CONSIDERACIONES FINALES

 

"Lo que invoco es el ejercicio de la libertad eterna aventura del ser humano que crea medios para alcanzar sus fines, pero suele quedar prisionero de los medios. Estos fines de la libertad son la belleza, la verdad, el bien y lo sagrado. Quien aspira a ellos y los ha alcanzado es un hombre libre [...]".

VÍCTOR MASSUH, Cara y contracara ¿una civilización a la deriva?, Fragmento Querer que el futuro exista, en "La Nación", Domingo 6-6-1999).

 

 

I

 

El desarrollo de esta tesis es, también, una apelación a la "dignidad inalienable de la persona y de su libertad" (SS. Juan Pablo II)1, para contrarrestar la teoría de la nada del hombre, concepción que hace de él un robot, no un ser humano, porque "le niega la libertad", la responsabilidad, y lo considera "el resultado de sus condiciones biológicas, sociológicas y psicológicas o el producto de la herencia y el medio ambiente" (Viktor E. Frankl)2.

            Convocada por ese problema, las ideas demográficas argentinas, fueron sometidas a un incesante interrogatorio con el fin de descubrir su concepción de persona, oculta bajo el ropaje cientificista, racionalista, positivista adoptado por los autores, que inspirados por "leyes" demográficas, económicas, biológicas, sociológicas, psicológicas, por mandatos religiosos, por cifras medias estadísticas, por el axioma jurídico de la libertad y la igualdad, dejaban traslucir la idea de un hombre inerme, reducido a fórmulas matemáticas, a regularidades, a números que tampoco significaban la realidad de la conducta humana y que, a pesar de todas esas sujeciones, se mostraba libre.

 


II

 

            Como el objeto de estudio, en toda teoría o idea demográfica es el hombre, el hombre multiplicado por millones, los autores lo abordaron con presupuestos de las más variadas disciplinas, acorde con el proceso histórico que sufrió desde los comienzos de la humanidad la pesquisa sobre las poblaciones: la política y la economía proveían los objetivos a alcanzar por el Estado; la religión, de la que hacían su propia exégesis y el derecho y la historia, interpretadas libremente, suministraban argumentos para sostener sus ideas. Por fin, las incipientes explicaciones, por recién iniciadas e insipientes, también, por falta de sabiduría y ciencia, ya de naturaleza biológica, sociológica, psicológica, antropológica, mostraban el presente y el futuro comportamiento de las poblaciones humanas, en tanto disciplinas surgidas en un mundo inmerso en certidumbres y regularidades, que aseguraban las proyecciones futuras.                 

Se consideró que la mejor forma de abordar el análisis de las ideas demográficas argentinas, dada esa compleja trama de explicaciones interdisciplinarias sobre un solo objeto, la población argentina, era a través de aquello que las unía: el paradigma científico del racionalismo metafísico y gnoseológico. Para comprender la relación entre las ideas argentinas y ese modelo científico se eligió la vieja idea de la historia de Collingwood3. Se sentaron las teorías y las ideas en "el banquillo de los acusados" -como dice el mencionado teórico de la historia- y se sometieron a una serie de preguntas para comprenderlas: ¿qué entienden por población, pueblo, demografía, demopolítica, teoría, doctrina? en un primer paso. Como dichas respuestas no alcanzaban a explicar el problema ni bastaban para comprender totalmente las ideas, se ahondó en temas más específicos, tales como: ¿cuáles son las relaciones entre el poder del Estado y la población?, ¿eran deterministas?, ¿elitistas?, ¿qué entendían por raza, por nación, por civilización? Lograr que los textos respondieran supuso un exhaustivo análisis hermenéutico (Gadamer4), desde mi propia historicidad en tanto cada pregunta y cada respuesta tiene una proyección al presente, desde el significado del pasado.

Este método o camino para alcanzar la comprensión de las ideas, "el sentido contenido en el lenguaje"5, fue imprescindible para poner de manifiesto la estructura del pensamiento de los autores, señalar la "confusión de significados distintos, atribuidos a los mismos signos", obligó a "precisar la relación entre signo y significado, entre término y concepto"6.

Collingwood, Gadamer, Brie, Juan Pablo II fueron los pilares en que se fundó este tipo de interpretación, sin descuidar aquellos que desde una posición postmoderna, coadyuvaron en su utilización por coincidir en que "el análisis del lenguaje es como el análisis del pensamiento" (Foucault)7, ni aquellos, contemporáneos a los autores que controvertían y reformulaban los conceptos de eugenesia, raza, pueblo, cultura, inteligencia (Vallejo Nájera -1945-, Pujiula -1947-).

Sobre esa base se incorporó a los cuestionadores del modelo científico de la modernidad, provenientes de distintas vertientes disciplinarias. Prigogine, en primer término, por su replanteo de la física newtoniana, disciplina paradigmática del método científico que debía interpretar. Apoyó los cuestionamientos realizados a los métodos estadísticos, las fijezas, las regularidades que los autores creían ver, mostrando que, en realidad, eran idealizaciones.

            Desde la biología, el eminente biólogo molecular, Jérome Lejeune, dio los fundamentos necesarios, para desentrañar el biologismo inmerso en las ideas argentinas y la falta de sustento científico que tenían al hablar de razas humanas y de raza argentina.


Provenientes de la historia del derecho, Levaggi, por sus importantes estudios de los sistemas jurídicos castellano indiano e hispanoamericano referidos al indígena y Salas, con su método conceptualizante y decodificador del discurso político argentino del siglo XIX, afirmaron la interpretación realizada sobre el concepto nación que sugerían los textos, comprendiendo que concebían una nación argentina homogénea, alejada del pluralismo social y estamental de la Edad Media; circunscripta a la idea de nación como definición política, surgida en la Revolución Francesa; excluyente de toda diferencia, de cualquier minoría, en fin, del indígena, del mestizo y de todo aquel que su idea de nación "como sentimiento", no lo concibiera igual y, por lo tanto, tampoco libre.

La historiografía argentina, empeñada en agrupar diferencialmente a los personajes históricos, buscando las rupturas, las "discontinuidades" en sus concepciones sobre el Estado, la nación, el racismo, la religión católica, los partidos políticos, el pueblo, ayudó en la búsqueda de las filiaciones de los autores y a ubicarlos en el contexto histórico-político. Y sirvió para advertir que, detrás de esa "dispersión", había una unidad, como diría Maritain8 o, como dice Botana, "había una continuidad más profunda que expresa creencias e intereses sociales"9.

En definitiva, el análisis hermenéutico elegido para comprender y someter a crítica las ideas demográficas argentinas, sin restricciones dogmáticas, condujo a caracterizarlas como poblacionistas, elitistas, europeizantes y racistas. Ideas fundadas en ese modelo científico determinista, predecible, unificado y extendido al universo, sin comprender, como bien dice SS.Juan Pablo II, que "ninguna forma histórica de filosofía puede legítimamente pretender abarcar toda la verdad, ni ser la explicación plena del ser humano, del mundo y de la relación del hombre con Dios"10. Menos estas ideas sobre la población argentina que, aunque de una gran amplitud, vista desde diferentes ángulos, estaban limitadas precisamente por el mismo modelo que pretendían imitar y que les impedía ver al hombre y a todo hombre en su real dimensión y dignidad.

Como corolario de esta investigación corresponde destacar esa desconexión e indeterminación, entre los ideales que asumían y la realidad poblacional que pretendían interpretar.

 

III

 

Los estudios sobre la población argentina realizados por los autores, no significaron, al igual que los realizados en el siglo pasado, análisis demográficos entendidos como demografía pura. Fueron análisis demopolíticos y tuvieron como objeto de estudio, el pueblo y no la población, términos utilizados con univocidad pero que conllevan significaciones diferentes, en tanto uno refiere a la cualidad y el otro a la cantidad o, en la Roma antigua, a devastación, en forma similar a la modernidad.

            La demografía, tal vez más que cualquier otro estudio, muestra que no hay límites rotundos entre las disciplinas. Está interceptada por distintas formas de conocimiento que fue absorbiendo a través de la historia de la humanidad, como se desarrolló en el primer capítulo, dado que el objeto de estudio es el hombre. Cuando esto ocurre, como dice Massuh, "resultan legítimas aquellas preguntas por el fin de la peripecia humana siempre que no se pretenda que pertenecen a una disciplina específica del conocimiento"11. Por esa razón, los autores utilizaban una metodología pluridisciplinaria, según el estado de las ciencias en esos años, y no estrictamente demográfica.

            De modo tal que parte del desarrollo de este trabajo fue demostrar cómo las premisas del pensamiento argentino sobre la población no partieron de datos vitales y cifras censales que los ubicara fundamentalmente en la demografía, sino que, sobre los datos censales que manejaban, los autores exponían sus ideales poblacionales, vinculados a sus ideas jurídico-políticas, religiosas, sociales, económicas.

Al desplegar los conceptos, nociones, símbolos que estructuraban el pensamiento de la dirigencia intelectual, política y social argentina, no fue realizado con el propósito de desestructurar todo un sistema de creencias sociales que inspiraba a los autores, sino precisamente desplegar esas creencias como tales y entender las aporías del pensamiento argentino sobre su población, no como planteos teóricos, ni científicos, por más que muchos creyeran que lo eran. 

En las dos primeras partes en que se divide esta obra: antecedentes e ideas demográficas argentinas en sí, se entiende haber dejado demostrado que tanto unos como otros, adolecieron del "hábito del pensamiento riguroso"12 porque hacían analogías entre la demografía, la biología, la economía, la sociología, no debidamente comprobadas; porque aplicaban estudios europeos a una realidad diferente como la argentina; porque utilizaban datos no suficientemente testeados; porque la metodología que empleaban no aprehendía correctamente la esencia del comportamiento humano al no distinguir la persona de una media estadística.

 

V

 

La idea poblacionista y la relación del Estado con la población es la que demuestra que la idea del acrecentamiento de las funciones del Estado a fin de lograr una población óptima, en cantidad y calidad, no fue privativa de un sector político o ideológico, como apunta la historiografía argentina cuando se refiere a los nacionalistas, a los nacionalistas católicos o al peronismo. Era una idea fuerza que arraigaba en la dirigencia política e intelectual argentina de todos los tintes políticos. Incluso, los más extremistas en este aspecto, no fueron precisamente esos sectores; antes bien, provenían de los inscriptos en un liberalismo darwiniano, que fundamentaron las leyes eugénicas para los matrimonios.

Pretendían ser poblacionistas pero limitaban el crecimiento a la idea de "calidad". Aspiraban a que la Argentina imitara las pautas culturales europeas, o como decían, "civilizadas", denostando con calificativos de inferiores, tarados, a aquellos de alta fecundidad, que producían la selección a la inversa y, por otro, intentaban inculcar parámetros culturales más acordes con una civilización preindustrial, tradicional, religiosa que conflictuaba con esa civilización llamada, occidental, cuyo proceso de desarrollo industrial, urbano, la mentada movilidad social, individualista, había inducido el descenso de la fecundidad.

            La legislación social propuesta para alentar a las familias a tener hijos, intenta reformular una parte del modelo, la exclusión de los niños que desde Malthus en más eran considerados como un escollo al desarrollo individual y social y, por ende, no debían ni siquiera nacer. O como diría Segismundo, en la Vida es Sueño, de Calderón: "el delito mayor del hombre es el haber nacido" para ese modelo racionalista y economicista. Pero dejan intactos todos los otros fundamentos del modelo.

 

VI

 

Los autores aplicaban una metodología demográfica, estadística, con preconceptos ideológicos fundados en las teorías psico-biológicas y conductuales o economicistas, combinándolas a veces, en forma contradictoria y poco lógica, de modo tal que el análisis de la realidad poblacional argentina se distorsionaba.

Desde un supuesto planteo de la complejidad para estudiar los factores que habrían incidido en las modificaciones de los ritmos de crecimiento, se adscribían al economicismo y tras él, al elitismo, como forma de justificar la realidad social estratificada. De ese presupuesto economicista desprendían los otros determinismos. Equiparaban riqueza, con superioridad, inteligencia, sexo masculino, raza blanca, civilización, urbanismo, baja fecundidad y la enfrentaban a pobreza, inferioridad, bajo cociente intelectual, sexo femenino, razas negras, amarillas, indígenas, alta fecundidad.

Las ideas demo-económicas, demo-políticas, demo-sociológicas y demo-biológicas argentinas de los años 30 y 40, en relación simbiótica, significaron la sobreestimación de determinada raza: la blanca; de determinado sector social: la élite o los aspirantes a élite; de determinado sexo: el masculino. Por cuanto, lo que se sobreestima es la posibilidad de manejar los recursos económicos, de los que derivaban la superioridad intelectual, espiritual, cultural, de los blancos, de la élite o del varón.

 

 

VII

 

De una "raza argentina" hablan todos, sin establecer una claridad conceptual del término, motivo por el cual, fue preciso clarificarlo a la luz de la evolución del término desde el siglo XIX a la actualidad, haciendo hincapié en la imposibilidad de seguir utilizando el término de razas humanas, a la luz de los descubrimientos de la biología molecular.

Los autores, en cambio, declarando enfáticamente no ser racistas, que la Argentina estaba abierta a todos los pueblos del mundo, creyendo ser pluralistas, excluían a todos aquellos pueblos diferentes, a los que llamaban de "raza negra", o "amarilla", o eslavos. Con esa misma idea, desconocían la existencia del indígena, o los inferiorizaban o, directamente, los excluían.

No fue un racismo agresivo como en Alemania, o EE.UU., en primer lugar porque, como dice Dikötter se mantuvo como en Francia y Gran Bretaña en los círculos intelectuales, sin llegar a conjugarse íntimamente con la acción política, pero sí influyeron en la sanción de las leyes de eugenesia al prohibir los matrimonios de leprosos y sifilíticos. Y aunque cuestionaron el cierre de las puertas de entrada a los extranjeros en general, coincidían con esta legislación en limitar la entrada de eslavos, judíos, yugoslavos, checoslovacos y, por supuesto, africanos y asiáticos.

 

VIII

 


Otro término que fue necesario aclarar ante la falta de precisión de los autores fue el de nación. Los autores asociaban nación, raza, pueblo, población y se referían indistintamente a esos conceptos dándoles significaciones iguales. Se atribuyó esa ambigüedad a que eran prácticamente la primera generación, producto del ensamble de la patria criolla con el inmigrante. Algunos de ellos extranjeros, otros hijos de extranjeros, otros descendientes del español conquistador, algunos, seguramente, mezclados con el indio y el esclavo. Todo ello mixturado, era la nación argentina. Los autores se sentían argentinos aunque fueran extranjeros. Era, como diría en otra obra Massuh13, una argentina como sentimiento. Querían defenderla de todo aquello que no sentían como argentino, los europeos del este, por ejemplo, y protegerla con todo aquello que consideraban que era la Argentina. Lo que la protegería, mantendría su homogeneidad -"nuestras características y personalidad nacionales" (Imbelloni)- era aquella Europa que nos había conquistado primero, los españoles, luego la que había enviado a sus hijos, los italianos, luego aquella preferida por Alberdi y Sarmiento, los anglosajones y germanos. En fin, la Europa "civilizada".

En definitiva, eran europeístas por cuanto veían a Europa como modelo, porque seguían aceptando como Alberdi que la Argentina necesitaba injertarse con pedazos vivos de la Europa civilizada.         

 

IX

 

La historiografía dedicada a los análisis políticos y de las ideas argentinas, ha destacado a algunos de los autores que se tratan aquí, ubicándolos por sus pertenencias políticas, ideológicas o confesionales y confrontando sus posiciones, dado el objeto de estudio que se habían propuesto.

En esta investigación, se estima haber demostrado que esas distintas filiaciones no les impiden compartir valores, normas, significaciones cuando el tema es la población, su crecimiento vegetativo y el inmigratorio y los agrupamientos son diferentes de lo que tradicionalmente se ha dicho sobre los liberales, los conservadores, los católicos, los nacionalistas, los socialistas, los peronistas, los radicales, etc.

No es errado pensar que después de este trabajo será difícil decir que uno sólo de los grupos era estatista, elitista, racista, o europeizante, porque los autores, incluso aquéllos sin gran prensa y menos conocidos, pretendían un Estado poderoso, ninguno era tan pluralista que no excluyera a algún sector social o racial y todos miraban a Europa como el modelo por imitar.

Estos autores, destacados por la historiografía o no, tuvieron una gran influencia en la dirigencia política e intelectual argentina de ese entonces. A su vez, mantuvieron el ideario spenceriano, galtoniano, darwinista o lamarkista de sus antecesores de fines del siglo XIX y principio del siglo XX. No se puede decir que eran distintos a un Sarmiento, a un Ingenieros, tal vez se puede decir que fueron discípulos dilectos de ellos, incluso, utilizaban sus mismas fuentes.

Hubo algunas excepciones que no desdicen las notas apuntadas, por el contrario las confirman. Fueron muy pocas. En el tema de la familia, Juan Cafferata, por su visión integral de ella y por la equidad con que consideraba las responsabilidades de ambos padres, en la procreación, protección y cuidado de los hijos. En el de la eugenesia, el grupo católico y el socialista Alfredo Palacios, sin desconocerla totalmente se mostraban temerosos de su implementación dado el poder que asumiría el Estado. En el tema de la raza, el más lúcido fue Faustino Legón, al desplegar el proceso histórico y geográfico en que se manifestaba el racismo, tanto en el extranjero como en la Argentina. También Manuel Zuloaga por su conceptualización de nación, porque advertía e insistía en la heterogeneidad de la población argentina. Finalmente, Tomás D. Casares, por señalar cómo los determinismos apuntados atentaban contra la libertad del hombre y lo reducían a un simple títere.

 

X

 

Por último, algunas reflexiones sobre la base del pensamiento de Casares.

Por donde se mire el paradigma de la modernidad al que adherían los autores y, por ende, las ideas de estos, su sentido profundo es su carácter homogeneizante, destructor de las diferencias y de la libertad del hombre.

Analizado en el sentido filosófico de persona, es un ser disminuido en su libertad, es la certidumbre de que el hombre no es libre, no es responsable, que no puede elegir, que hay que ordenarlo, dirigirlo. De ahí el paulatino crecimiento de las facultades del poder del Estado.

La tan mentada bandera de la libertad de la Revolución Francesa, debería interpretarse como la libertad para los iguales, no para los diferentes, de modo tal que la otra bandera, la de la igualdad, es en realidad, homogeneidad: o se es igual o no se tienen derechos como persona.

Desde las explicaciones científicas, los determinismos a los que se creía sujeto el hombre, no son más que la consecuencia lógica de ese concepto de hombre condicionado por un orden natural o divino. Interpretado en términos estadísticos, significa sólo una media humana, una totalidad indiferenciada. De ello se desprende la idea de raza, nación, civilización. Cada término significa homogeneidades diferenciales: superiores e inferiores. En realidad, era la concepción de un hombre uniformado en todos los aspectos, si no, había que excluirlo o inferiorizarlo.

Bajo la aparente finalidad de alcanzar la libertad y la igualdad, se somete al hombre a una esclavitud de pensamiento, se le substrae la posibilidad de encontrar la verdad por otros caminos diferentes de los del racionalismo.

Esta investigación intentó descubrir esas ambigüedades con una finalidad: ser conscientes en el manejo de los presupuestos que inspiran las ideas modernistas. Conviene pensar y replantearse esos conceptos en el mundo de hoy, señalar la indefinición de los términos, la extensión indebida de los mismos, la descalificación de las personas diferentes y desterrar los adjetivos de superiores o inferiores para calificar a los seres humanos, a los pueblos, a las civilizaciones.

El mundo de hoy es cada vez más complejo. De persistir en ese pensamiento podría conducir a imponer, por ejemplo, la clonación de los seres humanos que se sienten superiores. Podría significar la supresión y eliminación de la "raza" blanca, en el caso de suponerla inferior a la "amarilla". Justificaría la eliminación de embriones a los que no se considere racial o intelectualmente aptos, o manipularlos para que se reproduzcan in vitro solamente aquellos que se supone serán superiores.

Estos posibles ejemplos, no tan hipotéticos como podría suponerse, fueron seleccionados ex-profeso, de entre otros muchos más, porque lo que esas prácticas ponen en tela de juicio, es la dignidad de la persona.

Así como en un momento de la conquista de América, se preguntaron si los indios eran personas y tenían alma, así como, posteriormente, se pensaba en la minoridad de los indios, o de las mujeres casadas, o en la inferioridad de algunas "razas", hoy la pregunta es la misma, pero referida a los embriones. Como en el pasado, lo que se le sustrae a este hombre pequeñito, es su sentido y dignidad. Como dice Juan Pablo II "si a estos medios técnicos les faltara la ordenación hacia un fin (Dios) no meramente utilitarista, pronto podrían revelarse inhumanos, e incluso transformarse en potenciales destructores del género humano"14.

Precisamente, al modelo modernista cuestionado, le faltó la ordenación hacia ese sentido trascendente de la persona y el pensamiento analizado, la gran mayoría de las veces, no lo advirtió.

 

 

NOTAS AL TEXTO

 

1.     CARTA ENCÍCLICA Fides et ratio del Sumo Pontífice Juan Pablo II a los Obispos de la Iglesia Católica sobre las relaciones entre fe y razón, p.34.

2.     VIKTOR E. FRANKL, El hombre en busca de sentido, Barcelona, Herder, 1996, p.124.

3.     R.G.COLLINGWOOD, Idea de la Historia, México, Fondo de Cultura Económica, 1952.

4.     HANS-GEORGE GADAMER, Verdad y método...Cit., p.370.

5.     JUAN PABLO II, Encíclica citada...p.49.

6.     ROBERTO J. BRIE, Los hábitos del pensamiento riguroso, Bs.As., Ed. del Viejo Aljibe, 1997, ps.27 y 28.

7.     MICHEL FOUCAULT, Las palabras y las cosas, una arqueología de las ciencias humanas, Traducido por Elsa Cecilia Frost, México, Siglo XXI, 1997, p.245.

8.     JACQUES MARITAIN, Les desgrés du savoir ou distinguer pour unir... Cit. en ROBERTO J. BRIE, "El hábito"...Cit., p.31.

9.     NATALIO BOTANA, El orden conservador... Cit., p.10.

10.  JUAN PABLO II, Encíclica Fe y Razón...Cit., p.30.

11.  VÍCTOR MASSUH, Cara y contracara... Cit.

12.  ROBERTO J.BRIE, Los hábitos... Cit.

13.  VÍCTOR MASSUH, La Argentina como sentimiento, Bs.As., Sudamericana, 1983.

14.  ENCÍCLICA Fe y razón... Cit., p.47.