Zavadivker, Nicolás

 

UNA ÉTICA SIN FUNDAMENTOS

 

Tucumán, Univ. Nacional de Tucumán, 2004, 148 p

 

    "Una de las principales discusiones que atraviesa la historia de la filosofía es la de si existe o no una ética de alcance universal, es decir, válida para todo ser humano, independientemente de la cultura y el tiempo en que desarrolle su vida". Así da comienzo Nicolás, Licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional de Tucumán, docente, e investigador de esa misma prestigiosa casa de altos estudios, y del CONICET, esta breve pero jugosísima obra, que tiene por base la que fuera su tesis de licenciatura.

    Nacido en Mar del Plata, desde muy joven Zavadivker se radicó en el Jardín de la República, ejerciendo además el periodismo en la muy tradicional Gaceta, y obteniendo varios premios y distinciones. A sus fértiles 28 años, este pensador resulta sin dudas una promesa de alta envergadura en el terreno de los estudios latinoamericanos sobre cuestiones filosóficas.   

    El buceo que Nicolás realiza en estas ricas páginas, invita a pensar acerca de la espinosa problemática de la fundamentación de los parámetros éticos, sobre todo en consideración a las ciencias (en lo personal, como es obvio, pienso en los terrenos biomédicos...) Creo que en ello reside la principal valía de este libro: es una propuesta para replantearse conceptos que uno, cosa inevitable, tiende a menudo a colocar en el mohoso estante de las supuestas verdades asumidas.

    En lo personal, y en ello creo que disiento, muy afectuosamente, con Zavadivker, no creo que tenga sentido siquiera una ética sin objetividad, sin valores absolutos que la sustenten. Hace poco, en el debate posterior a una conferencia, alguien lanzó la pregunta retórica: "¿Quiénes somos nosotros, cualquiera de nosotros, para juzgar a los demás en lo que hacen, decir qué está mal, y qué está bien?" Es que, me parece, justamente de eso se trata la ética. De lo contrario, como lo previene Elio Sgreccia, sólo nos quedaría una "ética discursiva", un mero relato externo, pretendida (y falsamente, agrego) aséptico. Una seudo-ética tan innecesaria como inútil. Una pérdida de tiempo...

    Nicolás se interna sagazmente en estos tópicos por la vía de una fuerte y bien armada crítica, en cuyos lineamientos coincido bastante, a Mario Bunge. Sus conclusiones relativistas se le imponen, como corolarios de sus puntos de vista, y él las acepta con honradez científica, aunque pareciera que, en el fondo, campea cierta tristeza, que lo lleva a justificarse. "Acaso un mundo sin valores objetivos en el que los hombres se comporten moralmente sea preferible a un mundo cargado de valores, pero en el que nadie rija su vida de acuerdo a ellos", suspira en las últimas líneas de su trabajo.

    ¿No es ése un planteo algo exagerado, demasiado bipolar, casi apocalíptico? ¿Es cierto que en este "mundo cargado de valores", NADIE rige su vida por ellos? ¿No existe cierta contradicción en aquello de que, en "un mundo sin valores objetivos" sea posible para los hombres "comportarse moralmente"? ¿Cómo se podría calificar ese comportamiento si hemos destruido antes los parámetros de juicio? En un mundo sin valores objetivos, ¿cómo sé que Joseph Mengele se comporta inmoralmente, y Marie Curie moralmente? ¿Puedo, siquiera, predicar la moralidad como criterio de análisis en ese mundo?

    Sin dudas, Nicolás va a responder a esas y a muchas más cuestiones en sus próximas obras. Tiene la ventaja de la extrema juventud, que le ofrenda un capital de tiempo envidiable. Y, como herramienta, una inteligencia profunda y aguda, y aquella actitud típica de los intelectuales verdaderos, que se extasían ante lo que para la mayoría de los humanos luce trillado y vacío, y descubren oro en los lodazales, y enigmas en cada brizna de hierba. RDR-B

 

Narváez Quiñónez, Iván

DERECHO AMBIENTAL
y temas de sociología ambiental

(conflictos socio-ambientales
en el sector extractivo: enfoque político)

Quito, Cevallos, 2004, 520p 

    "Somos hijos del sol, de la tierra, hijos del agua, somos vida".

    ¡Qué auspicioso cuando un libro jurídico comienza en ese tono! Llegan, en medio de la superficialidad pedestre que desde las almenas imperiales se cierne sobre el mundo, efluvios de Humanismo, que recalan en espíritus amplios, con sensibilidad cósmica, como el de Iván, este abogado quiteño, Master en Ciencias Sociales de la FLACSO, y en Gestión Ambiental, entre otros lauros, y docente universitario.

    Narváez es un ambientalista, que ha trabajado en Petroecuador, y conoce desde la óptica ejecutiva de qué se trata esto del "proceso extractivo". Pero es, además, un apasionado de las culturas indígenas, de la preservación de sus tradiciones (especialmente, ha trabajado en la recuperación de sus patrimonios musicales, y es responsable de un vastísimo proyecto de grabación de ese tesoro sonoro). Es que no ve en el paisaje los recursos naturales en sí, como meras riquezas a ser explotadas, capitales con valor en dinero. Él distingue al ser humano que es en ese entorno. Y lo prioriza, porque sabe que es lo realmente importante.

    Éste no es un libro abstracto. Está muy ceñido a la realidad latinoamericana. Transido de la tragedia de la prepotencia, de la osadía del imperialismo que se ensaña en las riquezas de los pueblos con menos fuerza militar y económica, y las drena sin asco, hasta secarlas, como esos ominosos extraterrestres de la patética película estadounidense en que sus autores, sin quererlo, parecían retratarse a sí mismos. La deuda externa aparece allí, entrelazada con la problemática ambiental y sociológica, como el fantasma ubicuo que es, lo queramos ver o no (y a menudo somos tan sandios como para cerrarle fuertemente los ojos...) La última parte de la obra está dedicada al Ecuador, pero en el resto también se huele, a cada página, la arcilla agridulce de nuestra vapuleada América.

    Y no es un libro aséptico, tampoco. El autor (brindo por eso, y con ganas) no quiere pasar por uno de aquellos puristas que, emulando al gran Kelsen, se duelen de la suciedad sociológica, axiológica, cotidiana, del Derecho. Iván, como muchos de nosotros, se regodea en lo valorativo, lo reivindica, lo esgrime como bandera, sin vergüenzas, sin hipocresías. Él tiene sus ideas, sus parámetros, sus puntos de vista acerca de lo que está bien y lo que está mal, lo que es correcto y lo que es perverso. Y, en ese sentido, su trabajo es militante, lo que le confiere un sabor agregado, y lo torna imperdible.

    "La historia de los países petroleros del sur ha sido pasar de crisis en crisis, hasta configurar modelos de economías dependientes, descapitalizadas y en muchos casos se expresan en modelos políticos y sociales excluyentes, antidemocráticos y represivos, en función de controlar y aprovechar los recursos económicos provenientes del petróleo, por parte de los grupos hegemónicos del poder interno y externo", dice con dureza este pensador quiteño... Y podríamos quitar el adjetivo "petroleros", me parece, y la frase mantendría incólume su verdad... RDR-B

 

Maguregui, Carina

 

DOMA

 

Córdoba, Alción, 2004, 110p

 

    Carina Maguregui es una Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires, en cuyas aulas estudió luego cine, además de graduarse como Periodista Científica. Tiene en su haber premios literarios, y trabaja como productora televisiva. Aún transita la treintena, y ya es el suyo, evidentemente, un camino de logros y promesas fecundas.

    Ahora, Carina Maguregui talló una joyita en esta novela breve, casi un cuento largo, que no puede dejarse una vez que se la empieza. Es una joya amarga, porque el asunto es feo, horrible, tan desagradable como la imagen que, muy deliberadamente, sin dudas, puso la editorial en la cubierta del libro. Me hizo acordar, al leerla, esa advertencia que nos lanzaba desde allí al fondo Delfín Leocadio Garasa, en las clases teóricas masivas de Introducción a la Literatura, en esa misma Filosofía y Letras de la que egresó Carina (¿habremos sido compañeros en alguna materia?): "Desconfíen de los buenos argumentos", nos decía, casi con sorna. "Los grandes escritores son los que hacen maravillas con argumentos pobres".

    Este argumento no es pobre. Es repulsivo. Repulsivo porque así es la realidad de quien, como Ángela Zaño, la protagonista de esta epopeya de quirófanos y catéteres, cae en las garras de aquellos médicos que rinden culto al dios positivista de la curación del cuerpo-cosa, y olvidan, o no quieren recordar, que el ente humano es una trascendencia unívoca, un algo que excede las definiciones y las perspectivas, y ciertamente las fronteras somáticas, para internarse (o no salir nunca) de lo espiritual, lo intangible.

    Bien se ve que Maguregui construye su escenario psicológico a partir de una aguda observación de una realidad que no le es nada ajena. Ella se consubstancia con los pacientes, comulga de sus sangres y sus carnes, se hace una con el embrollo de vigilias inciertas y pesadillas sin tiempo que puebla las tardes yermas de los enfermos que suspiran desde las aspas del molino de un Hipócrates mecánico, implorando, rogando, llorando lágrimas de alma, en procura de una sonrisa que les reconozca la dignidad perdida.

    Doma. ¡Qué buen título, Carina! Me quedo extasiado cuando un autor consigue hallar en un vocablo los sentidos que conforman el sentido de su obra. ¿Doma de quién? ¿Doma con qué resultado? ¿Doma con qué finalidad? No, eso no lo he de responder, sino dejarlo arrojado al lector, para que lo descubra por las suyas. Porque es una pesquisa que harto vale la pena, y es más que recomendable. Muchos deberían leer estas páginas como condena. Otros, a modo de prevención. Los restantes, porque están muy bien escritas, aunque hieran desde la primera línea. RDR-B