en

grado

de

tentativa

 

por Paula Siverino Bavio   

 

No había lugar para recuerdos, era un viaje para el que debía partir con poco equipaje.

Dejó colgaditos del vano de la puerta de una habitación que ya no pisaría, las palabras de amor, la prosa enardecida,  una colección de sus miradas más intensas  y la retahíla de incoherencias que adornaban el deseo. Sus recetas favoritas, el poeta, los libros de cabecera y los rincones escondidos. Los días perdidos, las noches a solas y no tanto...

 

Y si, se dijo; está visto que he de morir de amor (tenía que justificar tanto suspiro y tanto anhelo, de otro modo serian pocas las razones elocuentes)

Pero debo pedirte, Alfredo, que me mates de mano propia, nada de esperar carcinomas u otras hierbas, después de tanta agonía merezco al menos un verdugo a la altura de las circunstancias.

¿Que te asombra? ¿Que si estoy loca dices?

Pero Alfredo, mi muy amado homicida,  si nada te ha costado ir quebrando poquito a  poco huesos, preceptos y esperanzas, amontonarlos en piloncitos junto a las ropas arrancadas con lo dientes , los miles de poemas que te he escrito  y todas las mantas con las que me cubro en invierno. Con todo esto has hecho una pira, que la pasión de tus ojos encendió como fogata de San Juan y arde y arde para eterna desgracia mía, que barro las cenizas.

¿De qué fogata hablo?¿Y de qué dientes, diantres, si hace años no me tocas ?

Ay Alfredo, que el insomnio te ha vuelto lelo ; Y aun así  ni ahora me dejas puesta la piel cuando me miras.

(El teléfono)

¿Se te hace tarde Alfredo ? si claro, sabré entender si quieres dejarlo para otro día.

¿Que hoy no estás de humor para estas cosas ?

No claro que no me ofendo, después de todo hasta me halaga que no quieras matarme todavía. No es que yo tenga derecho a pedírtelo, no. Es que tal vez te importe entonces demasiado , un poco, no sé,  como para que me quieras viva. Lo suficiente como para no tener que olvidarme.

(si, ya me iba)

perdón Alfredo, ahora me doy cuenta que no puedo pedirte ese sacrificio ; por favor no te preocupes,  me iré a morir por las mías

(coherente hasta el final mi Alfredo)

 

Epílogo

Yo fui una mujer enamorada. Una mujer capaz de tocar el rostro amado con adoración ; de reír sin motivos, de llorar de alegría; de temer tanta felicidad. Yo fui una mujer amada y plena; llena de asombro y de proyectos . Una vez yo amé mi cuerpo por ser el  puente  a su cuerpo. Abrazaba  mi vientre ilusionada pensando en engendrar sus hijos. Una vez yo tuve poder sobre la vida y la muerte.

 

Postepílogo

¿Que haces Pepa? ¿llorando a estas horas?

no es mi culpa,  es el Nano, ahí en la radio, con esa prosa machucada y su voz de cabaret el que me ha prendido esta nostalgia 

¿y a santo de qué si se puede saber?

los santos en la iglesia, Hilaria, que más bien esto es cosa del demonio , no se explica sino como pasaron años y funerales varios, aniquilado del traidor  hasta su nombre, y sin embargo,  nuestro brevísimo  amor abortado aún se desangra en mis entrañas....

nada, ni la decencia del olvido me ha dejado, no me ha ahorrado uno solo de los sinsabores de quererlo.

ay Pepa, madrugar te hace daño, estás diciendo una de idioteces...

verdad Hilaria, una de idioteces... mejor apaga la radio y salgamos a la calle.