Editorial
LA CATEDRAL PINTARRAJEADA, Y DESPUÉS
Estimados Amigos:
PERSONA, fiel a su postura comprometida con los
derechos básicos, siempre ha estado en contra de la discriminación por razones
sexuales. En sus páginas, que son su mejor testimonio, se han publicado no
solamente trabajos científicos acerca de los derechos de los no
heterosexuales, desde muy variadas ópticas, sino que además se han difundido
los foros convocados por las organizaciones que los reúnen, y hemos enviado
representantes para estar presentes en ellas (en este mismo número, hay una
nota al respecto).
Es una actitud coherente con la mía propia. He sido el autor
del proyecto de la Ley de Trasplantes, primer cuerpo legal argentino en que se
reconoció efectos jurídicos a las uniones no heterosexuales. He defendido
invariablemente el derecho de los homosexuales y transexuales a la felicidad y
a la plenitud vital. He tenido el orgullo, incluso, de ser convocado por la
Iglesia Evangélica del Río de la Plata, en su momento, para integrar la
Comisión Ecuménica que tratara la actitud a tomar frente a las parejas no
heterosexuales. Tal vez por eso se me ha honrado invitándome a exponer en
eventos tales como el Foro Trans, y se me remite, regularmente, la revista
electrónica SENTIDO G.
Por eso es que hoy escribo estas líneas con gran tristeza. Todos supimos
que el sábado 1° de noviembre, en oportunidad de realizarse la "Marcha del
Orgullo Gay" en Buenos Aires, algunos de los manifestantes, en forma abierta,
pintaron con aerosol leyendas ofensivas a la Iglesia Católica en las paredes
frontales de la Catedral metropolitana. Esto fue algo que caló
muy hondo en la sociedad argentina. El 3 de noviembre, el Arzobispado porteño
emitió un comunicado. "En una
sociedad pluralista, cuando grupos minoritarios se expresan sería lógico que
lo hagan respetando el sentir religioso de la mayoría. Si la mayoría de los
habitantes de este suelo es católica, las leyendas agraviantes pintadas en el
exterior de la Catedral atentan contra la sensibilidad religiosa del pueblo
argentino", dijo.
Y agregó: "Lamentamos
profundamente la falta de respeto hacia un templo que, además de ser lugar de
culto y pertenecer a los católicos, ha sido un testigo privilegiado de la
historia de los argentinos, es Monumento Histórico Nacional y custodia los
restos del padre de la Patria. Por lo tanto esta actitud de violencia va en
desmedro de un edificio público, religioso e histórico que deberá ser
nuevamente restaurado" (AICA,
3/11/03).
Pero no fue la
Iglesia Católica la única que deploró este episodio. Pronto se pronunciaron en
tal sentido el Consejo Argentino para la Libertad
Religiosa, la B’Nai B’rith Argentina, la Delegación de
Asociaciones Israelitas Argentinas ("las
pintadas injuriosas no sólo agravian a la comunidad católica sino también a
todas las personas de bien, sin distinción de credos")
y el Centro Islámico de la República Argentina ("este
hecho no sólo reviste características ofensivas para la Iglesia Católica, sino
que hieren a la inmensa mayoría del tejido social argentino").
También se presentaron mociones de repudio legislativo, y coincidieron
el
Poder Ejecutivo, a través del secretario de Culto, la Fundación Raoul
Wallenberg, el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires, la
Coordinadora de Institutos de Enseñanza Privada, y otras muchas instituciones
(Arzobispado de Bs.As., Of. de Prensa,
Seguimiento de Noticias 5/11/03; y AICA, 5 y 6/11/03).
Por eso es que me asombra y me duele tanto
observar cómo en las ediciones del 4 y del 6 de noviembre de SENTIDO G,
la publicación virtual de los grupos no heterosexuales, lejos de lamentarse
las pintadas a la Catedral, se las reivindica y ensalza, como si fuesen algo
justificado, comprensible, o hasta motivo de orgullo. En efecto, el número
especial del 4, bajo el encabezado "Celebraron Marcha del Orgullo
GLTTB en Buenos Aires. La doceava marcha del orgullo gay fue una
fiesta con música", se hace la siguiente
referencia al hecho que nos ocupa: "El repudio fue para la Iglesia
Católica, por su opresión a los gays con prácticas retrógradas; la Policía;
los políticos; el ALCA, y el pago de la deuda externa [...]
Incidentes y pintadas en la puerta de la Catedral: Una serie de
forcejeos y empujones se produjeron en las puertas de la catedral
metropolitana, cuando un grupo de manifestantes realizó pintadas en las
paredes del edificio ubicado frente a Plaza de Mayo, en medio de cánticos
hostiles a la Iglesia Católica por su oposición a la comunidad homosexual.
Esta situación generó forcejeos y empujones entre las personas que
participaban de la colorida marcha y los efectivos policiales que la
custodiaban. No estamos atacando la fe, dijo Lohana Berkins en las
puertas de la Catedral, y advirtió que la Iglesia ha bendecido cuanta
dictadura y guerra hubo. En las paredes de la Catedral, los manifestantes
pintaron leyendas como Iglesia=Dictadura y curas violadores. Una
vez calmados los ánimos, la marcha continuó con normalidad y los participantes
expresaron con fuerza la consigna que los convocó: Vamos por todos nuestros
derechos".
Con fecha 5 de noviembre, SENTIDO
G publicó un "Comunicado
de las Organizaciones que pintaron la Catedral durante la Marcha". Se trata de
un largo memorial, firmado por "Acción
Política LGTTTB, Asociación de Lucha por la Identidad Travesti Transexual (ALITT),
Centro Cristiano de la Comunidad GLTTB, Coordinadora GLTTB de Córdoba (ACODHO,
RedTrans, Red de Personas Viviendo con VIH/SIDA), Espacio Re.S.A.Ca., Futuro
Transgenérico, Movimiento Antidiscriminación de Liberación (MAL), Lesbianas en
Lucha y activistas independientes", como respuesta "ante
la denuncia judicial efectuada por la Iglesia Católica
ante las pintadas efectuadas en sábado 1ro de
noviembre durante la XII Marcha del Orgullo GLTTTB",
a fin de "hacer
circular las razones por las cuales escrachamos a la jerarquía
de la Iglesia Católica".
Tras aclarar que "no
ponemos en cuestión la fe de nadie, que nos parece algo profundo y fuerte en
la vida de muchas personas y que nos merece el mayor de los respetos",
y que su repudio tuvo como blanco "una institución con
poder económico y político que pretende imponerse en las vidas de todas las
personas, mutilando nuestros derechos y libertades, restringiendo nuestro
pensamiento y nuestras acciones", el comunicado entra en disquisiciones
históricas. "No aceptamos juicios morales de una iglesia
que todavía no ha pedido perdón por los crímenes que cometió, como la
evangelización de América y África, como la Inquisición que torturó a miles de
personas y quemó a seis millones de mujeres acusadas de brujería, ni por
aquellos de los que fue cómplice, como el nazismo, la dictadura franquista, el
fascismo y las dictaduras latinoamericanas" (www.sentidog.com.ar/nsen/noticias/cortitas.phtml?id=2968).
Ese es el tenor del documento. Lejos
de una reflexión interna, una disculpa, un lamento por los excesos de algunos
descompuestos, hay una reivindicación furiosa, curiosa en sus expresiones (el
"crimen de la evangelización de América y África", o la quema de "seis
millones de mujeres acusadas de brujería", eximen de mayores comentarios...).
No falta tampoco, más abajo, aunque traída de los pelos, una defensa del
aborto. Lo que más asombra es el interés por ser aceptados y queridos por la
Iglesia Católica que parecen evidenciar los autores de esta proclama, en que
tantísimo la critican.
César Cigliutti, Presidente de la
Comunidad Homosexual Argentina, prefirió la ironía antes que la injuria
directa: “ese tan noble edificio que es la catedral, con
tan nobles personas, que son la dirigencia de tan noble institución que es la
iglesia vaticana, fue, el que entre otras cosas, cerró sus puertas cuando la
policía y los servicios reprimieron a la Madres de Plaza de Mayo y se llevaron
a dos de ellas que nunca aparecieron, (una era la entonces presidenta de la
organización). Esa respetuosa institución cuyo
discurso fluye de una manera sagrada desde el Vaticano es la escribe los
documentos mas agresivos, terribles e ignorantes sobre nuestra comunidad.
No estoy de acuerdo con la pintada porque me parece que
victimiza a esa institución cuando en realidad es la que reprime, no estoy de
acuerdo con la trascendencia que se le esta dando a este tema porque refleja más
la homofobia ya que el verdadero "daño" se arregla con un tarro de pintura. No
estoy de acuerdo con los/as que utilizan y utilizaron espacios que costaron y
cuestan mucho trabajo, solo para conseguir un micrófono o una fotito y no
miden las consecuencias políticas de sus arranques de pasión (para nombrarlo
de alguna manera) y estoy totalmente en contra de la represión policial,
especialmente cuando es hacia nosotros/as, porque no puedo dejar de sentirla
como algo personal” (SENTIDO G, 7/11/03). Como puede apreciarse,
el tono y el sentido son tan reivindicatorios y defensivos de las pintadas
como en el mensaje anterior.
No estoy de acuerdo con el comunicado del
Arzobispado. Creo que el hecho de que los no heterosexuales sean una minoría,
y los católicos la mayoría, no tiene nada que ver, y no quita ni da derechos a
las partes involucradas. La Iglesia Católica, o cualquier otra, debería ser
respetada aunque tuviese cinco adherentes, y los manifestantes hubieron de
contener su violencia aunque fueran treinta millones. Lo fundamental es que se
ha agredido un templo, es decir, un sitio donde las personas (muchas o pocas)
acuden para rezar, para meditar, para ponerse en contacto con lo sobrenatural,
con lo supremo, con Dios, al que no importa cómo lo llamen, ni en qué lengua
le recen, ni de qué manera. La pintada a la Catedral metropolitana es tan
injustificable como la bomba de pintura que por años lució la sinagoga de la
calle Libertad, o los graffiti que una vez ví en un salón del reino de los
testigos de Jehová. Quien afrenta una casa de oración, cualquiera de ellas,
muestra una falta de respeto enorme por sus congéneres, por todos ellos, y por
sí mismo.
Algunos sacerdotes católicos han
pronunciado discursos muy injuriantes contra las personas no heterosexuales,
que más parecen insuflados por el odio, y tal vez por cierto fariseísmo de cal
y carroña, que por el amor y la caridad evangélicos. Parecen gritarles,
airados, "¡fuera, lejos de nosotros!", en vez de procurar atraerlos con la
calidez del mensaje cristiano. ¿Olvidarán quizás, lo poco discriminatorio que
era el Maestro, a la hora de elegir con quién sentarse a cenar? Nada de eso
justificaría jamás estas pintadas, por cierto, pero tampoco es bueno que los que gozan
del predicamento que confiere el sacerdocio, lo empleen en inflamar los ánimos
y mover a la violencia en vez de convocar a la paz. No parece ser esa la
voluntad del Santo Padre (igualmente, éste es en todo caso un tema interno de
la Iglesia Católica, a la cual pertenecer no es obligatorio, mientras que las
inscripciones en cuestión ya entran en otro terreno).
Como argentino defensor de los
derechos de todos los seres humanos, y enemigo jurado de la discriminación
sexual, seguiré esperando una frase seria y sentida, no injuriosa ni irónica,
de retractación, de tristeza, de perdón sincero. Toda persona de bien, sabe
pedir disculpas. Como persona de bien, me apresuraré a darlas.
Cordialmente,
Ricardo D. Rabinovich-Berkman