Estimado Dr Rabinovich-Berkman:

Me tomo el atrevimiento de escribirle habida cuenta del polémico artículo escrito por el Dr Daniel Dominguez Henain, respecto de la posible ablación de órganos o tejidos cadavéricos sin consentimiento.

Desde ya que destaco lo novedoso del trabajo y la excelencia académica del mismo, pero me pongo a pensar acerca de cuál es el modelo ético al que adhiere una sociedad en tiempos de democracia. Creo que el debate, más allá de si se está permitido o no por ley y si el derecho reconoce excepciones como el estado de necesidad justificante, nos ubica en el dilema en relación a la ética predominante en la sociedad.

Efectuando una lectura bioeticista del trabajo, entiendo que contrapone principios utilitaristas con principios deontológicos y se trata de justificar la excepción en razón de un principio de orden público (como podría ser la justicia social mediante la procuración de órganos para trasplantes) por encima de un principio de orden privado como el de autonomía (no del cadáver sino el respeto por la autonomía de quien en vida fuera una persona). Si observarmos los posibles riesgos y beneficios de justificarse la ablación de órganos cadavéricos sin CI nos damos cuenta que el precio que la sociedad paga es no respetar la autonomía del "presunto donante" con un beneficio hipotético en favor de un tercero.

Entiendo que la solidaridad es el principio moral, no ético, que guía a la donación de órganos (¿puede imponerse a una persona ser solidaria?, ¿la beneficencia como principio ético rector de la solidaridad puede ser impuesta?). Creo que existen otros caminos para procurar la donación y consiste, como lo decía la antigua ley, en la difusión de la problemática de trasplantes en la sociedad a fin de que logremos un consenso ético y legal en la materia o que se llegue a un nivel de convicción en la sociedad (o no) por la cual todos deseemos ser donantes pero autónomamente (desde ya no estoy de acuerdo con el famoso consentimiento presunto).

Recordemos que la Ética Discursiva propuesta por Jurgen Habermas precisamente destaca la importancia de una comunidad de argumentación que previo diálogo en el cual se reconozca la autonomía de unos y otros, la comunicación e intersubjetividad y la obligación universal de respetar la autonomía del otro, pueda darse sus propias normas. Sólo de esta forma la efectividad del derecho podrá erigirse como una pauta normativa con convicción acerca de cómo, qué y con cuáles alcances se ha legislado. Nuestra sociedad, está lo suficientemente informada como para soportar una posible donación presunta de órganos?. En fin, son algunos interrogantes que me surgen con la lectura del artículo el cual reitero me parece brillante y novedoso.

Sin otro en particular, atte

 
Dr Carlos Burger
Prof Adjunto "Bioética y Derecho"
Facultad de Derecho UBA