Patitó, José A. - Losetti, Oscar A. - Trezza, Fernando C.
        Guzmán, Celminia - Stingo, Néstor R.

TRATADO DE MEDICINA LEGAL

y Elementos de Patología Forense

Buenos Aires, Quorum, 2003, 1067 p

 

Aparecido ahora, en el mes de mayo, es éste un libro verdaderamente monumental, obra de los distinguidos especialistas que se mencionan arriba, con la colaboración de otros prestigiosos autores, cuya participación para cada tema específico se indica en los capítulos respectivos.

Suele decirse que la cantidad nada tiene que ver con la calidad. Esa, sin embargo, es una afirmación muy relativa. Es muy difícil que una obra de fondo sea muy buena si es pequeña. Puede suceder, es cierto. Y cuando lo hace, a todos asombra y admira. Pero no es lo normal. Generalmente, un trabajo científico profundo y concienzudo, requiere de un mínimo de volumen, de un espacio, sin el cual se ahoga y agoniza, como esos cadáveres que las elocuentes fotografías de este libro muestran. Aquello de que lo bueno, si breve, es dos veces bueno (escrito sin dudas por alguien con una pobre vida amorosa), es verdad sólo en pocas oportunidades.

Por cierto, el tratado dirigido por el Dr. Patitó es cualquier cosa menos breve. Por el contrario, es contundente, amplio. Y esa dimensión es el resultado de su completitud, que es una de las características más descollantes de la obra. Sus autores no han querido dejar ningún tema afuera. En este, como en otros aspectos, superan ampliamente a la mayoría de la bibliografía existente, tanto dentro como fuera de la República Argentina.

Con acierto plantean los autores que ya es un hecho incuestionable el despegue de la Medicina Forense de los claustros del Derecho Penal, o más específicamente de la criminalística, a los que en un lejano principio parecía recluida, y su desborde feliz hacia todas las ramas de la actividad jurídica. Fundamentalmente, al Derecho Civil, es cierto, donde hoy el perito forense es un auxiliar insoslayable, para determinar la capacidad de los sujetos, para informar sobre las posibilidades de filiación o "abuelidad", para explicar la mecánica de la producción de lesiones accidentológicas, etc., etc., etc. Pero también en el Derecho Laboral, y hasta en el Comercial (por ejemplo, evaluando las características nocivas de un producto ofrecido al público).

En realidad, hasta podemos hoy llegar mucho más lejos. Porque, por ejemplo, fueron médicos forenses los que determinaron, por medio de estudios genéticos efectuados sobre las respectivas momias, en qué medida se cumplieron las transmisiones paterno-filiales del poder en la antigua monarquía de los faraones egipcios. Y hace poco hemos escuchado en un congreso que estudios sobre el supuesto cadáver de la famosa Camila O’Gorman (especialmente en atención al estado de sus piezas dentarias) permiten suponer que la mujer fusilada en Santos Lugares por orden de Rosas no era ella, y tal vez las patéticas e insistentes protestas de inocencia de la pareja ejecutada, que hasta el último momento juró y rejuró que no eran ellos Camila y Ladislao, eran tan reiteradas y vehementes porque eran sinceras, y quizás los verdaderos prófugos alcanzaron a llegar al ansiado Brasil, y allí, vaya Dios a saber dónde y cómo, se perdió la estela de sus complicadas vidas.

Y todo eso, gracias a la Medicina Forense. Como tantas otras novedades y propuestas, que hoy se nos presentan. Con cuánta exactitud explican los autores de esta obra los diferentes grados de disminución de las aptitudes mentales, y cómo sucede que la enorme mayoría de tales cuadros permiten a sus portadores una adecuada, aunque parcial, inserción en la vida comunitaria, trabajando, y desempeñándose en muchos órdenes de la coexistencia civil. Y entonces viene de nuevo a la mano la antorcha de un combate añejo: la lucha por la reforma integral de nuestro pésimo sistema de interdicción por demencia, un sistema que no cura a nadie, que ayuda muy poco, y que anula existencias potencialmente ricas, y encasilla personas, sacándolas del medio social. La batalla por el quiebre de la abstrusa y anticientífica bipolaridad capaz-incapaz, sano-demente, y su reemplazo por un mecanismo personalizado de interdicciones parciales protectoras, resultantes del estudio pericial de cada sujeto.

Bien aduce el equipo del Dr. Patitó que, para ese tipo de casos, debe emplearse en Argentina la solución del art. 152 bis del Código Civil, es decir la inhabilitación, introducida por la Ley 17.711. Pero no podemos dejar de reconocer que la referida institución, nacida de la mejor voluntad de salir al frente de la bipolaridad en materia de capacidad, fue sólo un parche. Valiente, pero transitorio, pobre, y generador de un sinnúmero de debates doctrinarios (incluido el más importante, acerca de si los inhabilitados son o no incapaces).

Un último comentario me cabe deslizar sobre las características de este libro notable, y es atinente a un aspecto que llena de satisfacción. Me refiero a la presencia de la Bioética en la obra, no solamente porque se le ha dedicado un capítulo en forma específica, sino además porque se notan enfoques bioéticos a lo largo del libro, en relación con los más diversos aspectos de la Medicina Forense.

Si uno vierte sólo elogios, acaba pareciendo como que está mintiendo, o siendo complaciente, para quedar bien con los autores. Por eso, y para demostrar fehacientemente que cada loa que he cantado es absoluta y genuinamente real, deslizaré una pequeña crítica. Modesta y respetuosamente, disiento con la metodología empleada en materia de bibliografía. Me permito creer que hubiera sido preferible hacer citas puntuales en vez o además de colocar listas bibliográficas al final de los capítulos. Es, sin embargo, un aspecto menor, dentro de este libro excelente.

En la Baja Edad Media, allá por el siglo XIII, se fue pasando en las flamantes universidades europeas de la mera anotación de glosas sobre los manuscritos anteriores, o la redacción de breves comentarios aún sujetos a aquéllos, a la confección de esas obras contundentes, con vocación de completitud, que empezaron a ser llamadas “tratados”, porque realmente se encaraban con un tema en particular, y lo analizaban por todos sus flancos, sin piedad, sin tregua, desmenuzándolo. Hoy, a varios siglos de aquellos días, siguen apareciendo muchas obras que ostentan ese título solemne. Muchas de ellas, del título no pasan, y pronto se observa al leerlas cuánta verdad hay en la advertencia shakespeariana de que los importante de la rosa no es su nombre, sino su olor.

    Éste, es en cambio un caso en que la rosa se llama rosa y huele a rosa. R.D.R.-B. 

 

 

Autobiografía

de Mahatma Gandhi

 

LA HISTORIA DE MIS EXPERIMENTOS

CON LA VERDAD

 

Buenos Aires, CS Ediciones, 1991

 

 

 

“Simplemente quiero relatar la historia de mis numerosos experimentos con la verdad, y como mi vida consiste en esas experiencias únicamente, resulta que tal narración tomará la forma de una autobiografía”... (pág. 14). Son estos experimentos en el campo espiritual, de los que Mohandas Karamchand Gandhi, asegura haber obtenido la fuerza para su actuación en otras esferas: con el objetivo de alcanzar el perfeccionamiento de sí mismo, para mirar a Dios cara a cara, para alcanzar el moksha (libertad del nacimiento y de la muerte, la salvación).

Es por tanto, la verdad, el principio soberano que incluye a numerosos votos, como promesa en espíritu de humildad: no-violencia, no-robar, celibato, no-posesión, trabajo corporal, control del paladar, intrepidez, igual respeto para todas las religiones, swadeshi (el uso de las manufacturas caseras) y libertad de los intocables. Pero verdad no implica para el líder solamente veracidad de palabra, sino también de pensamiento, y no solo la verdad relativa a nuestra concepción, sino la Verdad Absoluta, el Principio Eterno, es decir, Dios. Está entonces describiendo sus experimentos realizados en la ciencia a la que llamó Satyagraha (conjunción de las palabras sánscritas sat -verdad- y agraha -firmeza-) o “resistencia pasiva”, utilizada en su lucha.

                Nos cuenta, que en nuestro camino hacia la verdad, progresivamente va desapareciendo el egoísmo, el odio, la cólera; porque de otro modo sería imposible alcanzarla. Un hombre que esté dominado por las pasiones, puede tener suficientes buenas intenciones, e incluso ser sincero en sus palabras, pero nunca alcanzará la verdad; concluye: una búsqueda triunfal de la verdad, implica una completa liberación de todo dualismo (ya sea odio y amor o felicidad y miseria).

                Habiendo comprobado que la vida persiste en medio de la destrucción, propone la búsqueda de una ley superior a la de la destrucción, que le permita a la sociedad ser inteligible y tener una vida digna de vivirse. Ésa es la ley de la vida, y debemos ponerla en práctica en nuestra vida diaria. Dondequiera que haya guerra, dondequiera que nos enfrentemos a un oponente, debemos conquistarlo por el amor. Pero se necesita un metódico y tenaz entrenamiento para alcanzar el estado mental de la no-violencia, una vida disciplinada. Para lograrlo, el estado perfecto se alcanza únicamente cuando la mente, el cuerpo y la palabra se encuentran en la armonía adecuada.

                Nunca toleró la tiranía ni los errores de los funcionarios, luchó por el respeto de la opinión popular, y no resultó indiferente al maltrato de una sola alma: “otorguen seguridades precisas sobre la situación de los musulmanes (...) Como hindú, no puedo permanecer indiferente a su causa. Sus dolores deben ser los nuestros” (pág. 422)

Enseñó a la población que es ella la que posee el poder y no el Gobierno: “el Gobierno debe ser un Gobierno para el pueblo, y debe tolerar una desobediencia ordenada y respetuosa cuando existe la injusticia” (pág. 422). Él mismo sentenció que suspender sus actividades en ese sentido, sería suspender su vida. A ésta, la consagro a la popularización de la aplicación de la fuerza del espíritu, la que no es más que otro nombre de la fuerza del amor. Luis Ignacio Galli