NEOLIBERALISMO

(UNA CARACTERIZACIÓN)

 

 

 

 

                        por Luis Maldonado Lince

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

La caída del muro de Berlín en 1989 hizo pensar que las fuerzas del mercado se liberarían, para centrar la actividad humana exclusivamente en la producción y el consumo de una riqueza material inagotable. El rol ya inevitable de lo privado, sustituiría las limitaciones de la noción de “lo  público” para eliminar innecesarios controles y legislación estatal, y propiciar la victoria definitiva de una sociedad universal de consumo.

 

 Las expectativas, esperanzas y deseos de la denominada “gente común”, deberían ver en la iniciativa privada, el capital financiero y el individualismo sin límites, su única esperanza de realización. El libre mercado, sin interferencias o regulaciones es el más eficiente, y socialmente óptimo, asignador de recursos, y la acción del estado deberá limitarse a vigilar, sin intervenir, que se cumpla sin trabas la milagrosa operación justiciera de las leyes de la oferta y la demanda.

 

 La globalización de la economía, sostenida doctrinariamente por el neoliberalismo, apunta a un solo y uniforme mercado mundial, en el cual bienes, servicios y, sobre todo, capitales fluyen libremente y sin fronteras, promoviendo la competencia, aumentando la eficiencia y el crecimiento económicos, y beneficiando, de paso a todo el mundo. Pero para que esta maravilla ocurra, hay que abandonar metas de autosuficiencia, y únicamente aspirar a ser internacionalmente competitivos como mercado, y atraer por este medio la inversión extranjera sin pedirle visa de entrada, y, por supuesto, permitirle la salida cuando a bien tenga y sin rendir cuentas a nadie.

 

 Lo anterior no pretende ser una definición de lo que en esencia es el neoliberalismo, pero sí aspira a sostener que estos conceptos están profundamente enraizados en todas las instituciones públicas y privadas, y que el apoyo deliberado o simplemente ”útil” de medios de comunicación, políticos y empresarios, ha logrado  que sean aceptados, por muchí­simas personas, casi tanto como los fieles aceptan las doctrinas de su fe. Cuestionarlas abiertamente es anatema, y de hecho trae censura y excomunión  por parte de organismos públicos, empresas privadas, bancos, intelectuales, medios de comunicación, e inclusive de algunos sectores académicos.

 

 

LOS EJES DE UNA MAQUINARIA INFERNAL

 

 Los principios impulsores del neoliberalismo fueron esbozados por los conclaves de las transnacionales con una precisión perversa,  casi diabólica. La Comisión Bilderberg y la Comisión Trilateral, cenáculos que agrupan a las mas influyentes personas del mundo de la política y de los negocios mundiales, dedicados a buscar el mantenimiento de lo que denominan la “estabilidad   de las políticas globales”, impulsan la consolidación de un inmenso poder centralizado que tiene en el FMI el Banco Mundial y la OMC, sus mas eficientes instrumentos de control y dominación. Las tesis que sostienen son poco conocidas, y por lo mismo no están sujetas a escrutinio por parte de la sociedad, pese a que esta es su principal objetivo e inerme víctima. Cuatro son los ejes que sustentan la infernal maquinaria:

 

 

 

  1.- “Los humanos están motivados por el interés personal, expresado fundamentalmente por la búsqueda incesante de la ganancia financiera”.

 

Lo personal excluye lo colectivo. La acumulación en estos términos prescinde del más elemental sentido de solidaridad, y destierra los principios éticos y morales de derechos y obligaciones ciudadanas.

 

 

 

  2.- “Las acciones que proveen ganancias financieras al individuo y a la empresa, son siempre las más beneficiosas  para la sociedad”.

 

 No se califican los aspectos éticos, morales y de derecho de la forma en que se obtienen tales ganancias. Mientras se logren, no importa como ni a costa de quién se consiguen.

 

 

 

  3.- “El comportamiento competitivo es más racional para el individuo o la empresa, y más beneficioso para la sociedad, que el comportamiento cooperativo”.

 

 Esto deja en evidencia una radical separación entre lo económico y lo social. La productividad y la competitividad son la única y exclusiva meta de las actividades humanas. Lo “irracional”de la cooperación y la solidaridad, permite culpar a la víctima de su propia desventura.

 

 

 

   4.- “El progreso humano se mide mejor por los incrementos en valor de lo que la sociedad consume. Por lo tanto, los individuos que más consumen, más contribuyen a la riqueza de la sociedad”.

 

 Así como el neoliberalismo promueve la desaparición de naciones-estado para que solamente existan los “mercados”, el cerco se cierra con este último principio. La noción de ciudadano con derechos y obligaciones retrocede, y deja lugar a la de “consumidor”. Una perversa forma de suprimir a los pobres. COMO NO CONSUMEN, NO EXISTEN, Y SON UNA RÉMORA PARA EL DESARROLLO PORQUE NO CONTRIBUYEN A LA RIQUEZA GENERAL.

 

 

Lo inmoral y deshumanizado del neoliberalismo queda en evidencia en lo que denomina ÉXITO FINANCIERO. El mundo real está lleno de inmensas mayorías empobrecidas, mal nutridas y hambrientas, sin empleo, sin acceso a la educación, y carentes de vestido y habitación adecuados.

 

Sin embargo, esta lacerante realidad es sistemáticamente ocultada por los principales medios de comunicación. Revistas como Fortune, News Week, Forbes y The Economist, rara vez elogian una economía por sus avances en eliminar o atenuar las mas graves causas de la pobreza. Más bien dispensan los mas pomposos elogios al “éxito financiero”, y miden el progreso de las sociedades por el número de millonarios y billonarios que producen. Evalúan la eficiencia de los altos ejecutivos de las grandes empresas por su éxito en disminuir el tamaño corporativo-eufemismo para explicar masivos despidos-, y alaban el éxito de las corporaciones de acuerdo al alcance global de su poder y dominio monopólico de los mercados -naciones- en que operan.

 

 

EL ATAQUE A LA CIVILIZACIÓN Y LA CULTURA

 

No es objeto de este documento hacer un estudio sobre todo aquello que caracteriza la civilización y la cultura, sino más bien tratar de explicar cómo el neoliberalismo pone en la mira de su embestida a aquellos elementos en los que el avance de la civilización, y las auténticas y diversas manifestaciones de la cultura, sustentan su libre desarrollo y sus propias formas de expresión.

 

El blanco fundamental es el Estado, su tamaño, y, por sobre todas las cosas, su rol indelegable de velar por el bien común, sustentando la vigencia de los derechos ciudadanos a la salud, la educación, la cultura y el trabajo. Apartado de estas responsabilidades por el discurso-verdad revelada-neoliberal, el estado y los gobiernos se asientan en la orilla opuesta del océano que separa su supuestamente racional entendimiento del mundo, de los auténticos sentimientos y necesidades de los pueblos.

 

La primacía del crecimiento económico, el libre mercado para sustentarlo, la eliminación de controles y regulaciones de gobiernos, el consumo exacerbado, y el modelo uniforme de desarrollo para servir la visión e intereses de las grandes corporaciones, conducen a un inevitable impasse social, político, económico y ambiental. La meta globalizadora-neoliberal es que todas las naciones, no importa cuan dispares sean (Suecia, Kenya, Brasil o Indonesia) deben adoptar el mismo modelo económico. Resultado neto: MONOCULTURA y homogenización de formas de vivir y entender el mundo. No importa que para lograrlo haya que desmantelar culturas, tradiciones locales y economías. De hecho ya lo están haciendo.

 

La mas elemental forma de resistir al neoliberalismo es cuestionarlo y buscar las respuestas en la evidencia histórica, en las estadísticas, y, en el momento actual, en los testimonios, análisis y  estudios de sus propios ideólogos, panegiristas, beneficiarios , intelectuales (curioso, pero los hay) instituciones (señaladamente el Banco Mundial, el FMI y la OMC), y desde luego las cifras que gobiernos dóciles no pueden ocultar por mas esfuerzos que hagan.

 

 

CUESTIONANDO AL MODELO

 

Los cuestionamientos al modelo no son difíciles, sobre todo a la luz de los resultados de su aplicación universal e indiscriminada. El siguiente no es un orden estricto, pero puede servir de referente:

 

  -¿Funciona el sistema?

 

  -¿La expansión económica bajo la OMC, tendrá lugar?

 

  -¿Si es así, se podrá sostener?

 

  -¿De donde vendrán los recursos -energía, madera, minerales, agua- para alimentar ese crecimiento?

 

  -¿Donde se depositarán los efluentes tóxicos y desperdicios del proceso?

 

  -¿Quienes son los beneficiarios? ¿Serán los campesinos? ¿Serán los trabajadores? ¿Serán los países en desarrollo por los precios que se pagarán a sus mono-cultivos de exportación?

 

  -¿Que hay de los resultados ecológicos?

 

  -¿Se puede sostener el consumo ilimitado?

 

  -¿Cuándo se acabarán los bosques y el agua?

 

  -¿Es la vida mejor para todos?

 

  -¿Como familias, como individuos, comunidades y naciones, estamos ahora más seguros, menos angustiados y más en control de nuestro destino?

 

  -¿Será posible que nos beneficiemos de un sistema que deja inválidos a gobiernos nacionales, otorgando el poder que les corresponde a burocracias corporativas en Washington, Ginebra, Bruselas o Tokyo?

 

  -¿Realmente, queremos esto? Si la respuesta es por la negativa; ¿cómo hacer para desmontar y revertir el modelo neoliberal?

 

 

Lo que ha quedado claro hasta ahora, es que el sistema aplicado a su óptimo nivel -Argentina, Méjico, Brasil, Bolivia, Chile, Perú, para solo citar algunos ejemplos en Latinoamérica- beneficia a reducidísimas y privilegiadas minorías. Los demás, la mayoría, los pobres, quedan buscando inexistentes trabajos, y se ven obligados a sobrevivir en sociedades violentas y en un planeta devastado. El filósofo y economista alemán Wolfgang Sachs, en su libro ”Diccionario del Desarrollo”, argumenta que lo único peor que el fracaso de este masivo experimento global, sería su éxito.

 

 

LA ARISTOCRACIA NEOLIBERAL EN EL PODER

 

La dicotomía que se da entre la “iluminada” visión del neoliberalismo en el largo plazo, choca y se contradice con las angustiosas urgencias del pueblo en el corto plazo.  Esto ha ocurrido siempre. Es la secuela típica de las más retrógradas formas del pensamiento y la acción reaccionarias. Sin embargo, en nuestro tiempo, el neoliberalismo le da una nueva presentación a un mismo contenido, y crea la “aristocracia gobernante” que deriva su poder de calificaciones académicas, y su autoridad  de las ciencias, especialmente la economía. Para ellos, no sólo la modernidad y la razón están de su parte, sino que la sin razón, el arcaísmo el y el retroceso forman parte del pensamiento y acción del pueblo, sus organizaciones campesinas y obreras, e intelectuales y académicos que luchan por sus derechos y en contra del discurso único.

 

 Las palabras seriedad, realismo y pragmatismo, son parte consustancial al discurso de gobiernos neoliberales, y sus corifeos en la banca y la gran empresa. Piensan que deben gobernar las elites iluminadas y preparadas. Los que conocen en qué consiste la felicidad de los pueblos, y son capaces de llevar adelante este propósito por mandato divino, porque los pobres no saben en qué consiste su propia felicidad, y tienen siempre la suprema ingratitud de despreciar la buena fortuna que está a su alcance al ser gobernados por tan singularmente dotados aristócratas.

 

 El estado ha dado a luz su propia aristocracia. Lo singular es que esta nueva “nobleza” gobernante predica desde el gobierno y el poder económico, el achicamiento del estado y su paulatina desaparición, y el reinado indiscutido del mercado y el consumidor. Los neoliberales han secuestrado al estado, convirtiendo la noción del bien público  en la estrecha y mezquina del bien “privado”; han hecho de los asuntos públicos, sus propios asuntos; y, de la propiedad común, la propiedad privada.

 

 Se impone entonces rescatar la democracia de las manos de esta aristocracia tecnocrática. Hay que-como decía Pierre Bourdieu en 1995- liquidar y poner fin al reinado de “expertos” que tratan de imponer, sin discusión, los veredictos de los mercados financieros, no por la vía de la negociación sino por la de simple “explicación”. Hay que romper con lo supuestamente inevitable que predican los clérigos del neoliberalismo, y buscar nuevas formas de acción política para combatir el esquema y neutralizarlo.

 

 La actual crisis del sistema y las grietas que aparecen por todas partes en su pesado andamiaje, constituyen una oportunidad singular para derrotarlo. Campesinos, indígenas, trabajadores, servidores públicos, estudiantes, profesionales, empresarios, intelectuales, y todos los que de una manera u otra son perjudicados por el modelo deben unir voluntades para entender que sus problemas son demasiado importantes, como para dejarlos en manos de tecnócratas. Hay que volver al rol primigenio del estado como guardián del bien común, pero en alianza con otros y otras que, en otros países, ya han iniciado iguales batallas

 

 

LOS ECONOMISTAS NEOLIBERALES

 

Dado que estos profesionales son la nueva casta gobernante, y son producidos en serie por centros académicos internacionales y nacionales, moldeados en el discurso único por centros financieros y empresariales, y promovidos por la preferencia de los medios de comunicación, conviene identificarlos y enfrentarlos en el terreno que ellos consideran el suyo propio, y en el que por virtud de la propaganda y el “marketing”,  no creen tener rivalidad alguna, y pregonan como verdades sus propios limitados conceptos. El más notorio, y base de sus livianas argumentaciones, se sustenta en el criterio de que primero hay que estabilizar la economía, para poder, en plazos que jamás explicitan, lograr la equidad distributiva y tranquilizar el siempre presente descontento social con sus políticas.

 

 Entrampados en el estrecho economicismo del FMI, que viene causando ruina y desolación en el mundo, y torna criminal el dominio del norte rico sobre el sur pobre, todos estos semi-alfabetos economistas fracasan en tomar en cuenta los altos costos de la terrible destrucción material y espiritual que su “realismo político” causa en individuos y sociedades. En esto, también los gobiernos neoliberales, obsesionados por los equilibrios financieros, traicionan las aspiraciones de la mayoría, y se enfrentan a costosas consecuencias sociales y políticas derivadas de una ciega sumisión a las denominadas “restricciones  presupuestarias”.

 

 Desde altos puestos de responsabilidad gubernamental, los tecnócratas neoliberales lanzan al mundo un discurso que en estos tiempos se ha repetido tanto, que  termina no siendo escuchado, o se lo acepta como verdad única e inamovible: “El asunto crucial en la actualidad, es crear las condiciones favorables para el crecimiento sostenido y la confianza de los inversionistas. Es por lo tanto necesario restringir el gasto público...

 

 En buen romance esto quiere decir que hay que acabar cuanto antes con las veleidades sociales de los gobiernos, y eliminar lo que ellos consideran inútiles gastos en educación, salud, vivienda, cultura y empleo; para, de este modo tranquilizar a los “inversionistas”, que continuamente manifiestan su desconfianza porque están convencidos de que sus “derechos económicos”, no son compatibles con los derechos sociales de los ciudadanos, muy especialmente con los de los mas pobres y vulnerables.

 

 El discurso de los tecnócratas neoliberales se extiende, y tiene las siguientes características: “Es conveniente la reforma tributaria, que en su concepción técnica reduzca impuestos a un nivel que sea aceptable en el largo plazo. Hay que reformar el sistema de seguridad social, y garantizar  la flexibilidad en el mercado del trabajo”.

 

 Lo anterior, desprendido del eufemismo que caracteriza al discurso neoliberal, quiere decir: reduzcamos impuestos a los inversionistas, o devolvamos los que a veces nos pagan, sobre todo si exportan algún bien. Pero en el reverso de la moneda, lo que significa la sostenibilidad de la reducción de impuestos en el largo plazo, tiene que ver con el “esfuerzo” que el pueblo deberá realizar en el corto plazo para garantizar los ingresos presupuestarios que aseguren el pago de la deuda pública, por la vía de... ¡¡¡MÁS IMPUESTOS!!! La flexibilización del mercado laboral quiere decir garantizar bajos salarios, más horas de trabajo y turnos irregulares, para que los inversionistas y los grandes empresarios tengan garantizadas sus utilidades.

 

 Si este tipo de discurso neoliberal pasa impune, es porque se ha convertido en moneda corriente; va de boca en boca, y es aceptado por el común de la gente sin beneficio de inventario. Conceptos como: “crecimiento sostenido”, “confianza de inversionistas”, “gasto público”, “sistema de seguridad social”, “rigideces”, “mercado del trabajo”, “flexibilidad”, y “globalización”, no necesitan ser explicados, hasta cuando a alguien se le ocurre cuestionarlos. Entonces arde Troya, los economistas neoliberales no saben por dónde comenzar a dar fundamentos a estos eufemismos que ya han sido desvirtuados por otros economistas, que habiendo sido parte del denominado “establishment”, han abandonado con terror y asco el barco en peligro. Me refiero a prestigiosos profesionales como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Michel Camdessus, entre otros.

 

 

 A MODO DE CORTA CONCLUSIÓN

 

 Dos bases conceptuales sobre las que es necesario trabajar para desmontar el modelo neoliberal, pueden ser un aporte que logre estructurar un esfuerzo consensuado entre las fuerzas progresistas. El primero de ellos tiene que ver con revertir la ecuación neoliberal, y decir: Estabilizar la sociedad como paso fundamental para lograr la reactivación de la economía.  El segundo: Girar en ciento ochenta grados del concepto neoclásico, hablar de la confianza de la sociedad y de la gente, antes que de la confianza de los mercados. 

 

 Termino este pequeño artículo con una cita de Adam Smith contenida en su libro La Riqueza de las Naciones, que creo que resume mejor que yo los propósitos explícitos e implícitos que pretende el dominio de los poderosos sobre los más débiles.

 

 “La caprichosa ambición de reyes y ministros no ha sido tan fatal para la paz de Europa, en el siglo presente y en el anterior, como el impertinente celo de comerciantes y empresarios industriales.  La violencia y la injusticia  de los gobernantes de la humanidad es un mal antiguo, y tenemos que, dada la naturaleza de los asuntos humanos, no se pueda encontrar remedio alguno a ese mal.  Pero la rapacidad mezquina y el espíritu de monopolio que prevalecen entre comerciantes y empresarios industriales (que por otra parte no están llamados a ser los directores de la humanidad, ni tiene porque serlo), aunque no puedan probablemente corregirse, si puede evitarse que perturben la tranquilidad de otros”.