FRONDA

(Invierno A. D. 2005)


Levántate, Granada (España), 2005, 173 p


    La cultura de la Vida no puede sino estar de parabienes con la aparición del primer número de la revista española Fronda, que acaba de ver la luz en su tierra natal, y es de esperar que no tarde en hallarse en el mundo hispánico todo... ¡et plus ultra!

    Dirigida por Ángel Esteban, editada por Artur Mrówczynski-Van Allen (que, junto con Miguel d'Ors integra el Consejo de Redacción), y con Norberto Arredondo como redactor jefe, esta publicación, simpática, profunda y valiente, se yergue desde la eterna perla nazarí de Granada, para ser "un espacio de cultura y pensamiento, que aborde los temas y problemas que preocupan al hombre contemporáneo. Una apuesta editorial que desde la intelectualidad hable claro y propague la doctrina dogmática, moral y social de la Iglesia Católica, sin miedo, con la convicción de que Ella habla con la fuerza de Cristo, en un mundo caracterizado por el relativismo moral y verdades hechas a medida", como sin tapujos lo declara la Redacción desde el inicio.

    Sin dudas ha tenido allí mucho que ver la figura de Mrówczynski-Van Allen, que es un polaco radicado en la ciudad de la Alhambra, porque esta Fronda entronca orgullosa con su homónima de Polonia, nacida en 1994 como "un espacio donde se hablara de cosas serias, sin marginar la dimensión espiritual del hombre, pero desde una perspectiva contemporánea apta para satisfacer el hambre de verdad de las nuevas generaciones", según explica Grzegorz Górny, su Jefe de Redacción. ¡En buena hora!

    Son muchísimos los tópicos que en estas nutridas páginas se tratan. Predominan los temas éticos (Profesión y ética, Construir personas completas, etc.), pero están presentes también la Historia (Un  liberal católico: planteamientos cristianos en el pensamiento de Martínez de la Rosa, Non possumus: la Iglesia, sifbo de contradicción en la Polonia comunista, etc.), la Antropología (Elementos para una teoría de la persona completa, etc.), la Filosofía (A vueltas con el 11-S: la cuestión de los mínimos universales, etc.), la Literatura (César Vallejo: entre el cristianismo y el marxismo, Una elegía por Charles Péguy, etc.), el Periodismo (Los herederos de Ángel Herrera Oria, 10 años de Fronda en Polonia, etc.)... (como no quiero que se me tilde de testigo reticente, me apresuro a reconocer que va también, y a muchísima honra de mi parte, un artículo mío: ¿Triunfó el nazismo? o de cómo y hasta qué punto sobrevive hoy la cosmovisión bioética del nacionalsocialismo).

    Y todo ello bajo el común denominador de un fresco Humanismo cristiano, comprometido con la defensa de una civilización que insista en la belleza de la existencia, en la maravilla del ser. "Estaríamos de acuerdo con la vida llena de sufrimiento, pero no con la vida sin sentido", suspiraban Raissa y Jacques Maritain. Esa frase profundísima se cita en una de las primeras notas, y su filosofía subyace a estas páginas, que vienen a traer aire de jazmines en la cerrazón necrófila que pretenden imponer los muchos que, sabiéndolo o no, vivan a la muerte.

    Auguro a Fronda una frondosa trayectoria. Así es como mejor se combaten las drogas, la delincuencia y el aborto. Con el amor y la prédica sana. Con la sonrisa amiga y la mano extensa, el abrazo pronto y la guitarra cantarina al hombro. El amanecer es un regalo de Dios para recordarnos que el mundo es hermoso, y puede serlo más aún si  pugnamos por construir con la dimensión integral del ser humano como norte.

    ¡Salve, Fronda, en medio de esta seudo-cultura hedionda del capital, la explotación, la guerra y el nihilismo! ¡Salve, Fronda, en las trincheras floridas de la espiritualidad y la trascendencia! Ricardo Rabinovich-Berkman    

 

CASCO, Marcos

La vara ensangrentada

Buenos Aires, Corregidor. 2004, 443 pp.

     El título de la obra puede parecer extravagante, quizá sorprenda, pero es el reflejo de las luchas políticas y militares que vivió nuestra patria en las primeras décadas del siglo XIX. Se trata también de un combate de ideas, donde vemos a un Juan Manuel de Rosas como fundador de la República Federal y una Asociación de Mayo que trata de introducir la civilización europea en las pampas. Comienza el autor esta obra –dividida en 5 cuadros como los dramas- con El viaje por el mar (1830), donde vemos a un joven Esteban Echeverría en coloquio con un guerrero de la Independencia, el coronel Juan Francisco Silva hablando sobre la patria, las nuevas ideas y los proyectos. La descripción del Restaurador reflejada en el diario de Silva “...Este hombre, que férreamente gobierna sobre nosotros, llevando en la mano la vara de hierro de la Dictadura, adorado por la plebe de la ciudad y los gauchos de la campaña, enigmático y misterioso, súbitamente apareció ante nuestros ojos, una noche de agosto...” La situación política interna y externa se refleja en las luchas por el poder entre federales y unitarios, éstos últimos aliados a invasores extranjeros.

Al respecto el autor describe a un Rosas preocupado por defender la plena soberanía de la Confederación “...Rosas se ha defendido y está mirando al semicírculo de hombres sentados que los escuchan: Los primeros intereses que deben defenderse –dice- no son el comercio, ni la propiedad, ni los bienes particulares, sino la independencia y la integridad de la República...”

Prueba del enconamiento y la fuerza del combate intelectual es “...que todos estos ilustrados fueron meros copistas de una realidad enteramente ajena a la nuestra, a la que no le aportan ni una sola idea original, y hasta llegan a observaciones tales como sostener la antinomia civilización barbarie, en la que la civilización eran los otros, los europeos y nosotros, los americanos, los bárbaros, nativos de un pueblo aparentemente sin destino...” La obra contiene 5 cuadros y un total de 83 capítulos, así pues, el autor retrata con profusión de detalles y hondura analítica la guerra civil y la creación de la República Federal.

El tono de la exposición, en fin, se aleja de una huera verbosidad pretendidamente académica, pero también de la frívola simplicidad de lo anecdótico. Sandro Olaza Pallero

 

AYALA MORA, Enrique (coordinador general)

HISTORIA DE AMÉRICA ANDINA

Quito, Univ. Andina Simón Bolívar-Libresa,
1999 en adelante

VIII volúmenes

 

    Toda delimitación geo-espacial es arbitraria. A menudo, más aún: es ideológica, responde a una determinada intencionalidad. A resaltar una unidad cultural que se predica, y que mal se compadece con fronteras políticas (así, por ejemplo, las historias "pangermanistas" o "pan-eslavas"), a destacar una aducida subdivisión dentro de un contexto que suele tenerse por unitario (tales la historias regionales -verbigracia, de Galicia, o de la Bretaña-), o a reafirmar nacionalismos ("Historia Argentina", "Historia Española", etc.) En general, ya desde la demarcación se presuponen conceptos. Las famosas "Historias del pueblo judío", por ejemplo, dan por sentada la existencia del "pueblo judío", a pesar de que ésta es una noción harto discutible, se la mire del ángulo que se la mire (hasta desde la óptica genética, como se ha comprobado últimamente). Las delimitaciones, además, se ponen de moda, según las ideas reinantes. En los tiempos de las "razas", o "naciones", ésas eran las unidades a tomar. Las "historias universales" también tuvieron su apogeo...

    En suma: los límites no están en el objeto estudiado en sí, sino en la mente del científico que lo estudia. Algunas veces, además, son útiles, porque conllevan una cuota de realidad. Entiéndase: no estoy diciendo que sean reales, así, sino que, dentro de lo multifacético que todo fenómeno social es, presentan factores que, en efecto, muestran cierta coherencia acorde con esos límites, que se da dentro del marco de ellos, y no afuera. Pero hasta en esos casos, la demarcación debe encararse con pinzas. Joseph Campbell insiste, con razón, en la comunidad cultural humana desde la más remota Prehistoria. Ni hablar después... En las escuelas argentinas, por ejemplo, se estudiaban las "invasiones inglesas" fuera del contexto de las guerras napoleónicas (y generalmente rodeadas de un aura de maniqueísmo: hasta María Elena Walsh, tan poco sospechosa de fascismo, tiene un cuento infantil llamado El diablo inglés...) ¿Podemos desvincular el "descubrimiento" colombino de la toma de Constantinopla por los turcos, o de los viejos planes de los Trastámaras para establecer una alianza con los Kanes de China (es decir, en última instancia, de la política de flirteo con el cristianismo aparentemente desplegada por estos soberanos mogoles)?

    El concepto de "América andina" está de moda actualmente. Es una idea fuerza, con altas implicancias políticas, instrumental al proyecto "bolivariano" de coordinación interior y exterior entre los estados del noroeste sudamericano, y con proyección hacia Chile, Bolivia y la Argentina. Los Andes pierden su dimensión geográfica, para transformarse en un hilo conductor cultural, aunque eso los convierta en gran medida en entelequia, en metáfora, porque sin dudas el "mundo andino" de Mendoza en Argentina, o de Talca en Chile, poco tienen que ver con los de Ancash, o el Pichincha, o Bogotá... Pero, por otro lado, menester es reconocer que algo existe en común, quizás no a lo largo de toda la cordillera, pero sí en el contexto de civilización que va desde, digamos, las regiones del noroeste argentino y el norte chileno, hasta Colombia y Venezuela. Un determinado sustrato indígena, una particular interacción con lo hispánico... Infinidad de factores, que no pueden ni deberían ser exagerados, pero que los hay, los hay.

    "América Andina es el escenario de nuestro pasado y  de nuestro presente. Sabemos que está allí, que nos envuelve; pero resulta difícil definirla. A veces, su realidad y sus límites nos parecen evidentes, otras se nos escapan. Hay quien dice que es una abstracción de retóricos, políticos o antropólogos. No han faltado los que la identifican exclusivamente con lo indígena y altoandino. Pero también hay un creciente número de los que ven en ella el antecedente y el futuro de nuestra identidad e integración". Con esas atinadas cuestiones inicia Enrique Ayala Mora esta importante obra. Aunque las barre a renglón seguido: "América Andina es una realidad polémica. Pero no cabe duda de que tiene historia. A ella está dedicada esta obra colectiva" (las itálicas son mías).

    La obra, elaborada en el marco de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, por historiadores de numerosos países, incluidos algunos que no son del área, incluye ocho volúmenes (Las sociedades aborígenes, Formación y apogeo del sistema colonial (sglos XVI-XVII), El sistema colonial tardío, Crisis del régimen colonial e independencia, Creación de las repúblicas y formación de la nación, Consolidación de la república y estructuración capitalista, Democracia, desarrollo e integración: vicisitudes y perspectivas, y América Andina: una aproximación general), cada uno de ellos con su propio editor.

    Sólo he tenido posibilidad de tomar contacto con los dos volúmenes iniciales. Por ahora, he leído el primero, editado por el arqueólogo Luis Guillermo Lumbreras. Del segundo, cuyo editor es el historiador peruano Manuel Burga, sólo puedo por ahora consignar que, a juzgar por el índice y por un vistazo general, parece de temática bastante completa, para sus 426 páginas, y de una estructura bien lograda y moderna. Empero, me asombra el empleo (reiterado hasta el hartazgo en la obra) del adjetivo "colonial" y el sustantivo "colonia", en especial cuando el espectro cronológico es tan temprano (siglos XVI y XVII). También me intriga la total ausencia en la Bibliografía de obras de Ricardo Levene, de Ricardo Zorraquín Becú, y de José M. Mariluz Urquijo, entre otros (tampoco están Abelardo Levaggi, ni Víctor Tau Anzoátegui). Es cierto que no se trata de un libro de historia jurídica, pero de allí a ignorarlos...

    Prometo que en un futuro, cuando haya leído el volumen, regresaré sobre él. Respecto del primero, es muy bueno, y sin dudas aporta una visión moderna y ordenada de conjunto para cualquiera, no sólo para el neófito, sino también para el que ya se ha adentrado en la apasionante temática del orbe andino prehispánico. Con excelentes mapas e ilustraciones, bien elegidas las láminas a color (no por lo decorativas, sino en virtud de su utilidad para el texto), y una terminología clara (aunque se nota la impronta arqueológica y etnográfica, por supuesto). La base bibliográfica es actualizada y profunda, y las visiones articulan correctamente diferentes escuelas y puntos de vista. Un libro muy digno de ser leído y consultado, en definitiva. R.R.-B.