LA CRISIS AMBIENTAL
COMO RETO BIOÉTICO PARA EL HOMBRE
por
María Alejandra Rascio
Introducción
También
se ha producido una evolución de la concepción de futuro: la probabilidad de
error en estos momentos aterra a la humanidad. Parece, a decir de Eco, que
estuviéramos reescribiendo el Apocalipsis de San Juan…
“No ya, pues, las siete trompetas, y el pedrisco y el mar que se convierte en
sangre … sino el multiplicarse de los depósitos nucleares incontrolados e
incontrolables, y las lluvias ácidas, y los bosques del Amazonas que
desaparecen, y el agujero de ozono, y las migraciones de hordas de desheredados
que acuden a llamar, a veces con violencia, a las puertas del bienestar, y el
hambre de continentes enteros, y nuevas e incurables pestilencias, y la
destrucción interesada del suelo,
y los climas que se modifican, y los glaciares que se deshielan, y la ingeniería
genética que construirá nuestros replicantes, y según el ecologismo místico,
el necesario suicidio de la humanidad entera, que tendrá que perecer para
salvar a la especie que casi se ha destruido, la madre Gea a la que ha
desnaturalizado y sofocado.” (Eco,
Umberto; Martini, Carlo Maria: En qué creen los que no creen? Un diálogo sobre
la Ética en el fin del Milenio. Colección Temas de Hoy, Editorial Planeta,
1998).
Todo esto
forma un Apocalipsis que ya no es místico sino laico, científico y secular. Y
es el carácter científico que toma este Apocalipsis el que vuelve todavía más
espantosas y realizables las fantasías del pasado. También ha cambiado el
“sentido” del Apocalipsis. Ha dejado de ser salvador. Nótese las tensiones
que se entrevén en estas líneas. Los extremos halan de
nuestro razonamiento.
La
Problemática Ambiental
Cuando
queremos atenernos a la naturaleza de las cosas, siempre estamos entendiendo esa
naturaleza en función de un proyecto histórico socialmente compartido. “El
conocimiento de lo real es inseparable de los procesos del pensamiento que dan
forma a éste, lo informan y lo cuestionan” (Georges Balandier)
Habrá
que definir lo ambiental como el “campo de la realidad en el que se definen interacciones entre la
Naturaleza y la Sociedad…vincula por lo tanto las Ciencias Naturales con las
Ciencias Sociales, es decir, diferentes conocimientos científicos y
disciplinares, bases teóricas, metodológicas y epistemológicas de los mismos.
Por esto el conocimiento ambiental es multidisciplinario: en él intervienen la
geomorfología, la ecología, la biología, la medicina, la epidemiología, la
economía, la sociología, la antropología, la historia, etc. (Rascio,
M.A: Un futuro para todos? Reflexiones
acerca de nuestra visión del mundo. Actas
de las IV Jornadas Argentinas y Latinoamericanas de Bioética. Buenos Aires,
1998. En base a Rascio, M.A., en Promoción Social Comunitaria, varios autores,
Espacio Editorial, 1997). Es
importante la intervención de la bioética al atravesar todos los campos
disciplinares anteriores.
La
cultura ha intervenido en el proceso biológico. Mientras que la estabilidad de
los ecosistemas - por lo tanto la vida en el Planeta- está reforzada por la
biodiversidad, la cultura de la exogamia la
ha favorecido, la domesticación sea por producción de linajes puros para la
posterior hibridación, sea por ingeniería genética,
tensiona dicho proceso. Este es uno de los aspectos como las biotecnologías
introducen un elemento de incertidumbre. Los progresos de la genética, nos
vuelven transparentes a la vez que nos dan la posibilidad de programar las
especies. Sumado a esto, la globalización, a la vez que sucursalización de los
mercados, parece que tendiera a homogeneizar las culturas, y muchas veces
denostado algunas so pretexto de primitivas, o nocivas para los individuos que
las componen; tienden a disminuir la diversidad cultural. En contraposición,
surgen los regionalismos, y otras
corrientes.
En
efecto, vivimos en la era del movimiento. Pertenecemos a una sociedad de la
incertidumbre: irrupción de lo inédito bajo los impulsos de la modernidad, y
el riesgo, para el hombre, de encontrarse en su posición de exiliado,
extranjero o bárbaro en su propia sociedad si no puede comprenderla y
participar en su construcción. Esto es analizado por G. Balandier, para quien
la conciencia del desorden está activada: “Engendra
reacciones contrarias, vacilaciones. Para unos el pasado (conservador en tradición)
incluye lo arcaico (factor de permanencia y lo universal), se refieren al orden,
revelan las señales más sólidamente afianzadas, proponen los repertorios o
las guías necesarias para una orientación sobre la cual nuestro tiempo podría
ser examinado, interpretado, organizado. La modernidad recibe de estas fuentes
lo que la ordena y la hace portadora de significaciones. Para los otros, es la
confusión y la inestabilidad, el movimiento que aligera la pesadez del orden
preexistente, la abundancia de lo nuevo, lo que da todas sus oportunidades a una
libertad nueva y fecunda: el desorden se vuelve creador, los períodos de
transición ejercen entonces una verdadera fascinación, son vistos como
aquellos que hacen retroceder las fronteras de lo imposible, en los cuales se
realizan rupturas y avances”... (Balandier, George: Teoría del Desorden. La Teoría del Caos y
las Ciencias Sociales. Editorial Gedisa, 1996, Barcelona).
Asistimos
y somos cocreadores de un mundo en el cual la degradación del entorno, la
alteración del clima, la manipulación genética, los nuevos virus y las nuevas
armas, los desequilibrios demográfico, económico, social, afectan, amenazan,
pesan sobre toda la humanidad. También sobre el planeta. Dos siglos, equivalen
hoy día a 5000 años: desde la revolución industrial, aumentó el CO2 un 25%.
El Metano se duplicó. La temperatura aumentó entre un 0.6 y un 0.8%; se está
produciendo el efecto invernadero. La capa de ozono se ve disminuida, con lo
cual las radiaciones llegan a la tierra con mayor facilidad. Parte de la población
mundial muere de hambre, y otra parte, muere de consumo conspicuo, pero arrastra
a las otras…La paz parece no comprenderse, y mucho menos encarnarse.
La falta de preguntas… Se calcula que si se sigue así, para el 2030
habrá un aumento aún mayor de la temperatura: entre 0.8 y 2,3 o. C
reales! El aumento de la temperatura no tendrá una distribución homogénea. Se
prevé que en los trópicos será de 2oC mientras que en los círculos
polares de 10oC. Esto traerá aparejado catástrofes naturales como
las inundaciones, tormentas, tempestades, ciclones: hoy en día, al conocerse
estos datos, ya han aumentado el valor de los seguros, y se han ido a la
bancarrota algunas compañías aseguradoras.
Mientras
tanto, problemas como la explosión demográfica y el consumo conspicuo ya están
instalados. Si bien los datos demográficos corresponden a cálculos y no a
censo real, las cifras de crecimiento en el número de habitantes del planeta
alarman: se ha calculado que para este siglo XXI cerca de 5000 millones de
personas vivirán en los países menos desarrollados, mientras en los países
desarrollados pasarán a ser aproximadamente 1273 millones. El consumo seguirá
un aumento aproximadamente de tres veces el crecimiento poblacional en términos
de energía, y lo hará en los países desarrollados. La calidad de los
productos consumidos y el acceso al consumo se manifestará de la misma manera.
Esto significará la intensificación de la brecha socioeconómica y un
aumento aún mayor de la brecha existente en la calidad de vida, debido a la
necesidad de creación de nuevos puestos de trabajo, subempleo, minifundios,
etc., con las consecuencias en la escasez de alimentos y de recursos naturales y
calidad ambiental. Uno de cada 8
habitantes sufre hambre, el 40% de la población se encuentra mal alimentada; el
15% de todos los niños del mundo está mal alimentado. Genera un círculo
vicioso del subdesarrollo físico y mental. Las naciones donde se concentra la
mayor cantidad de habitantes son las que carecerán del poder más importante
para el desarrollo: la capacidad de su gente, y como naciones, la libertad y
responsabilidad. Hecho difícil de superar, ya que sin recursos, no pueden
competir con las naciones ricas por la energía exosomática y endosomática…
Entonces: es problema real la explosión demográfica o la explosión
en el consumo de energía y producción de “metabolitos exosomáticos”;
o ambos a la vez?.
Por
otra parte, la falta de educación combinada con una incapacidad para brindar
infraestructura y preparar maestros con una formación adecuada y a la velocidad
que requiere el crecimiento de la población y los cambios en las necesidades de
formación, empeoran el cuadro: el descenso de las tasas
de alfabetización, de quienes han superado la instrucción primaria,
está sustentando un descenso en la población económicamente activa
(PEA), un deterioro en el mercado de trabajo (agravado por el modelo de producción
mundial). Los índices representan personas que escasamente puedan planear y
organizar su vida con miras a un futuro.
Mientras
unos sostienen que las altas tasas de natalidad son la causa de gran parte del
deterioro ambiental y ecológico, otros señalan un conflicto bioético
diferente: es la alta capacidad de consumo que lleva al “consumo galopante”
en los países post industrializados el mayor riesgo para la biosfera y por ende
para el hombre (Rascio,
María Alejandra: Pro Nobis: una especie amenazada/ora? Actas de las V Jornadas
Argentinas y V Jornadas Latinoamericanas de Bioética. Mar del Plata, Argentina,
1999).
Si
esto es así, la sociedad ya no es más lo que era, el mundo ya no es más
aquello inmutable, o cuyas fuerzas volvían el equilibrio: esto demanda nuevas
capacidades. Así, retomando la teoría del desorden, de la mano de Balandier
nuevamente, estaríamos en condiciones de afirmar que “(las
ciencias sociales) están condenadas a reformarse, sumergidas en la nostalgia de
una época todavía cercana en la cual sus grandes teorías contaban con
un gran público... ya no se les atribuye más la capacidad de dar
sentido (en la doble acepción de la palabra) de la historia que se hace; y
tampoco de contribuir al gobierno esclarecido de las sociedades y culturas en
proceso de metamorfosis múltiples” (Balandier, G.: op. Cit. .Capítulo
3: La sociedad ya no es más lo que
era. Página 60).
El
mundo ambiente creado por el hombre, se enfrenta a un “período de huecos”
para su interpretación. Las ciencias de la naturaleza (su discurso) han ido
“tomando progresivamente el lugar de los grandes relatos de no hace mucho. El
Mitòs ha quedado desplazado, ya no habría lugar para interpretaciones
globales, formulaciones teóricas unificadoras. Tanto en el ámbito de la
naturaleza como en el campo de lo social nos enfrentamos con “morfogénesis
imprevisibles” de lo inédito, de lo improbable. Las sociedades se encuentran
vulnerables, producto de las circunstancias, se encuentran a merced de la
circunstancias. Lo aleatorio prevalece sobre lo previsible. Ilya Pigogine e
Isabelle Stengers dirán: “ya no son más
primero las situaciones estables y las permanencias lo que nos interesa, sino
las evoluciones, las crisis y las inestabilidades..., ya no más sólo lo que
permanece sino lo que se transforma, las alteraciones geológicas y climáticas,
la evoución de las especies, la génesis y las mutaciones de las normas que actúan
en los comportamientos sociales” (en
Balandier, op.cit., página 61. Esto sirve de base al autor para integrar
aspectos aleatorios, factores de desorden y orden, complejidades, rechazo a toda
noción de sociedad como permanencia, la cual para Balandier será “ilusión
sobre el carácter de las cosas sociales o proyección en un futuro siempre
diferido, o perversión que se realiza por el totalitarismo”... Dirá más
adelante: “ El desorden trabaja siempre, lo que existe lleva el signo de la
inseguridad, o si se prefiere, de la vulnerabilidad. Los antiguos saberes ya lo
conocían, habían llegado a saberlo por otros caminos”).
Así,
la humanidad y cada hombre, obtiene una imagen borrosa de sí misma frente a la
incierta realidad. Balandier dirá: “(el
hombre)...se descubre en parte desterrado en un mundo cuyo orden, unidad y
sentido le parecen oscurecidos, en presencia de una realidad fluctuante y
fragmentada, se interroga sobre su propia identidad, sobre su propia realidad,
mientras que la modernidad sobreactivada multiplica las manipulaciones
resultantes de las nuevas técnicas, las ingenierías de las cuales él es
objeto, y estimula la producción de apariencias y señuelos que lo hacen caer
en una trampa” (Balandier,
op.cit., cappítulo 6: La
Modernidad Mezcla las Cartas, el Hombre Indeciso, página 164).
Reflexiones
pensadas desde la
bioética
La
realidad muestra la increíble paradoja: la sostenibilidad actual se basa en el
esfuerzo de una gran mayoría para sustentar a la “gran” minoría. Esta
actitud moral considera que unos cuantos (El 20% de la población mundial según
los datos aportados pro el Informe sobre desarrollo humano 1995) tienen derecho
a usar los recursos disponibles. Es por eso que se llega a una crisis ambiental.
Ambiental y no ecológica: hay millones de personas sin alimento, sin
patria, sin cultura, sin ser… hay millones de personas que se limitan a estar
en un territorio… Simultáneamente existe
el temor a perder el control de los
mecanismos sociales en el corto plazo, para luego sufrir una debacle financiera
en el mediano y largo plazo.
¿Qué
bases éticas han sustentado tal transculturación, la caída de la historia, el
despojamiento de los valores éticos autónomos y la introducción de una moral
heterónoma, la globalización como sucursalización del mercado, que a su vez
necesita de lo anterior… Es imposible sostener en el tiempo una moral heterónoma,
- impuesta, prestada, importada - sencillamente porque así no se puede
constituir una moralidad genuina. Respecto a la profunda crisis ambiental, dice
Novo: “Hemos creído engañosamente que
podríamos ser nosotros mismos en cualquier circunstancia y condición, pero la
Naturaleza, como un inmenso espejo cóncavo, nos ha devuelto los efectos de
nuestras acciones, demostrándonos la imposibilidad de seguir alterando el
equilibrio de los ecosistemas a riesgo de nuestra propia supervivencia como
especie” (Novo, María: La
Educación Ambiental: Bases Eticas, Conceptuales y Metodológicas. Editorial
Universitas, S.A.1995). Cabe agregar que dicha autora es del primer mundo. Hay
gente que ni siquiera sabe quién es y dónde está…
¿Y
los intereses de los individuos que componen la sociedad? pues tendremos que
realizar un viraje: “asumir una política y un estilo de vida positivo
respecto al medio ambiente - positivo en el sentido de preservar la integridad
ecológica del planeta - ”… tal objetivo sólo es posible si nuestras vidas
son íntegras y sanas, si nuestras ambiciones van más allá de nosotros mismos
y buscan el bienestar del colectivo humano y del medio ambiente. La realización
y evolución de cada individuo es imprescindible para el bienestar ambiental de
la Tierra” (Caduto, Michael. Pnuma/unesco No. 13). Así queda planteado el
viejo reto de la filosofía política: la realización de fines comunes en una
sociedad, esta vez perteneciente a un mundo en donde prima lo individual: ¿cómo
articular intereses comunes con intereses individuales? Quedaría planteado un
espacio de tensión entre restricciones y libertades de vivir en sociedad.
¿Cuáles
deben ser las relaciones correctas entre el Hombre y la Naturaleza? Relegado a
un segundo plano como cuestión epistemológica, pareciera que la Naturaleza
vuelve con su fuerza normativa a proponernos lo que durante siglos fuera
improponible. Lo que observamos que ocurre en el ambiente (natural y social)
lleva a replantearnos nuestra cultura. Así es cómo La naturaleza se
redimensiona, adquiriendo nuevo valor, a partir de la angustia que genera lo
imprevisible que se tornan las cuestiones ambientales y bioéticas que han
comenzado a atormentar a la humanidad, en su duración como especie, en tiempo y
espacio; en su calidad de vida, fundamentalmente la de los más débiles -niños,
ancianos, sin voz ni voto-, y los que todavía no son: las generaciones futuras,
con las cuales la humanidad ha trazado el puente del compromiso, y en su calidad
de especie tal cual la conocemos hoy…Otra vez los extremos se presentarán en
forma de nihilismo irracional o del mesianismo al que tanto teme H. Jonas.
¿Tiene
la Naturaleza Derechos? ¿Puede considerársela como sujeto moral? ¿Puede
rechazarse o desecharse la ética de la naturaleza porque es totalmente
“irrelevante” para tratar los problemas ambientales, que debieran tratarse
entonces desde las disciplinas que lo estudian? Y entre ambos extremos ¿podemos
encontrar el plano del laberinto? Las dificultades para resolver los problemas
de la magnitud de los ambientales, estriban en el reconocimiento probable y
posible de los demás y el entendimiento,
en tiempos en que las relaciones personales se resuelven en relaciones
contractuales: fragmentadas por la subjetividad, y vividas en el marco de una
era posnacional, una economía globalizada, que penetra todos los ámbitos y
modelos. Subjetividad, que en estos tiempos de la llamada “posmodernidad”,
encubren un individualismo impuesto por una
economía a la cual sostiene (Rascio, María Alejandra: La Problemática
Pesquera: Primera Aproximación hacia un Análisis Bioético. Tesis de la
Especialización en Bioética. Universidad Nacional de Mar del Plata. Argentina.
2000).
Si
bien se insiste en que hay que pensar globalmente y actuar localmente, las
fronteras parecen desdibujarse y lo global la más de las veces y para la gran
mayoría se presenta totalmente difuso. Como difusos se han tornado los vínculos
con el medio ambiente. De igual manera, la
idea de lo comunitario parece haberse reducido a
una representación dada en la intimidad. Paradójicamente, en la aldea
global, “el único espacio para una relación cara a cara, intercambio cercano y
tangible con el otro, es la intersección con el otro más próximo, en el diálogo
concreto y palpable, en una relación que contiene representaciones acerca de
las cosas, en la que se articula y alude, en la que - desde el diálogo -
aparece la representación de lo otro: lo general, las instituciones, lo que es
dable esperar de ellas, o lo que, aunque éstas no lo brinden, resulta exigible;
las expectativas y las comparaciones. Los pequeños mundos privados de la
intersección, la cuadra, la esquina, la escuela, son la adherencia y lo otro es
el condicionamiento que está pero lejos, que no puede tocarse” (Balestena,
Eduardo. En: Promoción Social Comunitaria: varios autores. Espacio Editorial,
1997)
… o a
decir de Ortega y Gasset está pero allí…lejos. No aquí (en mí)
Se
da otra paradoja. Simultáneamente, y por momentos oponiéndose a la búsqueda
de todo Homo de su “humanidad”, de su propio crecimiento subjetivo, de su
peregrinaje por la vida en busca de sí mismo y de su reconocimiento por parte
de los otros (que de eso se trata en parte la moral y la ética), el ser humano
se enfrenta a su propia decadencia, en donde todas las cosas parecen tener sólo
un valor: el de cambio. “La reducción de todas las cosas a su valor de cambio
- dice Ballesteros - parece eliminar todos los valores permanentes”
(Ballesteros, Jesús: Cultura de la Duración y Desarrollo Humano. Persona y
Derecho, Universidad de Navarra. Vol.37. 1997) como el de la dignidad humana;
¿hemos perdido realmente el sentido de la trascendencia? “Las
diferencias vitales suprimidas por la economía y el control o supresión de
instituciones donde se realizan otros valores diferentes de la utilidad y el
economicismo generalizado han demostrado ya ser una grave amenaza para la
riqueza del patrimonio biológico de nuestra especie” (Viegas, Diego R: Un
enfoque Trialista en el problema de la biodiversidad.). La educación -formal y
no formal-, está llamada a jugar un papel muy importante, por su papel de
extensión a la comunidad. La
Universidad es una de las instituciones, justamente por Universal que puede unir
lo local con lo global, y ser un puente entre el conocimiento científico y la
comunidad. La universalidad confiere la capacidad de ver los problemas del otro,
otras formas de solucionar conflictos, y quita el acento en “la sola realidad
local”, permitiendo establecer relaciones con lo “otro”, que por ser
conocido y compartir un espacio en común deja de ser “enemigo” aunque sea
potencialmente, para pasar a ser potencialmente aliado, amigo. Además, se
comparten, cuando hay tiempo - considérese que la Universidad también es víctima
de esta problemática -, distintos quehaceres, distintas formaciones y
objetivos. La comunidad universitaria, y la comunidad científica
- de alguna forma integrada y/o vinculada a la anterior - tienen como
misión integrar lo global y lo local, porque justamente en sus características
esta realidad se encuentra ínsita. Esto urge en estos tiempos de “guerra”
por los recursos naturales - cuando
no humanos - (Rascio, Op. Cit.).
Es
conveniente comenzar por reconocer los principios de valor general aplicables a
los problemas suscitados en el ambiente en la nueva realidad de
internacionalidad de las cuestiones sociales, económicas, culturales y
ambientales. En esta nueva realidad, los Estados se convierten en “agentes
sociales” de la comunidad internacional. Su “Deber Ser” se manifestaría
en la modificación del interés Nacional en post de su deber de Tutela del
Ambiente Común, que corresponde a la comunidad Internacional. Por esta razón,
los países pueden ampararse en los Convenios y Pactos internacionales, de
defienden tanto la biodiversidad en
el sentido de ser patrimonio de la humanidad, como la importante dimensión
social que ahora presenta el ambiente: “Interés común de la Humanidad”. Es
conveniente aclarar que ese deber ser viene impuesto no solamente por lo que se
sabe sino por lo que no se sabe. Podría llamarse a este principio, el del deber
ser de la ignorancia.
El
principio de “Sociabilidad” del Bien Común, impone a los Estados un
comportamiento para tutelar y mejorar la calidad del ambiente, su salubridad, la
protección de la salud de los ciudadanos y realizar el bien de la humanidad.
El
principio de Responsabilidad, busca la realización de una ética pública de
inspiración weberiana (Comitato Nazionale per la Bioetica: Societa e Instituzioni. Bioetica e Ambiente. Presidenzia del
Consiglio dei Dipartamento per l´ informazione e léditoria. 21 settembre
1995), que se apoya en el principio de subsidiariedad.
La
extensión del ámbito moral a las cuestiones ambientales, surge a partir de los
’60, época en la que se instala el debate sobre la environmental
philosophy de la tradición anglosajona, referida a ir más allá de las
relaciones interhumanas. La pregunta era acerca de si sólo los humanos tienen
derecho a considerarse morales. Habitualmente, se critica la ética antropocéntrica
en todas sus variantes por hacer del hombre su
último (único) compromiso.
Es
importante reconocer que cualquiera sea la alternativa filosófica tendrá
implicancias políticas. Esto es así porque de ella depende la forma de ver y
luego resolver los problemas. Según la perspectiva, incluso pueden “no
existir” determinados problemas.
El
desarrollo de la Ecología, sumado a la perturbadora perspectiva técnica y
científica ha impuesto un cambio en la percepción de la Naturaleza (Leopold
1968). Esto trae un debate: cuando defendemos
derechos: ¿son de los individuos, de la sociedad o del ambiente? Entre
las posturas prevalecientes, las más importantes, dentro de las cuales
se encuentran diferentes variantes, son:
La Ética Ecologista, Ecología Profunda o Deep Ecology, que reconoce los
derechos de la Naturaleza. Se basa en la heurística del temor, igual que la ética
d ella Responsabilidad de Hans
Jonas (Jonas,
Hans: El Principio de la Responsabilidad.
Ensayo de una Ética para la civilización tecnológica. Editorial Herder,
Barcelona, 1995) pero asumiendo que los comportamientos humanos respecto del
ambiente deben ser sometidos a las leyes de la naturaleza, que son imposibles de
infringir sin consecuencias en el Orden Natural. Esta perspectiva requiere
adhesión y sumisión -incorporación- a
la naturaleza, y en consecuencia el desvinculamiento de las promesas de
Prometeo, dejar de ser Dioses… (El titán Prometeo trae a los hombres oculto
en un bastón hueco, en una rama de hinojo, el fuego que ha robado a los dioses.
Este acto es considerado sacrilegio, robo, engaño a los dioses. Los dioses
tienen el privilegio de satisfacer todos sus deseos, deseos a los que la
criatura humana debe renunciar. La conquista del fuego es una afrenta a lo
sagrado, pues es sustraído y escondido en un tubo, símbolo del poder. Y así,
lo que antes podían los dioses, el dominio y la conquista de los cielos y de la
tierra (la naturaleza), está en manos también de los hombres... El tener y
hacer cada vez más, para
asemejarse a los Dioses. Los deseos se renuevan a diario, y nunca se terminarán
de satisfacer, así como el instinto, sea el que sea, una vez calmado vuelve al
poco tiempo a necesitar ser satisfecho. La grave osadía del Titán debe ser
castigada. El culpable Prometeo es encadenado en una peña y
un buitre le roe diariamente el hígado, que por las noches se regenera.
El
hígado, para los antiguos, era el asiento
de todas las pasiones y los deseos, ¿la ambición? El ave, ¿no representará
una actitud vindicativa de la naturaleza, atacando y castrando al
delincuente instintivo en el “corazón” de su delito? Heracles mata con sus
flechas al ave, y libera a Prometeo. Este revela a
Zeus un secreto: que no se case con Tetis, porque ésta engendrará
hijos más poderosos que su esposo. Esta es una condensación de la misma temática:
“
y seréis como dioses”...El aspecto de la inmortalidad está
representado por Quirón, que herido
accidentalmente por Heracles, y no
pudiendo ser curado, renuncia a la inmortalidad en favor de Prometeo, quien la
acepta. Es el refuerzo o la
condensación a la insatisfacción
eterna de la ambición. De la desmedida codicia de ser como dioses en el saber,
en la posibilidad de satisfacer los
deseos, de tener poder sobre todas las otras criaturas: “y seréis como dioses”...)
¿cómo? Si desde su origen, “La profanación de la naturaleza y la civilización
de si mismo van juntas”. “El hombre es el creador de su vida como vida
humana; somete las circunstancias a su voluntad y necesidades, y excepto ante la
muerte nunca se encuentra inerme” (Jonas, Hans: Op.Cit.).
El
hecho de que la Ecología Profunda
parta de un igualitarismo de las especies la hace incompatible con la declaración
de derechos para el ser humano: desde esta posición la naturaleza no es recurso
simple y llano sino el único verdadero sujeto (en base a Ballesteros, Jesús.
1996). De situarse dentro de esta postura, la crisis ambiental sería
un merecido castigo a la mala gestión de los recursos naturales. Con esta
orientación, tampoco importaría la educación ambiental. Al respecto podría
citarse lo que dice Bellver Capella acerca de la ecología profunda:
“La noción de ser persona, tanto
humano como divino, se disuelve en la naturaleza, con lo que se llega a un panteísmo
naturalista y a la eventual justificación de medidas atentatorias contra los
seres humanos, siempre que resulten necesarias para el equilibrio del
ecosistema, ya que el hombre deja de ser un fin en sí mismo” (Bellver
Capella, Vicente: El Ecofeminismo: entre la Deep Ecology y el Environmental
Justice Movement. En “Una mirada Diferente”. Edetania Ediciones. Valencia.
1999).
Para
quienes sostienen esta ética, el conocimiento de la Ecología constituye
importante información para elecciones racionales en materia ambiental, pero
dicha información no se agota aquí. La ecología se constituye en la base de
un nuevo derecho natural que vale no sólo para los ecosistemas sino también
para las comunidades humanas. La crisis ambiental actual ha violado el derecho
natural, por haber violado las
leyes propias de la ecología. Uno de los pioneros de la Etica Ecologista, Aldo
Leopold, sostiene que sólo la expansión moral hasta incluir el respeto por la
tierra puede encontrar la solución adecuada para garantizar la supervivencia
del hombre sobre el planeta. Cabe notar la contradicción: desde esta óptica:
¿es importante realmente la supervivencia del hombre sobre el planeta? ¿Acaso
no se han extinguido los Dinosaurios y tantas otras especies por causas
naturales? Y en última instancia, el hombre, no se habrá extinguido ya? No
seremos supérstites del anterior homo sapiens?
Sus
seguidores, coherentes con su reconocimiento de la soberanía de las leyes
naturales ecológicas, llegan incluso a negar que el hombre mismo sea parte de
la naturaleza, considerándolo como un depredador irrespetuoso del equilibrio
ecológico, ya que se basa en la superioridad del Ecosistema como un todo
(holismo) frente a los derechos de
la persona (ecosistema como parte), debido al valor intrínseco de todo ser vivo
… llega incluso hasta los minerales.
En la antítesis de esta posición, se encontraría un Rechazo a la Ética,
por parte de quienes sostienen que la ética es totalmente irrelevante para
solucionar los problemas ambientales. Sostiene que la bioética no tiene
ingerencia en los asuntos ambientales. Considera que la ecología no puede
establecer normas ético-sociales ni
condicionar las decisiones políticas en materia ambiental. Incluso acusa a la
bioética de generar confusión, cuando dentro de la sociedad misma están
presentes las soluciones para la corrección, debido al “instinto de la
sociedad” que produce la solución espontánea; y este sería un proceso que
debe evolucionar naturalmente, sin la intervención de los juicios morales que a
la vez que impropios, por ser
intenciones morales de la gente, pueden impedir el libre desarrollo de estas
fuerzas y pueden provocar efectos no esperados y perversos. Tal el discurso,
parece más un cuidado de la economía que de los procesos ambientales, y es fácil
notar aquí también una falacia: ¿están encubriendo intereses económicos
detrás de su discurso?. Los problemas ambientales, para las posturas más
radicalizadas, nada tienen que ver con la ética. La niegan, y por lo tanto
prima la organización económica y
social sobre los vínculos interactivos entre sociedad y naturaleza.
Reconocer dicha implicancia llevaría a la pérdida de control y
posterior declinación económica. No cabría un derecho a la biodiversidad, y
tampoco se tendrían en cuenta las generaciones futuras. Esta postura desprotege
por lo tanto a quienes precisamente no están en condiciones de valerse por sí
mismos, o requieren del cuidado o responsabilidad ajenos. Entre otros, los que
no tienen voz, voto (o ninguno), y las generaciones futuras. Pero no hay que
engañarse: tampoco los reconoce la Ecología Profunda (deep ecology).
Parece desconocer, incluso, la igualdad entre los hombres -igualdad en todos sus
aspectos-.
La
Etica Ambientalista, en cambio, reconoce desde su perspectiva a la Biosfera como
un Bien Instrumental. Desde esta perspectiva de la problemática ambiental
plantea dilemas éticos. Reconoce la necesidad de nuevos equilibrios
interactivos entre sociedad y ambiente, individualizando los comportamientos
sociales e individuales para proteger, tutelar el ambiente, en tanto es un bien
instrumental. De hecho, esto es una incorporación de la dimensión ética del
ambiente. No obstante, no se reconocen en esta perspectiva los derechos de la
Naturaleza sino de que la elaboración de normas, que derivarán en conductas
ambientalmente satisfactorias. Trata las cuestiones ambientales que hoy influyen
en las condiciones de vida del hombre y quiebran algunas de sus certezas de
comportamiento (Comitato Nazionale per la Bioetica: Op. Cit.). Cuidar los
recursos, pero en función de ser un bien instrumental para la economía. La
ecología tiene un rol central, como ciencia aplicada, que permite la prevención
de consecuencias derivadas de las acciones humanas para con el ambiente. También
en oposición con la anterior, se le asigna a la cuestión ambiental una
prioridad social por sobre las prioridades netamente económicas.
Estos
valores, son similares a los que sostiene Ballesteros. Posicionado en la Ética
Personalista, destaca cómo el derecho a la vida se encuentra actualmente
amenazado por lo que en la Evangelium
Vitae se describe como dos posiciones antagónicas en la relación Ser
Humano-Naturaleza, que puede “reconducirse” al individualismo y al
utilitarismo, que propugnan una libertad sin ley, al estudiar la libertad como
independencia y según la cual “sólo se reconoce como titular de derechos a
quien se presenta con plena o al menos parcial autonomía y sale de situaciones
de total dependencia de los demás”. Como afirma Hans Jonas, “es
que la promesa de la técnica moderna se ha convertido en una amenaza, o la
amenaza a quedado indisolublemente unida a la promesa, trasciende la mera
constatación de la amenaza física, afecta también la propia naturaleza
humana”
No sólo la técnica amenaza al hombre. También se ve amenazado por las
posturas que niegan la legitimidad de cualquier intervención sobre la
naturaleza en nombre de una divinización suya. Ambas posturas coinciden en el
temor, y asumen premisas malthusianas del crecimiento exponencial de la población
y la carencia de alimentos, cuya provisión sólo crece en forma aritmética.
Desde esta ética Ecologista o de los Derechos de la Naturaleza, como se dijo
anteriormente, los comportamientos humanos deben someterse a las leyes de la
Naturaleza. Con las consiguientes consecuencias en las variables sociales,
culturales y económicas del desarrollo humano.
Pero
gran parte de quienes sostienen estas premisas neomalthusianas se incluyen
dentro del liberalismo postindustrial que traslada las industrias a territorios
en los que la sobrepoblación entre otros factores, sumada a la escasez de
recursos, trae como consecuencia mano de obra barata (El modelo Tecnocrático
sostiene que la naturaleza equivale a recursos, cuya disponibilidad es
ilimitada. No prevé la necesidad de poner límites a la disponibilidad en lo
que se refiere a la naturaleza en su conjunto, pues carece de sensibilidad ecológica.
Tiene que ver con las democracias basadas en la defensa de los intereses de los
que pueden expresar sus preferencias, por lo que resulta incompatible con la
defensa del medio ambiente y con la defensa de las generaciones futuras . En
Rascio, Ma. A: Pro nobis: Una Especie amenazada/ora? Ponencia presentada en las
V Jornadas Argentinas de Bioética y V Jornadas Latinoamericanas de Bioética,
Mar del Plata, noviembre de 1999.
Esto
también surgió del análisis de la problemática pesquera en la ciudad de Mar
del Plata, Argentina; lo que
algunos pescadores, sobre todo los costeros, han denunciado: la pesca
trasbordada en las 200 millas, la pesca ilegal en mar argentino con regímenes
de semiesclavitud (barcos de bandera asiática), industrias pesqueras (puestos
de trabajo en tierra) esperando los porcentajes firmados por los estados: son
empresas que sin sintieron que en sus países no podían seguir explotando los
recursos, por la depleción producida por ellas, por las vedas y además por las
presiones de la comunidad, fundamentalmente encausada por las ONGs.). Se impone
la adopción de una conciencia del Para Qué:
del límite a la disponibilidad de los bienes naturales. Esto debe servir
para defender los derechos de los carentes de voluntad y de las futuras
generaciones, para lo cual se requiere superar una etapa caracterizada por el
voluntarismo respecto del medio ambiente. Por supuesto, sin llegar a los
extremos planteados por los seguidores del modelo Ecologista y sus sucesores de
la Deep Ecology, en donde primarían los derechos de la especie sobre los
individuos (En base a Ballesteros, 1996, en Rascio, Ma., ibídem).
Jonas
coincide con Ballesteros cuando argumenta que la nueva realidad comporta un
nuevo imperativo ético, fundamentalmente ontológico, que puede tener -para
Jonas- diferentes formulaciones:
“Obra
de manera tal que no pongas en peligro las condiciones de la continuidad
indefinida de la humanidad en la tierra”
“Incluye
en tu elección actual, como objeto también de tu querer, la futura integridad
del hombre”
“Obra
de tal manera que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia
de la vida humana en la tierra”.
Desarrolla,
como ya se dijo, la heurística del temor, por la cual sólo la consideración
de una posible desfiguración del hombre nos permitirá alcanzar aquel concepto
de hombre que ha de ser preservado de tales peligros: “puesto que lo que aquí está implicado es no sólo la suerte del
hombre, sino el concepto que de el poseemos, no sólo su supervivencia física
sino también la integridad de su esencia, la ética, habrá de ser
trascendiendo la ética de la prudencia, una ética del respeto” (Jonas, H., op.cit.).
Coincide con Ballesteros, cuando se refiere a la dinámica tecnológica de
progreso -la que alberga en cuanto tal una utopía-
a la cual el principio de responsabilidad contrapone, preservar la
permanente ambigüedad de la libertad del hombre, preservar la integridad de su
mundo y de su esencia frente a los abusos de su poder.
La
responsabilidad frente a la nueva realidad del conocimiento científico y técnico
adquiere una nueva dimensión “la
tremenda vulnerabilidad de la naturaleza sometida a la intervención de la técnica
del hombre”. La naturaleza, en cuanto responsabilidad humana es para Jonas
un novum sobre el cual la teoría ética tiene que reflexionar. El
nuevo problema ético es el que se genera una vez aplicado el saber previo:
reconocer la ignorancia marca la otra parte del deber de saber: el deber del no
saber pasa a ser parte de esta dimensión ética. “Obra de tal modo que los
efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica
en la Tierra” (Ibídem).
Va
de suyo que se requiere por lo tanto una política Ambiental Global Coherente
con el principio de Responsabilidad, debido a que esto podría generar un
aumento en la polarización de la sociedad global, aumentando los abismos
existentes entre los países desarrollados y los otros. Es por eso que existe la
obligación de cooperación internacional para afrontar los riesgos ambientales
(el ambiente no reconoce fronteras). Busca la realización de una Ética Pública
de inspiración Weberiana: Ética de la Responsabilidad, a la que adhiere Jonas,
y una Ética Personalista. Esta Ética se apoya en el principio de
subsidiariedad. Si bien estas éticas surgen también del miedo y de la
incertidumbre, son las que derivan, en parte,
en el concepto de Desarrollo Sustentable. El concepto de Desarrollo
Sustentable reconoce que el hombre no puede librarse de su naturaleza, que le
confiere cierta dependencia con el ecosistema que condiciona y es condicionado
por él.
El
reto de la bioética es quizás humanizar al hombre, y adelantarse a los
acontecimientos. Trazar puentes entre el hombre y su sociedad,
para que realmente la libertad pueda surgir a partir de la
interdependencia y la solidaridad entre los individuos que la componen.
Transcendiendo, y no como una “abstracta y vacía
independencia”. El fundamento de la dignidad humana es el ser. La
dignidad humana va unida a su capacidad de relativizarse, de vencer la tentación
de verse como el centro del mundo y
verse desde fuera, entenderse como excéntrico, ver
a los otros como seres dotados de la misma dignidad”… La capacidad de
relativización de sus deseos e intereses le convierten en un fin en si mismo,
deja de ser un puro ser natural y se convierte en ser moral” (Ballesteros, Jesús:
Dignidad Humana y Bioética).
La
Responsabilidad sobre el ambiente se debe admitir como deber generacional . Pero
que contribuye en el ámbito
internacional, junto con la solución de otros problemas (solidaridad, justicia
y subsidiariedad), al futuro de la especie humana, tal cual la concebimos hoy.
“La justificación de una ética tal que ya no permanezca circunscripta
al ámbito inmediato e interpersonal de nuestros contemporáneos habrá de
prolongarse hasta la metafísica, por que sólo desde la metafísica cabe la
pregunta de por qué debe en general haber hombres en el mundo y de por qué es
válido el imperativo de garantizar su existencia futura” Jonas, Hans
Debemos tener en claro el por qué y el para qué de las acciones. Es en la praxis donde descubrimos el substrato ético que nos orienta.