Buenos Aires, 25 de junio de 2004.

 

 

 

Sr. Director de la Revista Persona

Dr. Ricardo  D. Rabinovich-Berkman 

S / D.-

 

 

Tengo el agrado de dirigirme a Ud. a fin de comentar un concurso por parte de la Dirección de Cultura dependiente de la Municipalidad de San Martín (Provincia de Buenos Aires), que tiene por objeto la realización de una escultura: “Camila O´Gorman, un hecho histórico”, con la finalidad de rescatar “desde los hechos históricos el pasado que nos conforma” y que habrá de ser ubicada en el Museo Histórico Regional Brigadier Juan Manuel de Rosas, señalándose en el artículo 2 del Reglamento del concurso que el tema a desarrollar será “la figura de Camila O´Gorman y Ladislao Gutiérrez como símbolo de la lucha por sus derechos a la vida y plenitud del amor, en el contexto histórico que les tocó vivir.”

 

Creo que esa medida constituye un revanchismo que no ayuda a la unidad de los argentinos y genera confusiones y anacronismo. Es sabido que este polémico hecho no fue político, sino de estricta aplicación de la normativa vigente, exactamente las Leyes de Indias. También es cierto que provocó toda una movida romántica en la novela, cine, pasquines, etc., pero vivimos en el siglo XXI, y los románticos enamorados fueron ajusticiados en el Buenos Aires de 1848. Reitero, el gobernador Rosas no hizo otra cosa que aplicar la legislación vigente, el estudioso o interesado puede consultar las penas establecidas en la Recopilación de las Leyes de Indias (1680).

 

Afirma Antonino Reyes, secretario del Restaurador, que este último consultó el caso con los mejores abogados de Buenos Aires. Se ha dicho que entre los juristas a quienes se pidió opinión estuvo Dalmacio Vélez Sársfield, unitario residente en Buenos Aires y hombre apreciado por el Gobernador por sus conocimientos jurídicos.

 

Pero Don Juan Manuel asumió la plena responsabilidad de la sentencia, como en todos sus actos de gobierno. El mismo Domingo F. Sarmiento cita una carta de Rosas a J. Larrazábal desde Southampton del 22 de septiembre de 1869, donde este afirma: “… No es cierto que el doctor don Dalmacio Vélez Sársfield, ni ninguna otra persona me aconsejaran la ejecución de Camila O´Gorman, ni del cura Gutiérrez. Durante presidí el gobierno de la Provincia Bonaerense, Encargado de las relaciones Exteriores, y con la suma del poder por la ley, goberné puramente según mi conciencia. Soy, pues, el único responsable de todos mis actos, de mis hechos buenos como de los malos, de mis errores, y de mis aciertos…” (Obras de D. F. Sarmiento, Buenos Aires, T. XXVII, 1899, p. 334-335; Quesada, Ernesto, La época de Rosas, Buenos Aires, 1950, p. 100).

 

Ernesto Quesada sostuvo: “…No juzguemos, pues, a Rosas con el criterio de hoy. No le apliquemos la constitución actual, para aquilatar sus acciones. No busquemos en él los conocimientos y las condiciones de un estadista contemporáneo. Sería como juzgar a Luis XIV con el cartabón de una constitución de monarquía parlamentaria; o pesar y juzgar los actos de César con arreglo a los deberes de un rey de nuestros tiempos…” (Ibídem., p. 111).

 

No puede llamarse crimen, como viene repitiendo la crónica escandalosa antirrosista, la ejecución de una sentencia cumplida por imperio de la legislación vigente: “La ley ordena la pena de muerte por el sacrilegio”, dice Escriche en su conocido Diccionario de Legislación, y la fundamenta en las Partidas: 1-4-71, 1-18-6, VII-2-3, etc.

 

Arduo asunto el comentario de esta desventura,  Rosas pudo hacer uso de la facultad de indultar y dejar vivir a la pareja su romance. Pero para el gobernador la ley era pareja y debía cumplirse rigurosamente, sin ninguna excepción. Saldías destaca la campaña de la prensa de Montevideo, -concretamente el Comercio del Plata, publicación dirigida por Florencio Varela- contra el cura Gutiérrez: “…En Palermo, escribía El Comercio del Plata, se habla de eso como de cosas divertidas, porque allí se usa un lenguaje federal libre. Entretanto el ejemplo del párroco produce sus efectos. Ayer un sobrino de Rosas intentó también robarse otra joven hija de familia, pero se pudo impedir a tiempo el crimen. Cualquiera de los dos es escuela de Palermo. El crimen escandaloso cometido por el cura Gutiérrez es asunto de todas las conversaciones…” (Saldías, Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, Buenos Aires, 1975, T. III, p.297).

 

Digno de notarse es el supuesto embarazo de Camila, al respecto dice Antonino Reyes en  sus Memorias, que no produjo resultado “porque no lo manifestaba el cuerpo de la joven ni se advertían indicios de semejante preñez”, ni tampoco su examen médico dio síntoma favorable. Afirma Rosa que este recurso para dilatar la ejecución a la espera de una gracia, daría pie a la leyenda de haber muerto Camila próxima a dar a luz (Rosa, José María, El revisionismo responde, Buenos Aires, 1964, p. 93).

 

Finalizando esta misiva, reitero mi oposición a este concurso convocado por la Municipalidad de San Martín que contribuye a la división de los argentinos y constituye un anacronismo “como símbolo de la lucha por sus derechos a la vida y plenitud del amor, en el contexto histórico que les tocó vivir” según los fundamentos de este proyecto, pues está justamente fuera del contexto histórico al no profundizar en el plexo normativo y social de la época.

 

Saludo a Ud. atentamente.

 

                                       Sandro F. Olaza Pallero, Abogado-Docente (UBA)