Estimado Ricardo:

Te felicito, una vez más, por la editorial del último número de "Persona". Estoy totalmente de acuerdo  con vos en que la poesía, sobre todo una poesía abierta a la trascendencia, podría ser un instrumento pedagógico utilísimo para despertar la sensibilidad hacia los grandes valores pero que, lamentablemente, no se lo sabe aprovechar. Tal vez se debe al prejuicio de pensar que es algo propio de seres extravagantes, alejados de la realidad. En verdad, como alguien dijo (no recuerdo quién), la poesía está mucho más cerca de la realidad que la prosa, porque tiene una plasticidad que permite expresar de un modo más fiel que cualquier otro género literario los ideales, pasiones y dramas de la existencia humana. La poesía es probablemente el puente por excelencia hacia la verdadera realidad, que no podemos ver o tocar, pero que es la que da sentido a las cosas inmediatas, que en definitiva no son más que sombras pasajeras. ¿No decía Platón (y también, con otras palabras, el Principito de Saint-Exupéry) que las esencias de las cosas, es decir, que la verdadera realidad, no es de este mundo?

Entre los grandes poetas abiertos a la trascendencia hay uno que me fascina especialmente. Es Víctor Hugo. Me permito transcribirte un poema suyo que tiene una fuerza extraordinaria y refleja de un modo muy vívido el amor de un padre hacia su hija fallecida. En verdad, el poema está dedicado a la propia hija de Víctor Hugo, Léopoldine, que había muerto ahogada en el Sena, cuando era aún muy joven y acababa de casarse. La fuerza del poema viene sobre todo por su dinámica gradual, porque uno tiene la impresión de estar caminando, peregrinando, al lado del autor y porque el lector desprevenido recién se entera al final de qué se trata… Espero que te guste.

Roberto Andorno (Universidad de Göttingen, Alemania)

 

Demain, dès l'aube

Demain, dès l'aube, à l'heure où blanchit la campagne,
Je partirai. Vois-tu, je sais que tu m'attends.
J'irai par la forêt, j'irai par la montagne.
Je ne puis demeurer loin de toi plus longtemps.

Je marcherai les yeux fixés sur mes pensées,
Sans rien voir au dehors, sans entendre aucun bruit,
Seul, inconnu, le dos courbé, les mains croisées,
Triste, et le jour pour moi sera comme la nuit.

Je ne regarderai ni l'or du soir qui tombe,
Ni les voiles au loin descendant vers Harfleur,
Et quand j'arriverai, je mettrai sur ta tombe
Un bouquet de houx vert et de bruyère en fleur.

 

3 septembre 1847.

Victor Hugo (1802-1885), Les Contemplations


NOTA:
Con posterioridad a este mensaje, como la traducción al castellano que encontramos de esta obrita de arte de Víctor Hugo no nos satisfacía a ninguno de los dos, nos pusimos a trabajar con Roberto en tratar de volcarla a nuestro idioma. Ambos coincidimos en que toda poesía es intraducible por definición, pero, de todos modos, vale la pena el intento, siquiera por el ejercicio que conlleva. Aquí va nuestro texto, amigos lectores, en la esperanza sincera de que los descendientes del gran literato francés no nos demanden por daños y perjuicios (como lo hicieron, exitosamente, con la Corporación Walt Disney, por la película El jorobado de Notre Dame). Ricardo Rabinovich-Berkman

 

Mañana al alba

Mañana al alba, cuando clarea la campaña,
partiré. Mira, sé que tú me esperas ahí.
Iré por el bosque, iré por la montaña.
No puedo permanecer ya más lejos de ti.

Caminaré con los ojos en mi mente clavados,
sin ver nada más allá, sin escuchar ruido,
solo, las manos juntas, ignoto y encorvado,
triste, y con el día en noche convertido.

No miraré ni el oro de la tarde que tumba,
ni las velas lejanas, con viento de babor.
Y cuando al fin arribe, pondré sobre tu tumba
un ramo de acebo verde, y de brezo en flor.