EMBRIONES                  Escribe desde Roma, Luca Liverani*

En Argentina ha sido instituido el tutor de aquellos fabricados en probeta. El profesor Rabinovich-Berkman, docente de Derecho romano en Buenos Aires, ha sido nombrado en el 2004 tutor de los seres humanos conservados en los laboratorios, estimados en 10-15mil: un negocio enorme

 


Una lección de Derecho y  de civilidad que llega desde más allá del océano. En Italia, cuna de la lex romana, el curator ventris que tutelaba al concebido durante su desarrollo es arqueología jurídica. En la Argentina, donde el Código Civil desde 1871 define como «persona» al ser humano «desde la concepción», existe desde hace algunos meses incluso la figura del "Tutor de los embriones congelados". Una afirmación importante, que podría tener un "efecto dominó" en la materia sobre otros países latinoamericanos cercanos en su Derecho: Perú, Ecuador, Chile, Brasil. E inclusive Italia, che acaba de vencer el ataque referendario contra el reconocimiento del concebido como sujeto co-involucrado en la procreación asistida, al par de los genitores y del medico. No es todo un jardín de rosas, empero: el tutor argentino tiene poderes limitados, en un país donde los laboratorios hacen lo que quieren en un far west procreativo similar a aquel que existía en Italia antes de la Ley 40 del 2004.

Para contar al Avvenire sobre esta singular figura esta el tutor argentino en persona. El profesor Ricardo Rabinovich-Berkman, de Buenos Aires, docente de Derecho romano en la Universidad del Museo Social Argentino, está en Roma para dar unas clases en el Curso de Alta Formación en Derecho romano dirigido por el profesor Pierangelo Catalano, en la Facultad de Derecho de la Università della Sapienza.


Tras la conferencia en la Università de la Sapienza, Rabinovich-Berkman posa con el ínclito romanista Pierangelo Catalano, Director del Curso.
Sobre ellos, la eterna imagen de Justiniano de la iglesia de San Vital, en Rávena.


Con la distinguida romanista María Pía Baccari, profesora de la Libera Università Maria Santissima Assunta, de Roma

Cuenta Rabinovich que en la Argentina la vida naciente tiene sólidas defensas en el Código Civil, que en los artículos 63 y 70 «declara persona al ser humano desde su concepción», siendo así «un sujeto con derechos fundamentales, el principal de los cuales es el de nacer».

La fuente, explica, es el Digesto de Justiniano. Y desde Costa Rica le hace eco la doctora Gina Acuña Solórzano, que viene de allí, pero trabaja en la Universidad de Torvergata, «con una resolución del 15 de marzo del 2005, la Sala Constitucional ha definido inconstitucional la fecundación in vitro porque la vida humana es inviolable».

En Argentina, entonces, el concebido es equiparado a los menores: «en situaciones peligrosas, donde existe una contraposición de intereses con los progenitores, se designa otro representante». Esto es usual para los menores, pero no para los nascituri. .

En 1993 el profesor argentino lee en el diario sobre el primer parto en Argentina de embriones crio-conservados. «Inicié una acción judicial civil. Dada la presencia de interesas contrapuestos entre progenitores y embriones, por el congelamiento, demandé la designación de un representante específico», proponiendo como modelo «el curator ventris romano», en este caso «transfigurado en curator embrionorum».

Fueron durísimas algunas reacciones, pero en 1999 la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil declara que «el embrión es persona para el Derecho argentino». En 2003, el Defensor de Menores de la Alzada nomina a Rabinovich para tutor de los embriones, cargo formalizado en noviembre del 2004.

El trabajo, teóricamente, es enorme: «en Argentina los embriones supernumerarios han aumentado sin límite. Pero los laboratorios no revelan ni su número, ni sin han sido abandonados o no por sus progenitores. La verdad es que allí la probeta es un gran negocio. El costo ronda los 2.000 o 2.500 dólares, en un país donde la mitad de la población sobrevive con menos de 250 dólares al mes. Por mantener congelados a los embriones, los laboratorios requieren entre 1.000 y 2.000 dólares al año».


Rabinovich-Berkman debate con Gina Acuña Solórzano,
de Costa Rica, bajo la atenta mirada de Justiniano


Con estudiantes de posgrado argentinas,
y el periodista autor de esta nota


La primera batalla del Tutor es la de censar los embriones: «Se niegan a hacer públicos los datos, con la excusa inverosímil del derecho de los embriones a la intimidad: ese sí, el derecho a la vida no».

Rabinovich estima una población congelada de 10 o 15 mil embriones. «Pero yo dependo del Tribunal, no tengo poderes directos, y no siempre se entiende que los tiempos de los embriones no son los de las hipotecas».

El jurista ha preparado un proyecto de ley de adopción prenatal. «Hay laboratorios importantes, que hacen firmar un contrato ilegal a los progenitores: si por dos años no se paga la conservación, se apropian de los embriones». ¿Para qué? «No lo se. Están en juego intereses enormes. ¿Exportación? ¿Experimentación? ¿Producción farmacéutica? Un especialista me advirtió: me basta hacer click para apagar el frío, se mueren todos, y le echo la culpa a un corte de luz...»


* Esta es la copia textual de la nota aparecida, a página entera, en el diario italiano L'Avvenire, del 16 de junio del 2005. La traducción es nuestra.