MANCUSO Hugo R.
 

LA PALABRA VIVA
Teoría verbal y discursiva
de Michail M. Bachtin


Buenos Aires, Paidós, 2005, 315p

 

Hugo Mancuso posee un currículum realmente apabullante. Tras licenciarse en Letras por la Universidad de Buenos Aires, se doctoró en la misma orientación en la Universidad de Roma "La sapienza". En Italia, además, cursó posgrados  en las Universidades de Trieste y Bologna. No conforme con ello, realizó cursos de esa índole también en las Universidades de Ginebra, de París y de Moscú. Actualmente es investigador del CONICET argentino, y profesa en las Universidades de Buenos Aires y del Museo Social Argentino (donde tengo el honor de compartir con él el cuerpo docente del Doctorado en Derecho), además de otras casas de altos estudios del país y del exterior (principalmente italianas). Dirige la revista AdVersuS, y es autor de varios libros, entre los que destaca un clásico: su Metodología de la investigación en ciencias sociales.

Creo que una historia semejante bastaría como carta de presentación de cualquier libro. Pero a veces, menester es reconocerlo, los antecedentes deslumbran, y las obras decepcionan. No es éste el caso. Mancuso demuestra, desde las primeras páginas, su capacidad de desarrollar, con profundidad y erudición, un tópico complejo (complejísimo, si los hay), con tanta claridad como es posible. Son admirables su dominio del tema y de los autores que maneja (algunos bastante difundidos, como Gramsci, pero otros realmente exóticos, por lo menos para los que no estamos dedicados específicamente al área semio-epistemológica). Evidentemente, a juzgar por las jugosas reflexiones lingüísticas que jalonan este trabajo, se desempeña muy buen con en el idioma ruso, lo que no es poco decir (yo lo estudié cuatro años antes de darme por vencido y reconocer que jamás lograría leer, como deseaba, a Dostoievski en su lengua original). Eso es fundamental: siempre he creído que escribir con pretensiones de profundidad sobre un autor cuyas obras no se han podido analizar en el idioma en que fueron formuladas, deja un fuerte aroma de improvisación.

Presumo que serán varios los amigos lectores que, como me sucedía a mí, sólo tenían una remota idea de quién había sido (o era) Michail Bachtin. No estaba al tanto de la importancia de su aporte a la ciencia del lenguaje, al estudio de los significados de las palabras, que tanto apasiona a nuestra época, y con sobradas razones, y de la relevancia de la escuela que creó, o que surgió a partir de sus elucubraciones, y las de los grupos de pensadores que integró. Hombre íntegro y coherente, docente de alma, marxista pero no obsecuente del régimen soviético, Mancuso nos lo pinta en genio y figura, a través de sus dudas, de sus indagaciones filosóficas, y de su penoso exilio siberiano, que se llevaría incluso una de sus piernas, y donde, desesperado por fumar, ante la falta de papel para armar cigarrillos, terminaría consumiendo sus propias obras. 

"La conclusión a la que llega Bachtin, ya desde sus primeros escritos, es que todo estudio de la cultura deriva en un discurso ético y ello implica riesgos que pueden costar la vida", dice Mancuso, que no puede ni parece querer disimular su simpatía (o empatía) con y por el personaje cuyas ideas traza. En buena hora es un profesor argentino, con formación de posgrado europea, quien recupera para la posteridad, merecidamente, el pensamiento de uno de los mayores intelectuales rusos del siglo XX. Ricardo Rabinovich-Berkman
 

RAMALLO, Jorge María

San Martín, las logias,
la revolución social
y su amor por Buenos Aires


Buenos Aires, Nuestra Historia, 1998
99 pp

 Este libro del profesor Jorge Ramallo está originado en tres estudios interesantes -tanto para el investigador como para el estudioso- realizados en distintas ocasiones sobre diversos aspectos del Libertador general José de San Martín. Si bien dichos estudios no guardan relación entre sí, descubren, sin embargo, facetas pocos conocidas del prócer, que nos introducen en un mejor conocimiento de su pensamiento y de su obra en las circunstancias históricas que le tocó vivir.

El primer trabajo se titula “San Martín, los grupos políticos y económicos y las sociedades secretas en la crisis del año XX 1818-1820)”, el autor destaca el interés de la Madre Patria de recuperar sus antiguos reinos, el papel de Inglaterra y Portugal de repartirse esas posesiones y los intereses de los grupos políticos y económicos y las sociedades secretas en el Río de la Plata. Así vemos el papel jugado por la Logia Lautaro –más tarde llamada partido directorial- siendo este grupo de convicción monárquica constitucional, recordemos que la mayoría de los estados en esos tiempos eran monarquías. Se destaca una carta de Vicente López a San Martín donde le dice el 4 de enero de 1830: “La revolución ha dominado exclusivamente desde el año 10 hasta mediados del 21: la contrarrevolución ha dominado disfrazadamente, desde mediados del 21 hasta mediados del 27, y habiendo sido entonces separada del timón, hizo su reacción vengativa para recobrarlo el 1° de diciembre de 1828”.

El segundo trabajo “San Martín y los comienzos de La revolución social en Europa (1848-1850)”, donde se examina la presencia de San Martín en la Francia convulsionada por las revoluciones de 1830 y 1848. Esto hizo que el Libertador se mudara de sus residencias de Grand Bourg y de Saint George y se trasladara a la costa, a Boulogne-sur-Mer, casa que en la actualidad se conserva y es propiedad del gobierno argentino. Es interesante la carta de San Martín al mariscal Ramón Castilla –presidente y caudillo peruano que luchó en las guerras de la Independencia- el 11 de septiembre de 1848, donde le comenta los graves sucesos vividos en Francia: “Las máximas de odio infiltradas por los demagogos a la clase trabajadora contra los que poseen; los diferentes y poderosos partidos en que está dividida la nación...este porvenir inspira una gran desconfianza, especialmente en París, donde todos los habitantes que tienen algo que perder desean ardientemente que el actual estado de sitio continúe prefiriendo el gobierno el sable militar a caer en poder de los partidos socialistas”. Por otra parte, San Martín elogia la defensa de la soberanía que hace Juan Manuel de Rosas frente a los ataques imperialistas de Francia e Inglaterra y la restauración del orden en Argentina, en su última carta al Restaurador del 6 de mayo de 1850 le dice: "la constancia con que se desempeña en honrar la memoria de este viejo amigo” y lo felicita por la “prosperidad, la paz interna, el orden y el honor restablecido en nuestra querida patria”.

El tercer y último trabajo se titula “Los regresos de San Martín a Buenos Aires sus circunstancias (1812-1880)”, de los 72 años de su vida, sólo pasó poco más de dos en Buenos Aires. Exactamente dos años, un mes y dieciocho días. Ramallo enumera los regresos del Libertador: Primer regreso (1812); segundo regreso (1817); tercer regreso (1818); cuarto regreso (1823); quinto regreso (1829) y regreso póstumo (1880).Por último, poco después del fallecimiento del prócer, el gobernador Rosas dispuso que cuando fuera posible se pudiera “verificar la traslación de los restos mortales del finado general a esta ciudad por cuenta del gobierno de la Confederación Argentina”, pero esta iniciativa recién se cumplió el 28 de mayo de 1880 durante el gobierno de presidente Nicolás Avellaneda. Sandro Olaza Pallero