PERSONA EN EL CINE

 

 

Una prueba

 

que no existe

 

 

escribe Celina Abud  

 

            Las matemáticas y la locura es un tema que suele ser abordado en las películas. Es el caso de Una mente brillante, que concluye con la frase “la única ecuación que vale es la del amor”, lo que lleva al público a pensar en si esa afirmación es en verdad de John Nash, o de su director, Ron Howard, quien suele acostumbrarnos a películas extremistas como El código Da Vinci, Cocoon, Splash o The Paper.

            La prueba (Proof), de John Madden, no muestra hechos reales, pero lejos de las conclusiones románticas y las acciones exageradas, resulta mucho más creíble que la de Howard. Basada en la obra de David Auburn (ganadora del Premio Pulitzer), la película cuenta la historia de Catherine (Gwyneth Paltrow), hija de Robert Llewelyn (Anthony Hopkins), una autoridad en matemáticas que tuvo su pico de gloria antes de los veintitrés y pasó sus últimos años sumergido en la locura bajo el cuidado de ella, quien abandonó sus estudios.

La escena inicial muestra a una Paltrow deprimida que se sobresalta ante la apariencia de Hopkins, quien llega para felicitarla en su cumpleaños número veintisiete. Casi de inmediato la pregunta de la actriz fue “¿cuándo te enfermaste?” para después agregar “¿creés que a mi me pasa lo mismo?” Hopkins le responde que no está loca, que de ser así no se lo preguntaría y que él sólo puede reconocerse como tal porque murió el día anterior.

El comienzo resume el eje central de la película, que poco tiene que ver con las matemáticas (es más, los entendidos sostienen que las ecuaciones escritas en los cuadernos eran azarosas y carecían de significado). Más bien habla de la relación entre un padre y su hija preferida, unidos por la misma pasión. Ese lazo se mantiene estrecho aún después de la muerte porque el día del entierro del padre coincide con la fecha de cumpleaños de la hija, y el hecho de que Hopkins se presentara como una alucinación hace dudar a Paltrow de su salud mental.

La edad de Catherine tampoco es azarosa, porque en La prueba se resalta que el pico de la creatividad de los matemáticos llega antes de los veintitrés años. El contraste con su hermana Claire (Hope Davis) tampoco lo es: ella, que no había heredado el talento, no cuidó de su padre, tampoco siguió sus pasos y obtuvo el éxito a través de una carrera empresarial. Y en el medio de la película, una prueba: un descubrimiento matemático aún desconocido que, de comprobarse, revolucionaría la ciencia.

Lejos de las ecuaciones del amor, esta película retrata lo que es vivir bajo la sombra de un padre y la culpa que podría generar salir de esa situación. Muestra lo que es ser criado “para ser genio” y las consecuencias de no lograrlo de inmediato, así como también lo liberador que resulta carecer de rótulos. Exhibe que la presión puede ser tan infinita como los números primos y el miedo que da salir del cómodo rol del fracaso. Pero la idea principal es plantear lo difícil que resulta creer en uno mismo sin que exista ninguna prueba que lo demuestre.

De la mano de una excelente actuación de Gwyneth Paltrow (que supera tanto a Jake Gyllenhaal como a Anthony Hopkins) y de un guión tan sencillo como impecable, La prueba se aleja de las grandes conclusiones y los heroicos descubrimientos. Tan sólo se dedica a contar desde el principio una historia que tal vez no tenga final, y en donde las matemáticas cumplen la función de ser la más atractiva de las excusas.