CAPÍTULO IX

 IDEA DE RAZA, NACIÓN, CIVILIZACIÓN

 

"Como a biólogos, sociólogos y filósofos nos ha sorprendido la facilidad con que barajan algunos los conceptos de raza, pueblo, cultura, inteligencia, antropología, etnografía, etnología, etc., con gran menoscabo de la claridad o exactitud, a las veces con repercusiones transcendentes".

P.JAIME PUJIULA, S.J., ¿Está relacionado el adelanto cultural con la genética y la eugenesia? 1.

 

Los autores considerados, lo mismo que los que propulsaron la inmigración en el siglo pasado, tal como dice Pujiula en el epígrafe, manejan los conceptos de raza, nación, etnia, con una gran vaguedad, como se vio en la primera parte al conceptualizar el término población2 y en el Capítulo que antecede a éste. Son términos vagos y difusos porque, utilizados con significación universal y absoluta, son sólo, como diría Morse, imágenes culturales, producto del Occidente industrializado "cada vez más provinciano por virtud de sus propias pretensiones universalistas"3. Pero, es necesario distinguirlos para comprender el alcance y connotaciones que tiene la política propuesta y de esa forma, perfilar mejor las ideas.

La palabra raza se desprende del latín y, según el diccionario, significa casta o calidad de origen o linaje. Mientras esa definición se mantenga dentro de la botánica o la zoología y se la entienda como uno de los grupos en que se subdividen las especies de animales y que cada grupo puede tener y mantener determinadas características físicas, sometiéndolos a un aislamiento y procreaciones determinadas, no existen problemas mayores salvo en debates entre biólogos sobre las cualidades o características físicas propias de cada grupo dentro de una especie. Pero cuando de las razas animales se pasa a considerar las "razas humanas" y con ellas la taxonomía que la envuelve, el concepto tiene distintos significados según sea la época en que se lo utilice. Por ello, es necesario hacer una referencia a la evolución del concepto de raza humana.      

 

I. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE RAZA HUMANA

             

 A.  En el siglo XIX se hablaba de razas en la especie humana desde un punto de vista fenoménico y aunque creyeran que estaban fundados en lo biológico, no era tal, porque mezclaban las diferencias físicas existentes entre los grupos humanos, atribuible a la herencia sin ningún conocimiento genético, con los aspectos sociales, culturales, ambientales, observables a simple vista. De ahí, como se vio en el primer Capítulo, que significara también población y pueblo.

Desde Gobineau, pasando por Le Bond y los evolucionistas de fines de ese siglo, como Darwin, Wallace, Spencer4, Huxley, incluso Marx, entendían que las diferencias raciales era un factor decisivo en el comportamiento humano. Por ejemplo, Eugenio Fischer definía: "raza es el complexo de determinaciones hereditarias físicas y morales en un grupo de población que se encuentra en común procreación y se reproduce generación por generación de sí mismo sin influjo de fuera". Y el mismo autor define "pueblo es, por el contrario, un grupo de hombres que viven en común procreación y poseen un patrimonio cultural común que ellos en general han creado. El elemento más importante de este patrimonio es la lengua". Bien le apunta Pujiula, de quién extrajimos la cita, lo confuso de ambas conceptualizaciones, y la falta de pruebas referidas a la heredabilidad física de las aptitudes morales y culturales5.

Es decir, el término se diluye en consideraciones cargadas de subjetividades, emotividades, preconceptos psicológico-sociales y culturales. Los posteriores descubrimientos geológicos, no los hicieron allanarse de su postura, por el contrario, entendían como bien apunta Harris, que "los salvajes podían convertirse en ingleses", eran perfectibles en muchos siglos para alcanzar al hombre blanco, porque "el hombre caucasoide iba miles de años por delante de las demás razas. (...) Los caracteres seguían siendo adquiridos y pasaban a formar parte del repertorio hereditario, pero a un ritmo sumamente lento"6.

En ese criterio se embarcaron todas las ciencias sociales y la demografía entre ellas y por supuesto, los autores porque como bien dice el ya citado Pettigrew, es la sobreestimación del "superyo" y el menosprecio del "ello"7, que poco o nada tienen de científico.

B. Los antropólogos de los años 1920 cuya influencia y enseñanzas se mantienen en los 70, definen la raza como divisiones de la subespecie "homo sapiens", producto de rasgos físicos heredados.

Clyde Kluckhon, en 1928, caracterizaba a la raza como "...un grupo de organismos que físicamente se parecen unos a otros porque descienden de antepasados comunes"8. El interés de los antropólogos, cuestionadores del concepto arriba señalado, es separar lo cultural de lo físico. Entendían que los caracteres físicos se transmitían por herencia y que si no había razas puras, dadas las migraciones y mezclas, sí se podían detectar subrazas, troncos, estirpes, subgrupos, o subtipos raciales. Con esa idea comenzaron a analizar los rasgos físicos como las formas de la cabeza, el pelo, el maxilar, la estatura, el peso, etc. señalando, algunos de ellos como Hersckovits en 1952, las superposiciones de caracteres entre los distintos grupos raciales9.

Estrictamente, esta nueva visión de raza, tampoco se aparta totalmente de los prejuicios sobre los diferentes grupos humanos, porque siempre hay un término, una frase, que inmediatamente hace sospechoso el texto de alguna carga ideológica.

Por ejemplo, Beals y Hoijer aunque digan que "las clasificaciones raciales deben basarse sobre los genotipos, (pero que) en la mayoría de los casos los criterios actuales sobre los que se basa la clasificación son fenotípicos y no genotípicos" ellos también, por más que abran el espectro de su clasificación, se referirán a la raza caucasoide, los subgrupos mongoloides, los negroides, considerando los caracteres físicos y convencidos de que éstos se heredaban directamente, por más que para 1971 cuando publican su obra10, los avances de la genética habían hecho aportes importantes a la biología, poniendo en duda la transmisión uniforme de caracteres físicos en una misma familia, ya no en subgrupos, grupos o castas raciales como preferían denominarla.

Así lo señalaron biólogos posteriores a la década de los años 40, influenciados por el descubrimiento de la genética poblacional, por la cual modifican el concepto de uniformidad de los caracteres heredados, ya que incluso dentro de una familia había variaciones genéticas considerables11.

En el período de entre guerras y posterior a la Segunda Guerra, hubo un gran movimiento de biólogos, antropólogos, religiosos, sociólogos, contrapuesto a la idea racista del siglo XIX, indudablemente influenciados por las consecuencias de la política y legislación nacionalsocialista de Alemania12.

C. Los últimos descubrimientos de los biólogos moleculares de los años 90 dirán que ni siquiera una misma persona transmite exactamente la misma información a sus sucesivos descendientes13. Dicho conocimiento, es una noción elemental de la genética actual, dice Jérome Lejeune, que se enseña en todas las facultades y que posee "una significación inmediata para toda la sociedad. Fundamentan el respeto hacia el ser humano, definiéndolo claramente. Y al hacerlo alejan cualquier intención detestable y cualquier forma de racismo, sea éste cronológico, sociológico o eugénico"14.

Lamentablemente, el hombre se encapsula en preconceptos, en prejuicios y por más que la genética demuestre que no se puede decir que haya una transmisión hereditaria única y de caracteres preconocidos, un nuevo racismo se vislumbra en el horizonte del hombre actual. Cuando se dice actual es en referencia a los inicios del tercer milenio. A la antigua idea de razas, grupos, clases y hombres superiores, se le incorpora estos nuevos hallazgos genéticos. Hoy el racismo se puede llamar clonación. Ya no es el grupo humano superior es un hombre que se pretende superior y desea perpetuarse y reproducir su supuesta calidad, en forma idéntica a sus clones, para que ni siquiera sus propios genes transmitidos en forma natural, y con caracteres recesivos, lo engañen y aparezca un descendiente que no sea igual a él. Este es el peligro de todos estos experimentos, por más que se alegue que sólo tienen por fin hacer investigaciones para mejorar el tratamiento de ciertas enfermedades.

No se desconoce que estas nuevas técnicas de reproducción humana están en sus inicios y rodeadas de advertencias éticas tanto de los organismos científicos, como políticos y religiosos15. Precisamente esas mismas prevenciones son las que inspiran este punto. Porque es necesario desplegar las idealizaciones y los prejuicios con que los autores argentinos estudiaban la población argentina, los indígenas, las migraciones, para comprender que sus ideas etnocentristas, de superioridad y preferencia de determinados pueblos y naciones, aunque algunos denuesten la política antisemita de Hitler, parten de creencias similares y trasladadas al mundo actual justificarían esas prácticas y métodos genéticos con el ser humano, instaurando el "Mundo Feliz" de Huxley y suprimiendo la libertad del hombre.

En la Argentina, como se verá seguidamente, los autores, en su mayoría comparten las ideas racistas del siglo XIX, y un escaso número, alertado por la política antisemita del nacionalsocialismo, tienen preferencia por la posición de los antropólogos.

 

II. LA IDEA DE "RAZA ARGENTINA" Y EL RACISMO

 

"¿Somos europeos? ¡Tantas caras cobrizas nos desmienten!

¿Somos indígenas? Sonrisas de desdén de nuestras blondas damas nos dan acaso la única respuesta.

¿Mixtos? Nadie quiere serlo, y hay millones que ni americanos ni argentinos querrían ser llamados".

D.F.SARMIENTO, Conflictos y armonías de las razas en América.

 

Las palabras de Sarmiento anticipan la idea de raza que tienen los autores y conduce a tener la percepción del concepto estereotipado que se manejaba. De raza blanca, de raza argentina, o latina, hablan casi todos. Nadie, como dice Sarmiento con esa agudeza que lo caracterizaba, hubiera reconocido ser "mixto", ni él mismo.

 

A. La idea de raza del siglo XIX en la Argentina

 

La mayoría de los autores no explican qué significa el término raza, ni en qué sentido lo utilizan, sin embargo el término es utilizado. La forma en que lo califican o lo adjetivan es lo que da la medida de su racismo y la influencia de las ideas del siglo XIX, descriptas. Así en esa línea, consideran que había razas superiores e inferiores. Superior era la raza blanca, europea, latina. Además era una raza culta, civilizada. Mientras que las razas negra, amarilla e indígena eran inferiores. Lo citen o no, la idea de Spencer y el darwinismo social o de un Fischer, está presente.

 

1. "La raza blanca y europea es superior"

En 1930, Alejandro Bunge publica un artículo, denominado La raza argentina [57] que luego inserta en su obra Una Nueva Argentina [11], con el nombre de la composición racial argentina, con algunas modificaciones pero su idea preliminar sigue en pie.

Consideraba que durante el siglo XIX y principios del XX se habían ido modificando las condiciones raciales de la población argentina: "Ya no se trata -dice- de las diferencias con relación al medio millón de habitantes de la República -con mayoría de mestizos y mulatos sobre la raza blanca pura- en la época de la Independencia o de las diferencias con el millón de mediados del siglo pasado o con los cuatro millones del segundo censo nacional realizado en 1895. La composición de la población continúa variando tan rápidamente que, refiriéndonos a la de 1930, ya serían inapropiados nuestros análisis realizados en 1914 y 1925". Seguidamente mediante un cuadro explica que en 1914, el 65% de la población argentina eran "nativos de sangre europea", el 5,1% "mestizos con vestigios de razas inferiores" y un 29,9 % "extranjeros, europeos en su casi totalidad"16.

Indudablemente no realiza la descripción de Spencer, pero en la sobreestimación de la raza blanca y europea, está la idea de heterogénesis y junto con él, la confusión entre raza y nacionalidades.

En Max, su hijo, es más evidente la influencia de Spencer. Estaba convencido de que, de no seguirse "las inflexibles leyes de la herencia, las razas no mejorarán sino por cruza con razas superiores"[75]. Con esta consideración se aparta de la "ley de atracción y repulsión" de Gobineau, según la cual las razas superiores son favorables a la mezcla y las inferiores a la pureza y que en la mezcla estaba la causa de la degeneración de las razas superiores17.

No pensaban los Bunge que descendían de un tronco criollo que los biógrafos de la familia rastrean no más allá del siglo XVIII18, solamente una cuarta parte de su herencia era alemana. Cabría preguntarse en cuál de los porcentajes de comienzos del siglo XIX ubicaba a sus ancestros criollos, y ¿si eran mixtos?

 

2. "La raza latina es superior, no la eslava"

 

Para otros autores, la raza respondía a familias lingüísticas tales los latinos, los eslavos, los arios combinada con el supuesto fenotipo físico como "blanco", "negro" y "amarillo" y con las nacionalidades a que pertenecían los inmigrantes. La "lengua-raza" preferida es la de origen latino. Coghlan, en 1940 se refiere a la mayoría de los inmigrantes como pertenecientes a la "llamada raza latina" y al aumento progresivo de la "inmigración no latina, especialmente polacos"19. Llorens preferirá decir "raza blanca frente a eslavos, asiáticos y africanos" y "raza argentina (porque) tiene características propias sin dejar de ser esencialmente española"20.

En cambio el italiano Pascquali dirá que es esencialmente italiana. Así dice: "La raza italiana se injerta en la raza argentina. Nuestra sangre corre en las venas de este pueblo joven. Nuestros defectos y nuestras virtudes están presentes en su temperamento caballeresco y gentil. (...)

"Los italianos nos enorgullecemos de esta creación que se levanta con juvenil fiereza en este hemisferio austral y la amamos también con orgullo, pues somos en buena parte sus artífices apegados y constantes..."21.

Belaunde, por otra parte era español de nacimiento y nacionalizado argentino y se siente argentino, por ello dice: "Nuestra población pertenece en su casi totalidad a la raza blanca, de origen europeo. Prácticamente no existen negros ni amarillos. Los indios puros son sólo unos 30.000. En cuanto a los mestizos, en un tiempo bastante abundantes en el interior y los mulatos, se calcula que no alcanzan  ... apenas el 3% del total. ...(De los inmigrantes) estas dos nacionalidades (españoles e italianos), tan afines con nuestra tradición, comprenden las 3/4 partes de la inmigración llegada. En los últimos años, -dice en 1941-... han entrado gran número de extranjeros de nacionalidades y razas más disímiles con la nuestra, especialmente eslavos y judíos (polacos, alemanes, etc.)"22.

Con distintos niveles de aproximación a ese etnocentrismo de origen europeo fundado en la superioridad de lo europeo, "blanco", latino y la inferioridad del eslavo, "negro", "amarillo" e indio, se pueden mencionar a: Alfredo Palacios [119], Manuel Gálvez [101], Víctor Guillot [25], C.J. Rodríguez [124], Mendilaharzu [115], Quinodoz [123], Valverde [142], Gutiérrez Ruso [135], G. Rodríguez [77], Licurzi [27], Bidabehere [5], López Imizcoz [109] y [7] y con este último, el grupo dominante en el Congreso de Población de 1940, organizado por el M.S.A. [7], como Bernaldo de Quirós, Gonzálo Bosch, Enrique Díaz de Guijarro, Palacios Hidalgo, Villalba23. Los nombres, por sí solo, indican las diferentes pertenencias políticas e ideológicas y cómo todos, no solamente los nacionalistas, en éste aspecto, se muestran racistas.

Depende del año en que escriben. Por ejemplo Gutiérrez Ruso, luego de analizar y criticar en extensión las ideas de Gobineau, de Gustave Le Bon, del racismo antisemita del nacionalsocialismo alemán, cuando describe las migraciones hacia la Argentina, concluye: "las tres grandes corrientes migratorias de raza latina y que por su cultura, historia y religión eran una base magnífica para la formación de nuestra nacionalidad". Pero agrega: "Desgraciadamente, nuevos elementos, no siempre muy afines ni muy deseables, intervinieron en nuestra formación racial en los últimos veinte años, si bien en medida hasta ahora insuficiente para modificar los rasgos definidos y característicos de los argentinos nativos".

Es decir, mientras analiza el antisemitismo alemán de esos años, tiene una postura crítica y antirracista fundado en el magisterio de la Iglesia de Pio XI en su Encíclica "Mit Brennender sorge" (1937), y rechaza como "inadmisible la teoría de la absoluta desigualdad entre las razas humanas", pero cuando analiza el tema en la Argentina "acepta sí, -dice- las diferencias lógicas existentes entre cada una de ellas y provocadas por factores diversos, antropológicos, situación geográfica y económica..."24.

Este es el problema que se reitera en todos los autores. No combaten en forma irrestricta el racismo, sino determinado racismo, ya sea el antisemita o el anglosajón, sin comprender que en los calificativos peyorativos con que denominan a los eslavos, judíos, negros, indios, amarillos, ellos quedan involucrados en algún racismo, que hoy suavizando el término se diría etnocentrismo. Por ejemplo, Dickman, nacido en Letonia dirá enfáticamente "No profesamos ningún prejuicio de raza en la forma como lo profesan los pueblos de origen anglo-sajón. Mientras en los Estados Unidos de Norte América consideran "no deseable" al inmigrante italiano, para nosotros constituye la mejor inmigración. Pero no podemos opinar del mismo modo de la inmigración amarilla y negra"25.

Estas glosas de los autores, bien justifican la expresión de Georges Clemenceau, quien decía que Argentina era "un anexo de Europa en el hemisferio sur"26.

 

3. Presencia de Spengler en las ideas racistas argentinas

 

Los pronósticos pesimistas de Spengler, fundado en que "el optimismo es cobardía" fueron receptados por autores argentinos. Los pueblos "blancos" -decía- "en vez de mantener secreto el saber técnico, el mayor tesoro que poseía, fue ofrecido a todo el mundo. (...) Los insustituibles privilegios de los pueblos blancos han sido dilapidados, gastados y traicionados. Los adversarios han alcanzado a sus modelos y acaso los superen con la mezcla de las razas de color y con la archimadura inteligencia de civilizaciones antiquísimas"27.           

            Varios de los autores tratados aquí, ya se refieran a la inmigración de eslavos, polacos, negros, amarillos o al crecimiento vegetativo, verán con horror que la "raza blanca" disminuye y que podríamos ser invadidos por las "razas amarillas o negras", sobre todo como manifiesta, por ejemplo, C.J. Rodríguez con su seudónimo Veritas "Cuando se contempla el pavoroso crecimiento de las razas llamadas amarillas y sus ansias expansionistas, se adivinan para el futuro no muy lejano terribles contiendas en las que el color de la piel humana señalará los bandos ... desearía que para entonces, los hombres blancos no estuviesen en demasiada inferioridad"28.

Bunge, como se vio, piensa lo mismo preocupado en la disminución de la natalidad fundamentalmente en la "raza blanca". Alfredo Palacios, en la misma forma, advierte: "La raza blanca parece no tener conciencia de sí misma. Rompe su unidad, en lugar de coordinar sus esfuerzos. Está en peligro su porvenir; neutraliza el sentido de la jerarquía de los valores y anula el instinto de conservación"29.

 

B. La idea de raza de los antropólogos en la Argentina

 

Los que toman ciertos recaudos y no se adhieren en forma ortodoxa a la posición anterior, es porque lo analizan desde un marco ontológico diferente, fundados en la monogénesis, es decir los católicos, o fundados en conceptos antropológicos, como Imbelloni, o uniendo ambas postura como Mac Donagh y son los que con mayor precisión perfilan la idea de raza. No obstante, en ellos y en todos los demás, persiste la superposición de conceptos como se vislumbra en el epígrafe de Sarmiento y como se vio en la primera parte al dar significación similar a los términos nación, etnias, civilización, población.  

Evidentemente, como en el siglo pasado lo hubiera dicho Sarmiento o Alberdi, los autores anteriores confunden dice Imbelloni en su obra [26]: "el parentesco racial, -concepto puramente clasificatorio y filético- con la afinidad de costumbres y del carácter psicológico, asociándolo infortunadamente esta última con la enunciación de un fantoche o modelo abstracto que representa a cada una de las naciones o pueblos (...) como si se tratara de seres concretos y no de generalizaciones harto simplistas"30.

Imbelloni es uno de los pocos, que distingue con mayor precisión, lo que podrían ser un criterio antropológico sobre razas, de un criterio estereotipado. Esto es lógico, por su profesión y porque varios de los antropólogos mencionados ut-supra, son fuentes doctrinarias de su pensamiento. No obstante, como también se señaló más arriba respecto de los antropólogos, al referirse al indígena por más que hable de modelos abstractos o fantoches, él cae por momentos en lo mismo, al ponderar a los indios pámpidos y cuestionar a los indios araucanos y coyas, porque supuestamente unos son más hábiles o más inteligentes que los otros31. Por otra parte, demuestra también su etnocentrismo europeizante, dado su origen, y preferirá una inmigración de determinadas naciones, sobre todo las latinas, afines a la que ya se había amalgamado en Argentina, como se verá en el punto correspondiente.

Pocos siguen a Imbelloni. Mac Donagh, por dos razones. Una, porque al igual que Imbelloni se especializaba en ciencias naturales, acostumbrado a analizar el origen filético de animales y plantas, por eso dice comentando una declaración de la U.N.E.S.C.O. del 18-7-1950 sobre la unidad de origen de las razas: "Es decir que las razas amplían el ámbito de variación posible para una especie, pero representan a la especie y no la reemplazan. En zoología se llaman "poblaciones" los conjuntos homogéneos en cuanto a algunos caracteres y que ocupan ambientes o hábitos; el paralelo humano (antropológico, étnico) está en los "pueblos". Es decir, razas, grupos étnicos".

La otra razón, porque es católico. Analiza el documento con cierta desconfianza dado los científicos consultados, entre ellos Julián Huxley. Descree y considera que no deben hacerse ilusiones cuando el documento dice "todos los hombres descienden de un tronco común y que las diferencias existentes... se deben a la acción de los factores evolutivos de diferenciación...", porque un evolucionista como Huxley que escribe como biólogo y no como antropólogo, no reconoce el "origen divino del linaje humano", tal como lo aclara, dice, la Encíclica "Humani Generis" de pocos meses después, extendiéndose en la monogénesis. De esa forma, combina su marco teórico científico y la doctrina de la Iglesia32. Por supuesto que en esta posición está Franceschi [98], [99] y varios artículos más que escribe en Criterio33.

Corresponde ubicar en esta postura crítica, por otras razones, a González Galé. En primer lugar él es español, es decir una de las naciones más vapuleadas respecto de su "calidad". En segundo lugar, porque lo escribe durante la guerra y pone una gran distancia ante el problema del racismo nazi y sostendrá que el problema racial es biológico y debe dejarse para animales y plantas [23]. Mortone [30] porque hace hincapié en la multiplicidad de factores sociológicos, culturales y morales sin mencionar el problema racial. Y Pagano [32] porque se está refiriendo a la población mundial y apuntando a los europeos, sobre todo al darwinismo social, sus inconsecuencias filosóficas.

No se debe descuidar que todas las obras y artículos de estos autores son posteriores a 1942. Su posición crítica es producto del impacto que produjo el nacionalismo alemán con su idea de raza aria, su supuesta superioridad y, sobre todo, la persecución y exterminio de los judíos a quienes consideraban inferiores. Ante esa situación reaccionan y comienza a replantearse la idea de raza, comienzan las definiciones, pero sin llegar a las últimas consecuencias de modo de erradicar la concepción del racismo.

Los más lúcidos en este planteo y en esos años, en la Argentina es Legón y en Europa, Pujiula, como se vio, Ives de la Briere y Hans Kohn. Legón, a diferencia de los autores mencionados, no sólo cuestiona acerbamente el racismo alemán, sino a todo tipo de racismo. Luego de describir el racismo de todos los tiempos y de todos los pueblos, empezando por los hindúes, hebreos y griegos, pasando por los franceses (Boulainvilliers, Sieyés, Gobineau), los israelitas polacos y los giros teutónicos de autores estadounidenses como John Burgess, Herbert Baxter Adams, Madison Grant y muchos otros más, llega a la Argentina y dice: "Hasta en la Argentina hubo pensadores que pagaron algún tributo a la idea del influjo de las superioridades e inferioridades raciales y del mestizaje en el proceso social del país: Sarmiento y Alberdi, Bunge y Ayarragaray, entre los más señalados"34.

Como se puede observar, son muy pocos los cuestionadores del racismo de fines del siglo XIX, en comparación con los anteriores, y tampoco se los puede calificar de antirracistas, en tanto su idea no ataca todo tipo de discriminación racial, sino fundamentalmente la que se practicaba en pueblos anglosajones, o alemanes, sobreestimando la idea de superioridad de lo latino. De modo que entendemos está probado y justificado el haber calificado a las ideas demográficas argentinas como "racistas" y que esta posición no es privativa de un sector político o ideológico, sino común a todos, con rarísimas excepciones.

Si no hubiera quedado suficientemente comprobado, en el punto siguiente, se verá el grado de superioridad que le asignan a determinados pueblos, naciones respecto de otros y, como diría de la Briere, es equivalente al racismo. Lo es, porque uno de los atributos que se le asigna a los orígenes de las naciones, es el de la identificación étnica, el linaje y la ascendencia. Y lo étnico, en castellano "alude a una comunidad humana definida por afinidades raciales, lingüísticas, culturales, etc."35.

 

III. LA IDEA DE NACIÓN Y CIVILIZACIÓN: EL EUROPEÍSMO

 

"¿Somos nación? Nación sin amalgama de materiales acumulados, sin ajuste ni cimiento.

¿Argentinos? Hasta dónde y desde cuándo, bueno es darse cuenta de ello".

DOMINGO F. SARMIENTO, Conflictos y armonías de las razas en América.

 

La ambigüedad del término raza es equiparable a la del vocablo nación. Primeramente, porque para la mayoría son unívocos, igual que pueblo y población. "Dicha confusión (entre raza, etnia, nación) -dice Smith- es producto de la gran influencia que han tenido las ideologías y discursos racistas y sus nociones pretendidamente científicas de lucha racial, organismos sociales y eugenesia. En los cien años transcurridos desde 1850 hasta 1945, tales nociones se aplicaron a las diferencias meramente históricas y culturales de las ethnies, tanto en Europa como en el África y Asia de la época colonial, con resultados de sobra conocidos"36. En efecto, aunque muchos traten de separar el atributo étnico de la noción de nación, como veremos en las glosas siguientes, no lo logran.

En segundo término, porque muchos son inmigrantes o hijos de inmigrantes y hablan de nación argentina, de la homogeneidad nacional. Ello lleva a preguntarse ¿qué es nación para ellos?, ¿cuáles son los atributos que caracterizan a la nación argentina? Para responder ello, se deberá analizar el concepto de nación y su proceso histórico, sin pretender escribir un tratado de teoría del Estado para definir nación, es conveniente destacar brevemente las conceptualizaciones habidas en el transcurso de la formación de los estados, para cotejarlas con la idea que tienen los autores.

 

A. La nación como poder soberano y como sentimiento

 

El término nación, viéndolo desde la perspectiva histórica y apartándolo de la etimología de nación como nacimiento37, es creación de la filosofía política en la que se estructura la modernidad. "La palabra nación -dice Salas- entra en el vocabulario político con su sentido actual -entendida como entidad independiente superior a toda forma de gobierno- y a la vez como emblema de combate..."38. Surge específicamente en la Revolución Francesa inspirada en esa filosofía, como explica Carré de Malberg39 para fundar la idea de soberanía nacional, la personificación del Estado. Y más recientemente dice Touraine: "La idea nacional tiene dos caras. Por una parte, la idea de ciudadanía, fundada sobre la soberanía popular, cuya expresión más admirable la dio la revolución de 1789, y que entusiasmó a los pensadores alemanes, de Kant a Fichte y al joven Hegel; por otra, la del Estado-nación que sacraliza el Estado en nombre de la nación y alimentó regímenes autoritarios y guerras internacionales"40.

            En la construcción del concepto, se parte del supuesto de una conciencia homogénea entre individuos que pactan o concertan una sociedad, contrapuesta al pluralismo social y estamental de la época feudal. Sería muy extenso referirse a todo ese proceso, por otra parte, hay estudios importantes41, interesa sintetizarlos así: se fue dejando de lado la idea pluralista de la Edad Media, por la idea homogeneizante de la modernidad; de la libertad como privilegio y otorgada en forma diferencial y particularizante, a la libertad como reconocimiento legal, abstracta, universal, y para todos los hombres.

Al decir de Salas, en Hispanoamérica, la formación de los Estados precedió a la formación de naciones y "es a partir de la instalación del problema de la nación como conciencia cuando ésta nace"42. En realidad, tanto en las ex-colonias, como en los países colonizadores, tanto los de inmigración como de emigración la idea de nación es una definición política más que cultural y comunitaria, dice Touraine43, o como aclara Levi "es el estado el que crea la nación"44. Más específicamente, cuando la nación y el Estado no coinciden, al decir de Guibernau, "el estado-nación se esfuerza por crear una nación y desarrollar un sentido de comunidad a partir de... la creación de valores y símbolos ... en busca de la unidad de la población sujeta a su gobierno mediante la homogeneización". Valores, símbolos que para una comunidad que tenga conciencia de pertenecer a una nación, no son necesarios crearlos45. Pero en la Argentina, de los años 30 y 40 se está en el proceso de crear esos valores y símbolos, en ese entonces no claros para los autores, dados sus diferentes orígenes.

Por esa razón, la teoría del Estado, mejor sea decir las doctrinas sobre el Estado, con todas las implicancias que esos dos términos tienen, al momento de definir el concepto de nación, se diluyen en múltiples significaciones. Manuel Zuloaga, une inmigración y soberanía nacional, y dedica un capítulo de su obra a definir jurídica y políticamente, la nación, nacionalidad, naturalización y ciudadanía. "La nación -dice- está definida por la gramática de la lengua castellana, como el compuesto de habitantes de un mismo país, o que tienen el mismo origen, hablan la misma lengua, o tienen intereses largo tiempo comunes"46.

            Ramella la define, hacia 1945, en forma similar, pero agrega, "sobre este punto la precisión es harto difícil, ya que son infinitas las acepciones del término nación". En ese sentido, unos le dan un carácter subjetivo psicológico y dirán que el elemento fundamental es la "conciencia", el "sentimiento", el espíritu nacional (Manzzini, Palma, Le Fur, Leclercq, Renan, Del Vecchio). Otros, intentando darle caracteres objetivos, dirán que es la lengua (Bluchtschli, Fichte), o la raza (Hitler), o la unidad de origen, del idioma, de la cultura o la civilización (Taparelli, Delos, Panunzio, Meraviglia)47.

Elena Piñeiro, adhiere a las conceptualizaciones dadas, pero entiende que en el siglo XIX "una nación se definía no sólo por el sentimiento nacional sino porque sus miembros deseaban estar bajo el mismo gobierno y deseaban además tener participación en él", e interpreta que estaba "definido esencialmente sobre bases territoriales, concepto que no tenía nada en común con los criterios culturales (etnia, lengua, tradiciones, religión, etc.) que el romanticismo había utilizado para definir la nacionalidad, aun cuando estos criterios estuvieran subyacentes"48. En realidad, no es privativo del romanticismo, están tan imbricados lo político y lo cultural, que no es sencillo filiar ideológicamente al doctrinario o a los autores que ponen el acento en uno u otro aspecto49.

Los autores considerados, como en el tema de la raza, no se detienen en las conceptualizaciones, salvo Carlos J. Rodríguez que al menos cita a varios de los teóricos del Estado, o Legón que cita profusamente a todos ellos, pero todos los demás, sin citar esas fuentes doctrinarias, están inmersos en esos criterios culturales que Piñeiro dice que quedaron subyacentes. Es así, como se verá seguidamente, porque la mayoría, se referirán a raza, lenguas, costumbres, cultura civilizada o no, como nación, naciones, nacionalidades, sin pensar en la idea de poder, de soberanía, tal como surgió en la Revolución Francesa.

No obstante lo dicho, Luzzetti Estevarena, de cuyo origen italiano quedan pocas dudas, advierte e intenta distinguir los términos raza y nación, pero siempre desde un criterio cultural: "Hay que tener en cuenta -dice- que una nacionalidad no expresa una realidad racial. Los rusos, polacos y austrohúngaros pueden ser en realidad de raza germánica, eslavos o hebreos y lo mismo sucede con los otomanos que engloban a los árabes y a los sirios. Por estas mismas razones, la importante inmigración vasca que tanta influencia ha tenido en el país, figura incluida entre los grupos de inmigración de Francia o España"50. La advertencia está dirigida a la selección de los inmigrantes. En ese sentido, la selección por nacionalidades podría ser riesgosa para la "composición étnica de la Argentina", como dice, porque le atribuye determinadas características culturales a los pueblos que nombra.         

Manuel Zuloaga, está preocupado también por los nuevos contingentes de inmigrantes en la postguerra, pero a diferencia de Luzzetti, mira el problema desde la Argentina y América como zonas en las que la inmigración, es "factor esencial en la formación y engrandecimiento de los nuevos núcleos sociales que se va plasmando en el crisol de nacionalidades americanas". Por esa razón, como se vio, le interesa definir jurídica y políticamente el término nación, y junto a ese término, sus derivaciones como natural, naturalizado, nacionalizado y ciudadano. No confunde naturalizado con ciudadano y le apunta a la Constitución Nacional y a la ley 346 de nacionalidad y ciudadanía, la confusión en el uso de los términos "que tantos conflictos provoca en su aplicación internacional".   Es verdad, que él también relaciona raza con nación, pero a diferencia de los otros, entiende que la Argentina, no es homogénea y que "ha sufrido convulsiones étnicas en mayor escala que los demás pueblos de América Latina", pero que al momento en que escribe, ya tiene intereses comunes, que los nuevos inmigrantes, para obtener la ciudadanía, tendrán que aceptar, es decir se deberá otorgar la ciudadanía "cuando hayan demostrado su asimilación y arraigo al medio geográfico y social de su radicación"51.

 

B. Homogeneidad nacional. Un sentimiento para seleccionar inmigrantes "civilizados"

 

"Esos cientos y miles de jóvenes -de origen latino- heredaron no sólo un común parentesco, sino un fondo cultural común, y el hábito del trabajo que fuera la única riqueza de sus antepasados. Son los agricultores, artesanos, obreros y profesionales de nuestra sociedad actual, el nervio mismo de la nación... Se ha venido formando en los últimos lustros, una asociación de intereses sentimientos que ha terminado por transformarla en un cuerpo compacto, siempre más homogéneo y organizable".

JOSÉ IMBELLONI52.

 

Las definiciones, el proceso histórico del término y cómo los autores hasta ahora citados lo expresan, es prueba de que intentaban definir la nación argentina, lo cual era explicable en un país que sólo tenía un siglo de existencia y que además, de atenerse a las conceptualizaciones de nación, estaba recién conformando su identidad poblacional con la incorporación de los flujos migratorios. Por ello se hace hincapié en la homogeneidad, que en realidad será una homogeneidad europea.

Es así, porque los autores se refieren a la necesidad de mantener la homogeneidad, la unidad de raza, nación, lengua, religión en un país de inmigración como la Argentina que propulsa la inmigración europea. El problema estriba en los diferentes orígenes de los autores. Aparentemente hay una gran coincidencia. Lo que no está claro es si la unidad pensada por Palacios es la misma homogeneidad de la que habla Imbelloni. Cuando Palacios dice sobre la necesidad de atraer inmigración: "De un origen que asegure y mantenga la unidad y el predominio de nuestra raza y nuestro idioma, para que no suceda algún día que los argentinos nos sintamos extranjeros en nuestro propio

país"53. ¿Es la misma población a que se refieren Imbelloni o Rodríguez? El primero dice: "El hecho de que nuestro país sea un magnífico crisol en el que se pueden fundir todas las nacionalidades de origen, no puede eximirnos del hecho indubitado de preferir como más apta para esa fusión integradora a los que por su procedencia, usos y costumbres e idiomas se hallan más cercanos a nuestras características y personalidad nacionales"54. Y, el segundo, C.J. Rodríguez agrega "¿no es timbre de legítimo orgullo la creación de la nacionalidad con todos los elementos que la integran actualmente?... Nada explica el cambio, a no ser un sibarítico deseo de mestizaje para borrar rasgos de estirpe que ha hecho de la Argentina lo que es"55.

En la misma forma todos los demás. El Plan de Gobierno 1947-1951, recepta esas ideas y prefiere los que por sus "usos y costumbres e idiomas se hallan más cercanos a nuestras características y personalidad nacional"56. Juan Pueblo, luego de decir que ese Plan es un "piélago de vaciedades" de mentes "desorbitadas e irresponsables", piensa lo mismo, pero en forma agresiva y más estereotipada, mencionando características nacionales que no son más que esos "fantoches" de los que hablaba Imbelloni57. Bidabehere: en la "Argentina no puede haber otra colectividad que la argentina", aunque agrega "hay muchos extranjeros que quieren mucho al país" por ello era preferible aquellas nacionalidades que tengan "costumbres similares a las nuestras, para facilitar su rápida asimilación; igual religión e idioma de raíz latina (españoles e italianos) ...se mantiene la homogeneidad argentina, pues los judíos, eslavos, lituanos y otros, son nacionalidades un poco extrañas. Por sus condiciones de trabajo... belgas suizos, franceses, alemanes, ingleses, holandeses"58. Ya se refieran a la inmigración que se espera recibir o la recibida entre las dos guerras mundiales, o a la selección que habría que hacer para fomentarla, hablan de mantener la homogeneidad y rechazar o cuidarse de la inmigración de los países balcánicos, o de los judíos. Dickman preferirá "atraer a la flor y nata de la emigración europea" (italianos, españoles, franceses, rusos, ingleses, nórdicos, balcánicos), es uno de los pocos, dado que él era de Letonia y además judío, que no excluye a los judíos procedentes de los países balcánicos59. López Imizcoz, en cambio, considera que vendrían españoles, italianos, alemanes y eslavos, pero que había que "evitar ésta (eslavos), judíos y japoneses"60. Bunge más descalificador dirá que la inmigración polaca en "los últimos diez años está formada predominantemente por obreros no calificados con predominio de jornaleros agricultores, en su casi totalidad analfabetos con educación muy elemental y con costumbres y métodos de trabajo agrícola atrasados", pero que a pesar de ello poseen espíritu de trabajo y ahorro. Iguales a los checoslovacos y yugoslavos. Los rusos, eran más peligrosos porque sus ideas atentaban al orden constitucional y social. En cambio, "la inmigración alemana está formada por gente con profesión y un nivel cultural cuando menos igual al de nuestra burguesía"61.

Como se puede apreciar, todos piensan en una homogeneidad europea. Las diferencias están referidas a los orígenes nacionales que conforman la homogeneidad. Unos, están pensando en el español, otros en el italiano, en el Homo mediterraneus, como dice Imbelloni, otros, tal vez como Palacios en el criollo, Bunge en los alemanes, salvo Zuloaga que piensa que con la inmigración se heterogeneizó la población62. Por eso el término homogeneidad es relativo. Porque si el vocablo hace referencia al idioma, ¿cómo explican sus preferencias por los italianos, los belgas, alemanes, en detrimento de yugoslavos, polacos?

Si es discutible la homogeneidad nacional desde el período indiano hasta la llegada de la inmigración dadas las uniones con el indígena y el negro; cuanto más lo es cuando se incorporan los inmigrantes procedentes de Italia, por nombrar al país que más aportes inmigratorios hizo, junto con España, aunque este país supuestamente mantenía la homogeneidad63. De modo tal que esa pretendida homogeneidad del "crisol de razas latinas", deprimía a todo otro grupo nacional como los polacos, los judíos, los eslavos, e incluso las comunidades indígenas, como rechazables los primeros o no existentes o casi inexistentes los segundos.

Esto es así si se piensa que extranjeros como Pasquali, Belaunde, Imbelloni, Dickman, González Galé, Germani o aquellos que su apellido evidencia un cercano arribo a la Argentina procedentes desde Europa, como Luzzetti, hablan de la Patria, la Argentina o la "raza" argentina. Se puede decir con Marechal y si nos atenemos al concepto de nación nacido en la Revolución Francesa ¿con qué derecho definían la Argentina como suya? Una primera respuesta es: con el derecho, si es que se puede llamar así, que le daba a un español casi cinco siglos de dominación española y a un italiano la Constitución Nacional y por supuesto el número. Pero más que ello, el sentimiento de sentirse argentinos, aunque no se hubieran nacionalizado. Se sienten argentinos, se sienten, en realidad en su "segunda patria", porque la de su origen, está primero en los sentimientos de su corazón64.

Indudablemente con esta reflexión se asimila el concepto nación a sentimiento como la entendían Mazzini, del Vecchio y otros pero, en estricto sentido, tampoco es preciso el concepto, porque con esos argumentos se diluyen los límites del vocablo extranjero, inclusive los vocablos Estado-nación y Patria. La remanida frase crisol de razas, lo explica a medias, por los términos peyorativos utilizados en distintas épocas desde 1810 hacia diferentes grupos, como se vio en el Capítulo IV.

Después de 1930 todos, los que en sucesivos períodos de la historia argentina fueron considerados indeseables, tales los españoles, los italianos, eran preferibles a los eslavos, polacos, yugoslavos, balcánicos. Pero ningún autor reniega de la política inmigratoria anterior, como lo hará años después Hernández Arregui65, por el contrario, desean reafirmarla para que cumpliera más acabadamente los fines para los cuales fue pensada, como se vio. Mantienen el pensamiento decimonónico sobre la inmigración, permanece la creencia de la superioridad de los anglosajones y nórdicos. La diferencia con dicho pensamiento es que ponen a la par a los de la Europa del sur, los italianos y españoles y descalifican a los de la Europa del Este y las naciones de los Balcanes. Esta es la forma en que repercuten en los autores las modificaciones de los flujos migratorios entre 1930 y 1945. El aumento de los perseguidos en los países balcánicos, en Polonia, en Alemania, muchos de ellos judíos, los somete a la prueba de seguir sosteniendo genéricamente que la Argentina está abierta a todos los hombres de buena voluntad, a insistir en su no racismo, pero a proponer barreras a aquéllos que consideraban diferentes racial y políticamente, aunque digan simplemente que es porque son extraños, que no tienen el mismo idioma, o religión, etc., cuando propulsaban el arribo de anglosajones que tampoco tenían esas características.

En definitiva, la homogeneidad era una excusa que evidenciaba los temores de que los refugiados de la Guerra o los perseguidos por el nazismo, reeditaran en la Argentina, sus conflictos. Porque, ni era tan homogénea como decían los autores, ni los que rechazan a un grupo, a varios o a todos se les puede encuadrar, por ese hecho, en la corriente nacionalista en boga en esos años. Cada uno defiende lo que supone es la Nación Argentina. Para unos es la criolla, incluido el indígena, para otros sin él. Algunos creen que es la italiana, otros dirán la española. En todos sobresale la ambigüedad de la idea de Nación Argentina. Ni siquiera piensan que los principales flujos migratorios se concentraron en el litoral, pero no en el resto de las provincias, cuya incidencia fue menor, de ahí que se considere que en el interior la población es mestiza, como se verá seguidamente66. Es la imprecisión propia del esquema de nación-etnia de la modernidad, cualquiera sea la ideología, o los países de origen, dadas las múltiples cruzas, migraciones o invasiones, que destruyen la idea de nación por unidad de origen, por igualdad de lenguas y, por supuesto, por idéntica raza. En ese sentido, sería mejor que en vez de nación, se hable de pueblo, tal como se vio en el primer Capítulo.

 

IV. LOS INDÍGENAS: ¿ARGENTINA INCIVILIZADA U OTRA NACIÓN?

 

"Ese modelo nacional democrático permitió, gracias a las libertades públicas combinar el pluralismo (de los intereses y las opiniones) y la unidad política. Hizo que triunfara el laicismo. Pero también, y de manera complementaria, a menudo impuso, en nombre del progreso y la ley, las mismas reglas y formas de vida a todos. Lo que se etiquetaba como arcaico, marginal o minoritario fue prohibido, inhibido, inferiorizado".

ALAIN TOURAINE, ¿Podremos vivir juntos?67.

 

El indígena es un ejemplo típico de lo que expresa Touraine. La historia de la historiografía sobre los aborígenes desde el momento del encuentro de las dos culturas hasta hoy, sería un trabajo por demás interesante y demostrativo de los expresado en el epígrafe, pero en este punto solamente se observará la posición de los autores respecto de los indígenas68.

En todos los tiempos en que se realice el análisis estarán los que intentan comprender esas culturas diferentes, explicar cómo funcionaban o funcionan internamente y en su relación con las instituciones indianas o de la modernidad una vez construidos los Estados-nación independientes. Y aquéllos que intentan encuadrarlas dentro de un determinado modelo nacional, según la idea de nación que tengan.

Esta dicotomía entre aceptar la existencia de minorías diferenciales a la cultura argentina o interpretarla como íntimamente fusionada a ella, determina que en este punto se daba justificar por qué se analiza las ideas sobre los indios de los autores de los años 30 y 40 dentro de la parte referida a la inmigración, porque puede parecer que se los considera extranjeros. ¿Lo son? Esa es la pregunta dirigida a los autores en tanto ellos se refieren a la nación argentina y a una supuesta homogeneidad incluyendo al inmigrante, pero no tienen en cuenta al indígena. Por otra parte, se debe decir que la ley 817, de inmigración, también se refiere a los indígenas en el art. 100.

 

A. Los indígenas: ¿existían?

 

La respuesta a esta pregunta se la debe enfocar, primero desde la idea de lo cuantitativo, que se aproxima más a lo real. Lo real, aunque en forma imperfecta, lo deben demostrar los censos o recuentos o informes que evidencien que han contabilizado los indígenas. Después desde lo que se imagina. Pero, como se señaló en los Capítulos III y IV, el imaginario suplanta al conteo porque en función de lo que se entiende por indio, serán válidos o no esos recuentos. Cuando los primeros censos hablan de indígenas y su desaparición hay que tamizarlo con las implicancias semánticas, antropológicas, culturales, jurídicas, del que consideró que eran o no indígenas. Para 1938, en cambio, "... la tendencia es magnificar las cifras -dice Rosenblat sobre la base del informe de la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios- sostiene para la actualidad la cifra de 150.000"69.

Sin embargo, la cifra de 30.000 y su próxima desaparición del Segundo Censo, quedó impresa en la mente de los autores objeto de este trabajo y con ellos, en la de otros más que los utilizaron como fuente.

Los autores, casi en su totalidad, se mueven en el plano de lo imaginario. De los 88 autores, diez al menos mencionan al indígena. La mayoría casi como seres del pasado. Entre ellos, Belaunde que solamente les concede una frase: "los indios puros" son sólo unos 30.00070. Luzzetti Estevarena, se extiende un poco más. Dice que el territorio argentino al momento de la conquista estaba "prácticamente despoblado". Que en el litoral "el español, especialmente el vasco se había mezclado relativamente poco con las razas indígenas...En cambio, en las provincias del interior el conquistador español encontró tribus menos belicosas que ... se fusionaron al elemento español y de esta mezcla nació un tipo mestizo que predominaba en el interior en la época de la independencia"71. Llorens y Correa Avila, dirán "apenas existen en la Argentina indios puros" y de los mestizos: "tienen en general sólo vestigios de sangre india. Representan alrededor de 400.000 como en 1914 y su proporción es del 3% sobre el total"72. Cifra que obtienen de Bunge. Con la diferencia que Bunge lo dice primero en 1922, aunque después lo mantiene en 193073. Pero los anteriormente mencionados lo expresan entre 1941 y 1948 cuando ya los gobernadores de los territorios nacionales, de Chaco, Formosa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, y de las provincias de Salta, Jujuy, en forma esporádica, pero desde 1925 enviaban informes que fueron receptados en los mensajes presidenciales y en el Congreso de la Nación, con cifras, no seguras, pero que desmentían esa supuesta desaparición de los indios o ese número de 30.00074. Es decir, los indígenas no existían en la mente de ellos y consecuentemente no existían en la realidad que ellos intentan interpretar.

Mortone y Lacroix75, al menos se propusieron averiguar cómo se conformó y se produjo la cruza entre indígenas y españoles desde los primeros momentos de la conquista, fundándose, el primero, en Azara, Duval, Ameghino, Lafone Quevedo, Schmidel. El segundo, en Imbelloni y con él los que introducen la Historia Argentina de la Academia Nacional de la Historia dirigida por Ricardo Levene76. No dicen como los anteriores, son pocos o inexistentes, se remiten a los censos o a esas fuentes para considerar el número de indígenas y, aunque no lo cuantifican, hablan de una gran mestización en todo el territorio argentino. No distinguen si son vascos, o si hubo más mestización en el interior que en el litoral. Hablan de la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires, y como dijo en carta su fundador Juan de Garay, lo acompañaron 66 personas "diez eran españoles y los demás nacidos en la tierra", es decir, los "mancebos de la tierra", los mestizos77. Aunque Lacroix al llegar al siglo XX, se basa en los cálculos imaginarios de Bunge. Si bien su posición no es muy distinta de los anteriores sus preconceptos, no llegan a enceguecerlos de tal forma que en sus descripciones de los primeros momentos de la conquista, digan que habían pocos indios, cuando el análisis de la historia de la conquista le demostraba que los conquistadores repartían indios para el trabajo e indias con las que se produjo el mestizaje, aunque no lo mensuren.

Imbelloni es el que realmente estudió el problema. Evidentemente su profesión de antropólogo lo ayuda. De modo tal que le apunta a esa historiografía, en especial Sarmiento, Ingenieros, Alberdi, sus falencias: "En ambos cómputos -dice de Manuel Bilbao e Ingenieros- encontramos aminorado el número de indios, que debía ser necesariamente superior al actual -que oscila alrededor de 120.000- y ciertamente discutible la categoría de blancos argentinos".

Lo mismo cuando se refieren con descalificación al gaucho: "Difícil ha resultado en todo momento determinar con justeza la parte que en el gaucho procede del indio y la que procede del español.... La raza gauchesca, lejos de presentar una especie de sumario de las cualidades del español, del indio y del negro -concepto que se ha repetido ad nauseam en nuestra literatura- muéstrase en lo somático y en lo psíquico como algo absolutamente nuevo".

Para finalmente advertir: "Si los historiadores hubiesen tenido en cuenta la real naturaleza de las construcciones naturales que hemos venido examinando,(...) -en lugar de mantenerse en todos los casos serviles a la prosa del documento que empequeñece las proporciones de las cosas grandes- hubiesen meditado (...) sobre todo en la fatalidad insuprimible de que una tal masa humana, mantenida en la abyección por el poder real durante la Colonia y excluida con asco de toda función política por los próceres que idearan y fomentaran el advento de la futura Nación modernizada, intentara libertarse y autogobernarse..."78.

Imbelloni conservaba algunos prejuicios en cuanto a determinadas tribus indígenas y al origen de los inmigrantes, pero no cabe duda, que los últimos párrafos transcriptos, demuestran que la historiografía referida al indígena es no sólo servil al documento, sino a una ideología denigratoria y excluyente de todo lo que no se encuadre en los parámetros de la idea de nación vista.

Es cierto también que la posición de Imbelloni se la puede ubicar dentro de un movimiento indigenista, sino promovido, alentado por el Primer Congreso Indigenista Interamericano, celebrado el 19 de abril de 1940 en Patzcuaro, México. En la Argentina era relativamente incipiente este movimiento. Lo demuestra la formación de la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios79, que hace un informe sobre el número aproximado de indígenas, número que recepta Imbelloni y el otro indigenista de los autores mencionados: Bernaldo de Quirós.

Bernaldo de Quirós que como eugenista jurídico tiene una posición denigratoria hacia los que suponía podían transmitir taras hereditarias, se transforma en no discriminatorio como indigenista. "Habrá que salvar -dice- las nuevas generaciones aborígenes de una extinción lenta y segura, con patriótica visión y alta tutela oficiales, pensando como ya se piensa en esta tierra de paz y de promisión, que el origen de la cultura de América es anterior al 12 de octubre de 1492, y que el nuevo espíritu americano, que hoy aviva nuestra conciencia argentina, no surge sobre las ruinas de un decadentismo occidental torpe y suicida, si no que se levanta como luz solar del fondo de nuestro pasado indoamericano, con fuerza telúrica fomentativa propia...". Y más adelante arenga: "Nuestros hombres de gobierno deben dejar ya el culto verbal del tradicionalismo oficial... La Argentina con una población muy inferior (a México), buena parte extranjera, sigue fiel al pregoneo clasicista alberdiano y sarmientista y diría que sus habitantes, en un 90 %, ignoran la existencia de su olvidada población originaria"80.

La posición indigenista y la contraria debaten acremente en el Congreso de Población de 1940. Para Marotta afortunadamente en la Argentina no existen negros ni indios. Y Quirós le pregunta "¿que no tiene indios?". "Hay algunos -le responde Marotta- pero tal problema tiene para nosotros una importancia ínfima frente al notorio perfeccionamiento de la raza argentina"81. En realidad, más allá de la defensa o no del indígena sigue la confusión de lo que cada uno entendía por indio, y la búsqueda de los orígenes de la nación argentina.

 

B. ¿Qué es ser indígena?

 

"En cada Estado debía haber una sola Nación, y la Nación se identificaba con el sector dominante, el que había luchado por la independencia, o sea la población de origen español, los criollos en su mayoría. Además, por el principio de igualdad ante la ley todos los habitantes debían regirse por el mismo derecho. El grupo dirigente impuso el suyo: el derecho castellano-indiano-patrio. Este derecho pudo coincidir o no, según el país de que se trate, con el de la mayoría de la población".

ABELARDO LEVAGGI, 199282.

 

En efecto, tal como dice Levaggi y como se vio en el punto III, la nación es una definición política. Comprendiendo cuál es la clase dominante y la definición sobre nación que adoptaron en su momento, se puede entender las diferencias de apreciación de los autores en cuanto a número y a la existencia o no de los indígenas.

Los que decían que los indios prácticamente no existían y estaban en extinción, están pensando por un lado en un indio que llamaban "puro", conservado exactamente igual física y culturalmente desde la época de la conquista o, al menos como los vio Hernández a través de Martín Fierro o Mansilla en su Excursión a los indios ranqueles y como diputado nacional83.

Los que mencionan a los mestizos y dicen que representan un 3 ó 5% de la población argentina, realmente no se sabe a qué se refieren. O bien, como decía Sarmiento, no quieren reconocer ser mixtos. O bien desconocían, conciente o inconcientemente, el proceso histórico de mestización iniciado desde el momento de la conquista. Proceso que comprende la asimilación socio-cultural del mestizo que pasado cierto tiempo se consideraba español84 y la legalización de ese reconocimiento social, que consideraba como blancos a las denominadas castas85.

 Es más lógico suponer que su pensamiento está ínsito en la ambigüedad, producto del ensamble de dos sistemas jurídicos diferentes, contenida en la Constitución de 1853/60, como en sus antecedentes y consecuentes legales y jurisprudenciales, como se vio en el Capítulo IV.

Ese atenerse al axioma de la igualdad, separándolo de la realidad, conduce a que ni siquiera puedan definir qué es ser indígena y qué era español en el pasado, qué era ser blanco, e incluso, como decía Sarmiento, no se sabe bien quiénes eran argentinos. El informe de la Secretaría de Trabajo y Previsión explica bien sus dudas: "Resulta un problema casi insoluble, establecer una estadística demográfica más o menos verosímil (...) Falta uniformidad en el criterio para fijar los caracteres que determinan la calidad de indígena, que a veces ofrece problemas muy similares a los autóctonos puros"86.

Indefinición que vuelve a reiterar la Comisión encargada de levantar el primer censo indígena en 1966: "El Censo Indígena Nacional no se ha planteado la pregunta ¿qué es indio?, dado que no le interesa llegar a una definición del individuo, puesto que sobre él, no se iría a operar posteriormente. Por otra parte, tratar de definir quién es indio y quién no, hubiera traído aparejadas una serie de discusiones que implican al mismo tiempo conceptos somatológicos, lingüísticos, culturales e históricos, cuya dilucidación hubiera llevado largos meses de trabajo, sin la seguridad de arribar a una solución satisfactoria del problema". No lo define como individuo, sino como colectividad. En términos de la teoría del Estado, se diría minorías, por eso agrega: "En cambio, sí interesa definir al indio colectivamente, debido a que cualquier programa de desarrollo deberá trabajar sobre la colectividad y no sobre los individuos tomados aisladamente"87.

Pero dado que tienen que hacer el relevamiento de indígenas, incluso para justificar el nombre que llevaba el Censo, establecen varias pautas para identificarlos: que tengan una economía de subsistencia, vivan en comunidad, mantengan elementos de la cultura prehispánica, que habiten en zonas similares a sus ancestros prehispánicos y "que expresen una conciencia de pertenencia a un grupo étnico"88. Es decir, la idea de nacionalidad y nación como sentimiento, igual que la definía Del Vecchio.

En definitiva, la idea de nación única, homogénea, asimilada a raza, a lengua, a cultura, es lo que les estructuraba y les estructura la mente a historiadores, juristas, antropólogos, políticos, con las dificultades que la mestización, como la inmigración, producía a los fines de determinar el fundamento racial, lingüístico, incluso cultural de la nación argentina, porque esa clase dirigente de la que habla Levaggi que impusiera la idea de una sola nación, cuyo fundamento eran ellos, en el fondo no estaban seguros de no ser ellos también choznos de algún pardo blanqueado por Real Cédula, pero se consideraban blancos, europeos, en la misma forma que las pinturas en el Museo de México, reafirmando muchos de ellos su europeización al vincularse con la inmigración.