TODOS POR ANTOÑITA
Muchos de nuestros lectores ya conocen la historia de Antoñita, la nena que fue puesta por su madre biológica en un ómnibus, para sacársela de encima, que fue rescatada del desastre por la solidaridad de buena gente, pero creció en un orfanato, sin esperanzas de hallar una familia, hasta que su camino se cruzó, en buena hora, con el de la abogada Diana Bichachi, que desde entonces lucha por adoptarla. Muchos de nuestros lectores se coligaron en diciembre y, mediante una marejada de mensajes electrónicos, contribuyeron a que el juez interviniente reviese su decisión de no permitir a Antoñita pasar las Fiestas con Diana. Antoñita tuvo así la mejor Navidad de su vida. Ahora, Diana, en esta carta que subsigue, nos pide urgente ayuda para lograr su ansiado anhelo de transformarse en la mamá de Antoñita. PERSONA va a apoyarla plenamente, porque es una publicación comprometida con la familia y con el amor. Tanto Diana, como todos los que deseen ayudarla, tendrán desde ahora en estas páginas virtuales un punto de referencia, de concurrencia, de comunicación. Gracias, amigos, y... ¡adelante!
Sr. Director, Dr. Ricardo Rabinovich-Berkman.
Quiero agradecerle a ud y,
por su intermedio, a todos los suscriptores de la Revista Persona por la
ayuda invalorable que nos dieron a Antoñita y a mi para lograr que el
Juzgado la autorizara a pasar la Navidad conmigo.
Antonia había sido abandonada por su madre, en un micro, con la única
condición que no volviera nunca más a su casa, y desde hace un año y medio
reside en un Hogar de Niños carenciados de la ciudad de La Paz, Entre Ríos,
donde nadie la visitó jamás.
Inexplicablemente la autorización solicitada para que estuviéramos juntas,
que fue gestionada desde fines de noviembre, no había tenido respuesta hasta
el día 22 de diciembre y por ello, a escasas horas de la Nochebuena, envié
mi pedido desesperado de ayuda confiada en la solidaridad de mis semejantes.
La respuesta recibida superó todas mis expectativas.
Amigos, compañeros de trabajo, periodistas, diputados y senadores de la
Nación, diputados de la provincia de Entre Ríos, de Corrientes, de la Ciudad
de Buenos Aires, el Gobernador de la Provincia de Entre Ríos, el Ministro
del Interior quien me llamó e persona, y muchos de los suscriptores de esta
revista, empezando por su director, tomaron el caso de Antoñita como propio
y siendo gente de buen corazón, aportaron el granito de arena que hizo
realidad el milagro que Antoñita andaba mereciendo.
Fueron ustedes, de las múltiples maneras que actuaron (llamadas de
teléfono, cartas, visitas, mails, oraciones) quienes hicieron posible
llegar al corazón de quien debía decidir
El juez, quien nunca había visto a la nena, fue en persona al Hogar de Niños
de la Paz, quiso conocerla, se interesó por el caso y le dio la importancia
que se merecían los once años desolados de mi pequeñita. Estaba a punto de
ordenar el traslado a otro hogar en la provincia de Corrientes, lo que
hubiera sido un nuevo dolor y desarraigo para esta niña que solo sabe de
abandono.
Por ahora logramos detenerlo, Antonia tuvo si primera Navidad en familia, y
luego, acabado el permiso, el día 2 de diciembre debí regresarla al Hogar
donde se encuentra ahora esperando que vaya a buscarla para siempre.
Tengo toda la documentación necesaria para iniciar el juicio de adopción y
la abogada que me patrocina en La Paz, redactó el escrito de presentación,
pero aún resta encontrar un abogado de confianza matriculado en la Provincia
de Corrientes, que litigue en la localidad de Esquina. No me resulta nada
fácil hallarlo, a pesar de lo mucho que me ocupé hasta ahora, por ello si
alguien me aporta algún dato que pueda ayudarme les estaría infinitamente
agradecida.
Para terminar les cuento que Antonia nunca fue al colegio y recién el año
pasado terminó, con dificultad, su primer grado. Le cuesta expresar sus
sentimientos y su voz es muy bajita. El mismo día que debí regresar a
Buenos Aires sin poder traerla porque no había llegado la autorización, nos
encontramos en el restaurant donde estábamos cenando con el defensor de
menores del lugar. Quienes me conocen un poco saben que no soy de
desaprovechar esas oportunidades. Por eso nos acercamos con mi madre y la
nena y le dijimos, con respeto, lo que pensábamos.
Cuando nos alejábamos satisfechas, la vocecita de Antonia se elevó y
mirándonos nos dijo: gracias por defenderme.
En su nombre les digo: " Gracias por ayudarla"