RESISTENCIA (CHACO), 03 de marzo de 2006.-

 

 

Señor

Director de la

REVISTA PERSONA

DR. RICARDO RABINOVICH-BERKMAN

PRESENTE

 

Con todo el respeto que tengo hacia la actividad intelectual y, más, la admiración hacia ella y hacia las mujeres y los varones que la cultivan; en esta oportunidad debo criticar el tratamiento de La ley argentina de cupo femenino  y la igualdad  ante la ley a través de la jurisprudencia por Alejandra Lázaro en el sentido del tratamiento mecanicista, matemático y abstracto de la cuestión.

 

Y digo de la cuestión ya que Alejandra Lázaro empieza diciendo “…el principio de justicia se traduce en…”. Si ella lo tratara desde otro punto de vista no objetaría nada en absoluto ante la pulcritud de su trabajo. Es más, no es ella la generadora de este intento, sino la analista minuciosa y severa de un tema que no es jurídico sino político, tal como está planteado: como instrumento para lograr la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres.

 

Lo que sucede con la Ley de Cupo Femenino como medida de justicia (“Más allá del resultado concreto, que les resultó adverso por razones de incompetencia, el fondo de la cuestión es el mismo, esto es la falta de igualdad de trato entre ambos sexos.”) es justamente “la falta de igualdad de trato entre ambos sexos”.

 

Ahora, ¿cómo logra la sociedad la igualdad de trato entre ambos sexos? He ahí la cuestión. Y aquí es donde aparece a mi entender la actividad intelectual como una actividad lúdica. Tanto en los Antecedentes, como en el Objetivo, la Metodología, Los conflictos y su solución judicial, Un nuevo decreto reglamentario y en la              Síntesis, la autora practica voluptuosos arabescos o racionales enroques sobre una realidad que al día de hoy el complejo jurídico como ordenamiento de la “trama intrincada de relaciones intersubjetivas” no acierta a dirimir.

 

Como referente que soy de una Fundación para las Amas de Casa y habida cuenta de los desvelos sufridos en la búsqueda de la respuesta a “la falta de igualdad de trato entre ambos sexos”, me animo a afirmar que la solución no pasa por artilugios jurídicos formales e ideales, sino por el tratamiento realista y coherente de la actividad legada a las mujeres ancestralmente.

 

Es que en algún recodo de la historia de la humanidad apareció esta bisagra que, más allá de los análisis antropológicos y de cualquier otra naturaleza, obligó a las mujeres a cumplir con las tareas domésticas. Y sin esa carga (suponiendo) quién dice que no podríamos llegar al 70, 80 o 100%.

 

He ahí el lugar donde se produce la desigualdad de trato entre el varón y la mujer. Y que “b). Es en ese marco y no en otro que debe interpretarse el concepto de “igualdad real de oportunidades” que nuestra Carta Magna manda asegurar mediante la implementación de “acciones positivas” en los textos de sus artículos  37 y 75 inciso 23.” no es de manera alguna el refugio institucional de esta causa.

 

Sin embargo, no soy partidaria de un cambio de roles ya que ello generaría la injusticia opuesta en detrimento del otro género. Sino que adhiero a la idea de que algún recurso cultural, como la tecnología y todas las ingenierías actuales concurran a librar a mujeres y varones de esa carga.

 

Tampoco creo que en la actual conformación social la mujer deba alejarse del hogar para convertirse en estadista. No creo en la platónica premisa de que comparta esa tarea con el varón. Creo en que ambos, mujeres y varones, deben liberarse de esa esclavitud.

 

La idea del alejamiento de la mujer de su hogar para incursionar en otras áreas de actividades más atractivas por ser menos tediosas y traumáticas física y psíquicamente, no es otra cosa que el manotazo de ahogado del sistema capitalista por desagregar la familia, último refugio de nuestra cultura antes del aniquilamiento del que ya son parte los países como los EEUU en los que las mujeres se liberalizaron en vez de liberarse. Es the big apple con la que nos tientan para largarnos tras una quimera que inexcusablemente nos llevará a la dominación total que se pretende.

 

Si llegásemos a un estadio histórico-cultural en que tanto mujeres como varones se ocuparan de todos los menesteres domésticos, arribaríamos indefectiblemente al hecho de que los que socialmente no tengan que cumplir con esa actividad, por contar con recursos económicos suficientes sean los estadistas calificados, ya que solamente ellos podrían recurrir a distintos servicios de terceros.

 

Y cuando aparecen las que dicen: “bueno… algo es algo”, “peor, es nada” o “así avanzamos de a poco” es cuando se ceden espacios, cuando se ceden derechos, cuando permisivamente dejamos que la cuestión se convierta en medio de confusión para no lograr el objetivo declarado. Cuando se cede en la lucha, cuando no se avisa del desvío, cuando nos distraemos es cuando nos alejan cada vez más de la razón que nos anima.

 

Y es por esto que afirmo que la Ley argentina de cupo femenino no es el instrumento idóneo ni para una justicia distributiva ni para una conmutativa. Por ley, por decreto no se va a hacer justicia, Justicia se va a hacer cuando exista la decisión política de poner ciertas cosas en su lugar: o una social democracia capitalista o la apropiación de los medios de producción por parte de la sociedad toda.

 

Cordialmente.

 

MARÍA VIRGINIA RODRÍGUEZ MÁRCICO

APODERADA

FAC – FUNDACIÓN PARA LAS AMAS DE CASA

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