PAZ

Una palabra tan corta y tan contundente, palabra que en cualquier idioma que se la pronuncie, suena como algo difícil de alcanzar.

A través de los siglos, los seres humanos nos hemos visto envueltos en guerras difíciles de olvidar, sin embargo, nada aprendimos de ellas, una y otra vez, volvemos a cometer los mismos errores, no importa que es lo que nos lleva a suprimir al otro, un problema de fronteras, una discusión ideológica, un tema religioso o simplemente los mercaderes de la muerte que existieron, existen y existirán, siempre y cuando, nosotros, los  habitantes de éste, nuestro mundo, dejemos de lado la soberbia, la vanidad, el egoísmo, el individualismo generalizado, la ambición de poder y la creencia de que cada uno de nosotros tenemos la verdad.

Como me dijo un día mi querido hijo, Sergio Schiavini,:(Mamá, el día que desaparezcan las fronteras que el hombre puso sobre la tierra, el día que las creencias religiosas sirvan para unirnos y no para matarnos, el día que las ideas políticas ayuden a todos , sin distinción de raza, religión, nivel social o color de piel, el día que se vengan abajo, todos los acuerdos que se hacen a espaldas de los ciudadanos, ese día, todos seremos solamente seres humanos dispuestos a vivir nuestras vidas aprendiendo de los animales.)

Hoy al recordar estas palabras, no puedo menos que pensar que Sergio era un ser privilegiado, él había entendido para que estamos en esta vida, y a pesar de que todo parece tan oscuro y negativo, somos muchos los que luchamos por un mundo mejor, pasarán años quizás, pero un día llegará esa paz tan soñada y tan querida, tal vez les pase a otros y no a nosotros, pero creo que no debemos desfallecer y recordar que grandes hombres lograron la paz para sus pueblos, con una resistencia pacífica y quedarán en la historia de la humanidad, como lo que fueron, HOMBRES DE PAZ.

El hombre es el único que puede exterminar a todas las especies del planeta, incluso la suya propia, es hora de que los poderosos y los no tan poderosos, comprendan que este suelo que habitamos, es de todos y no de algunos  como ellos creen.

Les voy a dejar una poesía de mi hijo que es un canto a la vida y a la paz, pero también una canción de muerte y una advertencia a la estupidez humana.

¡NO A LA GUERRA!

 

MARÍA TERESA SCHNACK DE SCHIAVINI

ARGENTINA

 

La poesía se llama Un fosfato Azul, este es un elemento químico que contienen nuestros huesos, los de todos los seres humanos, y fue escrita después de la guerra de las Malvinas.

 

UN FOSFATO AZUL

 

April is the cruelest month

(T.S.Elliot)

Oh, to be in England now that April´s there

(Robert Browning)

 

En algún lugar del mundo

llueve mansamente, y detrás de algunos árboles está

brillando el musgo escondido de los bosques

 

Algunos hombres han surgido de la noche

arrastrando consigo dos odios

de olvido desesperado.

De improviso, en lejanos puertos, otros hombres

surgen de los muelles de la ira y a través de la civilizada

niebla de los siglos..

 

(algo se ha movido en el corazón de los pájaros

y por un instante

la naturaleza se detiene)

 

Aceitan sus fusiles los hombres y cantan,

enarbolando la muerte desde proa y hacia popa

por un ansia de mortífera llegada

 

Heridos por primera vez en la trinchera

bajo la mano del sol ungida de escarcha

ellos también cantan.

Son héroes ya rodeados

por cuatro horizontes desconocidos

y en sus provincias, las abuelas tejen lejanas bufandas

que no llegarán.

Se han buscado y se han hallado.

 

Soldado inglés:

                                                 “En Southampton”

quedó mi hija en los brazos de mi esposa.

Esta noche me es desconocida, este lugar

es muy difícil

                   y tú

esperas que yo avance para disparar.

Yo voy a matarte,

aunque me lleve el sabor de tu miedo

en la eternidad de mis sueños, te seguiré matando

                                  y jamás volveré a este                   lugar.”

 

 

 

Soldado argentino

                                                         “Allá en Témperley

las flores alteran las estrellas y las noches, allá

quedaron mis padres y mi novia.

Esta noche es fría y cerrada, este lugar

es el que yo ocupo y voy a disparar

cuando avances hacia mí.

Yo voy a matarte

aunque el fusil me lastime el hombro

y tu sangre bañe el horror de mis labios.”

 

Aceros de carnívora satisfacción

lo han destrozado todo y han llegado al centro

profundo y brillante de los huesos blandos

hundidos ya para siempre bajo las aguas ciegas

de atroces geografías con dolor.

 

(se han buscado

y se han hallado)

 

Rueda una botella de whisky vacía

en una calle solitaria y al amanecer.

 

Cientos de fusiles negros, quietos y apilados

impiden el paso a una niña que sostiene una muñeca.

 

Lejos

los barcos

se van.

 

Los hombres que han ganado y los que han perdido

miran el mar.

 

En varias ciudades ya hay mujeres

que entran en las florerías

porque están ansiosas

de gladiolos y regresos

instalados en los muelles de la angustia.

 

(ellos ahora habitan

el exacto límite

de un cementerio militar)

 

La temperatura del sol eleva

el rumor

de corazones bajo tierra.

 

 

Todos ellos ahora son hombres de turba

todavía sangrando, se tocan

en un reencuentro tumultuoso y despiadado

a través de las mareas turbias del ocaso,

retroceden

confundidos en espuma de fangos y metralla,

viven

el inicio del olvido

a mediados de Junio perverso, se buscan

a lo largo de la costa disputada

y siempre, con la llegada de las gaviotas

vuelven

esparcidos y espumosos

hacia lo profundo de un festejo

inhumano y lleno de viento.

 

Los héroes abandonados

en la entraña de la naturaleza

presienten

un movimiento inexplicable, una armonía

de interrumpida eternidad que gira.

Ellos ahora sufren un amor de pesadilla

entre las raíces que les beben la sangre

ya transformada

en un mismo, triste y heroico

fosfato azul.

 

Terminó la guerra,

miles de hombres han desaparecido.

 

(en algún lugar del mundo

llueve mansamente, y detrás de algunos árboles está

brillando el musgo escondido de los bosques)

 

SERGIO ANDRÉS SCHIAVINI.


Sergio Andrés Schiavini fue muerto por policías de la Provincia de Buenos Aires,

cuando era rehén de cuatro delincuentes que asaltaron la confitería "Dalí"

de Lomas de Zamora, a la vuelta de su casa, en mayo de 1991.