MERECIDO HOMENAJE A ALEJANDRO OLMOS

por Federico Piedras

        Político implacable, notable periodista, escritor y pensador político privilegiado, poeta capaz de tumbar tabúes como el de la deuda externa, un persona incapaz de sacar provecho personal. De esa forma Alberto González de Arzat comenzó describiendo a Alejandro Olmos, el pasado martes diez de agosto en el Salón Azul del Congreso de la Nación, en el homenaje que se realizó a la vida, obra y lucha de un "rebelde con causa", según como Olmos supo llamarse.

        A medida que pasaba el tiempo, transcurrían las décadas, y el país se ensombrecía hasta al fin quedar en la más oscura de las penumbras, y a medida que todo esto sucedía, Alejandro Olmos era sistemáticamente silenciado, ocultado, de tal manera, que hoy, si cualquiera toma un diccionario enciclopédico o consulta los libros de historia Argentina del siglo XX, Alejandro Olmos no existe.

        González de Arzat, luego de haber introducido a "un amigo", realizó una descripción en el tiempo sobre la participación política e intelectual de Olmos en la Argentina: dijo que ya en los años '30 comienza a oírse su voz al oponerse fervientemente al derrocamiento del gobierno de Irigoyen, y que en los '40 ya se va haciendo una persona a la que los políticos comienzan a consultar.

        Entre el grupo de personalidades con las alternó sus inquietudes intelectuales, cabe mencionar a Leopoldo Marechal, Raúl Scalabrini Ortiz, Antonio Jauretche, entre otros. También participó en el revisionismo histórico en el seno del Instituto de Investigaciones Históricas que hoy lleva su nombre. Siempre supo mantener, ya sea en sus escritos o discusiones intelectuales, o bien dentro del ámbito político, una independencia en su pensamiento a la que le sería fiel hasta el último segundo de vida.

        En 1945 accede al movimiento peronista, y, entre otras cosas, en 1946 será una de las pocas voces que se opondrá a la creación de la OEA. Caído el gobierno de Perón, Olmos no sólo se opone al derrocamiento y posterior gobierno de facto, sino que también está en contra de que sea el mismo gobierno ilegal e ilegítimo el que deje sin efecto la Constitución del año 1949. Durante esa época, Olmos no se silencia y decide, pese a los riesgos que tal decisión podría traerle, luchar por la libertad y el resurgimiento del Estado de Derecho: denunciará las detenciones arbitrarias de trabajadores e intelectuales, los que, luego de ser detenidos, permanecían en esa situación sin acusación ni juzgamiento. Será, a la vez, en esos mismos años de opresión en que Olmos comienza a publicar "Palabra Argentina". Desde allí combatirá a la dictadura militar, lo que lo llevará a sufrir secuestros, allanamientos, la censura, la cárcel. Sin embargo, nada de eso lo detuvo, el periódico igualmente continuó, y no sólo eso, sino que, además, un millón de personas llegó a leerlo. González de Arzat dijo: "ciento sesenta ediciones del periódico manifiestan el amor a la libertad de Alejandro Olmos".

        A un año del fusilamiento de 1956, Olmos inauguró la "columna del silencio" en la Capital Federal: desde Córdoba y 9 de Julio, miles de personas caminaron hasta plaza San Martín para colocar flores en el monumento como homenaje. Sólo hubo silencio, nadie hablaba, todos llevaron, cada uno, una flor. La concurrencia presagió la derrota del gobierno militar, y si bien Alejandro Olmos fue detenido, de todos modos no dejó de oponerse a la dictadura, como semanas después lo haría la ciudadanía en las elecciones de 1957.

        En 1973, con el regreso de Perón al gobierno, a Olmos le proponen ocupar cargos políticos, pero no acepta diciendo que "yo no sirvo para esto; en los momentos difíciles, sí; en los triunfos, no". Sin embargo, de nuevo su voz opositora deberá ser oída ante el surgimiento de un nuevo gobierno de facto, y será en ese tiempo en donde también comenzará a denunciar el endeudamiento externo.

        Y como preveía las consecuencias de la deuda externa (que no son otras que las que hoy vemos a diario a lo largo y ancho de Latinoamérica), Olmos denuncia ante el Juzgado Federal nº 2 la ilegitimidad e ilegalidad de la "mal llamada deuda externa": no sólo aportó pruebas en su contra, sino que en 1990 las hizo públicas en el libro "Todo lo que Usted quiso saber sobre la deuda externa". Desde luego que durante el gobierno de Menem, Alejandro Olmos volvió a ser silenciado sistemáticamente. Pese a ello, instó la formación del Foro sobre la Deuda Externa, movilizó a la opinión pública, llevó su batalla ante foros internacionales, y en 1995 su lucha desembocó en un juzgado popular presidido por Pérez Esquivel: la sentencia impuso condenas morales a Martínez de Hoz, Cavallo y otros cómplices.

        Finalmente, después de dieciocho años en que la causa estuvo en manos del juzgado,  hubo sentencia, considerando prescripta la acción penal, pero elevando consignas ante el Congreso para el tratamiento del caso: hoy, dijo González de Arzat para concluir su participación, el Congreso sigue sin reaccionar, incumpliendo ni más ni menos que la Constitución Nacional.

        Luego de que lo aplaudieran de pie a González de Arzat, la senadora nacional Nancy Avelin agradeció a los familiares y compañeros de Olmos y a los demás presentes y dijo "el homenaje es un acto de justicia. Alejandro Olmos murió austeramente, despegado de todo apego material, silenciado, pero lleno de espiritualidad."  Al final de su vida, la senadora Avelin dijo que Olmos dijo: "Mi satisfacción es haber servido a un objetivo, que no es ni más ni menos que el objetivo de la patria".

        Por último, los hijos de Olmos -Cristina, Jorge y Alejandro- junto con el hermano, recibieron un reconocimiento.