El maestro...

verdadero

 

Eliseo León Pretel,

Lima, 6 de Julio del 2005

 

 


Adjetivo, casi santo, de la sagrada misión

al hombre diestro y patrón, perfil de sabiduría

¡Maestro! se le decía, a Cristo en la Tierra Santa

Hoy se dice al que decanta, la cultura con su guía.

 

El maestro, es quien diría, nuestro perfecto adalid

el que gana en buena lid, a la ignorancia atrevida

el que encuentra la salida, a la libertad ansiada

Maestra es la campanada, en cuanta mente dormida.

 

El buen maestro da vida, al villorrio aletargado

por su rol de apostolado, es la muestra de sapiencia

con sus dotes de excelencia, es el más diestro instructor

Por su esfera de señor, un dechado de paciencia.

 

Él, con su condescendencia, sabe enseñar con ternura

en la situación más dura, es el dulce compañero

 el amigo consejero, de la juventud turbada

La cariñosa palmada, en lo oscuro del sendero.

 

Como el más ducho alfarero, hábil moldea seguro

el inmediato futuro, del que estudia con afán

como Jesús frente al pan, colma con fe y regocijo

Cual padre alimenta al hijo, dando lo que otros no dan.

 

Nuestros maestros serán, a través de la docencia

ejemplos de la prudencia, virtud del buen preceptor

como noble educador, han de tener eficiencia

Y esa diáfana conciencia, del eximio profesor.