Estimado Ricardo:

No puedo menos que felicitarlo por su editorial del nº 28.
Acepto que, como usted lo indica, le ha resultado extenso... pero creo que no sólo el tema lo valía
sino que su extensión queda plenamente justificada por su acierto
al exponer ampliamente los antecedentes sobre el caso.

Me permito, modestamente, agregar que los detalles contenidos en el film del señor Gibson
(los cuales conozco a través de comentarios ya que me bastó escuchar y ver los avances
para decidir que no valía el tiempo de verlo), además de no figurar en los cuatro Evangelios canónicos
tampoco figura en los (discutiblemente) considerados apócrifos.
En definitiva, creo que sólo han existido en la mente del autor que usted cita y en la del señor Gibson.

Como quiera que sea, convengamos que es lícito que un director, un productor y/o un libretista
de Hollywood elaboren un film sobre el tema que les plazca... El problema radica cuando pretenden
hacerlo pasar por un trabajo con rigor histórico, algo que -como dicen en España-
a los norteamericanos no se les da... Prueba de ello son la multitud de filmes
(desde El Alamo hasta la Guerra Fria, previo obligado paso por los referidos
a la Segunda Guerra Mundial) que han intentado, sin mayor éxito,
ubicarse en la categoría de "documento con rigor histórico".

Un cordial abrazo.

ROBERTO SUBIRANA