EL QUANTUM DEL RESARCIMIENTO
EN CASO DE INCUMPLIMIENTO CONTRACTUAL:
ENTRE EL REEQUILIBRIO DEL SYNALAGMA Y EL
ID QUOD INTEREST


por Virginia Abelenda

 

PRIMERA PARTE

Exègesis de Digesto 19.2.33

 

Sumario: 1. Texto.  1.a. Traducciòn en español por Garcìa del Corral.  2. Autor.  3. Libro.  4. Juristas citados.  4.a. Obra.  5. El problema afrontado.  6. Soluciòn sostenida.  7. Motivaciòn de la soluciòn.  8. Conclusiones.

 

1. Texto

 

D. 19, 2, 33. AFRICANUS libro VIII Quaestionum. Si fundus, quem mihi locaveris, publicatus sit, teneri te actione ex conducto, ut mihi frui liceat, quamvis per te non stet, quominus id praestes.  Quemadmodum, inquit, si insulam aedificandam locasses, et solum corruisset, nihilominus teneberis; nam et si vendideris mihi fundum, isque, priusquam vacuus traderetur, publicatus fuerit, tenearis ex empto.  Quod hactenus verum erit, ut pretium restituas, non ut etiam id praestes, si quid pluris mea intersit, eum vacuum mihi tradi.  Similiter igitur et circa conductionem servandum puto, ut mercedem, quam praestiterim, restituas, eius scilicet temporis, quo fruitus non fuerim; nec ultra actione ex conducto praestare cogeris.  Nam et si colonus tuus fundo frui a te, aut ab eo prohibetur, quem tu prohibere, ne id faciat, possis, tantum ei praestabis, quanti eius interfuerit frui, in quo etiam lucrum eius continebitur; sin vero ab eo interpellabitur, quem tu prohibere propter vim maiorem, aut potentiam eius non poteris, nihil amplius ei, quam mercedem remittere, aut reddere debebis,

 

 

1. a.  Traducciòn en español por Garcìa del Corral

 

AFRICANO; Cuestiones, libro VIII.-  Si hubiera sido confiscado el fundo que me hubieres dado en arrendamiento, estàs obligado por la acciòn de conducciòn à que me sea lìcito disfrutarlo, aunque en tì no consista que no me cumplas esto.  A la manera que, dice, si hubieses dado en arrendamiento la edificaciòn de una casa, y se hubiese hundido el solar,

estaràs, sin embargo, obligado; porque tambièn si me hubieres vendido un fundo, y antes que se me entregase libre hubiere sido confiscado, te obligarìas por la acciòn de compra.  Lo cual serà verdad solamente para que restituyas el precio, no tambièn para que me cumplas esto, si me importara màs, que aquel se me entregara libre.  Asì, pues, opino, que se ha de observar lo mismo tambièn respecto à la conducciòn, para que me restituyas el alquiler que yo hubiere pagado, por supuesto, de aquel tiempo en que yo no hubiere disfrutado; y no seràs obligado à responder de màs por la acciòn de conducciòn.  Porque tambièn si à tu colono se le prohìbe disfrutar el fundo por tì, ò por uno à quien tù puedas impedirle que lo haga, le responderàs de tanto cuanto à èl le hubiere importado disfrutarlo, en lo que se comprenderà tambièn su lucro; pero si se le impidiere por uno à quien tù no pudieres prohibìrselo por su mayor fuerza ò poder, no estaràs obligado à nada màs que à condonarle la pensiòn, ò à devolvèrsela,

 

 

2.  Autor

Africano, cfr. G. Grosso, Storia del diritto romano, 5 ed., Torino, 1965, 397, 494, fue un jurista de la època de los Antoninos, discìpulo de Juliano, y en sus Quaestiones divulga soluciones del maestro.  F. Schulz, Storia della giurisprudenza romana, trad. it. di G. Nocera, Firenze, 1968, (192), con respecto a Sextus Caecilius Africanus, sostiene que en una inscripciòn del 145 d.c. encontrada en Andretium (Dalmacia), es mencionado M. Caecilius Africanus, praefectus cohortis VIII Voluntariorum.  No obstante la diversidad del praenomen el prefecto puede ser idèntico con el jurista (podrìa haber tenido dos praenomina como Juliano y Licinnio Rufino); se sabe que los praefecti cohortium en los tiempos de Adriano tenìan competencia jurìdica (1).  

 

 

2. a. Obra

 

La obra de Africano de donde proviene el fragmento en analisis, es el libro Quaestionum que, cfr. F. Schulz, ob. cit., 401 ss., esta incluida dentro del grupo de obras de inspiraciòn helenìstica llamadas por el autor “literatura problemàtica”, es decir, de obras dedicadas exclusivamente a problemas, a las màs difìciles y embarazantes cuestiones de derecho (sus tìtulos varìan: Digesta, Responsa, Quaestiones, Disputationes, etc.) (2).  Esta forma de literatura correspondìa ademas a tendencias profundamente radicadas de los juristas clàsicos, su predilecciòn, genuinamente romana, por el caso concreto, su gusto peculiar por el detalle y su modestìsimo interès por la sistemàtica.  No es casual que las màs importantes obras de los màs importantes juristas pertenezcan precisamente a la literatura de los problemas.  Segùn la descripciòn de Schulz, esta obra especìficamente es una recolecciòn de responsa de varias especies, cuyo orden no puede ser reconstruìdo.  Su conexiòn con Juliano y los Digesta de Juliano es muy estrecha.  Juliano es a veces nombrado y en algunos casos, donde se encuentra simplemente ait, respondit y similares, se puede demostrar que debemos entender Iulianus.  El jurista bizantino Doroteo atribuye a Juliano las opiniones expresadas en un nùmero de pasos del Digesto, que, sin embargo, no lo mencionan.  Esto no prueba que Doroteo poseyese una copia de las Quaestiones de Africano en la cual el nombre de Juliano todavìa estaba.  En realidad, si bien mucho de aquèllo que encontramos en las Quaestiones proviene indudablemente de Juliano, según Schulz, no tenemos los medios para distinguir entre sus contribuciones y aquèllas propias de Africano.  Concluyendo que, evidentemente el texto usado por los compiladores era ya en un estado deplorable y el desorden de nuestro texto actual es debido a ellos en pequeña medida solamente.  En particular, no tenìan motivo de cancelar el nombre del conditor edicti que estimaban altamente.  Afirma asimismo, que el texto contiene una cantidad de corrupciones e interpolaciones prejustinianeas y si Africano escribe realmente Quaestiones, su obra debe haber sufrido una radical transformaciòn en el perìodo postclàsico, es más, la entera obra puede ser falsa, puede ser una suerte de mezcla postclàsica de las Epistulae de Africano y de los Digesta de Juliano.  Por otra parte, los màs antiguos tentativos de distinguir con certeza entre la obra de los dos juristas son hoy antiguos, porque no suficientemente crìticos; tambièn la ediciòn revisada por Lenel de su Palingènesis de las Quaestiones, de la cual cada futura investigaciòn debe partir, es muy conservadora.  Pero sin nuevo material, un anàlisis definitivo, una completa clarificaciòn de la gènesis del texto es imposible.  Es uno de esos casos en que no puede tentarse otra cosa que reconstruir el texto como los compiladores lo encontraron.  Por lo tanto, el autor sostiene que deben ser subrayados, lìnea por lìnea, los signos de la interpolaciòn posclàsica y debe ser considerado hasta què punto ello que es revestido en formas postclàsicas es nada menos que clàsico en la sustancia.

 

No obstante, en el paso en examen (D. 19.2.33) se puede distinguir la opiniòn de Juliano, identificada por la introducciòn del vocablo inquit, y por otra parte la opiniòn y agregado de su discìpulo Africano a travès del vocablo puto.

 

 

3.  Libro

 

El libro de donde se extrae el fragmento, es el libro ocho cfr. O. Lenel, Palingenesia Iuris Civilis, I, Leipzig, 1889 (rist. Graz, 1960), 28 (especìficamente fr. 100); Das Edictum perpetuum, 3 ed., Leipzig, 1927 (rist. Aalen, 1974), 300 ss., par. 112 (110) (De Aestimatio?).

 

 

4.  Juristas citados

 

Salvio Juliano cfr. Grosso, ob. cit., 5 ed., Torino, 1965, 396, domina en la època adrianea la figura de este jurista sabiniano junto a la del jurista proculeyano Juvencio Celso hijo.  Salvio Juliano, africano de origen, discìpulo de Javoleno, alcanza los altos cargos pùblicos, y goza de la confianza de Adriano, que le confió la redacciòn definitiva del edicto perpetuo.  Su obra fundamental està representada por los Digesta en 90 libros: en la primera parte sigue el orden del edicto, comprendiendo tambièn las materias de derecho civil; en la segunda parte eran incluìdas varios tratados sobre varias leyes, en particular sobre aquèllas matrimoniales de Augusto; es una vasta obra sistemàtica en la cual es recogida y absorbida toda una masa de problemàtica y casuìstica, que nacìa de la vasta experiencia que habìa adquirido el autor a travès de su actividad dando responsa que ejercitò ampliamente.  Se puede decir que esta obra ha señalado el punto culminante de la jurisprudencia romana.  De Juliano se recuerdan tambièn libros presentados como comentarios ad Urseium Ferocem y ad Minicium

 

F. Schulz, ob. cit., 191 ss., por su parte, afirma con respecto a Salvio Juliano que despuès de haber sido decemvir litibus iudicandis, es quaestor de Adriano, en cuya actividad recibe el doble del estipendio normal propter insignem doctrinam.  Màs tarde fue tribunus plebis, praefectus aerarii Saturni y aerarii militaris, y, en fin, cònsul en el 148.  En el 150 fue curator aedium sacrarum.  Bajo Pìo fue gobernador de la Germania inferior (antes del 155), bajo Marco y Vero gobernador de la España citerior (entre el 161 y el 166), y por ùltimo gobernador de Africa.  Fue miembro del consilium imperial bajo Adriano, Pìo, Marco y Vero; tambièn pontifex y sodalis Hadrianalis y Antoninianus.  Perteneciò a la escuela de los sabinianos, del I y del II siglo d.c., fundada por Capitòn, discìpulo de Javoleno Prisco (D. 40.2.5).  Segùn la valoraciòn de Justiniano, Salvio Juliano junto a Papiniano, fue uno de los dos màs grandes juristas (3).

 

 

4. a.  Obra

 

Incierta cfr. O. Lenel, Palingenesia Iuris Civilis, I, Leipzig, 1889 (rist. Graz, 1960),  Iuliani Digestorum Lib. XV., 362, Locati conducti; Das Edictum perpetuum, 3 ed., Leipzig, 1927 (rist. Aalen, 1974), 300 ss., par. 112 (110).

 

F. Schulz realiza un comentario de una de las grandes obras de Salvio Juliano, de donde podria provenir la solucion que Africano atribuye a aquel en D. 19.2.33, ella es la obra Digestorum libri XC, sosteniendo que  tambièn este trabajo principal de la jurisprudencia clàsica pertenece a la categorìa de la literatura problemàtica.  Contiene una colecciòn de responsa de las màs variadas especies: respuestas por letra, respuestas en discusiones (reconocibles cuando el responso es introducido por un dixi), verdaderos responsa en sentido tècnico, y respuestas a pedidos que se habìan presentado al autor.  Como es comùn en el Digesto, la primera parte seguìa el orden edictal, pero no era un comentario al edicto.  Según Schulz, la suposiciòn que la obra contuviese interpretaciones de los tèrminos del edicto, pero que los compiladores prefirieron no incluir en su Digesto, no posee demasiada evidencia y probabilidad.  Ademas, el texto ùtil para los compiladores era ya profundamente interpolado.

 

 

5.  El problema afrontado

 

Obligaciòn en base a la acciòn de conducciòn (actio ex conducto), en caso de publicatio de un fundo dado en locaciòn, y de hundimiento del suelo de un terreno dado en razòn de una locaciòn de obra; y, obligaciòn en base a la acciòn de compra (ex empto) en caso de publicatio de un fundo vendido antes de la entrega.

 

 

6.  Soluciòn sostenida

 

En primer lugar, la obligaciòn por parte del locador –en base a la actio ex conducto- de prestar el frui licere del fundo dado en locaciòn al conductor, en caso de publicatio del mismo. 

Anàloga soluciòn para el caso de hundimiento del suelo de un terreno dado en virtud de un contrato de locaciòn de obra, especìficamente la edificaciòn de una casa.  En este caso, la obligaciòn por parte del locador surge igualmente en base a la actio ex conducto (teneri te actione ex conducto), pero derivante de la locatio operis.  Anàloga soluciòn tambièn para la venta (tenearis ex empto) en caso de publicatio del fundo vendido antes de la entrega.

En segundo lugar, se limita la obligaciòn derivante de la actio ex empto en el caso descripto, a la sola restituciòn del precio.

 

En tercer lugar, opiniòn de Africano en el sentido de extender la soluciòn dada para el caso de venta, a la hipòtesis de locaciòn, en cuanto a la limitaciòn de la obligaciòn del locador, a la sola devoluciòn del alquiler pagado por el tiempo en que fue impedido el conductor, del uso y goce del fundo locado, debido a la publicatio del mismo.

 

Por ùltimo, introducciòn por Africano de la distinctio serviana (4) (D. 19.2.35 pr.), sobre el resarcimiento del id quod interest, en caso de impedimento por parte del locador o de un tercero a quien èste habrìa podido impedir que lo haga, del uso y goce del fundo por parte del colono, por un lado; y, por otro lado, limitaciòn de la condena del locador a la sola devoluciòn del alquiler pagado o prohibiciòn de cobrarlo en adelante, si el hecho del impedimento proviene de un tercero y es imposible de evitar por su mayor fuerza o poder.

 

 

7.  Motivaciòn de la soluciòn

 

Se trata de hechos no imputables al locador, ya sea rei u operis, ni tampoco al vendedor: publicatio y solum corruere, por ello la limitaciòn de la condena a la sola restituciòn del precio pagado en la compraventa, y la extensiòn de la soluciòn a la locaciòn (restituciòn del alquiler pagado durante el tiempo en que el conductor haya sido impedido del uso y goce del fundo, o prohibiciòn de cobrarlo en adelante).  Por ello, se justifica asimismo, la soluciòn contraria en caso de que se trate de hechos imputables al locador, ya sea por dolo o culpa de su parte, en cuyo caso estarà obligado al resarcimiento del id quod interest.

 

 

8.  Conclusiones

 

En el fragmento en anàlisis, el jurista Juliano, despuès de haber ejemplificado algunas circunstancias que producen en el locador o vendedor la imposibilidad de prestar el goce de la cosa (publicatio del fundo locado, corruptio del suelo en la locatio operis, publicatio en la venta antes de la entrega), aclara que, aunque no siendo estas circunstancias a èl imputables (quamvis per te non stet, quo minus id praestes), el locador està obligado con la actio conducti en los dos primeros casos, y el vendedor con la actio empti en el caso de la venta. 

 

En la segunda parte del paso, se sostiene que en caso de publicatio del fundo vendido antes de la entrega, precedentemente mencionado, al comprador le es debida la restituciòn del precio y nada màs, soluciòn que extiende seguidamente Africano (identificada con el vocablo puto) para el caso de publicatio del fundo locado, en razòn del cual al conductor le es debida sòlo la “remissio mercedis”.  En la ùltima parte del paso Africano introduce la distinctio de Servio, como bien surge de D. 19.2.35 pr., por la cual, en caso de tratarse de un impedimento al goce del fundo dependiente del locador (o de un tercero al cual èste a su vez podìa impedìrselo), al conductor se dice debido “quanti eius interfuerit frui, in quo etiam lucrum eius continebitur”; en el caso contrario, el locador sòlo està obligado a restituir la merx ya pagada por el conductor o a no cobrarla en adelante.

 

Considero que la primera cuestiòn a dilucidar, atento sobretodo a la traducciòn del paso en español por parte de Garcìa del Corral, es si con el tèrmino “publicatio” se hace referencia a un caso de confiscaciòn por condena penal o de expropiaciòn por causa de utilidad pùblica. 

 

En general, los autores que sostienen la genuinidad de la sola responsabilidad por el interès, la cual surgirìa de la expresiòn “teneri te actione ex conducto, ut mihi frui liceat”, tienden a considerar la publicatio como confiscaciòn y por ende como evento del cual el locador debe responder porque es a èl imputable (5).  Asì, por ejemplo, algunos autores (6) sostienen que la primera parte del fragmento revela el pensamiento de Juliano, afirmando asimismo que el jurista adrianeo concedìa el resarcimiento del id quod interest en el caso de fundo “publicatus”, sobre la base que con la publicatio se quisiese indicar la confiscaciòn, que, dependìa de culpa del propietario del fundo, y, por ello, Juliano querìa constreñir al locador (propietario del fundo) a resarcir el daño producido al conductor.  Oportunamente, entonces, el jurista señalaba que se debìa prestar el “frui licere” y no la “remissio mercedis”. 

 

Conforme otros autores, como por ejemplo COSTA (7), el locador debe responder independientemente de alguna consideraciòn sobre su culpa en el obstàculo sobreviniente al cumplimiento del contrato, asì como es obligado ex locato frente al encargado de la insula aedificanda el locador propietario del suelo, en caso de hundimiento del mismo; y ex empto el vendedor de un fundo que haya sido igualmente confiscado, antes que se cumpliese la mancipatio, o, si el fundo era provincial, la traditio. De esta manera, contra esta regla julianea, segùn la cual el locador de un fundo que haya sido despuès confiscado es obligado de frente al conductor por el quantum interest de la falta de goce, sin consideraciòn a la causa de la confiscaciòn; el derecho justinianeo habrìa establecido que el locador sea obligado simplemente a restituir la merx anticipada, o a renunciar a aquèllas todavìa no prestadas, y habrìa mitigado ademàs la responsabilidad del vendedor (8).

 

De frente a estas opiniones debemos partir entonces por constatar si el caràcter penal de la publicatio surge o no del contexto del paso, es decir, si se trata de un procedimiento penal antes que administrativo.

 

En primer tèrmino se establece expresamente que la responsabilidad del vendedor o del locador se limita a la restituciòn del precio y/o canon de locaciòn, excluìdo cualquier resarcimiento de daños: “Quod hactenus verum erit, ut pretium restituas, non ut etiam id praestes”-“nec ultra actione ex conducto praestare cogeris”.  Esta disposiciòn es equitativa si se considera que se trate de un caso de expropiaciòn, ya que serìa inexplicable si se tratase de una confiscaciòn de bienes, es decir, es claro que no se puede considerar responsable de los daños al locador de un fundo expropiado o al vendedor de un fundo expropiado antes de la entrega; pero si el locador o vendedor incurre por sus malos comportamientos en una pena, por què liberarlos de su obligaciòn de resarcir al conductor o comprador el daño derivado de ello? (9). Por otra parte, no se explicarìa la razòn de una tal benevolencia de los compiladores hacia quien fuese culpable por incurrir en una pena gravìsima como es la confiscaciòn de bienes, ni tampoco es convincente la opiniòn de HUVELIN(10), el cual observa que algunas veces la confiscaciòn intervenìa por delitos de omisiòn o por simples negligencias, porque, como bien sostiene DE ROBERTIS (11), ello no excluirìa la culpa y por ende no explica la irresponsabilidad por los daños.

 

Como segunda observaciòn, la obligaciòn del vendedor de restituir el precio al comprador (o del locador de restituìr la merx al conductor) serìa incompatible con la instituciòn de la confiscaciòn, en virtud de la cual el fisco, subentrando como en una especie de sucesiòn en la posiciòn patrimonial y jurìdica del confiscado, era obligado a mantener las obligaciones asumidas por su dante causa y a reconocer tambièn el contrato de venta o de locaciòn, limitàndose la confiscaciòn al patrimonio actual del condenado, en la especie, al precio pagado por el comprador o por el locatario.  Por ùltimo, el paso excluye cualquier idea de culpa y de delito que està a la base de la confiscaciòn, al exprimirse con las palabras “quamvis per te non stet quominus id praestes" (12).

 

Conforme a las consideraciones expuestas, debemos dejar de lado la hipòtesis que se trate en el paso de un caso de confiscaciòn por condena penal, y, no siendo asì, podemos sostener que a simple vista el contexto del paso parecerìa sugerir que la publicatio es considerada como un caso de fuerza mayor, asimilàndola al caso del hundimiento del suelo, expuesto seguidamente, situaciòn que produce entonces intencionalmente una equiparaciòn de hecho y de derecho entre los dos supuestos considerados.

 

Precisamente de la frase “quamvis per te non stet quominus id praestes” resultarìa que se considera el hecho como un caso de fuerza mayor, asimilando la expropiaciòn al hundimiento del suelo (13).  Por otra parte, podrìamos preguntarnos si es necesario en derecho romano que la res locata sea destruìda por un caso fortuito para librar a las partes (locator-conductor) de sus correspectivas obligaciones de entregar la res y de restituìrla, o si ello proviene de un hecho no dependiente de las mismas que genera por un lado la imposibilidad del locador de entregar la res locata, y la obligaciòn del conductor rei de pagar la merx sino en la medida en que ha obtenido el goce de la cosa locada (14).

 

La segunda cuestiòn a resolver es el significado o mejor dicho, el contenido de las expresiones teneri te actione ex conducto o ex empto en este paso.  ¿Quiere significar responsabilidad contractual o vienen expedidas como medio de reparticiòn del riesgo contractual, que por ende no produce obligaciòn de resarcimiento, sino sòlo de restituciòn de la merx?  Esto ùltimo descartarìa de plano la aparente contradicciòn existente entre el teneri te actione ex conducto y la limitaciòn de la obligaciòn del locador, efectuada luego, a la sola restituciòn de la merx (quod hactenus-cogeris).

 

Acerca de las dos diversas consecuencias del incumplimiento (resarcimiento del daño o restituciòn de la merx), los autores que sostenìan no clàsica la distinciòn, o al menos una intrusiòn de Africano en el texto originario de Juliano, pretendìan existiese tal contradicciòn, sobre la premesa que el teneri ex conducto o ex empto de la primera parte del texto posee el significado de responsabilidad contractual.  Al contrario, se sostiene que èstas expresiones tienen un contenido extremamente genèrico, y entiendan designar a veces la obligaciòn de resarcimiento, otras la liberaciòn de la obligaciòn de la contraprestaciòn, y otras la restituciòn de la contraprestaciòn ya cumplida, o, por ùltimo, la pura o simple obligaciòn contractual al frui licere o al habere licere.   Ello serìa confirmado ademàs, reiterando lo expresado antes, por el acercamiento del caso en cuestiòn a aquèl del hundimiento del terreno, como un caso de fuerza mayor y de exclusiòn de responsabilidad, eliminando cualquier duda sobre la consecuencia que el locador soportaba en tales casos.  Esta serìa, ya sea para el caso de hundimiento del terreno como de publicatio del fundo, no otra cosa que la resoluciòn del contrato, con la consecuente liberaciòn del conductor de la obligaciòn de pagar la merx (15).

 

Podemos concluìr entonces que tanto la actio conducti como la actio empti, en la hipòtesis de la publicatio, vienen expedidas, no en funciòn de responsabilidad, sino como medio de reparticiòn del riesgo contractual, que no produce una obligaciòn de resarcimiento, sino sòlo de restituciòn de la merx, efectuàndose de esta manera la recomposiciòn o el reequilibrio del sinalagma contractual, alterado por el incumplimiento (16). En consecuencia, al equipararse estos dos casos con aquèl del hundimiento del suelo, conforme lo expuesto supra, debemos extraer sin dudas la misma soluciòn para èste ùltimo (17).

 

El sentido del “frui licere” encuentra aclaraciòn, ademàs, si se toma principalmente en cuenta la relaciòn de reciprocidad existente entre las prestaciones del locador y del conductor, y los criterios seguidos en la valoraciòn de la responsabilidad contractual, de esta manera, parecerìa entonces que la limitaciòn o no del resarcimiento del daño a la simple restituciòn de la merx fuese conexa a la existencia o no de la “culpa locatoris" (18).

 

En razòn de lo expuesto, debo concluir que las soluciones adoptadas para el caso que contempla D. 19.2.33, obedecen a un mismo principio derivante del hecho que tanto el contrato de locaciòn como el contrato de compraventa son contratos de buena fe, y los juristas no hicieron sino otra cosa que respetar el principio fundamental que los gobierna, por lo que se trata en el caso de la aplicaciòn pura y simple de la bona fides, cuya concepciòn influye decisivamente en dichas soluciones (19).

 

 


 

1) Para mas informacion sobre Africano, vease CASAVOLA, “Giuristi adrianei”, Napoli, 1980, pags. 82 y ss.

2) Sobre la obra de Africano, vease tambien CASAVOLA, cit., pags. 96 y ss.

3) Sobre Salvio Juliano, vease tambien CASAVOLA, cit., pags. 39 y ss.

4) Vease sobre este argumento, FIORI, La definizione della ‘locatio conductio’, Napoli, 1999, 80 y ss.

5) PALAZZOLO, “Evizione della cosa locata e responsabilità del locatore”, en Bulletino dell’Istituto di diritto romano Vittorio Scialoja, vol. 68, 1965, pàgs. 294 y ss.; tambièn HUVELIN, Comptes rendus critiques, en RH 3, 1924 pàg. 295 ss. nt. (54); APPLETON, Les risques dans la vente et les fausses interpolations, en RH 5, 1926, pàg.403 ss.  Propone asimismo una soluciòn en tèrminos de responsabilidad VOCI, “Diligentia”, “Custodia”, “Culpa”.  I dati fondamentali.”, en Studia et Documenta Historiae et Iuris, vol. 56, 1990, pàg. 130 ss., el cual sostiene, que la publicatio deberìa ser analogada a la evicciòn, donde no podrìa ser puesta a cargo del vendedor, en cuanto èste ùltimo no responde de una evicciòn debida a causas posteriores a la conclusiòn del contrato.  Ahora si la publicatio era una sanciòn, el acto ilìcito del vendedor no podìa ponerse en relaciòn directa con el incumplimiento contractual, pero tampoco podìa concederse que la regla del periculum emptoris tuviese pleno valor, atribuyendo al vendedor una ventaja por su ilìcito, de aquì la soluciòn intermedia, que impide la producciòn de los efectos propios de la venta. Seguidamente propone la lectura  “... quod hactenus verum erit, <ait>, ut pretium restituas...”, sosteniendo que el puto sucesivo de Africano se limita a extender a la locaciòn lo que Juliano habìa referido explìcitamente de la venta, pero no de la locaciòn.  La opiniòn de VOCI en lo referente a la analogia de la publicatio del caso con una eviccion, es criticada por TALAMANCA, “Considerazioni sul periculum rei venditae”, en Seminarios Complutenses, 7, 1995, pàg. 270 ss. nt. 189, quien destaca que en los pasos citados por VOCI (Paul. 6 resp. D. 21, 2, 11 pr. y Alex. C. 4, 48, 1) se afirma en realidad que las causas de la evicciòn verificadas post contractam – o perfectam - emptionem no son a cargo del vendedor, pero, tales pasos se refieren a un caso de evicciòn, o sea, presuponen que la obligaciòn del vendedor de rem tradere haya sido cumplida, lo que no ocurre en el caso discutido por Africano.

6) Conf. TAFARO, “Id quod interest”, en Index. Quaderni Camerti di Studi Romanistici, vol. 2, 1971, pàg. 368 ss.

7) COSTA, “La locazione di cose nel diritto romano”, Torino, 1915, pàg. 34 ss.

8) COSTA, ob. cit., pàg. 38.

9) DE ROBERTIS, “L’espropiazione per pubblica utilità in diritto romano”, Bari, 1936, pàg. 158 ss., observa que esta contradicciòn ya habìa sido notada por ACCARIAS; si despuès se quiere sostener que se trate de una interpolaciòn de Justiniano, en lo que el autor concuerda pero observando que se tratarìa de una interpolaciòn con un fin explicativo y no integrativo.

10) HUVELIN, ob. cit., pàg. 327.

11) DE ROBERTIS, ob. cit., pàg. 159 nt. (6).

12) DE ROBERTIS, ob. cit., pàg. 160.

13) DE ROBERTIS, ob. cit., pàg. 160, no comparte la opiniòn de HUVELIN (ob. cit., p. 327), el cual no excluye que podrìa tratarse de una omisiòn o de simples negligencias.  Segùn DE ROBERTIS, ob.cit., pàg. 160 nt. (10) y (11), tal distinciòn es infundada y no resulta del texto, el cual habla en general de “publicatio”.  GLUCK, en Pandette, XIX, p. 147, sostiene que tal equiparaciòn entre la imposibilidad de hecho y de derecho de prestar es familiar a los juristas romanos: cfr. D. XXX, 84, 4, IULIANUS; D. VII, 6, 2, POMPONIUS.

14) ALZON, “Les risques dans la “locatio-conductio”, en Labeo. Rassegna di diritto romano, vol. 12, pàg. 312 nt. 10, afirma que las soluciones son las mismas en derecho francès moderno (arts. 1741 y 1730 del Code Civil).  Como en derecho moderno igualmente (art. 1732 del Code Civil), no es necesario en derecho romano que la res locata sea destruìda por un casus maior.  La simple ausencia del hecho del locador y del locatario los libran tambièn de su obligaciòn de entregar la res y de restituìrla.  El conductor no puede pretender la restituciòn de la merx por el tiempo que ha precedido la desapariciòn de la cosa locada, pero no està màs obligado a pagarla en adelante. (D. 19.2.30.1 Alf. 3 dig. a Paul. Epit.; D. 19.2.19.6 Ulp. 32 ad. ed.; D. 19.2.9.4; D. 19.2.33 Afric. 8 quaest.; D. 19.2.30 pr.; D. 19, 2, 15, 2).  Por ultimo, sostiene que la “restituas” se comprende para la locatio rei, pero no para la locatio operis, porque, al contrario, el actor obliga al locator a pagar.  Pero ello se explica por el paralelo que precede entre la locatio rei y operis y la venta, dentro de las cuales los riesgos son a cargo del vendedor, implicando ello una restituciòn del precio. HUVELIN, ob.cit., 295 y ss., en el analisis que efectua del fragmento, se pregunta en primer lugar si los juristas clàsicos se plantearon la cuestiòn de la restituciòn de la merx o la de la indemnizaciòn por la privaciòn del uso y goce de la cosa, o resolvieron los casos segùn la equidad, conforme a los tèrminos elàsticos de la fòrmula; y de la misma manera en cuanto a la fòrmula de la actio empti que obliga a quid quid ob eam rem dare facere oportet ex fide bona”, se plantea la duda si ella comprende la restituciòn del precio pagado, pero no una indemnizaciòn correspondiente al interès que el comprador tiene en la realizaciòn de la venta, o en definitiva, concluye, no se trata de un caso de periculum sino de confiscaciòn por lo cual no es necesario debatir sobre el periculum venditoris?.  Vease tambien, FIORI, cit., 80/111.

15) PALAZZOLO, ob. cit., pàg. 299, afirma que a las objeciones existentes se ha confrontado la exègesis del texto hecha por KASER, a travès de la cual ha tratado de demostrar còmo el ejercicio de la actio conducti en los casos mencionados primero (publicatio del fundo locado, corruptio del suelo, publicatio del fundo vendido antes de la entrega) habrìa conducido en cada caso a la simple restituciòn de la merx en el derecho clàsico.  Sobretodo, la publicatio es considerada en el texto un evento no imputable al locador (quamvis per te non stet, quo minus id praestes). Ningùn contraste existe entonces, para este autor, entre las dos partes del texto y, consecuentemente, es de ninguna importancia la cuestiòn de si haya habido un agregado de Africano al texto de Juliano; LONGO, “Osservazioni critiche sulla disciplina giustinianea della locatio-conductio”, en Estratto da “Studi in onore di Biondo Biondi”, Milan, 1962, pàg. 287, sostiene que es verosìmil que la alusiòn a la expropiaciòn de la cosa vendida haya sido ocasionado por la consideraciòn, que ya sea para el fundo locado como para el vendido, la falta de ejecuciòn del contrato es consecuencia de imposibilidad jurìdica de la prestaciòn.  Ello darìa razòn a la sospecha que algunas irregularidades del texto sean màs que nada fruto de glosas.  Sostiene asimismo que la falta de actuaciòn del objeto del contrato consiente, ademàs, la afirmaciòn que perdure el derecho a la percepciòn de la merx en el contrato de locaciòn de obra y, para la locatio rei, a una restituciòn del alquiler por el perìodo de falta de goce, aunque no sea imputable al locador; TALAMANCA, ob. cit., pàg. 271 ss., afirma que sea para la emptio venditio que para la locatio conductio, la soluciòn de Africano es claramente orientada a resolver el problema en tèrminos – sobre el plano sustancial – de riesgo, en cuanto en discusiòn està solamente la restituciòn del correspectivo pagado al vendedor o al locador.  Se necesitarìa entonces, evitar la errònea concepciòn de deducir una responsabilidad del vendedor en virtud de la esperibilidad contra èste ùltimo de la acciòn contractual: esta acciòn compete, para la restituciòn del precio, en cuanto pagado (y en estos lìmites subsiste tambièn una responsabilidad del vendedor mismo), bien diversa de aquèlla al id quod interest despuès del incumplimiento, que da lugar a una cuestiòn de responsabilidad contractual en sentido estricto.  Resalta que es necesario reconocer que – sobre el plano formal de la terminologìa operada - ni Juliano ni Africano, presentan la cuestiòn en tèrminos de periculum, y que, seguramente para la locatio conductio (pero tambièn para la compraventa), el maestro parece reconocer, sin tèrminos medios, una responsabilidad del conductor al frui – y respectivamente al habere licere-.  Sostiene ademàs, que se trata del ùnico ejemplo en las fuentes de imposibilidad de la prestaciòn sobreviniente sobre el plano jurìdico, pero este aspecto no es seguramente el ùnico decisivo para Juliano, dado que èl asimila a la locatio rei (que tiene como objeto el fundus publicatus) la locatio operis, donde el locador es obligado (nihilominus teneberis) para el caso de fuerza mayor representado por el solum corruere, concluyendo que, seguramente la soluciòn de Juliano estaba inspirada en la circunstancia que el jurista consideraba que màs allà de un problema de imputabilidad por dolo o culpa del hecho, el locador està obligado a responder porque se trata de un hecho que se sitùa al interno de su esfera de intereses (si no de control), y que no proviene, del exterior.  Por otra parte, con referencia a la cuestion de si el paso consagra la regla periculum venditoris como un resabio clàsico, o, por el contrario, es una excepciòn a la regla clàsica del periculum emptoris, considera en primer tèrmino que el traspaso que se habrìa producido en època tardo-antigua o por obra de los compiladores justinianeos del periculum venditoris al periculum emptoris, probablemente se relaciona con el cambio de la concepciòn fundamental existente en el ordenamiento, en el confronte de la funciòn socio-econòmica del intercambio entre la cosa y el precio, por la cual reemerge en esta època una tendencia a la restricciòn de la importancia jurìdica de tal intercambio al momento traslativo y a la irrilevancia a cualquier fin del mero acuerdo entre las partes.  Es obvio como en esta concepciòn juegue la importancia del principio casum sentit dominus que cambia la concepciòn del perfil contractual al perfil propietario.  A propòsito, advierte que no se debe ver al periculum emptoris o venditoris y al principio señalado casum sentit dominus, como valores absolutos, que no puedan sufrir, en la historia, cambios en relaciòn a su importancia en la reparticiòn del riesgo contractual.  Según su opinion, el caso se inserta en la problemàtica de la distinciòn entre riesgo y responsabilidad contractual, y, a diferencia de Juliano, Africano sigue una soluciòn que, en tèrminos de dogmàtica actual, se orienta sobre el plano de la reparticiòn del riesgo, adoptando al interno de la misma el periculum venditoris.  Un problema real es aquèl de la razòn por la cual –una vez que habìa decidido que la soluciòn, sustancialmente, era en tèrminos de periculum venditoris- Africano no haya puesto, tambièn terminològicamente, tal soluciòn en tèrminos de periculum, lo que podrìa hacer surgir la duda que aquèl no fuese  totalmente conciente de las implicaciones dogmàgicas de su decisiòn, de lo que se podrìa deducir la acentuacion en el paso de una cierta marginalidad en la discusiòn sobre el periculum rei venditae.  Desde Juliano, y tambièn con probabilidad, desde la jurisprudencia precedente, el problema habìa sido expuesto y resuelto desde el punto de vista de la responsabilidad, y no habìa una tradiciòn de discusiòn bajo el perfil del periculum rei venditae. Por otro lado, se encontraria según el autor, precisamente en la circunstancia que, negando la responsabilidad del vendedor, Africano resuelva el problema de la disciplina del caso en el sentido de la restituciòn del precio por parte del vendedor (y en el caso de la locatio rei, del canon de locaciòn correspondiente al tiempo de la falta de goce por parte del conductor) en el àmbito de la escuela sabiniana, donde se habìa continuado a aplicar el periculum venditoris, y es aquì que Africano encontraba la inspiraciòn para una màs adecuada soluciòn entre los dos extremos representados por aquèlla en tèrminos de responsabilidad al id quod interest (que era excesivamente penalizante para el vendedor, y tambièn para el locador, en cuanto no tuvieren culpa) y aquèlla en tèrminos de periculum emptoris (y, eventualmente, conductoris), la cual puede aparecer demasiado rigurosa para el comprador y, en medida tal vez acentuada, para el conductor en la locatio rei.  Al respecto, DE ROBERTIS, ob. cit., afirma que este fragmento (D. 19.2.33) representa uno de los pasos màs controvertidos de la compilaciòn justinianea en cuanto a la medida de las alteraciones producidas por obra de los compiladores.  Aquèllos que sostienen la clasicidad del principio periculum emptoris, a travès de una crìtica aguda pero no imparcial, han llegado a afirmar que ha llegado hasta nosotros tan alterado como para deber ser “etre ècartè du fond du dèbat” (cfr. HUVELIN, Comptes rendus critiques, cit., p. 327); mientras los que sostienen la tesis contraria se han inclinado a considerarlo una especie de fòsil de la època clàsica, solamente por casualidad supèrstite entre los aluviones del bizantinismo. Considera despuès inùtil señalar como la crìtica radical y destructiva del BESELER tienda tambièn para este paso a extender al màximo el campo de las interpolaciones.  El autor, en cambio, afirma seguir la tendencia de una crìtica moderada.  Sobre la atribucion de los peligros contractuales en el derecho romano, vease tambien CARDILLI, “Imprevision y peligros contractuales en el sistema juridico romanistico”, en El contrato en el sistema juridico latinoamericano, II, Universidad Externado de Colombia, 2001, pags. 253 y ss.

16) PALAZZOLO, ob. cit., pàg. 299, revela por ello ùtil, si no necesaria, la aclaraciòn de Africano.  Asimismo, VACCA, Buona fede e sinallagma contrattuale, en Iura XL-VIII, 1997 [pubbl. 2002], pàg. 139 nt. 37, sostiene: “...La determinazione concreta della bona fides, che porta in evidenza l’esigenza di tutelare la sinallagmaticità del contratto nella fase della sua attuazione, comporta infatti l’utilizzazione dell’azione contrattuale anche in funzione di ‘azione di risoluzione’, ma non nel senso di azione volta ad eliminare l’obbligazione corrispettiva una volta che è divenuto impossibile l’adempimento di una parte, ma nel senso di azione volta a ripristinare la corrispettività delle prestazioni, venuta meno per tale inadempimento: il debitore inadempiente per fatto non imputabile risulta sì ancora soggetto all’azione contrattuale, ma la determinazione elastica del quidquid dare facere oportet ex fide bona permette in concreto di ripristinare l’equilibrio patrimoniale fra le parti, comportando la restituzione delle attribuzioni compiute dal creditore insoddisfatto, ma non intaccando l’esistenza del contratto, e la validità delle obbligazioni che ne sono derivate, che restano la ‘causa’ dei trasferimenti compiuti...”

17) VOCI, cit., 130 ss., afirma que la expresiòn ut mihi frui liceat, referida a la locaciòn, no debe haber hecho alusiòn a la prestaciòn del id quod interest, y que el conductor de la obra, del cual seguidamente se habla, no puede haber pretendido màs de una remuneraciòn parcial y el reembolso de eventuales gastos.

18) TAFARO, ob. cit., pàg. 370, afirma que el sentido del frui licere encuentra aclaraciòn en los fragmentos concernientes a la locatio rei, de los cuales resulta el uso de la expresiòn tambièn para indicar la simple restituciòn de la merx; en el mismo sentido, FIORI, cit., 80 y ss.; CANNATA, Recensioni critiche, en Iura. Rivista internazionale di diritto romano e antico, vol. 33, 1982, pàg. 188, sostiene que en la locatio rei, si la cosa locada se pierde por causa no imputable al conductor, èste no responde de la pèrdida y es ademàs liberado de la obligaciòn de pagar la merx – por la lògica del sinalagma, no pudiendo màs utilizar la cosa -; de ello se deriva que el riesgo de la pèrdida fortuita de la cosa es a cargo del locador, periculum locatoris.  Se alude, entonces, a un riesgo que no es atribuìdo en funciòn de la responsabilidad, sino que corresponde a un daño que permanece allì donde se ha verificado: la cosa pertenece al locador, y èl sufre su pèrdida.  Conf. VACCA, ob cit., pàg. 141 ss.: “Il problema trattato da Africano sulla scorta delle soluzioni di Giuliano non ha evidentemente niente a che vedere con l’operatività del sinallagma condizionale.  In questo caso è chiaro che la publicatio del fondo locato o venduto non comporta il venir meno della responsabilità del venditore o del locatore; divenuto impossibile l’adempimento, sia pure per una causa non ‘colpevole’, il venditore o il locatore restano soggetti all’azione: ciò è detto espressamente dal giurista, che enuncia l’esperibilità dell’azione contrattuale come elemento qualificante della fattispecie. ... il punto in discussione peraltro non è se sussista l’oportere ex fide bona e quindi se il debitore debba essere condannato, ma a quanto debba essere condannato ex fide bona: l’implicazione della buona fede in questo caso incide cioè sulla soluzione che, non essendo dipeso dal debitore l’inadempimento, egli deve essere condannato solo all’equivalente di quanto ha ricevuto e non deve risarcire il danno”, agregando ademàs que “...in tutti i casi esaminati l’operatività del sinallagma rileva nel momento dello svolgimento del contratto, che, in quanto tutelato da iudicium bonae fidei, impone che si mantenga l’equilibrio fra le prestazioni, nel senso che ciascuna parte deve essere posta nella condizione di non poter conseguire arrichimento dalla prestazione corrispettiva laddove risulti definitivamente inadempiuta la sua obbligazione”.

19) ALZON, ob. cit., pàgs. 336, 337 y nts. 83 y 84, si bien el autor reconoce que el fragmento de Africano no es de los mejor redactados, sostiene que es muy difìcil probar la existencia de alteraciones en el mismo, siendo la autenticidad admitida notablemente por Haymann y Konstantinovicht, agregando que “La bonne foi consiste en effet essentiellement à tenir sa promesse.  Le contractant qui n’exècute pas son engagement commet donc une faute, car “fidem contractus impleri aequum est” (D. 19.2.19.9).  Mais ceci n’est vrai que si l’autre partie a accompli son obligation (comme le locator navis dans D. 19.2.61.1: cf. § 1) ou tout au moins est prete à la faire (comme le locator operarum dans D. 19.2.38 pr. et D. 19.2.19.9.).  Car, dans le cas contraire, la partie lesèe, en refusant elle-meme d’exècuter, ne ferait que respecter, conformèment à la bonne foi, l’engagement qu’elle a souscrit.  Elle ne manquera pas de faire remarquer, en effet, que sa promesse avait pour condition la bonne exècution de la promesse adverse et que, si elle avait pu prèvoir la dèfaillance de son cocontractant, elle n’aurait jamais acceptè de souscrire un engagement.  Si, dans ces conditions, la res debita est dètruite entièrement par un casus maior, son bènèficiaire peut refuser de payer la merces à partir du moment où l’on a cessè de la lui fournir (D. 19.2.9.1: pro rata temporis quo fruitus est pensionem praestet); et si la res debita n’est pas entièrement dètruite, il a le choix, conformèment à la bonne foi, entre deux solutions: ou bien el estime que, s’il avait pu prèvoir le casus, el aurait tout de meme passè l’acte, mais moyennant une merces plus faible, auquel cas le loyer sera diminuè au pro rata de la perte de jouissance; c’est ce que nous dit Alexandre Sèvère au CI. 4.65.8 pour le colon ayant obtenu peu de fruits (rationem tui juxta bonam fidem haberi recte postulabis); ou bien il estime qu’il n’aurait jamais, dans ce cas, souscrit à l’acte et il peut alors rèsilier le bail sans etre en faute.”  En derecho francès moderno (art. 1722 del C.C. “Si, pendant la durèe du bail, la chose louèe est dètruite en totalitè par cas fortuit, le bail est rèsiliè de plein droit.”).  Y continùa, “Les Prudents, en effet, en bons juristes, s’efforcent toujours de concilier l’equitè et la logique juridique.  Or, en l’espèce, il n’y avait pas de difficultè pour la locatio rei et la locatio operarum: la stricte application de la bona fides conduisait à une situation èquitable, dans laquelle le conductor ne payait pas au-delà de la jouissance qu’il avait retirèe du contrat, le locator continuant, de son cotè, à percevoir la merces aussi longtemps qu’il en fournissait la contrepartie.  Par contre, les jurisconsultes se sont parfaitement rendu compte qu’il ètait impossible de respecter l’èquitè dans la locatio operis, car, si l’on dispensait le locator de payer la merces pour un ouvrage disparu avant sa probatio, le conductor avait travaillè pour rien, et si l’on obligeait le bailleur à indemniser l’artisan, le locator, qui, dèjà, subissait la perte de la matière donnèe à façonne, payait pour un travail dont il n’avait jamais recueilli le bènèfice.  Obligès ainsi de comettre une injustice de toute manière, les jurisconsultes auraient pu, conformèment à l’application correcte de la bona fides, opter pour le periculum conductoris, car il est certain que si le locator avait pu prèvoir le casus au moment de contrat, il n’aurait jamais acceptè de payer quoi que ce fut.  Pourtant, pour des raisons èconomiques et sociales, les Prudents ont prèfèrè avantager le conductor en obligeant son cocontractant à l’indemniser de sa peine.  Afin de concilier cette solution avec la bonne foi, ils ont eu recours au concept de joussance future qui leur permettait d’obliger le locator à payer pour un bènèfice qu’il ètait censè avoir recueilli.  Du moins ont-ils exigè très logiquement que le travail fut correctement fait, car, contrairement à ce que pense HAYMANN, qui trouve cette dècision injuste, il eut ètè inique d’avantager aux dèpens de son client un artisan nègligent ou incapable.”  Sobre el rol de la buena fe en la determinacion de las obligaciones contractuales, vease CARDILLI, “La <buona fede> come principio di diritto dei contratti: diritto romano e America Latina”, en Roma e America.  Diritto Romano e Comune, 13, 2002, pags. 123 y ss.