EL DILEMA

COMO ESPACIO

DE LA REFLEXIÓN

BIOÉTICA

 

 

por Beatriz Matilde Barbesi 

 


Van Rensselaer Potter

Al referirnos a una situación dilemática generalmente la asociamos a un embrollo, a un verdadero dolor de cabeza y no al espacio indicado para encontrar la repuesta adecuada.

 

Una de las características más fascinantes del género humano es la infinita diversidad de formas de pensamiento. Pero aún más interesante es la capacidad que tenemos, y que no siempre solemos desplegar, de modificar nuestras ideas.

 

Atentos a esta observación, si definimos   a la bioética como el “examen crítico de los aspectos morales de las decisiones....... en el campo de la atención de la salud” (Samuel Gorovitz, en Encyclopedia of Ethics, New York, Garland Publishing, 1992), es lógico suponer que para esta joven disciplina la repuesta  absoluta,  eternamente  correcta, no es la mejor respuesta.

 

Lo destacable de esta definición es que acentúa la importancia de la actitud crítica frente a las decisiones. No  desconocemos  que, junto a los innumerables beneficios que plantea el avance científico, se producen circunstancias  explosivas que en definitiva impulsan  el desarrollo de la bioética. El hombre se descubre con un poder que no poseía anteriormente sobre su vida; la buena nueva es que su vida se prolonga y puede mejorar en calidad. Pero de aceptar fatalmente su designio pasa a querer resolverlo todo y hacer posible lo que hasta hace muy poco era imposible. Pero, ¿es siempre legítimo lo  factible?

 

¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo malo? . Lo correcto, lo incorrecto, lo justo y lo injusto; todos conceptos muy amplios, de significado impreciso; interrogantes provocados  por  cuestiones éticas surgidas de nuevos problemas; diferentes concepciones, diversas teorías: utilitaristas, comuntaristas, relativistas y kantianos, son sólo algunas de las miradas que proponen principios, modos y recursos para abordar los múltiples temas que surgen de esta reflexión. 

 

Se originan situaciones inéditas que presentan un espectro mucho más complejo que la clásica ética médica. Estos nuevos problemas no involucran sólo a la medicina, sino que a la discusión se incorporan disciplinas diferentes cuya voz se vuelve indispensable para entender antiguos y nuevos problemas morales.

 

La actitud benefactora del médico, rasgo de carácter sumamente valorado a través de todos los tiempos, es excedida y desbordada por aspectos esenciales  como la autonomía y la justicia, principio éste último protagonista del ámbito social y jurídico y que actualmente define acciones a seguir dentro de las disciplinas  biológicas.¿Hay una moral ideal? ¿Podemos recurrir a un método que nos alivie el peso de las decisiones? Tantos interrogantes legítimos, que sin embargo no pueden  dilatar el tiempo de las respuestas.

 

Las cuestiones de vida o muerte nos demandan acción urgente. Y es justamente allí donde la duda, que tantas veces paraliza, permite establecer un territorio propicio para la reflexión, ya que de esa misma duda se nutre la posterior reflexión. La soberanía  de la certeza, el imperio de la respuesta indudable, anulan el proceso que autoriza a pensar, meditar y sobre todo a recapacitar.  Si  el terreno es fértil para explorar en busca de otras respuestas, nace el dilema, dando paso a  opciones diferentes quizás muchas veces desestimadas. Este espacio natural de la reflexión ética, es el lugar donde confluyen las dudas y las controversias, favoreciendo la polémica y el debate.

 

Pero, ¿qué define al dilema ético y lo diferencia de cualquier otro tipo de  problema? Su característica esencial es que propone una  situación en la cual dos valores morales entran en conflicto de manera tal que cada uno de ellos puede ser sostenido sólo a costa del otro. La dificultad que presenta el dilema es que optar significa excluir, sacrificar la otra posible elección, dado que ambas se presentan con una fuerte  justificación moral. La alternativa no permite incluir ambos valores.

 

Resolver esta disyuntiva es  excluir  opciones moralmente correctas, principios fuertemente valorados, que ceden su espacio a otros, que ante el caso concreto se deben privilegiar.

 

El caso tan actual de Terri Schiavo es, para muchos de los que han opinado, un planteo sin dilema, dado que para algunos,  la opción extrema de desconectar los soportes técnicos de alimentación permitiéndole morir, es una respuesta moralmente válida,  mientras que desde una visión antagónica, alimentarla  e hidratarla a través de un tubo gástrico para que continúe  viviendo es,  no la mera prolongación artificial de una vida, sino el deber moral de  no dejar morir a nadie de hambre y de sed. Se produce un choque entre posiciones irreductibles, pero cada  sistema teórico no plantea alternativas; mantiene su postura y por lo tanto no  se origina  un dilema.

 

Sí lo es para el que, al reflexionar sobre situaciones tan extraordinarias, no encuentra una respuesta tan obvia. Se torna necesaria, ante las argumentaciones que sustentan las diferentes  justificaciones morales, una actitud sensible a las circunstancias especiales de cada caso, y  aún,  después de una análisis exhaustivo, las decisiones pueden inclinarse hacia una u otra opción.

 

Hay hechos considerados dilemáticos en una época o lugar, y en otro tiempo y espacio no lo son. Recordemos aquellas  acciones médicas, que  en busca de un beneficio para el paciente,  ignoraban la necesidad de su  consentimiento antes de iniciar determinadas  prácticas; estas acciones  no dejaban ningún  lugar a  dudas de que el hacer el bien, en beneficio del paciente, era prioritario, aún a expensas de su autonomía. La evolución hacia otro paradigma ético convirtió esta circunstancia en un dilema. Ese espacio, el del dilema, permitió la controversia, la discusión y por ende la reflexión; la certeza dio lugar a la duda, y sólo en esa nueva dimensión que Habermass diría dialógica, surgieron  otras respuestas. 

 

Una situación paradigmática fue el pedido de exención de transfusión de los Testigos de Jehová. Nos referimos desde ya a adultos, conscientes y competentes. El deber de  transfundirlos, para la moral médica, no presentaba ningún dilema, muy por el contrario, no hacerlo era absolutamente inaceptable. A partir de una nueva perspectiva y una revalorización de las decisiones autónomas, se convirtió en un dilema, sin tener demasiado claro, ni médicos ni jueces, que era lo moralmente correcto. Comenzaron a preguntarse lo que antes nadie hacía. ¿Atender a un pedido que pone en peligro la vida?. El creciente respeto por las decisiones autónomas y la libertad de pensamiento afirmaron el derecho de optar por una vida dignamente elegida. Como dilema tuvo espacio para la reflexión. Actualmente para muchos ya ha dejado de serlo, puesto se considera  prioritario que cada uno decida sobre su propia biografía.

 

El para qué de la bioética tiene sentido en ese espacio. Un espacio que adquiere una nueva  dimensión, donde se examina lo permanente y lo obvio.

 

La valorización del dilema como espacio de reflexión, no significa que de ello  se derive  un estado de indeterminación moral, situación que si bien puede ser transitoria en busca de respuestas, no se puede instalar paralizando las decisiones. En el terreno de la bioética hay que tomar decisiones, pero con el convencimiento de que es posible revisarlas.

 

Nuestra responsabilidad sobre  los otros, aquellos otros que no son los míos, me obliga a pensar más allá de la acción inmediata. El ejercicio de la reflexión, el colocar la circunstancia en el espacio del dilema, ayuda a anticipar urgencias y prevenirnos de soluciones que no han atravesado el filtro de la discusión profunda. La escucha atenta e interesada, el hábito del diálogo, y el despojarse de la posesión de la verdad absoluta, colaboran en este intento.

 

Es deseable que las situaciones complejas nos muevan a buscar soluciones moralmente correctas, pero la respuesta se enriquece únicamente a través del intercambio de puntos de vista. La bioética está fuertemente ligada a las decisiones terapéuticas, y en los últimos años se hizo claro que estas decisiones dependen fundamentalmente del paciente. El dilema en este campo exige ordenar los juicios de valor y jerarquizarlos, pero no sin antes preguntarse: ¿qué es moralmente apropiado para el paciente?.

 

Paul Ricoer asegura que en una sociedad democrática, debe haber una búsqueda de legitimación de la respuesta ética. Afirma que es necesaria la justificación de porqué es bueno actuar así.  Las diversas concepciones del bien, como así los tan variados sistemas morales en nuestras bienvenidas pero complejísimas sociedades  pluralistas, van a obligar a enfrentarse a discusiones que no facilmente lleguen a un consenso.

 

En busca de una moralidad común, Beauchamp y Childress, autores de Principios de ética biomédica, acuden a ese concepto que definen como la moral compartida, esto es, la moral aceptada por muchas personas de una sociedad (moral sense). Desarrollan un sistema de principios y procedimientos que se basan en una obligación. Todos conocemos los cuatro principios por ellos enunciados: Autonomía, Justicia, Beneficencia y No Maleficencia.

 

Cuando hay un  conflicto entre principios, esto es, cuando se presenta un dilema de difícil resolución, se resuelve en el análisis concreto, siendo la realidad lo que establece el orden de prioridad. La teoría principista es una interesante propuesta que intentó darle  fundamentación y método a la bioética  sobre la base de que ningún principio tiene prioridad sobre el otro, estableciendo que, ante un dilema,  sólo las circunstancias son las que obliguen a jerarquizarlos. La realidad establece las prioridades cuando los principios, que en principio son obligaciones, entran en conflicto.

 

Finalmente,  diremos que el discurso ético siempre debe revisar lo establecido; es esencialmente subversivo, dado que su mirada crítica reacciona a la forma dogmática de la respuesta.  Por lo tanto, el dilema, en cuanto espacio de reflexión, se constituye por derecho propio, en  el legítimo guardián de la bioética.

 

 

NOTA: Pregunta de un asistente al Encuentro: Respecto de la psicoética ¿opina Ud. la necesidad de abordar la ética del deseo abordada por Lacan? Respuesta: La psicoética, como espacio de reflexión de permanentes dilemas que se presentan en el amplio espectro de la práctica psicológica, debe dar lugar a todas las formas de pensamiento, y el único modo de darle sentido es siendo una  propuesta dialógica. La ética del deseo abordada por Lacan  tiene una perspectiva  sumamente interesante tratándose de ética, y como diijo este autor, los límites éticos del análisis coinciden con los límites de su praxis; una verdad liberadora es aquella  que buscará en el mismo sujeto el ideal de autenticidad. Ética en la praxis y libertad en la autenticidad. Desde ya se complejiza si reducimos psicoética a ética normativa. Me interesaría conocer profesión y la razón del interés en esa pregunta, dado que se acaba de crear un espacio en el Instituto de Bioética, un Departamento de Psicoética donde vamos a invitar a un diálogo sobre modos de abordar diferentes circunstancias y dilemas.