INAUGURACIÓN DE LA "PLAZA DE LOS ÁNGELES"

EN RÍO GALLEGOS

 

El siguiente es el texto completo del discurso pronunciado por Juan Carlos (Lito) Maldonado, el 12 de septiembre del 2003, a las 19.30, en oportunidad de inaugurarse formalmente la "Plaza de los Ángeles", obra patrocinada, propuesta y diseñada por el Grupo Renacer, en el terreno frente a la entrada del Cementerio de Río Gallegos, capital de la provincia patagónica de Santa Cruz. Las fotografías muestran el momento en que se cortan las cintas simbólicas, y la terminación del acto. Difícilmente puedan transmitir el frío que esa noche hacía, allí tan cerca de la Antártida, ni el calor que anidaba en los corazones, allí tan cerca de Dios.

 

                Hoy es un  día muy especial para los integrantes del grupo Renacer de Río Gallegos y también para todos los padres de nuestra comunidad que perdieron uno o más hijos en diferentes circunstancias. Digo un  día muy especial porque hoy se concreta un proyecto, un sueño largamente acariciado que comenzó a esbozarse hace algunos años.

                Renacer es un grupo de ayuda mutua para padres que perdieron hijos.

               El primer grupo fue fundado por el matrimonio Berti, en Río Cuarto, Córdoba, el 5 de diciembre de 1988. Posteriormente, debido a los buenos resultados logrados, comenzaron a formarse grupos en todas las localidades de nuestro país. Actualmente se ha extendido a los países limítrofes y también a España , México, Australia y Panamá.

                En nuestra ciudad este grupo comenzó a perfilarse a finales de 1999. El 21 de febrero de ese año mi esposa Mónica y yo perdimos en un accidente a nuestra única hija Diamela. No voy a hablar del dolor, porque ya todos los que perdieron un hijo lo saben, pero este huracán que movilizó desde la raíz nuestra existencia, nos llevó a reflexionar sobre la necesidad de otorgarle a esta pérdida un sentido, a entender que si nos encerrábamos en el dolor transformábamos a nuestra hija en nuestro verdugo, cuando debía ser en realidad nuestra maestra. Comprendimos que si compartíamos esta experiencia con otros padres que transitaban el mismo camino, se lograba una relación de mutua ayuda incalculable. Hoy somos un grupo de alrededor de 30 padres, unidos por el amor a nuestros hijos y el deseo de decirle “sí a la vida a pesar de todo”. El desarrollo espiritual y la solidaridad nos permiten llevar el dolor con dignidad, encontrarle un nuevo sentido a nuestra existencia y abrir el corazón para dejar entrar la luz del amor puro e incondicional.

             Es este amor el que hace que no encontremos límites y que todo sea posible, porque hay sueños que se pueden concretar cuando las voluntades se unen. Y digo esto porque así es como llegamos aquí, gracias al esfuerzo de toda la comunidad. Comenzando por los integrantes de la Municipalidad de Río Gallegos que interpretando el sentir de Renacer hicieron realidad nuestro sueño, y con gran esmero y profesionalismo dedicaron innumerables horas de trabajo para concretar esta hermosa obra; a las  entidades públicas, empresas privadas y particulares, que en un maravilloso gesto de solidaridad hacia el prójimo donaron todos los materiales necesarios para plasmar la idea de construir la “Plaza de los Ángeles” en homenaje a nuestros hijos y a todos los hijos de nuestra querida localidad, que se nos adelantaron en el camino. Es este un lugar, que será cuidado con todo nuestro amor, un lugar de encuentro, un lugar de luz, una puerta hacia el alma.

               Somos seres espirituales alojados en un cuerpo físico. Nuestros hijos alcanzaron la libertad antes que nosotros, siempre vivirán en nuestro corazón, pero también siguen existiendo en una dimensión espiritual, en un lugar de amor y  luz, más cerca de Dios. No los podemos ver físicamente pero los percibimos con el alma porque los lazos de amor nunca se cortan; estamos seguros que ellos desde el otro plano de existencia están orgullosos de ver a sus padres transitar este camino con amor y esperanza. Esperanza en esta nueva vida que nos toca vivir junto a nuestros familiares y amigos,  y esperanza en un maravilloso reencuentro cuando nos toque partir. Estamos eternamente agradecidos a nuestros hijos, nuestros ángeles, por haber formado parte de nuestra vida y por iluminarnos el camino que transitamos.

             Cambiamos el enojo, la rabia, el rencor, por amor, solidaridad y bondad, y así logramos un verdadero Renacer ya que como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”

             Quiero terminar estas palabras con la lectura de una poesía escrita por un querido amigo y compañero de ruta, el doctor Ricardo Rabinovich-Berkman y que nos dedicó en Buenos Aires  en la oportunidad de la presentación de un libro de autoayuda escrito por mi esposa, para personas que perdieron un ser querido, ya que su contenido se hace extensivo a todas las personas que prestan su apoyo solidario y desinteresado en estas situaciones.

 

 

                 Alquimia

 

    Procuraba un alquimista medieval,

    en su sórdida celda sumergida,

    un conjuro que volviese oro al metal,

    una fórmula que de muerte hiciera vida.

 

    Cansado ya de errores y fracasos,

    resolvió pasear por el campo vecino,

    y poner algo de césped en sus pasos,

    y de sol en su cutis blanquecino.

 

    Mas olvidados de la luz sus ojos,

    no notaron un pozo en el sendero,

    y allí dentro, con sus huesos flojos,

    cayóse el alquimista todo entero.

 

    Una dama se acercó, y al verlo caído,

    sonriendo, dio una mano salvadora.

    El alquimista la tomó, y agradecido,

    quiso saber quién era esa señora.

 

    Te contaré mi historia, ella le dijo:

    hace tiempo, fui mamá de un joven fuerte,

    pero una tarde, mataron a mi hijo,

    y lloré un diluvio de dolor ante su muerte.

 

    Con su cuerpo, ya sin soplo, entre mis brazos,

    sus cabellos castaños sobre mi hombro,

    laceróse mi corazón en mil pedazos,

    y pasé de la ira al llanto, y al asombro.

 

    Pero entonces sucedieron cosas nuevas,

    que mudaron mi actitud ante mi suerte,

    y de mi Hijo aprendí que el amor llega,

    a emerger triunfante aun sobre la muerte.

 

    Desde entonces, ando atenta al sufrimiento,

    para hacerme fiel amiga del doliente,

    y en su alma, sembrar brisas de aliento,

    restaurando la alegría entre la gente...

 

    Dos cosas comprendió el alquimista,

    la primera, que esa dama que iba ahora

    perdiéndose en el ocaso de amatista,

    no era otra, que Nuestra Señora.

 

    La segunda, que la alquimia verdadera,

    la más noble, la más digna de alabanza,

    no es la que transforma en oro la madera,

    sino la que del dolor, hace esperanza.

 

 

PERSONA, nacida como homenaje de un padre a su hijo fallecido, apoya la formación de grupos de autoayuda para padres que perdieron hijos. Nuestra dirección electrónica es [email protected]