SARZOSA JÁTIVA, Pablo

EL CONTROL DE LA CONSTITUCIONALIDAD
DE LAS OMISIONES LEGISLATIVAS
COMO ESTRATEGIA
HACIA LA JUSTICIABILIDAD
DE LOS DERECHOS ECONÓMICOS,
SOCIALES Y CULTURALES

Quito, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, 2003

63p


     "La presente investigación constituye una aproximación a una problemática específica de la realidad social en el campo jurídico: la justiciabilidad de los derechos económicos, sociales y culturales a través de la acción pública de inconstitucionalidad por omisiones legislativas en el Ecuador. Dentro de ese campo de estudio se profundizó cognitivamente a fin de alcanzar la respuesta a la siguiente pregunta: ¿En el Ecuador, se puede ejercer el control de constitucionalidad sobre omisiones legislativas que vulneren derechos fundamentales (básicamente económicos, sociales y culturales que demanden desarrollo legislativo) a través de la acción pública de constitucionalidad?"

     Así presenta este joven y brillante jurista ecuatoriano su jugoso estudio, muy merecedor de difundirse y conocerse, publicado por la prestigiosa Universidad en cuya Facultad de Derecho ejerce con solvencia el cargo de Secretario de Posgrado e Investigación, al tiempo que se desempeña como Profesor de la misma. Sarzosa, que impacta personalmente por su sólida formación humanista, y en cuya visión del Derecho destaca la postura antropológica (que creo es la más profunda y verdadera), muy por encima de las cuestiones meramente normativas, labra en estas páginas, breves, sí, pero ricas, un impecable trabajo científico, llamado a proseguirse en ulteriores abordajes, porque es claro que el tópico da para mucho más.

        La mera idea de que la declaración de inconstitucionalidad pueda desprenderse, no de un obrar erróneo del legislador, dando normas inadecuadas al texto superior, sino de un no obrar de su parte, al no dar ley alguna inherente a una o varias de las cuestiones básicas tratadas por la Constitución, es de por sí revolucionario y, como bien lo recalca Sarzosa, aberrante al paradigma clásico de Hans Kelsen. Sin embargo, tiempos y realidades nuevos y diferentes, imponen respuestas creativas. Lo cierto es que, si no deseamos ver a las prerrogativas más importantes del ser humano relegadas a la mera categoría de declaraciones decorativas, se hacen menester instrumentos e instituciones innovadoras, valientes y hasta iconoclastas. Es mucho lo que está en juego, y muy valioso: merece la pena ponerse a buscar salidas que hagan de los derechos existenciales verdaderas herramientas al servicio de la felicidad, y no sólo simples tópicos de clases universitarias reconfortantes, que sólo tranquilizan conciencias de sueño fácil.

          Es el contexto andino buen laboratorio de caminos para estas posibilidades novedosas, como lo fuera (y es) el extraordinario escenario brasileño para el "Derecho alternativo". Con acierto se nutre Sarzosa más en Colombia, Venezuela y el Perú, que en Europa o Norteamérica. Nuestra región, con sus multitudes postergadas, marginadas de la riqueza común, atacadas en sus culturas, heridas en sus horizontes humanos, exige puertas abiertas a un futuro mejor. En abrirlas, trabajan juristas jóvenes y amplios, sin estúpidos tapujos y cortapisas, sin miedos patéticos y acartonamientos lamentables, como Pablo Sarzosa Játiva. La semilla está en el surco: ¡Señor, hazla crecer! RDR-B  

 

SEGOVIA, Juan Fernando

DERECHOS HUMANOS
Y CONSTITUCIONALISMO

Madrid, Marcial Pons, 2004, 100p


          El destacado mendocino historiador del Derecho Juan Fernando Segovia concreta, en este sutil y delicioso estudio, lo que promete desde su primer párrafo: "revisar un tema tan manido como el de los derechos humanos en el constitucionalismo, aportando una visión diferente y hasta heterodoxa, si se quiere". Acusa de inmediato, y creo que con bastante razón, a los análisis corrientes, de ser "estáticos y de escasa hondura conceptual". Con argumentos que recuerdan a los del Humanismo bajomedieval, les achaca el tratamiento de las prerrogativas básicas "como si se tratase de una categoría absoluta, ajena a la historia y a la cultura". "En el mejor de los casos, se asume su modernidad sin cuestionamientos", se lamenta.

          Segovia, jurista de mirada amplia y raíces sólidas, no transa con ese paradigma tecnócrata, seco y de pretensiones abstractas, que él atribuye al positivismo (en esto, tengo mis disensos parciales, muy respetuosos, porque creo que es más al racionalismo que han de cargársele las tintas, y en todo caso, si del positivismo se tratase, sería casi en exclusiva del de Kelsen, que no deja de ser una escuela tardía dentro del movimiento creado por Comte, y no la más representativa). Él, favorecido por la visión que le confieren sus muchos años de investigador histórico, y su formación a la vera de grandes como Dardo Pérez Guilhou, no se cree aquello del Derecho-conjunto-de-normas. Si bien su enfoque es netamente jurídico, predomina el ángulo de las ideas filosóficas, y su devenir diacrónico.

          El dibujo de las facultades básicas (esas que yo prefiero llamar "existenciales") que va perfilando así este brillante cuyano, cobra verdadera vida, y logra ese dinamismo que se procuraba conseguir. Mucho se ha escrito sobre estos tópicos, y bien lo sabe Segovia, pero lo de él es distinto, y no puede dejar de leerse. A mí, me hubiera gustado un poco más de detención en las cuestiones biológicas, porque de las pocas líneas que les dedica se colige lo rico que hubiese sido un desarrollo ulterior. Por ejemplo, el asunto de la defensa constitucional de la vida humana antes del nacimiento: "el silencio que la mayoría de las constituciones guarda respecto" del mismo, lo subleva, y con hartos motivos. Pero sólo cuaja en medio párrafo, y nos deja con las ganas... Espero que le dedique a ese tema un trabajo entero, en un futuro no distante, porque auguro que no será para perdérselo.

         Declaradamente propulsor de un retorno a las bases iusnaturalistas católicas como sólo fundamento de los derecho humanos, y acérrimo crítico del liberalismo y de las corrientes derivadas del racionalismo cartesiano, Segovia se entristece por la secularización de la cultura jurídica, y le imputa la construcción de un sistema al que halla huérfano de valores y de sustento verdadero, y contradictorio en sus resultados y propuestas. Puede o no coincidirse con sus agudas observaciones (formuladas, en general, de un modo poco abierto al diálogo), pero no es de dudar que estas páginas constituyen una convocatoria a la reflexión, al replanteo (aunque no necesariamente en el sentido que el autor propone), y al debate, que es siempre fecundo, si se está dispuesto a escuchar al otro, y se rehuye el fundamentalismo estéril. RDR-B