RAMOS NÚÑEZ Carlos
 

Codificación,
tecnología
y postmodernidad.
La muerte de un paradigma

Lima, P.U.C.P., 2005, 109p
 

     Comentar un libro que viene presentado por un científico de la talla de Fernando de Trazegnies, y apartarse de sus dichos, es muy difícil. Tanto, que uno se dejaría vencer por la tentación de simplemente reproducir esos párrafos, que son harto elogiosos, y con los que no se puede sino concordar en pleno, y dar por concluida la tarea. Pero sucede que yo quiero decir un par de cosas mías propias sobre este libro y sobre su autor. Por varias razones. Primero, porque la obra es una joya. Segundo, porque profeso por Ramos Núñez una admiración profunda y abierta, que se entreteje con el afecto fraterno que me vincula con él al nivel personal y humano. Porque si su altura intelectual, su erudición verdadera, bien puesta y mejor empleada, su creatividad y su capacidad de ver en lo oscuro, ya de por sí me pasman, ¡qué no decir cuando las hallo del brazo de una humildad y una sencillez proverbiales, de aquellas que sólo se observan en los grandes, en los que mis amigos que creen en la reencarnación llaman "almas viejas"! Por eso, con perdón del maestro Trazegnies, voy a comentar estas páginas como si no hubiese leído su esclarecedora introducción.

     Dije para mí, cuando Carlos me obsequió el librito: ¡epa!, otro trabajillo más sobre la postmodernidad, la descodificación, y esas neo-palabras, de reflejos orwellianos, que a veces te empalagan ya de sólo verlas, pero más cuando lees lo que a consecuencia de ellas se escribe, y que suele ser más vulgar y repetido que el pan con manteca, e infinitamente menos sabroso. Pero de inmediato la otra de mis neuronas en servicio activo refutó a la primera: no, mira, que es de Ramos Núñez, y éste no saca la pluma (léase teclado) si no es para aportar algo que valga la pena. Es verdad, respondió derrotada la Neurona Primera, todo lo que de Ramos hemos leído hasta ahora ha sido ciencia y disfrute: no va a ser ésta la primera decepción. ¡Y créanme que no lo fue!

     Por suerte, es un libro de cien páginas, porque si tuviera mil sería un problema, dado que uno no lo puede dejar desde que lo inicia. Quiso la suerte que me tocase día de ómnibus ida y vuelta a la Ciudad Universitaria, y un par de salas de espera, así que con eso y poco más, terminé la primera lectura. Después, quise rumiarlo un poco, y lo porté conmigo un par de tardes más, para releer algunos párrafos en particular. Me gustan los libros breves, porque no me asustan tanto. Y me reafirmo en la creencia de que el tamaño, en materia de libros (por favor, sin sonrisas), poco importa. El Manifiesto comunista cambió al mundo infinitamente más que el frondoso Capital (que sólo los muy valientes han escalado: yo abandoné a la tercera caída). El Discurso del método hizo que hubiera un antes y un después. Por no hablar de los Evangelios (los verdaderos: el de Mel Gibson es larguísimo). Y, sin embargo, hoy los editores del Manifiesto y del Discurso se ven en la necesidad de ponerles prólogos y notas y bibliografías, para poder llegar al formato de libro... En cambio, los Gedeones Internacionales andan de parabienes, porque editar los Evangelios les cuesta poca plata.

     A menudo, concentrados en los fundamentos ideológicos de la codificación, olvidamos o despreciamos los factores tecnológicos. Es decir, que dejamos de ver a los Códigos como productos de una tecnología (o, mejor, de un estado de la tecnología) imperante. Entonces, si el Código "moderno" es una estrella dentro del universo de la imprenta barata, con papel y formato accesibles, apto para tiradas amplias, característica del siglo XIX, ¿qué ha de sucederle -o le está aconteciendo ya- en un mundo signado por la telemática, el hipertexto, y los soportes "densos"? A esa pregunta crucial se acerca, con maestría, Carlos Ramos, despertando asombrosas vinculaciones y vertiendo agudos comentarios línea tras línea, y no necesariamente para dar respuestas. Porque lo mejor es que el lector cierra la tapa final del libro abarrotado de intrigas, de cuestionamientos, de incertidumbres. Y eso sólo pasa con los trabajos realmente buenos.

     ¿Estamos en el albor de una nueva forma de ius commune, inesperada y sorprendente? Este flamante paradigma, ¿hasta qué punto modificará nuestra noción de lo jurídico? ¿Estamos preparados para lo que se ha venido? Sobre todo, en las aulas... Termino de leer este librito jugoso, y suspiro: ¡Santa Madre de Dios! ¡Y pensar que en pleno siglo XXI, en pleno universo de hipertextos y telemática, sigue habiendo al frente de los cursos universitarios de Derecho zapallos galácticos que se empeñan en exigir que sus alumnos reciten los artículos de las leyes de memoria! Seudo-docentes que califican según cuánto el examen se acerque o se aparte al textillo de la cátedra... ¿Se dieron cuenta que el mundo cambió? ¿O estaban visitando parientes en Saturno?

     ¿Sobreviviremos a la muerte de los Códigos, si es que se mueren? Pero, caramba, ¿se están muriendo, o conservan una vitalidad inusitada y curiosa? ¿Es el código un morto chi parla? ¿O todo fue sólo un ataque de catalepsia, y en verdad no se murió nadie aquí? Estas cosas, hay que debatirlas, pensarlas, ponerlas en la mesa de las Universidades. Y no veo mejor ni más sencilla puerta de ingreso que la obra de Ramos, escrita además en el castellano grácil y maleable que este historiador jurídico peruano tan solventemente esgrime. Un libro imperdible. Ricardo Rabinovich-Berkman

 

SAPENA, Josefina

Fecundación
artificial

y Derecho

Asunción, Intercontinental, 1998
229 p

Ésta es la tesis con que la jurista paraguaya Josefina Sapena alcanzó el grado de Doctora en Ciencias Jurídicas. Es un trabajo bien logrado, que opta por una recorrida minuciosa de los temas involucrados en esta rica tópica, dejándolos planteados y esbozada su problemática. Tal vez hoy, a ya casi una década de su escritura (debe considerarse que un libro se concreta varios meses antes de su aparición), se impondría una visión menos de conjunto. Pero para ese momento, en el contexto sudamericano, la metodología parece apropiada. Eran por entonces pocas las obras jurídicas monográficas dedicadas a la fecundación humana no copulativa, en nuestra región (la mayoría de ellas, argentinas). Hasta donde he podido averiguarlo, parece que esta ha sido la primera dedicada al asunto en la hermana república guaraní.

En lo personal, tengo mis discrepancias respetuosísimas con este interesante trabajo. Por ejemplo, aunque comparto su conclusión de que la idea de "concepción" del art. 28 del Código Civil Paraguayo no puede ser interpretada como refiriéndose a la anidación ni a "la formación de los rudimentos del sistema nervioso central", me parece que el tema debe ser objeto de mayor análisis. Esto queda para la próxima edición, que sin dudas ha de venir, porque el libro lo merece.

Disiento también con la Dra. Sapena, y con su maestro el Dr. José A. Moreno Ruffinelli, en punto a que el Código del Paraguay, al haber prescindido de la referencia al seno materno, que le venía en sus fuentes desde Teixeira de Freitas, vía Vélez Sarsfield, "admite, quizá sin quererlo, la posibilidad de que ocurran casos de fertilización in vitro y que esa vida humana así engendrada pueda ya tener la protección del derecho". Como lo he expuesto reiteradas veces, y como el propio Freitas lo explica en su Esbozo, la malhadada expresión "en el seno materno" no es un circunstancial de lugar autónomo, sino la traducción del final de la frase "qui in utero est", tan característica (con sus variantes) del Digesto. Por tanto, no puede ni debe ser interpretada en un sentido excluyente (como lo hizo también algún doctrinario argentino), porque ello implica prescindir de la visión histórica del concepto.

En la era de la bienvenida integración latinoamericana, se impone a los juristas un conocimiento del estado de las instituciones inherentes a sus campos de especialización en todos los países del sector. En tal sentido, para los que nos ocupamos del Derecho Biológico, y de la Bioética, es auspicioso y feliz contar con una obra completa y pulida como ésta, que incorpora al Paraguay dentro de ese concierto. De las páginas labradas por la Dra. Sapena, surge que las soluciones paraguayas son sustancialmente semejantes a las que ofrecen Perú, Ecuador (desde su nueva Constitución) y Argentina, y en la práctica también las interpretaciones más serias del texto de Andrés Bello, tanto en Chile como en sus demás receptores. En lo personal, seguiré insistiendo que el Código brasileño ha de entenderse en sentido coincidente, pues da por sentado que hay "hombre" antes del nacimiento (y, por tanto, derechos humanos).

Así que reafirmo que el reconocimiento de derechos humanos al embrión es una característica jurídica sudamericana, enraizada en nuestro común origen romanista, y como tal debería ser cuidada y tenida por bandera de nuestra identidad y valores compartidos, en vez de ceder rastreramente ante la presión de una cosmovisión imperialista, como muchos parecen sustentar (al calor, más de una vez, de intereses económicos). R.D.R.-B