RADIOGRAFÍA
por
Roberto Subirana (Especial para la revista Persona)

 

ACERCA DE IDENTIDADES Y ORIENTACIONES

                                                                                                  
NOTICIA 1:
El día lunes 10 de mayo de 2004 los medios de comunicación informaron que, finalmente, Susana Panelo pudo obtener su Documento Nacional de Identidad con su nombre y demás datos personales.

No se trató -como en otros casos- de una falla, negligencia o excesiva demora del organismo encargado de emitir ese documento. Durante largos años -desde su época escolar, en su Mar del Plata natal- Susana debió padecer muchos inconvenientes: rechazo de su familia, de sus compañeros de escuela, de vecinos y muchas discriminaciones. Intervinieron jueces y otros profesionales. El trámite fue bastante largo y muy engorroso.

Finalmente, tras tres años de estudios médicos, psicológicos y psiquiátricos y sobre la base de la decisión de la Justicia las autoridades entregaron el aludido documento… porque, la razón de todos estos inconvenientes, es la de que Susana nació y fue bautizado con el nombre de Juan Carlos, es decir, varón. De nada sirvió -a familiares, a compañeros de escuela y sus respectivos padres, a vecinos- que desde sus primeros años ese niño anatómico se sintiese niña, que fuese creciendo no como un adolescente sino como una adolescente, experimentando casi todas las etapas propias del crecimiento de una mujer… y que, con el paso de los años, su físico fuese el de una mujer en casi todas sus partes, abrigando sentimientos propios de mujer. Finalmente, en su etapa adulta (hoy tiene 63 años) la Justicia ha admitido lo que, desde décadas, saltaba a la vista: Susana-Juan Carlos es hermafrodita pero tenía aspecto de mujer, sentimientos de mujer… y deseaba ser, formal y legalmente, reconocida como mujer.
 

NOTICIA 2: Según las revistas dedicadas al mundo del espectáculo, en el 2003 todas las encuestas coincidieron en elegir, como la mujer del año, a Florencia de la V.

Si bien admito que, jamás en mi vida (que ha superado por una década el medio siglo), he tenido el singular honor de ser consultado para una encuesta de ese tipo (en realidad, para ninguna encuesta, que recuerde en este momento), supongo que tales estudios de campo han sido realizados con el debido nivel profesional y la debida objetividad. En consecuencia, no me parece que deba dudarse de la opinión de esa mayoría que consideró a Florencia de la V como la mujer del año… La única curiosidad en torno a esta elección popular radica en el hecho de que, la elegida, no es mujer (anatómica y legalmente hablando) sino que es travesti.


NOTICIA 3:
Marcos Giordano tiene, al presente, 37 años; se recibió de profesor doce años atrás y hace 11 que dicta Economía y Contabilidad en el Colegio Nacional San Martín, de la localidad de San Francisco, a unos 209 Km al noroeste de la capital de la provincia de Córdoba.

En el año 2002 comenzó a dar clases en la IPEM 135, colegio secundario de la misma localidad. Carlos Panero, director del Colegio Nacional San Martín y maestro de Giordano mientras cursó el profesorado, manifestó que, como alumno, Giordano fue excelente tanto en lo atinente a sus estudios como en el trato con sus profesores y, en el ejercicio de la docencia, “los alumnos lo respetan (refiriéndose a Giordano), nunca hubo una objeción a su conducta ni queja alguna de parte de los padres”. Por si ello no fuera suficiente, la actual directora del IPEM 135 (donde Giordano, como indiqué, daba clases desde el año 2002) calificó como “sobresaliente” su concepto en el desempeño de su cargo.

Tiempo atrás el Ministerio de Educación de Córdoba llamó a concurso para cubrir 254 vacantes de directores de enseñanza media. Deseoso de superarse, Giordano fue uno de los 630 aspirantes y uno de los 192 que aprobaron todas las instancias de la evaluación. Según lo informado por el responsable del concurso, el secretario de Educación de la provincia, Carlos Sánchez, “Giordano tuvo un nivel muy destacado” en las cuatro instancias que componían la evaluación. Cada concursante debía proponer cinco instituciones de su preferencia; Giordano eligió la IPEM 135, entre otras cuatro, en parte por la cercanía con su domicilio y, supongo, que por estar ya dictando clases allí.

Por su parte, Susana Barobero, madre de un alumno y presidenta de la Cooperadora de ese Colegio, lideró una firme oposición a la designación de Giordano como director del mismo. Sostenía que “la manera de vestir del profesor es contraria a ciertos principios en los cuales se basa la ética y la moral”, haciendo referencia a una norma provincial que establece que “el docente debe observar una conducta pública y privada acorde con la función educativa”. La señora Barobero manifestó que “a Giordano se le permitieron ciertas cosas que no se le tendrían que haber permitido”… agregando que “No tenemos problemas con él; no se portó mal con nosotros y no nos faltó el respeto”, sin embargo, aducía que el problema es que Giordano “se viste con pantalón y blusa de mujer y va maquillado al colegio”. También le pidieron una audiencia, con carácter de urgente, a la ministra de Educación provincial, Amelia López (a la que ya le habían hecho llegar una carta), para solicitarle que se abstuviese de nombrar a Giordano en el cargo de director.

Vale aclarar que la designación como director le significará a Giordano una merma en su salario; como profesor percibía $ 700 y, como director, cobraría $ 650. Además, Giordano admitió que, inicialmente, no había decidido si asumiría o no el cargo de director pero, ante la impugnación, resolvió hacerlo entendiendo que el desistir aceptando tal impugnación afectaría su dignidad. También señaló que “Yo no soy ni gay ni travesti; desde el punto de vista psicológico me considero transexual… Por ser como soy algunos piensan que tendría que ser prostituta o trabajar en la televisión. A mi me gusta la docencia… A mi me tienen que juzgar profesionalmente… no admito prejuicios y no puedo permitir que me agravien por una cuestión que no elegí y que es mi forma de ser”.

Al margen, pero no menos importante, también comentó que, poco tiempo atrás, se le acercó el padre de un alumno que le dijo: “Si sos degenerado, no importa, con tal que conserves tu imagen de varón”.


HERENCIAS Y OPCIONES:

A lo largo de muchos, muchos años los seres humanos, en aras del progreso, de la modernidad, nos hemos empeñado -con una dedicación digna de mejor causa- a cambiar (desarreglándolo, la mayoría de las veces) el mundo en que vivimos. En medio de una inefable incoherencia, mientras cantábamos loas al genio creador (ya sea de nuestro Dios o fuerza natural, según nuestra particular creencia) embestimos entusiastamente contra esa creación talando bosques y selvas, aplanando montañas, alterando el curso de ríos y arroyos, creando diques donde la Naturaleza no los había construido, destruyendo el equilibrio ecológico y desarrollando inventos, métodos y sistemas que hacían avanzar a la Humanidad… hacia atrás, por contaminación ambiental y eliminación de especies animales y vegetales.   

Sin embargo, para frustración de nuestra ambición modificadora persisten una cantidad de elementos y/o circunstancias que -al menos por ahora- no hemos podido alterar, aunque sí disfrazar y/o falsificar: día, hora y lugar de nacimiento; identidad de nuestros progenitores; color de ojos, piel y cabello; características de nuestro ADN… y orientación sexual.

Podremos recurrir a la destrucción de instrumentos públicos y/o a falsificación de otros, en su reemplazo. Podremos recurrir a la cirugía plástica, a la química cosmetológica, a técnicas ópticas para alterar nuestro aspecto, pero sólo se tratará de falsificaciones, de arreglos exteriores que nunca podrán cambiar la realidad.

Por idénticas razones, a los seres humanos nos es tan imposible elegir cómo cambiar nuestra orientación sexual. Nadie, al momento de nacer, elige -consciente y deliberadamente- ser heterosexual, homosexual o bisexual… de la misma forma que no podemos elegir nacer lindos, rubios, altos, de ojos celestes. No podemos elegir a nuestros progenitores ni a nuestra familia original… Nacemos sin garantía de fábrica por lo que tampoco nuestros progenitores pueden efectuar reclamo y/o cambio alguno.


FALLA DE FABRICA… SOLUCIONABLE:

Sin embargo, pese a las limitaciones antes expuestas, estimo que hay una falla de fabricación que, con paciencia y buena voluntad, podemos solucionar.

Nacemos, sin dudas, en general, con cinco sentidos: tacto, olfato, visión, audición, palabra. Pese a que, convencionalmente, esos cinco sentidos estarían determinando que hemos sido fabricados bien y full equipped, la realidad marca que no es así. En general, ese equipamiento suele ser defectuoso. A veces, falta tacto y hay un exceso de palabras. En otros casos, por fallas en la visión y/o en la audición, el sujeto tiende a no escuchar ni ver ciertas cosas, viendo sólo con claridad otras (que suelen ser coincidentes con sus particulares intereses). Vemos así cómo la bíblica frase (“Quien quiera ver, que vea. Quien quiera oír, que oiga”) encuentra su fundamento: hay quienes ni quieren ver ni quieren oír.

Pero una falla -que puede ser también solucionada- es la ausencia de un sexto elemento: el sentido común… aunque, tal vez, debamos aceptar que se trata de un opcional que hay que adquirir por separado del equipamiento standard.

Supongo que debe ser por la ausencia de este opcional que se producen tantas contradicciones que mi única y maltratada neurona no alcanza a comprender ciertas acciones y/o actitudes que suelo ver a mi alrededor.


¿SOMOS TODOS IGUALES?

De la época en que se había puesto de moda decorar habitaciones con cierto tipo de posters, muchos años atrás, recuerdo uno cuya leyenda he tenido que repetir muchas veces. Bajo la imagen de tres africanos con sus tradicionales taparrabos (el de uno era sensiblemente más largo) la leyenda decía: “Todos somos iguales… pero hay algunos que son más iguales que otros”. La vida me confirmó el aserto de esa afirmación.

Claro que no faltará que acote que “todos somos iguales… ante la ley”. Aseguro que no tengo la menor intención de quebrar la ilusión de quien me haga esa reflexión. Porque, aun si realmente, fuésemos todos iguales ante la ley, recordemos que “La ley no es justa por ser ley. Es ley por ser justa”.

Nuestro semejante Panelo debió transitar un calvario durante más de cincuenta años, entre los que tres debió soportar que eminentes profesionales de las ciencias médicas y de las jurídicas terminasen por asumir que, a Panelo, le “ajustaba” mejor en nombre de Susana que el de Juan Carlos.

No creo que, en términos estrictos, hayan participado de la encuesta padres de los alumnos de la IPEM 135 pero me aventuro a decir que, aun si hubiesen participado, Florencia de la V igualmente habría sido elegida como la mujer del año.

Finalmente, en los doce o más años que Marcos Giordano lleva ejerciendo la docencia nunca dio el menor motivo de queja, ni por su desempeño como docente ni en cuanto a su conducta personal. Sí se lo cuestiona por vestir ropas “femeninas” y por “maquillarse”, pero no las que uno puede imaginar, tipo falda, vestidos escotados o similares sino pantalón y blusa, limpios, nada exhibicionistas… hasta elegantes frente a la vestimenta de muchas de sus colegas mujeres. Tampoco su “maquillaje” es el de una vedette sobre un escenario. Es más, según la información que trascendió en su momento, al menos uno de los padres no tendría objeción alguna si el docente fuese “degenerado” (algo separado del abuso sexual o de la violación por el espesor de un cabello) en tanto conservase su aspecto masculino.


EL MENOS COMÚN DE LOS SENTIDOS

Desde hace más de cuatro décadas hemos ido acomodándonos a un mundo unisex:  ropa unisex, peluquerías unisex, baile unisex (donde a los/las bailarines/as les da lo mismo el género de la/as persona/as con la que comparte la pista de baile), lenguaje unisex (las “malas palabras” dejaron de ser patrimonio de groseros machos de pelo en pecho). Muchos puestos laborales han pasado a ser también unisex; hay mujeres en las Fuerzas Armadas y de Seguridad (y ya no sólo en puestos auxiliares); hay mujeres comandantes de aviones comerciales y de buques mercantes. La generación de los actuales dirigentes empresarios, políticos, sindicales, la de los funcionarios del Estado (incluyendo la mayoría de los jueces y buena parte de los fiscales), por citar sólo algunos ejemplos, muy posiblemente haya disfrutado con libros, canciones y espectáculos artísticos de personas de declarada o no desmentida no-heterosexualidad. Muchos habrán admirado a Cris Miró y, con más o menos disimulo, se habrán regocijado con las frescas salidas de Florencia de la V.

¿Será que la existencia de una placa discográfica, una pantalla de televisión, las hojas de un libro, las ondas hertzianas de una emisora radiofónica o el espacio que media entre una butaca y el escenario actúan por eficaces filtros de descalificantes incompatibilidades, rechazos, prejuicios?

Personalmente, me inclino a pensar que no. Que tan sólo se trata de la ausencia de ese opcional que no se nos provee de fábrica: el sentido común.
 

LEY, DERECHOS, CONTRATO SOCIAL

Asumimos que la Ley, mientras no se demuestre lo contrario, es justa y tiene por objetivo fundamental salvaguardar los derechos ciudadanos, velando por la más justa y eficaz instrumentación del contrato social que, basado en  “la recta razón”, rige la interrelación de un grupo humano, de un pueblo, de una sociedad. No distingue ni diferencia géneros.

Tampoco individualmente hacemos distinciones específicas. Cuando estamos enfermos, requerimos la atención profesional pertinente, y no hace diferencia esencial si somos curados por un hombre o por una mujer o si es de ascendencia africana, china o noruega. Tampoco hace diferencia si nuestra cómoda y adecuada vivienda ha sido diseñada por un arquitecto a una arquitecta o si quien nos atiende en un comercio pertenece a uno u otro género. No hace diferencia… salvo cuando uno padece algún “ismo” (machismo, feminismo) o alguna otra distorsión de la realidad.

Cabe entonces preguntarse por qué, si disfrutamos de los conocimientos, las capacidades, el talento de nuestros semejantes sin distinción de género, de raza, de orientación sexual, simultáneamente adoptamos una actitud muy diferente -sino diametralmente opuesta- frente a otras situaciones.

Debemos también preguntarnos por qué la misma sociedad que hizo penar durante tres humillantes años (para no contar los más de 47 anteriores) a Susana Panelo para reconocer, formal y oficialmente, su condición de mujer o intentaron negarle a Marcos Giordano lo que -legal, legítima y honestamente- había ganado por concurso, elige a Florencia de la V como “la mujer del año”.

Anticipándome a la objeción que intuyo ha de estar tomando forma en la mente de algunos semejantes, hago notar que durante todos sus años como docente Giordano nunca tuvo el menor problema ni dio lugar a la menor queja. ¡Y no se recurra a la objeción de la ropa que vestía porque a ese argumento podría oponerse el que las docentes utilizan, sin el menor problema, jeans, borceguíes, zapatillas, camperones, pullovers, etc. que, inicialmente, eran “patrimonio” masculino.  ¡Y no hablemos de la nueva “categoría” de hombres metrosexuales que utilizan todas (y más) las técnicas hasta el momento reservadas a las féminas para embellecer su cuerpo y su imagen! 

Cuando a uno de los inigualados personajes de la inefable Niní Marshall se señalaban a un vecino indicándole que era un famoso artista, el personaje -haciendo gala de una lógica aparentemente muy nuestra- respondía: “¡Qué va a ser famoso… si vive a la vuelta de mi casa!”.

¿Será acaso que estamos enfrentándonos a una situación idéntica, pero de dirección opuesta? Algo así como “¡Qué va a tener derechos… si vive a la vuelta de casa!”. ¿Será que podemos aceptar -y hasta defender, de palabra, ¡eso sí!, sin comprometernos ni demasiado ni visiblemente- los derechos de los “no iguales”… siempre que, ni por razón de vínculo familiar o relación de vecindad o proximidad, tengamos que tratarlo o verlo con frecuencia cerca de nosotros?

Tal vez tengamos que dejar de volar en la internacional estratosfera de las teorías sociales y descender a la más humilde altura de la humanidad de cabotaje.

  

¡Hasta la próxima, semejante... y gracias por su paciencia!

Buenos Aires, julio de 2004.-