LAS FUNCIONES
DEL DERECHO
Y EL ROL
DE LA UNIVERSIDAD
PÚBLICA

 

El pasado lunes seis de septiembre, en el salón Verde de la Facultad de Derecho de la UBA, se llevó a cabo la charla-debate "Las funciones del Derecho y el rol de la Universidad Pública". Los panelistas invitados fueron Roberto Gargarella (Profesor Titular de Derecho Constitucional), Carlos M. Cárcova (Director del Instituto de Investigaciones "Ambrosio Gioja"), y Enrique Arias Gibert (Profesor en la Facultad de Derecho y juez).

El primero en hablar fue Arias Gibert, quien comenzó la disertación preguntándose cuál era el rol de la Facultad de Derecho. A continuación, dijo que hay un hiato entre lo que se da y lo que se quiere, y que el otro interrogante es, entonces, cómo se cubre ese hiato. Lo primero que ofreció como respuesta fue que "no hay que discutir si se es aséptico o no, porque nadie los es. hay que preguntarse cuál es el lugar de la doxa. Y el problema precisamente es que tomamos el discurso jurídico como algo cerrado, sin comunicación con el alrededor, divorciado de las relaciones sociales", y ni bien finalizó la idea se encargo de dejar en claro que esa no era su concepción del Derecho.

Sin embargo, conciente de que lo que él cree que debe ser el Derecho no es lo que hoy es aceptado por la mayoría light que nos abruma en esta sociedad, mencionó que hoy el Derecho se lee de la misma forma en que lo hacían los monjes en el siglo X, "el Derecho está por encima y alejado de la sociedad". La Facultad "se llama Facultad de Derecho y Ciencias Sociales; sin embargo, qué se ve de Ciencias Sociales. El Derecho es un discurso; qué vemos de semiótica a lo largo de la carrera; incluso la mayoría de la comunidad de esta casa no debe saber siquiera qué es la semiótica". Intentando dar una solución, Arias Gibert señaló la importancia de pensar el Derecho de otra manera, pensarlo como relaciones sociales que fueron apropiadas por alguien en la relación de poder; pensar al Derecho como el resultado del diálogo de la comunidad, "si no, pensemos en el piquete: ¿no se lo interpreta diferente en los años 1993, 2002 y 2004?".

Su segundo punto se centró en la conexión que existe entre el lenguaje y las relaciones de poder: "Aristóteles decía que para ser ciudadano hay que ser juez". Si eso es así, "¿cuánto de democracia hay si la función de juez está apropiada por un sector?" Para explicar su punto de vista, Arias Gibert recurrió al Derecho del Trabajo: señaló que allí a la relación laboral se la define a través de la manifestación de la relación entre dos sujetos; son relaciones de poder que se basan en lo que Arias Gibert llama "perforativos" (serían la capacidad de decir: sentate, levantate, andate). Por este motivo es que debe entenderse al Contrato de Trabajo no como punto de partida, sino de llegada, donde hay una relación de poder con ganadores y perdedores. Sin embargo, también dijo que lo anterior es difícil de ver ya que existe un discurso que se autovalida, pero que si se pretende vislumbrarlo hay que analizar el escamoteo en que se encuentra la realidad social.

Para finalizar, Arias Gibert dijo: "las formas hacen a los contenidos, por eso hay que pensar cómo encaramos las formas a través del lenguaje".

Carlos Cárcova inició su turno diciendo que en la época actual no cabe ninguna duda que la Universidad ocupa un rol central, no sólo al distribuir el conocimiento, sino, también, mediante un rol político, un conjunto de representaciones que están presentes en un contexto determinado en una época determinada. De esta manera, se produce no sólo episteme, sino también doxa. Por lo que, más allá de su importancia, hay que tener en claro, según Cárcova, que la Universidad es un actor más. "Antes se pensaba que las sociedades se hacían desde la Universidad; ahora, en cambio, sabemos que se hacen no sólo con la Universidad", dijo y pasó a explicar que los cambios sociales se operan a través de una gran complejidad de actores, donde no todos están determinados, ya que las identidades se han ido diluyendo; nos encontramos frente a una modernidad líquida -explicó utilizando un concepto de Sigmund Bauman-, donde hay pluralidad de actores y de escenas que no se comprenden sólo a través del análisis particular.

Continuando con la idea de la modernidad líquida, dijo: "las identidades fuertes se han diluido y hay un proceso de cambio permanente en la piel y en el nombre con el que los actores públicos se movilizan en la escena pública", y para poder explicar ese fenómeno, Cárcova expreso que es necesario romper la insuficiencia reduccionista (ius positivismo - ius naturalismo) que proponían escuelas de la filosofía del derecho sobre la cuestión de la juricidad. "Y esto es así porque el ius naturalismo moderno (siglo XVII) y el positivismo tienen una visión del Derecho de tipo formal: proponen pensar el mundo social y jurídico a partir de los métodos científicos que utilizan las ciencias duras. Con estas concepciones -continuó-, donde predominaba un análisis estructural, se brindaba una imagen del Derecho como una tecnología ciega, separada de la realidad social, la moral, la política, etc." Como solución a lo anterior, Cárcova propuso una teoría que diera cuenta de las dimensiones ausentes, preguntándose para qué servía el Derecho, qué fines sociales cumplía. Esto lo obligó a articular al Derecho con otros discursos sociales, debido a que el Derecho pertenece a una sociedad. "Aquello que pensamos que está fuera de nosotros, está constituido subjetivamente en nuestro interior. La construcción dialógica de la realidad, forma parte del lugar que creemos que el Derecho ocupa en la sociedad. Una convención social, una construcción de sentido, construye en general a una sociedad y, en particular, al Derecho."

Luego de la introducción, Cárcova pasó a analizar la forma en la que el Derecho hoy es visto dentro de la facultad: "el programa de estudio está emplazado en una determinada relación de poder, donde no hay nada de asepticismo. Sin embargo, tenemos que tener en cuenta que delante nuestro se sitúan problemas como los de la biodiversidad, bioética, globalización, la multiplicidad de sujetos, los nuevos movimientos sociales, nuevas posiciones de sujetos. Para dar respuesta a esto necesitamos salir de los códigos e interpretar la realidad. Lamentablemente, esto no es lo que se enseña en la Facultad. En cambio lo que sí se enseña -memorizar leyes, códigos, en fin, letras, palabras, números-, cuando uno se recibe, descubre que no sirve para nada, porque ya es viejo. No se ha enseñado a entender el Derecho como interdisciplina social, las teorías generales, el pensar críticamente las instituciones en miras de lo que sucede en la sociedad. El nuevo plan propone más materias de Derecho Comercial y se suprime Introducción al Derecho; se enseña el manejo de las normas, en vez de Filosofía del Derecho y Semiótica. Lo que no comprenden es que hoy se necesitan otros saberes, saberes que en esta casa de altos estudios lejos están de ser proporcionados".

Para terminar su participación, Cárcova dijo que hoy el problema no está en si tener ingreso irrestricto o no; el problema está en la Facultad: "desde hace años se apostó al facilismo". Señaló por último que la manera de revertirlo es exigir más; para lo cual también es necesario contar con profesores al nivel de las circunstancias, que ofrezcan aún más de lo que se les exige. "Pero eso no sucede", dijo al concluir.

A su turno, el profesor Gargarella dividió su charla en dos aspectos: uno formal, estructural, y el otro sustancial. En cuanto al primero señaló que la mala educación se debe a factores formales: recursos escasos; ausencia de academia independiente, es decir, ausencia de profesores dedicados en cien por ciento a la investigación. "Esto genera efectos gravísimos porque, en primer lugar, debido a que una mayoría de los que enseñan litigan, luego esto les causa temor a realizar opinión crítica debido al miedo de que le fallen en contra. Todas las cortesías suelen ser falsas (como por ejemplo, "gran profesor", "excelentísimo jurista", "brillante abogado", etc.) y no verdaderamente críticas. Es un elogio mutuo ya que, como después tengo que litigar, me evito de ganar enemigos. Y precisamente esto va en contra de lo que es la cultura del Derecho, donde a lo que debe apuntarse es a la crítica, a destruir lo que dice un juez, un libro. A la vez -continuó el profesor-, si el ochenta por ciento la paso en tribunales, luego no habrá tiempo para leer, estudiar, investigar. Entonces, lo que sucede es que siempre se repetirá una y otra vez lo mismo".

Gargarella explicó que así es como se tiende a una enseñanza pragmática, imbuida en el silencio, dogmática, donde se imparten certezas y no dudas. "Y en la enseñanza -dijo- a esto es a lo que hay que apuntar: a generar dudas. Si vemos que una ley está sujeta a diferentes interpretaciones, si un fallo de la Corte Suprema es expedido con cinco votos a favor y cuatro en contra, cómo es posible que en la facultad no se enseñe a criticar". Otro de los desmedros que indicó Gargarella es que la enseñanza está en manos de practicantes del Derecho: "ayudan a pensar cómo se ajustan las tuercas de una máquina a la que no pensamos; no ayudan a la opinión crítica, sino a cómo sacar dinero en la profesión".

En cuanto al aspecto sustantivo, Gargarella dijo que se relaciona con la idea de que hay una falta de crítica sobre el Derecho: "hay una máquina que no sabemos para qué sirve ni para quién sirve. Y lo grave no es sólo que el derecho no es neutral, sino que está orientado a un objetivo particular: el hecho de que el ochenta por ciento de las materias de Derecho estén vinculadas con la propiedad, nos dice demasiado". Remarcó que esa vinculación se debe a varios presupuestos: partiendo desde el individualismo, uno debe aspirar al bienestar, y éste está orientado a la acumulación de riquezas, lo que significa adquirir más y más propiedades, celebrar diversos contratos, "y todo esto es pensable; sin embargo, jamás lo pensamos".

Sobre el final, a través de un análisis de las raíces de nuestra sociedad, Gargarella dijo que a lo que se apunta es ni más ni menos que a la idea de Alberdi de la libertad económica, lo que provoca que cualquier intromisión a esa idea, sea un "atentado" contra esa libertad. "La maquinaria del Derecho es una máquina sobre la que se piensa poco, y no se lo hace porque no hay dedicación full time a la docencia. Estamos frente a un sistema jurídico que, desde una perspectiva rousseauniana, se presenta a través de una alienación jurídica, normas con las que no nos identificamos, sobre las que no pensamos. Sin embargo, esas normas las crea un grupo determinado".

Para concluir, Gargarella dijo: "existen, de todos modos, caminos a recorrer, donde lo primero que tenemos que preguntarnos es si nos interesa tener profesionales dedicados exclusivamente a pensar el Derecho". Federico Piedras