UNA APROXIMACIÓN

AL ROL DE LA MUJER

A MEDIADOS DEL SIGLO XVI ESPAÑOL

A TRAVÉS DE LAS

EPÍSTOLAS FAMILIARES

DE FRAY ANTONIO DE GUEVARA

 

por Claudia Gabriela Somovilla.

 

 

 

 

Breve referencia biliográfica

 

Antonio de Guevara nació en Treceño, en fecha que varía según las fuentes entre 1475 y 1481, y falleció siendo Obispo de Mondoñedo en 1545. A los doce años entró en la Corte de los Reyes Católicos. En 1504, ingresó en el Convento franciscano de Valladolid. Fue Inquisidor en Toledo y en Valencia y Obispo de Guadi. Acompañó a Carlos V en sus viajes por Italia, también en su campaña a Túnez. Obtuvo los títulos de Predicador y Cronista Oficial.

 

Escribió entre otras obras: De los inventores del arte de marear y de los muchos trabajos que se pasan en las galeras, Marco Aurelio o reloj de príncipes, Década de Césares, Aviso de privados y doctrina de cortesanos, Oratorio de religiosos y ejercicio de virtuosos, y las Epístolas familiares.

 

 

Las Epístolas familiares como forma de literatura didáctica

           

El género epistolar como composición en prosa y forma de literatura didáctica, ya se desarrolló en la antigüedad. Las Epístolas familiares son un conjunto de escritos de Fray Antonio de Guevara, publicados en dos libros. El primero en 1539, y el segundo en 1542. Los estudiosos de la materia, aseveran que el título estuvo inspirado en Cicerón y en Petrarca. Contiene un total de ochenta y cinco cartas, veintidós razonamientos, discursos y sermones, además de cinco piezas que el autor llama “traducciones”.

           

Las Epístolas familiares tratan sobre temas variados: consejos a viudas, frases consoladores, y hasta una censura a una sobrina desesperada por la muerte de su perra. En la obra también se puede encontrar la clásica anécdota de Androcles y el león, la historia de las tres enamoradas antiquísimas: Lauría, Flora y Lidia, entre otras. Contiene sátiras, chistes, anécdotas, transcripciones y comentarios de diverso tenor. Hay un grupo de epístolas de interés político y también histórico, otras hablan de la influencia de los humores en las enfermedades, de los enojos que hacen padecer a los enamorados, del tocado de las damas, y en otras más comenta textos sagrados.

           

Cada epístola esta dirigida a personas de su tiempo, de distinto oficio y ocupación: a Alonso Manrique, Arzobispo de Sevilla; a Don Jerónimo Vique, embajador; a Don Gonzalo Fernández de Córdoba, Gran Capitán; a mosé Puché, entre otros. A través de ellas puede reconstruirse un panorama claro y detallado de la vida social, política, jurídica y religiosa, del reinado de Carlos V de España.

           

Cabe tener presente que el género epistolar en sí, sólo comprende libros de auténtica correspondencia. Y esta aclaración resulta necesaria, ya que si bien Fray Antonio de Guevara comienza afirmando en su prólogo la autenticidad de las misivas, y la real existencia de las personas a quienes van dirigidas; la verdad es que en distintas ocasiones dirige cartas a personas que habían fallecido al tiempo en que fueron escritas. En otras, afirma haber presenciado hechos en los que jamás pudo haberse hallado presente, por haber ocurrido antes de su nacimiento. Fueron escritas pensando fundamentalmente en el contenido y en el público lector, sin tener en cuenta la cronología. 

           

Escribe con desenfado, revelando un espíritu inquieto, de viva imaginación, con ocurrencias de un humor fácil. Y a la vez sabe hacer referencias, alusiones y citas de autores y de obras clásicas griegas y romanas.

           

Con habilidad aplica las enseñanzas morales clásicas –de la educación de príncipes -, a situaciones concretas rodeadas  de circunstancias familiares.

           

La base retórica de su estilo, combina con renovadora originalidad los recursos de la lengua hablada. Fray Antonio de Guevara saber dar la impresión coloquial adecuada en medio de sus artificios, logrando un moralismo laico, que torna convincente sus argumentos.

 

 

El rol de la mujer en las Epístolas familiares

 

            La prudencia en su vida y labor le permitió ver, oír y aprender; y con su inteligencia supo ironizar en sus escritos, dando consejo sabio a sus lectores, afirmando: “...el consejo le aprovechará para lo que ha de hacer, y el aviso para lo que ha de guardar”. Así da consejo a la mujer y previene al hombre en sus Epístolas familiares.

 

            Dice el Obispo de Mondoñedo: “... que las mujeres casadas aprendan y sepan regir muy bien sus casas ... porque tomar mujer ó elegir marido, á cualquiera es cosa fácil; más saber sustentar casa, es muy difícil”. Entiende que una muy alta responsabilidad es la que tiene la mujer respecto de la casa: cuidarla, y cuidarla con eficacia. Cuidar significa poner diligencia, esfuerzo y atención en las decisiones que se toman y en la ejecución de las decisiones. Cuidarla con eficacia es, gobernarla con decisiones que se plasmen en actos que alcancen la virtud de lograr el efecto deseado: la paz de esa casa en la prosperidad, en el progreso material, sí, pero también y fundamentalmente, en la formación como personas y como ciudadanos, y como gobernantes, de quienes integran esa familia.

 

            Agrega Guevara: “...entre los hombres hay mucho que reprender, y entre las mujeres mucho que loar”. La mujer frente al gobierno de la casa deberá desarrollar su facultad, volviéndola habilidad, un verdadero arte, organizando aquello de que dispone, ordenándolo, decidiendo sobre la realidad que vive, haciendo en su hogar a su familia. Deberá gobernar a la familia con prudencia –en la decisión y en el tiempo -, porque, “... lo que erraras aprisa, lloraréis después despacio”

 

La empresa de la casa reposa sobre la prudencia de la mujer. “...saber sustentar casa, es muy difícil” afirma Fray Antonio. Y esta empresa, como toda empresa, presupone organización respecto de las actividades que se desarrollen, de los bienes que se administren, y de las relaciones que se entablen. La prudencia será el secreto de un buen gobierno, y la disciplina su método: “.... el ser bueno o el ser malos no dependen del estado que elegimos, sino de ser nosotros bien o mal disciplinados”.

 

La mujer deberá saber ver e interpretar la realidad, coordinar los distintos factores, asumir riesgos, predecir lo que factiblemente podría llegar a ocurrir, dirigir el proceso, fijar objetivos. La mujer deberá saber hacer su casa. Dice Guevara: “... la honra de una señora no consiste en estar sentada, sino en andar ocupada ... Para ser una mujer buena, gran parte es estar ocupada ... ocupen siempre sus hijas porque.... de los ociosos momentos y de los livianos pensamientos  se vienen a hacer loa malos recaudos .... nos tienta la honra a nos mejorar”.

 

Fray Antonio al tiempo de tratar sobre las características o propiedades que una mujer casada debe tener, anota: “cordura para gobernar la casa .... diligencia para guardar la hacienda ... amiga de buena compañía”. También refiere a las cualidades que un hombre casado debe tener y conservar: “fiel en lo que se le confiare, prudente en lo que aconsejare, cuidadoso en proveer a su casa ... porque en los graves y dudosos casos primero han los hombres de aprovecharse de su cordura, que experimentar su fortuna ... ya que .... es de tan mala condición la fortuna, que cuando halaga, muerde, y cuando se enoja, hiere”.

 

Cuando Guevara se refiere a la familia, entiende a la misma con un criterio amplio, que abarca a los vínculos consanguíneos, y también a los amigos, a los servidores, y demás personas del entorno de la casa. Sostiene en tal sentido: “.. el parentesco congélase en la sangre y la amistad anúdase en el corazón”.

 

De continuo destaca la responsabilidad que pesa sobre la mujer, dado que su conducta marca, señala y guía a su familia. Aconseja de continuo a la mujer en su deber proceder, diciendo:”... que de tal manera ordenéis vuestra vida y gobernéis vuestra casa, que tengan los vuestros que imitar y los extraños que loar”.

 

En el Epistolario encontramos referencia a la relación entre la reputación, la vergüenza y la honra, la apariencia y la verdadera honestidad. Sostiene Guevara: “El homenaje que dio naturaleza a la mujer para guardar la reputación, la castidad, la honra y la hacienda, fue sólo la vergüenza ... porque la hacienda cada día se gana, más la vergüenza nunca en la mujer se cobra ... porque muy gran obligación tiene la mujer a ser virtuosa cuando el marido hace de ella gran confianza .... que en esta tierra más sois conocido por la fama, que no por la persona; por eso trabajad que vuestra vida sea conforme a vuestra fama ... porque al hombre no le pedimos más de que sea bueno, más a la mujer honrada no le basta que lo sea, sino que lo parezca .... justa cosa es que seáis, no lo que sois, sino el que presumís ser”.         

 

A lo largo del Epistolario podemos encontrar soluciones concretas para distintas situaciones familiares. Así leemos sus recomendaciones a los esposos en su trato para con las esposas, para los primeros tiempos de casados: “A los principios de su casamiento debe el sagaz marido halagar, regalar y enamorar a su mujer; porque ... aunque después vengan á reñir y á gruñir, será con enojo nuevo y no por odio antiguo .... de manera que los primeros amores puédense de la persona apartar, más no del corazón olvidar”.

 

Con sabiduría práctica aconseja respecto de la elección del cónyuge: “Es pues lo primero saludable consejo, es á saber, que la mujer elija tal hombre, y el hombre elija tal mujer, que sean ambos iguales de sangre y en estado ... porque si en esto hay disconformidad, el que es menos vivirá descontento, y el que es más estará desesperado”.

 

También da su consejo para los tiempos de pelea en el matrimonio: “Si la mujer quisiera callar cuando el marido comienza a reñir, nunca él tendría mala comida, ni ella tendría peor cena; lo cual no es así por cierto, sino que á la hora que el marido comienza a reñir, comienza ella a gritar ...”. Pone Fray Antonio de Guevara en la mujer la responsabilidad de mantener la paz del hogar.

 

En la casa, el gobierno descansa o se agita en mano de la mujer. Afirma el fraile:  ... hay otras mujeres, muchas y muchas, las cuales de su propio natural son de tan limpia condición y de tan  casta inclinación, que no parece que nacieron en el mundo sino para espejo de toda la república y para gloria de su parentela”.

 

Distingue el Obispo de Mondoñedo las tareas propias del hombre y de la mujer: “ ... porque en las cosas voluntarias puédense los hombres descuidar, más las necesidades de sus cosas no se sufre descuidar ni olvidar. El oficio del marido es ganar la hacienda, y el de la mujer allegarla y guardarla. El oficio ... de la mujer es guardar la casa .... dineros no malgastar .... hablar con pocos ... preciarse de callar .... preciarse de muy honrada .... ser guardadora .... vestirse como debe. El oficio del marido es ser señor de todo, y el de la mujer es dar cuenta de todo. El oficio del marido es despachar todo lo que es de la puerta afuera, y el de la mujer es dar recaudo a todo lo de dentro de la casa ... El oficio del marido es granjear la hacienda, y el de la mujer es gobernar la familia”.

 

 

El Epistolario, su carácter didáctico

 

            Fray Antonio de Guevara supo formar parte de la corte real, viendo y viviendo en ella experiencias que le valieron para su formación y para su vocación educadora: “En la corte no hay más rara de hallar y más cara de comprar que es la verdad... so color de la libertad, vive cada uno á su voluntad”.

 

            Su experiencia la recrea en su obra y en particular en su epistolario sobre la familia, un tema que lo ocupa en cada uno de sus trabajos. Y dice escribir no solo para ser leído, sino especialmente para que sus consejos sean aplicados: “ .... no tomará tanto gusto en leer estos consejos, cuanto provecho le hará el obrarlos”.

 

            Los cuatro tesoros que el hombre debe buscar, encontrar y cuidar, y que le son los más caros no los puede comprar, los debe hacer en su vida cada día: ”Preguntáisme señor,  qué son las cosas que en esta vida no se pueden por ningún precio comprar ni a ninguna cosa viva comparar... digo que son cuatro... la libertad que tenemos, la ciencia que aprendemos, la sanidad que poseemos, y la virtud que nos preciamos.... porque la libertad alegra el corazón, la ciencia enriquece el entendimiento, la sanidad conserva la vida, y la verdad es gloria del ánima”

 

            Pese a su formación y a su condición eclesiástica, Fray Antonio no hace referencia alguna a argumentos teológicos o religiosos o de autoridad, sino que en todo emplea argumentos de conveniencia, en asuntos que son prácticos. Aunque en cada uno de sus razonamientos y en todas sus expresiones, sopla el espíritu de las Sagradas Escrituras.

 

            Citando a Boercio Severino, señala el Obispo de Mondoñedo: “No hay en ésta vida mortal cosa tan perfecta ni persona tan acabada, en la cual no haya que enmendar y se halle que mejorar”. Y leemos en la Biblia: “El principio de la Sabiduría es trabajar por adquirirla; a costa de cuanto posees procura adquirir la prudencia.... mantente firme en la instrucción, nunca te desanimes, guárdala bien, pues ella es tu vida” (Proverbios 4, 7 y 13).  

 

            Afirma Fray Antonio: “ ... jamás el corazón se halla tanto contento, como cuando ha hecho lo que fuera obligado”. Y en el Antiguo Testamento se lee: “El alma bondadosa será saciada .... cada uno recibe la recompensa de sus obras ... la sabiduría del inteligente está en vigilar su conducta .... me puse a reflexionar sobre todo esto y comprendí que los buenos y los sabios con sus acciones están en manos de Dios” (Proverbios 11, 12: 12, 14: 14, 8; y Eclesiastés 9,1).

 

            El Evangelio de San Juan cuenta la Amistad de Dios con la criatura; dice: “Ustedes son mis amigos si cumplen lo que les mando. Ya no les diré servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Les digo: amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre... Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Único, para  que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna”; la influencia del evangelista en el fraile resulta evidente, entre otros párrafos cuando se refiere a la amistad: “El amigo sirve, el señor quiere ser servido; el amigo da .... sufre ... el amigo perdona.....”, todas ellas acciones cumplidas por el Hijo de Dios hecho hombre, que se confiesa Amigo del hombre.

 

               Respecto de la familia de Jesús dice San Marcos: Él les contestó; ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?. Y mirando a los que estaban sentados en torno a Él dijo: Aquí está mi madre y mis hermanos. Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi madre”.  Y dice Fray Antonio: “... porque la crianza .... más honra al que la hace que no al que se nace ...”.

 

            Fray Antonio de Guevara escribe sus epístolas con conocimiento y conciencia de la responsabilidad de sus letras, sabe que a través de su obra es su misma formación, que iniciara en el seno de su familia noble la que se expondrá, son sus consejos y su conducta los que podrán juzgarse por otros. En tal sentido escribió: “... para el hablar no es menester más de viveza, más para el escribir es necesaria mucha  cordura .... porque de una palabra inconsiderada puédome luego retractar, más la firma de mi mano no la puedo negar .... mata la pluma como la lanza... no sólo  habéis de mirar lo que escribís, más aún a quién lo escribís ... porque letras para sentenciar y prudencia para gobernar, dos cosas son las que desean muchos y las alcanzan pocos ... es ley de corte que en lo que escribe se muestra la prudencia, y en la manera de escribir se conoce la crianza.... nunca toméis en la mano la pluma hasta que deis dos o tres vueltas a vuestra memoria, tanteando lo que habéis de decir, y aún como lo habéis de decir”.

 

            Las Epístolas Familiares de Fray Antonio de Guevara son productos de su reflexión en torno a su experiencia de vida, desde el seno de su familia, pasando por su labor en la corte, su vida en la comunidad franciscana, su condición eclesiástica. Sus cartas buscan educar, están escritas pensando en el lector, con sentido didáctico, altruista, sabio, prudente, respetuoso. Es exigente en sus consejos y recomendaciones. Sus soluciones son prácticas y simples, hasta cotidianas. Sencillas son sus letras, grande su espíritu. La reflexión sobre el hacer resulta la clave de un aprendizaje prudente y real. Declara en su obra:

 

            "Yo mismo a mi mismo quiero dar cuenta de mi propia vida....”

 

 

Fuentes

 

            Se trabajó sobre dos obras de Fray Antonio de Guevara, en particular la primera que de ellas se indica:

 

- Epístolas familiares y escogidas. Biblioteca clásica Española, Madrid, Daniel Certeza, 1972.             

En particular las siguientes epístolas:

. Para Don Iñigo de Velazco, en la cual le persuade el autor que en la toma de Fuenterrabía primero se aproveche de su cordura que experimente su fortuna;

. Para Don Iñigo de Velazco, condestable de Castilla, en la cual el autor toca la brevedad que tenían los antiguos en el escribir;

. Para Don Gonzalo Fernández de Córdoba, Gran Capitán, en el cual se toca que el caballero que escapó de la guerra no debe dejar su casa;

. Para Don Enrique Enríquez, en el cual el autor le responde a muchas demandas graciosas;
. Para el Obispo Tuy, nuevo Presidente de Granada, en la cual le dice que es el oficio de los presidentes;

. Para Don Pedro Acuña, conde de Buendía, en la cual se toca en cómo los señores han de gobernar sus estados. Es letra muy notable para los que de nuevo heredan;

. Razonamiento hecho en Villabrájima a los caballeros de la junta; en la cual el autor les requiere con la paz en nombre del rey, y les dice muchas y notables cosas;

. Para mosé Puche, valenciano, en el cual se toca largamente cómo el marido con la mujer y la mujer con el marido se han de haber. Es letra para los recién casados.

. Para el Doctor Micer Sumier, regente de Nápoles, en la cual el autor le responde a ciertas preguntas que le envió;

. Para Garci Sánchez de la Vega, en la cual le escribe el autos una cosa muy notable que le contó un morisco de Granada;

. Para Don Francisco Manrieu, en la cual el autor toca por delicado estilo de cuan peligrosa cosa es osar el hombre casado sus amigos.-

 

- Menosprecio de corte y alabanza de aldea. México, Espasa – Calpe, 2da. Edición, 1947.