Buenos Aires, 1º de noviembre de 2005.-

 

 

Señor  Director de la

Revista Persona

 

A propósito del proyecto de cambio de nombre de la avenida Monroe, de la Ciudad de Buenos Aires, por "Juan Manuel de Rosas", presentado por el diputado Claudio Ferreño, quien propone derogar el decreto ordenanza nº 1665/76 sancionado en los tiempos de la dictadura militar, que dejó sin efecto el nombre anterior, precisamente el que ahora se intenta restablecer, varias son las consideraciones que el mismo merece. Durante el gobierno justicialista, en el año 1974, la ordenanza municipal nº 29.905 la bautizó con el nombre de Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas.

El aparato de la “superestructura cultural” tuvo inmediatamente conciencia clara de la utilidad de ciertos personajes para bautizar con su nombre calles, lugares y plazas. El presidente norteamericano James Monroe fue el autor de la famosa frase “América para los americanos”.

En 1982 fuimos testigos de cómo Estados Unidos daba su apoyo a Inglaterra que intentaba arrebatarnos las recuperadas islas Malvinas, imponiendo además severas sanciones económicas y militares a nuestro país, al propio tiempo que desconocía la flamante resolución de la OEA que había reconocido la plena soberanía argentina sobre aquellos territorios.

Se discute sobre la conveniencia de cambiar el nombre de Monroe por Rosas a una avenida, algunos legisladores manifiestan que hay asuntos más importantes para considerar, pero lo cierto es que don Juan Manuel de Rosas defendió el honor y la soberanía territorial de la República en el momento más crítico y peligroso de su historia.

John F. Cady, profesor de historia de la Universidad de Pensilvania manifestó hace setenta años: “Nadie ha discutido jamás la honradez de Rosas, su prodigiosa laboriosidad o su ferviente patriotismo. Su sagacidad y previsión han sido subestimados por demás. Nadie contribuyó más que él a afianzar la Doctrina Americana en la Argentina. Que Rosas no fuera el único responsable de los muchos males que asolaron el Plata durante su época lo demuestra la circunstancia de que no cesaran después de su partida” (JOHN F. CADY, “La intervención extranjera en el Río de la Plata, 1838-1850”, Buenos Aires, 1943, p. 279).

La última dictadura militar haciendo un homenaje a la línea Mayo-Caseros-Libertadora derogó la normativa del gobierno democrático. Asimismo dos plazas porteñas llevan el nombre de dos golpistas: Eduardo Lonardi y Pedro Eugenio Aramburu, máximos exponentes de la llamada “Revolución Libertadora”. La historia de nuestro país, ignorada casi en absoluto o tergiversada, es la que ha oficializado –academias de por medio- el odio hacia Rosas y los caudillos federales, a quienes la leyenda folletinesca y la mala fe nos lo presentaron siempre con todos los caracteres de demonios o monstruos.

Por todo esto, opino que Juan Manuel de Rosas debe ser homenajeado y que la gratitud nacional tiene una deuda con él, que tendrá inevitablemente que cumplirse. En 1857 la Legislatura bonaerense declara “traidor a la Patria” a Rosas. El Diario de Sesiones registra los argumentos del diputado Nicolás Albarellos: “No puede librarse a la Historia el fallo del tirano Rosas. ¿Qué dirá la Historia cuando se vea que la Inglaterra ha devuelto a ese tirano los cañones tomados en acción de guerra y saludado su pabellón sangriento y manchado con una salva de 21 cañonazos?... No señor, no podemos dejar el juicio de Rosas a la Historia, porque si no decimos desde ahora que era un traidor, y enseñamos en la escuela a odiarlo, Rosas no será considerado por la Historia como un tirano, quizá lo sería como el más grande y glorioso de los argentinos”.

Saludo a Ud. con distinguida consideración.

 

                                                    Sandro Olaza Pallero

                                                              Abogado