RAMELLA, Susana T.,

UNA ARGENTINA RACISTA
Historia de las ideas acerca de su pueblo y su población
(1930-1950)

Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, 2004
439 p

 

Siento una muy particular satisfacción al comentar este excelente libro de mi queridísima amiga, la cuyana (sanjuanina de nacimiento, mendocina por adopción -aunque no muy convencida-) Dra. Susana Ramella. Porque sucede con él una peculiaridad novedosa para esta humilde revista, y es que la primera publicación de esta obra se diera, justamente, en sus páginas virtuales.

En efecto, en nuestro Número 11, aquél que viera la luz en oportunidad de nuestro primer aniversario, en noviembre del 2002, teníamos el altísimo honor de brindar a nuestros amigos lectores la versión completa de esta infaltable investigación, que fuera la tesis doctoral de su autora, presentada en 1999, con gran éxito, a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, y dirigida por el Dr. Enrique Díaz Araujo. Era su título: IDEAS DEMOGRÁFICAS ARGENTINAS (1930-1950): UNA PROPUESTA POBLACIONISTA, ELITISTA, EUROPEIZANTE Y RACISTA.

Me ocurrió entonces que, simple y sencillamente, al tomar conocimiento de este trabajo, me pareció tan bueno, tan acertadamente confeccionado y tan necesaria su lectura y difusión en nuestro medio, que me sublevó el hecho de que nadie lo hubiera editado, pasados ya tres años largos desde su nacimiento, y que tal publicación no estuviera siquiera aún en ciernes. Propuse, entonces, a la Dra. Ramella la aparición de su tesis en PERSONA, y ella, con la generosidad que la caracteriza (pues es además de brillante científica un muy querible ser humano), me dio su consenso, y puso manos a la obra en la versión electrónica.

No nos fue sencilla tarea publicar por Internet semejante estudio, por su volumen y características (cuadros sinópticos, aparato erudito, etc.) Es, hasta hoy, el trabajo de más tamaño que hemos incluido en nuestras páginas etéreas. Pero la alegría de verlo finalmente al alcance de investigadores e interesados, proyectado incluso fuera de las fronteras argentinas y latinoamericanas, compensó con creces nuestros sacrificios. Máxime, cuando empezaron a llegarnos (que fue casi de inmediato) comentarios elogiosos de nuestros lectores, e incluso de otras personas que no conocíamos, y que habían accedido a la obra mediante los "buscadores". No tardó en ser la tesis objeto de cita por parte de diversos autores, y hasta llegó a ser mencionada en sentencias judiciales (notoriamente una que resolvió un reclamo planteado por aborígenes patagónicos sobre la propiedad de tierras).

Había llegado, pues, el momento del libro impreso. En buenísima hora, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la prestigiosa Universidad Nacional de Cuyo, ha hecho justicia, y la brillante tesis de Susana se ha transformado en este atractivo volumen, bajo incitante nombre (más "ganchudo" del punto de vista editorial, sin dudas), que elige de todos los adjetivos de la denominación original el más ulceroso, molesto y (sin dudas de mi parte) real, y lo potencia al grado de único, referido no ya a "las ideas demográficas" nacionales, sino, directamente, y con razón, a la Argentina.

Sobre la obra dije, al presentar su publicación en PERSONA (y a los demás comentarios que entonces vertí me remito, por no reiterarlos), que "se trata de un trabajo impecable, acabado, contundente, que se hunde en las raíces ideológicas profundas del problema demográfico argentino (e internacional, por cierto), sin temer emerger después a los debates parlamentarios, a los resultados sociales, a la calle. Susana no tiene asco de decir las verdades: darwinismo social, antisemitismo, racismo, elitismo, afloran con dureza de nuestra historia nacional. Ella desnuda hipocresías, vaguedades, contradicciones (tanto generales como personales), sin perdonar a nadie (ni a su propio padre, el destacado político y pensador Pablo Ramella). Esta obra voluminosa e insigne, es un sine qua non para todo aquel que pretenda conocer de veras ese álgido período de nuestro devenir".

¿Alguna vez vamos los argentinos a hacer la autocrítica que nos cabe en punto a nuestros delirios racistas, de uno y otro lado? ¿O seguiremos ensoñándonos adrede en la mentira narcisista de un supuesto Edén de integración e igualdades? Unos se mofaron del gaucho mestizo, otros denostaron al indígena y le imputaron debilidades congénitas. Pero hubo y hay quienes, al tiempo que echaban justificadas chispas por esas acusaciones sandias, cargaban las tintas sobre los judíos, en derroches frenéticos de un antisemitismo barato (y a menudo seudo-católico). Si Argentina no es hoy un país racista (o, por lo menos, tiende a no serlo), ello no se debe a las políticas oficiales en tal sentido, sino a la extraordinaria fuerza asimiladora de su pueblo. Máxime, si consideramos la espinosa época que trata la Dra. Ramella en su libro.

Esta publicación, pues, es un hito en la historia del replanteo de nuestras verdaderas raíces ideológicas. No puede estar ausente en ninguna biblioteca jurídica, sociológica o histórica argentina, y no estará de más en las otras tampoco. Ha de convertirse en un clásico, en una referencia obligada para quienes estudien, investiguen, lean o enseñen acerca de nuestro complejo proyecto de país, y sus sucesivos avatares a lo largo del tiempo. Ricardo Rabinovich-Berkman

 

ROMEO CASABONA, Carlos María

 

GENÉTICA Y DERECHO
Responsabilidad jurídica y mecanismos de control

 

Bs. As., Astrea, 2003, 287 p

 

    Pocos aspectos de entre los tratados por la ciencia jurídica hacen tan evidentes los cambios culturales, y la manera en que éstos inciden en el Derecho (que es tanto como decir, la historicidad de éste último), como el inherente a la genética humana. La aviación era difícil de imaginar (aunque no imposible, recuérdese a Leonardo) antes del siglo XVIII y de los hermanos Montgolfier. Pero no fue un fenómeno enteramente nuevo, desde la óptica ontológico-jurídica. Y por eso se le aplicaron, a partir de un principio, merced al recurso analógico, las soluciones elaboradas, desde la vieja Fenicia, para la navegación acuática. Sí, es cierto, no tardaron los autores en descubrir qué enormes distancias separaban al choque de aviones del de barcos, y los problemas propios de la aeronáutica fueron cobrando identidad cada vez mayor. Hoy, nadie se cree demasiado que una colisión entre poderosos gigantes aéreos sea un "abordaje" (aunque la palabra aún se emplee). Pero la separación fue gradual, paulatina, casi insensible.

        Con la genética no pasa nada de eso. Aunque a principios del siglo XX se hicieron públicas las brillantes elucubraciones del monje Mendel, que tan bien le hubiese venido a su contemporáneo Darwin conocer, sólo se cobró verdadera conciencia de la relevancia jurídica del nuevo campo bien entrada la segunda mitad de la centuria. En realidad, es una historia compleja, que está aún por estudiarse. Se perciben, a grueso modo, dos factores, a menudo contradictorios, que operaron como motor del tratamiento del tópico en el Derecho. Por un lado, la intención de incorporar los descubrimientos al cofre de la pingüe explotación económica, por la vía del patentamiento. Por el otro, la desesperación por excluir este saber del mundo capitalista, de la oferta y la demanda, de los mercados y los dineros. Cuanto más fuerte se mostró la primera línea, tanto más tenaz irguióse la segunda. Es como si un reservorio de la Humanidad hubiese llegado al límite, y hastiado de crematística, hubiera exclamado "¡Basta! ¡Hasta aquí y no más!" Los parámetros de los autos, las ollas y las casas, vayan y pasen para ellas, pero no son bienvenidos en estas áreas sagradas. De repente, y casi a desgano, el humano comprende que ha ingresado en el sancta-sanctorum de su propio ser biológico, y se conmueve, transido de un temor cósmico, porque descubre en sus torpes manos la potestad de modificar la raíz de su universo.

        El Derecho, ciencia de la tensión co-existencial, accede a escena en esa hora de crepúsculo para decir lo suyo, para investigar y procurar respuestas. Es un verdadero frenesí el que la genética ha despertado en los eticistas y juristas, desde mil ángulos diversos, y no siempre con seriedad bastante. Libros, cursos, conferencias, jornadas, panfletos y películas. Ciencia, ficción y ciencia-ficción. Por eso, uno no puede menos que respirar aliviado cuando se abre la puerta y entra a tallar Romeo Casabona, uno de los grandes en estas materias, a nivel universal. Porque se sabe que, como lo ha hecho en otros terrenos del campo biojurídico, traerá claridad, profundidad y nuevos puntos de vista, que iluminen caminos e inciten a flamantes debates y alternativas. Y este libro, lejos de defraudar tal expectativa, la desborda.

        Romeo toca aquí con maestría las cuestiones metodológicas, las problemáticas teóricas, y las respuestas prácticas. No rehuye a los corolarios concretos, como la temática de la clonación, la terapia prenatal, y la eugenesia. Dedica amplio espacio al tópico de la experimentación, y también se ocupa de los aspectos penales, que otros autores a menudo soslayan (recuérdese que él es, en definitiva, un penalista). Lo bueno es que, como Casabona parte desde la Bioética, puede incursionar en prados tan diversos, con solvencia e interés, y sin pecar de diletante. La obra es sin dudas profunda, pero procura más, creo, constituir un portal de acceso a debates ulteriores, que un nec plus ultra de las materias tratadas.

        Párrafo aparte merecen las consideraciones del autor sobre la autonomía del Derecho genético como rama científica. Si bien no plantea el asunto en forma expresa y directa, él se desprende de sus páginas, más como un interrogante que en forma de aserción. Con exacto criterio, me parece, alinea a este campo novel en el terreno general del estudio de los derechos humanos (yo los llamo "existenciales"). Pero estimo que pudo haberse hecho mayor hincapié en lo ius-biológico de los principios a emplearse en la materia. Como sea, estas particiones resultan endémicamente subjetivas, y no ameritan más consideración que la estrictamente propedéutica.

        Tengo mis disensos, harto respetuosos, con este gran maestro hispano. Encuentro a veces su bioética algo estructurada y principista, y me parece que le falta cierto dinamismo, y una consideración más psicológica (léase, más existencialista) del ser humano. Pero es uno de esos autores que no se puede dejar de leer, si se pretende ingresar en las aguas de lo biojurídico. Como bien lo recuerda Salvador Bergel, al prologar elogiosamente, con su autoridad indiscutible, este libro, Romeo Casabona ha sido, ni más ni menos, el primer titular de cátedra del mundo de Derecho y Genoma Humano, al crearse la misma en Bilbao, España. La obra que comento, pues, está llamada a imponerse como un material de estudio y de consulta ineludible para todos los que osen andar en estos terrenos apasionantes. RDR-B