ACHÁVAL Alfredo
 

MANUAL DE MEDICINA
LEGAL. Práctica forense

Bs. As., Lexis Nexis, 2005
vol I: 848 p; vol II: 824 p, 6ed

 

Ésta es la sexta edición de un clásico de clásicos, cuyo autor, Profesor Titular de la Universidad de Buenos Aires, y de la Maestría en Aspectos Bioéticos y Jurídicos de la Salud de la Universidad del Museo Social Argentino, entre otros infinitos cargos académicos y lauros, se ha convertido en un verdadero sinónimo de la Medicina Legal, en uno de sus representantes por antonomasia en el escenario de habla hispánica.

Achával fue, ni más ni menos, el autor de la Ley 17.132 de Ejercicio de la Medicina, que por tantos años rigiera la materia en la Argentina, y que él suele recordar que la compuso para el gobierno democrático de Arturo Illia, su colega, aunque luego sobrevino el golpe de 1966, y fue el usurpador militar filo-fascista Onganía quien la puso en vigencia.

Ya esa sola paternidad le valdría un lugar en la Historia del Derecho Biomédico. Pero no es, ni con mucho, su único oropel. Décadas de permanente e intachable actividad como médico forense, y como docente de grado y de posgrado, y cantidad de libros, artículos, cursos y conferencias, jalonan la carrera de honores de este hombre sencillo de sonrisa franca y gesto apacible, cuya humildad serena encubre uno de los intelectos más sutiles y una de las culturas más formadas del ambiente.

Achával trata los temas jurídicos y biomédicos con una sensibilidad humanista y un amor por el saber y por el arte galénico, que pocas veces se encuentran. Leerlo es un placer, por lo claro y lo profundo. Siempre se aprende al abrevar en sus páginas. Cada vez que en ellas bucea, el lector emerge con nuevas ideas y planteos. A veces se disiente con él, como es natural, pero no es hombre dogmático, porque es un verdadero científico, y ello le impone la apertura.

Esta obra es monumental. El médico que actúa como perito, o que puede verse vinculado a un tema forense, no ha de prescindir de ella. El abogado que litiga o asesora en cuestiones de responsabilidad por mala práctica, o en el campo laboral, o en las arenas criminales, lo requiere. Todo magistrado debe tenerlo en su repisa, y las universidades incorporarlo a sus anaqueles, para consulta de profesores y estudiantes. Por algo llega a las seis ediciones. Porque es, y así merece ser considerado, un genuino clásico latinoamericano. Ricardo Rabinovich-Berkman
 

SEGOVIA Juan Fernando

 

LA FORMACIÓN IDEOLÓGICA
DEL PERONISMO

Perón y la legitimidad política
(1943-1955)

Córdoba, del Copista, 2005, 300 p


Recientemente, el 24 de agosto, el brillante investigador mendocino Juan Fernando (Nano) Segovia, que ha escrito también en PERSONA, fue incorporado a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, como miembro correspondiente en su hermosa Provincia natal. Su magnífica exposición ad hoc, que tuve el placer de escuchar, versó justamente sobre el tema que trata en este libro, y que constituye una de sus especialidades. Pocas personas poseen, en efecto, el conocimiento que Segovia despliega acerca de las ideas políticas argentinas del siglo XX y fines del XIX.

Apasionado por el estudio de los nacionalismos y las líneas de cuño católico tradicionalista (no es necesario ser demasiado sagaz para descubrir el afecto que le despiertan), este agudo historiador jurídico-político cuyano maneja, además, una solidísima cultura de base, que le permite calar bien hondo en el análisis de los fenómenos que pesquisa, y concretar reconstrucciones de las ideas del pasado convincentes y fundadas.

Subyace a esta obra, así como a otras de Segovia (una de ellas la he comentado en esta misma sección, no hace mucho), una idea que lo obsesiona, y que merece detenida reflexión: la de que los sistemas políticos han perdido verdadera legitimación compartida, al abandonar los parámetros trascendentes. Las justificaciones racionales del poder, a su juicio, no convencen ni sirven para construir proyectos comunes, y por eso generan, casi espontáneamente, seudo-religiones laicas, que más derivan hacia peligrosas quimeras, que ayudan a compensar aquella pérdida irreparable. Esta hipótesis no es empleada como una abstracción, sino que se basa en el estudio concreto de los procesos políticos que investiga.

Historiar las ideas es posiblemente lo más complejo, dentro del quehacer de un investigador del pasado. Por definición, ellas no son fenoménicas, de modo que el historiador, que sólo puede valerse de evidencias sensorialmente perceptibles, se ve en la necesidad de moverse permanentemente en un campo secundario, de construcción hipotética a partir de las fuentes, proyectándose sobre el insondable (y siempre inseguro) terreno de lo psicológico, cuando de individuos se trata (Perón, Evita, etc.), y cuidándose de los ensamblajes que inevitablemente se crean entre autores (que nunca  coinciden en todo, y a menudo divergen bastante), al ocuparse de las ideologías.

Por eso, el Nano Segovia sale airoso. Porque su aparato heurístico es tan amplio como puede pedirse, y su sagacidad crítica lo conduce diestramente en el maremagno de fuentes. Priman las citas del líder justicialista, y de su mítica segunda esposa, pero no faltan otros testimonios, por el contrario. El resultado es imperdible, y sin dudas se convertirá en un sine qua non desde ahora en todos los trabajos serios sobre el peronismo.

Como argentino, me siento feliz de que los subsidios del CONICET se destinen a científicos de la talla de Segovia, y a proyectos de pesquisa como éste, que nos acercan a nuestro pasado ideológico, objetiva y claramente. R.D.R.-B