FORO DE DISCUSIÓN

SOBRE LA PROBLEMÁTICA DEL TRASPLANTE EN LA ARGENTINA

 

escribe Elian Pregno

 

    El pasado viernes 11 de abril, en el “Paseo La Plaza” de la Ciudad de Buenos Aires, tuvo lugar un evento convocado por la Sociedad Argentina de Trasplantes (SAT).  La comisión directiva de dicha entidad científica vio la necesidad de citar a sus socios para discutir cuestiones vinculadas a la temática trasplantológica en un marco plural y democrático.  Para ello, invitó a un foro abierto.  Allí se debatieron algunos de los puntos que mayores interrogantes plantean en la actualidad, para quienes cotidianamente trabajan en la ablación e implante de órganos. 

    La jornada fue inaugurada por las palabras de bienvenida y presentación de la metodología a seguir durante todo el encuentro, pronunciadas por el presidente de la institución, el Dr. Jorge H. Milone. 

    Seguidamente se dio paso al primer bloque temático, de los cuatro que estaban programados, relacionado con el marco normativo vigente y eventuales proyectos de reforma a la actual ley de trasplantes.  La exposición central estuvo a cargo del Dr. Ricardo D. Rabinovich-Berkman. También participó la Dra. Mariela Salome Bacile, en su carácter de miembro titular y secretaria de actas del Comité de Bioética de la Sociedad. La coordinación de la mesa fue asumida por el Dr. Roberto F. Tanus.

    En un segundo momento, el Dr. Ricardo Schiavelli ilustró a los presentes sobre políticas de procuración y distribución de órganos.  El coordinador fue el Dr. Javier Lendoire.

    De inmediato, se abordó el problema del financiamiento y los posibles fundamentos de una política de desarrollo que resulte sostenible y, a la vez, asegure la cobertura integral del derecho a la salud.  El expositor invitado fue el Dr. Héctor Ángel Calvo y la coordinación recayó sobre el Dr. Milone.

    Finalmente, el Dr. Francisco Leone esbozó una opción para la organización política-sanitaria del trasplante en la Argentina.  Coordinó el Dr. Jorge Argento.

    En cada capítulo, luego de las debidas exposiciones, se abrió el diálogo entre los invitados y el auditorio, obteniéndose como saldo del intercambio un listado de interesantes propuestas, jugosas opiniones y atinados comentarios en el orden de modificar o no la ley 24.193; mantener el consentimiento informado como principio rector de la relación médico-paciente; implementar el consentimiento presunto; revisar los mecanismos previstos para declarar la  voluntad de donar, especialmente revocando la obligación de recabar el consentimiento por parte de los funcionarios públicos; el uso del procedimiento judicial especial del artículo 56 del la ley; instrumentar verdaderas campañas de educación e información; introducir la temática en todos los niveles de la educación general básica, y principalmente en las facultades de medicina y carreras afines y/o vinculadas a los trasplantes; articular el trabajo de quienes procuran y el de quienes trasplantan; profundizar en relaciones con la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (SATI), en virtud de la fuerte vinculación que une a la SAT y a la SATI en lo que hace a la certificación, bajo criterios neurológicos, de la muerte; avanzar en la creación de la figura del coordinador hospitalario; crear un fondo nacional para trasplantes que cubra la práctica en su totalidad, vale decir de la procuración hasta el tratamiento inmunodepresor post-trasplantológico; entre otras notables intervenciones.    

    Por la tarde, se leyeron las conclusiones del debate en vistas a lograr consensos parciales para llevarlos eventualmente a la mesa del diálogo social, tal como lo aconsejaron en su oportunidad representantes de las Naciones Unidas al ser consultados por la SAT.  En algunos puntos, el acuerdo fue unánime. En otros, se libraron nutridas discusiones; principalmente en materia de financiamiento, donde se tuvo especialmente en cuenta la particular situación actual del país, signada por la asignación de recursos en el marco de la emergencia sanitaria.  Así es que quedó esbozado, de alguna manera, el camino a transitar en aras de unificar el discurso y la posición oficial de la SAT. 

    Lo que quedó claro es que la vía utilizada resultó idónea: no hay alternativa válida fuera de la legítima discusión en la comunidad trasplantológica.

 

    De más está decir la importancia que este evento tuvo para la vida institucional de la SAT; de hecho fue la primera vez en su historia, que sus miembros se reunieron para discutir y comenzar a fijar posturas, como sociedad científica que es, acerca de qué y cómo plasmar en la realidad aquello que estiman como más conveniente para la práctica que les compete.  El desafío está planteado, se ha comenzado a recorrer un camino de consensos y descensos que, de llegar a acuerdos generales, redundarán en beneficio de la comunidad toda.