EL QUANTUM DEL RESARCIMIENTO
EN CASO DE INCUMPLIMIENTO CONTRACTUAL:
ENTRE EL REEQUILIBRIO DEL SYNALAGMA
Y EL
ID QUOD INTEREST

por Virginia Abelenda

TERCERA PARTE

La Codificación

 

 Sumario:  1.  El sistema de los códigos.  2.  Consecuencias del incumplimiento contractual en las codificaciones latinoamericanas. La influencia europea. 2.a  El incumplimiento inimputable.  2.a.1  La problemática de la contraprestación en los contratos bilaterales.  2.a.2  El caso de expropiación por causa de utilidad pública.  2.b  El incumplimiento imputable: Resarcimiento del daño.  2.b.1  Sistemas de extensión de la reparación2.b.2  El daño emergente y el lucro cesante.  2.b.3  La extensión del resarcimiento en los códigos civiles.  2.c  Disposiciones particulares de los contratos de compraventa, locación de cosas y  de obra.  2.c.1  Compraventa.  2.c.2  Locación de cosas.  2.c.3  Obra.

 

 

1.  El sistema de los códigos

 

Quisiera aclarar en primer término, que la metodología implementada en la exposición de los códigos, parte del análisis y comparación de las disposiciones concernientes a la materia tratada en el presente trabajo, existentes en los códigos que sentaron las bases del sistema jurídico latinoamericano: los códigos chileno (1855), argentino (1869) y brasileño (1916).[28]  Se analiza también la influencia en esos códigos, en primer lugar de la codificación francesa, o code civil de 1804, luego los códigos dependientes del code civil francés, en particular el código civil italiano de 1865, para finalmente introducirnos en las restantes codificaciones latinoamericanas, con especial mención además, del código español de 1889[29], del código civil alemán de 1900 (BGB), y del codigo civil italiano de 1942, tambien por la gran influencia que ejercieron estos en algunas de las soluciones que se encuentran en los códigos latinoamericanos, y en fin, como parte todos ellos de las experiencias jurídicas del comùn sistema jurídico romanista.[30]  Ello así, conforme al siguiente orden de exposición:

 

Códigos que revisan e integran el código Napoleón con el derecho tradicional: entre ellos hago especial referencia al código de Bolivia de 1830, en razón de que este código inició una nueva etapa en la historia de la codificación iberoamericana, al abandonar la práctica hasta entonces seguida de simplemente adoptar el código francés en el todo, e inauguró un procedimiento nuevo, consistente en revisarlo e integrarlo con el derecho tradicional.  Este código rigió en Bolivia hasta el año 1845, fecha en que se lo reemplazó por otro.  Pero fue puesto nuevamente en vigencia a fines del año 1846, siendo derogado recién en 1976, día en que cobró vigencia el cuerpo legal actualmente en vigor.[31]  También hago referencia al código de Perù II (1852), considerado como la primera codificación iberoamericana endógena[32]: este código sigue el modelo institucional gayano-justinianeo de las personae (libro I) y res, subdivididas en: corporales (libro II), e incorporales, es decir: derechos reales (libro II), hereditas (libro II) y obligationes (libro III).  Ello lo confirma la adopción de la distinción gayano-justinianea de cosas en corporales e incorporales en su art. 454.  No sigue en esto, entonces, al código francés, ello en virtud de que el código peruano, en contra de aquél, nuevamente recogió el principio romano-castellano de que la propiedad entre vivos no se transfiere por contrato sino por la tradición subsiguiente (arts. 571 ss.); determinando una drástica separación de la doctrina de los modos de adquirir, tratada en el libro II; y aquella de las obligaciones y contratos, expuesta en el libro III, que el código francés, en cambio, integra.  Además, la secuencia comùn de materias: cauciones, cuasicontratos, extinción de obligaciones, es totalmente ajena al código francés, y más bien se inspira en el orden de materias de las Institutiones de Justiniano.  Posee además, en varias materias, diferencias con respecto al código francés, pero ello no significa que el código francés no haya influido en algunas partes al peruano.  Así, por ejemplo, el tít. 3º: De los requisitos esenciales de los contratos (artículos 1.235 ss.) de la sección primera del lib. III del código peruano, está inspirado en el cap. 2º: Des conditions essentielles pour la validité des conventions (artículos 1.108 ss.), del tít. III del lib. III del Code Civil.  En otros aspectos, el código peruano de 1852 fue muy tradicionalista, ello se observa en la fijación de un estatuto de la esclavitud (lib. I, sec. 2ª, tít. 5º: De los ingenuos, siervos y libertos; tít. 6º: De la manumisión), en razón de que en 1852 Perù aùn no abolía esa institución y no competía al código hacerlo; ello, junto al hecho ademas de haber dedicado una reglamentación a los clérigos (lib. I, sec. 2ª, tít. 4º: De los clérigos), permite afirmar que a este cuerpo legal aùn resultaba algo ajena la idea de la unidad del sujeto de derecho.  El tradicionalismo también se observa en la regulación de las instituciones antiguas como las capellanías y el patronato (lib. II, sec. 7ª, títulos 1º y 2º) y los censos (lib. III, sec. 5ª, tít. 4º).

 

El sistema del código chileno (1855) se atuvo fielmente al gayano-justinianeo de las Institutiones, familiar a su autor Andrés Bello[33], por haber éste escrito precisamente “Institutiones de derecho romano”, como se ve en la segunda parte del presente trabajo, fundado en la dicotomía personae-res, subdividido el primer extremo en res corporales-res incorporales, e integrado éste ùltimo por el ususfructus y las servitutes, la hereditas y las obligationes.  La fuente que predominó en el código civil chileno fue el código de las Siete Partidas, con la glosa de Gregorio López.  Pero también intervino directamente el Corpus iuris civilis, de cuyo carácter fundante de la ciencia jurídica Bello estaba convencido.  En menor medida, se encuentran otras fuentes castellanas como el Fuero Real, la Novísima Recopilación de Leyes de España y las Leyes de Toro.  Entre los autores se destacan los españoles antiguos: Acevedo, Baeza, Castillo, Gómez, Gutiérrez, Hevia Bolaños, Matienzo, Molina; y más modernos, como Escriche, Goyena, Llamas, Sala y Tapia.  Bello usó también el derecho codificado de su época, que pudo conocer a través de la Concordance de Saint-Joseph (1840), o de su traducción castellana por Verlanga y Muñiz (1843); o sea, los códigos francés, bávaro, prusiano, austríaco, sardo, de la Luisiana, holandés, del cantón de Vaud; aunque varios de esos textos, Bello los pudo examinar de manera directa.  Para el Proyecto de 1853, apenas alcanzó a emplear el Proyecto de Código Civil espanol de García Goyena y el Código Civil del Perù de 1852.  Entre los autores extranjeros tuvo preferencia por los franceses Delvincourt, Rogron y sobre todo Pothier en sus diversos Traites; también Merlin, Favard de l’Anglade, Portalis y Maleville; en la fase de revisión del Proyecto de 1853, Bello consultó obras de Troplong, Duvergier, Toullier, Delangle y Duranton.  Asimismo, se valió de Savigny en controlada medida.  Se sostiene, que, raramente, Bello copió alguna disposición del código francés, sino que acudió a sus fuentes, es decir, Pothier, o a sus comentaristas, por lo gral. a Delvincourt; y la redactó nuevamente; pero siempre superando a sus modelos, que perfeccionó no ùnicamente en cuanto al contenido de la disposición, sino también en lo relativo al estilo.  Fue además constante preocupación suya, que la norma formalmente inspirada por el derecho extranjero tuviera su correspondiente material en el derecho patrio, por regla general en las Siete Partidas.  La consecuencia fue un código muy romanista y tradicional.  Este tradicionalismo, sin embargo, no se refleja en la ideología del código, que fue la liberal de inspiración francesa.  El código de Bello resultó ser un cuerpo sustancialmente fundado en el antiguo derecho, reformulado al estilo de las codificaciones modernas merced a una serie de operaciones técnicas practicadas sobre aquél, y reformado de acuerdo con los cánones del liberalismo jurídico, en consonancia con el espíritu de su época, fuera de lo cual se atuvo con devoción a la vieja institucionalidad romano-castellana.[34]

 

Códigos dependientes del código civil chileno[35], son: el código de Ecuador 1858/1860; El Salvador 1859; Honduras III 1906 y Colombia 1887.  Ello se refleja, sobretodo, en las soluciones que estos códigos adoptan en materia de compraventa, locación de cosas, locación de obra, y en cuanto a los efectos de las obligaciones en general, las cuales son idénticas a las soluciones que el código chileno prescribe, por lo que resulta innecesaria su transcripción.

 

Entre los códigos bajo mùltiples influencias[36], de el de Argentina (1869), en primer lugar, cabe destacar que su autor –Dalmacio Vélez Sarsfield-[37], sigue, en general, el método del jurisconsulto brasileño Augusto Texeira de Freitas en su Consolidaçao das leis civis, publicada en 1857, y basada en la distinción tajante de los derechos reales y personales.[38]  Las fuentes empleadas para la redacción del proyecto de Vélez son fáciles de reconocer, porque el propio autor agregó –por indicación del entonces Presidente argentino Sarmiento-, a cada uno de los artículos de su código unas notas, similares a las concordancias, motivos y comentarios de García Goyena al derecho español, que contienen precisamente indicaciones sobre las fuentes, aparte del derecho comparado o las razones de legislar, etc.[39]  Se sostiene que casi todas las citas de las leyes romanas, españolas y de los códigos europeos, que aparecen en esas notas, Vélez las extrajo de allí.  Esas fuentes fueron, también por expresa declaración de su autor, todos los códigos publicados en Europa y América y la legislación comparada del señor Seoane.  Utilizó también, como se dijo, el Proyecto de Código Civil para España del señor Goyena, el Código de Chile, que, segùn su opinión “tanto aventajaba a los códigos europeos”, y sobre todo el Proyecto de Código Civil brasileño de Freitas, del cual “tomé muchísimos artículos”.  Con respecto a la doctrina, sus guías principales fueron los jurisconsultos alemanes Savigny y la traducción francesa de Guenoux del “System des heutigen römischen Rechts” como “Traité de droit romain” (Paris, 1840-1851); y Zachariae “Le droit civil français”; la obra de Serrigny sobre derecho administrativo del imperio romano “Droit public administratif romain” (1862), y la obra de Story sobre conflictos de leyes Commentaries of the conflict of laws”.  También la obra de Aubry Ch. y Rau, Ch. “Cours de droit civil français d’aprés l’ouvrage allemand de C. S. Zachariae”; los tratados sobre contratos y testamentos de Troplong; el comentario al Code de Demolombe; el proyecto de código para el Uruguay de Acevedo; el tratado sobre sucesiones de Chabot; las monografías sobre posesión, reivindicación y servidumbres de Molitor; el código del estado de Nueva York; Pothier; la “Explication du Code Napoléon” de Mercadé; el “Cours de droit français” de Duranton; el “Cours de droit romain” de Maynz.  Los códigos publicados en Europa, como se sostuvo para el caso de Andrés Bello en Chile, eran los de Baviera, Prusia, Francia, Austria, Nápoles, Las Dos Sicilias, el cantón de Vaud, Cerdeña y Holanda; además, el proyecto de código español de 1851 debido a García Goyena.  De América, aparte del código de la Luisiana, entre los que descendían del código civil francés estaban los de Perù (1852) y de Chile (1855) y el Esboço de Código Civil del brasileño Augusto Texeira de Freitas.  De todo este material, Vélez destaca el Proyecto de Código Civil español de García Goyena, el código de Chile, y sobre todo el Esboço de Texeira de Freitas.

 

A todo ello, hay que agregar la incidencia del derecho romano del Corpus iuris civilis en muchísimos artículos que de él recibieron inspiración directa, además, se ha sostenido que la doctrina francesa fue también profusamente empleada. 

 

En consecuencia de lo expuesto, el código de Vélez tuvo a la vista el enorme caudal de obras y fuentes que revelan sus notas.  Ello lo convierte en la codificación más informada del continente, agregando un momento de madurez en la historia de la codificación iberoamericana, que ya contaba con el precedente chileno.  En 1876, el código de Vélez fue íntegramente adoptado por el Paraguay, como consecuencia de su derrota en la guerra de la Triple Alianza; tuvo además, alguna incidencia el proyecto en el código civil Uruguayo de 1869, y, por ùltimo, el código tuvo influencia también en los códigos de Nicaragua de 1904 y en el de Panamá de 1916.[40] 

 

Dentro de esta categoría de “códigos bajo mùltiples influencias”, en la que esta incluido el codigo argentino de Velez S., son colocados también los códigos civiles de Uruguay (1869), del cual se sostiene que pese a la incidencia del código chileno sobre un tercio del uruguayo, no se sitùa este ùltimo bajo una rùbrica que denote su influencia, debido a que los dos tercios restantes corresponden a otros proyectos y códigos.  Su autor, Tristán Narvaja, montó su código tomando como forma al sistema del proyecto de Acevedo y como sustancia el articulado de códigos y proyectos diversos, la mayoría de ellos, de raigambre iberoamericana, lo cual lo transforma en una obra ecléctica. 

 

El sistema del código de Costa Rica II (1886), también es calificado como ecléctico, es decir, que no obedece a un modelo particular, en cuanto distribuye en libros separados la teoría general de las obligaciones, y las fuentes de ellas, resultando original en un código de tradición institucional gayano-justinianea, ya que, como se dijo anteriormente, usualmente ambas materias eran expuestas en un mismo libro, recogiendo, de esta manera, la división introducida por los autores en sus tratados doctrinarios.  Fuera de ello, su sistema sigue siendo el gayano-justinianeo.  Sus fuentes fueron variadas, dentro de las cuales cabe mencionar el Code Civil, el “Cours de droit civil français” de Ch. Aubry y Ch. Rau, el Proyecto de Código Civil Español de García Goyena, y, en fin, el Código Civil de Chile por intermedio de los países vecinos que lo habían adoptado, como El Salvador, Honduras, Nicaragua y Colombia.  Por último, el código de Nicaragua II (1904) ha sido también receptor de variadas influencias, en especial, sus autores se valieron de una cantidad apreciable de cuerpos legales, sobre todo, del código de Argentina, de México, de Chile, de Costa Rica, de España, de Portugal, de Italia, de Guatemala, de Uruguay.  Sin embargo, es criticado en el sentido que no posee un criterio uniforme en el ordenamiento y elaboración de las materias tratadas.[41]

 

El código civil español (1889), por su parte, se mantuvo fiel al principio romano de que la adquisición entre vivos exige una causa a título adquisitivo y un modo, o sea, la tradición, y que actos como la compraventa y la donación, no son modos de adquirir sino títulos adquisitivos de efecto puramente obligacional; en consecuencia su tratamiento no debe incluirse en aquél de los modos (libro III), sino en otro (libro IV), arrastrando a él los demás contratos que no son títulos adquisitivos, pero que igualmente producen obligaciones.  Con ello, el código español se separó de la tradición legislativa europea inaugurada por el código francés y se acercó a la americana que habían trazado los códigos peruano y chileno.  La base del código estuvo constituída por el Proyecto de García Goyena; a través de él lo influyeron las fuentes que éste había tomado en consideración, especialmente el código francés, el derecho tradicional español y el derecho romano.  Pero también se acudió a otras fuentes como el código italiano de 1865, el portugués de 1867, el chileno de 1855 y el argentino de 1869.  Y entre los códigos que adoptan al español, se coloca el de Puerto Rico (1889), que era el mismo español de 1889, con las alteraciones que había propuesto introducirle Hernández López o que le introdujo la Asamblea Legislativa de Puerto Rico, concebidas por el cambio de circunstancias políticas que había venido a afectar a la isla; pero también por el derecho de Estados Unidos y del Código Civil de la Luisiana, en su versión revisada de 1870.  Al respecto, se sostiene que la comisión no había querido sustituir la tradición romanística del derecho de Puerto Rico por la del common law; pero tampoco Hernández López pudo conseguir que nada se innovara en aquélla, y debió aceptar la incorporación de elementos provenientes del derecho del país conquistador.  Desde entonces, el sistema jurídico de Puerto Rico, no solo en materia civil, ha sufrido un permanente embate del estadounidense, que ha terminado por convertirlo en un híbrido, pese a la fuerte resistencia que oponen muchos juristas puertorriqueños.  El código cubano de 1889 es directamente una traslación o adopción íntegra del Código civil español de 1889; el código de Panamá III (1916), si bien sigue en gran parte al español, contiene algunas ideas propias, como la secularización del matrimonio y el reconocimiento del divorcio vincular; el régimen de separación total de bienes como legal, a falta de estipulación entre los cónyuges; la libertad de testar; la abolición de la lesión enorme, etc.[42]

 

Por su parte, la historia de la codificación en Brasil parte de un plan de reforma de la legislación que Augusto Texeira de Freitas[43] diseña en 1854, por encargo del gobierno imperial.  La primera fase de este plan concluye en la obra conocida como “Consolidaçao das leis civis”, la cual comprendía 1333 artículos distribuídos en una clasificación o sistemática, que se fundaba en la distinción de derechos personales y reales, y que tenía como fin la colección y clasificación de toda la legislación patria, incluyendo, por lo tanto, la portuguesa anterior a la independencia y la brasileña, estuviera o no derogada, salvo algunas excepciones.  La clasificación debía atenerse a las divisiones del derecho pùblico y privado y a sus subdivisiones respectivas, lo mismo que a un orden cronológico, debiéndose consolidar la legislación civil patria en las mismas condiciones que la clasificación.  La consolidación debía hacerse por títulos y artículos con proposiciones claras y suscintas, citándose en notas correspondientes la ley de la cual se extraía la proposición y referirse la costumbre establecida contra o segùn un texto.  Esta obra, quedó concluída en 1857, y, si bien fue sometida al parecer de una comisión que la aprobó, no se le dio valor legislativo, aunque alcanzó gran autoridad práctica hasta la entrada en vigor del código de 1916, haciendo las veces de un código.  La segunda fase del plan de reforma de la legislación, estuvo dado por la redacción de un proyecto de Código Civil en el plazo de 3 años, que otra vez el gobierno imperial encargó a Texeira de Freitas.  Este proyecto, conocido como “Esboço”, fue presentado en 1860, pero, fue sometido a una intensa crítica que provocó la suspensión de la labor en 1865, dejándose sin efecto además, en 1872, el contrato que el jurista había firmado con el gobierno.  De esta manera, fracasó en su patria el proyecto de este jurista, siendo, sin embargo,  como se afirmó precedentemente, ampliamente aprovechado por Vélez Sarsfield en Argentina.  Texeira de Freitas examinó un amplio material para la elaboración del Esboço, entre ellos, todos los códigos existentes en su época, tanto de Europa como de América; de éstos valoró especialmente al chileno; el derecho romano; y una extensa literatura jurídica, especialmente la alemana, como las obras de Savigny, pero también la francesa.  El Esboço es considerado ùnico en la historia de la codificación americana, por su originalidad, por haberse adelantado en sus concepciones a resultados posteriores y por haber sido el primer trabajo sobre la materia que dio entrada a un sistema, si no calcado, al menos inspirado en el espíritu de la Pandectística alemana.[44] 

 

En 1899, Clóvis Beviláqua, profesor de derecho comparado en la Facultad de Derecho de Recife (Brasil), fue el encargado de redactar el código civil brasileño que rigio hasta hace muy poco desde 1916, año en que fue sancionado.  El sistema del código, es de clara inspiración pandectística, siguiendo la tradición ya establecida por Freitas, con la diferencia que Beviláqua ya pudo contar con el modelo del código alemán, sancionado en 1896 (con vigencia en 1900).  Ambos sistemas tienen en comùn la “Ley de introducción”, la “Parte general” con sus tres primeras secciones (personas, cosas y actuaciones jurídicas, aunque el código alemán habla de “negocios jurídicos” y el brasileño de “hechos jurídicos”), y las masas de la Parte especial: familia, cosas, obligaciones y sucesiones, si bien no las tratan en el mismo orden.  En cuanto al contenido del código, Beviláqua se sirvió en gran parte de la Consolidaçao y del Esboço, a los cuales tuvo bastante tiempo para consultar.  Siendo estas obras de Freitas, fiel expresión del derecho lusitano-brasileño, como se describió anteriormente, puede concluirse que el código de 1916 se mantuvo dentro de la tradición del derecho patrio.[45]

 

Cabe destacar, que el siglo XX se abre con el prestigioso código civil alemán de 1896, y con el código suizo de 1907, los cuales recogían los resultados de la ciencia pandectística.  Estos códigos tuvieron, como se dijo, mucha influencia sobre algunas codificaciones latinoamericanas, por ello también se analiza en el presente trabajo, en particular, el código alemán, tomando su texto con las modificaciones hasta 1950, y conforme a la traducción en español de Carlos Melon Infante, de la Universidad de Madrid.

 

El código de México (1928), por su parte, recoge el espíritu de la Revolución Mexicana, es, entonces, por su nuevo espíritu “social” que se hizo célebre, como por ejemplo, la igualdad jurídica de la mujer con respecto al hombre en general; el reconocimiento de la doctrina del abuso del derecho en general y de propiedad en especial; la teoría del riesgo profesional; la responsabilidad objetiva por objetos peligrosos; y disposiciones diversas en materia contractual destinadas a proteger a la parte más débil.  Pero con respecto a sus fuentes, más de la mitad de sus artículos corresponden al código de 1870, que provenían del código del Imperio, del portugués y la ley hipotecaria española de 1869.  El resto obedece a una gran diversidad de fuentes: disposiciones de la Constitución de 1917 y de Constituciones extranjeras como la de Weimar, legislación nacional y extranjera variada, códigos civiles europeos como el suizo, francés, español, alemán y ruso; códigos iberoamericanos como el chileno, argentino, brasileño, uruguayo, guatemalteco; autores como Duguit, Saleilles, D’Aguano y Valverde.[46]

 

Al código mexicano le sigue el código de Guatemala II (1933), que introdujo algunas novedades en la institucionalidad tradicional, en materia de familia por ejemplo, reconoció la igualdad de los hijos legítimos e ilegítimos y en materia de bienes, estableció la institución del asilo de familia o propiedad inmueble afectada al mantenimiento de una familia, etc.

 

El código de Perù III (1936) se inspira en el sistema pandectístico del Code Civil Suisse de 1907: persona, familia, sucesiones y derechos reales.  Es preciso señalar, que el nuevo código peruano introdujo muchas novedades y modernizaciones, como la figura del abuso del derecho, el reconocimiento de la mayor jerarquía de la ley constitucional por sobre la ordinaria, la amplia regulación de los conflictos de leyes en el espacio o derecho internacional privado, el principio de conmoriencia en oposición al de premoriencia, el derecho al nombre, el estatuto de las personas jurídicas, la regulación de las comunidades indígenas, la secularización del matrimonio y adopción del divorcio vincular, etc.

 

Con respecto al código civil italiano de 1942, cabe destacar, en lo que aquí nos interesa, que la noción de “causa no imputable” ya no se relaciona directamente con el ‘inadempimento’ o el ‘ritardo’, sino con la ‘impossibilitá’, al igual que el código alemán, producto de la influencia pandectística en G. Osti, artífice de la materia de la responsabilidad contractual en el código civil italiano vigente.  Este código, ya no sigue entonces el modelo clásico del francés, favoreciendo el interés colectivo por sobre el individual.

 

El sistema del código de Guatemala III (1963) está calcado sobre el mexicano de 1928, perfeccionando además la igualdad jurídica de los hijos, regulando las uniones sexuales de hecho y la adopción y reglamentando en su interior figuras como la propiedad horizontal y de las aguas, las prendas agraria, ganadera e industrial, y contratos como los de edición, de difusión por medios y de representación teatral, etc.

 

El sistema del código de Bolivia III (1975), por su parte, está inspirado en el del código italiano de 1942, constituyendo su modelo principal y beneficiándose de todas sus novedades legislativas.

 

El código de Venezuela (1873/1982), constituye una novedad dentro de los códigos latinoamericanos, ya que sigue desde 1873 al código italiano de 1865, aunque, si bien tuvo modificaciones, éstas siempre fueron parciales, que no alteraron la estructura del anterior ni su institucionalidad sustancial.

 

El código peruano (IV) de 1984 actualmente en vigor, sigue en general el sistema del código de 1936, aunque para varias materias, los codificadores de 1984 tuvieron un cercano modelo en el código italiano de 1942.

 

El código de Paraguay II (1985), conserva la estructura general del código de 1876, o sea del argentino, pero integra su contenido con temas y soluciones provenientes de los proyectos argentinos de 1936 y del Dr. Bibiloni y del código italiano de 1942.

 

Por último, el código de Cuba II (1987) de tipo socialista, reemplaza radicalmente el código español que regía desde su Independencia.  En cuanto a la división de las materias, está inspirada en el viejo sistema pandectístico, siendo organizada la parte general sobre la base de la tricotomía personas, cosas, actos, aunque se emplea la terminología más moderna de sujetos de la relación jurídica, objeto de la relación jurídica y causa de la relación jurídica.  Sus fuentes principales son el código español de 1889 vigente anteriormente, junto con el de comercio español; el alemán de 1900; y el de los países por entonces comunistas, los de Checoslovaquia, Polonia y Rusia, los tres de 1964, de Hungría de 1977 y de la Repùblica Democrática Alemana de 1975.  En menor medida fueron consultados los códigos de Chile, Argentina, Suiza, Italia y el anteproyecto de código peruano de 1984.  La conexión de este código con la organización económica comunista solo se observa en el tít. 2º del lib. II sobre la propiedad, en que aparecen distinguidas diversas formas de ella, de las cuales la principal es la estatal.  En el resto, el código contiene una dogmática tradicional de base romana.[47]

 

Finalmente, se analizan también el proyecto de código civil argentino de 1998, y el nuevo código civil brasileño, ley nro. 10.406, del 10 de enero de 2002.

 

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[28] Estos tres códigos señan la tipicidad del sistema jurídico latinoamericano.  Sobre los modelos normativos elaborados por los juristas, véase respectivamente “Andrés Bello y el Derecho Latinoamericano (Congreso Internacional, Roma 10-12 diciembre 1981)”, Caracas, 1987; “Dalmacio Vélez Sarsfield e il diritto latinoamericano (Atti del congresso internazionale Roma 17-19 marzo 1986)”, Padova, 1991; y “Augusto Texeira de Freitas e il diritto latinoamericano (Atti del congresso internazionale del centenario di Augusto Texeira de Freitas Roma 12-14  dicembre 1983)”, Padova, 1988.  Véase también DE LOS MOZOS J.L., “Perspectivas y métodos para la comparación jurídica en relación con el derecho privado iberoamericano”, en Revista del Derecho Privado, 60, Madrid, 1976, 777.”

[29] Fundamental sobre este argumento SCHIPANI S., “Il Código Civil spagnolo come ponte fra sistema latinoamericano e codici europei ”, en “La codificazione del diritto romano comune”, Torino, 1999, 139 y ss.

[30] Véase SCHIPANI S., “ Il ius romanum commune codificato e i codici dell’eta delle grandi rivoluzioni”; en “La codificazione del diritto romano comune”, Torino, 1999, 31 y ss.; vease tambien CATALANO P., “Diritto romano attuale, sistemi giuridici e diritto latinoamericano”, en “Diritto e Persone”, Torino, 1990, 89 y ss.

[31] Cfr. GUZMAN BRITO, “La codificación civil en Iberoamérica.”, Santiago de Chile, 2000, 307/327.

[32] GUZMAN BRITO, ob. cit., 329/338.

[33] Véase “Andrés Bello y el Derecho Latinoamericano (Congreso Internacional, Roma 10-12 diciembre 1981)”, Caracas, 1987.

[34] GUZMAN BRITO, ob. cit., 349/368.

[35] GUZMAN BRITO, ob. cit., 374/424.

[36] GUZMAN BRITO, ob. cit., 441.

[37] Véase “Dalmacio Vélez Sarsfield e il diritto latinoamericano (Atti del congresso internazionale Roma 17-19 marzo 1986)”, Padova, 1991.

[38] BREBBIA R., “El régimen de las obligaciones en el código civil argentino y la responsabilidad por culpa.”, en “Dalmacio Vélez Sarsfield e il diritto latinoamericano (Atti del congresso internazionale Roma 17-19 marzo 1986)”, Padova, 1991, págs. 371 y ss., afirma que “...el C.C. argentino ha abandonado así el sistema de las Institutas y del c. Francés, que regulan las obligaciones juntamente con los contratos formando un solo cuerpo; para abrazar el método legislativo que impera en las modernas codificaciones, que consiste en establecer normas generales atinentes a todas las obligaciones, sin distinguir entre su origen legal o contractual.  La metodología adoptada por el C.C. de Vélez Sarsfield presenta, a nuestro juicio, la ventaja de facilitar la elaboración de una teoría general aplicable no solo a las obligaciones nacidas de contratos sino también de otras fuentes: hechos ilícitos propiamente dichos, actos unilaterales y directamente, en la ley, evitando así tener que recurrir al principio de interpretación analógica –de utilización siempre peligrosa- para resolver cuestiones que puedan plantearse si se tratare de obligaciones que tienen una fuente diversa a la contractual.”.  Sistema, segùn el autor, seguido por el código alemán (Lib. II); español (Lib. IV); chileno (Lib. IV); italiano de 1942 (Lib. IV); c. de obligaciones suizo; c. brasileño (Lib. III).

[39] Véase GARCIA GOYENA F., “Concordancias, motivos y comentarios del código civil español”, Zaragoza, 1974.

[40] GUZMAN BRITO, ob. cit., 441/456.

[41] GUZMAN BRITO, ob. cit., 458/469.

[42] GUZMAN BRITO, ob. cit., 477/491.

[43] Véase “Augusto Texeira de Freitas e il diritto latinoamericano (Atti del congresso internazionale del centenario di Augusto Texeira de Freitas Roma 12-14  dicembre 1983)”, Padova, 1988.

[44] GUZMAN BRITO, ob.cit., 495/502.

[45] GUZMAN BRITO, ob. cit., 505/510.

[46] GUZMAN BRITO, ob. cit., 515/516.

[47] GUZMAN BRITO, ob. cit., pág. 517/528.