CAPÍTULO VIII

MIGRACIONES CON "PUERTAS CERRADAS" ANTE LA

CRISIS Y LA GUERRA

 

 

I. ASPECTOS INTERNACIONALES DE LAS MIGRACIONES

 

Las migraciones internacionales, en general, fueron libres hasta la Primera Guerra Mundial. Desde la finalización de la guerra, acentuándose después de 1930, comienzan las restricciones para emigrar y para inmigrar. Esto, de por sí, demuestra que la situación internacional y nacional es diferente de la de la Argentina finisecular que abre las puertas al inmigrante europeo. Tampoco es la misma situación del período que antecede a la Primera Guerra Mundial que produjo las primeras reacciones de la dirigencia argentina sobre las migraciones efectivamente arribadas.

Los cambios que repercuten en las ideas del período que se encara, tienen dos hitos internacionales de gran repercusión en el fenómeno migratorio: la crisis económica de 1929 y la Segunda Guerra Mundial, sin descuidar las consecuencias de la Primera Guerra Mundial en ambos aspectos. No es el propósito de este estudio analizar esos hechos en profundidad, pero sí destacar que se complementan y se yuxtaponen en las reglamentaciones que norman el egreso o ingreso de migrantes.

 

A. Las migraciones consecuencia de las modificaciones de las ideologías y del

     mapa europeo en los años 30

El segundo conflicto mundial, es un hito exclusivamente metodológico dado el período que se aborda, porque a los fines de las migraciones no se puede descuidar lo que antecedió a este hecho ni lo que le siguió hasta nuestros días. La primera consecuencia del conflicto de 1914-19, sobre las migraciones, se deben a las modificaciones del mapa europeo, la crisis económica que sigue a la devastación producida por él, el surgimiento de fuertes nacionalismos en toda Europa, producto de las modificaciones de las fronteras que dividieron grupos culturales afines o unieron disímiles grupos étnicos. Basta recordar que al desmembramiento del Imperio Austro-Húngaro, surgieron como países separados o independientes: Austria, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania, Yugoslavia, dentro de los países balcánicos. Entre los del Báltico: Letonia, Estonia, Lituania, Finlandia. Se puede seguir nombrando a Grecia y sus ambiciones sobre el Asia Menor, o Turquía, en el fin del Imperio Otomano y la aparición de Kemal Ataturk, con sus modificaciones territoriales y de instituciones políticas. El reconocimiento del Estado libre de Irlanda, por parte de Inglaterra, o de una Cataluña autónoma, por parte de España.

Sin entrar a describir cada caso en particular, se debe decir que Checoslovaquia, uno de los países de gran emigración en el período, al conformarse como Estado, absorbe tres millones de habitantes de origen germánico. Yugoslavia, otra gran fuente de emigración, se crea sobre las antiguas Servia y Croacia, a las que luego se le unieron Bosnia, Herzegovina, Montenegro y Macedonia, junto con minorías alemanas y húngaras, ésto produjo conflictos nacionalistas, dice Grimberg, "entre los diversos grupos de su propia población eslava: servios, croatas, eslovenos, montenegrinos y macedonios. El conflicto más grave oponía a los servios con los croatas, de tradiciones culturales distintas, ortodoxos y católicos, eslavos y latinos, respectivamente"3. Polonia recupera su independencia perdida un siglo antes y amplió su territorio a costa de la URSS, incorporando a ucranianos y rusos blancos. Después de la segunda guerra, todos ellos conformarán un federación bajo la hegemonía de la URSS hasta 1989, con la caída del muro de Berlín.

No es casual que éstos tres últimos países sean de gran emigración. Según la oficina Internacional del Trabajo, entre 1922 y 1933 salía anualmente de Polonia una media de 94.600 personas y de Checoslovaquia una media anual en el mismo período de 26.1874. Consecuentemente, se modifican las corrientes inmigratorias a la Argentina, (ver los cuadros que se exponen en el apéndice de este capítulo). A raíz de estos cambios geopolíticos, no es fácil conocer el aumento o disminución de determinadas nacionalidades, por ejemplo, los polacos. Dicho origen no aparece en los tres primeros censos, ni en los registros de migrantes, por lógica consecuencia de que no era un Estado independiente y queda la duda de si los rusos de los primeros censos, no fueran en realidad polacos. Si se destaca esta nacionalidad es solamente porque fue una de las corrientes migratorias menos aceptadas después de 1930.

Junto con esas nuevas demarcaciones territoriales europeas y las crisis económicas, post primera guerra y la de 1929, surgen fuertes ideologías. Aparece la social-democracia que se disputa los gobiernos de los Estados nuevos o nuevamente independizados, el comunismo con su poder hegemónico en la URSS. El nacionalismo en todos los países europeos, como bien lo señala Carr Saunders al referirse a la presión que ejercen estos grupos y los sindicatos de Holanda, Francia e Inglaterra, para proteger a los trabajadores de sus naciones contra los obreros extranjeros, de esa forma evitar la desocupación5. Aunque, refiriéndose a Italia, entiende que "el nacionalismo asume una forma agresiva, (porque) no desea que sus emigrantes vayan a otro país bajo otra bandera... Acompañado de un deseo de anexionar los lugares donde los italianos puedan establecerse"6.

De Alemania, del nacionalsocialismo y de Hitler, dice Grimberg, "partía de una idea seudocientífica sobre la existencia de una raza aria diferenciada, dotada de especiales talentos y destinada a gobernar el universo. En el transcurso de la Historia Universal toda idea creadora, toda cultura procedía de esta raza y en especial de su rama nórdica o germánica. Los alemanes eran ... una nación de señores, en tanto que judíos y eslavos no pasaban ...de infrahombres, por consiguiente los judíos debían ser expulsados,... y luchar contra los eslavos"7.

El mismo autor, no descuida que después del III Plan Quinquenal (1938), Stalin implantó un nacionalismo soviético "despreciando el internacionalismo proletario", e impuso igual que Mussolini en Italia y Hitler en Alemania, una política poblacionista, y tras ello, combatió el divorcio, el aborto, porque según dicho autor, "Stalin necesitaba familias sólidamente constituidas y con numerosos hijos"8.

Todo ello confluye en la guerra civil española (1936-39), otro conflicto de gran repercusión en la Argentina9. "Sobre estos profundos desgarrones en la piel de toro hispánica -dice Grimberg- no cayó otro bálsamo que la apología de la violencia, aprendida de la Alemania de Hitler, de la Italia de Mussolini, de la Austria de Dollfuss, de la Rusia de Stalin, e incluso de la Francia de febrero de 1934. Europa se echó sobre España... de la que salió una mentalidad revolucionaria en la derecha y en la izquierda"10.

 

B. Estados poderosos y cierre de fronteras     

 

El orden económico internacional está signado por la crisis originada en la quiebra de la Bolsa de Wall Street. Esta crisis repercutió fundamentalmente, como se vio en el Cap. VI, en la concepción de las funciones que debía cumplir el poder del Estado respecto de su población. Señala el fin del laissez faire, y la consecuente ampliación del poder del Estado, transformando a éste en director de las economías nacionales y, por qué no, de otras naciones según los países de que se trate. Intervencionismo estatal que se interesa por el orden social, su bienestar, el aumento de su población, junto a la protección de su producción industrial. En fin, una vuelta al Estado mercantilista y con ello, a las teorías poblacionales de ese período histórico.

Prácticas mercantilistas que referidas a las migraciones, significan la agudización de severas reglamentaciones de la emigración e inmigración, tanto en Europa como en América y su conexión con las teorías del óptimo cuantitativo y cualitativo de Wolf, de Fairchild, Carr Saunders, Gini, vistas en el Cap.II. Se observa el comienzo del fin de las grandes migraciones europeas del siglo XIX, que se habían producido como consecuencia de la paulatina incorporación de las naciones al cambio de estructura productiva, es decir, al desarrollo industrial. O como dice Bunle, "Al finalizar el primer conflicto mundial se cierra la era del liberalismo"11 y, por ende, la libertad para entrar o salir de los países.

Desde Europa, específicamente la Italia de Mussolini, la Alemania de Hitler y la Rusia de Stalin, adscriptas a una política demográfica poblacionista, impulsan la restricción de la emigración, como se vio al analizar las ideas de Gini y las atribuciones del Estado en esta materia, en los capítulos II y VI. Los otros países europeos y los americanos, por su parte, restringen la inmigración. Las disminuidas corrientes europeas que persisten en el período, son producto de las situaciones ideológicas, políticas y económicas brevemente mencionadas. El temor a la desocupación, la unión de pueblos culturalmente diferentes, o la separación de los que eran afines, despertó recelos y con ellos, la insistente recurrencia a las nociones de raza, nación, civilización. Conceptos que se los rodeaba de atributos de distinta índole: físicos, intelectuales, laborales, superiores o inferiores, mejores o peores para los fines de cada Estado y para aceptar o rechazar a los migrantes. Ideas que quedaron cristalizadas en las reglamentaciones de emigración e inmigración.

 

C. Las migraciones reglamentadas

 

"Los hombres -dice Carr Saunders- no tienen libertad para salir ni para entrar; pero la tienen mayor para salir del país del que son nacionales que para entrar a otro en el que son extranjeros"12.

 

1. En Europa

 

La primera forma de coartar la libertad de migrar, está en las normativas sobre pasaportes, certificados de identidad, de salud, contratos laborales, que no existían en el siglo XIX y que impusieron todos los países europeos y americanos. Italia es el país que más aportes humanos hizo a la Argentina a fines del siglo XIX y principios del XX hasta 1926; pero a partir de 1927 disminuyó su caudal. En ese año el gobierno fascista de Mussolini, estableció que los súbditos italianos no podían abandonar el país con la intención de radicarse en el extranjero a menos que fuesen a reunirse con familiares o poseyeran un contrato de trabajo. Esto determinó la reducción importante de inmigración italiana a la Argentina (ver Cuadro XXV), que ni siquiera se elevó en 1930 cuando se flexibilizó dicho reglamento. Y la Rusia de Stalin impuso condiciones tan estrictas para conceder los pasaportes, sobre todo a los trabajadores, que prácticamente les impedía dejar el país13.

 Por otra parte, según Carr Saunders y Bunle, que describen extensamente las restricciones establecidas en los países europeos de emigración, no se dejaban salir a aquellos ciudadanos que no reunieran los requisitos adecuados para ser admitidos en otro país, ante el temor de los gastos que ocasionaría su repatriación. Tampoco a los que tuvieran un juicio legal pendiente, o no hubieran cumplido con el servicio militar; a las mujeres y niños solos para evitar su explotación; se impedía salir a aquellos cuyas ofertas de trabajos y pago de pasajes evidenciaran un posterior trabajo indigno. Estas restricciones "no es simplemente por el deseo de retener a los nacionales en casa -dice Carr Saunders- sino el del supuesto interés de los que quieren emigrar o bien los mandatos de la justicia social"14. A lo que hay que sumar, como dice Bunle, la legislación contra el paro, los subsidios otorgados a los inválidos de la primera guerra, porque hizo disminuir el espíritu de aventura que tenían los migrantes antiguos, y por ende declinó la emigración europea15.

Por su parte, los países europeos de inmigración como Francia, Holanda, Gran Bretaña pusieron restricciones a la inmigración. La forma más utilizada era mediante convenios bilaterales entre esos países y Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia. En esos convenios se estipulaba el grado de posibilidades de empleo que hubiera, se distinguía si eran trabajadores estacionales o permanentes, si tenían contrato de trabajo o no. Indudablemente la crisis económica juega un papel fundamental y, al menos, según lo manifiestan el inglés Carr Saunders y el francés Bunle, no existirían discriminaciones ideológicas, ni raciales, claro que siempre se refieren a los migrantes de y hacia países europeos, no de otros continentes a Europa. Con todo, en las colonias y dominios ingleses en América, no se observa un rechazo absoluto de los asiáticos, o africanos.

 

2. En América

 

Las disposiciones sobre inmigración en este Continente están contenidas en las Constituciones, en la legislación específica y en convenios internacionales. Laughlin los comenta pero no los transcribe. El Instituto Argentino de Derecho Internacional, hace una compilación minuciosa de ellos entre los años 20 y 30 llegando a 1941. Sobre ambas obras, se funda este análisis, circunscribiéndolo más a la legislación, que al orden constitucional, por ser éste más genérico, no todas las constituciones son del siglo XX y, porque no todos los territorios tienen la misma naturaleza jurídica, dado que unos son países independientes, otros son dominios y otros colonias16.

América en esos años estaba compuesta por: 21 repúblicas soberanas, dice Laughlin y, sin entrar a hacer el análisis de ese adjetivo, son: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, El Salvador, República Dominicana, EE.UU., Uruguay, y Venezuela. Dos dominios ingleses: Canadá, Terranova y Labrador. Un dominio danés: Islandia. 17 colonias europeas que pertenecían a: a) Gran Bretaña: Bahamas, Barbados, Bermudas, Guyana inglesa, Honduras Británica, "Islas Falkland", -tal como las considera Laughlin-, Jamaica y las Islas Turcas, Islas de Barlovento, Trinidad con Tobago, Islas de Sotavento. b) Francia: Guyana francesa, Guadalupe, Martinica, Saint Pierre et Miquelon. c) Holanda: Curazao, Suriname. d) Dinamarca: Groenlandia.        


Las restricciones impuestas a la inmigración en casi todos los países, más que en las colonias, obedecen aparentemente a objetivos de distinta índole: raciales, eugénicos, económicos, políticos, ideológicos, pero en realidad, todos ellos tienen por finalidad, establecer un "régimen de inmigración en tiempo de paz, para aquellos individuos y familias que estén en oposición a los ideales étnicos y culturales de las naciones en que pretenden entrar, principalmente en las repúblicas soberanas de América", dice Laughlin introduciendo su análisis de las reglamentaciones constitucionales y legislativas de toda América17. Éste es el meollo, así como en Europa había una explosión de nacionalismo, de racismo, en nuestro continente también. Aunque se presuma que los intereses son económicos y para proteger al trabajador nacional, la exclusión o restricción a determinados inmigrantes y no a todos, está fundada en esos ideales étnicos y culturales que menciona Laughlin y no, estrictamente, en razones económicas. Por esa cuestión el primer aspecto por considerar se refiere a las restricciones étnicas, que en definitiva conllevan una dosis de racismo, tal como se verá al analizar el concepto de raza que utilizan los autores en el capítulo siguiente, igual que en Europa, por más que Bunle y Carr Saunders, no se refieran a este aspecto cuando tratan las limitaciones a la inmigración, o lo circunscriban a algunos países.

 

a) Preferencias, restricciones o exclusión étnica:

 

Laughlin analiza este aspecto bajo el título de "raza", los autores del Instituto Argentino de Derecho Internacional lo denominan "condiciones raciales y de nacionalidad", pero como el concepto de raza no lo tienen claro, involucran cuestiones religiosas, como cuando dicen que se prohíbe la entrada de mahometanos; o lingüísticas, cuando dicen que se prefieren los latinos. Esta confusión de categorías diferentes se traslada a la legislación que al igual que los autores, engloban bajo el término raza otras categorías que no tienen nada que ver con las características físicas uniformes que supone el término raza.

La confusión también se evidencia en la poca claridad cuando se refieren a los distintos pueblos y nacionalidades. Por ejemplo, Bolivia, según Laughlin "da preferencia a las razas latinas, a alemanes, a japoneses y balcánicos; hay restricciones con los rusos, polacos, judíos y eslavos; quedan excluidos los árabes, mongoles, negros, mulatos y mahometanos"18. No se sabe qué pueblos considera eslavos y cuáles balcánicos. En 1938, el Ministerio de Inmigración, declara enfáticamente que "las fronteras de Bolivia están abiertas a todos los extranjeros sanos de cuerpo y espíritu de todo el mundo... con excepción de los chinos, judíos, gitanos y negros". Supuestamente, los balcánicos judíos y gitanos húngaros, que eran pueblos de esa región europea, tendrían limitaciones, los demás no. Que Bolivia no quería a los judíos, igual que Alemania, ni a los gitanos, que en su mayoría venían de Hungría, lo prueban dos decretos, uno de abril de 1940 que suspende en forma indefinida "la concesión de autorizaciones relacionadas con el ingreso de nuevos elementos semitas", y el de mayo de 1936 que prohíbe el ingreso de gitanos19.

Bolivia es sólo una muestra de lo que los otros países establecieron. No todos con la contundencia de ese país, pero en general, los conflictos europeos se trasladan a las disposiciones de inmigración americanas y con confusiones similares, de ahí que no es sencillo sistematizarlos, ni por calidad de preferidos, restringidos o excluidos, menos por nacionalidades y difícil por regiones. Pero como interesa dar una visión panorámica de las reglamentaciones americanas, a fin de compararlas con las argentinas, se agruparán los pueblos de inmigrantes por su procedencia continental y por grandes regiones.

Así se observa, que restringen o excluyen el ingreso de inmigrantes de la Europa del este, además de Bolivia: Brasil, porque impone cuotas de inmigración, referidas al 2% de las nacionalidades ingresadas entre 1883 y 1933. Colombia en 1936 limita el ingreso de letones, búlgaros, estones, lituanos, polacos, rumanos, rusos, a diez por año solamente. En 1937 les exige además que presenten pasaporte expedido por autoridad competente, para evitar los perseguidos. El Salvador (1933) directamente excluye esas nacionalidades, salvo que tengan una autorización especial del Ministerio de Relaciones Exteriores. EE.UU. quedan restringidos a la ley de cuotas de 1924. Guatemala en 1921 prohíbe la visación de pasaportes a los migrantes de esos países y en 1936 aclara que tampoco se visarán a los pueblos "que formaban parte del Imperio Ruso". Honduras (1934) los restringe. Paraguay tiene disposiciones constitucionales (Const. de 1870) similares a la Argentina, y concede franquicias a la inmigración polaca (1939).

Prohíben expresamente la inmigración de gitanos: Bolivia, Brasil (1936), Cuba (1936), El Salvador (cuya ley de pasaportes de 1927, en el artículo 25 aclaraba "conocidos también en el país con el nombre de húngaros"), Guatemala (1936), Honduras (1936), Nicaragua (1930), Uruguay (1890, ley 2096, art.27, aclara "individuos generalmente conocidos con el nombre de cíngaros o bohemios"), Venezuela (1939).

Sobre la inmigración judía, la condicionan o la prohíben: Bolivia, ya se dijo, Colombia que somete al pueblo judío a los mismos requisitos exigidos a todos los pueblos de Europa del este, como se vio. Chile en 1940, por decreto 2544, anula la "autorización a inmigrantes israelitas, aunque tuvieran visa". Paraguay (1938) los acepta siempre que tuvieran visa y Venezuela (1939) directamente los excluye.

Respecto de la inmigración de asiáticos algunos países mencionan determinadas nacionalidades, otros genéricamente a los "asiáticos". En el primer caso, se refieren únicamente a la inmigración china: Bolivia en el comunicado oficial el Ministerio de Inmigración (1938) excluye a los chinos. Lo mismo Ecuador (Reglamento General de Pasaportes de 1940), con la diferencia que expresamente dice que "se prohíbe terminantemente el ingreso de individuos de raza o nacionalidad china". El Reglamento dedica 20 artículos a la forma de controlar dicha inmigración y para referirse a algunas excepciones, como la de haber vivido antes, tener parientes y hablar el español. En igual forma lo reglamenta Cuba en 1926 y lo reitera en 1939. El decreto (1937) de Colombia es más amplio en la enumeración de pueblos asiáticos, pero no los excluye, les exige a los chinos, hindúes, libaneses, palestinos, sirios y turcos, igual que a los europeos del este, el pasaporte expedido por las autoridades del país de origen y esas "razas restringidas deben solicitar autorización al Ministerio de Relaciones Exteriores para entrar al país". En la misma forma, El Salvador, en 1927 sólo se refería a "los ciudadanos chinos o de raza mongólica", en 1933 amplía la prohibición a los originarios de Arabia, Líbano, Siria, Palestina o Turquía, las únicas excepciones eran el tener parientes o haber vivido anteriormente, pero con registros muy minuciosos. Guatemala y Honduras (1934), Nicaragua (1936), Panamá (1938), República Dominicana (1912) los excluyen, algunos países los autorizan si pagan sumas importantes de dinero, o no se refieren estrictamente a los asiáticos, sino a los de otras "razas" procedentes de las colonias europeas en América.

Sobre esto último cabe destacar que no hubo una limitación expresa en las colonias hacia los asiáticos, en Jamaica por ejemplo se permitía la entrada de las personas procedentes de las "Indias Orientales" que eran británicas, por supuesto, y sobre las mujeres de "raza china" considera que sólo pueden ingresar en calidad de "sirvientes".

En el segundo caso están: Canadá que prohíbe lisa y llanamente "la inmigración de extranjeros de raza asiática". EE.UU. desde 1882 restringía la entrada de chinos. Por la ley de 1917, "excluye a todas las personas de raza asiática" y en 1924, bajo la consigna que "sólo pueden entrar en el país los extranjeros susceptibles de obtener la ciudadanía norteamericana" y "solamente pueden ser ciudadanos estadounidenses las personas libres de raza blanca" por lo tanto era una forma general de excluirlos, las únicas excepciones era que hubiera acuerdos con países específicos, entre ellos Japón. Paraguay no establece ninguna prohibición genérica sobre los asiáticos, pero sí permite el ingreso de japoneses.

Respecto de los africanos hay países como Colombia, El Salvador que expresamente se refieren a la exclusión o restricción de egipcios, marroquíes, o genéricamente a los del África del Norte. Pero en general (Bolivia, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, Panamá, Paraguay, Venezuela), mencionan a los provenientes de ese continente como "negros". A diferencia de lo establecido para la inmigración de los otros pueblos, que respondían más a situaciones políticas, o sociales propias del país de origen, las reglamentaciones referidas a los "negros" receptan el proceso de esclavitud a que habían sido sometidos en los siglos anteriores. Por ejemplo, EE.UU. no prohíbe su ingreso, porque a diferencia de los asiáticos, sí admite que pueden ser ciudadanos. Panamá los aceptaba si hablaban español; Nicaragua "si tienen menos del 50% de sangre prohibida". Claro que Bolivia, Ecuador, El Salvador, Paraguay y Venezuela directamente los excluyen.

En definitiva, el problema racial está presente, en unos en forma más acusada, en otros menos. En algunos casos, como la Europa del Este, relacionado a lo político e ideológico, en las corrientes africanas y asiáticas conectado a lo laboral y económico, porque si tenían determinada ocupación o bienes, sí se los aceptaba.

 

b) Restricciones políticas e ideológicas:

     Todos los países americanos y las colonias o dominios europeos en América, sin excepción, prohíben la entrada de elementos que consideran perniciosos para el orden político, o la expulsión posterior de aquellos extranjeros ya residentes si los catalogaban dentro de las ideologías prohibidas. Las disposiciones sobre ellas anteriores a 1930, mencionan fundamentalmente a los anarquistas, terroristas o a aquellos que preconicen el asesinato de los funcionarios de gobierno. Las posteriores a 1930 nombran, además, a los comunistas, bolcheviques, extremistas. Pero la mayoría, señalando a alguno de esos grupos, establecen la exclusión de los que hicieran propaganda destinada a incitar a la violencia y de ese modo destruir el orden social, político y jurídico, como lo norma Chile en 1937.

Es interesante consignar que la referencia a estos grupos está, en todos los casos, en el mismo artículo destinado a impedir el ingreso de tratantes de blancas, asesinos comunes, condenados, narcotraficantes, y toda otra actividad delictiva.

 

c) Condiciones profesionales u ocupaciones:

La mayoría de las normativas consultadas, son posteriores a 1930 y, por esa razón, están condicionadas por la crisis, el desempleo que ocasionó, de modo que los países ponen límites severos en este aspecto. Sintetizando dichas normas, se observa que los países menos restrictivos (Bolivia, Ecuador, El Salvador, Panamá) exigen que los inmigrantes tengan un contrato de trabajo, algunos como El Salvador, hacen la salvedad que se acepta el contrato siempre que no desplace a los salvadoreños de ningún oficio o profesión. Los más estrictos, por el contrario, prohíben a los inmigrantes con contrato previo a la llegada, sean obreros especializados o no y solamente los aceptan, si en la actividad que desplegarán, no hay desocupados (Cuba, EE.UU). Canadá solamente permite a las poblaciones de Gran Bretaña y sus dominios, pero siempre que tengan los fondos suficientes para establecerse en alguna actividad. Perú establece una disposición genérica al obligar a los industriales y comerciantes a tener un 80 % de peruanos entre empleados y obreros.

En todos los casos, las únicas excepciones se refieren a los profesores universitarios, profesionales, especialmente médicos, o aquellas categorías laborales temporales como los artistas, conferencistas, etc.

A estas condiciones exigidas se le suman las referidas a edad, sexo, salud, prefiriéndose siempre los varones en calidad de activos.

 


II. LA SITUACIÓN Y POLÍTICA INMIGRATORIA ARGENTINA EN LOS AÑOS 30

         La situación europea descripta fue el principal motivo de la disminución del flujo inmigratorio hacia la Argentina, como se puede observar comparando los Cuadros XXIV a XXXVII en el apéndice. A lo que hay que sumarle las severas barreras que impusieron los gobiernos de la década de los años 30.

La política migratoria que siguió a la crisis económica de 1929-30 hasta la Segunda Guerra, se caracterizó por el establecimiento de normativas, a través de decretos y resoluciones ministeriales exigiendo una serie de certificaciones que demostraran fehacientemente la aptitud física, moral, laboral, de fortuna, de los extranjeros que arribaran en calidad de inmigrantes. Entre muchos otros, se estableció un arancel de 10 pesos oro por cada uno de los certificados de buena conducta, no mendicidad y buena salud, que debía presentar el inmigrante (16-12-1930); o lisa y llanamente se suprimió la inmigración limitándola solamente a los parientes de los ya establecidos en la Argentina y a los que tuvieran un contrato de trabajo con un destino rural asegurado (26-11 y 14-12-1932); hasta llevar esas disposiciones a todos los extranjeros aunque no fueran inmigrantes (28-6-1938)20. "Las normas directrices de la materia han cambiado -dicen los compiladores del Instituto Argentino de Derecho Internacional-, más exactamente diríamos que se han intervertido y ya no se permite la entrada de todos excluyendo a unos pocos considerados indeseables, sino que ahora el principio pasa a ser la no admisión y sólo a quienes se considera aptos se los deja incorporarse al territorio argentino"21.

A diferencia de las restricciones impuestas por el resto de los países americanos, en la Argentina, sobresalen las limitaciones de orden económico, quedando oculta, velada tras los argumentos sobre la desocupación, el cierre de las fronteras por razones étnicas, de nacionalidad, o ideológicas. Sin embargo, este tipo de impedimentos no está ausente. En primer lugar, porque todos los decretos se fundan en la Constitución Nacional y reglamentan la ley 817 que limitan la inmigración a los europeos como se vio en el Cap.IV. Segundo, porque sin establecer una nueva disposición, se remiten a la ley 4144, llamada de Residencia, que es de expulsión de extranjeros por cuestiones ideológicas. Tercero, porque le otorgan un gran poder discrecional al funcionario del Departamento de Inmigración para conceder los permisos de desembarco, condición ineludible para obtener la visa de ingreso.

Esto se prueba de dos formas. Una, centrada en los debates en el Congreso de la Nación, referidos al Censo de Desocupados y a la interpelación que se le realiza al Ministro de Agricultura, ingeniero José Padilla, a propósito del decreto del 28-7-1938. La otra, es el análisis de las ideas que nos ocupa, que lo expresan con toda claridad, proponiendo las modificaciones al sistema inmigratorio argentino. Por esa razón, este aspecto será tratado en este capítulo, como una propuesta de política inmigratoria y en el siguiente, desmenuzando los argumentos utilizados para seleccionar a los inmigrantes.

 

A.   Cuestiones étnicas, tras el velo de crisis económica

 

1) El problema de la desocupación (ver Cuadro XXXII) que sigue a la crisis desatada en 1929, es el argumento fundamental y la excusa para excluir o limitar determinadas nacionalidades.

En la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, del 24 de junio de 1932, se formó una comisión compuesta por los Senadores: R. Patrón Costas (demócrata nacional), Mario Bravo (socialista), Antonio Santamarina (demócrata nacional, Ferrero dice "conservador") y los diputados Nicolás Repetto (socialista), Bernardo Sierra, E. Parera, R. Biancofiore y N. Costa Méndez y se discutió un proyecto de ley disponiendo la formación de un censo nacional de desocupados. El diputado González, pidió "simplemente hacer constar la nacionalidad de los desocupados". Augusto Bunge, el hermano socialista de Alejandro, entendió que carecía "en absoluto de valor si no se lo complementa con el del tiempo de residencia". En el fondo no quería que se incluyera ese dato, no obstante en 1939, denostará la política inmigratoria "cuyo propósito ha sido conseguir mano de obra abundante y barata y disponer en todo tiempo de un numeroso ejército proletario de reserva" El diputado Maglione pensaba que se debía preguntar la nacionalidad, porque al Estado le correspondía proporcionar trabajo, primero, a los criollos, después, a los extranjeros. Para Pena podía crear problemas de xenofobia, en un "país que ha llamado a gritos al extranjero". El más claro es Vicchi: "necesitamos saber si este proceso de desocupación se produce en el país porque su actividad económica decrece o es una desocupación generada en cierto modo por influencia de una excesiva inmigración de desocupados". Finalmente se resolvió incluir la pregunta. Los resultados pueden verse en el Cuadro XXXII, pero tienen poco valor porque no están referidos a toda la población económicamente activa, ni al total de extranjeros22.

Este debate, además de poner en evidencia que tenían totalmente asumida la idea que la Argentina, como en el siglo XIX, tenía que seguir abriendo sus puertas al inmigrante, pone de manifiesto la preocupación de los diputados de que se filtraran razones de otra índole, como con más claridad se expresa en 1938.

2) El Decreto del 18-7-1938 que prácticamente cierra las fronteras, alegaba en sus considerandos las dos cuestiones fundamentales: Por un lado dice: "Que las cifras estadísticas sobre nuestra producción demuestran que la misma ha sufrido una fuerte merma, ocasionada por la sequía y otros factores naturales adversos, que traerá como consecuencia el aumento de la desocupación en el país".

"Que habiéndose restringido por tal causa la demanda de obreros a sueldo y a jornal, la afluencia no regulada de inmigrantes puede perjudicar muy seriamente a los trabajadores radicados en la Argentina...".

Más adelante, agrega: "Que es, por otra parte, un derecho incuestionable de la República y así se desprende del artículo 14 de la Constitución Nacional rectamente interpretado, el de seleccionar y regular la inmigración prefiriendo la de mayor aptitud asimilativa y ajustándola a nuestras necesidades sociales, culturales y económicas, de modo que la entrada de los extranjeros en el territorio argentino quede subordinada a las conveniencias del país y no a la inversa".

"Que interpretando el artículo 3ro. de la ley Nro. 4144, la Suprema Corte Nacional estableció que el mejor procedimiento para discernir cuáles son los inmigrantes que pueden ser perturbadores del orden público o comprometedores para la seguridad nacional, es el de subordinar su entrada al otorgamiento de un permiso de desembarco expedido por la Dirección de Inmigración, previas algunas comprobaciones, criterio que puede extenderse por analogía y con carácter general a la determinación de los extranjeros cuya entrada al país conviene admitir"23.

El decreto es tan restrictivo, que no sólo el control debía extenderse a los pasajeros de segunda y tercera clase, como lo establecía la ley 817, sino que incluye a los de primera clase. Evidentemente, además de remitirse a otros dos decretos de 1932, y 1934 para fundar la exclusión, de los que perturbaran el orden político e institucional, no sólo el económico, acá está latente el problema de los judíos expatriados. No lo dicen abiertamente, como en Chile, pero que ese es el problema se pone de manifiesto en la interpelación a Padilla.

El Ministro José Padilla, fue interpelado por la Cámara de Diputados de la Nación el 9 de agosto de 1939, a propósito de este decreto. El Ministro lo defendió diciendo que era de "emergencia", "no traduce las directivas de la política permanente sobre inmigración..., se ha dictado frente a una situación especial, con carácter transitorio, y hasta tanto se establezca un nuevo régimen orgánico en la materia". Y con este objeto había formado una comisión que debía estudiar bien el problema. La situación especial en 1938 y 1939, no eran estrictamente los desocupados, sino el umbral de la Segunda Guerra. Distinto de cuando se debatió por el Censo de Desocupados. En 1932, es el "año que marca la depresión máxima en la ocupación obrera", dice Dorfman, mientras que hacia 1939 "la gran industria de la ciudad de Buenos Aires incorpora a los desocupados"24. Por lo tanto, esa situación especial eran los expatriados, y dentro de éstos el mayor número lo representaban los judíos.

Los diputados Anastasi (radical alvearista, del grupo "mayoritario" del bloque radical), Repetto (socialista), Pastor (radical)25, concuerdan con el Ministro en lo que respecta a la desocupación. Pero Anastasi agrega: "Él ha hablado de la posibilidad de admitir una cuota de refugiados y ciertamente los que hemos planteado este problema, no podemos suponer, que la República pueda dar albergue a toda la masa enorme de refugiados que hay en el mundo, ya sean los austríacos, los checoslovacos, los españoles, o los israelitas, estos últimos además, han sido despojados de sus bienes en Alemania, en Austria y en Checoslovaquia, porque es sabido que cada una de las expansiones de Alemania ha sido seguida de la confiscación de bienes de los israelitas." Y luego agrega, "Coincidimos con el diputado Lima en el elogio que ha hecho de la raza judía. Está bien que sus sentidas palabras, proferidas desde esas bancas, cuenten con la adhesión del sector a que pertenecemos en esta Cámara"26.

Este es el problema que suscita la interpelación. Los diputados desautorizan los decretos pero en forma relativa, no son contundentes, las posiciones son ambiguas. Pocos meses antes había terminado la guerra civil española, y estaban a las puertas de la Segunda Guerra Mundial. Alemania, el año anterior había proclamado el Anschluss, anexionado Austria y ocupado los Sudetes en Bohemia. Italia había dictado leyes antisemitas en 1938, y unos meses antes de la interpelación, invadido Albania. Las palabras de Anastasi, advierten el impacto de estos hechos y el temor a adoptar políticas antisemitas, igual que en Italia y Alemania. No es tan nítido respecto de otros refugiados, de origen balcánico, que no fueran judíos. En la ponderación que hace de los judíos, igual que el diputado Lima, está el interés de desprenderse de cualquier vinculación con grupos nacionalistas, entre ellos J. Meinvielle que había publicado "El Judío", o de Gustavo Martínez Zuviría que había escrito varias novelas antisemitas.

Tampoco se puede decir que la posición del Ministro Padilla, fuera la contraria. El ministro era un conservador, miembro prominente del Partido Liberal de Tucumán, representante de los grandes intereses azucareros, (administrador del ingenio San Pablo). Por ello, a pesar de los temores, hay coincidencias, como bien lo señala Anastasi. Pero eran años turbulentos. Las diferentes ideologías en pugna en Europa se trasladan a la Argentina27 y cuando el tema es la inmigración, surge la poca claridad y la confusión de roles. Los socialistas no quieren que se pregunte en el Censo por la nacionalidad, temiendo ser llamados xenófobos, pero critican una política inmigratoria de puertas abiertas, considerando que era para atraer un ejército de obreros a bajo salario. Horne, desde el sector radical, le apunta al Ministro que no pierda el rumbo seguido por la Argentina desde el siglo pasado, porque, con cita de Alberdi le aclara: "un ministro de Estado que no haya conseguido duplicar en diez años la población del país, ha perdido su tiempo en bagatelas y nimiedades"28. Anastasi, está entre establecerle cuotas a los refugiados y aranceles y el comprender que muchos de esos refugiados no podían pagar el arancel porque les habían incautado sus bienes.

Esta problemática la expresan mejor los autores considerados, cuando se refieren a las reformulaciones de la política inmigratoria de los años 30. La terminación de la segunda guerra mundial hizo pensar que podrían reanudarse los períodos excepcionales en las migraciones intercontinentales. Stahringer de Caramuti, considera que "dicho criterio se basaba en la situación económica y demográfica de Gran Bretaña, Italia y Holanda y en la presión que los refugiados de origen germánico procedentes de los países eslavos ejercían en Alemania y Austria"29. En efecto, este es el temor, como se verá al analizar la política sugerida por los autores y sobre todo en el capítulo siguiente cuál es su idea de raza y nación. 

 

III. REFORMULAR LA POLÍTICA DE "PUERTAS CERRADAS"

 

"El fin principal que deben perseguir los reglamentos de inmigración, cuando se les concibe sabiamente y se les aplica con prudencia, es el de procurar que todos aquellos inmigrantes que entren en el país posean caracteres raciales asimilables y cualidades de familia que, añadidos a los predominantes en el país, produzcan el mejoramiento físico, intelectual y moral de la raza y hagan adelantar a la población hacia aquellos ideales de raza y de familia que ha abrazado".

HARRY H. LAUGHLIN, Codificación y análisis de las leyes de inmigración...30.

 

El epígrafe sintetiza la posición de los autores argentinos respecto de la política inmigratoria que debía seguirse en la Argentina después de la guerra. Tal vez no con la contundencia y sinceridad de Laughlin, ni representando a un instituto de eugenesia, pero como se verá en el capítulo siguiente, al analizar la idea de raza, de nación y civilización, como el ya tratado tema de la eugenesia, en el anterior, es indudable que los inspira el mismo objetivo.

Difieren sí, del planteo de Franklin y de Walker, en tanto no conciben que a mayor inmigración no se suceda un crecimiento poblacional y siguen la posición europea. No citan en este tema a Carr Saunders y menos a Corrado Gini que se lo vincula al fascismo, pero evidentemente están convencidos que se aumenta y mejora la cantidad y calidad de la población argentina, trayendo inmigrantes de la Europa civilizada.

Uno sólo, Coghlan, es el que sin citar a Walker, tiene una posición similar, pero combinada con la europea. "Las jurisdicciones con mayor proporción de padres extranjeros -resultante del Censo Escolar de 1943- tenían a su vez los índices de natalidad más bajos, con la sola excepción de Mendoza, con ambos índices igualmente altos.(...) Por el contrario, los países americanos que han tenido menos contacto con la inmigración europea después de la revolución emancipadora conservan más altas sus tasas de natalidad...".

"El aporte inmigratorio podrá darnos sangre nueva, no hay duda en ello, pero no preservará ni reservará nuestra potencialidad etnológica, como manifiesta la Comisión (Nacional de Denatalidad). Muy por el contrario; creemos sin que ello signifique juzgar sobre la innegable y benéfica influencia de la inmigración europea, que la venida de nuevos inmigrantes de ese origen no contribuirá a elevar la actual tasa de natalidad ni siquiera a mantenerla en su actual nivel"31.

La idea de Coghlan es paradigmática respecto de la idea sustentada por la mayoría de los autores. Y simbiótica de las teorías sobre las migraciones vistas precedentemente. Sigue vigente la idea alberdiana de que al hombre americano había que ponerlo en "pie" o "injertarlo en la Europa civilizada", para "preservar nuestra potencialidad etnológica". La diferencia consiste solamente en que no ve plasmarse ese objetivo dado el descenso de las tasas de natalidad de los padres extranjeros, según sus cálculos, aunque no es sencillo ser tan contundente en esa apreciación32.

La propuesta de los autores, a diferencia de los decretos vistos, se caracteriza como de "puertas entornadas", como decía Rómulo Amadeo33, no porque modifiquen el pensamiento del siglo pasado, por el contrario, salvo pequeños matices respecto de las nacionalidades mejores o peores, significa una exégesis más correcta de los principios y fines que inspiraron a la Constitución y a la ley y la forma de plasmarlas en la política inmigratoria a seguir.

 

A. Una política inmigratoria de "puertas entornadas"

 

Garbarini Islas, Bidabehere y Pinto en 1940 y 41, Dickman y Horne en 1945, pedirán expresamente la revisión de la política seguida hasta ese entonces. "Debe reverse -dice Garbarini Islas- nuestra política inmigratoria de puertas cerradas, a fin de dejar entrar al buen inmigrante sin otra limitación que las que imponga el libre juego de las leyes económicas y la necesidad de preservar nuestro organismo político del perjuicio que pudiera derivar de la rápida llegada de un número de extranjeros superior a nuestras posibilidades de asimilación"34.

Horne dirá que desde 1930 "se cerraron prácticamente todas las corrientes inmigratorias (...) el gobierno estaba en una política equivocada"35.

Abrir las puertas no significaba que entraran todos, por eso grafica bien Amadeo cuando dice que, sin cerrarlas, se entornaban, para que sólo pase el "buen inmigrante", como dice Garbarini, y la norma la da la Constitución Nacional.

 

1.     La Constitución Nacional justifica la selección

 

La Constitución Nacional, como se vio en el capítulo IV, sirve de soporte a la selección étnica o según razas. "A poco que se razone, -dice César Enrique Romero- se comprobará que conceptos capitales de carácter político con clara incidencia constitucional no son sino creencias e integran el repertorio de la ideología de la ley funcional. (...) Nadie podría negar -sin cegarse a la evidencia- la importancia política de los mitos modernos. El mito de la nación, o de la clase o de la raza, constituyeron, y constituyen, soportes fundamentales de sistemas como el fascismo, el comunismo o el nazismo. E incluso la ideología liberal hizo de la Constitución un mito"36.

En verdad, la ideología liberal hizo de la Constitución un mito, aunque Romero desprende el mito raza del constitucionalismo liberal y aunque considere que la Constitución Argentina no es "totalmente liberal", se debe decir que tanto las constituciones liberales (la de EE.UU), como la Constitución Argentina, con todas sus influencias ideológicas (liberales e historicistas) hay que incorporarle también el mito de la raza. No habrá llegado a los extremos del fascismo o nazismo en su aplicación, pero si se observan las leyes americanas vistas ut-supra, como el art. 25 de la C.N. y la ley 817, según se vio, solamente debían inmigrar los blancos, europeos, civilizados, los que "venían sobre la tez del agua", los de los países limítrofes, por ejemplo, eran solamente extranjeros y no eran protegidos como inmigrantes.

         J.C.Rodríguez explica esta transferencia de ideas cuando contesta a la pregunta de la R.E.A.: "¿cómo podría lograrse la atracción de personas deseables de raza blanca y la selección?: "Alberdi ha contestado esta pregunta, -dice- definiendo nuestra política inmigratoria según la Constitución Nacional. (...)La selección de esa corriente humana, sólo puede hacerse para cumplir los propósitos constitucionales, común idealidad que forma nuestra alma nacional. Somos los primogénitos de la noble y gloriosa raza hispana; y como tales, por comunidad con sus destinos humanos, debemos preferir la raza blanca, y dentro de ella los pueblos latinos y anglo-sajones; y por eso la Constitución ordena fomentar la inmigración europea"37.

En el mismo sentido asume las ideas Alberto J. Spota (1941) luego de hacer un extenso análisis de la Constitución y de la ley 817 y el pensamiento de Alberdi y Sarmiento sobre la condición jurídica del inmigrante, como de los "principios más adecuados que tienden al fomento y selección de los inmigrantes", expresa: "Sabemos que el texto constitucional propende a fomentar la inmigración, pero no cualquier inmigración. Habla de la europea y, según el concepto alberdiano, debe entenderse la inmigración de raza blanca. Hay pues, una selección: se quiere evitar al coolí, al indio, al negro africano, etc.. Pero la selección llega más allá: Alberdi explicaba cómo dentro de los europeos mismos existen aquellos que, de acuerdo con una sana política inmigratoria, no convienen al país. (...) Las palabras de Alberdi y de Sarmiento (...) son aplicables en nuestros días: con el fin de restringir la inmigración (...). Es hora pues de reaccionar dictando leyes orgánicas que comprendan tanto al inmigrante como al que no lo es y estableciendo normas claras que, al lado de fomentar la inmigración, implique un dique de contención contra los verdaderamente indeseables por su edad, raza, falta de moralidad, inadaptabilidad social revelada por delitos comunes -no políticos"38.

Los constitucionalistas de los primeros tiempos como se dijo en el Cap. IV, como los posteriores tales Ramella, Linares Quintana comparten la idea de Rodríguez y Spota. Y distinguen entre inmigración fomentada y espontánea. La inmigración fomentada está contenida en el art. 25, y se refiere a la europea "que traiga por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y mejorar las ciencias y las artes", mientras el Preámbulo ampara la inmigración espontánea39.

Esto es relativo, para Rodríguez "la Nación Argentina, llama a su seno a todos los hombres del mundo de buena voluntad... De modo que debe cerrar sus puertas a los extranjeros que vengan con objeto de violar sus leyes y corromper sus costumbres".

Se debe aclarar, que al relativizar esa amplitud étnica de la Constitución Nacional, no significa que no compartamos la idea que todo Estado, toda sociedad, debe proteger sus valores, principios, costumbres en que está fundada y tiene pleno derecho a no admitir aquel extranjero que atente contra esos principios, por más pluralista que sea. Pero, la idea de lo que para ellos es atentatorio contra sus principios, no está avalada por un juicio ecuánime en que se demuestre que los eslavos, por ejemplo, o los negros y amarillos no sean hombres de buena voluntad. La creencia de ellos era que solamente los blancos, latinos y anglosajones sí lo eran. En el mismo sentido de Alberdi, los autores consideraban que no todo lo europeo y blanco era civilizado, no lo eran los eslavos, los judíos, los polacos, como se verá en el capítulo siguiente. Y se fundan en la Constitución para, sin explicar mayormente las formas de seleccionar a los inmigrantes, limitarla a lo que establece la Constitución, en el art. 25.

Todos coincidían que la Constitución Nacional daba las pautas para seleccionar al inmigrante bueno que traería con él las aptitudes físicas, intelectuales, morales, civilizadas que el país requería para su progreso.

 

2.     ¿Cuál era el buen inmigrante?

 

El buen inmigrante para Horne era el vasco francés, porque eran "republicanos, en gran parte agricultores y católicos" y los suizos40. Así cada autor puede coincidir o no con Horne, pero todos se refieren a la selección del inmigrante civilizado. Las preferencias hacia determinada inmigración, se diferencia del pensamiento que inspiró la Constitución porque agregaban que tuviera mayor facilidad de asimilación y arraigo, pensando en los españoles e italianos. Claro que esto también es relativo. No piensan en todos los españoles o italianos. Crespo [92], como Horne, lo aclara muy bien: "Debe encararse el medio de comenzar a recibir una emigración sana y conveniente por cuotas (...) prefiriendo, por ejemplo, a los hombres del N. de Italia, sobre los del Sud, y a los del N. de España sobre los del Mediodía. Y dentro de esa cuota del 2 % (de los ya radicados), establecer que de cada nación debemos recibir 80% de técnicos de industrias y agricultores y un 20 % de las demás profesiones... Contemplando al mismo tiempo nuestra cuestión étnica".

         Cuando piden técnicos y obreros especializados,(Llorens, Correa Avila, Bidabehere, Licurzi, entre otros), "para propender al progreso y bienestar general de la República"41 siguen pensando, como en aquellos tiempos, en germanos, anglosajones o nórdicos. Porque la idea de progreso unida a la inmigración sigue presente.   Asocian determinadas nacionalidades a ese objetivo. Acá corresponde preguntarse, copiando el título a Halperín Donghi, ¿para qué la inmigración?, ¿siguen pensando como Alberdi, para poblar el desierto, y adquirir los hábitos de la industria?

 

B. ¿Para qué la inmigración?

 

"No hay duda -dice Belaunde [49]- que al Estado le compete un papel de la mayor importancia en la regulación de la inmigración. Y ante todo, le corresponde preparar las condiciones adecuadas para que el mayor aporte inmigratorio produzca a la nación el mayor beneficio posible". No aclara cómo el Estado debía preparar las condiciones, si facilitando la propiedad de la tierra para revertir el éxodo rural, o ampliando y consolidando la incipiente industrialización.

Según Crespo [92], "los gobiernos, ni en el pasado ni en el presente (1945) han hecho nada real y eficaz" para recibir la inmigración ni para preparar la República.

"De cada 6 extranjeros, que habitan en la Argentina solamente uno se dedica a los trabajos rurales. Las 5/6 partes de los extranjeros viven en las ciudades", se lamentaba Alejandro Bunge en 192842. Al decir de Dickman eso era consecuencia del fracaso del sistema de colonización y distribución de la tierra, porque solamente pertenecían a propietarios el 37,9% del total de las explotaciones agropecuarias, mientras que el resto eran arrendatarios, medieros, puesteros, contratistas43. Indudablemente esto afectó la estructura ocupacional urbana. Mantuvo el desequilibrio entre lo rural y urbano apuntado por Juan Alsina (ver Cap.IV), proceso que se vio incrementado después de la crisis de 1930.

Ante esta situación se reitera la pregunta, para qué había que fomentar la inmigración, ¿se elaboró un proyecto de industrialización, de modo tal que se justificara la propuesta de propender al progreso del país? No, en general, todos en forma similar a Bidabehere, consideran que "si hay migración interna del campo a la ciudad, conviene poblar el campo con inmigrantes"44. Con la idea de no aumentar la desocupación, con la idea de seguir con una Argentina agrícola pastoril, pocos piensan en la necesidad de fomentar, perfeccionar, distribuir la incipiente industrialización del país para esos años. Solamente Crespo y Llorens prefieren los técnicos especializados, en oficios necesarios al desarrollo industrial.

Salvo esas excepciones no pensaron que si había migraciones internas era porque, precisamente, el campo no retenía la población. Y no la retenía porque ya se estaba en un proceso que, ellos atenidos a las ideas del siglo XIX, no veían, como no veían a los indígenas, solamente pensaban en el perfeccionamiento de la raza por la fusión de razas civilizadas, y si el criollo se iba del campo, nada mejor que civilizar el campo con agricultores europeos.

Con toda claridad lo dice Enrique Ruiz Guiñazú en Ginebra representando a la Argentina: "Nuestra política de migraciones desde los primeros ensayos hechos, ahora hace un siglo, bajo el régimen de las leyes enfitéuticas, ha sido y continuará siendo una cuestión de organización agrícola que permita retener al inmigrante en la tierra. La propiedad es siempre y en todas partes el gran estimulante. Nuestro programa es, por tanto, claro y preciso: vincular al inmigrante al suelo entregándole tierras de labor, destinadas y medidas, con sus vías de comunicación y con facilidades de transporte, e instalándole a proximidad de los centros de vida social. La inmigración que nos conviene, sin ningún género de duda, es la de pequeños propietarios-trabajadores o colonos estables"45. Claro que ese anhelo, como lo demostraba Dickman y después Gori46, no se cumplió.

Por todo ello, la propuesta política, en realidad no era tal, porque significaba mantener la Constitución Nacional y la ley 817, es decir la inmigración europea. Si alguno propone modificar la ley, era solamente para evitar la entrada de indeseables ya sea por razones políticas: los refugiados de guerra; por razones étnicas: los eslavos, para algunos los judíos, los polacos; por razones económicas: los que no fueran agricultores.

Ninguno se refiere a la inmigración de países limítrofes. En verdad no era tan significativa su migración en esos años, además, los registros de estos migrantes comienzan a computarse a partir de 1944 (ver Cuadros XXXIII a XXXVII). Pocos o muchos no existía tampoco, no lo veían. Sólo veían a Europa, sin imaginar que pocos años después se iban a invertir las corrientes migratorias, comenzando a ser importante la de los países limítrofes.

A continuación se exponen los cuadros del movimiento migratorio. En ellos se puede observar que durante toda la década, el crecimiento migratorio (ver Cuadro XXV) se mantuvo en tasas muy bajas y al llegar la Guerra Mundial, menores aún.

Asimismo se pueden apreciar, las modificaciones en los porcentajes de las nacionalidades de origen de los migrantes, respecto de la que había arribado hasta 1914, al iniciarse la Primera Gran Guerra, producto esencialmente del reordenamiento del mapa europeo y las consiguientes persecuciones políticas, ideológicas, llamadas también persecuciones raciales. Sin dejar de ser importantes los italianos y españoles, comienza a incrementarse la afluencia de polacos, yugoslavos, alemanes, llegando a su mayor importancia numérica entre 1936 y 1939 (ver Cuadro XXV y ss.).

Estas situaciones explican algunas de las inflexiones en las ideas de los autores, según sea el año en que escriben, por cuanto están presionados, evidentemente como se dijo, por las ideologías vigentes en Europa, de ahí el temor a la adhesión explícita a dichas ideas racistas, al nacionalismo o al tema de las etnias, tal como se expresaban en esos años. Sin embargo, se refieren a las razas, a la nación, y sin definirlos exactamente, se observa en este tema, como en los otros, que las diferencias político-partidista, su confesionalidad, incluso la disímil pertenencia nacionales de sus orígenes familiares, no impiden que confluyan en un estereotipo racial muy próximo al racismo, como se analizará más detenidamente en el capítulo siguiente.