MIRANDA Marisa -
VALLEJO Gustavo
(compiladores)
 

Darwinismo social
y eugenesia
en el mundo latino

Bs. As., Siglo XXI, 2005, 672p
 

Esta obra, cuyo descubrimiento debo a mi discípulo, el talentoso Licenciado en Enfermería Diego Howlin, es una verdadera joya, que merece gozar de una amplísima difusión y muy meditada lectura, por lo menos por todos los que, desde un ángulo u otro, nos dedicamos a los temas biológicos (léanse inclusos los bio-éticos, bio-jurídicos, bio-políticos, etc.). Reúne las presentaciones al encuentro (horrorosamente llamado workshop) internacional "Darwinismo social y eugenesia: pasado y presente de una ideología", celebrado en noviembre del 2004 en la tranquila ciudad de Chascomús, Provincia de Buenos Aires.

Hay autores españoles (Raquel Álvarez Peláez, María José Betancor Gómez, Andrés Galera Gómez, Álvaro Girón Sierra, Rafael Huertas García-Alejo, José Luis Peset), argentinos (Hugo Biagini, Adrián Celentano, Susana V. García, Alicia Massarini, Marisa A. Miranda, Héctor A. Palma, Irina Podgorny, Karina Inés Ramacciotti, Andrés H. Reggiani, Ana María Talak, Gustavo Vallejo, Eduardo G. Wolovelsky), el brasileño Luis Ferla, y el cubano Armando García González. Los enfoques llegan desde muy diversas ciencias: historiadores, biólogos, juristas, sociólogos, etc.

Es fundamental poner sobre el tapete de la investigación científica seria, como es la que trasluce en estos trabajos (hay algunos mejores que otros, como siempre sucede, pero todos aportan), la incidencia del biologismo darwinista y de la eugenesia como paradigmas epistemológicos, y muchísimo más que eso, como modelos de comprensión de la realidad social, como banco terminológico, como base de una cosmovisión, desde la segunda mitad del siglo XIX, y... ¡hasta hoy!

No me cansaré de decir que el nazismo no fue una rara avis nacida en forma inesperada y asombrosa, sino todo lo contrario. El ambiente ideológico de las primeras décadas del siglo XX era muy favorable a las visiones biologistas. Inglaterra (su cuna), Alemania (su gran receptora y vulgarizadora), los Estados Unidos (Harvard a la cabeza), España (ni Jiménez de Asúa quedó libre), y ciertamente Latinoamérica (Argentina con notable fuerza), adherían a la atractiva idea de la "higiene" social, con su carga de lucha contra la "degeneración" y a favor de la depuración "de la raza".

A muchos espíritus ilustrados de aquellos tiempos, podía chocarles el antisemitismo violento (porque si no lo hubiese sido tanto, quizás no les habría molestado) de Hitler y sus seguidores, su rígido autoritarismo (tan obviamente anti-nietzscheano), su odio a la democracia o al marxismo, pero no por cierto el culto de la eugenesia y de la higiene social. Pero... ¿podía concebirse una parte del cuadro sin las otras? ¿O necesariamente se inter-implican, y todo es cuestión de tiempo?

Grandes empresarios apoyaron con capitales insignes la eugenesia. En Norteamérica, filántropos como Carnegie, magnates como Rockefeller... En Alemania, los ubicuos Krupp. El Premio Nobel Alexis Carrel, sin el cual no tendríamos trasplantes, soñaba con poner a andar cámaras de gas para los "degenerados". Binding, el gran penalista, y Hoche, el psiquiatra, llamaban la atención sobre la necesidad de terminar con los que llevaban "vidas que no merecen ser vividas". Y quienes osasen oponerse a esta nueva y maravillosa Granja de la Humanidad, eran sindicados de inmediato como oscurantistas obnubilados, portadores del retraso, émulos de la Inquisición.

Con insistencia destacan estos autores compilados en la obra que reseño, algo que he reiterado hasta cansar a mis lectores y alumnos (y no pido disculpas por ello): QUE LA COSMOVISIÓN DARWINIANA Y EUGENÉSICA SIGUE GOZANDO DE BUENA SALUD en nuestros días del temible siglo XXI. Como Brecht parecía avizorarlo, esas ideas (y otras muy ligadas a ellas) sobrevivieron al desastre de la svástica.

Cada vez que en un laboratorio se seleccionan embriones para implantar, el águila siniestra ríe, y los espíritus de Darwin, Galton, y tantos otros fundadores de la eugenesia se congratulan. ¡Sieg heil!, grita el payasesco Führer desde el infierno, y recuerda que él siempre, del Mein Kampf en adelante, advirtió que su movimiento era una respuesta moderna al estado de las ciencias.  

Quizás por eso adhirieron a él Heidegger, Jung, Lorenz, Heisemberg, y tantos otros intelectuales de primera línea, al respecto de cuya actitud las tesis de Fromm sobre los empleadillos de clase media nada nos aclaran. Ricardo Rabinovich-Berkman
 

GOLZ Adolfo Argentino

CUENTOS
DESDE ENTRE RÍOS

Bs. As., Vinciguerra, 2001, 268p

"Alguien ha dicho que la Literatura no es un continuo, sino una serie de dislocaciones. Si la expresión confirma la regla, aquí está Adolfo Argentino Golz con este libro para confirmar cómo una ópera omnia puede ser un entramado totalizador que se va armando con diversas modulaciones y matices sobre un mismo tema. Porque los numerosísimos cuentos de este libro arman la geografía total -quiero decir, material y espiritual- de ese entrañable rincón argentino que es Entre Ríos".

Con tan acertadas palabras, y otras frases no menos elogiosas, la prestigiosa escritora argentina (entrerriana también) María Esther de Miguel presenta esta obra deliciosa, reunión de los cuentos breves que, desde la década de 1960, fuera tallando la pluma agradabilísima, fresca y llena de humanidad y amor al terruño, de Golz.

El periodista y escritor Adolfo Golz nació en la lechera Nogoyá, pero antes de regresar a su fluida provincia, le tocó pasar la infancia entre ríos muy distintos, en la remota Viena, cuyo Danubio poco le recordaría del tranquilo Paraná marrón, que finalmente triunfó, a pesar de la mejor prensa de que goza el río de Strauss. Dio a luz numerosos libros, publicó infinidad de trabajos en revistas literarias y obras conjuntas, y cosechó lauros y galardones a lo largo de los años. Hoy vive en Paraná, donde tuve el placer de conocerlo.

Nogoyá aparece en las narraciones de Golz, por supuesto. Es el escenario de una de las que más me gustaron, porque me atrae el sabor romántico de las historias tristes. Igual que aquel cuervo, que cuenta el reencuentro de una mujer, ya mayor, con su esposo, que regresa tras haber pasado casi veinte años en prisión por error. Como en otros de los cuentos, una atmósfera de profunda melancolía se instala sobre la escena, que es la de la plaza el día de la procesión de la Virgen patrona, y con humedad litoraleña instila un clima de siesta y de agonía. Mariano que vuelve, porque al largarlo le dijeron, ingenuos, que vuelva a ser el de antes. Y Marisa, que se ha juntado con otro, y ya no es más esa Marisa que era.

El estilo de Golz es muy dinámico y narrativo. Le bastan unas pocas palabras para pintar la escenografía, y no se demora en descripciones. Le gusta dar paso al diálogo, vertido en forma directa, a veces casi teatral. No reflexiona expresamente, aparece muy poco en sus cuentos. Pero se alcanza a destilar su amor a la provincia, a su gente (que habla como de verdad lo hace), y a la Humanidad toda. Es fácil de leer y atrapante, y constituye un atlas emotivo de su hermosa tierra mesopotámica. R.D.R.-B