RAZONES PARA UN CONCILIO EN TOLEDO
Como le ocurría al pueblo elegido en Egipto antes del éxodo,
hoy los cristianos en España tenemos la sensación de que no gestionamos nuestro
devenir. Más bien, al contrario, sentimos que a los poderes públicos les estorba
nuestra fe, y que nuestra libertad de optar por valores cristianos en las
manifestaciones culturales de la vida social, se ve seriamente constreñida.
Independientemente de las causas que el desprecio por el mensaje de Jesucristo
custodiado por la Iglesia pueda tener en esta situación, no podemos desechar de
entrada que ello pueda ser también culpa nuestra. Quizá nosotros los cristianos
no estamos sabiendo incardinar la fe en la cultura moderna y nuestras vidas
desdicen de nuestras creencias. Examinemos qué pasa y preguntémonos cómo podemos
legar al mundo y a nuestros hijos unos ejemplos de vida cristiana coherentes con
la fe y los tiempos que nos han tocado vivir. Para eso necesitamos un concilio,
un concilio de la Iglesia española en Toledo, que aúne voluntades y propósitos
para que los cristianos en este país seamos faros de luz en un mundo que amenaza
deriva. Diez razones amparan nuestra propuesta:
1.- Los concilios se celebran “ante algo”: una herejía o
hereje, un estado o poder. En nuestro país la Iglesia necesita redefinirse ante
el Estado. El Estado Español no solo ha dejado de ser católico, algo que es en
sí mismo bueno, sino que de facto ha pasado en ciertos aspectos a ser
anticatólico. Los resortes de poder del Estado están, por otro lado, más
concentrados que nunca y en muchos casos ese poder se ejerce en pro de una
cultura que llaman laica y que es en efecto anticristiana. El Estado ha
aumentado exponencialmente su poder sobre la Iglesia y la Iglesia tiene cada vez
menos poder frente al Estado.
2.- Estamos en una situación de emergencia eclesial. La
condición de católico resulta discriminada para optar a ciertos servicios de
responsabilidad pública. A la Iglesia se la ataca desde los poderes
establecidos, particularmente desde el cuarto poder, con manifiesta impunidad.
La Iglesia parece no contar en este embate con nadie que la defienda, incluso
dentro de ella: estamos en una época de sequía histórica por lo que se refiere
al elenco de figuras señeras apologistas de nuestra fe católica.
3.- Entre los obstáculos que los poderes públicos establecen
para la plena realización de la vida cristiana y la paz social, ninguno tiene
más repercusión que la sistemática conculcación del derecho a la vida mediante
el aborto. El Estado Español es un estado abortista en el sentido que las leyes
y el dinero público nos hacen a todos cómplices en la responsabilidad por las
200 vidas diarias que son eliminadas mediante el holocausto silencioso y
criminal del aborto: la mayor lacra de la historia humana conocida, el punto más
bajo del abismo de nuestra indignidad, ante el que la Iglesia no puede callar.
4.- La Iglesia no pretende cambiar al Estado pero es de todo
punto legítimo que pretenda separarse de él: de su responsabilidad culpable en
las estructuras de pecado que amenazan la salvación de tantas personas.
Pretendemos alumbrar una nueva cultura eclesial, libre de cualquier injerencia
estatal en el legítimo espacio público al que la Iglesia tiene derecho y que
abarca todas las manifestaciones culturales, educativas y asistenciales que la
libertad de los cristianos desee emprender.
5.- Los nuevos tiempos claman por una distinta relación
entre la Iglesia y el Estado y en el marco de esa nueva equidad la Iglesia debe
estudiar caminos viables de mantenimiento al margen de los presupuestos
públicos.
6.- La Iglesia en España debe, asimismo, como una
responsabilidad para con todos los fieles, apartar al pueblo cristiano de la
cooperación fiscal con un estado abortista. Para ello la Iglesia dará ejemplo
sabiendo sufrir con heroísmo cristiano la presión del poder.
7.- La obligatoriedad de la educación en España ha sido, en
no pocas veces, interpretada por el Estado como un derecho hegemónico para
regular la escolaridad. La Iglesia debe de independizarse de una tutela
innecesaria que cercena la libertad de elección de los padres cristianos que
desean, en plano de igualdad con los demás contribuyentes, educación separada,
currículo libre, o más religión. Nos planteamos la denuncia de la concertación
educativa y la aspiración de conseguir una escuela católica genuinamente libre.
8.- La Iglesia española, que tiene todavía el mayor
patrimonio artístico de toda la Iglesia mundial, ha visto cómo gran parte de ese
patrimonio, cuando no ha sido requisado ni destruido, ha pasado a depender
directa o indirectamente de la prodigalidad estatal. La Iglesia necesita
rescatar del mercado turístico todo ese bien que es memoria y testimonio de fe
del nosotros colectivo para el uso religioso y catequético que le es propio.
9.- Las decisiones que puedan tomarse ante estos retos por
la Iglesia española, que supondrá un renacimiento y un nuevo punto de partida
para nuestra fe, serán sin duda un referente de peso en la lucha que mantiene la
Iglesia por su libertad e identidad en tantos países de América, que son el
futuro del mundo.
10.- Las condiciones de nacimiento y presencia de los nuevos
carismas espirituales en la Iglesia española y el vigor de autenticidad que
denota el compromiso de vida de tantos ejemplares cristianos, confieren a la
Iglesia en nuestro país una situación de solidez y esperanza capaz de afrontar
los retos que se plantea el concilio que, por todas estas razones, vemos
conveniente convocar.
José Pérez Adán