UN HOMENAJE AL DR.
LUIS ISIDRO BERKMAN
(1906-2005)

Estas son las palabras que pronunciara el 31 de julio, en el sencillo acto de conmemoración realizado en el cementerio israelita de Ciudadela, el Dr. Alfredo Rizzo Romano, Profesor Titular de Derecho Internacional Público en la Universidad de Buenos Aires, y juez del Tribunal Oral en lo Criminal de la Ciudad de Buenos Aires:

Si, como se dijo hace dos milenios en Roma, la Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo, esta virtud no estaría cumplida, sin darle a Don Luis Berkman un merecido homenaje.

Nos encontramos reunidos en un sitio sagrado, ante la presencia próxima de la única realidad de nuestra vida, que -paradójicamente- es su contraria, la muerte, para este necesario acto de recuerdo, de respeto a un "varón justo". Vienen a mi memoria dos salmos bíblicos, que evocan la Divina Justicia, frente al Mal:

"Los juicios de Jehová son la verdad, todos son la Justicia misma, más codiciables que el oro, más sabrosos que la miel que destila de los panales. También Tu siervo es iluminado por ellos, y en su observancia halla gran galardón" (Salmo 18-19: 10-12).

"Aunque atraviese un valle de tinieblas, no temeré ningún mal, porque Tú vas conmigo. Tu bastón y Tu cayado me infunden aliento" (Salmo 22-23: 4).

En estos días cumplo, gracias a Dios, 53 años en el Poder Judicial. Y, cuando ingresé, en el lejano agosto de 1952, el Dr. Luis Isidro Berkman ya era una verdadera leyenda del Fuero Criminal. Sin dudas, se lo consideraba el mejor abogado penalista de Buenos Aires.

Hace unos años, acompañamos a su familia en el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, cuando esta importante entidad lo honró con una medalla de oro, pues Don Luis cumplía nada menos que 75 años de límpida actuación profesional... ¡Y aún le quedaba más de un lustro más de ejercicio pleno!

Pues, habiéndose recibido a los 17 años (posiblemente el abogado más joven de la historia argentina), ejerció !a profesión que amaba, activamente, hasta los 98. Es decir, 81 años... Sólo en sus últimos meses de vida, se vio forzado a dejar de concurrir a su Estudio. Pero, desde su lecho, continuó respondiendo consultas de sus colegas, con la generosidad que siempre lo caracterizara, hasta días antes de su muerte.

Poco antes de aquel homenaje, en mi carácter de catedrático de Derecho Internacional Público, Don Luis me había invitado a disertar en la sede local de la prestigiosa Sociedad Antidiscriminatoria B'nai B'rith, que él tanto quería, y en la que desempeñó varios cargos de relevancia. En esa oportunidad, hablé sobre los aspectos jurídicos del flagelo del terrorismo, como uno de los "delicta iuris gentium" o crímenes de lesa humanidad.

Querido Don Luis. Bien aplicado le está este título de "Don", derivado de "Domine", de "Señor". Siempre me unió a él un mutuo y sincero afecto, que heredé de mi propio padre. Don Luis fue un argentino a carta cabal. ¡Cómo defendió, con honor, a cabeza erguida, nuestros derechos soberanos sobre las Islas Malvinas y los demás archipiélagos australes!

Hace medio siglo, los jóvenes empleados de Tribunales escuchábamos con indecible deleite a Don Luis relatarnos sus viajes y experiencias por todo el mundo. Y siguió viajando... Sus anécdotas de las defensas que había llevado, por otra parte, fueron siempre un placer de escuchar.

Fue un hombre al servicio de la Justicia y de la ley. Siempre fue respetado y querido por todos. Vibraba en los tribunales, le apasionaba su profesión, era un defensor nato. Nunca vio la abogacía como un medio para ganar dinero. Él era feliz defendiendo, y cuanto más compleja fuera la situación de su pupilo, mejor. Infinidad de veces trabajaba en forma gratuita, e invariablemente estaba a disposición de los letrados que quisieran consultarlo, sin retribución alguna. ¡Juristas de primerísima línea, catedráticos universitarios, iban a su escritorio para recabar la opinión de Don Luis antes de elaborar sus propias estrategias!

Duele que en la Argentina actual la prensa no lo haya recordado como merecía. Ni una línea apareció en los diarios cuando, casi centenario ya, el 12 de junio de este año, dejó este verdadero valle de lágrimas...

Se ha dicho con acierto que nadie está totalmente muerto, mientras haya personas que, como en el caso de Don Luis, lo recuerden con amor. Este ya viejo juez, que tanto lo quiso y admiró, ruega una oración al Santo Dios de los cristianos, y de sus hermanos mayores los judíos, pidiéndole que Don Luis, ya fuera de las tribulaciones de este mundo, descanse en la paz eterna. SHALOM y AMÉN.