¿EMBARAZOS INCOMPATIBLES CON LA VIDA?

 

            "Embarazos incompatibles con la vida". Decidí comenzar con esta frase ya que fue la se utilizó para denominar a la mesa debate que tuvo lugar el pasado 27 de agosto en la Asociación de Abogados de Buenos Aires. Los panelistas fueron Juliana Marino (Diputada), Eduardo Peduto (sociólogo, Diputado), Perla Prigoshin (abogada) y Eugenia Trumper (médica). Desde su óptica, cada uno abordó la importancia de la ley 1044 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que regula el procedimiento a seguir ante situaciones de Embarazos con "patologías incompatibles con la vida".

            Antes de comentar las intervenciones de cada uno de los participantes, quisiera detenerme en algo que el perspicaz lector debe haber observado al inicio: la contradicción de la frase “embarazos incompatibles con la vida”. Etimológicamente, el verbo embarazar se compone de dos palabras: del árabe baraza, oponerse, cortar el paso, y del prefijo en-, del latín in-, que denota, entre otras acepciones, “dentro de” o “sobre”. Por lo tanto, podría decirse que, en el significado etimológico, embarazo es la interrupción del paso de algún objeto dentro de o sobre otro cuerpo. Para ser más específicos, la interrupción del descenso del gameto femenino que se provoca al ser fecundado por el gameto masculino dentro del aparato reproductor de la mujer y que, una vez producida la singamia (“momento en que se configura el intercambio de información cromosómica que determina la aparición de un nuevo código genético único, característico de la especie humana, y diferente del de cualquier individuo de la misma especie”, dice Rabinovich-Berkman en Derecho Civil. Parte general, p 227), comienza la vida de un nuevo ser. Entonces, si en la esencia misma del embarazo está dar vida a un individuo único y diferente de cualquier otro de la especie, no logro entender cómo es posible que exista un embarazo incompatible con la vida. Esta contradicción no sólo es a nivel semántico, sino que también se produce a nivel científico, ya que por definición embarazo es el estado en que se encuentra la hembra gestante. A más, si un embarazo es incompatible con la vida, bajo esta lógica, llegaríamos al absurdo de decir que existe un ser viviente que carece de la facultad de compatibilizar con la vida misma.

            Asimismo, creo también ver la contradicción en el título de la ley, porque si con patologías se refieren a enfermedades, pues bien, ninguna enfermedad es incompatible con la vida, sino que, por el contrario, lo uno implica a lo otro. Es decir que sólo si uno está con vida, luego, puede adquirir alguna enfermedad. Por consiguiente, jamás una patología podría ser incompatible con la vida.

            Ahora bien, no sólo aquí percibimos el problema, sino que a través de frases vertidas a la audiencia por la diputada Juliana Marino y por la abogada Perla Prigoshin, la cuestión se hace aún más grave: tanto la una como la otra aclararon que lo que había dentro la madre era un sujeto con vida propia.

            Para concluir con este punto, debo decir que la utilización de la frase genera en mí la creencia de que tuvo por objeto agravar aún más la situación, tanto en la opinión pública como en el propio recinto de la Legislatura, de un problema que ya de por sí es de importante gravedad y que requiere para su tratamiento la seriedad más absoluta.

            La primera en dirigirse al público fue la Dra. Perla Prigoshin, que comenzó con el relato del caso de Silvia Tanus. Para aquellos que no lo recuerden, a ella los médicos le habían informado, en la decimosexta semana de embarazo, que el feto sufría de anencefalia. Finalmente, la justicia resolvió, luego de la presentación de un amparo, que los médicos procedieran a la realización del aborto, en tanto que el no hacerlo, infringiría el derecho a la salud de la madre. Todo esto se produjo luego de un largo proceso que sin duda fue terrorífico y doloroso para Silvia Tanus, que sabía que el hijo que cuidaba en el vientre moriría tiempo después de nacer.

            Luego, fue el turno del diputado Eduardo Peduto, autor de la ley, que, en especial, se dedicó a hablar sobre temas relacionados a la creación de ella. Entre otras cosas, mencionó la necesidad que tenía de llevar adelante este proceso, de su deber para con las mujeres que lo hizo luchar junto a ellas, las discusiones parlamentarias previas a la sanción del proyecto, y también explicó el por qué de algunos artículos. Al referirse al art. 8º que trata sobre la objeción de conciencia, llamó la atención que dijera que de haber sido por él, no hubiera formado parte de la norma, y que sólo lo incluyó para facilitar la viabilidad del proyecto.

            A continuación, le siguió la Dra. Trumper (médica obstetra), que trató la problemática de los galenos en hacer efectiva la ley. Fue entonces que se desarrolló un interesante debate entre los panelistas, ya que luego de que la Dra. Trumper sostuviera que los médicos eran timoratos en aplicar la ley debido al miedo al juicio por mala praxis, el resto de los disertantes no tardó en arremeter, y se pudieron oír proverbios tales como “¡despídanlos!” o “¡estamos cansados de hacerles entender que existen leyes y deben cumplirlas!

            Pudo la Dra. Trumper resistir tales embates, y fue entonces que mencionó otra realidad: “los médicos de hospitales no tienen asesoramiento legal”. Recalcó que este distanciamiento entre médicos y letrados trae como consecuencia que se desconozcan las leyes que permiten realizar determinados tratamientos y que esa es la principal causa del miedo de los médicos de actuar, por ejemplo, en casos de anencefalia, sin autorización judicial.

            Por último, tuvo la palabra la diputada Juliana Marino que, mayormente, habló sobre el derecho de la mujer a elegir y de la importancia de conversar en pareja los dilemas éticos-morales de la formación de una familia.

            Terminadas las exposiciones, el público realizó preguntas referentes a los temas tratados y también se tocaron diversos puntos de la ley. Respecto al aborto, se ofrecieron respuestas que no compartí, como por ejemplo una de la Dra. Trumper, que resume cómo pensaban la mayoría de los que estaban en el lugar, pues quiso concluir la reunión diciendo que todas las personas por nacer tenían el derecho subjetivo –aquí debo interrumpir el relato, ya que varios de los presentes, tanto público como panelistas, pusieron el grito en el cielo al escuchar tales palabras-, lo que sigue es lo más sorprendente a la vez que atemorizante, de ser concebidos bajo un marco de felicidad, de ser concebidos porque así lo quisieron los padres –una nueva interrupción: los corazones de los que se habían aterrado al oír las palabras “derechos subjetivos de las personas por nacer”, ahora latían con normalidad-. Para la Dra. Trumper, sólo merecen vivir aquellos nascituri que fueron fruto del amor y del deseo de dos personas. En otras palabras, para varios de los que asistieron a la mesa debate, un porcentaje de la población no mereció haber nacido...

            Creo que la ley, en conjunto y por como está redactada, tiene cierto tufillo, y esto cuesta decirlo, nazista. Porque más allá de que abarque una situación específica de un determinado sector de la población, lo que hace es clasificar y determinar qué feto es inviable y cuál no lo es. No sólo eso, sino que, además, aquél que resulte enmarcarse dentro de los requisitos que enumera la ley, es susceptible de ser eliminado. Porque recordemos que lo que se encuentra dentro del vientre materno es una persona por nacer, enferma, pero con vida.

            Soy consciente de lo arduo del tema, de que por ahora no hay respuestas certeras y que la realidad de miles de mujeres en la Argentina, como en el resto de América Latina y por qué no del mundo entero, es sumamente complicada.

            No obstante, no creo que esta ley ofrezca una solución respetuosa de la vida.

           A quienes quieran ver otra cara muy diferente de la anencefalia, los invito a la página de Internet  www.anencephaly.net/mary.es.html , donde los esposos Karg, de Georgia, Estados Unidos de Norteamérica, cuentan su propia historia. Realmente, vale la pena.

            “El sol cada día es nuevo” dijo Heráclito. Espero que el futuro trabajo científico traiga mejores respuestas a los graves problemas que nos aquejan, o al menos que traigan nuevas respuestas, para así debatir, confrontar y continuar con el desarrollo de la investigación científica.

Federico Piedras