicos inspirados también por los principios éticos dados por el magisterio
de la Iglesia, pero no lo dicen explícitamente como los otros que expresamente
se remiten o a las encíclicas papales, o al Código Social de Malinas de 1924 o
al Código de Moral Política de 1937, ambos del cardenal Mercier. Ni se puede
asegurar que el grupo católico no esté inspirado también en principios éticos
racionalistas fundados en Kant. Esto lo explica muy bien Folliet: "el
siglo pasado y el comienzo del actual sufrieron, bajo la influencia del
puritanismo burgués, una indigestión de moral -y la peor de todas las morales,
la moral "laica" sentimentalista y humanitaria, aislada de las
fuentes cristianas, la moral abstracta y falsamente universalista nacida del
kantismo-, la moral kantiana que, como decía Péguy, tiene las manos puras
porque no tiene manos. Este "moralismo", pues lo era, y de los más
discutibles, había terminado por invadir, en ciertos casos, el pensamiento
cristiano hasta el punto de reducir la vida religiosa a una pura moral -lo que
fue una de las tentaciones más profundas de todos los liberalismos religiosos"106.
En efecto, es una moral que ya venía induciéndose
desde fines del siglo pasado, en un Pellegrini, en un Agustín Álvarez, o en un
Ricardo Rojas107, y sigue
vigente en algunos108. Se
entremezclaban distintos principios éticos: los sobrenaturales y los
racionalistas, en los que se combinaban las conductas morales para bien de la
persona y de su salvación eterna, con las acciones morales con sentido social, en
tanto protección de la familia para bien de la patria, de la nación.
3) En definitiva, los autores, hacen una simbiosis
entre cultura, civilización y moral. Para que no se pierda la civilización
había que incentivar la enseñanza moral, para que los mejor dotados -léase
civilizados, interprétese de mayores recursos, más cultos- aumenten su
fecundidad
y la nupcialidad, había que inculcarles principios éticos racionalistas o
religiosos, para que actúen conforme a ellos, tal como se desprende de las
transcripciones realizadas de las obras de Bunge, Pagano, Quinodoz, Llorens,
Belaunde, Cafferata, etc.
Era la doctrina social en boga antes de la Segunda
Guerra Mundial que desarrollan Landry, como se vio y sobre todo Nitti109, tan citados por los autores
argentinos. Como dice Freedman: "las ideas dominantes antes de la segunda
guerra mundial se relacionaban todas con la transformación de las funciones de
la familia y los hijos en la sociedad industrial-urbana. Las distintas teorías
pueden resumirse como sigue: La urbanización industrial iba unida a una
compleja división del trabajo en todas las esferas de la vida; junto con el
alto índice de movilidad social y física, esto provocó inevitablemente un
aumento de la secularización y el racionalismo, el decrecimiento de la
influencia de las fuerzas tradicionales, como la fe religiosa, y la crisis de
la familia tradicional y de otros grupos primarios ... la familia perdería sus
funciones en beneficio de otras instituciones ... los hijos dejarían de ser
elementos productivos de una economía basada en la familia..."110.
Esa era la creencia. El Congreso de Población es un
compendio de todas esas influencias cuando se considera "los nuevos
conceptos, hábitos, vanidades, flaquezas, miserias e injusticias sociales",
fomentados por "el egoísmo, la propaganda anticoncepcionalista",
expresan los despachos; por el "materialismo" dice Cafferata; por la
ignorancia, dice Bard111.
Estrictamente, con esos calificativos engloban dentro del factor moral al deseo
de ascenso, de progreso individual, entendido como egoísmo para con la
sociedad, en tanto que limita a las familias en su función procreadora. Con el
convencimiento de que una propaganda moralizante, una educación religiosa,
contrarrestaría todo un cambio cultural, propio del pasaje de la sociedad
agrícola a la industrial.
Por lógica consecuencia y, según los argumentos que
los mismos autores utilizaban, esa campaña educativa iba dirigida a los de baja
fecundidad que supuestamente pertenecían a las clases más cultas, más
civilizadas, de mayores recursos, es decir, la élite y si para Bunge112, ésta estaba conformada nada
más que por cien familias muy prolíficas, entonces estaba destinada a las
clases medias, las que estaban en plena movilidad y ascenso social y entendían
que por ello eran poco fecundas.
Esta es la razón por la cual se caracterizan a las
ideas demográficas argentinas como elitistas. Pero también se quiere
significar, la escasa fundamentación y reglas de correspondencia que
guardaban las ideas argentinas sobre su población. Cómo las idealizaciones les
hacía perder de vista la realidad poblacional argentina, cuyo descenso del
ritmo de crecimiento, dada su magnitud, no estaba sectorizado socialmente. Y
era un dilema que no sabían resolver, al legitimar un modelo, caracterizado
como "civilizado", culto, que estaba intrínsecamente unido a la
denatalidad, y a su vez desligitimarlo con pautas culturales que ese modelo
había desplazado. Es a lo que apunta Ernesto Nelson, que por ello fue muy
criticado por G.Arias y Valverde, al decir: "Hay que hacerse a la idea de
que la baja natalidad es consubstancial con la cultura y la dignidad del
hogar"113.
B. Una política familiar con justicia social
En este punto vuelven a presentarse las
contradicciones
y la inconsistencia lógica entre lo que pretendían alcanzar, los factores que
suponían habían hecho descender el crecimiento vegetativo y las medidas
propuestas.
Lo es porque, si se hace hincapié en los factores
económicos tendrán que proponer acciones tendientes a disminuir la incidencia
de esos factores. Ahora bien, el factor económico que ocasionaría el problema
del descenso del crecimiento vegetativo: ¿era la riqueza o la pobreza?. Si
se decía y se dice que a mayor riqueza menor fecundidad y viceversa. ¿Cuáles
son las medidas económicas adecuadas para lograr que aumente la fecundidad de
los de calidad?, ¿disminuir la
riqueza? o ¿enriquecer a los pobres?
Las
respuestas a estos interrogantes, si bien es cierto están expuestos con cierta
ironía, no lo es tanto si se analiza el mensaje subliminal que van dejando las
frases que anteceden a la propuesta de una legislación social que se han
desarrollado en este capítulo, y a la necesidad de que hubiera justicia social.
Mensaje vinculado a los objetivos de progreso, a los fines poblacionistas
propuestos, en cantidad y calidad. Pero que entraba en contradicción con el
modelo cultural que quieren imitar, por cuanto como bien dice hoy (1997) el
profesor italiano Alessandro Baratta: "Los niños han sido excluidos del
pacto social de la modernidad. La democracia política no es posible sin una
democracia social"114
y, como se vio, no son proclives a una democracia social.
Lógicamente hay matices diferenciales entre los
autores, cuya sistematización no es sencilla, como tampoco lo eran las hechas
anteriormente, dado que hay un substractum ideológico, filosófico común a
todos que los envuelve de modo tal que es difícil distinguir las variables
doctrinarias, religiosas en que abrevan sus ideas. Hay un discurso similar, de
moda se podría decir, en el que convergen diferentes vertientes disciplinarias,
políticas, sociológicas, económicas, centrado en la idea de familia como núcleo
básico sobre el que había que incidir para lograr el objetivo poblacionista,
que a su vez involucra los fines económicos y sociales del Estado.
Tras esa idea se alinean los autores provenientes
de distintos campos disciplinarios y políticos. Esto mismo es lo que apunta
Bunge ante la Comisión bicameral en 1939, llamado a opinar sobre varios
proyectos de ley referidos a la familia numerosa y a la vivienda popular:
"Coinciden en su fondo y con muy escasas y salvables diferencias en su
forma, los dirigentes de la administración y los legisladores, los agrarios,
los industriales y los comerciantes, los católicos y los socialistas, los
radicales y los conservadores"115.
Aquéllos enmarcados en las disciplinas jurídicas,
captan, en parte, toda una rama del derecho, denominada del constitucionalismo
social o la legislación que la promueve o se deriva de ella según los países,
tales el derecho laboral, previsional, en fin lo que hace a una política
social. Posición del derecho surgida fundamentalmente en Europa, pero
cristalizada primero en la Constitución de Querétaro (1917) y luego en el
constitucionalismo europeo, en forma incipiente en el período de entreguerras
mundiales y con seguridad después de la Segunda Guerra Mundial116.
En la Argentina, en el orden provincial varias
constituciones como la de Mendoza (1916), San Juan (1927), Tucumán
(1909)contienen cláusulas sociales. Pero la que recibió el impacto más grande
de estas ideas fue la Constitución Nacional de 1949 (arts. 37-I-8 y 37-II)
referido a la protección de "la familia como núcleo primario y
fundamental de la sociedad", con cláusulas protectoras a las madres y a
los niños117. Poco tiempo
rigió. En 1957, derogada por bando militar, apoyado por gran parte de la clase
dirigente tradicional, se reforma la Constitución (art. 14 bis) que concentra
las cláusulas contenidas en el 49 en la frase: "la protección integral de
la familia". No obstante, en la comparación de ambas normativas, se ha
dicho que la de 1949, era mucho más comprensiva pues se refería a los aspectos
jurídicos, económicos, sociales, morales y religiosos, mientras que la del 57
"se ha incluido en un contexto que pareciera de tipo económico solamente"
-dice Ramella- aunque agrega: "No es posible suponer que los convencionales
de 1957 hayan considerado a la familia como un ente puramente económico"118. Sin embargo, habida cuenta de
que uno de los convencionales en ese año fue Alfredo Palacios, que tenía bien
perfilado el problema económico de la población y como otros autores subsumían
todo al economicismo, no es errado esa interpretación119.
Consecuentemente, está la nueva teoría del Estado
que dará las fundamentaciones, como se vio en el capítulo anterior, al Estado
social de bienestar. Desde fines del siglo XIX y con toda seguridad en el
período de entreguerras120,
se venían proponiendo esas mismas reformulaciones, producto del análisis de
consecuencias no deseadas del modelo aplicado en forma ortodoxa. O, como
diría Givetz al referirse a las transformaciones del Estado en ese mismo
período, es porque "llegan al convencimiento de que el bienestar del
individuo, por encima de las medidas que puedan adoptarse, ...es demasiado
importante para confiarlo a la costumbre o mecanismos informales e
interpretaciones privadas y de que, por consiguiente es competencia del
gobierno"121. Pero, que
no significaron reformular la base ideológica substancial: la creencia en
el racionalismo, el economicismo, como factor esencial mediante el cual se
lograría encontrar las soluciones adecuadas.
Por ello, de justicia social, en forma explícita
hablan Gino Arias, Belaunde, Carlos J. Rodríguez.
De la necesidad de sancionar una legislación social,
en forma genérica, sin especificar qué tipo de leyes se debían sancionar se
refieren J.C.Rodríguez, Quinodoz, Inchausti. Casiello, Araoz Alfaro, Belaúnde,
Coghlan, Correa Avila, Llorens, Franceschi, Palacios, Cafferata, Guillot,
Guaresti, Mortone, González Galé, Germinal Rodríguez, Valverde, Dabba, darán
propuestas concretas de legislación social. Tales: salario familiar, préstamos
oficiales a las parejas que van a contraer matrimonio, facilidades a las madres
multíparas para obtener créditos; premios a las parejas multíparas, eximición o
reducción de impuestos a las familias numerosas; gravámenes progresivos a los
solteros de ambos sexos e impuestos a los matrimonios sin hijos, etc. No
obstante, se pueden distinguir posiciones diferenciales. Están aquéllos que
descreen totalmente en la eficacia de una política poblacional asentada en
remedios económicos, como los subsidios familiares y por lo tanto no hacen o
son mínimas las propuestas en ese sentido (los Bunge, por ejemplo122). Otros se preguntan, al
menos, si serán solución al problema poblacional argentino y, ante la duda,
proponen medidas socio-económicas que hacen a una política social (González
Galé, Bernaldo de Quirós, Cafferata: "si la ley no llega a lo íntimo de la
conciencia -dice- contribuirá a hacer más llevadera la carga de los padres de
familia"123. Hay otros
que no se preguntan mayormente sobre la eficacia o están convencidos de
que conduce a la solución y aconsejan la sanción de una amplia legislación
social, impositiva, asistencial.
En esta última posición están los médicos: Araoz
Alfaro, Germinal Rodríguez, el mismo Cafferata, mirando el problema desde lo
biológico sobre todo, propondrán además la construcción de hospitales,
dispensarios e institutos protectores de la salud.Esta propuesta de política
social lleva implícita un concepto de desigualdad social y de equiparación de
diferencias, distinta de la idea de desigualdad de recursos, de bienestar
económico provocada por las deficiencias sociales, regionales y por diferentes
aptitudes como se ha observado desde el punto de vista socio-económico124. Engloba los desequilibrios o
deficiencias de "necesidades" como dice Landry125, y se refiere a la desigualdad
de situaciones familiares, sin distinción de jerarquías económicas.
Concretamente, la redistribución no sólo va dirigida de los más poderosos por
su bienestar económico a los más humildes, sino de los sanos a los enfermos, de
los solteros a los casados, de los matrimonios sin hijos hacia quienes los
tienen y de las familias pequeñas a las prolíficas.
¿Qué papel juega la pobreza en esta concepción?.
Bien dice Podetti "el concepto de pobreza depende de lo que se entienda
por necesidades mínimas" y esta propuesta de legislación social con fines
poblacionistas, al cambiar el enfoque desde el cual es observada la
problemática, la pobreza tiene un valor relativo.
Es relativo, porque como bien dice el mismo autor,
la locución "política social" y lo social, tiene una multiplicidad
de sentidos. Asi puede significar un concepto filosófico, un producto, un
proceso, con alcances positivos en tanto comprende los casos concretos y la
totalidad compleja; que contiene un principio de generalidad y de abstracción y
que su nota más característica es que "se puede tomar en sentido colectivo
como distributivo". Que a medida que avanza en el tiempo involucra la
estructura social y el desarrollo social, la estratificación y movilidad, como
la "participación cada vez más amplia en la comunidad nacional,
considerados como requisitos todos para el desarrollo económico o factores
concomitantes de él"126.
Sobre esas bases, se puede decir que, la política social propuesta no pretende
una equiparación mayor entre las clases sociales, no es tuitiva de los
intereses
proletarios estrictamente, sino que se desea alentar, con beneficios económicos
la formación de nuevas familias, la fecundidad dentro del matrimonio, mejorar
la calidad de vida tras la implementación de una política asistencial y tras
ello, mejorar la calidad de la población.
Finalmente, no es errado cuestionarse, partiendo de
la base que los autores están adscriptos fundamentalmente a la teoría de la
transición demográfica y al darwinismo social, si al mejorar económicamente
a las familias más humildes no se pretendía también hacer descender la alta
tasa de natalidad en dichos sectores y propender a elevar la de los sectores
mejor dotados, según sus argumentos. Al menos, surge la duda del grado de
altruismo y de caridad que conllevan esas propuestas y el mayor grado de
acercamiento a ideas desarrollistas, protectora no de los más débiles, sino de
un sector social con preeminencia que veía peligrar su situación ante el "decaimiento
racial" como decían.
Así como, las teorías económicas de Keynes fueron
interpretadas como las ideas de un "liberal apasionado y creyente
convencido en el valor de la iniciativa y en la empresa privada. [Y] creía que
sus doctrinas podían servir de salvaguardia de la empresa privada si la
intervención del Estado, proporcionaba la estructura adecuada"127. Del mismo modo, la propuesta
de legislación social, de los autores considerados, se puede interpretar como
una forma de mantener el statu quo de las élites sociales tradicionales. Y esto
explicaría mejor la actitud de rechazo que tuvieron las clases dirigentes
tradicionales, representadas en la Corte Suprema de Justicia, al concretarse
legislativamente, en algunas provincias128,
la mayoría de las ideas plasmadas por ellos a nivel cuasi teórico.
Una muestra más de esta ambigüedad y
contraposiciones
se ve en Mortone cuando dice: "Por ello debe tenderse a la educación de
las masas pues mientras en algunas clases ricas, las condiciones de vida
llevan a la infecundidad por el sedentarismo, nerviosidad, mutabilidad de
las pasiones que entrañan la degeneración y el adulterio y lo que es más, el
desconocimiento de la maternidad, hay otras, las que no poseen nada, las que
ni siquiera tienen la esperanza de elevar en algo su condición, y sin embargo
subconscientes, proliferan largamente"129.