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SAN ROMERO DE AMÉRICA... ¡PRESENTE! "Un cristiano que defiende posiciones injustas, ya no es cristiano", Monseñor Romero |
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Las palabras de la homilía de Nochebuena estaban referidas a El Salvador, pero podrían aplicarse a la América Latina toda, y seguirían vigentes, tal vez hoy más que entonces. El hombre que las pronunciaba no siempre había profesado esa férrea vocación de solidaridad y testimonio junto al oprimido pueblo salvadoreño. Antes, había sido conocido como un sacerdote tranquilo, neutral por definición, conservador y no raro de hallar en las reuniones aristocráticas. Tal vez por eso había llegado tan arriba, cuando la realidad se le hizo de repente clara, y la sangre de curas asesinados por un sistema perverso, especialmente el jesuita Rutilio Grande, algunos de ellos formados y ordenados por él mismo, como Octavio Ortiz, lavaron las nubes de su horizonte calmo, y lo precipitaron al calvario cristiano del martirio.
El 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba la misa de difuntos en memoria de una feligresa, en la capilla de un hospital oncológico, lo mataron. Una bala explosiva, bien calculada, impecable, se alojó en su corazón de apóstol, y lo unió en el sacrificio con Jesús, y con millares de latinoamericanos masacrados. Cayó a la vera del altar, cerca de la imagen de la Virgen... ¿alguien puede dudar que, si hay Cielo, está en el Cielo? Desde entonces, los milagros que se le atribuyen crecen cada día, y su nombre gana en admiración y afecto. El crimen, por supuesto, quedó impune, como corresponde en estas tierras nuestras. Pero el pueblo ya le da título de santo, y no es de dudar que la Iglesia ha de reconocérselo pronto.
En un
continente que requiere de un cristianismo libre de hipocresías, de
discriminaciones, de alianzas espurias con responsables de sangre inocente,
comprometido realmente con la Vida, con el amor al prójimo, a todo el
prójimo, y con la construcción de una sociedad justa, la figura de San
Romero de América se agiganta y anida en cada alma, en cada aliento. No es
necesario ser católico, ni siquiera cristiano, para reconocer la talla de un
hombre de bien, sea de la religión que sea, hable la lengua que hable, vista
la ropa que vista, tenga el color que tenga. Pero Oscar Arnulfo Romero honró
al catolicismo, a la cultura hispánica, a Latinoamérica y a la Humanidad
toda. ¡Que en paz vivas por siempre, padre Romero, amén!
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Si tu Pasión, Señor, fue como un parto, que vislumbró dulce esperanza tras la muerte, quizás mi triste pueblo, de abusos más que harto, por la opresión injusta, de débil se haga fuerte.
Cuando desde tu cruz, develaste los misterios de la verdadera Vida y la razón del sufrimiento, tu sangre abrieron clavos que clavan los imperios: el pobre de Latinoamérica, conoce ese lamento.
Si ser cristiano es ir, Señor, tras de tus pasos, y si ser tu siervo, es todo lo que quiero, aquí te entrego mi
alma, Jesús, abre tus brazos. |
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