DERECHO
A LA LIBERTAD RELIGIOSA

(Algunas consideraciones filosófico—teológicas fundamentales)

 

  por Juan Patricio Avaca

 

 

Hemos dividido esta pequeña reflexión en cuatro puntos*: Vamos a partir respondiendo en qué consiste el derecho a la libertad religiosa; pasando, luego, a la consideración de los fundamentos de este derecho y recordando algunas de las condiciones que garantizan el ejercicio integral del mismo; para concluir destacando los aportes que el ejercicio del derecho a la libertad religiosa brinda a la sociedad.

 

 

I. NATURALEZA DEL DERECHO A LA LIBERTAD RELIGIOSA

 

El derecho a la libertad religiosa ha sido y es uno de los temas más evocados por casi todas las regulaciones y declaraciones que se han realizado en el mundo.

 No se trata de un derecho humano que —por su contenido— las sociedades tratan de privilegiar respecto a los otros derechos humanos. En realidad se lo debe defender como el test que mejor detecta la medida con que cada sociedad respeta al hombre en su dignidad más profunda: SUS CREENCIAS RELIGIOSAS.

 Ahora bien, si alguien nos preguntara: «¿Cuál es la naturaleza del derecho a la libertad religiosa?»; o bien, «¿En qué consiste el derecho a la libertad religiosa?», ¿qué responderíamos?.

 A mi modo de ver, deberíamos responder diciendo que «la libertad religiosa consiste en que todos los hombres estén inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana; y ello, de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie ni se le impida a ninguno que actúe conforme a ella, en privado o en público, solo o asociado con otros, dentro de los límites debidos».

 Ya la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948, en París, había aprobado la «Declaración Universal de Derechos Humanos»; en cuyo Preámbulo, refería «que el desconocimiento y menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que constituye la aspiración más elevada del hombre el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de libertad de creencia».

 Más adelante, en el número 13, agrega que —entre otros derechos humanos mencionados allí— «Toda persona tiene derecho (…) a la libertad de pensamiento, de conciencia y religión».

 Insisto, el privilegio unido a la regulación seria y respetuosa de este derecho sobre los demás derechos humanos nos dará siempre una pauta de la madurez de aquellas sociedades que —por ser tales— están dispuestas a respetar al ser humano en su dignidad más profunda: SUS CREENCIAS RELIGIOSAS.

 

 

II. LOS FUNDAMENTOS DE ESTE DERECHO

 

Dos son las bases fundamentales sobre las que se apoya todo el contenido del derecho a la libertad religiosa; una de ellas, remota; y, la otra, próxima. Vamos a considerar, brevemente, cada una de ellas.

 

 

2.1. EL FUNDAMENTO REMOTO.

 

El drama más interesante de todos los tiempos, desde la creación del hombre hasta nuestros días, será el drama del alma humana. Dios creó al hombre con libertad y es por ello que éste (el hombre) puede elegirlo a Él, o se puede elegir a sí mismo. Dios, por su parte, respeta el ejercicio que el hombre haga de su libertad y esto es lo que constituye el FUNDAMENTO REMOTO del derecho a la libertad religiosa y libertad de la conciencia.

 San Mateo, en su Evangelio, trae —entre otras— estas palabras tan significativas de Jesucristo: «Entonces dijo a sus discípulos: "si alguno quiere seguirme (…), sígame"...» (Mt. XVI, 2-27). Ciertamente que todas las palabras del Señor son de un contenido precioso para la vida del hombre. Sin embargo, a mí me interesa destacar —en orden al tema que deseo considerar— solamente la frase mencionada.

Efectivamente, en estas palabras del Mesías encontramos una invitación divinamente respetuosa: «si alguno quiere seguirme…». ¿Acaso no queda intacta la libertad del hombre en esta invitación realizada por Cristo? Y, no se trata de un caso aislado; todo lo contrario, a lo largo de las páginas bíblicas Dios aparece como el protagonista más respetuoso de ese don que el hombre tiene recibido de Él. 

Pero, ¿qué es la libertad? La LIBERTAD es un ATRIBUTO DE LA VOLUNTAD. Por eso, decimos que un hombre obra libremente cuando tiene la voluntad de determinarse, por sí mismo, a obrar o no obrar, sin ser obligado a ello por ninguna fuerza; ya sea, externa o interna. Así, pues, libre es quien puede elegir; y, si alguno no tuviese la capacidad para hacer elección, entonces, no es libre.

 La invitación que Cristo realiza diciendo: «Si alguno quiere seguirme...», es como si hubiese dicho: «Yo no obligo, ni coacciono; antes bien, respeto la libertad». Por ello dice: «Si alguno quiere…». Pero, además, la invitación adquiere mayor peso para la libertad del hombre, si consideramos, a qué cosa nos invita Dios. Por ejemplo:

+        Nos invita a BIENES, no a MALES;

+        Nos invita a SEGUIR un camino de vida, NO UNA SENDA TORTUOSA;

+        Y, justamente, porque se trata de algo BUENO, es que dice: «Si alguno quiere...». En efecto, no veo el motivo por el cual debamos obligar a una persona a que tome un tesoro.

+        En fin, «Si alguno quiere…»; es decir, mujer o varón, joven o viejo, estudiante o profesional. LA INVITACIÓN HA SIDO DIRIGIDA A TODOS; Y, QUIENES HAYAN TENIDO LA GRACIA DE ESCUCHARLA TENDRÁN, ADEMÁS, LA CAPACIDAD PARA RESPONDER LIBREMENTE. DIOS, POR SU PARTE, SE MANTIENE RESPETUOSO DE LAS LIBERTADES Y CONCIENCIAS. Y EL HOMBRE, AL FINAL DE LA VIDA, RESPONDERÁ POR LAS DECISIONES QUE LIBREMENTE TOMÓ.

 

 

2.2. EL FUNDAMENTO PRÓXIMO.

 

Es un hecho de la experiencia que todos los hombres se sienten impulsados, por su propia naturaleza, a buscar la verdad. Ellos, por su parte, —y ya lo hemos dicho— tienen la obligación moral, el deber de buscarla cada día con mayor profundidad y amplitud, sobre todo en lo que se refiere a la religión. Vale decir, el hombre está llamado a buscar y a hallar libremente a Dios (1)

Pero aquí hay algunas premisas muy importantes para tener en cuenta. Si bien es cierto que el hombre tiene la capacidad para lograr —con sus propias fuerzas naturales— un conocimiento verdadero y claro de la existencia de Dios; sin embargo, dicho conocimiento no deja de ser analógico e imperfecto. Y es precisamente por ello, que Jesucristo ha confiado a la Iglesia la misión de proclamar el Evangelio, lo que implica dar a conocer la verdad —en su total integridad— sobre Dios y sobre el hombre. En efecto, decía Pablo: «todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Pero, ¿cómo invocarán a Aquél en quien no han creído? Y, ¿cómo creerán en Aquél de quien nada han oído? Y, ¿cómo oirán sin que haya quien les predique? (…). Por tanto, la fe viene del oír; y el oír por la predicación…» (Rm. X, 13-17). Por supuesto, que esto último constituye un derecho fundamental de la Iglesia; el cual, se ha convertido en un derecho histórico enraizado en el tejido cultural de los pueblos.

 Dadas así las cosas, la libertad religiosa no es más que la libertad genérica del hombre matizada por el contenido de la fe y por la respetuosa acción evangelizadora de la Iglesia. He aquí el fundamento próximo del derecho a la libertad religiosa.

 Todos se benefician del reconocimiento del derecho a la libertad religiosa: Tanto los que admiten y aceptan en sus vidas el hecho religioso como los que lo rechazan y prescinden de él, los ateos y agnósticos.

 El respeto a la libertad religiosa hace posible el clima propicio para el diálogo sereno, leal y deferente sobre las diferentes posturas; dignifica; ennoblece; y, permite al hombre afrontar el reto de la trascendencia con una actitud de búsqueda y de seriedad responsables. Lo contrario sería la implantación de un régimen donde prevalecería la voluntad de unos sobre otros.

 

 

III. ALGUNAS CONDICIONES CONCRETAS

     QUE GARANTIZAN EL EJERCICIO INTEGRAL DE ESTE DERECHO.

 

Para hablar de las condiciones concretas de la libertad religiosa es necesario referirse al ESPACIO; al RITO; al CULTO; a la FORMACIÓN RELIGIOSA; al acceso a los MEDIOS CULTURALES; al derecho a fundar INSTITUCIONES; y a la LIBERTAD RELIGIOSA DE LA FAMILIA. Por supuesto, que el espacio limitado de esta sede no nos permite darle el amplio desarrollo que cada uno de ellos se merece. Además, todos ellos no constituyen las únicas condiciones concretas de la libertad religiosa; hay otras. He elegido éstas porque creo que son las más importantes.

 Una de las condiciones para ejercer este derecho es disponer de un ESPACIO LIBRE para que las personas y comunidades puedan expresar su fe y realizar su misión en las siguientes áreas:

1.      En la vida interna de las comunidades creyentes por medio de:

a)      La libertad de RITO y de CULTO;

b)      La libertad de FORMACIÓN de sus miembros, ya sea mediante catequesis, enseñanza sistemática, etc.;

c)      La COMUNICACIÓN de su propia experiencia, dirigida a exponer su fe, su concepción del hombre, de la moral individual y social, etc.

2.      En el ACCESO A LOS MEDIOS CULTURALES COMUNES, como son los medios de comunicación social: Periódicos, radio, televisión, etc.

3.      En el derecho de las comunidades religiosas a fundar sus PROPIAS INSTITUCIONES en los campos asistencial, educativo, cultural, etc.

4.      La libertad religiosa se debe dar de una manera especial en el ÁMBITO DE LA FAMILIA y de la educación de los hijos. Y, si bien es cierto que uno de los aspectos más difíciles de libertad religiosa es el derecho a determinar la forma de educación religiosa que se ha de dar a los hijos; debemos reconocer, también, que los responsables últimos de la educación de los hijos son los padres y que éstos tienen el derecho de elegir, libremente, aquel sistema de educación más de acuerdo con sus convicciones religiosas, el Estado no puede impedir el ejercicio de este derecho fundamental, imponiendo un sistema único de enseñanza ni gravando el disfrute de este derecho. La formación religiosa es una determinación concreta del derecho de los padres a elegir el sistema de educación de sus hijos. Nadie puede imponerles una educación que, directa o indirectamente, se oponga a sus convicciones religiosas más íntimas. El Estado tiene el deber de asumir una misión de ayuda subsidiaria y no poner dificultades en la educación de los hijos.

 

Ciertamente que a la hora de tratar un proyecto de Ley sobre el derecho a la libertad religiosa, cada uno de estos temas no sólo merece ser atendido; sino, además, profundizado por profesionales conocedores, de virtud probada y muy respetuosos de este derecho. Lo contrario ocasionaría problemas futuros. Además —a mi modo de ver— se impone considerar y distinguir entre religiones oficialmente reconocidas, de aquellos movimientos pseudoreligiosos, sectas, etc., que —en la práctica— se manifiestan con contenido de doctrinales irracionales y muy lejos de respetar la libertad de las personas.

 

 

IV. CONCLUSIÓN VALORATIVA: LOS APORTES FUNDAMENTALES

      QUE EL EJERCICIO DE ESTE DERECHO BRINDA A LA SOCIEDAD

 

La sociedad debe reconocer y asumir el valor positivo que representan las distintas confesiones religiosas para la convivencia de la comunidad humana.

 Mientras no exista este reconocimiento a la aportación que hace LA RELIGIÓN a la sociedad —dentro de un legítimo pluralismo— no se puede decir de una sociedad que ha alcanzado la madurez de la integración cultural y social.

 Algunas veces se ha objetado que la defensa —realizada en el ámbito político— del derecho a la libertad religiosa esconde la mala voluntad para conseguir mayor poder o influencia en la sociedad. No niego que, históricamente, pueda haberse dado esta mala intención; sin embargo, ello no justifica una interpretación tan restrictiva de este derecho y desde una perspectiva parcial e incluso incorrecta.

 La libertad religiosa tiene su propia fundamentación —tal como lo he procurado hacer, aunque muy brevemente— y se enraíza en el derecho del hombre a expresar sus propias convicciones religiosas. Mantener, por lo tanto, la sospecha que con la religión se busca un mayor poder político es consecuencia de aquella mentalidad —gracias a Dios, superada ya— del liberalismo del siglo XIX, que defendía una interpretación individualista del derecho a la libertad religiosa y negaba el valor de las aportaciones que puedan provenir de las organizaciones y de las asociaciones humanas.

 En este sentido, debemos reconocer que la Iglesia Católica es una de las Instituciones que ha brindado aportes muy significativos. ¿Por qué? Porque, cuando ha animado —y lo sigue haciendo— e impulsa —aún en la actualidad— a crear organismos que se interesen por las realidades terrenas, no ha tenido otra intención que la de aportar los valores que dimanan de su fe y que sabe, pueden ayudar a construir una sociedad basada en la verdad, la justicia, la fraternidad y la solidaridad.

En definitiva la libertad religiosa contribuye a la paz social; además de sostener y darle razón de ser a las restantes libertades.

 Su Santidad, el Papa Juan Pablo II —indiscutible predicador y defensor de los derechos humanos— ha atribuido a la libertad religiosa tres funciones que guardan estrecha relación con la paz social:

 

1.      La libertad religiosa contribuye de modo determinante a la formación de los ciudadanos auténticamente libres, pues favorece en cada hombre una mayor conciencia de la propia dignidad y una aceptación más motivada de sus responsabilidades.

2.      La libertad religiosa es un factor importante para reforzar la cohesión moral de un pueblo. La sociedad civil puede contar con los creyentes que, por sus profundas convicciones, no se dejarán dominar fácilmente por ideologías o corrientes totalizadoras, sino que se esforzarán por actuar de acuerdo con sus aspiraciones hacia todo lo verdadero y justo, condición ineludible para la consecución de la auténtica paz.

3.      La fe religiosa, no sólo dispone mejor a los hombres para la dedicación al bien común; sino que, además, nos proporciona los motivos superiores —sobrenaturales— que nos permiten construir una sociedad más justa y más humana.


NOTAS:

* En la provincia de San Luis se ha trabajado ampliamente desde que se presentó un Proyecto de Ley, concreto, con el que se pretende garantizar el ejercicio integral de este derecho. Cf. Presentaron el Proyecto de Ley de libertad religiosa y de cultos. Proponen que sea debatida en todos los ámbitos de la comunidad; en: EL DIARIO de la República, Año XXXV, número 15458 (sábado 24 de noviembre de 2001) pp. 2-3.

1) He tenido oportunidad de hablar más detalladamente sobre este particular, al referirme sobre Algunos aportes fundamentales para un análisis cultural de la liturgia.