VAMOS, CAMPEÓN…!

 

 

                               por Edmundo Mirabelli

                                                   

 

- I -

 

El habitual picado de los domingos en la canchita suburbana languidecía, ya con el resultado puesto, pero aunque hubiese faltado un tiempo, el Chelo habría salido igual.

El tirón en la parte de atrás del muslo le avisó que “no iba más” y si a esto le sumamos que casi no le alcanzaban los pulmones para tomarse todo el aire de la mañana, tendremos una idea aproximada del lamentable estado de Chelo.

Los cuarenta largos se le habían transformado, desde hacía un tiempito, en una carga bastante pesada para aguantar una hora y media en cancha de once.

Maldiciendo por lo bajo, haciendo muecas por el dolor, se dejó caer en el pasto raleado y comenzó a sacarse los gastados botines. Los muchachos ya se venían acercando, quitándose las descoloridas camisetas y hablando a los gritos.

-¡Chelo, colgá los tínbo, maricón..!-, bromeó uno al pasar.

Sacudió la cabeza, esbozando una sonrisa de compromiso y se calzó los pantalones del jogging arriba de los cortos para apurar el regreso a casa. Algunos seguían cruzando por delante suyo; la caricia apurada del Juanchi en la cabeza, al pasar, con el encogido aliento: “Vamo´, campeón, no me afloje..!”.

La despedida a la gente y a pegar la dolorida vuelta.

Las pocas cuadras hasta su casa le parecieron una travesía; apenas podía levantar la pierna. “-Chelito, estás jodido…Vas a tener que largar el fulbo, en serio…O por lo menos,  jugar en cancha chica”-, se arrepintió enseguida. 

Después del almuerzo, se derrumbó en una siesta interminable.

Y la ensoñación recurrente; …partido de visitantes contra Racing, pide el pase, la larga corrida para alcanzar la pelota a la que parece no llegar nunca, el toque con la punta del botín por arriba del arquero, red. Gol ! Y se termina el partido, “su” partido. Y se termina, también, el sueño.

-Despertáte, Cholo!-, lo zamarrea Isabel. –Tenés que ir a buscar al Seba al club.-

Es cierto, el Seba hoy tenía partido”, se restrega los ojos el Cholo, levantándose presuroso .

Mientras vuelve con Sebastián para su casa en el colectivo, los vocingleros comentarios de su hijo sobre el partido recién jugado le hacen revivir su propia historia. Él también había empezado en las infantiles de Independiente.

Sacudió sus pensamientos, miró por la ventanilla y suspiró, pensando en que tenía que levantarse temprano para ir a trabajar.

 

                                                          

- II -

 

A la mañana se despertó muy temprano, como todos los días, para ir  a su trabajo (que a Dios gracias tenía). Se levantó despacito para no despertar a Isabel ni a los pibes, cuando el Sol recién se estaba desperezando y, mientras preparaba el mate, lo volvieron a atacar los pensamientos del día anterior, gracias al recrudecimiento del dolor en la pierna.

Si hubiera estado entrenado, como hace años, por ahí no lo hubiese sorprendido ese desgarro.

Sorbiendo el primer amargo, recordó…

-Que épocas…!-, pensó. Primero, las infantiles del Rojo, después como un rayo, las divisiones “menores”  quedaron atrás en poco tiempo, por mérito propio.

- “Y claro, si la rompía, la dejaba chata como una pizza a la pelota. En el medio, no tenían a otro que te armara el juego como yo…”-

Se sonrió, rememorando que pasó de la novena a la sexta en poco más de un año. Quince años tenía, y ya en la sexta. Que tal ? Si hasta el técnico que lo “subió” le había dicho que iba a ser como el petiso Mura, que le hacía acordar al petiso Mura.

- Pibe, vos tenés futuro en el fulbo-, le había dicho, - No me hagas quedar mal, cuidate, entrená y andá preparándote, porque en un par de meses le voy a hablar de vos al “ténico” de la Reserva. -

Recordó que en aquel momento infló el pecho flaquito y se imaginó que el debut en la Primera no estaba tan lejano.

-Pucha, se me hace tarde para ir al laburo…!-, volvió a la realidad.

Y se apuró, como pudo, para llegar a la estación y alcanzar el tren a horario. El tren y después el subte. Un largo trayecto para llegar a las oficinas del centro, donde trabajaba en maestranza, limpieza y todo eso.

– “Y de qué querés que labure..? De tordo? . Si apenas terminé la primaria me quise dedicar al fulbo. Si tenía condiciones…”- reflexionó, ya comprimido en el vagón.

- “Para colmo, siempre tenés que viajar parado acá.”-, se dijo a sí mismo. Aunque el traqueteo ferro-vial y viajar apretujado como si fuera ganado no fueron obstáculo para que siguiera rumiando sobre estos pensamientos que, desde el día anterior, desde el último picado en la canchita de Villa Pineral, venían carcomiéndole el cerebro.

Qué lejos habían  quedado sus sueños de jugador profesional, de brillar en el Rojo y (porque no) hasta de haberse ido a Europa. Qué lejos..! Qué diferencia con su realidad de hoy.

De su anhelo de ser un tipo famoso, que le pidieran autógrafos por la calle como al “Bocha” o a Marangoni, a este anónimo lustra-pisos, un ignoto componente más de la catarata humana que baja del tren e inunda en un instante el andén de Constitución.

- “Tenía condiciones, claro que tenía condiciones…”-, se repitió Chelo, mientras avanzaba hacia el subte, empujado por una especie de “vis a tergo” originada por la marea proletaria.

Sostenido más por sus ocasionales compañeros de viaje que por aferrarse de las manivelas colgantes, por lo menos se distrae leyendo “de ojito” las páginas deportivas del diario:

-“Verón vendido al Chelsea en casi treinta palos verdes…! Que lo parió…!”- piensa.

-“Mirá si yo hubiera llegado…”-, imagina. – “Y…, ahora, en lugar de viajar medio asfixiado en este subte de mierda, viajaría en una 4 x 4, …o estaría viviendo lo más choto en Italia o en Madrid. Seguro estaría tomando sol en la Costa Azul, panza arriba, tomando un Martini. Por áhi, hasta con 2 ó 3 minas.”-, se ufana.

El Chelo hoy está pensando demasiado, cosa no acostumbrada en él, que es un tipo sencillo. Culpa de ese desgarro inesperado que ayer lo dejó afuera del partido como nunca le había pasado antes. Y de la falta de aire que venía notando desde hace un tiempo, también. Para que nos vamos a engañar.

Y sigue cavilando; se le ocurre que la vida no es como uno quiere que sea o como se lo propuso en un momento determinado. No, que va a ser como uno quiere.

-“Y en mi caso, ¿que querés que le haga?”-, se rebela. – “¿Qué podía hacer yo para impedir que mi hermanita más chiquita, la Beba, se enfermara y que mi viejo me pidiera que lo ayudara a pagar el tratamiento., que no tenía otra salida….? ¿Qué iba  a hacer…? Y tuve que salir a laburar, maestro. A los quince años, justo cuando me estaban por subir a la cuarta, como me había prometido el técnico”-., se justifica a sí mismo. 

Los recuerdos se atropellan. Apenas cierra los ojos para bloquear la realidad. 

-“Por cumplir en el mercadito , cada vez tenía menos tiempo para ir a entrenar, por el laburo de cadete, me entendés..?, y el cansancio se notaba en cada partido. El rendimiento ya no era el mismo y al final me dieron en préstamo a Arsenal (que en ese tiempo, acordáte, estaba en la “C”). “Para foguearme”, me dijeron. Ya voy a volver, me propuse. En un añito vuelvo al Rojo. Pero…, la enfermedad de la Beba se alargó más de la cuenta y los remedios costaban cada vez más caros. Había que seguir yugando en el mercadito y ya no podía ir ni siquiera a los entrenamientos. Claro, me puse muy mal, estaba para la mierda, y le dije al viejo. Pero, viste como eran los viejos, antes…? No te daban muchas opciones, o blanco o negro. “Elegí, Chelo. Jugás a la pelota vos o tu hermana se muere”, me vomitó. ¿Qué querías que hiciera? Seguí laburando en el mercadito de Don Rino sin decir ni “mus” porque a mi hermanita la quería mucho, más porque era la más chiquita, entendés…? En ese momento, me venían a buscar de varios equipos, de Quilmes, de Lanús, de Dock Sud, para que firmara para ellos. Pero así como me moría de ganas de jugar, sabía que si dejaba de laburar, no había plata para los remedios de la piba.  Gracias a Dios, se curó al poco tiempo, y ya sin la necesidad de tener que trabajar todo el día, volví a mi ilusión de siempre. Pero cuando me fui a probar de nuevo a Independiente, el cuerpo técnico había cambiado y los que me conocían de antes ya no estaban. Tengo que reconocer que la falta de entrenamiento y de juego (porque en todo ese tiempo no podía ni jugar los domingos en el potrero) hicieron que durante el partido de prueba no viera una. Sabiendo de antemano la decisión, agarré el bolsito y me las piqué del club, y no volví a aparecer más. Un par de años después recalé en San Telmo, pero ¿viste como son estas cosas en el fulbo?, cuando llegás de grande a un club, no te dan mucha bola, salvo que seas Pelé. Así y todo, a fuerza de “escolasearla” más o menos, alterné en la primera un par de partidos. Pero, jugando en la “C” no te ve nadie. Encima, te pagan dos mangos, cuando te los pagan… Entonces decidí ponerme a laburar en serio para ganarme el mango, porque ya estaba de novio con la Isabel y me apuraba para casarnos. 

El fulbo lo jugaba con los amigos donde se podía, nos anotábamos en todos los campeonatos. Y los muchachos me respetaban. ¿sabés como me respetaban? Claro, yo había pasado por un clú grande, por la inferiores…, pero en un clú grande, jugué con el “Luli” Ríos, con Rambert, con el Dany Garnero, que joder…! Conmigo en la cancha hacían diferencia. Los que tenían auto, me pasaban a buscar por casa pa´ ir a jugar. Y cuando había algún desafío chivo al primero que me avisaban era a mí. Parece que fue ayer, no?…Bueno, ahora los fueyes no son los de antes, viste? La verdá, no te aguanto los noventa minutos, y por áhi no llego a tiempo a cortar un pase, que vá´cer…Y, te digo, si yo no aparezco por la canchita los domingos, capaz que ni se acuerdan de decirme. ¡Que guachos! Y últimamente, están poniendo a ese pibe que viene del Docke, en lugar mío... “–

El corcovo del vagón por la curva antes de la estación despertó de golpe al Chelo, que se había quedado dormido parado. Ya se tenía que bajar. Y llegar al laburo para ganarse la diaria, la de todos los días, que al fin de cuentas para que servían todas esas cavilaciones pelotudas sobre las vueltas de la vida.

- “En serio, para que sirven…Y bueno, por lo menos el Seba la está descosiendo en el baby. Él sí que va a llegar…!”-

Y al tiempo que camina hacia la salida, se apura a secarse una lágrima (-“…es por el dolor en la pierna, viste”?-) que, traicionera, le quiere agujerear la mejilla, mientras, allá arriba, la boca del subte se le asemeja (como siempre) al túnel de salida a la cancha, y se cuela el rumor de la calle…, el rumor de la calle? ….No! es la hinchada del Rojo de Avellaneda que está esperando que salga el equipo, es la multitud que lo aclama: “Vamo´, Chelo!, Vamos, Campeón…!!”