PERSONA EN EL CINE

 

 

Crash versus Caché:

 

¿lo ajeno frente a lo propio?

 

 

escribe Celina Abud     

 

 

            Pocas películas dejan un efecto residual que obliga al espectador a una reflexión después de verla. Caché (Escondido), del director Michael Haneke es una de ellas. La trama aparenta ser tan simple como el estilo en que fue filmada: una pareja de intelectuales franceses comienza a perder la tranquilidad cuando recibe dibujos perturbadores y cintas misteriosas en donde no ocurre nada en particular: la primera sólo muestra la entrada de la casa en la que viven para después pasar a otros escenarios. Sin ningún tipo de amenazas y guiado por las distintas filmaciones, Georges (Daniel Auteuil) pierde la calma y se ve en la obligación de recordar un acontecimiento de la infancia que estaba tan escondido como la cámara.

            En apariencia, una película de suspenso más, pero hacia el final el espectador nota que la resolución al misterio es lo menos importante. Sin respuesta alguna, Caché obliga a elaborar conclusiones propias, y después de descartar la de “quién lo hizo”, la primera es la culpa. El personaje de Auteuil no devela aquel episodio hasta las últimas consecuencias, incluso cuando su mujer Anne (Juliet Binoche), siente que su matrimonio se deteriora porque su marido no confía en ella. El motivo por el que lo esconde es que debido a una mentira de la niñez, hipotecó el futuro de un niño argelino que sus padres habían adoptado.

Al valerse de un suceso particular, la película recuerda un pasado francés con respecto a los inmigrantes de Argelia, un pasado que también quiere dejarse atrás, pero que en la sociedad aún repercute. Por otra parte, mediante la televisión que oficia de ruido de fondo, se muestran noticias de la guerra de Irak, y también una escena en que Georges casi tropieza con un ciclista negro y evita insultarlo. Dos pequeñas pistas que en apariencia, no tendrían nada que ver con el racismo.  

            En Crash (Vidas Cruzadas), el tema de la intolerancia se hace evidente. Negros, blancos, orientales, latinos: todos parecen odiarse y la idea se repite una y otra vez ayudada por distintos personajes. Un ejemplo es una señora de clase alta (Sandra Bullock) que fue asaltada por dos pandilleros negros y desconfía de un cerrajero por sus rasgos "latinos". Pero los personajes más contrastantes son los dos policías: el malo que odia a los negros (Matt Dillon) y el bueno que repudia los métodos abusivos de su compañero y busca un trato justo sin importar el color (Ryan Phillippe). La trama muestra que el personaje Dillon vuelca su odio en las minorías por un hecho que le ocurrió a su padre en el pasado. Pero en el caso de Phillippe, que trata de confiar en la gente, se demuestra en una situación extrema que es tan racista como toda la gente que desprecia.

Una característica de Crash es que todo está a la vista, se vale de numerosas historias para tratar el tema de la intolerancia, y si acaso algo no quedó del todo claro, el punto es repetido una y otra vez. En Caché no hay nada evidente, las interpretaciones son muchas y poco claras y en ciertas ocasiones, el público intrigado decide volver al cine para entenderla mejor. Si de personajes hablamos, nadie quisiera identificarse con los de Crash, ni con los que son hipócritas, ni los ignorantes, ni los que canalizan su rabia a través del racismo. Con Caché pasa lo contrario porque en un principio la dupla Auteuil-Binoche representa al típico matrimonio consolidado que todo el mundo querría tener, son educados, toman vino, se dedican a las artes, tienen un hijo y una biblioteca llena de libros.

Ahora, ¿cuál es el efecto de una película que muestra y de otra que sugiere? En Crash, al estar todo sobre la mesa, las historias son del todo ajenas, mientras Haneke le da a lo ajeno el beneficio de la duda y para lograrlo se vale de algunas trampas: por empezar conoce a su público, que se supone que aprecia las artes y jamás se consideraría xenófobo. ¿Alguna similitud con los personajes? Un perfecto ejemplo es la escena del ciclista, porque los fanáticos del director, al igual que Georges, jamás acudirían a un insulto racial por más enojados que estuvieran. Pero el truco más capcioso es la escena final, en donde en una toma lejana a la salida de un colegio, uno nota aún a la distancia al hijo del argelino que empieza a conversar con el hijo del matrimonio. ¿Por qué se lo diferencia? Porque es el único morocho.

Entonces mientras en Crash se puede aplicar la frase "It´s only a movie", Caché no es más que un ejercicio para el espectador disfrazado de una película de suspenso y el objetivo es lograr que el público se quite el disfraz. La cámara se transforma en protagonista de manera simbólica para recordar que por más escondido que algo se tenga, sale a la luz porque nadie puede escapar de la mirada de los otros. Y eso se aplica no sólo a sus personajes y a Francia, sino a todo aquel que esté del otro lado de la pantalla.